Polvo del camino. 47. Buenos días, medianoche. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 47

Buenos días, medianoche

Héctor Cortés Mandujano

El cerebro tiene pasillos más grandes

que los pasillos reales

Emily Dickinson, en el poema 670
  

Emily Dickinson es una de mis poetas de cabecera. Compro cualquier libro que me encuentro de ella y lo leo, aunque casi todos los poemas ya los haya leído o los conozca. Son breves y hermosos, y los escribió para sí misma, que es la mejor forma de hablar de ella, de mí y de cualquiera.
            Y esto no es mera retórica.
            Nació y murió en Amherst, Massachusets, EE. UU. (1830-1886). Pasó la mayor parte de su vida en casa, sin casi salir de ella, sin dejar su pueblo natal; en los últimos años, casi no salía de su habitación. Nunca se casó y sólo tuvo amigos por correspondencia. 
            Excepto cinco de sus poemas (tres de ellos publicado sin su firma y otro sin que la autora lo supiera) su voluminosa obra, de casi mil ochocientos poemas, permaneció inédita hasta después de su muerte. Su escritura no respetaba las reglas clásicas de la puntuación y le encantaba poner guiones que volvían extraños sus versos. Hay muchos libros que conservan su particularísima forma de escritura, lo que aleja a los lectores básicos. Se le considera, sin embargo, una de las poetas fundamentales de Norteamérica y del mundo.
            Leo en uno de mis lectores electrónicos El viento comenzó a mecer la hierba, con traducción de Enrique Goicolea e ilustraciones de Kike de la Rubia, publicado en 2014.
            Dickinson no puso título a sus libros, porque, como ya se dijo, no publicó ninguno en vida; tampoco tituló ninguno de sus poemas, sólo los numeró (yo usé para el título de esta columna el primer verso del poema 425, que me encanta, aunque estoy seguro que ya lo usé para titular una Casa de citas, mi otra columna. No importa). 
            Te comparto lector, lectora, el número 347 para que, en una de esas, admires como yo el alma de esta mujer maravillosa.
 
            Cuando la noche está acabada
            y el amanecer se aproxima tanto
            que podemos percibir las distancias,
            es tiempo de alisarnos el pelo
            y acariciarnos las mejillas.
            De preguntarnos cómo pudimos preocuparnos
            por esa vieja y desvanecida Medianoche
            que, hace sólo una hora, nos aterrorizó.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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Voces ensortijadas. 47. Las maravillas de la escritura. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 47

Las maravillas de la escritura

Por María Gabriela López Suárez

Yo no decido sobre lo que voy a escribir. No, yo espero a que algo ocurra

José Saramago en “Entrevista” por Pilar Pita (1998, La revista)

Ernestina contempló cómo caía la tarde frente a su ventana, aún no lograba asimilar lo que había sucedido en su familia, intentaba hacer una reflexión para entender. Los problemas eran algo con lo que no solía lidiar muy bien. Esa ocasión no lloró, recordó aquel consejo que alguna vez le había dicho Julián, uno de sus compañeros del bachillerato: cuanto te sientas mal, muy mal, respira, respira y toma un traguito de agua. Ella hizo lo primero y le funcionó para calmar la tensión y  sentir menos tristeza. 
     Mientras estaba atenta con la vista hacia el cielo comenzó a buscar las formas de las nubes, poco a poco se fueron desvaneciendo a medida que el sol se ocultaba. Vio la parvada de pájaros que con prisa estaba buscando el lugar donde pernoctarían. Siguió observando y una nueva oleada, ahora de cotorros, pasó cantando con toda su algarabía. 
Siguió respirando, lento, profundo, de manera consciente. Fue sintiendo cómo iba llegando la tranquilidad a su corazón y a su interior. Se quedó pensando que el consejo de Julián era muy acertado, aún cuando él era muy relajista y ella no habría imaginado a él haciéndolo. 
     Sintió cómo su rostro iba dejando a un lado la tensión, quién era ella para intentar solucionar las situaciones de las otras personas. Fue en busca de su libreta y sus lápices de colores. No era la mejor dibujante, pero eso también le ayudaba a desestresarse.
     Comenzó a trazar algunas líneas, fue intentando dar forma a un árbol rodeado de pequeñas ardillas, imaginó ser una de ellas, la más intrépida y aventurera. Coloreó el dibujo. No le llevó mucho tiempo el ejercicio. Lo observó. Sintió la necesidad de crear una especie de historia, quizá un pequeño cuento que podría ilustrar con su dibujo. Intentarlo valdría la pena. Tomó lápiz y papel, enseguida se le vinieron a la mente los consejos de sus profes de Literatura en la secundaria y preparatoria. Indudablemente uno podía descubrir las maravillas de la escritura hasta que la ponía en práctica. Ésa era una buena ocasión para hacerlo. Inició el texto, acompañada del cantar de un grillo que indicaba que la noche había llegado.
     -En el bosque, Lochi, la inquieta ardilla...
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Fotografía: Frank Cone

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 3. Distopía I. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 3

Distopía I: No tan ficticio

Manuel Pérez-Petit

El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la palabra ‘distopía’ como “Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Debería entenderse que esta ‘sociedad futura’ pertenece más al mundo de la fantasía que al de la realidad, y de hecho muchas veces disciplinas artísticas como el cine y la literatura han abundado en ello, para alimento de nuestra tradicional capacidad de asombrarnos. Es el género de anticipación, que engloba entre otros subgéneros a la ciencia ficción o la anticipación sociológica, y que cuenta desde hace decenios con una notable abundancia de obras y con una más que consolidada aceptación general más allá del público popular, en el que se encuadran las expresiones actuales distópicas, ya no en su concepción clásica, con escenarios irreconocibles para el mundo actual, no vinculados ni referenciados a nada existente, sino en marcos claramente identificables. En los últimos años, esa ficticia sociedad ha tomado otros vestuarios y apariencias, como el del género histórico o pseudohistórico, contando con exactitud lo mismo que cualquier historia que cuente un posible ‘futuro’. Sin embargo, esto es aparente, porque en realidad todo es aquí anticipación, pese a que sea ambientado en una supuesta Edad media anglosajona o del medio oriente. Pese a todo, hasta este punto todo es correcto. Los caminos de la fantasía permiten todas las licencias, y en ellos el principio de verosimilitud se plantea en términos de coherencia interna del relato. El asunto está en que tal y como las cosas andan hoy en el mundo resulta que toda esa fantasía no parece de tan dificultosa probabilidad de existencia, sino que más bien pareciera haberse hecho realidad. Y eso preocupa, y de ahí que vaya a dedicar las tres últimas columnas de este año y la primera del próximo a la materia, desde diversas perspectivas y disciplinas. Sobre todo, como colofón pesadillesco a este distópico 2020.
     El cine y la literatura han imaginado y dibujado como casi ningunas otras expresiones artísticas el futuro de las ciudades o su probable futurible, inmersas las nuevas urbes en mundos más o menos distópicos que, en cualquier caso, generan per se reflexión, discusión y hasta nuevos planteamientos filosóficos. Unas veces son películas basadas en obras literarias y otras con guiones originales, como es el caso de “The Fifth Element (El quinto elemento)” (1997, Luc Besson), en que se muestra un diseño urbanístico que va de lo post-apocalíptico a lo futurista, mezclando espacios urbanos en que los autos vuelan en medio de rascacielos de proporciones abismales, en un universo dominado por una decadencia moral y humana que se manifiesta en la propia narrativa y en los argumentos esgrimidos que a su vez se trasladan a los escenarios del filme: tras las fachadas impecables y relucientes, la pobreza y la inmoralidad descienden a los sótanos de la propia vida y a las banquetas, entre tuberías oxidadas y chorros de vapor caliente, en tanto el horizonte muestra un grado de contaminación en el aire que da que pensar respecto a los posibles escenarios de un futuro no tan ficticio. Y todo ello de manera indefectible lleva al downtown –centro de la ciudad– de Los Angeles, California. ¿Pasearon alguna vez por allá y vieron esos rascacielos espectaculares, y acaso se les ocurrió rodearlos y ver sus fachadas traseras? ¿Qué encontraron a pie de calle a espaldas de tanto cristal y acero relucientes?
     No solo muy distante de esta película sino precedente de la misma en cierto modo, hay otra mucho más famosa, basada en parte en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick, que, es sin duda, muy significativa respecto a la arquitectura y la planeación urbanística: “Blade Runner” (1982, Ridley Scott), en la cual en la más arquetípica megalópolis del futuro la distopía queda al descubierto en sus horizontes interminables de edificios, poblados por anuncios luminosos al por mayor y, sobre todo, por la desmesura del capital, en que el gobierno queda ensombrecido por un corporativismo marcado a fuego en la vida cotidiana. ¿Y a qué decir que refiere a Nueva York?
     Esta misma tendencia a mostrar futuros que han progresado a costa de crisis y pobreza se encuentra en no pocas películas. “Children of men (Niños del hombre)” (2007, Alfonso Cuarón), basada en la novela homónima de P. D. James, muestra una urbe  superpoblada –que en este caso resulta ser la capital de Reino Unido, Londres–, que pareciera una ciudad amurallada, sometida al yugo de un control militar estricto, lo cual la aísla aún más del exterior, en cuyos espacios públicos hay sin ir más lejos grafitis con mensajes desesperados que no pasan desapercibidos, vestigios de vandalismo propio de los años noventa del siglo XX, aunque la historia esté ambientada en un supuesto 2027, tras 18 años de infertilidad del género humano.
     Los anteriores son ejemplos indiscutibles, condición no aplicable a otras obras, como “Robocop” (1987, Paul Verhoeven), que plasma un “utópico” 2015, lo cual, si se admitiera en comparación con el año verdadero resulta sobrepasado. Está ambientada, no obstante, en un Detroit, Michigan, Estados Unidos, que ha sufrido en los últimos años los estragos de una enorme depresión económica, además de encontrarse regido por el crimen organizado, lo cual, por otra parte, no está nada lejos de la realidad.
     Podríamos hablar y hablaremos en esta serie de otros casos de una popularidad extraordinaria y su vinculación con esta sorprendente realidad de hoy, pero a vueltas con que somos urbanitas, al menos en mayoría, y podemos abstraer y significar en las propias aglomeraciones urbanas lo que pasa en el conjunto del mundo –asumiendo de algún modo el todo por la parte–, nuestro entorno de ciudades controladas y gobiernos democráticos que aplican medidas totalitarias en virtud del “bien común”, justificados en la pandemia, que estamos viviendo en la actualidad me da qué pensar que una de las consecuencias de todo este 2020 será que adquiriremos, por vía de la necesidad, una nueva manera de asombrarnos. Por eso, le podríamos incluso proponer al DRAE una redefinición del significado de la voz “distopía”, que podría quedar del siguiente modo: “Representación ficticia o no de una sociedad actual de características negativas causantes de la alienación humana”.

(Continuará…) 
   
Fotografía: © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 46. ¿A qué sabe la navidad? María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 46

¿A qué sabe la navidad?

Por María Gabriela López Suárez

La noche se acercaba tranquila y hermosa: era el 24 de diciembre, es decir, que pronto la noche de Navidad cubriría  nuestro hemisferio con su sombra sagrada  y animaría a los pueblos cristianos con sus alegría íntimas...

Ignacio Manuel Altamirano en, Navidad en las montañas

Verónica y su familia aprovecharon que el día había amanecido soleado para poner en marcha su paseo por el bosque. Venían postergando su salida debido a la temporada de lluvias que parecía no cesar. Así que ese sábado, por fin, se logró la salida.
     Llegaron al destino, la familia se había congregado como hacía tiempo no lo hacían, los tíos,  primos, sobrinos. Era un gran jolgorio. Cada quien fue instalándose, colocaron mantas sobre el pasto y fueron acomodando los alimentos para compartir.
     Una vez sentados cómodamente en el pasto, comenzaron a desayunar. Había variedad de alimentos, tipo buffet, quesadillas, chicharrón con ensalada de pico de gallo, frijoles refritos, nopales asados, frutas, pan regional, bebidas de chocolate, café, jugo de naranja. Y para el postre un pastel de zanahoria que Verónica había preparado. Mientras compartían los alimentos, algunos salían con bromas o comentarios chuscos, otros más recordaban que era un lindo día  por la  oportunidad de reunirse nuevamente y  hubo quien evocó la memoria de familiares que habían partido físicamente, mencionándolos con cariño.
     Verónica estaba muy feliz, observó a toda la familia, era un gran regalo. Disfrutó el olor a pino que les brindaban los árboles que les rodeaban. Eran árboles altos y con ese tono verde tan hermoso que parece que uno solo podrá hallar en las películas o cuentos. El canto de los pájaros era parte del paisaje sonoro que les acompañaba; cerca de ahí corría un arroyo. Era un escenario muy bello y lleno de vida.
     Justo faltaba poco tiempo para celebrarse la Navidad. Mientras observaba  a sus familiares y reía con las ocurrencias que escuchaba, Verónica se quedó pensando en el significado que tenía para ella esta festividad. ¿A qué sabe la Navidad? Lejos de tener la imagen de la niñez, de recibir regalos, que por cierto, no dejaba de causarle emoción, ahora la apreciaba de distinta manera. Los regalos no eran precisamente los presentes materiales que recibía, ni el llenarse de adquisiciones que luego quedaban arrumbadas, sino todos esos instantes y presencias de los que podía disfrutar, como esa mañana en familia.
     La Navidad, ahora, sabía a gozar de salud, a compartir tiempo y espacio con los seres amados, a escuchar el canto de las aves, el sonido del mar cuando mueve las olas, a sonreír al contemplar un paisaje, al ser solidaria ante una necesidad, al escuchar a quien la necesitara. Cada una de esas experiencias era un regalo para agradecer. La Navidad había adquirido otro sabor, y no precisamente tenía que esperarse hasta el mes de diciembre para darse cuenta que en todo el año se podía vivir.
     La tía Federica pidió a Verónica que fuera ella quien partiera el pastel, para comenzar a degustar el postre. Verónica asintió sonriendo, mientras pensaba para sí,
     -He aquí el sabor de la Navidad. 

Fotografía: RODNAE Productions 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 46. Dinosaurio tambaleante. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 46

Dinosaurio tambaleante

Héctor Cortés Mandujano

 

Harold Bloom (1930-2019), este enorme crítico que para desgracia del mundo murió hace poco, y de cuyos libros me he nutrido, escribió el voluminoso Novelas y novelistas. El canon de la novela (Páginas de Espuma-Colofón, 2013, traducido por Eduardo Berti).
            Revisa vida y obra de una ochentena de novelistas, nacidos, el primero, Miguel de Cervantes, en 1547, y la última Amy Tan, en 1952. Más de 400 años de literatura. De ellos, sólo tres son hispanoamericanos y sólo dos escribieron en español: Cervantes, el portugués José Saramago y Gabriel García Márquez.
            A Bloom le parece que hay sólo 18 grandes novelas en Norteamérica y, tomémoslo como una recomendación de alguien que sabe los que dice: (p. 273) “considerando estos dieciocho libros, si tuviera que llevarme uno solo a la celebérrima isla desierta, optaría por Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain”.
            Para leer y escribir uno se tiene que retirar de redes sociales, fiestas y otras obligaciones que los demás quieren que adquiramos. Dice Bloom (p. 385): “Me considero un crítico literario que ha tratado acerca de todos los asuntos imaginables, pero desde algún tiempo me veo enfrentado a una montaña de correo que me es imposible no solo responder, sino siquiera atender, si es que deseo seguir leyendo, escribiendo, enseñando y viviendo”.
            Cita a Leslie Stephen, padre de mi adorada Virginia Woolf (p. 417): “Cualquier piedra que uno patea sobrevivirá a la fama de Shakespeare”.
            Milena Jenenská escribe sobre su novio Franz Kafka (p. 427): “Fue un ermitaño, un hombre introspectivo a quien la vida le daba temor […] Veía el mundo repleto de demonios invisibles que asaltan y destrozan al hombre indefenso”.
            El libro se mueve hacia muchos lados. Por ejemplo, dice Bloom, en el ensayo donde habla de García Márquez (p. 779): “Me han informado, de muy buena fuente, que el más anciano de los dictadores Duvalier de Haití, el ilustre Papa Doc, ordenó que todos los perros negros de su nación fueran degollados porque creía que su principal enemigo se había convertido en un perro negro”. 
            Se retrata como lector que busca placer (p. 801): “Como el arcaico sobreviviente que soy, un dinosaurio que aún se tambalea por los pasillos de las universidades de Yale y de Nueva York, sigo leyendo en procura de una experiencia estética”.
            Cita un fragmento de Beloved, de mi admirada Toni Morrison (p. 804): “El amor no es nunca mejor que el amante. La gente inicua ama inicuamente, los violentos aman violentamente, las personas débiles aman débilmente, las estúpidas aman estúpidamente, pero el amor de una persona libre nunca es seguro”.
            Por fortuna, Bloom dejó muchos libros geniales, que habrá que leer y releer.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 2. Mi primer poema. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 2

Mi primer poema (publicado)


Manuel Pérez-Petit

Mi primer poema publicado en libro fue el único poema –en realidad, fueron tres– que he publicado en un libro editado por mí. Es más, fue en el primer libro del que fui editor, en diciembre de 1990. Es aún más, fue en el único libro en que me he editado a mí mismo. 
            La tertulia “Liceo Navarro” acababa de cumplir tres años. Yo mismo la había promovido y fundado con otros nueve compañeros de la Universidad de Navarra el 21 de noviembre de 1987 firmando un sencillo manifiesto en el que se remarcaba que nacíamos con la idea de aportar algo (sic) al entorno cultural mediante la literatura, y desde el principio estuve encargado de su coordinación. 
            A lo largo de ese año de 1990 fue alimentándose la ilusión entre nosotros de hacer un libro, pero no fue hasta el inicio del siguiente curso académico que no comenzó a fructificar la idea, que finalmente vio la luz el 10 de diciembre, llegando apenas a tiempo a unas jornadas literarias organizadas por nosotros mismos en un colegio mayor pamplonés, a las que denominamos llenos de ingenuidad e ímpetu “Primeras”. Aquellos días nevó como si no pudiera pasar otra cosa en el mundo. Nevaba y nevaba y nosotros, como niños con zapatos nuevos, lucíamos nuestras mejillas sonrosadas sin disimular la satisfacción de haber conseguido el objetivo, cuyo título fue “Primera claridad”, no en vano ninguno de los autores incluidos habíamos publicado nunca en libro ninguna obra de creación nuestra.
           Podría ponerme a poner en este punto un nombre tras otro, pues no son pocas las gratitudes que nacen en el despertar a la vida, y aquello fue un paradigma de ello para muchos de nosotros. También, a qué negarlo, fue el principio del fin de la tertulia, que aún duró como año y medio más, pero esas son cosas de la condición humana que en este momento no vienen al caso.
            Un día puede que escriba en este espacio acerca del “Liceo Navarro”, y seguro que lo haré de edición y del mundo editorial, como incluso es posible que lo haga de mi propia obra literaria, que durante años me encargué de esconder a los demás bajo la bienintencionada y en realidad torpe excusa de dedicarme a la suya o a otras cosas, pero en estos días oscuros y de pandemia, año cero de una nueva era que habrá de vivirse bajo máscaras protectoras y rutinario olvido del sentido del tacto, he caído en la cuenta de que, en efecto, como los lectores perspicaces habrán observado, se cumplen treinta años desde que me inicié de manera práctica en el oficio de editor. Cerca de cuatrocientos títulos y ninguno mío –pues hasta mis viejas autoediciones se las encargaba a otros–, para sellos editoriales de creación propia o instituciones, como proyecto individual o por encargo, exprimiendo siempre hasta la última gota de mis capacidades –pues nunca he sabido dosificar esfuerzos ni le he dado tregua a la autosatisfacción– en una tarea de la que siento que ya estoy en el último tramo, en el trayecto final, entrando a los postres en realidad de un oficio desconocido al que he dedicado una buena parte de mi vida...
            —Ahora no nos vaya a hablar de Kolaval, Manuel, por favor.
            —Descuide, amigo, que Kolaval habla y hablará por sí solo, y usted lo verá. A lo que en realidad vengo es a que hubo principios, muchos, adquiridos con el tiempo unos u asumidos desde el primer día, que usted y cualquiera podrá discutir pero en los que me he mantenido firme, como el de no publicarme a mí mismo. Por eso, cuando he vuelto a tomar un ejemplar de ese libro del “Liceo Navarro” en mis manos me he sentido extraño al verme, y sobre todo al leer el primer poema mío que salió en un libro...
 
OTROS PERFILES
 
    Cuelga una palabra
del quicio de la ventana,
hacia la acera, donde hacen patria
los mendigos de asfalto y carne,
y otros tipos de funcionariado.
 
    Hay miedo. Un día fuimos
cualquier cosa. Pero hoy
podemos ser nada, y hace frío.
 
    Recuerdo un tiempo
en que pacías en la lentitud
de mis cuartillas. Hoy
te has vuelto vertiginosa
e insolente. Tengo miedo.
Hay perfiles que anuncian
que cada día te comprendo
menos. Y más te amo.
 
    No caigas al vacío, de momento.
 
            —Un buen poema.
            —Si usted lo dice… La cuestión no es si es un buen o un mal poema sino que al leerlo he tenido la sensación de que hubiera sido escrito hace un mes o esta misma semana. No sé, mi amigo, puede que sea que hay cosas que no cambian. 
   
Fotografía: “Homenaje de la Universidad de Navarra al catedrático López Escobar en su jubilación” –© 2012, Universidad de Navarra–, https://issuu.com/fcom-navarra/docs/elef.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 45. Los encuentros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 45

Los encuentros

Por María Gabriela López Suárez

En memoria del compañero, colega,

maestro Efraín Ascencio Cedillo

Alguna ocasión se han preguntado sobre la importancia que tienen en nuestra vida los encuentros  con los seres amados, sean de manera presencial, a distancia y ahora con la contingencia sanitaria en que vivimos, también de manera virtual. ¿Qué sentido tienen los encuentros? Para mí  son como esas instantáneas que se quedan en la memoria y en el corazón. Sin embargo, haciendo una recapitulación en varios de ellos no he guardado registro en imágenes capturadas. ¿Por qué? Son diversas las causas, una es porque en mi imaginario queda siempre la idea de que volveré a ver a las personas.
           Hoy comparto algunos encuentros que tuve con el compañero, colega, maestro Efraín Ascencio Cedillo que falleció hace algunas semanas, y que en el marco del XIX Festival Fotográfico Tragameluz organizado por el Colectivo Tragameluz se han realizado diversas actividades en su memoria, no solo como parte de su legado fotográfico sino también como uno de los integrantes fundadores de este Colectivo y una persona a la que se recuerda con mucho cariño por su sencillez y las enseñanzas que nos compartió.
          Con Efraín tuve la oportunidad de entablar diversas charlas, al ser mi colega en la docencia a nivel superior, recibí de él sugerencias sobre textos, películas, estrategias para trabajar con grupos y también tuve la fortuna de escuchar algunas anécdotas en su trayectoria.
          Dentro de los encuentros que evoco estuvo la oportunidad de proponer en 2011 en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en coordinación con el compañero fotógrafo José Ángel Rodríguez, el trabajo colectivo de artistas Jaliscienses en Chiapas, intitulado  Pulsaciones, donde Efraín Ascencio Cedillo compartió espacio con las compañeras Cecilia Monroy y Margarita de la Peña, artistas en el ámbito audiovisual y en la plástica, respectivamente. Esta experiencia colectiva fue muy interesante, se realizó en el entonces Centro de Difusión Universitario Intercultural  de la UNICH, ubicado en la Calle Diego de Mazariegos, 19 en el centro histórico de San Cristóbal de Las Casas. 
          Un segundo encuentro fue a través del trabajo académico donde la lente de Efraín se hace presente, el libro Etnorock. Los rostros de una música global en el sur de México, obra colectiva  que realizó  con los compañeros académicos Martín de la Cruz López Moya y Juan Pablo Zebadúa Carbonell. Trabajo del que tuve la oportunidad de comentar un 5 de septiembre de 2015 y del cual guardo el libro con la dedicatoria de sus autores.
          Es así que al evocar en los recuerdos, los encuentros surgen nuevamente y se conjugan con los sentimientos, las añoranzas y los aprendizajes. Gracias Efraín por quedarte en nuestras memorias y corazones, seguramente tendremos más encuentros en donde coincidir. 

Fotografía: M.G.L.S.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 45. La vida sexual de Catherine M. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 45

La vida sexual de Catherine M.

Héctor Cortés Mandujano

 

Hace tiempo compré y leí La vida sexual de Catherine M. (Anagrama, 2001), que tan explícitamente como su título indica son los recuerdos de la reputada crítica de arte Catherine Millet, quien, como la Joe de Lars von Trier en Ninfomaniaca(2013), nomás que ésta en la vida real, se ha pasado por las armas a multitudes de hombres (y alguna que otra mujer). 
          También empieza por la infancia y en su primera línea confiesa (p. 9): “De niña, me preocupaban mucho las cuestiones de número”, pero (p. 11) “hasta que nació la idea de este libro, nunca había pensado demasiado en mi sexualidad. Sin embargo, era consciente de haber tenido relaciones múltiples a una edad precoz, lo que no es muy habitual, sobre todo en las chicas, al menos en mi medio social”.
            Ya entrando en materia, cuenta que iba a fiestas de (pp. 19-20) “hasta ciento cincuenta personas […] de entre las cuales podemos calcular que yo acogía el sexo de alrededor de una cuarta o quinta parte, según todas las modalidades: en las manos, en la boca, por el coño y por el culo”. Hasta en eso hay rutinas (p. 31): “La pauta era la misma: unas manos recorrían mi cuerpo, yo agarraba pollas, giraba la cabeza a derecha y a izquierda para chuparlas, mientras que otras empujaban en mi vientre”.
            Cuando comenzó, con ayuda de otros, las sesiones maratónicas de sexo (cien o más hombres) cobraba una tarifa baja, a veces, y por su mal cálculo de los tipos que hacían fila (p. 47) “delante de la cama y hasta el pasillo” de un hotel le precisaban: “Te van a follar cien, y sin lavarte”; aún más (p. 48): “Llegaremos por la noche y te quedarás hasta el mediodía de la mañana siguiente.” “Pero estaré cansada.” “Podrás dormir, ellos te seguirán follando. Y volveremos al día siguiente, y el dueño del hotel traerá un perro y algunos pagarán por ver cómo te jode el chucho”. Lo hizo por años y en construcciones para obreros a los que ni siquiera alcanza a ver, en el campo, en casas, en casetas, y lamía todo lo que le pusieran enfrente; no ponía problema, según su relato, a recibir sobre su cuerpo orina o heces.
            Confiesa (p. 226): “He follado ingenuamente durante una gran parte de mi vida. Con esto quiero decir que acostarme con hombres era una actividad natural que no me preocupaba sobremanera” y (p. 236) “puesta a dominar, prefiero montar a horcajadas a un hombre tendido de espaldas”.
            Pero no necesita ni hombres ni a nadie para sentir placer (p. 244): “Me hago pajas con la puntualidad de un funcionario. Al despertar, o en pleno día, con la espalda recostada en la pared, las piernas separadas, un poco dobladas, nunca al acostarme. Paladeo igualmente el acto de masturbarme (que) bien envainada por una verga de lo más real”.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración de Alejandro Nudding
Ilustración: Alejandro Nudding

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 1. Cajón de sastre. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 1

Cajón de sastre


Manuel Pérez-Petit

Andábamos el buen Roger Octavio y un servidor cavilando hace tiempo en torno a mi inclusión como colaborador en este blog de altos vuelos y supervivencia admirable y contracorriente en este mundo que nos toca. Él, por su abnegada labor de mantenimiento de un proyecto tan poco redituable y tan ingrato tantas veces como éste de promoción de la lectura, asunto del que, miren por donde, algún conocimiento –y sobre todo, experiencia– tengo. Y yo, en la necesidad –relativa, a qué negarlo–, de darle cauce, incluso río arriba, en parte al menos a lo que llevo en la cabeza… En eso estábamos cuando le dije: “Se llamará ‘Cajón de sastre’...” Y asintió.
          Bajo el mostrador de los sastres suele haber una gaveta en cuyo interior hay todo tipo de elementos para el trabajo de su oficio, todos mezclados. Como metáfora, con ‘cajón de sastre’ se designa al contenedor en que se almacenan cosas sin orden ni concierto. Es también ‘cajón de sastre’ un término periodístico que desde el siglo XVIII alude a secciones de carácter misceláneo en realidad y en las que todo cabe, como incluso hoy puede observarse en los medios de comunicación en secciones como sociedad, por ejemplo, y en multitud de espacios de opinión. Hasta aquí, a mí, que tengo más ideas que capacidades y mejor voz que letras, me encajaba. Soy periodista de carrera y editor de profesión actual, buenas maneras de estar siempre en el “mundo” de las letras, dicho sea de paso. 
          Según el Diccionario de la Real Academia Española –que ahora es de la Asale, la Asociación de Academias de la Lengua Española, gracias a Dios–, la expresión masculina coloquial ‘cajón de sastre’ tiene dos acepciones. La primera es “Conjunto de cosas diversas y desordenadas”, y la segunda: “Persona que tiene en su imaginación gran variedad de ideas desordenadas y confusas”. Por si fuera poco, siempre en la voz ‘cajón’, añade otra expresión, ‘ser de cajón algo’, con una sola acepción: “1. loc. verb. coloq. Ser evidente u obvio, estar fuera de toda duda o discusión”. Sirva esta columna semanal, que saldrá todos los viernes en Letras, ideaYvoz, para sacar a la luz variedad de ideas y cosas diversas a fin, entre otros motivos, de ver si alguna vez encontramos, mediante la duda y la discusión, algo que sea de cajón –cuestión no tan importante, de todos modos– y nos merezca la pena compartir –dicho en el más amplio sentido de la palabra, lo cual sí es de capital importancia, al menos para el que esto suscribe–. 
          Lo cierto es que estaba dispuesto a llamar a este espacio ‘Cajón de sastre’, pero me he acordado de repente del poema “Credo poético”, de Miguel de Unamuno, que me impactó hace cerca de cuarenta años:
 
CREDO POÉTICO
 
Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan.
 
Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.
 
Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,
de la fuente del sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.
 
No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor, no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.
 
No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.
 
De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.
 
Busca líneas de desnudo, que aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe;
ten, pues, ojo, no las pierdas.
 
Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan,
el lenguaje es ante todo pensamiento,
y es pensada su belleza.
 
Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la Idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.
 
Poesías, 1907.
 
Y, en este giro inesperado, me quedo, pues, con ese “(...) No te cuides en exceso del ropaje,/ de escultor, no de sastre es tu tarea,/ no te olvides de que nunca más hermosa/ que desnuda está la idea (...), y no menos con ese imperativo: “(...) Busca líneas de desnudo (...)”, por lo que en consecuencia, he decidido, ante el cajón de sastre que me alumbra, llamar a esta columna “Líneas de desnudo”. No se la pierdan los viernes, habrá mucha tela que cortar… Y si no sirve para nada, al menos nos divertiremos.
 
   
Fotografía: ©M. P.-P., 2009.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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Voces ensortijadas. 44. Habitar el olvido. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 44

Habitar el olvido

Por María Gabriela López Suárez

Con cariño  para las compañeras del Cerss  5, SCLC

… en donde esté una piedra solitaria

sin inscripción alguna

donde habite el olvido

allí estará mi tumba.

Gustavo Adolfo Becker en “Rima LXVI”
Alba despertó deseando que la mañana dibujara un paisaje soleado, tenía muchas ganas de sentirse acariciada por los rayos del sol.  Habían  pasado varios días nublados que poco ayudaban a su estado de ánimo. Desde que había recaído de la enfermedad que padecía, su entusiasmo había mermado. Sin embargo, tenía la certeza que todo estaría bien, era necesario seguir las indicaciones médicas. De ahí la necesidad que tenían su corazón y espíritu porque el sol saliera con todo su resplandor.
          Su deseo fue cumplido, los rayos del sol alumbraron con tal intensidad que la invitaban a tomar un baño de luz para recargarse de energía. Así lo hizo. Salió al patio de su casa, se situó cerca  de los árboles, cerró los ojos y alzó el rostro al cielo, permitiéndose sentir el resplandor matutino.
          Permaneció así unos instantes. Sintió cómo su cuerpo agradecía ese gesto; animada se dispuso a realizar las labores correspondientes en el jardín, ésa era una de las actividades que tenía para ese  día. Al momento de ir cortando la maleza lo fue haciendo con sumo cuidado y atención, para ella era poco grato que invadiera el espacio donde tenía sus flores. Sin embargo, se percató que si no tenía cuidado al hacerlo podría dañar sus flores. De alguna manera, agradeció que la maleza estuviera ahí, de lo contrario no se habría dado espacio para el cuidado de sus plantas.
           En eso estaba cuando comenzó a reflexionar que la maleza era como las cosas desagradables que suceden en la vida, no se podían obviar y había que aprender a convivir con ellas, aprender a habitar el olvido. Ir afrontando cada situación difícil era un gran reto, no tenía la receta secreta, pero estaba segura que una herramienta importante era estar bien desde el interior, escuchar al cuerpo, a la mente, al corazón y poner atención a todo lo que sucedía alrededor.
           Terminó su labor muy contenta, cortó algunas flores para colocar en el jarrón que tenía en la sala. Hecho esto jaló una silla, se sentó frente a la ventana y contempló cómo el sol  alumbraba el día.  Al tiempo que pensaba que, indudablemente, la vida era así, como los paisajes de cada día, podrían aparecer algunos grises y nublados,  incitando a hacer pausas en el andar, voluntaria o involuntariamente. Había que aceptarlos, era parte de la tarea, pero siempre debía mantenerse la esperanza y tener la certeza que los días soleados llegan y hay que estar preparados para eso. 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.