Martina apresuró el paso, se le había hecho tarde para ir a traer un pedido de galletas que le encargó su primo Juan. Llegaría de viaje al día siguiente y le gustaban mucho unas galletas de mantequilla, que preparaban en la colonia donde vivía Martina. El negocio de los postres era pequeño pero el sabor era delicioso, tenían una tradición familiar que era reconocida. Cada que Martina tenía prisa se acordaba de una frase familiar: —¡Fíjate en tu camino, no te vayas a tropezar! Más vale tarde pero seguro. Solo que en ese momento, recordó que a doña Fide, la dueña de la tienda de postres le gustaba que la gente fuera puntual. Mientras estaba en esos recordatorios, se fijó en la acera de enfrente de donde ella iba. Tres adolescentes iban caminando, casi por orden de estatura, chico, mediano y grande. Parecía que también llevaban prisa, iban entre platicando y riendo. Sin embargo, la mirada de Martina también observó un detalle, a la par de los tres chicos iba un perro, como cachorro, que intentaba ir al paso de ellos. El perrito era blanco con manchas en tono café claro, las orejas algo largas. A Martina le pareció lindo. Por su mente pasó la idea de que era raro que lo llevaran sin correa, sobre todo porque se veía pequeño. El perrito iba muy contento, esa sensación le dio a Martina. Tanto ella como los chicos y el perrito seguían por el mismo rumbo, en aceras distintas. Siguió atenta con la mirada y se percató que alguien de los chicos hizo un comentario como que el perrito iba siguiéndolos, de ahí ella dedujo que el perrito no era de ellos. ¿De quién sería? ¿Qué buscaba o a quién buscaba? Los chicos apresuraron el paso, el perrito también lo hizo; uno de los chicos se cruzó la calle, casi corriendo, los otros dos esperaron, el perrito también. Posteriormente, cruzaron la calle los tres. Martina intentaba seguirles el ritmo, solo que los zapatos altos no se lo permitían. Por un momento pensó que los había perdido, pero no, iban un poco más adelante, el perrito no dejaba de seguirlos. Dieron vuelta a la izquierda, justo el rumbo que también tenía Martina. Lo que le permitió seguir observando lo que pasaba. Los chicos llegaron a un parque, ahí se detuvieron, otros adolescentes les esperaban ahí. El perrito también hizo su pausa y se quedó al lado de ellos. Los amigos de los tres chicos quedaban viendo al perrito, y aunque Martina no alcanzó a escuchar la conversación dedujo que les preguntaban de quién era. El perrito los observaba y movía la cola. Si por ella fuera se habría sentado en una banca cercana para seguir viendo qué sucedía, qué haría el perrito, si lo tomarían en cuenta. Sin embargo, aún tenía el pendiente de las galletas, así que siguió su camino. Por fortuna llegó en tiempo a la tienda de los postres. Revisó discretamente su reloj mientras entraba al negocio. Faltaban 2 minutos para las 6 de la tarde. Sintió un gran alivio, dejó salir un suspiro. Ahí estaba doña Fide que supervisó la entrega de las galletas y hasta le dio una cajita con unas galletas con nuevo sabor, cocoa con almendras. Martina pagó el pedido y agradeció el obsequio. Retomó el camino a casa; pasó nuevamente por el parque, ni señal de los chicos ni del perrito. Regresó a su mente la imagen del cachorro muy contento intentando alcanzar a los chicos, como quien anda en busca de un hogar. Martina sintió un pequeño nudo en la garganta, imaginó cuántos perros y gatos estaban en situación de calle. Se prometió que si alguna ocasión tenía un perro o un gato, lo trataría con mucho amor y le daría el hogar que se merece.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
¿A dónde va lo común, lo de todos los días? Héctor Cortés Mandujano
¿A dónde van los terribles encantos que tiene el hogar? ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
Silvio Rodríguez
Yo tendría entonces 18 años, y no había internet ni celulares ni más que los fragmentos separados que ahora son un todo: teléfono de casa, cámara fotográfica con rollo, grabadora de pilas, etcétera. Si querías conseguir una canción, por ejemplo, tu primera posibilidad era la radio. Que la pasaran y que tú estuvieras listo para darle REC –la palabra Grabar tardó mucho en aparecer en los aparatos electrónicos– en tu grabadora. El problema para quienes no gustábamos de la música de la radio, era tener un “aparato de música”, que tenía varios nombres, y era donde podías reproducir un disco (eran tortillotas con generalmente 10 canciones). Yo no tenía ese aparato, porque era caro y de difícil transportación. Más fácil: debías tener casa y yo no tenía. Tenía grabadora y compraba casetes, con lo que yo creía lo menos tonto de la música comercial en español (tuve de siempre un repelús a lo gringo, que abarcaba todo lo que no estuviera en mi idioma). Un día fui a un concierto de música latinoamericana y la vocalista dijo al presentar una canción: “Esta que vamos a cantar es del compositor cubano Silvio Rodríguez”. Nunca había oído ese nombre, Silvio. Era “A dónde van” y me pareció una de las mejores canciones que había escuchado. Vivía en San Cristóbal en ese entonces, así que al otro día recorrí las discotecas y al fin me hallé un casete, Antología, donde escuché por primera vez la voz peculiar de Silvio y me aprendí de memoria sus canciones. Pero no estaba la que me había enganchado, hasta que conseguí Mujeres (1978). En “Mujeres” están muchas que me han acompañado desde aquellos días: “¿Qué hago ahora?”, “Río”, “Te doy una canción”, “¿A dónde van?”, “Esto no es una elegía”… “¿A dónde van?” es una canción hecha exclusivamente de preguntas, lo que de entrada la apartaba de las machaconas y bobas canciones de la radio: “¿A dónde van las palabras que no se quedaron?/ ¿A dónde van las miradas que un día partieron?/ ¿Acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón/ o se acurrucan, entre las hendijas, buscando calor?”. Para mí, las preguntas, desde la primera vez que las oí, tenían sentido, hablaban de mi vida: “¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?/ ¿A dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?/ ¿Por dónde están las angustias que desde tus ojos saltaron por mí?/ ¿A dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?”. Y pensaba, mientras la oí obsesivamente, que la canción era sobre el tiempo, mi tiempo, mi pasado. Qué era, en qué se convertía: “¿A dónde va lo común, lo de todos los días:/ el descalzarse en la puerta, la mano amiga? ¿A dónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer?/ ¿A dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?”. Y Silvio traía compañía, bastante, que me hicieron más pasajeros aquellos tiempos que quién sabe a dónde se fueron…
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Señora tos, la veo, la escucho, la siento entiendo que me trae un mensaje punzante que me dice algo sobre una culpa comprendo que es un mensaje, inminente que no puedo ignorar, ni dejar pasar; imposible.
Señora Tos, explíquese bien por favor estas no son formas, pues mire romperme por dentro, dos veces, dificulta lograr la traducción de sus intenciones, ayúdeme a entender, que no la estoy leyendo, puedo confundirme más y no quiero.
¿Está Usted segura, Señora Tos, que el mensaje es para mí? ¿no será que se haya equivocado con otros pulmones? ¿Con distintos bronquios? Amable le pregunto, porque verá, esto me está sencillamente, matando.
Acudo a su generosidad y empatía deme una pista, un crucigrama, algo más fácil, algo que yo pueda resolver muy rápido tal vez usted no se ha dado cuenta de toda la atención que tiene, no sólo de mí sino de los que me escuchan a lado y de los que saben de su extraña presencia, incluso en la distancia.
Señora Tos, le ruego, que me diga por favor:
¿Qué es lo que NOS pasa?
Nadia Arce 7 de febrero 2025 5:31 a.m.
P.D. La foto tiene que ver con mi plan de alimentación actual. Ya no sabía cuál publicar 🤪
Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.
Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía. Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo. Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.
Reconocimientos: ● Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales. ● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en México desde 2002. ● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario Milenio.
Obra publicada: En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.); Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel); Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera poesía (2005, RAIA Editorial).
El concepto y la práctica de la ficción, en el arte, en la literatura, mediante la cual una “mentira” se hace verdad y más verdad que la verdad que está al alcance de los ojos, compartible, comunicable, es el elemento clave sobre el que pivota buena parte del peso de mi reflexión acerca de la literatura –el arte, en general– y la filosofía. El lenguaje de esta es denotativo: no deja nada por decir o sobreentendido u obviado. Se ocupa del ser, en sus justos términos, y esto ocurre sin tener en cuenta el método que use. La literatura, el arte, por su parte, se ocupa del deber ser, de lo inasible, incognoscible, imaginario, de aquello que cobra vida propia en el contexto de las cosas que rodean al ser humano, y, por tanto, su lenguaje es connotativo. En la filosofía no cabe la ficción, salvo cuando se incluye en una perífrasis, un circunloquio o alguna otra figura retórica, y lo normal es hacerlo con carácter explicativo o ilustrativo, dicho esto sin menoscabo de lo que pueda dar de sí el método intuitivo. La hipótesis podría ser un tipo de ficción con bases y fines científicos, pero como ficción, pura ficción, no sirve. Y la verdad es que no existe tropo alguno que sea de utilidad real a la filosofía. La comunicación de la experiencia, de la vida vivida, es, en cualquier caso, común a ambas disciplinas. De hecho, la experiencia es la principal forma de conocimiento. En este sentido, la comunicación del conocimiento es una labor compartida por ambas. Sin embargo, esto es harina de otro costal, y ya habrá tiempo de dedicarse a ello. En dos ramas del mismo tronco, el de la palabra, valgan estas reflexiones. Porque el caso es que en la calma –la filosofía– siempre se habló de la tempestad, y en la tempestad –la literatura, el arte– sólo hubo tiempo de hablar de la tempestad. Lo que al final queda en común a todo ello es el fuego, el que habita en las manos, como le dijo en una ocasión Federico García Lorca (1898-1936) a Gerardo Diego (1896-1987) afirmando que el poeta lo que hace es mostrarlo. Se percibe de forma intuitiva en un primer instante, aunque luego se pueda poner en duda mediante el análisis y el enfrentamiento a ella desde otras perspectivas. Se podría reflexionar acerca del fuego –aquello que, por tanto, es común a todos– por una eternidad, pero recuerdo aquello de Goethe (1749-1832), “Escribir es un abuso de la palabra”, de lo cual tomo nota, y dado que cada día más amo el fuego y el silencio, por de pronto ardo y, al menos por hoy, me callo.
Tarde en rayas. San Miguel de Allende, Guanajuato, México, junio de 2022.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.
Toser Toser es igual a dolor Toser es expectorar Buscar no toser, no es posible Porque para que deje de doler es necesario expectorar Para así ya no toser.
Entonces encuentra cómo toser sin más dolor. Para que deje de doler, es necesario que sane la pleura. Para que sane la pleura es necesario dejar de toser.
¿Cuál es la respuesta correcta?
Toser y expectorar aguantando el dolor hasta que se logre sanar la pleura de un milagro.
Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.
Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía. Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo. Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.
Reconocimientos: ● Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales. ● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en México desde 2002. ● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario Milenio.
Obra publicada: En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.); Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel); Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera poesía (2005, RAIA Editorial).
Es una pregunta obligada, cuando la situación también dictamina no hacer más que buscar el reposo y la recuperación, tan inminente e impuesta y no selectiva de esta cama a mis pies.
Quiero salir de ella. Irme por ahí, como acostumbro. Caminar, manejar, vivir sin el agónico cof cof que rasguña sanguinario, no es posible ahora pensar en la lamentación constante, en la culpa voraz de no “haberme cuidado más” después del dengue. Pinche mosquito. De verdad no concibo su existencia, o sea, es un MOSQUITO. En fin… sé que en algún momento me recuperaré del trauma y la frustración que me provoca todavía.
¿El COVID fue un arma masiva? Pongo signos nada más por causar reflexión. En realidad lo creo y ese mosco no puede ser de Dios.
Y ahora, la influenza. Parecen los patrocinadores de esta cosa pulmonar. Lo son. Quiero escribir con tanto que decir y no quiero ser nefasta sabes? Quiero hacer las cosas distintas para evitar a toda costa y maremoto esta situación. Es tremenda. Estoy trabajando en mí, pensando cuál emoción atrapada en mi cuerpo somatizó todo esto… en mi linaje, en mi karma.
Mi conclusión es ver hacia adelante, las respuestas las busco y si me toca encontrarlas es que estoy lista para ellas, por lo pronto ahora estoy dispuesta.
Sí me equivoco en un movimiento, ahí está la amenaza, un instante y recaigo, llega la molesta que nunca pudo ocultarse del todo a tocar en mi garganta por otro espasmo de dolor, otra vez. Y no me quiero quejar, solo quiero desahogarme, me encuentro tan acompañada al escribir y al asegurar que todas las personas que en estos momentos están más enfermas que yo, la están pasando más mal, ¿qué derecho tendría yo de pensar en que lo que vivo es algo tan malo? Es por extrañar la libertad, la independencia, la “sanidad”. Es eso.
Cuando están las oportunidades de hacerlo todo, las he tomado pero no puedo dejar de pensar en todo lo que queda por hacer, a mis hijas por seguir creciendo y a mi editorial, escritores y libros les falta todavía más vuelo y quiero verlo, formarlo y compartirlo.
Ir al mar. Viajar en un camper. Publicar 200 libros al mes. Escribir por lo menos diez libros más. Tener la experiencia de mínimo otras veinte ferias del libro en Guadalajara y todas las demás ferias, eventos, presentaciones, talleres, lecturas públicas, abrazos, conciertos, cultura, arte, meditaciones, espiritualidad, gastronomía… uuuuuuffff quiero andar en bici.
Todo empezó ese día, nunca debí ir a pedalear tan tarde, el aire heladísimo en mi garganta me metió gancho al hígado y nada pude hacer. Empeoré, empeoré, empeoré… hasta que se rompió esta pleura mía, que amo más que nada de mi cuerpo en estos momentos, pobre, ni siquiera sabía de sus existencia, ahora lo sé y doble, porque se ha rompió dos veces, ya no se me va a olvidar. Sana, sana pleura de rana… si no sanas hoy, más tarde vale que mañana. ¿Qué más hago por ti? ¿Qué más hago por mí? Acepta, me dicen. No necesitas estar enferma, pues no, no quería…
Lo que sí acepto es el proceso y el ritmo de mi cuerpo. Y le pido perdón. Debí comenzar con la alimentación sana desde hace mucho ya. Me asusté con la disautonomia y la fibromalgia, tremendas etiquetas no son fáciles de asimilar, entonces olvidé cosas básicas, necesarias, urgentes. Dormir mejor, comer bien. Descansar, delegar, confiar. Ya casi tengo esa edad de oro y no puede ser que me sienta más bien en edad de estirar la pata.
Quiero más primaveras, más otoños, más de todo. ¡Vengan esas canas! Aunque me las siga pintando de mi adorado rojo… vengan esas canas, las bendigo desde hoy.
P.D. Gracias por leerme, apoyarme, por cada mensaje, buena vibra, oración, gracias a todos por todo. 🙏🏻♥️🙏🏻♥️🙏🏻♥️🙏🏻♥️🙏🏻♥️🙏🏻♥️
Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.
Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía. Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo. Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.
Reconocimientos: ● Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales. ● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en México desde 2002. ● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario Milenio.
Obra publicada: En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.); Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel); Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera poesía (2005, RAIA Editorial).
Estoy profundamente cansado de los argumentos ramplones cuando se trata de enfrentarse a una obra artística. Afirmaciones atrevidas como “la película me pareció aburrida” o “la canción está mal compuesta”, resultan más comunes que corrientes en nuestra cotidianeidad. El arte, en cualquiera de sus formas, es un fenómeno profundamente subjetivo. La música, el cine, la literatura, la pintura y otras expresiones artísticas están sujetas a la percepción individual, la cual se ve influenciada por una multitud de factores personales y socioculturales. Sin embargo, el gusto personal no debe confundirse con una evaluación objetiva de la calidad de una obra. La relación entre el gusto individual y la apreciación del arte, bajo la percepción subjetiva, no puede ni debe ser utilizada como un criterio absoluto para determinar el valor de una obra. La afirmación de que una obra es aburrida o irritante responde a la experiencia individual y no a la naturaleza intrínseca de la obra misma. Un individuo puede encontrar tedioso un libro clásico, mientras que otro puede considerarlo una joya literaria. Esta diferencia radica en factores como la formación académica, el contexto cultural y la exposición previa a obras similares. El fútbol, por ejemplo, puede resultar apasionante para algunos y tedioso para otros. La apreciación del deporte depende del conocimiento de sus reglas, la historia detrás de los equipos y el contexto competitivo en el que se desarrolla. Del mismo modo, una obra de arte puede no generar impacto en quien carece de un marco de referencia adecuado para comprenderla. A menudo, se argumenta que ciertos criterios pueden establecer la calidad objetiva de una obra. La técnica, la innovación, el impacto histórico y la influencia cultural son algunos de los factores que suelen considerarse en la evaluación del arte. Sin embargo, incluso estos criterios están sujetos a la interpretación humana y al contexto en el que se aplican. Por ejemplo, la obra de Leonardo da Vinci ha sido considerada como la cúspide del arte renacentista, pero eso no impide que haya personas que no experimenten ninguna emoción al contemplar La Mona Lisa. Esta falta de conexión emocional no invalida la relevancia de la obra en la historia del arte. Uno de los factores que más influye en la percepción del arte es la educación. La capacidad de apreciar una obra no sólo depende del talento natural del espectador, sino también de su formación. Alguien sin conocimientos musicales puede considerar la música clásica como monótona, mientras que un músico entrenado puede identificar la complejidad de las composiciones de Beethoven. La educación artística es precisamente la que permite desarrollar un sentido crítico más amplio, ayudando a distinguir entre el gusto personal y la calidad de una obra. En este sentido, la exposición a diferentes estilos y corrientes artísticas fomenta una apreciación más profunda y matizada del arte. El problema, es que no hay interés ni compromiso en empaparse, ya no digamos estudiar las diferentes corrientes del arte. El error más común en la crítica amateur es asumir que el gusto personal equivale a un juicio de calidad. Muchas veces, una persona descarta una obra simplemente porque no se alinea con sus preferencias sin considerar su valor artístico. Esta confusión se ve exacerbada en la era digital, donde las redes sociales han dado voz a opiniones carentes de fundamento crítico. Incluso las grandes obras de la historia han sido objeto de rechazo en su momento. Vincent van Gogh murió sin haber visto el éxito de su arte, y hoy es considerado uno de los pintores más influyentes. La música de Gustav Mahler fue despreciada en su época y posteriormente redescubierta como una de las más innovadoras del siglo XX. En conclusión, el gusto personal es un reflejo de la subjetividad humana y no un criterio absoluto de valoración artística. La apreciación del arte requiere conocimiento, contexto y educación. Atribuirle a una obra defectos intrínsecos basándose únicamente en la percepción individual es un error que limita la comprensión del arte en su totalidad. El debate sobre la calidad artística debe ir más allá de la simple preferencia personal y basarse en análisis críticos que consideren múltiples dimensiones de una obra. Y aquellos que, aun así, decidan fundamentar sus ideas en función de su gusto, déjenme comunicarles que también existe el “mal gusto”. En cualquier caso, es válido que te guste o disguste alguna cosa u otra, pero eso no debe impedir la relevancia de la cosa u obra, y mucho menos, debe orillar a que exista una falta de respeto. Claro, todos podemos tener una opinión, mas no todas las opiniones son respetables. Esa es una de las falacias más oportunas de nuestra realidad, querer defender el derecho a hablar fundamentado en la libertad de expresión. Pero, ese es tema de otro análisis.
Hay que matar al gusto, sí, requisito primordial para poder alistarse en el intercambio de ideas. Concluiré con esta frase: “cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo”.
Gabriel Mendoza García
Fotografía proporcionada por Gabriel Mendoza García.
Sobre el autor:
Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.
Sí, maestro Rebollo: mi pasatiempo es buscar la fórmula para hablar con los muertos, cómo ve. Y es magia negra, prohibida, sí… No, así no. En las sierras de mi estado Zacatecas hay bosques de pino y encino, donde habitan el jabalí, el venado cola blanca y la liebre, los dos primeros en riesgo de extinción. En los llanos y valles crece mezquite, gobernadora, huisache, nopal, lechuguilla, guayule y pastizales, y de fauna están el coyote, la codorniz, el tejón y el pato. Del guayule sacan una goma para fabricar guantes de cirugía mejores que los de hule normal y bastante mejores que los sintéticos… Esto está mejor, ¿no, señor Rebollo? Además, parte de la Sierra Madre Occidental, en el municipio de Sombrerete está la Sierra de Órganos, que es Parque Nacional, un área natural protegida por sus ecosistemas y su belleza de piedras desgastadas por el rigor de los siglos, algunas encimadas en frágil equilibrio como si practicaran patinaje artístico. El órgano es una cactácea elevada, y ahí hay también encino, pino piñonero, palma, huizache, nopal, orégano, sotol, biznaga y tepozán, entre otras plantas. El pozole con su toque de orégano, ¡humm, delicioso! En cuanto a especies animales, hay liebre, güilota, calandria, mapache, zorra gris, coyote, tlacuache, gato montés, venado, cacomixtle y halcón, entre otras. A pesar de su cercanía con la capital, menos de sesenta kilómetros rumbo a Durango, sólo he ido dos veces a la Sierra de Órganos. La primera, cuando aún vivía mi hermano mayor, que murió ahogado en unas vacaciones al mar al caerse de la lancha en una curva; lo extraño y lo busco en todas partes, éramos los mejores amigos. Un sábado madrugamos y fuimos todo el día a celebrar el cumpleaños del fundador de la congregación rectora de nuestro colegio, sacerdote al que promovían para santo y luego resultó que había sido en vida alumno aventajado de Satanás por sus muchos delitos, usted sabe de qué tipo (perdón por escribirlo así, profesor Rebollo, pero eso era). Esa vez éramos padres de familia, alumnos y maestros. Cientos. Carne asada, aguas frescas de limón, horchata y jamaica, pasteles, arroz con leche, alcohol en abundancia encima y bajo la mesa. Juegos y concursos para niños, para adultos, para padres con sus niños, para maestros contra alumnos, cánticos cristianos en la ida y el regreso en autobús. Lo típico, usted sabe. La segunda vez fue hace tres meses. Llegamos una tarde de sábado a domingo, papá y yo (“efecto de compensación” le llaman, según mamá), acompañados por seis de sus amigos industriales de la zona y varios de sus hijos, sólo uno de ellos mujer, Irina, cuatro o cinco años mayor que yo. Llevaban guitarras y toneladas de comida y cerveza. Conversaban, cantaban y comían tumultuariamente, cuando Irina, uno que parecía su pretendiente y yo nos despegamos del grupo para ir a vagabundear por ahí. Por el aire límpido, por la altura con relación al nivel del mar, el cielo era un portento de luminosidad estelar. Nunca había visto y tal vez no volveré a ver uno que se le acerque. Ella y yo habíamos hecho clic apenas nos presentaron, y su acompañante había intervenido con naturalidad en nuestra plática mientras, en una mesa plegable, cortábamos el rabo a las cebollitas cambray y los otros probaban un sofisticado asador del tamaño de una camioneta pequeña o acarreaban ramas secas y piedras para conformar las fogatas. Cuando nos alejábamos, conversamos de preferencias musicales y literarias, de las películas filmadas en la Sierra de Órganos, referencia ineludible en Zacatecas si se quiere pasar por culto. Yo conocía superficialmente un par, Los cañones de Navarone, con Gregory Peck y Anthony Quinn, y El Cavernícola, con Ringo Starr y Barbara Bach, que era y sigue siendo su esposa, qué aguante, ¿no cree? Irina me dijo, “claro, las he visto”, y apuntó algunas otras que me sonaban familiares, como una de la serie Dragonball, pero ni remota idea de que habían sido rodadas en aquel imponente escenario natural. Instalados en una peña en los linderos del monte arbolado y tenebroso, a unos veinte metros de la lumbre mayor, su compañero, Iván, mencionó otras más, mexicanas sobre todo. Sin pedantería, enunció el nombre de sus directores, el año de rodaje y otros pormenores. Pasamos así una, dos, tres horas, yendo de vez en cuando al centro del grupo a recoger una cerveza para Iván o pedazos de chorizo con pan para los tres. Caídos de los astros, ellos eran mis cómplices perfectos, los amigos que buscaba sin saberlo. Con ambos, creí, sería fácil hablar de la vida de ultratumba (resucitar cadáveres y eso), de cualquier cosa. En una de esas veces, papá, que había estado haciéndola de cocinero (el asador era suyo) y agarraba vuelo en la mesa departiendo con sus amigos, me llamó y, poniendo sus manos en mis hombros desde atrás para que me apreciaran los otros, le gritó a uno de los más alborotadores, antiguo conocido de mi familia: ─Eh, Lozano, ¿trajiste tus animalejos venenosos? ─Me ofendes, hombre. ¿Te consta de alguna vez que haya salido de paseo sin ellos? ─¿Podrías sacar uno para que lo pruebe el heredero de mis propiedades en la Costa Azul? Yo sé que es un hombrecito cabal, sólo necesito que se lo demuestre a sí mismo. ─Yo, encantado. Traje cuatro, de los mejores. ¿Cuál crees que le acomode? ─Uno sencillo, para empezar. Lozano, dueño de una constructora con contratos gubernamentales y padrino de mi hermana, se dirigió tambaleante a su vehículo. Volvió con un rifle escondido sin maña tras su espalda. ─¿Está cargado? ─vociferó papá─. Si no, sirve para un carajo. ─¡Clarines al amanecer, hermano! Un arma descargada, decía una canción, es una lámpara sin luz, una Biblia sin Jesús. Se rieron todos, cómo no. En fin, papá me tomó del brazo y trató de conducirme al pie del monte. Deseaba que hiciera mi “bautismo de fuego”, literalmente, disparándole a un blanco móvil, lechuza, liebre, lo que fuera. Me negué. Insistió. ─¿Cómo a un ser vivo, papá? ─repliqué. Desde un montículo cercano, Irina e Iván no perdían detalle, algo tensos. Me ofrecían su aprobación en silencio, eso creí. Allá en las fogatas, divertidos con la escena. ─Bueno, bueno, señor Francisco de Asís. Dejemos a los animalitos del bosque en paz y pongamos unas botellas, ¿te parece? Estaba resignado a obedecer e incluso caminé adelante hacia donde me indicaba. Entonces me detuve y escuché a mí mismo advertir con voz enérgica, en un tono que desconocía: ─No voy a disparar, papá. ¡No me gusta, punto! ─Sí lo vas hacer, claro. Te va a servir para templar el carácter, vas a ver. A mí me sirvió desde los diez años. ─Detesto las armas, ¿puedes entenderlo? ─Es cuestión de sentir su poder, ven… ─¡No voy a moverme de aquí, te lo advierto! ─¿Ah no? ─¡No! Me escrutó por inacabables segundos como si calculara obligarme, incluso a empujones. ¿En algún momento le habría pegado a mamá antes del divorcio?, consideré después. Dio la media vuelta con enojo y regresó con el rifle donde la mayoría, que lo recibió con una granizada de bromas. Eran las once de la noche, y yo caminé con la cabeza baja a integrarme con mis amigos. No comentamos el asunto y tardamos en recuperar el vuelo de la plática interrumpida. O creo que ellos lo hicieron, yo no. El resto de la velada mi padre se hizo el ofendido y los otros adultos me ignoraron con injuriosa contundencia. Alardeando, no sé, el troglodita de Lozano, sus dos hijos y algunos otros se dieron vuelo disparando a latas y botellas, que formaban en fila y destrozaban sin piedad, por fortuna en el lado contrario a donde estábamos nosotros. Al final, sin dejar de beber, se pusieron a jugar a ver quién derribaba una estrella a balazos. En la plática con Irina e Iván, descubrí a uno de los Lozano apuntando hacia mí, también de juego, ¡vaya jueguito idiota! Con nuestra tienda de campaña sin armar, cerca de las cuatro me quedé dormido en una silla de camping alrededor de la fogata menos socorrida. Casi entero, como si no hubiera estado bebiendo con energía de cíclope, llegó papá a despertarme con un suave zarandeo en el hombro, sin duda arrepentido. ─Estaba preocupado porque no te veía, me hubieras avisado ─dijo. Cargaba un gabán en sus manos y me cubrió con él. Sí, estaba arrepentido (ya conocía sus arrepentimientos). Me condujo a su camioneta, y antes de abrir la puerta me abrazó y se soltó a llorar con hondura insospechada. Luego, sin decir nada salvo “descansa”, me ayudó a tenderme a lo largo del asiento y fue a acomodar sus cobijas en la caja del vehículo, a la intemperie. Por la borrachera más que evidente ahora que lo golpeaba el aire, poco faltó para que se cayera por la borda. A diferencia de Edgardo, se hubiera levantado en unas horas cuando mucho, tal vez con un hueso roto y o solo algunos moretones; y hubiera sido, desde luego, un auténtico oso que comentarían por años sus amigos. Semanas después busqué a Irina e Iván para salir a un café y reanudar la charla de aquella noche. ¡Qué desmesurada pretensión la de un mocoso con apenas catorce años cumplidos! Irina, una Irina distinta a la de entonces, me advirtió al teléfono que tenía novio y, a punto de ingresar a la universidad, demasiado que estudiar. Liberé una risita atarantada, no sabía por qué mencionaba aquello si mis intenciones eran otras. Le reiteré: “Se trata de una simple salida a tomar café, no vamos a un aquelarre o a fumar opio…”. Nada. Su agenda, llena. Lo sentía, de veras, remató. Iván estudiaba en Guadalajara, me informó algún miembro de su familia. Lo busqué en Facebook y le envié solicitud de amistad. No ha respondido. Cuando lo haga, si es que lo hace, ya tendré otros intereses. Sin rencores. Pero estoy empezando a percibir a la humanidad en tonos grisáceos con propensión a oscurecerse y eso me disgusta, en principio porque me creo optimista y propositivo. Sigo buscando la fórmula para contactar con los muertos, profesor Rebollo, ¿cómo ve? En especial relacionados con Edgardo, hay avances que tal vez algún día me decida a compartir, jamás con el salón y menos con usted, eso por seguro.
Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.
Obra publicada: Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.
A la gran escritora y humanista mexicana y, sobre todo, amiga de muchos años, Cristina Harari, a quien le debo la inspiración de este artículo.
En relación a mi Soñar con que todo llegue a todas partes, publicado el pasado 30 de enero, lo cierto es que los localismos nos enriquecen, y todos esos matices y variantes del idioma español no nos separan de ningún modo sino todo lo contrario, pues convierten al idioma de Cervantes en, sin ir más lejos, el de mayor riqueza lexicográfica de las lenguas existentes en el mundo. En mi texto, yo hablaba de ciertos nacionalismos que impiden, entre otras causas, de algún modo, una difusión global en nuestro ámbito hispánico de lo que se publica, y apostaba por el sueño utópico hoy de que todo se conozca en todas partes, poniendo como ejemplo lo que ocurre en el ámbito anglosajón. Y desde luego me preocupa nuestro a veces exacerbado nacionalismo, del que es culpable en gran medida nuestra madre patria, la que fue las Españas y es hoy solo España. ¿No nos debería llamar la atención que, por ejemplo, una novela escrita en Buenos Aires en rioplatense cerrado puede ser leída y comprendida a la perfección por un señor de Burgos, España, castellano hasta en los rasgos de su rostro, que habla y escribe de manera diferente, y más todavía cuando observamos que, pese a esa globalización anglosajona en apariencia tan modélica y eficiente, una novela de un australiano, escrita en su inglés, aunque se distribuya en Londres, en Los Angeles o en Nairobi, es hoy por hoy casi ininteligible para un londinense, un angelino o un keniano? ¿Qué tienen que ver entre sí un misquito, un mapuche, una persona que hable quechua o náhualt u otomí –hñähñú para mis queridos habitantes del valle del Mezquital, Hidalgo, México-, un chiapaneco de lengua tsotsil o chol o un yaqui o un guaraní? Nada. Solo tienen en común el haber convivido durante siglos con el idioma español sin haber perdido su propia lengua, en una simbiosis de enriquecimiento mutuo sin antecedentes ni parangón en la historia, por lo que tienen como propias nada menos que dos lenguas, que los unifica en un universo propio que ocupa casi un tercio del planeta. Y esto, que es también de herencia hispánica –miren por dónde–, nos marca un camino.
14 de julio de 2017_ En la entrega de libros al Telebachillerato comunitario 022 El Salto Grande, Atoyac de Álvarez, Guerrero, México, en la 1ra campaña de la causa Libros por Yolotepec, hoy Libros por Yolotepec y Yunuén.
Fuente de la imagen: Archivo de la causa Libros por Yolotepec.
*Sobre el autor:
Manuel Pérez-Petit
Periodista, editor, escritor y gestor cultural
Sevilla, España, 1967.
eriodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Ha sido director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En la actualidad se dedica a la consultoría de alta dirección y a la docencia. Mantiene la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, en la que escribe tres artículos a la semana.
“Estoy dispuesta a dejar que se marche la pauta interior que me ha creado esta enfermedad.” Dice Louis Hay
Al abrir los ojos recordé que soñando no estaba enferma. Extrañé hacer planes con mis hijas, ilusionarme con alguna actividad tan simple como ir por un café en la tarde o sentir emoción por el taller literario por impartir al día, o por el libro que hay que revisar, el evento cultural o simplemente por vivir la rutina diaria con buena música viendo al sol de frente. Extraño eso, quiero eso otra vez.
Es impresionante la luz de una persona, la que puede llegar a tener que te abraza con solo su presencia. Gracias por tu visita querida Fer, me ayudaste mucho al estar aquí conmigo, gracias por los regalitos y sobre todo por tu cariño.
Ataviada de atenciones, recibo y agradezco el amor de cada uno de mis amigos, amigas, familiares, Tinterosos, pareja y tanta energía en sus oraciones y mensajes de cariño…
Vamos a salir de esta también. 🙏🏻
Será lo que Dios quiera, de una o de otra manera esto no será eterno.
Por lo pronto les dejo la vista al mar que me tocó por acá en mi estancia hospitalaria desde un hogar.
Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.
Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía. Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo. Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.
Reconocimientos: ● Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales. ● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en México desde 2002. ● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario Milenio.
Obra publicada: En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.); Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel); Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera poesía (2005, RAIA Editorial).