Líneas de desnudo. 134. Los días contados. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 134

Los días contados
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos II

Pudiera decirse que carne de cañón camino de la muerte soy una herida que camina por la calle. Lo he sido siempre, aunque nunca falta quien de repente descubre el hilo negro de mi ser y se escuda en ello para establecer alguna teoría que le dé la razón, como si la razón fuera tan necesaria, y con el decreto inexorable de esa razón establecerse como juez de mi propia vida, de manera independiente a su papel real en ella, y sin concederme la palabra. Soy una persona herida, es cierto, pero, ¿quién puede no serlo en un mundo como el que vivimos? Eso sí, yo no vivo lamiéndome la herida, pues vivo en las antípodas de la autocomplacencia y siempre me cuestiono.  
            Desde una visión simple, se puede interpretar que mis heridas me impiden verme y apreciar que soy una persona valiosa, pero que no estoy seguro de serlo, que no tengo seguridad en mí mismo, que necesito que alguien me lo diga... Desde una visión aún más simple, se puede interpretar que por ser una persona herida debo atacar y herir como una fiera asustada por los golpes de la vida, tan vulnerable como la teoría dice que debo ser, tan reactivo a todo en consecuencia, que debo ser tratado por especialistas, que no soy una persona equilibrada..., y, sin embargo, soy un símbolo de contradicción, arquetipo de mi cobardía, en la que por darme me olvido de mí mismo. Si es que hubiera que señalar a un culpable, nadie tiene la culpa, solo yo, pues nadie puede escudarse en nada para justificar su despropósito.
En todo esto en cierto modo hablo de mí pero pudiera hablar de cualquiera, por eso lo que hago no es vedetismo sino literatura, incluso aunque una gran parte de las personas por mucho que lo miren no puedan verlo. 
Ando impresionado por las reacciones recibidas a mi Cerrando círculos de hace unos días, con el que he destapado por fin ese depósito que amenazaba con implosionarme, esa infertilidad práctica que no intelectiva o creativa que me estaba matando precisamente por no salir nunca de la placenta, esa ebullición que me estaba reventando la cabeza.
Debería estar acostumbrado, pues siempre he gozado de no poca generosidad por parte de los lectores –no puedo decir “mis” lectores porque eso me resulta demasiado pretencioso, pero haberlos haylos–, y siempre me he sentido y me siento agradecido, responsabilizado y comprometido. Sin embargo, este último artículo ha tenido más respuesta de lo habitual. La mayor parte de los comentarios se han referido a que afirmo tener los días contados, y la verdad es que todos los tenemos, y aunque la muerte nunca corre prisa lo cierto es que cuando un doctor te dice que te quedan cinco o seis años de vida aun siendo eso relativo por el carácter deductivo y no exacto de la medicina hay que tomarlo en serio. Y con más motivo si le quedan a uno tantas cosas por hacer. Por esta razón ando cerrando círculos y asumiendo, que ya es hora, de una vez, mi propia misión de vida.
   
El sendero
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 133. Cerrando círculos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 133

Cerrando círculos
Por Manuel Pérez-Petit

Porque hay personas que me impulsan, que son las que merecen la pena.

Confieso que vivo en un estado de confusión en que mi cabeza anda por delante de mi cuerpo, lo cual se manifiesta de manera más rotunda ante el reto que ahora tengo en mis manos: cerrar círculos, con mayor razón en pos de mi destino y más aún porque se aproxima la hora de mi muerte. 
            Llevo en ello años y a estas alturas sigo centrado mal que bien en lo que debo respecto a los demás, empecinado como he vivido en posponer por sistema cualquier deber conmigo mismo. Hace mucho que dejé de lado hacer lo que quería y siempre viví haciendo más de lo que de manera razonable en realidad podía. Así resolví el dilema deber-querer-poder: optando por olvidarme de mí. Estoy seguro que, como siempre he argumentado, es un defecto de fábrica, pero no voy en esta ocasión a escudarme en ello, pues también y sobre todo ha sido fruto de falta de voluntad y, por tanto, responsabilidad mía. Ahora mis días están contados, por lo que no tengo excusas para no tomar este toro por los cuernos de una vez por todas.
He abandonado, como primer paso, el debate que me consumió gran parte de mi vida, en ese proceso de simplificación al que de manera religiosa me entregué por comodidad y puede que incluso desarraigo. Como consecuencia, ahora ya todo comienza a ser diferente, pues no es posible avanzar en el presupuesto de un cierto tipo de soledad que me arrumbó al horrible silencio del que he sido pagano hasta el presente y desde hace no poco tiempo. No es cosa de analgésicos ni de diagnosticar errores de cálculo en la causa de ser la lluvia que me abra a los caminos que no existen. 
Hoy se trata en mi caso de eso, de cerrar círculos, de caminar cuerpo adentro, de sacar el látigo y de ser justos con el regalo que Dios me dio y al que nunca he ofrecido el tributo necesario. Hoy no hay silencio en el senado en que se decide la tragedia dibujada del rompecabezas que nunca termina de montarse, pues mi grito definitivo rompe el férreo estatuto del orden en que yo mismo basé mi confusión y mi cansancio.
A fecha de hoy confieso, en la reanudación de mi camino tras meses lacerantes de infertilidad autoimpuesta por mi afán de solo cumplir con mi deber por los demás, que sigo cerrando círculos al punto de que comienzo a ver en el horizonte el día en que ya solo me quede cerrar el de mi propia vida. En este punto, apropiándome de la declaración del jefe Seattle (c.1786-1866), hoy, aquí, para mí, "termina la vida y comienza la supervivencia", y quizá la supervivencia, dicha sea esta palabra en su sentido más amplio, sea el modo más coherente y completo de aceptar un destino, y el más pleno y auténtico de vivir y superar los días o años contados que me falten.
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Nota de autor
Por primera vez en mi vida me he llevado meses sin escribir. Lo lamento y prometo que no volverá a repetirse una pesadilla como esa.
Regreso
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec y Yunuén, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En diciembre de 2023 fue nombrado director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 132. Convención de Almuzara (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 132

Convención de Almuzara (2)
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel Pimentel, de nuevo, por hacer posible los milagros.

Los españoles le decimos charco, pero lo que hay entre estos dos continentes que nos unen en esta casa común de AlmuzaraLibros es un océano gigantesco, el mismo que cruzó Colón hasta por cuatro veces para demostrarle, da igual si de manera consciente o inconsciente, al mundo que el mundo es mucho más grande que lo que creemos. 
            Soy sevillano (español) de nacimiento y mexicano por decisión propia. Acudí a la convención en calidad de director de Almuzara México. Para tomar conciencia de la dimensión del reto, hay que saber que México tiene tres veces la población censada de España y en extensión es más de cuatro veces mayor. Los ciento treinta millones de mexicanos reales hablan español, y una gran mayoría de ellos también otra lengua. Somos, pues, un pueblo culto en el que no hace falta ser docto para poseer sabiduría y cualidades intelectivas, cosmogonías y visiones universales del mundo. México tiene 69 idiomas cooficiales y en el territorio mexicano se hablan más de 350 variedades lingüísticas. En México hay incluso docenas de sustantivos para referirse a un mismo objeto, idea o sentimiento. Se trata de un país que tiene una Constitución política centenaria –la tercera más antigua en vigor de toda América–, que prospera sea cual sea el signo político de sus dirigentes, de gentes muy trabajadoras que aman, por encima de todo, su patria. ¿Cuánto tenemos que aprender los españoles de los mexicanos? Una barbaridad, ni se imaginan. Aún así, México es un país extraño y confuso para el que llega con mentalidad europea. Alguien dijo alguna vez que México es más surrealista que los surrealistas, sentencia que se atribuye a mucha gente y, por tanto, no pertenece a nadie, aunque alguien, quién sabe quién, lo dijo alguna vez. Hay que establecer, pues, un retrato de lo diferentes que somos los mexicanos aun siendo tan similares a los españoles, y de la necesidad que debemos tener los españoles de adaptación a un medio tan diverso cuando venimos acá con la intención de prosperar. Por compartir la misma lengua no es más fácil, lo que puede gustar allá no tiene por qué gustar acá, las fórmulas para que funcionen las cosas son diferentes. Y esto que cuento acá no es solo válido para México, sino en general para los demás países hispanoamericanos.
Nos encontramos, por otra parte, en un país que lee poco, en el que los que leen leen cada vez más pero en el que aun no habiendo analfabetismo los índices de lectura, que con todo mejoran año por año, son muy bajos. Aunque cuenta con ciudades importantes, México es un país rural, que los urbanitas mexicanos cada vez conocen menos o lo conocen por hacer turismo que es como no conocerlo. El 50 por ciento del territorio sigue estando desconectado. Las comunidades, que son como pedanías para los españoles, en una gran mayoría no tienen ni una carretera digna de acceso. No hay red ferroviaria y para la inmensa mayoría todo son caminos terrestres. No se puede llegar a México como si se llegara a Cataluña, Galicia o Extremadura. No nos bastaría con sacar libros. Al contrario de lo que ocurriría en España, podríamos seguir siendo durante años unos perfectos desconocidos. Se pueden vender muchos libros, sí, pero no tener imagen de marca ni de prestigio si no se hace un esfuerzo espacial de comunicación pública.
Por esta razón, en estos mismos días Almuzara se presentará, con humildad y con ambición, ante la sociedad mexicana, con una repercusión importante en los medios, porque Almuzara, la casa de los milagros, el campo sembrado que ahora cruza ya de verdad hasta los mares, viene para quedarse y sumar, no en vano es donde uno más uno es más que dos. 
(Continuará...)
El equipo de Almuzara, con Manuel Pimentel al frente, en la biblioteca del Ateneo de Madrid, España, en cuya sede tuvo lugar el viernes 26 y el sábado 27 de este mismo mes de abril de 2024 la II Convención de AlmuzaraLibros.
Fotografía: Nina Prodanova.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 131. Convención de Almuzara (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 131

Convención de Almuzara (1)
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel Pimentel, con motivo de la II Convención de AlmuzaraLibros

Me presenté ante el foro con una camisa de artesanía indígena mazahua y un terno azul marino, en un mestizaje –un maridaje dije– propio no solo de hace 500 años –y no hay que olvidar que en 1521, hace 503, cayó Tenochtitlán, capital del imperio mexica, que dominaba por entonces, entre otros, a los mazahua– sino de hoy mismo en que los puentes y las redes se hacen cada vez más necesarios. 
            Los españoles de hace medio milenio estaban medio milenio adelantados a su tiempo. Quizá por su pasado inmediato de convivencia fértil entre culturas diversas como la judía, la árabe y la cristiana, consideradas en términos de igualdad y cuya máxima y más conocida expresión fue la Escuela de traductores de Toledo, implantada en un tiempo en que toda Europa permanecía en la oscuridad y el oscurantismo y solo al sur de los pirineos florecía la luz, brillaba el agua y resplandecían los libros, en una realidad no solo fruto del impulso de un rey poeta, Alfonso X, sino como reflejo de una sociedad sensible y abierta, fajada en multitud de tradiciones culturales que tenían en la palabra y la tradición oral su máxima expresión, pero en la que incluso sin libros germinó la lengua española –o la protolengua, si se prefiere– varios siglos antes desde las clases más populares. Recordemos las jarchas o los villancicos, de origen mozárabe y, por tanto, mestizos.
Almuzara es una palabra en desuso que solo puede encontrarse en el Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española y que de manera esencial y básica significa ‘campo sembrado’. Alfonso X recogió de manera admirable la cosecha de su tiempo y la impulsó a partir de un campo sembrado desde hacía siglos, y hoy Almuzara, que ha cumplido 20 años el pasado 23 de abril, en realidad, lo que hace es cosechar lo sembrado hace un milenio, que ya hace mil años era una realidad pero que hoy se multiplica como nunca antes, lo siembra y lo cosecha y lo vuelve a sembrar, proyectando su tarea incluso más allá de lo que el horizonte le permitiría ver a cualquiera. 
Mostrar gratitud no es solo cosa de palabras, es una cuestión de honor y de justicia, de humanidad, que es algo que hoy se está perdiendo. Y así es como comencé de memoria mi intervención como director de Almuzara México en la magna II Convención de Almuzara que ha tenido lugar estos viernes 26 y sábado 27 de abril de 2024, y así es como debo las gracias a Manuel Pimentel, por la visión que tuvo hace no solo 20 años sino mucho antes, y yo soy testigo, de hacer de verdad libros de verdad, como ahora lo estamos empezando a hacer en México, con toda la humildad y con toda la ambición, dispuestos a seducir y a ser seducido, bajo el axioma de que uno más uno es más que dos, con dos narices, en la tarea irredenta de perseguir sueños, atraparlos y levantarlos como realidad incontestable y en una innegable capacidad de hacerlos viables en el tiempo, jugandonosla como siempre desde siempre en cada cosecha, asumiendo pérdidas y ganancias y sobreponiéndonos a vientos y tempestades en esta tarea mucho más que libresca en la que sin negar el negocio todo se centra en la construcción de un mundo mejor.
(Continuará...)
Foto de familia de la II Convención de AlmuzaraLibros, celebrada en Madrid, España, los días 26 y 27 de abril de 2024.
Fotografía: Nina Prodanova.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Tomando café con Pat. 5. Tengo roto el corazón. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 5

Tengo roto el corazón
Por Patricia Muñoz Díaz

La decepción, según el DLE (Diccionario de la Lengua Española), del latín “tardío” deceptio, ōnis. femenino, es el pesar causado por un desengaño. Sinónimos: desencanto, desilusión, chasco, frustración, desencantamiento. Y cuando alguien dice la frase “tengo roto el corazón” de inmediato pensamos en una relación romántica, pero ahora sabemos que es más que eso.
            Un día, cuando mi hijo pequeño tenía unos tres años, regresó cabizbajo a casa y mi dijo:
—Mamá, estoy triste, Yoana ya no es mi amiga. 
—¿Por qué?
—Porque me rompíó el corazón.
De inmediato, pensando en algún tipo de mal entendido debido a su corta edad, insistí en el tema para saber lo que había ocurrido.
—No te puedo decir, pero me rompió el corazón —su tierna carita triste también resquebrajó el mío.
Su padre, su hermano y yo tratamos de llegar al fondo de la cuestión, pero mi hijo pequeño insistía en que no debía decirnos, pero no dejaba de decir que “Yoana le había roto el corazón”.
Un par de días después, mientras comíamos en familia, habló:
—Mamá, ¿quieres saber porque Yoana me rompió el corazón?
—Sí —respondí emocionada por conocer aquel incidente que lo tenía tan agobiado.
—Es que Yoana con sus manos me pegó aquí... —señalando su pecho justo donde está el corazón —por eso me rompió el corazón, porque me dolió mucho.
Me relajé, sin duda era importante para mí conocer la razón por la cual mi hijo estaba tan desolado y me quitó un gran peso de encima saber que no era nada grave al menos para mí, aunque él estaba dolido y con el tiempo solucionó ese sentimiento y conflicto con su amiga.
Las relaciones personales son tan complejas que podemos pasar de tener mucho cariño y confianza con una persona a un distanciamiento absoluto por algún malentendido, una traición o un desengaño.
¿A dónde quiero llegar? Sin querer, nuestro corazón sufre varias rupturas con el paso del tiempo. Un regaño de papá, mamá o la maestra del kinder de pequeños. Cuando nuestro mejor amigo o amiga nos cambia por alguien más en la adolescencia o hasta cuando nuestro hermano nos gana el último caramelo de un dulcero.
Consciente o inconscientemente estamos expuestos a ello y está en nosotros tomar las cosas con sabiduría, diplomacia, empatía o una absoluta inmadurez.
Las heridas nos fortalecen, pero también es nuestra responsabilidad cuidar esas heridas y no dejar que crezcan. Nuestro “corazón” puede ser muy fuerte para enfrentar una crisis o tan frágil como para tumbarnos a llorar por varios días.
Yo lo veo de la siguiente manera: la familia –hijos, padres hermanos–, las amistades -la familia que nosotros escogemos-, la gente que está en nuestra vida diaria -compañeros de trabajo y conocidos-, son nuestra red de conexiones, nosotros les asignamos muchas o pocas de ellas según la importancia que tienen en nuestras vidas.
Nuestros corazones están expuestos a ser amados o rechazados por las personas en cualquier momento y la mayoría de las veces, ni siquiera es por un asunto personal. Si te hizo mala cara, si estaba de malaleche, si amaneció de buenas o todo lo contrario, debemos entender que es un tema absolutamente personal y las personas que lo hacen personal es porque han sido heridas y no han logrado que estas cierren completamente.
Cuando reconoces que tienes roto el corazón, es el primer paso. Después debes hacerte a la idea de que, según la gravedad de la herida, tendrás que curarla. Algunas heridas cicatrizan con rapidez, las más pequeñas, otras pueden tardar toda una vida y dolerán siempre si no haces algo para sanarlas, porque con el tiempo puede infectarse, crecer y este dolor se convierte en todo, menos en amor.
Así que sí, a veces tengo roto el corazón, pero esta cicatrizando, porque he encontrado un ungüento maravilloso, que se produce solo dentro de mi alma y se llama perdón.

Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Noppol Nahawanjam

Fuente: Canvas https://www.canva.com/photos/MAFBNDXtOuo-broken-heart-background-3d-rendering-/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 130. El eclipse. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 130

El eclipse
Por Manuel Pérez-Petit

Pese a que los expertos decían que no era recomendable hacerlo de ese modo, con la mirada en un charco, el 11 de julio de 1991, en la Ciudad de México, yo vi un eclipse, el más largo de la historia según contaban, un eclipse de verdad, completo, y experimenté en apenas minutos la plenitud del día, el atardecer, la noche, el amanecer y un nuevo día, convirténdose ese evento en el más extraordinario que nunca haya vivido. Por entonces, yo contaba con 25 años, y aunque ya se sabe que esa edad aún no es nada y yo –debo confesarlo– era muy inocente, tuve una plenitud de conciencia como no recuerdo haber tenido nunca. Con motivo de ese eclipse, en todo México se despertaron, levantaron o azuzaron todo tipo de especulaciones, supersticiones y mitos, máxime estando aún tan cerca en la memoria el terrible sismo de septiembre de 1985, que aún mantenía en ruinas parte de la capital mexicana. Toda la ciudad se estremeció con ese día extemporáneo de apenas siete minutos; el día que se hizo dos poco después del mediodía. 
            En aquel tiempo, la ciudad estaba invadida por el ambulantaje. Eran épocas de boom financiero para el país, que estaba gobernado por Carlos Salinas de Gortari, y la felicidad económica no parecía tener fin –y bien que lo tuvo cuatro años más tarde, pero esa es otra historia–, y lo mismo en cualquier banqueta te ofrecían gorditas de chicharrón o tacos de suadero que tarjetas de crédito o los por entonces gigantes, novedosos y prometedores teléfonos celulares, incluso en alquiler.
Me encantaba desayunar en los Sanborns, y siempre desayunaba lo mismo: huevos rancheros, papaya, jugo de naranja y café de refil. Esto último fue un descubrimiento: que siempre tuvieras la taza llena, aunque fuera de un café que me parecía aguado, era algo nuevo para mí. Las meseras, ataviadas como hoy, servían y servían sin descanso, y a uno hasta llegaba a darle fatiga tanto néctar, y eso que era un adicto irredento a esa bebida. 
En julio y agosto de 1991 fui reportero del diario Ovaciones que, por entonces, era generalista y tenía dos ediciones: la matutina, seria, y la vespertina, a cuya redacción yo pertenecía, popular y con una tercera al estilo de los sensacionalistas ingleses, con imágenes picantes de señoritas voluptuosas. Me encantaba salir del periódico y hacer tertulia con los compañeros, de los que hoy no solo no sé nada sino que apenas recuerdo algunos nombres: el maestro José Luis Arenas, Juan Carlos Villaroel... A veces nos acompañaba el jefe de información, Arnoldo Piñón. Nos íbamos al Sanborns del Ángel o a algunos Vips que hoy no podría localizar.
Hacía poco tiempo que Carlos Slim se había hecho con el control de Teléfonos de México (Telmex), y la ciudad estaba llena de cabinas telefónicas con las que se podía hablar sin monedas. Yo no podía publicar, pues al estar en prácticas y ser extranjero no pertenecía al sindicato del periódico, pero todos los días salía a la calle con mi encargo, elaboraba después mi nota y llamaba a las taquígrafas del diario para dictarla. Luego me iba a la Anáhuac, la colonia en que estaba y sigue estando la redacción, y comprobaba el copy de la misma. A mediados de agosto, cuando llevaba mes y medio trabajando sin ver mi nombre impreso, el jefe Piñón me dijo que iba a publicar mis notas. Y así fue. A partir de entonces leí mi nombre todos los días. Cuando me iba a la del Valle, donde estuve viviendo esos meses, aunque solía moverme en metro y en colectivo, a veces tomaba un taxi amarillo, esos bochos de entonces que no tenían asiento de copiloto, en los que cerrabas la puerta tirando de una cadena, y veía la segunda edición en el suelo del mismo, pues todos la llevaban, la tomaba y leía mi propia nota... Aquel tiempo fue el verdadero eclipse de mi vida.
Ya les contaré.
Esta publicación del 24 de agosto de 1991 en la sección cultural de la segunda edición del diario Ovaciones obtuvo el premio de prácticas periodísticas de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra unos meses después.
Fuente de la imagen: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 129. Los milagros. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 129

Los milagros
Por Manuel Pérez-Petit

Pudiera ser que pudiera darse el caso de que los sueños en sueños –dicho sea de la forma más simple– se quedaran, pero lo cierto es que los sueños, por el mero hecho de ser eso, sueños, son realidades –complejas y mayúsculas– por las que merece la pena darlo todo, jugársela y apostar; yo diría que son casi las únicas aspiraciones de cuantas en el mundo pudieran hallarse por las que habría que dar la vida. 
            Pudiera ser que la suerte pudiera existir, pero yo lo veo en muy alta probabilidad improbable porque el azar niega por su naturaleza por completo la libertad, que solo puede ser ejercida desde la identidad, por lo cual podemos afirmar que somos personas, seres humanos, y yo al menos no estoy dispuesto a cercenar ni a que cercenen ni en el más mínimo ápice mi libre albedrío, mi condición.
Pudiera ser que el ejercicio de la libertad, aun siendo inconsciente como en la mayor parte de los casos es cuando es verdadero, nos pudiera liberar –dicho sea en un plano simple– cuando en realidad nos esclaviza –en el sentido más libérrimo y pleno del vocablo–, nos llena de gloria y a la vez de servidumbre, ya que la libertad consiste en darse, en negar con plenitud la propia libertad. 
Pudiera ser, y bien que pudiera, que el mundo, que es eso que anda por su cuenta mientras nosotros hacemos lo que podemos envueltos por él, nos diera la razón de manera inopinada un día cualquiera y elevara su plegaria, si es que la tiene, al son de palabras ecuménicas y plenas de sentido, lo cual no tiene mucho sentido viendo cómo son las cosas y los caminos por los que el mundo se regocija.
Pudiera ser que, en efecto, toda oscuridad –que es aquello que no existe– volviera a su ser y fuera, como le corresponde, luz, pues no debemos olvidar que la luz existe por sí misma y la oscuridad existe porque existe la luz, y no al revés, y así todo volviera al sentido en que el caos ya no existiera y todo fuera hecho de armonía, como en el instante anterior al que a Dios le dio por mover sus manos por primera vez.
Pudiera ser que ya no fueran necesarias, por ejemplo, las tablas de la Ley, cuyo contenido al fin solo es la positivización de la ley de leyes que es la Ley Natural, aunque solo fuera por el mero hecho de que somos hechos a imagen y semejanza de Dios, por lo que nada expresado en la Ley sería necesario, al ser imposible que pudiera darse, pero también sabemos que un estado adánico sería inviable, y lo sería porque incluso para Adán fue insuficiente, pero tampoco podríamos olvidar que gracias a Adán tenemos redención, y que la redención depende de nuestros sueños, del ejercicio de nuestra libertad, de la luz que seamos capaces que soportar, de nuestra capacidad de ser nosotros mismos y de ser traslúcidos, pues nuestra capacidad de amar, que es la clave de todo, depende de nuestra transparencia.
Y tanto pudiera ser que es que un día como hoy un dios, cualquier dios pues todos los dioses son Dios, se transforme de luz y nos redima –en el más pleno sentido de la palabra–, o que seamos capaces de ser de una vez dios y redimirnos al fin, lo cual solo pudiera ser si estamos en disposición de recibir la gracia y aquello que no cae del Cielo sino que depende de nosotros mismos y que no son otra cosa que los milagros.
Portada de la segunda edición de «Creo en los milagros. Nueva antología personal 1985-2009, de M- P.-P., (primera edición, Cascada de palabras; 2da. edición ampliada y revisada, Morvoz, 2011, México).
Fuente de la imagen: Archivo personal de M. P.-P.
Autor de la portada: Eric Marváz.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 128. Se acabó… Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 128

Se acabó...
Por Manuel Pérez-Petit

... el romanticismo. Hay mucho que hacer y en nuestra tesitura no podemos anclarnos en lo poético, aunque no deja de ser cierto que la poesía, tanto la escrita como la no puesta negro sobre blanco en papel alguno, es balsámica en muchos aspectos y nada malo en principio puede derivarse de ella. Pero válgame Dios que andamos como de puntillas –acojonaos, como diría el castizo– cuando deberíamos plantar nuestros pies con firmeza en el suelo. 2023 ha sido un annus horribilis, el tercero de la Era distópica, y 2024 está viniendo como dando bofetadas a todo trapo, a refrendar el que todo está vuelto del revés. Y tan del revés que capaces somos de asistir a la guerra en babuchas de andar por casa. 
            Así, los pontífices de la opinión. Se molestarán algunos pero me trae sin cuidado porque puede que ni me lean: en la sociedad del disparate en que vivimos, en medio de este diálogo de sordos, gana siempre el que tiene la etiqueta de débil. Me explico: si yo, que soy hombre heterosexual y no digo normal para no ofender a nadie, digo, con todas las pruebas y con precisión de lingüista, que fulanito o menganita ha hecho algo que podría considerarse malo, no me escucha ni Dios. Claro que no se me ocurriría hacerlo, pues –y no es culpa mía– vivo con arraigados principios morales y éticos innegociables, pero si alguien, mujer, no binario o no sé qué –porque la verdad es que no consigo entender– dice sin prueba alguna, por suposición o porque le parece, cualquier cosa acerca de mí o de cualquiera, pasa a ser oráculo, sentencia incluso antes de que nadie abra la boca. Así está el mundo, y ante esta turbación soliviantada, de este modo inopinado, en este transitar ebrio que nos marca a fuego hasta en los huesos de la implacable dictadura de la cultura de la cancelación en la que la verdad siempre es lo de menos y el decreto de quienes exhiben su testosterona pragmática o la suprema dignidad de hablar por el resto, creando opinión a su imagen y semejanza, uno no encuentra salidas.
Aunque parezca que no tiene relación es lo mismo que pasa con las guerras. Ya ni recordamos cuando Rusia invadió parte de Ucrania, en una guerra que en realidad dura ya más de un decenio, convirtiéndose este país de Europa del este en un laboratorio no solo militar en que las potencias del mundo experimentan un día tras otro. Ya analicé en su momento esta guerra en mi Locos con Rusia, en que, entre otras cosas, decía: “Es digno de observar: muchos no saben ni qué hacer para adquirir notoriedad y ser noticia ante esta barbarie que está teniendo lugar en Ucrania. Por muy importantes que se sientan o deseen llegar a ser, la idiotez anida en ellos con profundo arraigo. Con sus declaraciones y decisiones se califican a sí mismos y creyéndose más listos que el resto se convierten en el paradigma de la negación de la inteligencia y la ridiculez sin medida, y digo esto último porque encima defienden sus posturas dándose por ofendidos si uno no concuerda con sus ocurrencias, o, por ejemplo, les hace preguntas al respecto, como a mí me ha pasado, claro que yo no soy nadie para ellos, y, por tanto, mis preguntas las consideran impertinencias”. 
El caso es que son los mismos que ahora miran a Gaza. ¿En serio existe alguien en el mundo que crea que es una “guerra”? Escribiré muy pronto sobre lo que ocurre en Palestina, pero en mi mejor tradición de hacer amigos afirmo: Lo de allí no es una guerra, es un acto de autodefensa por parte de Israel. Y mis razones tengo. Ah, pero los pontífices de la opinión, aquellos que dirigen nuestras vidas, se empeñan en decretar lo contrario. Es la expresión del nuevo romanticismo, el que pone por delante el afán de poder y de manipulación. Y a nadie debería extrañar en la Era distópica, pero a mí sí.
Fotografía: AFP.
Fuente de la imagen: Diario español El Mundo, 3 de enero de 2022 (https://www.elmundo.es/internacional/2022/01/02/61d228c021efa045698b45a1.html).

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 127. Pobres criaturas. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 127

Pobres criaturas
Por Manuel Pérez-Petit

Muchas veces sueño con ir al cine, y el sábado, por lo visto, me invitaron. Estaba durmiendo como plasta de pintura e iba como niño con zapatos nuevos. Hacía un chingo que no veía una película en pantalla gigante. Me puse a soñar con palomitas y un espacio oscuro en el que solo yo existiera y la historia mágica de la que estaría siendo espectador me hiciera tirabuzones en la mente. La sola idea sobrevenida de ir al cine y envolverme de sueños me hizo recordar de golpe La Rosa Púrpura del Cairo (1985), de Woody Allen (1935), en que, al modo de Luigi Pirandello (1867-1936), un personaje se escapa de una película para vivir el mundo real, o la mítica Moulin Rouge (1952), del no menos mítico John Huston (1906-1987), en que el pintor y cartelista postimpresionista Toulouse-Lautrec (1864-1901), protagonista interpretado con hermosa lucidez por José Ferrer (1912-1992), recibe en su lecho de muerte las felices visitas fantasmagóricas de sus viejos amigos y compañeros de cabaret y andanzas nocturnas. 
            El cine es mágico, tanto como creer que la escoba de Harry Potter vuela, que Harrison Ford (1942) es un replicante, que la fundición de la campana de Boriska en Andréi Rubliov (1966), de Tarkovski (1932-1986), es la más grande epifanía, que hay galaxias muy, muy lejanas en las que la vida no vale nada como en el desierto de Tabernas para Sergio Leone (1929-1989), autor maldito de obras maestras, aunque siempre quede la esperanza de un acto legendario que salve el universo, ejecutado por algunos que dejan de ser personas por quién sabe qué alquimia y que se suben sobre sí mismos para ampliar los horizontes y hacerlo compartible.
En mi sueño de rosas recordaba la última vez que fui al cine como una foto de una noria oxidada en color sepia y me sentía feliz como rehilete volandero de feria, abierto como asombrosa esponja gigantesca a toda la magia que pueda existir... Me habían dado a elegir película, y viendo a Emma Stone (1988) en el cartel no tuve que pensarlo. Entré a la sala, me senté, de queso como soy, absorto en la pantalla, y no sabiendo qué esperar me encontré con una historia de papel de seda y unos personajes que ya quisiera yo desarrollar en mis novelas. En la época victoriana, Bella Baxter, una mujer londinense embarazada, se suicida tirándose al Támesis. Su cuerpo es recogido por el doctor Godwin Baxter, que bien podría ser hijo de Frankenstein, papel interpretado con una madurez impactante y sin histrionismos por Willem Dafoe (1955), que le implanta el cerebro de su bebé no nacido, la educa y concierta su matrimonio con un alumno suyo, pero ella se escapa –¡y vaya papel el de Mark Ruffalo (1967)! con el abogado que está escribiendo el contrato prenupcial, mucho más allá del feminismo con que la elogian algunos, a descubrir qué es la libertad y en qué consiste el mundo... 
Y, ¿qué creen? Pobres criaturas (2023), de Yorgos Lanthimos (1973), película de ensoñación maravillosa y de estética mucho más que onírica convincente, da razones de muchos quilates a los que seguimos creyendo que el cine, aun siendo fruto de un trabajo colectivo y en gran parte técnico, es un arte, que aún hay películas que son verdaderas obras artísticas, llenas de motivos para soñar y recrear una y otra vez el mundo sin descanso. Y yo me sentía crecer al recordar que más o menos desde el cretácico inferior no pisaba una sala de exhibición, y haberlo hecho para esta monumental fantasía, llamada a perdurar en la memoria, es extraordinario, como mis sueños lo son, porque al momento, sabiendo incluso ya que le pondría un 9 sobre 10 pues le sobran un par de escenas, y a punto de salir a la calle, arrullado por el runruneo de los tranvías voladores, desperté.
Cartel de la película Pobres criaturas.
Fuente de la imagen: https://www.academiadecine.com/actividades/pobres-criaturas/ 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 126. Ajuste de cuentas. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 126

Ajuste de cuentas
Por Manuel Pérez-Petit

Cada vez me quedan menos cosas que cumplir antes de volver a verte.

M. P.-P.
Llevaba una doble vida. Era uno en la casa y otro en la calle. Tenía muy claro que ser padre no era lo mismo que ser hombre. Toda su suerte se la jugó a una inteligencia privilegiada por lo que era esponja, a que era listo como el hambre que llegó a pasar, a que era guapo y a que unía estos atributos con peculiar destreza. Exento de instrucción, pues apenas pudo cursar la primaria antes de que en 1950, a sus 13 años, se tuviera que hacer cargo de mantener a su madre y a sus dos hermanos pequeños en aquella España del hambre y provinciana. Trabajó primero un tiempo como aprendiz en una carpintería, de lo que sacó un conocimiento acerca de maderas nobles que es imposible de encontrar en ningún libro. Luego, creo recordar que su tía Rosa, que cantaba mejor que la Niña de los Peines, le dio veinte mil pesetas de entonces –una fortuna–, y comenzó a dedicarse a las antigüedades. 
            Su madre, más jerezana que Lola Flores, era hija del cirujano de la plaza de toros de Jerez de la Frontera, Luís Felipe Arrans, y su más arraigada costumbre era pasear en coche de caballos por las tardes. Eso cambió cuando contrajo nupcias con Facundo Pérez, de Olivares, que tenía una perfumería en la sevillana plaza del Salvador, entre las calles de Sagasta y Lineros, una de las mejores casas de su pueblo, hacienda y un asma pavoroso que en una desgraciada madrugada de 1940 se lo llevó por delante, dejando viuda con dos hijos y encinta del tercero. José Antonio tuvo que hacerse cargo de la familia diez años después, el tiempo en que su madre consumió lo que su difunto esposo había dejado.
Su capacidad de aprendizaje fue asombrosa, aunque inferior a la que tuvo para vivir. De lo primero soy testigo, lo segundo lo he sabido con los años. He oído, eso sí, a muchos referirse a él como genio, pero si esto es verdad o no yo nunca pude verlo. Nadie sabía ni sabe de pintura y de pintores tanto como él. Catedráticos de las más diversas ramas lo buscaban para consultarle, y sus peritajes llegaron a alcanzar un notable prestigio. 
En la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado, en unas reuniones de Acción Católica en casa de Manuel Petit y María de la Paz Caro, conoció a la hija mayor de éstos, segunda de sus hermanos, María de Loreto, y nada más la vio lo supo. El 2 de agosto de 1965 se casaron.
Así fue toda su vida. Al principio, muy de mecha corta y con los años su carácter se fue dulcificando. Todo un personaje que a nadie le resultaba indiferente. Yo no lo conocí, él nunca lo quiso, en su papel de padre asimilado según Dios le dio a entender, pero pongo en valor el valor que tuvo en mantenerse fiel a sus ideas y su generosidad para apoyarme a su manera. Era un hombre extremadamente generoso.
Fruto de su matrimonio, el 20 de enero de 1967, nací yo, que me estoy guardando lo que no escribo, pues valgo más por lo que callo –y también en los demás ámbitos de mi vida– que por lo que digo. Tengo para escribir lo inimaginable. Para mí es como una sombra que nunca pude ver a la luz y que he ido y seguiré descubriendo. Me parezco mucho a él, salvo en lo listo y lo guapo –así soy de inútil para la vida práctica–, y está tan presente en mí que, a veces, me asusto. Lo echo de menos tanto que no puedo ni expresar lo que ese hombre –en realidad tan ajeno y tan íntimo a mí– supone en mi vida. Falleció tal día como hoy, 14 de febrero, de hace 11 años. ¡Qué más quisiera que haber llegado a conocerte! Al menos, Dios me premió al permitirme ser la última persona que mantuvo una conversación contigo, junto antes de echarte a dormir, a tres días de morirte.
Me ha costado 11 años escribir acerca de ti, joder, papá, y hasta me parece un ajuste de cuentas. Pero no lo es.
__________
Notas de autor
1) Apenas esbozando este texto me llega una noticia que me parte en dos, la del fallecimiento de mi muy querido amigo Francisco Higuera Molero, que me ha tenido paralizado buena parte del día. Paco, me hubiera gustado, coño, despedirme de ti en El Negro. Pronto tendré que ir por Madrid, y allí y en la Caserola, que espero que sigan abiertos, beberé a tu salud. No sé si darte un beso o un tortazo por haberte ido. Te dedicaré en estos días unas líneas de desnudo, compañero.
2) Me llevan los demonios cuando pasan días y no escribo, y por partida doble si además con ello falto a mis promesas. Justo eso me está pasando, pero lo prometido es deuda, y yo soy de los que las cumplen. Prometí artículos que no he escrito. Cumpliré y prometo no volver a prometer.
   
Esquela que en su día hizo Irma Martínez Hidalgo para Sediento Ediciones con motivo de la muerte de mi padre.
Fuente de la imagen: Archivo de Sediento Ediciones, propiedad de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.