Polvo del camino/ 70

Hijo de mujer y fantasma


Héctor Cortés Mandujano

Aunque se publicó originalmente en 1943, El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga (1886-1978) es una novela que podría pasar por una recién escrita, recién publicada (mi ejemplar es de Random House, 2014).
	La mezcla de personajes históricos (Hernán Cortés, Colón, Moctezuma, Nezahualpilli…) con seres de ficción (Alonso, Xuchitl, Citlali, Cara-Larga…) es algo que aún ahora se explora narrativamente, lo mismo que los conciliábulos de palacio, las luchas cruentas y el erotismo que en El corazón… tiene páginas brillantes. Creo que esta novela, pues, es prodigiosa, especialmente en sus dos primeras partes.
	Cara-larga se siente borracho, es decir, según su dicho (p. 46): “Estoy lleno de conejos. […] cuatrocientos conejos era el nombre popular que se daba entre el pueblo al espíritu que se supone habita en el cuerpo del hombre borracho”.
	Es bonita la descripción de las sombras nocturnas y el amanecer (p. 54): “Las mujeres nocturnas habían desaparecido, abandonando las esquinas oscuras a los duendes del alba”.
	Ixcauatzin explica a Xuchitl el sentido de los sacrificios humanos, que está por encima del dolor de su madre (p. 234): “Gorrión no es sólo hijo de su madre; es también hijo de todos sus abuelos y bisabuelos, es decir, el hijo de todo el pueblo. De modo que, si muere por todo el pueblo, no hace más que devolver lo que le dieron”.
	[El corazón de piedra verde a que alude el título es un amuleto que produce deseos eróticos, fantasías, energía sexual; lo anda Nezahualpilli colgado al cuello y lo hereda a su hija Xuchitl y ésta lo regala a Alonso. El amuleto, incluso uno falso, atraviesa tangencialmente las historias, la novela.]
	Un consejo que le da a Alonso uno de sus preceptores, cuando pretende volverse sacerdote (p. 291): “Guárdate de delantera de mujer, de trasera de caballo, de costado de mula y de todo alrededor de un cura”.
	A Quintalbor le explica el padre Olmedo que no hay que hacer sacrificios humanos, porque ya antes un hombre-Dios se sacrificó por todos (p. 445): “Al fin oía de aquellos desconocidos palabras que tenían un sentido claro. El hecho de que un cordero muerto hacía 1500 años viviera para siempre en una oblea de harina era para él una proposición evidente que no necesitaba otra base que la posesión de poderes mágicos por parte del que había matado al cordero”.
	Doña Marina, la Malinche, antes de ser amante de Cortés fue amante del capitán Puertocarrero. No se va con él a España, porque (p. 458) “estaba enamorada de Cortés”. A Cortés le llamaban Malitzin, que no es un nombre femenino (p. 488): “Era el nombre que los naturales daban a Cortés, formado a base de su amante e intérprete, doña Marina, con el sufijo tzin, que equivalía a príncipe”. 
        A Citlali le explica Ixtlicoyu qué es la cruz (p. 534): “Representa un dios-hombre-animal que nació de una mujer y de un fantasma, y tan pronto es como un fantasma y anda por las nubes o sobre el agua -eso es cuando es dios”.
	Ya en plenas batallas de conquista, a los españoles les da terror y asombro cuando un grupo de guerreros europeos los insultan en náhuatl, pero (p. 688) “los veteranos que conocían las costumbres de los indios caían en la cuenta de lo que estaba ocurriendo: los guerreros de Cuauhtémoc habían desollado a los españoles y se habían vestido con sus pellejos”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración H.C.M




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com