Revista

Voces ensortijadas. 311. El encanto del atardecer. María Gabriela López Suárez

Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/
Voces ensortijadas  

El encanto del atardecer
María Gabriela López Suárez

El primer fin de semana del nuevo año había llegado. Nayeli comenzaba a sentir que el tiempo corría aprisa. Ese sábado la había despertado el jolgorio de una parvada de zanates que pasó por su casa. Era tal la algarabía que le contagió el ánimo de vislumbrar el primer sábado del año. En casa ya había movimiento, don Gerardo, su padre ya estaba regando las plantas que había en el patio y doña Gertrudis, su madre, acomodando las nuevas macetas que había comprado. De Romina y Genaro, su hermana y hermano, no había rastro todavía.

Nayeli saludó a doña Gertrudis y don Gerardo y les preguntó si apetecían desayunar tamales de los que preparaba doña Nati, para ir a comprarlos y de paso, ver si tenía arroz con leche. La propuesta les agradó, así que Nayeli se arregló para salir y en menos de 15 minutos ya estaba de vuelta con el pedido.
El tiempo fue transcurriendo entre los diversos menesteres de Nayeli, quien se alegró de haberse levantado temprano porque por la tarde iría a visitar a su amiga Juanita, estaba convaleciente de una cirugía y solo le había llamado por teléfono y enviado muchos mensajes.

Juanita era una de las mejores amigas de Nayeli, vivía en una ciudad cercana a donde radicaba Nayeli, el trayecto era alrededor de una hora. Así que antes de las cuatro de la tarde Nayeli ya estaba rumbo a la terminal. En el trayecto a la estación de camiones pasó por una tienda donde vendían frutas y flores, decidió comprar unas peras y unas gerberas de diversos colores. El carro partió puntual a las cuatro.

El camión iba con poco pasaje, Nayeli acomodó sus obsequios y se deleitó con la vista al paisaje, sobre todo cuando salieron a la carretera. La iluminación era tan bella y el cielo con su tono en azul claro, por un lado, y nubes difuminadas por el otro, que le parecieron justo los regalos del nuevo año para que la gente levantara la vista al cielo. El encanto del atardecer era tal que se preguntó: ¿cuántas personas estarían contemplando esa tarde? Sonrió para sí, sin saber la respuesta. Tenía la esperanza de que fueran muchas más que las que estaban atentas a las pantallas del celular o algún dispositivo electrónico. Volvió a sonreír porque justo sacó el celular de su bolso, tomó algunas fotos. Y como si alguien la estuviera interrogando dijo:

̶ Bueno, en mi caso, tomé el celular porque le mostraré las fotos a Juanita, seguro que le gustarán.

Enseguida guardó el celular. Sin apartar la vista hacia el horizonte, se quedó contemplando la colina que iban subiendo y el juego de sombras que hacía la luz con los coches que iban antes del camión. Ya estaba cerca de su destino.
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 311. Mi música 2025. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido

Polvo del camino/ 311

Mi música 2025

Héctor Cortés Mandujano

Spotify me envía cada año, a principios de diciembre, la selección de lo que más he oído. Me da varios datos antes. Oí, según esta plataforma, “39.798 minutos” (27 días seguidos), es decir, “8.306 canciones” en “455 géneros”. Me dice lo que me han dicho varias veces: “Un gusto como el tuyo no es fácil de definir”. Me dice, además, que mi edad musical es de 42 años, “porque has estado escuchando música de los finales de los años 90”. Comparto como cada año mi lista contigo, querido lector, lectora.

Uno: “No surprises”, de Ara Malikian, del álbum 15, de 2015, que es un compilatorio de dos discos. La pieza está firmada por varios compositores y este violinista extraordinario pareciera extraer del instrumento caricias para el oído en lugar de sonidos. Malikian, dice wikipedia, “es un violinista libanés de ascendencia armenia radicado en España”. Se viste estrafalariamente y usa el pelo alborotado a más no poder, pero es un regalo maravilloso para quienes oímos música.

Dos: “Con dos camas vacías”, de María Jiménez, del álbum Canta por Sabina, de 2002. Jiménez es cantante, bailaora y actriz española. Su voz es pasional, irónica; marca con claridad el desprecio, la tristeza, el coraje, la picardía. Esta es una de las versiones (ranchera convertida en cante) que está en lo que más escucho cada año. La canción es de Joaquín Sabina, quien la acompaña en un tramo de esta historia de desamor: “Ni yo bordo pañuelos ni tú rompes contratos, ni yo mato por celos ni tú mueres por mí; y antes de que me quieras como se quiere a un gato, me largo con cualquiera que se parezca a ti”.

Tres: “Epitafio”, de Maru Enríquez (mexicana, 1957-2022), del álbum Y mi voz que madura, de 2007. El disco lo constituyen poemas de Xavier Villaurrutia, con música de Jaime López. Una maravilla. Estuvo fuera de circulación por líos legales. Me sorprendió hallármelo y lo oí mucho este año: “Sonámbula, dormida y despierta a la vez, en silencio recorro la ciudad sumergida, y dudo y no me atrevo a preguntarme si es el despertar de un sueño o es un sueño mi vida”.

Cuatro: “Pannonica”, de Thelonius Monk (estadounidense, 1917-1982), del álbum Brilliant Corners, de 1957. La pieza fue compuesta por este genio del piano, dedicada a Kathleen Annie Pannonica Rothschild de Koenigswarter (1913-1988), una judía blanca y millonaria, adoradora del jazz. Thelonius es de mis irremplazables de siempre y esta es una pieza ejecutada con la magia de alguien que tenía puentes anchos por los que transitaba, sin problemas, hacia la belleza.

Cinco: “De qué me sirve todo eso”, de Jairo, del álbum Milonga del trovador, una antología de 2010. Este cantante y compositor argentino, legendario, es uno de mis cantantes favoritos. La música y la letra son de él: “Un pie descalzo en la hierba, el soplo fresco del mar, un horizonte de arena, un poema, un trigal. ¿De qué me sirve? ¿De qué? [...] De qué me sirve todo eso, si no hay con quien compartir, partir el pan es hermoso: un trozo espera por ti”.

Seis: “Un bolero a tu vestido”, de Al-Blanco & El Peli (compuesta por Francisco Blanco Burgos), del álbum Me lo sopla el viento, de 2024. Al-Blanco es un joven andaluz (nació en 1998), cantante de flamenco, y El Peli es su acompañante habitual. Me encanta el disco y me gusta la ternura de esta canción: “Y amor, necesito tenerte cerca, tu lejanía me dejó una ausencia y en mi corazón te llevo grabada, y cada noche, la madrugada y el aire me traen tu olor, y al despertarme añoro tus besos, no te siento cerca, por eso me muero, ay, me muero sin tu cuerpo”.

Siete: “Miedo”, de Eugenia León, compuesta por Leonel García, del álbum Una rosa encendida, de 2017. Me parece una inspirada declaración de principios. Leonel García es también cantante, aunque casi no lo he oído. Esta versión de Eugenia León (mexicana) me encantó: “No me toques, no me toques con tus manos congeladas. No me mires con tus ojos, que en verdad no miran nada. Y nunca me abraces, no haremos las paces, deja ya de usar disfraces. [...] Miedo, ya no podré vivir contigo. Miedo, que contaminas todo y envenenas todo. Miedo a no llegar, a estar perdido. Miedo, sé que me quieres ver perder el juego”.

Ocho: “C.R.A.S.H.N.E.B.U.L.A.”, de Winona Riders, del álbum Duotone, de 2024. Este es un grupo de rock argentino, formado en 2018, que debe su nombre a la actriz estadounidense Winona Ryder. Esta pieza alude a un episodio, de 2004, del programa de televisión Los padrinos mágicos, y el nombre es de uno de los personajes de ese programa. Salvo la palabra “Crash” del inicio, que se repite durante la ejecución (se agrega “Nebula” después), es sólo música. Conectó conmigo de inmediato, me gusta.

Nueve: “Felicidad”, de Vicentico (argentino), compuesta por Gabriel Julio Fernández Capello, del álbum Los pájaros, de 2006, me convenció desde su arranque: “Felicidad, me invitaste a tu fiesta y no fui. No me animé. Sí llegué hasta el zaguán y volví. [...] Fuiste un regalo que no pude abrir. Quemó mis manos y me fui. [...] Y aunque esa calle siempre sigue igual, yo nunca pude volver a encontrar aquellas baldosas camino a tu casa en el mar”. Lo acompaña en la canción Andrés Calamaro, otro argentino. Aunque la pieza sea una salsa alegre, la letra es de total melancolía

Diez: “Mundomatraca”, de Leticia Servín (cantautora mexicana), del álbum homónimo, de 2001. No me sonaba como una canción que pudiera gustarme con ese título, que se me hace un poco ridículo, pero terminé rindiéndome: “Por eso quiero agarrar este día, antes de que me coma estra prisa –canija y amiga– por vivir trasnochada de besos, mal vista por enanos que hablarán de mí mientras duermo, y me harán cachitos por todos mis delitos, y quemarán mi choza con todos mis recuerdos, y me olvidarán todos, menos tú”.

Once: “Conocer el mar”, de Camila Guevara, del álbum Dame el mar, de 2025. Camila es una joven cantautora cubana (nació en el 2005), nieta de dos hombres famosos de Cuba: Pablo Milanés y el Che Guevara. Me gustó su disco. Esta canción se coló en mis más oídas: “Ya acepté mi parte oscura, liberé ataduras, pero sigue ahí. He corregido mi postura, para ver si creo un poco más en mí. [...] Quiero volar contigo y olvidar que hay fecha de caducidad; quiero salir de mi ombligo, y conocer el mar, conocer el mar, ver la inmensidad”.

Doce: “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos, del álbum Cara a cara, un compilatorio de 1991. Este grupo español, de rumba flamenca, ya se disolvió, por la muerte de uno de ellos. La canción, compuesta por C. Ramos Prada y E. Salazar, es directa y clara, romántica: “Si me das a elegir entre tú y la riqueza, con esa grandeza que lleva consigo, ay, amor, me quedo contigo. [...] Pues me he enamorado, y te quiero y te quiero, y sólo deseo estar a tu lado, soñar con tus ojos, besarte los labios”.

Si oyes estas doce, quizás pienses lo mismo que me dijo Spotify: soy difícil de definir.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido
La ilustración es de Luis Daniel Pulido




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 310. Entre gratitud y abrazos. María Gabriela López Suárez

La fotografía es de MGLS.
Voces ensortijadas  

Entre gratitud y abrazos
María Gabriela López Suárez

Al público lector de las Voces ensortijadas,
a Letras, idea y voz,
les deseo un año 2026 con amor, paz, gratitud y mucha lectura.




Esther repasó en su mente la lista de pendientes que tenía en las dos últimas semanas del año. Se quedó asombrada, tantas cosas por hacer, en tan poco tiempo. Casi le ganaba la desesperación sin siquiera haberse detenido a verificar si todo era necesario y qué tenía prioridad. En eso estaba cuando escuchó que tocaban la puerta de la casa con tal fuerza que parecía como el anuncio de alguna tragedia. Quien llamaba con tal angustia era Toñito, el hijo de doña Mónica, la señora que en la temporada decembrina hacía hojuelas y mandaba a preguntar si querían encargar tan delicioso postre, el mensajero era el pequeño de siete años.
̶ ¡Toñito, casi se me sale el corazón por esos toquidos tan fuertes! ¿Qué sucede? ¿Es el pedido de hojuelas? −preguntó Esther con voz firme y rostro serio.
̶ Disculpe, es que tengo prisa, ando preguntando en el mayor número de casas para decirle a mi mamá y pueda comprar los ingredientes. Ella quiere tener seguros los pedidos. ¿Van a querer hojuelas y cuántas? ̶ antes de que Esther respondiera observó que el niño sacó de una bolsita cangurera que llevaba, una pequeña libretita con un lapicero de igual tamaño; libreta en mano estaba atento y levantó la vista. Los ojos del niño se fijaron en los de Esther quien, sin dudar, pidió cien hojuelas. Las compartiría con su familia y algunas amistades. El rostro del niño dibujó una gran sonrisa.
̶ ¡Muchas gracias doña Esther! Ojalá que usted me traiga la suerte, como dice mi mamá, es el primer pedido que nos hacen.
̶ Verás que sí pedirán más hojuelas, Toñito, solo te sugiero que toques menos apresurado. Anda, ve con cuidado al cruzar las calles.
Esther observó al niño quien, con mucha seguridad, iba caminando, dirigiéndose a otras viviendas para continuar con su tarea. Ella volvió a lo suyo; retomó la idea de Toñito y buscó una libreta para anotar sus pendientes. Se sentó y antes de que le ganara la mente con la idea de que ya era tarde y aún no había abierto su papelería, decidió darse el tiempo para hacer la lista. Una vez terminada la tarea revisó a detalle y decidió llevar a cabo el primer pendiente.
Tomó un pequeño bolso, cerró la puerta, guardó sus llaves y salió a caminar a un parque cercano. Dio una vuelta completa al parque, que no era tan grande. Buscó una banca y se sentó. Observó las aves que se deleitaban volando de rama en rama entre los árboles. Contempló los rayos del sol que se filtraban a través de los huecos del follaje que cubría el parque. Se alegró la vista con las flores distintas que tenían las jardineras. Sintió el latir de su corazón. Había olvidado cuánto tiempo tenía de no agradecer en la vida, por cada día, por su salud, por su familia, por las amistades que siempre estaban presentes a través del tiempo y la distancia, por un techo y comida segura, por un nuevo año que culminaba, por darse ese instante para estar con ella y contemplando los regalos de la naturaleza, sin agobiarse por el tiempo.
Permaneció ahí alrededor de media hora, en ese intervalo de tiempo sintió la necesidad de darse un gran abrazo, se abrazó con mucho amor. Regresó contenta a casa, entre gratitud y abrazos había iniciado el primero de los pendientes de su lista, antes de culminar ese año.
La fotografía es de MGLS.
La fotografía es de MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 309. Ahora le toca a ustedes/ IV. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración de de HCM.

Polvo del camino/ 309

Ahora le toca a ustedes/ IV
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Marzo 2025

Dos amigos se refieren a mí en dos textos que están enfocados a otras cuestiones. Tomo los fragmentos del caso. Rodrigo Ramón Aquino (en “Pepitas de oro”, presentación de Corte de café, de Efraín Bartolomé): “la genuina admiración y la buena estrella me permitieron asistir como auxiliar de investigación a otro muy querido y admirado maestro, para mí el mejor narrador de Chiapas, aquí presente también: Héctor Cortés Mandujano, que había emprendido la titánica labor de contar la vida y la obra del protagonista de esta noche”.
Édgar Hernández (en “Redimensionar la atención a la cultura”): “Chiapas también es tierra de grandes poetas y destacados escritores (Rabasa, Figueroa, Castellanos, Sabines, Duvalier, Zepeda, Bañuelos, Oliva, Vázquez, Garduño, Olmos, Bartolomé, Cortés, etcétera), de cuya herencia –y de la vasta riqueza cultural del estado– abrevan hoy cientos de jóvenes artistas, mujeres y hombres, que muestran su talento en la literatura, la música, el teatro, la pintura, la fotografía y demás artes visuales”.
Roxana Carbajal escribe sobre Polvo del camino 269, “Los elefantes no pueden saltar”: “Me encantó la nota. Los animalitos son un universo aparte. Me recordó a mi maestra de primaria, quien siempre me decía: ‘Ya cállate, Roxana, pareces chachalaca’, y yo nunca le hice caso, porque no sabía a qué se refería con eso de ‘chachalaca’ ”.
Damaris Disner sobre Casa de citas/ 733, “Nueve mujeres, 3” y Polvo del camino 269, “Los elefantes no pueden saltar”: “Querido Héctor, bonito domingo. Tengo ganas de leer el libro de Nueve Mujeres. Me interesa y también me conmueve la dramaturgia de Roxana. La novela de Bárbara Colio me llamó la atención muchísimo. Gracias por apasionarnos para leer a otras mujeres. Y tu columna sobre curiosidades de los animales me sorprende con los datos. [...] Te abrazo, y te quiero muchísimo”.
Roger Octavio Gómez sobre Casa de citas/ 734, “No estamos perdidos”, cita una de las citas que hago de Alberto Manguel: “Wow: ‘...cuando un apicultor muere, alguien debe ir a decirle a las abejas que su cuidador se ha ido para siempre. Desde entonces siempre he deseado que, cuando yo muera, alguien haga lo mismo y les diga a mis libros que ya no volveré’ ”; Tania Corzo, sobre el mismo tema, propone: “Me dio tristeza, yo le diré a tus libros, ¿viste? Tú le avisas a los míos, no son tantos”; y Damaris Disner: “Cuando yo muera creo que alguien deberá venir a hablar con mis gatos y libretas a medio terminar. Me gustó mucho el texto”.
Óscar Márquez sobre Polvo del camino 271, “Gracias al extra”: “Te volaste la barda. Sencillamente genial, como a mí me gustan. Sencillito, bien pensado, inesperado... creíble. Buen día, primo, y gracias por este ‘sueño’ corto, que ya me hizo el día” y Leopoldo Morales: “Ahora sí te pusiste. Me dejaste estupefacto. Simplemente. [...] Qué manera de soñar. Qué placer leerte”.

[Esta notita es sólo para mis lector@s atent@s –dos me escribieron sobre ello–: publiqué los números 305 y 305-A, porque tuve líos con mi computadora. Para regresar a la lógica numeraria, la próxima columna será la 311. Si me preguntas por qué escribo esto, es que no eres de los atent@s.]
La ilustración de de HCM.
La ilustración de de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 309. Saber esperar. María Gabriela López Suárez

La fotografía es ee MGLS.
Voces ensortijadas  

Saber esperar
María Gabriela López Suárez

A todas, todos mis guías en la vida, gracias.


Eran las 5:30 de la tarde, don Augusto tenía cita médica con la dentista a las 6 de la tarde y Ernestina su hija mayor lo acompañaría. Después de la consulta médica irían a comprar la despensa y algunos obsequios que doña Rosalía, esposa de Augusto y madre de Ernestina, les había encargado para las piñatas que donaría en la posada de la cuadra donde vivían.

Llegaron al consultorio a las 5:45, había varias personas en la sala; se sentaron y comenzó la labor de la espera. Dieron las 6 de la tarde y aún no le tocaba el turno a don Augusto. Ernestina no dejaba de ver el reloj mientras se entretenía con el celular. El tiempo seguía su curso, 6:15 y no había movimiento de pacientes.

−¡Oye papá aún no has pasado y llevamos 15 minutos de retraso! ¿Quieres que pregunte qué pasó? −dijo Ernestina, en voz bajita y tono desesperado.

−No Tina, ten calma. No han de tardar en llamarme –fue la respuesta de don Augusto, mientras la abrazaba.

Como por acto de magia, al cabo de unos 5 minutos llamaron a turno a don Augusto. El rostro de Ernestina mostró un gesto de alivio. Siguió distraída con el celular mientras su papá estaba en la cita médica. Venía la segunda etapa de espera.

Eran las siete de la noche y Ernestina ya no hallaba sosiego ni con el celular. Decidió guardarlo en su bolsa. Observo a su alrededor, el único paciente que se había movido era su papá. La sala permanecía intacta con el resto de personas. Fijó bien su mirada, cuántos consultorios había ahí, solo el de la dentista. Es decir, que las 8 personas que aún estaban ahí, sin contar a ella, estaban por pasar a consulta.

Nuevamente hizo un repaso y empezó a deducir que había pacientes que como su papá iban acompañados. No toda la gente pasaría a cita. Eso le generó una especie de alivio. Pero de nuevo, le volvió la preocupación por el tiempo. La persona que estaba en la recepción era una chica como de unos 22 años. Estaba entretenida en la computadora y en una libreta de notas. Siguió observando qué hacía la gente para no desesperarse, algunas personas platicaban entre sí. Nadie tenía celular en mano, algo raro para ella. Su mirada se detuvo en un señor de edad mayor, alrededor de setenta años, estaba concentrado en la lectura. Ernestina tuvo curiosidad por saber qué libro leía. Se levantó despacito y dio unos pasos cerca de la silla del señor, pero no alcanzó a leer el título. Volvió a su lugar y siguió observando al señor, su rostro era sereno, nada lo desconcentraba de su lectura. Hasta alcanzó a percibir que su respiración era tranquila.

Volvió la mirada hacia ella, nunca había pensado que era importante saber esperar. La idea de llevar un libro le pareció magnífica. Ver al señor le había generado esa sensación de calma que tanto necesitaba en ese momento. Le vinieron varias preguntas a la mente, ¿era la lectura lo que generaba esa sensación de calma en el señor? ¿Era la experiencia del paso de los años? ¿Esperar era acaso una habilidad reservada solo para algunas personas? Respiró profundamente, deseo tener una revista con sopa de letras o crucigramas para llenar. Saber esperar le parecía todo un reto, pero quería aprender a enfrentarlo. En eso estaba que no se percató que su papá ya había salido y estaba pagando los honorarios en la recepción.

−¿Lista Tina? Ya nos vamos a hacer los pendientes −le dijo don Augusto con una gran sonrisa.

−Sí, vámonos papá, ya es hora −señaló ella, devolviendo la sonrisa, mientras volteaba a ver al señor, quería identificar el título del libro. Se quedó con la duda, el señor había pasado a cita después de don Augusto.
La fotografía es ee MGLS.
La fotografía es de MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 308. La vida de los sueños. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 308

La vida de los sueños
Héctor Cortés Mandujano

En las entrañas de la línea sueña una mujer

Juan Gelman,
en “CCLXXI”

A mis amigas Damaris, Mónica y Rocío

Ella me escribe un mensaje por whatssap y me cuenta que me soñó. Es domingo. Un colibrí se acerca a mi ventana como si intentara tomar la miel de mi pensamiento para compartirlo con otro de los suyos que también aletea velozmente buscando la corola de una flor en el jardín.
Preparo un regalo. Recorto figuras de un elegante libro de pinturas: un unicornio, una nube, un árbol, un ojo enorme, el mar... El libro era de mi mamá y ella ya no puede reclamar el uso que doy a volumen tan cuidado. Haré un collage sobre una tela azul, afelpada. Luego le pondré una resina que un amigo que sabe de esto me recomendó. Será un brillante, un resplandeciente cuadro de ensueño.
Pongo sobre la tela, al centro, el ojo, como elemento divino. La nube hasta abajo, para proponer que el cielo está aquí, con nosotros, no arriba…
Hago con cuidado la distribución, sin todavía fijar ningún elemento; sin embargo, mi gata brinca y tira todo, incluso la resina que había dispuesto en mi mesita de trabajo. Los elementos se desarreglan, es decir, se arreglan de otro modo. El azar es un maestro: me encanta como quedó. Así quedará.
Debo apurarme, porque una periodista –mi amiga Damaris– vendrá a entrevistarme. Ella no sabe que yo sé que es su cumpleaños. Me llamó para acordar esta charla y le dije que sólo podía hoy y ningún otro día.
Mi estudio está pintado de blanco y la entrada está llena de enredaderas cuajadas de flores.
Recibo un mensaje de Mónica. Me dice: “Te soñé. El sueño era millonario y feliz”. Antes me ha visitado Rocío y me contó que, en sueños, vio la representación de una de mis obras, La divinidad del monstruo, en un elegantísimo teatro de Europa.
Estoy muy soñado en estos días.
Acabo de poner los últimos toques al cuadro, cuando sueña (es decir, suena) el timbre de la entrada. Es Damaris.
Nos saludamos con un abrazo y un beso.
—¿Cómo estás? –Me dice.
—Millonario y feliz –le respondo–. ¿Qué mayor tesoro que la amistad?
Le doy su regalo y ella se siente –sus gritos de entusiasmo lo demuestran–, igual que yo.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Trabajo en alturas. 43. Apuntes de insular. Roger Octavio Gómez Espinosa

Ilustración cortesía de Casa Conejo Café.

Apuntes de insular
Roger Octavio Gómez Espinosa

A Pippo Bunorrotri, seguidor de Letras, IdeaYvoz
Amable lector de continentes lejanos a quien le

llegan nuestras botellas de náufragos.

El 3 de octubre de 2025 presentamos en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en Casa Conejo, bajo el amparo de mi estimado Alfredo Espinoza, el libro 21 Canciones, de la que soy coautor junto con Luis Daniel Pulido y Héctor Cortés Mandujano, además de los ilustradores: Juan Ángel Esteban Cruz, Juventino “Tito” Sánchez, Alejandro Nudding y Adriana “Agreste” Gómez Ronzón. Recordé la lectura que había hecho Ángel Esteban, la relectura de “Tito” al ilustrar mis textos. Me dieron el micrófono e improvisé algo sobre islas, náufragos y botellas en el mar.

El siguiente texto es sólo un apunte de las ideas que solté, no las recuerdo con exactitud:

Mi amigo y gurú, Héctor Cortés Mandujano publicó, por ahí de 2019, en su columna Casa de citas, una que se titula “Me llamo Nadie y vivo en una isla”. El texto estaba dedicado a la presentación de un libro de cuentos mío. Se refería tanto a mis personajes como a la fascinación que tengo por la Odisea de Homero y también a que Héctor, además de leer libros, sabe leer a las personas. Leyó en mí esa costumbre que heredé de mi padre y él a su vez de mi abuelo, de vivir en nuestras propias islas.
Parto de mi isla muy de vez en cuando. Balsas, navíos, trirremes. Marino de mis océanos, es curioso que cada vez que mis embarcaciones se hunden amanezco en las mismas playas. El mismo aroma, los mismos vientos. Los náufragos de profesión sabemos que es necesario mandar mensajes en botellas. Y los envío cuando la marea cambia. Me duermo. En mis sueños las botellas viajan raudas hasta tocar continentes lejanos, donde hay gentes que leen los mensajes firmados por un tipo que gobierna un islote rodeado de mares y que lleva por nombre: Nadie.
El mar que me rodea es a veces una muralla brava, otras abismo transaparente o burbuja de sal oscura. Hay ocasiones que me parece que ese mar está conformado por sedales invisibles que descifran la salida de mis laberintos azules.
Hoy que los veo, como luz, ante este libro terminado, recipiente de palabras, me digo: ¿estaré, de nuevo, soñando?

Ilustración cortesía de Casa Conejo Café.
Ilustración cortesía de Casa Conejo Café.

*Sobre el autor:

Roger Octavio Gómez Espinosa

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1974.

Tiene el grado de Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM y Máster en Creatividad Literaria por la Universidad de Salamanca, donde se graduó con mención honorífica.

Autor de Acrofobia (Tifón, 2022); La lluvia en las hojas del platanar (Ediciones Animal, reeditado por Kolaval, España); Soltar las riendas (2019, Tifón). Anhelo de reposo. Antología poética (Coordinador editorial, Tifón, 2019). Bruñir la palabra frente a la hoguera (Autor antologado, Tifón, 2018). Mamá no va a llamar (Tifón, 2018).

Su cuento El rostro de marina, obtuvo dos primeros lugares en su adaptación radiofónica en la Tercera Convención Internacional de Radio y Televisión 2018, Varadero, Cuba.

Liminar 7. Hablar. V. Balltre

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Liminar

Hablar
V. Balltre

Cuando hablamos, no son solo palabras vacías que brotan de nosotros. Es todo aquello que sentimos y le damos forma con voz.
Cuando estamos tristes, toman forma de gota como lágrima; quizá de susurro como aire o; de suspiro como si fuésemos copas de árboles abrazados por el viento. En la rabia, suenan a relámpago y truenos como gritos, se escucha como un tornado azotando en la playa con discusiones golpeando como tsunamis.
Si estuviésemos felices, hablar sonaría como rayos de sol si estos tuvieran melodía, quizá acompañados de una risa como un arcoíris con mil colores asemejando tonos de voz. Estar feliz y hablar es siempre un reflejo de paz y armonía en nuestro corazón. Hablar, nunca será sinónimo de vacío; es opinión, emoción, pensamiento y sentimiento, hablar es, y será siempre: un reflejo de nosotros, quizá en superficie o en profundidad según el tópico.
Por otro lado, escribir siempre me gustará más, porque es más sencillo expresarse en letras que en voz cuando quizá la tristeza nos implanta un nudo en la garganta, pero hace fluir las palabras en papel con suavidad y fluidez cual neblina en clima de invierno.
Escribir es, y me será a la eternidad; un camino, una salida, un desvío de la realidad en donde embellecer en letras es el resultado de sentimientos sin identificar y de palabras sin brotar en voz, pero sembradas y florecidas en prosas, escritos o poemas.
Hablar, escribir, escuchar, leer. Todos son hijos de palabras; productos del lenguaje naciente de una necesidad de expresar, de ser, de sentir sin callar como canal de nuestra intrínseca necesidad de ser notados en un mundo ruidoso.
Cuando el silencio interno suena más fuerte que cualquier sentimiento allá afuera, explota en voz cuando el pecho y la garganta ya no lo pueden retener más. Me gustaría hablar como escribo, pero es al escribir que mi alma guía y no mi mente pensando las palabras que brotarán de mi antes de darles forma en melodía.
Quisiera pronunciar en voz con la facilidad con la que esbozo en caligrafía y poder expresar con palabra dicha lo que mi alma guarda y resguarda en las escritas.
Quisiera hablar además, en muchos idiomas, pronunciar el francés tan fluido como escribo de París y el anhelo en mí. O poder parlar italiano sabiendo que es el idioma de mi corazón y por fin tiene presencia en voz.
Quisiera saber cómo sueno enamorada en latín, y si es el mismo sentimiento que en griego. Quisiera no hablar solo de sueños y romance en español que me queda corto el idioma. Por otro lado, no quisiera saber del anglosajón pues, si bien lo dijo Xacobe Substack: “¿Cómo no van a ser bárbaros si su idioma no distingue el ser del estar ni el querer del amar?”
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.

*Sobre la autora:

V. Balltre

Escritora emergente

Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente
originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las
prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda.
Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas
publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V.
Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario.
Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.

Voces ensortijadas. 308. Sé feliz, chiquilla. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Sé feliz, chiquilla

María Gabriela López Suárez

En memoria de Pepe Verduzco. Gracias por tu amistad,
por siempre en mi corazón.



Rosario estaba tan concentrada haciendo labores de jardinería, en el patio de la casa de la tía Bertha, que no se percató de la llegada de Socorro, su prima adolescente. Tía Bertha había pedido a Rosario que le hiciera favor de cambiar la tierra a las macetas, que verificara por qué algunas de sus plantitas estaban tristes, o al menos así las veía ella.
La tía Bertha sabía que Rosarito, como le llamaba de cariño, amaba el cuidado de las plantas. En sus ratos libres de universitaria, solía estar apapachando sus flores, sus plantas medicinales y también las de su familia, cuando le pedían.
Socorro se asomó con cautela para no desconcentrar a Rosario, quien al verla la saludo con gran asombro.
̶ ¡Hola Socorro! Por poco me espantas niña. ¿Qué milagro que te veo por acá? ̶ dijo Rosario sin dejar de hacer su labor.
̶ ¡Hola primita! Pasé a saludar, vinimos a visitar a la tía Berthita. Te vi tan ocupada que me acerqué despacito para no distraerte. ¿Qué tanto haces con estas macetas?
̶ Cambio de tierra a las macetas y estoy encontrando hermosos regalos, la tía se pondrá feliz.
̶ ¿Dijiste regalos, Rosario? ¿En serio? ¿Cuáles, dónde? Yo quiero regalos, fíjate que estaba buscando unos súper tenis que quiero que me compren para Navidad.
Rosario escuchó con atención a Socorro, detuvo su labor un momento. Tomó con mucho cuidado un par de hijuelos de una planta de romero, los colocó sobre su mano y volvió el rostro dirigiendo su mirada a su prima. Le mostró los hijuelos, eran algunos de los regalos que había hallado y pondrían contenta a la tía Bertha. El rostro de Socorro mostró desconcierto, Rosario se dio cuenta. La invitó a que le ayudara a trasplantar esos hijuelos, buscaron unas macetas pequeñas y Socorro aprendió a sembrar plantas.
Mientras hacían esta labor Rosario le explicó a Socorro que los regalos en la vida no solo son materiales, le puso algunos ejemplos, contemplar el cielo con sus infinitos paisajes, sentir las caricias del viento, recibir y dar abrazos, tener salud, tener seres queridos, disfrutar de una linda plática con alguna amistad, escuchar el canto de las aves, respirar conscientemente.
Socorro escuchó con atención. Luego le mostró a Rosario si las plantitas habían quedado bien sembradas.
̶ Muchas gracias por tu ayuda Socorro, mira qué bonitas quedaron las nuevas plantitas. Se las mostraremos a tía Bertha. Pero antes de eso, quiero pedirte que recuerdes esta conversación de los regalos, los que nos dan la verdadera alegría. Siempre ten presente: sé feliz, chiquilla, lo material no llena el corazón.
Socorro no pudo articular palabras, sintió varios nudos en la garganta. Se acercó a Rosario y la abrazó fuerte. A lo lejos se asomó la tía Bertha, quien con paso lento avanzaba hacia ellas.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 307. Lo que hubiera quedado en el tintero/ 1. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de HCM.

Polvo del camino/ 307
Lo que hubiera quedado en el tintero/ 1

Zazil y la muñeca azul
Héctor Cortés Mandujano

Sus padres se divorciaron cuando Zazil era una bebé. Pero los dos se llevaban bien y ella vivía con ambos, en un arreglo que no siempre entendía: a veces una semana con su mamá, a veces un mes con su papá.
Ambos se encargaban de su alimentación, su ropa, sus juguetes, sus paseos y sus estudios. Los dos, equitativamente, pagaban las colegiaturas de la escuela y los gastos de su clase de ballet. Sin embargo, ella, a sus siete años, se había acostumbrado a conseguir ciertos gustos sólo en las fechas tradicionales: cumpleaños, día de las niñas y los niños, Navidad, Santos Reyes…
Su madre trabajaba en una oficina y su padre era pintor.
Un día de agosto acompañó a su papá al supermercado de una plaza llena de negocios y vio en el aparador de la juguetería, de paso, una muñeca que le encantó: era de piel azul, con un vestido verde y unos cabellos color rosa. Le pareció genial, fantástica.
Sus padres eran muy cuidadosos con los gastos, porque ninguno de los dos tenía altos ingresos. Por eso no le pidió a su papá que le comprara la muñeca y decidió hacer un plan y un presupuesto. La muñeca costaba $2, 768.50.
Su plan era hacer dibujos para que su papá los pusiera en venta en Facebook, con precios bajos y sobre un tema que ella conociera bien. Decidió dibujar su cochinito rojo (tenía uno en cada casa, porque mamá y papá la habían enseñado a ahorrar) con seis variaciones de ese color y otros seis con distintos tonos de azul.
12 en total. Buscaría venderlos a $250.00 cada uno, de modo que, si los vendía todos, tendría tres mil pesos. Ese era su presupuesto ideal.
Sólo tomaría el importe de la muñeca y el resto ($231.50) se los daría a su papá para pagar por las hojas recortadas, de papel acuarela, de 25 cm por 25 cm, y la pintura que usaría para echar a andar su plan presupuestario.
Contó a su papá su idea y apenas llegar a casa él puso en su mesa de trabajo los pinceles, la pintura y comenzó a recortar las hojas. Zazil puso manos a la obra.
No hizo todos los cerditos del mismo color, porque se le antojó mientras pintaba el primero hacer uno rosa, otro dorado, uno más color plata, y con otros inventó combinaciones hasta llegar a tonos que a ella le parecieron bellísimos.
Su papá puso fotografías de las ilustraciones en su Facebook, apenas iban saliendo de manos de Zazil, y sus amigos y familiares las fueron adquiriendo a la misma velocidad. Llegó a su meta sin ningún tropiezo.
Con el dinero recaudado fueron a la juguetería y Zazil se puso feliz, porque, además, cuando el dueño del negocio se enteró de lo que había hecho (su papá se lo contó), le hizo un descuento del 10%. La muñeca le costó, entonces, $491.65 menos.
¡Qué emoción, ya era suya! Zazil tenía una nueva amiga y decidió bautizarla como Vrozul. En el camino de vuelta a casa, comenzó a contar a la muñeca sobre las muchas ideas formidables que pasaban por su mente.
Otra buena noticia esperaba a Zazil: su papá le dijo que el cambio, después de pagar su muñeca, lo pusiera en su cochinito, como agradecimiento por su ayuda, por servir de modelo. Así lo hizo Zazil.
En la noche, acostó a Vrozul en su almohada. Y se durmió contenta, sonriente.
Aquel había sido un gran día.

[Mi amigo Juventino Tito Sánchez me pidió que escribiera un cuento sobre niños (usé a Zazil, su hija, como modelo), relacionado con la economía y el ahorro. Era para un concurso de ilustraciones, convocado por un banco. Lo escribí y Tito no hizo las ilustraciones. Tan tan. Este es el arranque de una nueva sección en mis columnas para publicar lo que pensaba no publicar: Lo que hubiera quedado en el tintero...]
La ilustración es de HCM.
La ilustración es de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com