Polvo del camino. 34. Lo obsceno. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 34

Lo obsceno


Héctor Cortés Mandujano

Soy un pene que piensa

Henry Miller
 

En la revista Mula blanca # 11, septiembre-octubre 2014, de distribución gratuita, el poeta Jorge Esquinca publica poemas recientes de su Teoría del campo unificado. En “La zorra” cuenta (p. 20): “Es una zorra me dijo/ ¿Quién?/ La hija de la doña de la miscelánea/ Yo, por más que le buscaba la cola o las orejas picudas, nada./ Es de las que se dejan, insistió./ ¿Se dejan qué?/ Meter mano. Le das un veinte y se levanta la falda, tiene un conejo tibiecito./ Por fin, ¿zorra o conejo? […] Es una zorra, una piruja, es de las que se dejan. Y, además, le gusta. […] Le das un veinte, te vas con ella a la parte de atrás, donde guardan los costales, y le tocas su puchita./ ¿Su qué?/ Se siente suavecito y mojado”.
            Que las mujeres se dejen tocar o permitan la penetración no las hace putas ni zorras ni pirujas, dice Huberto Batis en su ensayo sobre Anaïs Nin [Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas), Universidad Autónoma del Estado de México, 1989: 124], porque “las mujeres mil veces penetradas pueden seguir siendo fundamentalmente vírgenes, intocadas, inafectadas”. 
            [Eso se discute en el arranque de la cinta Perros de reserva (Reservoir Dogs, 1992), de Quentin Tarantino, a propósito de la canción “Like a Virgin”, de Madonna.]
            El libro habla de varios autores que escribieron sobre erotismo, sexo, obscenidades. El escritor anónimo de la novela Irene dice (p. 50): “Es una manía burguesa arreglarlo todo en historias” y Batis lo secunda de inmediato: “Se hacen novelas de un pedazo de madera, de una gardenia, de un adulterio; hay escritores que cuentan la vida de otros o la suya propia al lector boquiabierto, al lector papamoscas”.
            Uno de esos autores que me dejó boquiabierto es Henry Miller (amante de Anaïs Nin, por cierto) con Trópico de cáncer. A él dedica Batis su ensayo mejor y más extenso, donde retoma opiniones de Miller dichas al crítico George Wickers (p. 69): “La gente lee para divertirse, para pasar el tiempo, para instruirse. Yo nunca leo para pasar el tiempo ni para ser instruido, yo leo para ser arrebatado fuera de mí mismo, para quedar extático. Siempre estoy buscando al autor capaz de hacerme olvidar de mí mismo”. 
Y él lo logró con varios de sus libros que asumen la sensualidad y la sexualidad sin tapujos. Fue, por supuesto, acusado de obsceno y esto respondió (p. 71): “¿Acaso no estamos en el filo de la era destructiva, de la guerra, de la enfermedad, de la pestilencia y de la hambruna? ¿Qué estamos tratando de decir con este ‘uso exagerado’ de la obscenidad? ¿Dónde está el peligro? […] Nunca digo nada que la gente no diga y haga todo el tiempo. No saco los temas del sombrero, sino de los alrededores, de lo cotidiano, de eso de cuya existencia la gente siempre se rehúsa a darse por enterada”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nuding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 33. Dama cruel. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 33

Dama cruel
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

1
 
Leyó la carta con atención y pasmo. Su marido le contaba que se había encontrado, luego de la cruenta batalla, con tres brujas que le vaticinaban buenas nuevas. Menudencias algunas, como nuevos tratamientos nobles que reportarían quizás ingresos frescos, pero el vaticinio principal era que iba a ser rey.
            ¡Albricias!
            También le anunciaba que él llegaría, con el rey y su comitiva, a pasar una noche en el castillo. Que lo tuviera a punto, que instruyera a las cocineras, que… las naderías que los hombres pueden sugerir a una ama de casa que sabe bien su cuento.
            Dio las órdenes precisas, tomó en sus manos la carta, ya leída y casi memorizada, y salió rumbo a uno de los bosques adyacentes a su rica propiedad. Una pregunta la atenazaba: ¿Cómo podría volverse rey su marido si el rey estaba vivo y con buena salud, sin siquiera algún banal alifafe? 
            No distrajo su vista con las flores, las mariposas o los árboles, ni sus oídos con los silbidos del viento o el canto de las abubillas (si es que tales eran las que lanzaban al mundo sus voces gárrulas). Estaba ensimismada, volcada hacia sí misma, por eso su grito la sorprendió:
            —¡Claro, hay que matar al rey!
            Su grito pareció el conjuro exacto para que las tres brujas se le aparecieran.
            —Hola –dijo una.
            —Dama –dijo otra.
            —Cruel –dijo la última.
            Y pareció que sólo una hablaba.
 
2
 
Convencer a su marido no fue tan sencillo. Débil, lleno de subterfugios. ¿Cómo podía ser éste un gran guerrero, si más parecía una jovencita cuidando su virtud que un tosco varón que rompía cráneos, cortaba cabezas, mataba sin cesar?
            —¡Pero es el rey! 
            —Es un hombre, como tú. Ni más ni menos.
            —Pero lo hemos recibido en casa y ahora duerme confiado en el aposento que supone fuera de cualquier peligro.
            —Eso es bueno. Ya emborraché a los guardias, la puerta está abierta, entra y clávale en el corazón este cuchillo. Es tan pesado que no necesitarás tanta fuerza: entrará como el plomo en el agua.
 
3
 
No faltaron momentos ásperos; sin embargo, su marido fue ungido como rey. En la celebración, ella cuidó personalmente que en su copa se añadiera el veneno más volátil y más severo. Cuando él cayó muerto, ella subió al trono con toda majestad.
            Las invitadas principales a su coronación como reina fueron las tres brujas, ahora sus mejores amigas, sus hermanas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Intuición. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

 
Intuición
 
Cercada en la prisión de la cordura
de pronto: la intuición despierta y vuela
más allá de la cúspide en la altura,
mariposa de luz dejando estela.
 
Y rompe las cadenas de moldura
con sus alas doradas en que anhela:
el cisma que sacude a la atadura,
la razón y su traje que encarcela.
 
Y tejiendo los hilos de la tarde,
en los lienzos luminosos en que arde,
se abre paso en la cárcel que la atrapa.
 
Sismo en el corazón de la obediencia
y en el latir exacto de la ciencia,
una grieta por donde el mundo escapa.
      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

“Intuición”, poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

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Voces ensortijadas. 33. Los caminos del corazón. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 33

Los caminos del corazón

Por María Gabriela López Suárez

Bianca revisó el reloj, faltaban 40 minutos para la cita de trabajo que  tenía. Iba a buen tiempo, eligió la ruta menos congestionada para avanzar. Más valía esperar unos minutos que llegar después de la hora acordada.

Todos los semáforos le habían tocado en verde, hasta que llegó a uno que tuvo que esperar. Al detenerse observó la calle, tenía mucho rato que no pasaba por ese rumbo. La reconoció de inmediato, a media cuadra de ahí había vivido una de sus mejores amigas. Una a una a se fueron viniendo a la mente las anécdotas de los momentos compartidos, instantes de mucha felicidad y también de inmensa tristeza, una parte de su vida en ese espacio habitado, la calle.

El semáforo cambió a verde y Bianca siguió su camino. Mientras continuaba fue pensando en todas las historias que se tienen en los distintos espacios que conforman las calles, los senderos, las carreteras. Ella tenía sus calles favoritas, ésas que rememoraban la infancia, las salidas con sus primos y amistades de pequeña, las que eran caminos para ir de paseo con la familia, las que en complicidad con sus amigas  ideaban los encuentros amorosos para que parecieran fortuitos, las que eran ruta de las tradicionales salidas para fiestas y reuniones, las que atemorizaban por ser espacios solitarios y peligrosos, las que conducían a espacios no gratos y que se resistía a recorrer.

No solo estaban las calles de su ciudad natal sino las de espacios foráneos, aquellas a las que había regresado  en un segundo viaje y al recorrer iba recordando las experiencias y a la vez sumando nuevas, pero también las que, probablemente, no volvería a caminar  y estaban llenas de los instantes vividos, como cuando se animó a  bailar con sus amistades y cantar en una ciudad extranjera, o cuando se perdió de rumbo y repasó una y otra vez la misma ruta hasta hallar la dirección correcta.

Recordó los caminos pedregosos, senderos y veredas que había tenido la oportunidad de andar en sus travesías de estar en contacto con la naturaleza, algunos parecían estar llenos de mensajes ocultos en sus árboles, montañas, paredes rocosas. Cada camino estaba colmado de historias, memorias que se habían quedado no solo en la mente, sino en el corazón.  Se avivaban en la medida que se les traía de regreso, en alguna charla, anécdota, experiencia compartida o como aquella mañana, al haber puesto un momento de atención en una de las calles que pasaba.

Los caminos del corazón, pensó y sintió cómo se humedecían sus ojos. Detuvo el coche. Había llegado a su destino. Observó su rostrofrente al espejo y secó suavemente las lágrimas. Sonrió. Miró el reloj, estaba 15 minutos antes de la cita. Bajó del auto, comenzó a caminar. Ésa se sumaría a una de las calles para su memoria.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

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Voces ensortijadas. 32. Sentirse lacia. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 32

Sentirse lacia

Por María Gabriela López Suárez

El despertador sonó a las 7 de la mañana. Margarita decidió quedarse en cama un ratito más, era domingo y había tenido una semana intensa. Apenas empezaba a soñar cuando escuchó rascar la puerta,  era su perrita Canica, ella no perdonaba la hora del desayuno.

Se levantó, saludó a Canica quien respondió los buenos días aventándose sobre ella y moviendo la cola. Le dio su alimento y se fue a la cocina a preparar un té verde. Abrió la ventana y sintió los rayos del sol que se filtraban entre las ramas de los árboles del patio, acariciándole los ojos, era una luz brillante y a la vez suave. La noche anterior había llovido, aún estaban los charcos y el olor a naturaleza viva. Respiró profundamente y mientras sostenía la taza con té siguió sintiendo cómo la luz del amanecer penetraba suavemente sobre su su rostro. Agradeció la vida y se sintió nuevamente con energía para seguir en su travesía.

La semana se le había pasado volando, entre emociones y estrés. Al llegar la noche del sábado Margarita se sintió lacia, lacia. Recordó la primera vez que escuchó esa frase, en aquella clase en la universidad cuando su maestra de Literatura mexicana la dijo en un ejemplo: ¡Me siento lacia, lacia! Margarita no comprendió el significado, la maestra lo explicó pero, hasta ese momento, no había caído en la importancia de sentirse así.

Fue hasta el sábado cuando se le vino a la mente el término, al no saber qué adjetivo usar para expresar su sentir. Estaba decaída y lo que le seguía. En la noche se quedó contemplando el fuego de la vela que encendió, para aromatizar su habitación con un incienso. El fuego sagrado,  el abuelito fuego, como le llamaban en algunos rituales, hizo fijar su atención en la llama que era intensa y se mantuvo sin movimiento, eso le confortó un poco. Un cúmulo de pensamientos fueron asomándose, paso a paso, a su mente. Demasiado ruido en su interior ante el impávido abuelito fuego que la observaba. Decidió irse a descansar, con la esperanza de un nuevo día.

Su sueño estuvo lleno de aventuras, caminó mucho, recorrió rutas y calles nuevas, se halló personas conocidas y muy queridas. Su niña interior se hizo presente y por instantes se sintió como en un cuento. El amanecer del domingo, entre el cariño de Canica y los regalos de la mañana, hicieron que en su rostro se dibujara nuevamente una sonrisa. Largo camino había por andar. Era importante darse el espacio para sentirse lacia, era como hacer una pausa en la ruta de la vida. El secreto estaba en no estancarse en ese sentir sino continuar. Prendió la radio, que los ríos te sean propicios, que corran para el lado que quieras navegar, que las nubes cubran el sol cuando estés en el desierto, que nunca te falte el fuego, que nunca te falte el agua, que nunca te falte el amor…la canción bendición de dragón estaba al aire.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 32. Tres mujeres. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 32

Tres mujeres
(Cuento)

Héctor Cortés Mandujano

Si logro lo que busco, ¿qué obtendré?

Un sueño, un soplo, un borbotón de dicha.

¿Quién compra un día alegre y llora un mes,

o cambia eternidad por chucherías?

Shakespeare, en La violación de Lucrecia
 

No tenía muchas ganas de verla, pero ella me insistió en que fuera a la universidad a buscarla, porque quería contarme algo importante. 
          La entrada al campus supuso responder a una lista de preguntas, firmar un documento y dejar una identificación oficial.
          Llegué en un receso, supongo, porque los jóvenes se arracimaban en distintas ocupaciones (aunque algún solitario leía sin ver a nadie, una muchacha parecía meditar sentada sobre el pasto). La mayoría era de raza blanca, blanquísima, como si hubieran sido escogidos para un proyecto racista.
          No quedamos de vernos en ningún lugar especial; nos encontramos sin mostrar sorpresa en uno de los pasillos.
          —Hola.
          —Hola.
          —¿Tienes mucha prisa?
          —Depende –le dije–, ¿estás muy ocupada?
          —No, debo hablar con dos o tres personas. Creo que me basta media hora, ¿podrías esperarme en la cafetería?
 
2
 
La esperé leyendo un tratado sobre los encefalogramas, un asunto que me interesa mucho desde la operación de la abuela. Fue más o menos puntual en su llegada.
          —¿Nos vamos?
          —¿Adónde? Es un engorro entrar. Supuse que me citabas aquí, porque aquí platicaríamos. 
          —No. De hecho, no traigo coche. Nos iremos en el tuyo. Si quieres manejo yo, para no darte indicaciones de nuestro punto final.
          —Como quieras –le dije y le extendí las llaves.
 
3
 
Me llevó a un motel; lo que quería decir y hacer era obvio.
          No quise decirle que no quería involucrarme con la prima de mi ex; no me dio tiempo. Ya estaba desnuda y me desnudaba, besándome con una pasión que no le hubiera imaginado. Cuando estaba a punto del clímax, algo me hizo darme cuenta de que aquello era un sueño.
          Abrí los ojos y mi realidad era peor. Sara, una de mis mejores amigas, casi mi hermana, era quien estaba conmigo, en mi cuarto. Destapaba la bolsa de un condón.
          ¿Cómo llegamos a esto? Tal vez platicábamos y me dormí, como suelo hacerlo, como el narcoléptico contumaz que soy, y la acaricié mientras pensaba hacerlo con la mujer del sueño. Y una cosa llevó a la otra. 
          La vi tan concentrada, mientras me ponía la bolsa elástica, que no quise interrumpirla. Se me montó y me sentí con la culpa anticipada de haber quebrantado algo sagrado, nuestra amistad, por un momento de placer que podía encontrar con cualquier otra.
          Vi su gesto pícaro y me dejé llevar.
          Sin embargo, algo raro había en la escena.
 
4
 
Abrí los ojos y noté el rostro de mi mujer encima del mío, viéndome con curiosidad.
          Estaba amaneciendo.
          —Te desperté porque oí tu respiración agitada y hacías unos gestos extraños, ¿tuviste un mal sueño?
          —No uno –le dije–: dos.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

La cuarta pared. 5. Gatuna

Gatuna

Por Bibiana López

“El Génesis lo calla pero el gato debe de haber sido el primer animal sobre la tierra...”

José Emilio Pacheco en “Biografía del gato”.

…Cuando escogí tu nombre no sabía lo que sé hoy, supongo que de alguna manera mi ser en el fondo sabía que tenías que llamarte así porque te convertirías en una leyenda.

Las personas que tenemos animales en casa creamos tal vez otro tipo de amor, uno muy sincero e inexplicable. Cualquiera que te veía apreciaba tu belleza, mi Ching y chang, divino por tu pelaje negro y blanco, me acuerdo mucho que mi papá siempre me decía que le comprara cremas o algún producto a mi cabello para que se viera bien y yo hacia lo mismo contigo tratando de que tuvieras el mejor alimento para que tu pelaje luciera.

Aun puedo sentir tu cabeza en mis manos aquella noche, cuando te fuiste de esta vida, siento no haber podido hacer más por ti, ahora añoro despertar contigo en mis piernas, verte jugar, que nos acompañes a comer, ir a traerte por las mañanas cuando ya no podías cruzar tú sola el patio, tus ataques hacia mí en forma de juego y otros porque seguramente algo te había molestado, cuando regreso de algún mandado no estás esperándome en la puerta de la casa y sólo trato de ver tu ojos y escuchar tu maullido.

Ahora asimilo que terminó nuestro tiempo y que dejaste en mí una huella inconfundible.

Tu nombre es una leyenda porque te hiciste reconocible y destacada, mi amada y siempre tú: Rambo.

PD. En un mundo paralelo estamos juntas corriendo en el patio.

Fotografía: BBLA. 

Sobre la autora*
Bibiana B. López Álvarez
Comitán de Domínguez, estudiante de la licenciatura de Comunicación Intercultural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), fue estudiante de intercambio en la Universidad Católica del Salvador (UNICAES) en Santa Ana, El Salvador.
Tallerista de teatro universitario. 
Fue parte de la creación de la obra "Caites o el destiempo de oficios a olvidar".

Paso de fuego. El arte está mejor cuando es camino. Hermann Bellinghausen

Hermann Bellinghausen*

El arte está mejor cuando es camino *

El arte está mejor cuando es camino. En el movimiento es donde ocupa su espacio natural, donde se ensancha. Como en el poema “Ítaca”, de Constantino Cavafis, el viaje es el destino. Y la mejor noticia respecto a la escritura en lenguas originarias de México es que está en el marcha: anda, trota, rueda y de repente pega un salto, vuela.
 
Con alguna excepción, esta reunión es de jóvenes pero ya conocidos poetas de Chiapas que confirma que el camino es transitado con talento y entusiasmo por autores comprometidos con la creación de belleza y sentido en sus lenguas propias aunque no sea fácil, aunque todo parezca demasiado nuevo, incierto, demasiado inicial. Pertenecen a la segunda (apenas) hornada (¿generación?) de poetas tsotsiles, tzeltales, ch’oles, zoques y hasta q’anjoba’les (cuya lengua es originaria de Guatemala) y son ya ríos verdaderos que alimentan el creciente cauce de la nueva y novísima lírica en lenguas mexicanas, uno de los fenómenos literarios más notables del todavía incipiente siglo XXI. 
 
La reapropiación continua del territorio físico y sagrado, de la identidad y las tradiciones, se da la mano con la tragedia, la ausencia, el vértigo cósmico y la vida cotidiana de los pueblos. Escribe Isabel Pascual Andrés:
 
"Sufro porque estoy de paso
Pero me conformo con llegar
Al lugar donde el día y la noche se encuentran
Para reposar con ellos."
 
Sí, llegar es la meta, y el anhelo es de reposo. Pero ninguno ha llegado, y las riquezas y hallazgos el camino son ya fruto y recompensa. Los lectores esperamos, como desea Cavafis al viajero Odiseo, que su camino sea largo y providente.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

“El arte es mejor cuando es camino” es parte del prólogo de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estuvimos compartiendo textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre el autor:

Hermann Bellinghausen. Ciudad de México, 1953. Poeta, periodista, cronista y ensayista de temas de carácter político y social. Ha sido director de México Indígena y de Ojarasca. Traductor del escritor brasileño Rubem Fonseca. Premio Nacional de Periodismo 1995. Premio Anna Seghers 1999. Colaborador de La Jornada, México Indígena, Nexos, y Ojarasca.

Paso de fuego. Las plegarias taciturnas de mi madre. Äj mayi’is to’yapapä kyonukskuy. Lyz Sáenz

1
Las plegarias taciturnas de mi madre 
desaparecen en la bruma del tiempo.

Intento arrancar la palabra oculta en mi boca, 
como sabia del árbol que tomé en invierno.

Mi voz se llenó de pájaros
y mis alas encendieron el sol.

1
Äj mayi’is to’yapapä kyonukskuy 
to’kopyia jyamase.

Äjtsi näpu’tyiopätzi te’ tzame kä’wänupä äj ajknakomo kuyunäpinhse to’nhkupätzi ne’ pyiakakanä’uk.

Äj tzame jonhtzyiseram tujku
Jeyepyapä äj sa’ja’is jyapäyu te’ jama sänhkäy.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

“1. Las plegarias taciturnas de mi madre” es parte de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre el autor:

Lyz Sáenz. Poeta y traductora zoque, coautora del libro: T’sunun. Los sueños del colibrí (Poemario en cuatro lenguas de Chia- pas), 2017. Aparece en: Muñecas, Antología Internacional contra el abuso infantil, poesía y arte Grito de Mujer (República Dominicana), 2017. Ha publicado en la Revista electrónica Marcapiel, 2018 y en: Documentos Lingüísticos y Literarios No. 37 de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile, 2018. Es integrante de la Organización Cultural Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros.

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Voces ensortijadas. 31. Cuando la neblina cae. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 31

Cuando la neblina cae

Por María Gabriela López Suárez

La llovizna comenzaba a caer esa tarde de verano mientras Olga y su familia viajaban a la casa que era de sus abuelitos. Para ella ese espacio era un remanso de paz, rodeado de naturaleza. Eso siempre la hacía recargarse de ánimo y entusiasmo.

En la carretera la vista del paisaje era sumamente bella, la época de lluvias era un baño de vida para la naturaleza, las montañas mostraban su vestimenta verde y deleitaban la vista. A medida que avanzaban en el trayecto se avizoraban nubarrones grises que anunciaban  lluvia.

Cada vez que Olga hacía ese viaje observaba los cambios que habían pasado en el territorio, para ella ese camino estaba lleno de vivencias que resguardaban experiencias gratas y no tanto, pero sin duda llenas de diversas memorias individuales y colectivas. Muchos de los cambios que veía le causaban nostalgia, venían a su mente los terrenos llenos de árboles que poco a poco se iban devastando y ahí asomaban construcciones de gente que había migrado.

Esa tarde su corazón sintió una especie de opresión, más casas nuevas estaban ahí.  Se quedó pensando que a sus abuelitos les habría dado tristeza verse rodeados de la mancha urbana que avanzaba sin más detenimiento.  Por su mente pasaron varias ideas, qué sabían los nuevos vecinos del cuidado a la naturaleza, qué manera de despojar el hábitat de los pájaros, qué conocían de las montañas que resguardaban ese lugar y que, ella con sus hermanos y primos habían recorrido. Respiró profundo. Faltaba poco para llegar a su destino.

Al entrar a la casa familiar sintió regocijo, la lluvia había escampado. El clima había refrescado bastante.  Bajaron del coche. Mientras Olga se ponía el suéter comenzó a ver que la neblina se hacía presente. Ese efecto de la naturaleza le encantaba, avanzó unos pasos  y quedó frente a una de las montañas que se revestía como si las nubes descendieran sobre ella. Llamó a la tía Juve y a sus papás para que observaran el paisaje.

– Vengan, ¿ya vieron la montaña?

—¡Qué bonito se mira Olguita!  La montaña que nos cuida— dijo la tía Juve.

Los cuatro se quedaron contemplando el paisaje en silencio. En tanto, Olga pensaba que, cuando la neblina cae, envuelve la noche y la cubre de magia, regalo de la naturaleza y una de las bendiciones de ese espacio.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.