Voces ensortijadas. 71. Trato de palabra. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 71

Por María Gabriela López Suárez

Trato de palabra

Esa tarde del viernes Matilde se acordó de una frase que conocía desde que era niña, “el trato fue de palabra”, sin habérselo propuesto lo había aplicado.

Cuando era pequeña era frecuente escuchar que su abuelita Malú solía platicar algunas anécdotas que hablaban de lo importante que era hacer tratos con la gente donde la palabra jugaba un papel clave. Es decir, si alguna persona hacía un negocio, venta o intercambio, la palabra mediaba como garantía. 
Con el paso del tiempo las cosas cambian, entre ellas esas formas de acuerdos en los que la confianza es parte de los tratos que se establecen en las relaciones interpersonales. Matilde aún no lo había puesto en práctica. En algún momento llegó a pensar que para ella no sería útil. Sin embargo, ese viernes su visión cambió.

Decidió ir a comprar un costal de harina, el ingrediente se les había terminado y era necesario para la panadería que tenían como negocio familiar. Fue al mercado, se topó con la sorpresa que habían cerrado calles aledañas al local donde compraba los productos. Esto había ocasionado más tráfico del acostumbrado. Normalmente solía hacer uso de un sitio de taxis que estaba frente a la tienda de productos, ahora no había ningún vehículo. 

Matilde no tenía otra opción para comprar el material. Pensó que tomaría un taxi en la esquina más cercana a la tienda, pero haría una especie de trato con quien manejara el taxi, para que pudiera esperarla y ayudarle a subir el costal. No se aventuraría a adquirir la harina sin tener asegurado cómo llevarla a casa.

Hizo la parada a un taxi y le preguntó al conductor si le podría esperar a que comprara su producto para hacer el servicio de llevarla a su domicilio. El conductor aceptó y mencionó que daría una vuelta alrededor de la manzana, mientras Matilde compraba. Ella grabó en su mente el número de la unidad, 3216.

La compra fue rápida y Matilde pidió le llevaran su producto a la esquina donde llegaría el taxi. El tiempo comenzó a pasar y Matilde veía que el tráfico era poco fluido. Bajo el intenso sol en el que estaba, su paciencia iba desvaneciéndose. Vio pasar varios taxis desocupados, estuvo a punto de hacer la parada a más de uno. No obstante, vino a su mente que ella había hecho un trato de palabra con el taxista y estaría rompiéndolo si no esperaba la unidad. 

Por su mente pasaron muchas ideas. En eso estaba cuando a lo lejos vio el número 3216, el taxi había cumplido su palabra y había llegado. El conductor se estacionó, abrió la cajuela para poner el costal de harina. Matilde se subió al carro, respiró aliviada, sin planearlo había experimentado que hacer un trato de palabra podía tener sentido cuando se asumía con responsabilidad.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 70. La magia de los paisajes sonoros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 70

Por María Gabriela López Suárez

La magia de los paisajes sonoros

Mientras conducía a casa y contemplaba el ocaso, Irene iba pensando qué estrategia haría esa tarde para que Felipe, su hijo de cinco años, dejara a un lado la tableta y buscara entretenerse en otra cosa. A su corta edad el niño tenía mucha habilidad para el manejo de la tecnología, pero Irene consideraba que también debía desarrollar otras habilidades.

Antes de llegar a casa empezó a despertar a Felipe, quien venía durmiendo en el asiento trasero del auto. Para hacerlo puso una de sus canciones favoritas,  La cumbia del monstruo de la laguna. Mientras la melodía se escuchaba Irene tarareaba el coro  de la canción,

—Mueve los hombros, mueve las manos, mueve la panza, pero no le alcanza…

Felipe no tardó en despertar. Se unió a cantar con su mamá, justo cuando iban entrando al camino de terracería que llevaba a su destino.

Ya en casa se lavaron las manos y antes que Felipe pidiera la tableta Irene le dijo que jugarían a algo muy divertido, descubrirían la magia de la tarde-noche. Aprovecharían el vivir fuera de la ciudad y estar en contacto con la naturaleza. Los ojos del niño se abrieron, en señal de asombro.

Fueron al patio, se sentaron en uno de los pretiles de la casa. Irene llevó hojas y colores para  dibujar. Comenzó a explicar el juego, ambos pondrían mucha atención en los sonidos de la naturaleza, cerrarían los ojos por momentos. Una vez identificado el sonido, harían un dibujo y cuando tuvieran al menos cinco sonidos cada uno imaginarían una historia y la contarían. Los dibujos serían la guía para recordar a los personajes y efectos sonoros de su historia.

Irene fue guiando la actividad para cerrar los ojos, escuchar y dibujar. Se fueron dando cita el canto de las chicharras, el viento que soplaba fuertemente, el croar de las ranas, el sonido de las hojas de los árboles mecidas por el viento, los ladridos de los perros, el canto de los pájaros y de los grillos, el murmullo de personas que se percibía a lo lejos, entre muchos más.

Mientras hacían la actividad, Irene observaba, de vez en vez, a Felipe que cerraba fuertemente sus ojos como intentando concentrarse más para escuchar mejor. Percibía que estaba disfrutando el ejercicio. Cuando ambos tuvieron sus dibujos terminados Irene dijo que tenían unos minutos para preparar la historia que contarían, el turno para iniciar era voluntario.

—Yo quiero empezar mamá. Mi historia se llama Los fantasmas y las chicharras.

El rostro de Irene dibujó una gran sonrisa, mientras escuchaba a Felipe se percató que su estrategia de esa tarde había funcionado, la magia de los paisajes sonoros se hacía presente. Al terminar de contar sus historias Irene dijo que se merecían un premio por la actividad, cenarían waffles con miel de abeja y mantequilla.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 70. Hijo de mujer y fantasma. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 70

Hijo de mujer y fantasma


Héctor Cortés Mandujano

Aunque se publicó originalmente en 1943, El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga (1886-1978) es una novela que podría pasar por una recién escrita, recién publicada (mi ejemplar es de Random House, 2014).
	La mezcla de personajes históricos (Hernán Cortés, Colón, Moctezuma, Nezahualpilli…) con seres de ficción (Alonso, Xuchitl, Citlali, Cara-Larga…) es algo que aún ahora se explora narrativamente, lo mismo que los conciliábulos de palacio, las luchas cruentas y el erotismo que en El corazón… tiene páginas brillantes. Creo que esta novela, pues, es prodigiosa, especialmente en sus dos primeras partes.
	Cara-larga se siente borracho, es decir, según su dicho (p. 46): “Estoy lleno de conejos. […] cuatrocientos conejos era el nombre popular que se daba entre el pueblo al espíritu que se supone habita en el cuerpo del hombre borracho”.
	Es bonita la descripción de las sombras nocturnas y el amanecer (p. 54): “Las mujeres nocturnas habían desaparecido, abandonando las esquinas oscuras a los duendes del alba”.
	Ixcauatzin explica a Xuchitl el sentido de los sacrificios humanos, que está por encima del dolor de su madre (p. 234): “Gorrión no es sólo hijo de su madre; es también hijo de todos sus abuelos y bisabuelos, es decir, el hijo de todo el pueblo. De modo que, si muere por todo el pueblo, no hace más que devolver lo que le dieron”.
	[El corazón de piedra verde a que alude el título es un amuleto que produce deseos eróticos, fantasías, energía sexual; lo anda Nezahualpilli colgado al cuello y lo hereda a su hija Xuchitl y ésta lo regala a Alonso. El amuleto, incluso uno falso, atraviesa tangencialmente las historias, la novela.]
	Un consejo que le da a Alonso uno de sus preceptores, cuando pretende volverse sacerdote (p. 291): “Guárdate de delantera de mujer, de trasera de caballo, de costado de mula y de todo alrededor de un cura”.
	A Quintalbor le explica el padre Olmedo que no hay que hacer sacrificios humanos, porque ya antes un hombre-Dios se sacrificó por todos (p. 445): “Al fin oía de aquellos desconocidos palabras que tenían un sentido claro. El hecho de que un cordero muerto hacía 1500 años viviera para siempre en una oblea de harina era para él una proposición evidente que no necesitaba otra base que la posesión de poderes mágicos por parte del que había matado al cordero”.
	Doña Marina, la Malinche, antes de ser amante de Cortés fue amante del capitán Puertocarrero. No se va con él a España, porque (p. 458) “estaba enamorada de Cortés”. A Cortés le llamaban Malitzin, que no es un nombre femenino (p. 488): “Era el nombre que los naturales daban a Cortés, formado a base de su amante e intérprete, doña Marina, con el sufijo tzin, que equivalía a príncipe”. 
        A Citlali le explica Ixtlicoyu qué es la cruz (p. 534): “Representa un dios-hombre-animal que nació de una mujer y de un fantasma, y tan pronto es como un fantasma y anda por las nubes o sobre el agua -eso es cuando es dios”.
	Ya en plenas batallas de conquista, a los españoles les da terror y asombro cuando un grupo de guerreros europeos los insultan en náhuatl, pero (p. 688) “los veteranos que conocían las costumbres de los indios caían en la cuenta de lo que estaba ocurriendo: los guerreros de Cuauhtémoc habían desollado a los españoles y se habían vestido con sus pellejos”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración H.C.M




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 69. Las primeras lluvias. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 69

Por María Gabriela López Suárez

Las primeras lluvias

Mientras iba a casa Imelda observó cómo el clima había cambiado, se percibía una ligera sensación de frescura, ni una pista en el cielo que indicara lluvia. Por el contrario, la Luna se vislumbraba como una especie de uña entre algunas nubes que le enmarcaban. Ese paisaje la relajaba, después de una jornada laboral que había estado medianamente pesada.

Observó a su derecha, las dos montañas que eran sus vecinas se asomaban, a modo de saludo. Las casas se divisaban por las luces, a manera de cucayos. En su imaginario no pensó que esa zona se poblaría tan pronto. Un tinte de nostalgia se hizo presente.

Llegó a casa. Ya la esperaban. Cenó con su familia. Conversaron un rato, de pronto, comenzaron a escuchar, además de los grillos, el canto de una rana que luego se dejó acompañar por una más, como a modo de coro. Ese canto era una especie de anuncio de la lluvia, que de un momento a otro llegó, primero como llovizna y luego, de manera abundante.

Imelda se sentó y abrió una ventana, el olor a tierra mojada se percibió de inmediato. Ese aromaba le encantaba, era señal de naturaleza viva. Las ráfagas de viento se escucharon por momentos. Hubo una pausa en la lluvia, eso hizo que las ranas retornaran a su canto. Imelda las imaginó muy contentas.

Cerró la ventana. Era hora de dormir. Los relámpagos y truenos comenzaron a hacer acto de presencia y el canto de las ranas cesó cuando la lluvia retornó con fuerza. Mientras intentaba conciliar el sueño Imelda agradeció las primeras lluvias. Sin duda alguna, las plantas, los árboles, la tierra las anhelaban y también agradecían.

Hizo memoria del significado que tenían las primeras aguas, como solían llamar en su familia a las primeras lluvias del mes de mayo. Además de ser una bendición, también las asociaban con la maduración de las frutas de temporada.

—Hay que aprovechar comer los mangos y jocotes antes que le caigan las primeras aguas, porque sino luego se llenan de gusano—, solía decir la tía Leonor.

Los truenos seguían sonando, Imelda los escuchó cada vez menos hasta que llegó el momento que se convirtieron en una especie de arrullo y se quedó dormida.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 69. Sin remedio. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 69

Sin remedio


Héctor Cortés Mandujano

Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
de una mujer ignota que adoro y que me adora

Paul Verlaine (1844-1896),
en “Mi sueño familiar”


Durante años he soñado con una mujer –no se parece a alguien de la realidad–, que ha sido mi amante.
En mis sueños hemos tenido larguísimas sesiones eróticas y hemos explorado casi todas las posibilidades de ayuntamiento carnal. Es alta (más que yo), delgada, con un largo pelo negro y no ha envejecido desde que la sueño, hará unos veinte años.
Hemos terminado el romance algunas veces y llorado mucho; hemos hecho tríos y estado en orgías. Nos hemos hospedado en moteles de mala muerte: recuerdo uno donde llovía torrencialmente y nos caía una gotita en las espaldas, porque ella-yo estaba a veces arriba, a veces abajo. Nos reíamos y seguíamos besándonos, amándonos…
A veces nos hemos sentado en el pasto, bajo una frondosa sombra, y vemos hipnóticamente una laguna, con las manos enlazadas. Me gusta cómo juega con mi pelo y cómo es capaz de producirme torrentes de placer sólo con sus manos, sólo con su voz en mi oído, sólo con sus besos.
Era tan común vivir con ella mientras dormía, que me sorprendió mi sueño reciente: Estábamos atendiendo a unos amigos que habían llegado a visitarnos a nuestra casa de campo (llena de cristales, con bejucos floridos enredados a los altos árboles que convivían con la construcción) y a la mesa sin adornos llevábamos botellas de vino, vasos, platos… Nos sentamos, ella tronó los dedos y nuestros amigos desaparecieron.
Acostumbrado a esas magias oníricas, yo sonreí hasta que vi la expresión triste de ella, a quien por cierto nunca puse nombre.
—¿Te pasa algo?
—Sí, claro –me respondió.
Me vio con mirada dulce y me dijo sin temblores ni pausas:
—Esta es la última vez que estaré contigo.
Yo la vi, divertido:
—No sabes lo que dices, esto que estoy viviendo es un sueño y tú estás dentro de mí, porque yo te he construido del pelo al pie.
—Ay, Héctor, no sabes nada de los sueños, pobrecito. Lo que te digo es incontrovertible: nunca más estaré en tus sueños, me voy.
—¿Adónde?
—No importa. Llámalo cementerio de los sueños, tumbas de gloria, evanescencia, como quieras. Este es, querido, el último beso que recibirás de mi boca.
Me besó y de pronto sentí que ya no estaba. Abrí los ojos, me desperté y me di cuenta de que esa mujer me había acompañado durante tanto tiempo sin que nadie lo supiera. Y ya no estaría. Quedé triste.

En el desayuno, mi mujer (la real) me dijo:
—¿Y esa cara?
Le conté y mi mujer, que es toda tranquilidad, bondad y paciencia, me quedó viendo como se ve a los enfermos terminales que uno quisiera que sanaran, pero que ya no tienen remedio.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración H.C.M




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Voces ensortijadas. 68. Espíritu aventurero. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 68

Por María Gabriela López Suárez

Espíritu aventurero

Previo al abordaje en el autobús Violeta respiró profundamente, era su primer viaje fuera de su estado después de la contingencia sanitaria por la COVID-19. Se aseguró de tener bien colocado el cubrebocas y se puso la careta. 

Una vez en el camión buscó su número de asiento, había elegido ventanilla. Se sentó y por dentro, rogaba que pudiera ir sola en el viaje. El recorrido no era tan largo, sin embargo se sentiría más tranquila al tener más distancia entre los pasajeros. Su petición no fue atendida por el universo. Mientras se abrochaba el cinturón de seguridad escuchó que una voz la saludaba. Alzó la vista y observó a un tipo de aproximadamente 1.90 de estatura, con el cabello recogido en una coleta y que portaba un cubrebocas con tela de paliacate en tono rojo. Ella respondió el saludo, mientras que intentaba tranquilizarse. El viaje estaría bien y no había por qué preocuparse.

Violeta corrió la cortina de la ventanilla para observar el paisaje. Su compañero de asiento comenzó la conversación preguntando si iba de viaje por trabajo, visita familiar o paseo. Ella volvió la vista y pensó un instante antes de responder, tenía poca ganas de platicar. Sin embargo, le pareció que sería descortés si lo ignoraba.

Ambos se dirigían a San Luis Potosí, a diferentes lugares. Ella iba por motivos familiares, para cuidar a una tía enferma que no tenía quién estuviera con ella un par de semanas. Él era activista e iba a apoyar algunas labores con el pueblo Wixarika. 

Sin darse cuenta Violeta fue hallando interesante la conversación y se sintió en confianza, hablaron de una diversidad de temas, de las luchas de los pueblos, de las resistencias, de la terrible situación que estaba viviéndose en países latinoamericanos como Colombia ante la represión de los gobiernos. Llegaron a un tema que a ella le causaba interés desde pequeña, las culturas prehispánicas en México. Se detuvieron en las culturas mexica y maya. 

Mientras conversaban sobre las culturas Violeta vio cómo su compañero de asiento buscaba algo en la mochila que él llevaba y cuando por fin lo halló se lo mostró. Era una pequeña flauta tubular de bambú, le explicó que le gustaba tocar música prehispánica en ceremonias rituales. Violeta tomó la flauta con cuidado, la observó y se la devolvió. Después ambos voltearon la vista hacia la ventana, justo estaba la puesta del sol. Ella tomó rápidamente su celular para capturar una imagen del paisaje. Él sonrió. 

–¡Me encantan los atardeceres!— Dijo ella.

—También a mí, pero a veces, me parece que la mejor fotografía es la que queda en la memoria —señaló él. 

El conductor del autobús anunció la llegada al primero de los tres destinos de la ruta. El compañero de asiento dijo a Violeta que le daba gusto haber conversado con ella, apretó el puño de su mano izquierda para despedirse, a la usanza de la nueva normalidad. Violeta respondió la despedida deseándole buen camino.

Revisó su reloj, a ella le faltaba alrededor de una hora para arribar a su destino. Se quedó pensando que ni ella ni su compañero de viaje se habían presentado, pero por el intercambio que habían tenido para ella quedaría en su mente como un espíritu aventurero. 

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Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 68. Elipsis metafórica. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 68

Elipsis metafórica


Héctor Cortés Mandujano

  
Me gusta en Up: una aventura de altura (2009, dirigida por Pete Docter), cinta de dibujos animados que ganó dos premios Oscar, el rápido recuento de vida que hacen del viejo que será protagonista. En un abrir y cerrar de ojos: es un niño, conoce a una niña, se caen mal, son amigos, se enojan, crecen, se vuelven novios, se casan, van envejeciendo, ella muere y él, Carl Fredricksen, se vuelve un viejo solo, viudo. Allí arranca la trama.
Antes de esta cinta se hizo otra con un procedimiento similar, pero más extremo. Se trata de Mis vecinos los Yamada (1999, dirigida por Isao Takahata, de los Estudios Ghibli). Los protagonistas son un matrimonio, dos hijos y la suegra. Es difícil ver esta película porque uno ya se acostumbró a que las caricaturas (el anime en este caso) estén hechas con dibujos cuidados y llenos de colores. Los Yamada están mal dibujados y mal pintados. La calle, por ejemplo, es un espacio en blanco, unas rayas que simulan casas y un manchón verde que sugiere un árbol. La peli me gustó también por esos atrevimientos.
El joven y la muchacha se suben a un carrito que da vueltas y vueltas en un camino que sube y sube que, cuando la toma se abre, vemos que es la orilla del pastel de bodas. Mientras la juez habla, ellos empiezan a juntar tablas y hacen una barca que se convierte en barco en medio de una tormenta; el hombre busca cómo arreglar el casco dañado por el oleaje mientras se oye la voz de la juez que dice: “Enfrentarán grandes tormentas, pero si siguen unidos, vencerán”.
El barco se va haciendo pedazos y ellos se quedan en el centro que se vuelve un carrito que los lleva por un camino de la playa. Dice la voz: “Tengan hijos lo más pronto posible”, y ellos, en su carrito, atraviesan campos de coles que tienen muchos bebés en su interior; ven el cielo y hay un sinnúmero de cigüeñas con niños recién nacidos en el pico; el coche se vuelve lancha y entran en un río donde hallan un melocotón gigante que suben a la barca, lo abren y allí está su primer hijo.
Estas secuencias elípticas cuentan la vida con rapidez metafórica: la familia completa está en el mar, en una balsa, rodeada de tiburones, sin que ellos se den cuenta, mientras la voz dice: “Tengan cuidado cuando naveguen por aguas tranquilas”.
Después de estas prodigiosas secuencias, la cinta se centra en una serie de viñetas familiares, acompañadas por poemas de Basho y otros poetas japoneses, música de piano y fragmentos clásicos. Rara y bella peli, que se toma todas las libertades.
Por la capacidad de síntesis (en un minuto te cuento una historia), estas soluciones cinematográficas me hicieron recordar una frase leída en una de las novelas de Iván Turgueniev: Humo, que también contiene Primer amor (Bruguera, 1981). Las dos novelas tratan de amores mal sucedidos. El niño se enamora de la jovencita, pero ella se enamora del padre del niño en Primer amor, y Humo es el reencuentro de un hombre enamorado otra vez de quien fue su amor juvenil. Cae en la trampa amorosa de nuevo, pero ella es casada y él se va a casar. El amor se vuelve humo. Sin embargo, tienen horas de pasión y allí se dice la frase a que aludí y que podría encajar en las películas, en la vida, cuando se escancia y se bebe con rapidez y eficiencia el vino de la felicidad (p. 257): “Si disponemos de un día, disponemos de la eternidad”.

***

Con varias amigas y varios amigos, fuimos a ver la puesta en escena de Manual para bañar al gato, de Laura Jiménez Abud, con dirección de Lenin de Zunún y con las actuaciones de Enrique Heram, Carlos Ariosto y Hugo Saldaña. Salimos complacidos. Te invito lector, lectora a que vayas a verla; seguirá en temporada hasta el 24 de mayo, con funciones los viernes (a las 8 pm) y sábados (6 y 8 pm), en Telar Teatro: 9ª Sur Poniente 514, altos.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Obra: Héctor Ventura. Foto: Linda esquinca

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

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Voces ensortijadas. 67. El canto del cuenco. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 67

Por María Gabriela López Suárez

El canto del cuenco

El miércoles había sido agotador para Gertrudis, en casa era la única que permanecía despierta. Terminó sus actividades, fue a lavar su rostro como acostumbraba hacerlo antes de dormir. Dejó que el agua tibia acariciara cada parte de la cara, con movimientos suaves se dio un masaje sintiendo el aroma del jabón de romero y disfrutando ese instante. 

Al terminar se detuvo un momento más para observarse frente al espejo. Pocas veces lo hacía, dando prioridad a otras actividades. Aún con el cansancio sus ojos permanecían alegres. Escuchó el canto del grillo que solía acompañar el paisaje sonoro de cada noche. Ese canto fue un incentivo para decidir que antes de dormir quería tocar su cuenco tibetano y relajarse.

Fue a su habitación, tomó cuidadosamente el cuenco entre sus manos. Recordó que hace un par de años lo había adquirido, pocas veces había intentado tocarlo. La vez que se lo entregaron tuvo una especie de inducción a su cuidado y uso. La persona que se lo vendió hacía terapias con cuencos y le explicó detalles importantes como el hablar con el cuenco, recordar que los materiales con los que fue hecho forman parte de la naturaleza y por lo tanto, no es un simple objeto. Había que pedirle permiso antes de tocarlo y cuidar que no se cayera. Dejarlo en un espacio específico y limpiarlo. A manera de ejemplo le mostró cómo se tocaba. Esa primera vez Gertrudis hizo varios intentos por hacer sonar el cuenco y no tuvo buenos resultados.

Ahora deseaba volver a intentarlo, ya en su habitación se sentó en el piso, se puso en postura de flor de loto y colocó en su regazo el cuenco. Comenzó a hablar con él. Posteriormente, con los ojos entrecerrados empezó a tocarlo, haciendo con una varita leves movimientos circulares alrededor del borde del cuenco. Éste fue guiando el movimiento de su mano de una manera sutil que parecía que desde siempre lo hubiera hecho. El cuenco fue comenzando a desprender sus sonidos y a vibrar de manera leve a intensa. La sensación que Gertrudis tuvo fue que había conexión entre el cuenco y ella. El canto del cuenco la iba relajando.

El movimiento de su mano fue disminuyendo hasta que el sonido del cuenco cesó y Gertrudis trató de escuchar hasta la última resonancia. Continuó respirando profundo. Esa noche era especial, para Gertrudis el cuenco había respondido a su petición y había hablado con ella. Permaneció con los ojos cerrados un momento más mientras escuchaba el canto del grillo, su acompañante cotidiano que ahora le recordaba era hora de ir a dormir.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 67. Equinus. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 67

Equinus*


Héctor Cortés Mandujano

Antes que hombres o dioses

eran caballos

Roberto Calasso, sobre los Asvin, en Ka

  
Tantos fonemas y su concreción deben obviarse
—abrir la puerta, meterlo todo, cerrar—
para que sea CABALLO el centro del blanco
(no como color, sino como diana):

El dueño de la flecha erótica ante unas ancas dispuestas.
La que produce protuberancias frecuentes al sur del cuerpo.
Domus libraria con todas sus adherencias.
El desvelo por el desecamiento o el calor excesivo:
          El Globo

          Sí, está Saint-John.
          No mucho más.

Sería empuñar el rojo manzano, mostrarlo lleno de
          campos y pacen,
          voces lóbregas, fantasmales,
          tropeles con ausentes bridas,
          sudor de carrera y viento que lo unta a la epidermis.

Sería cavar:
          cavo yo/ cava ya/ cava yo: caballo,
          sería el viento que es compañero de la saeta pequeña,
          niña, minotaura, masculina.
          Sería el pasado, evidentemente.
          Sería el ahora con la pausa puesta.

Campo e inclusive ciudad de los poetas:
           ¿ya no hay jinetes?

*Hace años escribí este texto. Era clarísimo, pero decidí hacer el juego de oscurecerlo, en
contra del parecer de Nietzsche quien escribió de los poetas, en Así hablaba Zaratustra,
como de aquellos que “enturbian todas sus aguas, para que parezcan profundas”. Me lo
encontré cuando revisaba mis archivos en busca de algo que no era esto. Yo sigo

encontrando alguna luz en esta bruma. Ojalá tú también lector, lectora. Si no, me podrás
embarrar en la cara lo de Nietzsche, que pongo a tus órdenes, en mi contra.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Catherine Bories
Fotografía: Linda Esquinca y Paloma, su yegua. Foto: Catherine Bories

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 66. La historia detrás de los libros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 66

Por María Gabriela López Suárez

La historia detrás de los libros

Leer apapacha tu corazón.

Galería Rodolfo Disner

 
Mientras Bertha revisaba los mensajes en sus redes sociales se percató que había pasado la fecha en que se conmemoraba el Día Internacional del Libro. Halló textos y mensajes interesantes que recordaban la importancia de la lectura. Para ella era importante tener presente eso todos los días.
Echó un vistazo a algunos de sus libros, empezó a hacer memoria, cada uno tenía una historia de cómo había llegado a ella. Recordó el cuento de Kartush, escrito por Stephen Cosgrove, un obsequio que recibió de su mamá en la primaria y que leyó más de una vez en silencio y en voz alta. Los primeros libros que leyó en materias de literatura, como el de la Hojarasca, del autor Gabriel García Márquez; el de Azul, del autor Rubén Darío, que luego de darlo en calidad de préstamo jamás volvió a verlo. De esa experiencia aprendió a valorar más sus libros.
Fueron asomándose los libros favoritos como la novela Las aventuras de Tom Sawyer, del autor Mark Twain donde se identificó con algunos de los personajes; Clemencia del autor Ignacio Manuel Altamirano que la hizo viajar en el tiempo; Aura del autor Carlos Fuentes donde se sintió atrapada por la historia; La tumba del autor José Agustín, que la transportó a otra época en la literatura; La ley del amor de la autora Laura Esquivel que le fascinó por el tema, la música y la historieta como materiales adicionales al libro; La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada del autor Gabriel García Márquez que leyó más de una ocasión; Cuentos del autor Edgar Allan Poe donde aprendió a conocer el trabajo de este escritor. Algunos de estos libros habían sido obsequiados por sus papás, otros los había comprado ella con sus ahorros, todos tenían un valor simbólico.
También estaban los libros que había obtenido por obsequio de sus familiares y amistades. Recordaba con cariño el libro de la Canción de Bernadette del autor Franz Werfel, que le había heredado su abuelo materno. También estaba el de Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, que ella había comprado en una edición de pasta suave, más sencilla y una amiga le había regalado la versión en pasta dura.
En esa fila de repasos llegó hasta la novela Grandes esperanzas del autor Charles Dickens. Normalmente las obras de autores extranjeros son escritas en su idioma original y son traducidas a otros idiomas, en este caso Bertha tenía tanto la versión en el idioma inglés, Great expectations como la versión en español. Era uno de los regalos que había recibido de un amigo inglés que sabía de su gusto por la literatura. Le llegó de sorpresa, envueltos cuidadosamente en un papel de color beige con pequeños detalles y un listón en tono verde claro con un lindo moño colocado en el centro. El obsequio iba acompañado de una tarjeta donde su amigo George le escribía que esperaba le gustara el regalo y pudiera leer la obra en ambas versiones.
El sonido del teléfono le hizo salir de su línea del tiempo. Era Lulú, una de sus amigas y gran amante de la lectura.
–¡Hola Bertha! ¿Qué haciendo?
–¡Hola Lulú! Ni te imaginas, recordando las historias detrás de los libros. ¿Te acuerdas que te obsequié el de Ciudades desiertas de José Agustín? ¿Lo leíste?—Comentó Bertha, mientras se acomodaba en un sillón para iniciar la conversación.


Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.