Líneas de desnudo. 89. Dolor ejemplificante. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 89

Dolor ejemplificante
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel de Luque Soult, amigo de la infancia, y a su hija ucraniana, que ojalá llegue pronto a casa

Advierto que voy a evitar los adjetivos en el presente ‘Líneas de desnudo’ porque si los empleara sería una locura. Dejaré esa tarea a los amables lectores que tengo, que no son pocos por lo visto. No puedo garantizar los datos, entre otros motivos porque mantener la cabeza fría, y para hablar de esto, en nuestra tesitura es complicado, pero desde 1899 y hasta el día de hoy, viernes 25 de febrero de 2022, se han desarrollado al menos 206 conflictos armados o guerras en el mundo, que han afectado a la práctica totalidad del planeta. He estado llevando a cabo una búsqueda lo más pormenorizada posible. Solo en el siglo XX he podido registrar 135..., pero al llegar al siglo XXI... Nada menos que 71 guerras han tenido lugar en los poco más de 20 años de la presente centuria, y esto sin contar la guerra que comenzó antes de ayer en Ucrania. Bien es cierto que unas han tenido mayor trascendencia y/o magnitud que otras, que en algunas no ha tenido ni muertos, pero todas tienen en común el haber sido confrontaciones bélicas, basadas en el uso de las armas, que, en el fondo, es una manera nada inteligente pero muy humana de resolver divergencias.
            Usar la fuerza ha sido a lo largo de la historia, y no solo en tiempos recientes, uno de los primeros recursos en emplearse, con lo cual hasta podríamos estar acostumbrados a ver la guerra como algo natural. Los medios de comunicación nos lo permiten y en la mayor parte de las ocasiones esos conflictos tienen lugar lejos de nuestras casas, no nos afectan. Podemos hasta comer mientras vemos atentados a la vida en la pantalla. La mayor parte hemos crecido con ellos en calidad de espectadores, y aunque tuvieran lugar a unos pocos cientos de kilómetros de donde nos encontráramos siempre nos eran ajenos. Algunas veces nos han apelado y obligado a tomar postura y otras hemos sentido cierta repulsión o sentimientos o nos hemos sentido espantados. En alguna ocasión, incluso, hemos sentido la necesidad de participar en defensa de nuestros ideales o de la identificación que hayamos experimentado con alguna de las partes.
            Hablábamos el pasado miércoles en mi “¿Todo vale?” de la publicidad. Desde siempre toda conflagración ha otorgado a la propaganda un papel protagonista, y no es menos cierto que cada vez las contiendas armadas han sido más complejas, por el simple mecanismo de sumar diversos tipos de guerra preexistentes en la última que tiene lugar. Ahora, toda guerra es preventiva, psicológica, tecnológica y, si me apuran, santa. Podemos suponer que también biológica, pero ante toda guerra existe el temor a que se convierta en nuclear, con tantas miles de ojivas atómicas como existen dispersas por el mundo. 
            Lo único que sabemos a ciencia cierta hoy es que la Rusia de Putin ha invadido Ucrania, y la gente muere de manera impune. Hay una herida sangrante en el centro de Europa, que amenaza con convertirse en hasta una III Guerra mundial, pues esta vez no deja indiferente a casi nadie. Y esta vez, como en algunos otros casos, genera dolor. 
            Hay varios tipos de dolor. Pero quiero centrarme en un caso concreto, publicado hoy en el periódico español Diario de Sevilla. La información lleva por título: “​​Familias de acogida sevillanas piden ayuda para rescatar a los niños en Ucrania”. Léanlo, por favor, porque es ejemplificante. Se trata de un dolor que despierta la fe en la compasión humana y la esperanza, ese balcón que se abre a la luz desde la oscuridad, que es algo que nos falta, y mucho, en nuestros días.
            No es algo nuevo y se ha manifestado en la historia de diferentes modos y en diversas circunstancias. Sin ir más lejos, en mi amado México, el presidente Lázaro Cárdenas –a través de su esposa, Amalia Solórzano Bravo, integrante del ‘Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español’–  consiguió rescatar, en 1937, a casi medio millar de niños de la atrocidad de la Guerra civil española, conocidos como los “Niños de Morelia”.
            Pero estamos en el siglo XXI, que es –y a los datos me remito– el más belicoso de la historia, lo cual nos debería apelar a fin de que nos llenemos de razones no para justificar la sinrazón sino para negarla y hacerla desaparecer de nuestras vidas.
Hacienda Micuautla, en Tepeyehualco, estado de Puebla, México. (Imagen cortesía de su autora)
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

6 comentarios sobre “Líneas de desnudo. 89. Dolor ejemplificante. Manuel Pérez-Petit

  1. El intento de rescate de niños es plausible pero es toda la población civil la que está amenazada aunque no sea fácil ni tan atractivo adoptarla y tutelarla. La guerra -si no puede erradicarse- debiera hacerse exclusivamente entre los estrategas gobernantes, como un duelo cara a cara de valientes que no se escudan en los ciudadanos.

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    1. Respecto a la segunda parte de su amable comentario, envidio su visión romántica. Ese tipo de guerra existió desde siempre, pero hace un siglo que desapareció. El mundo ya no es así.
      Gracias por su aporte
      M. P.-P.

      Le gusta a 2 personas

  2. En el artículo no hablo de niños, y mucho menos que pueda ser más o menos atractivo adoptarlos y tutelarlos sino de acciones que pueden despertar la fe en la compasión humana y la esperanza, y pongo dos ejemplos, uno actual y otro histórico. Eso sí, referido a niños.
    Claro que el asunto es mucho más amplio. Es cierto que «es toda la población civil la que está amenazada». Pero eso no quita para destacar cualquier iniciativa que nos lleve a tener cierta esperanza.
    Manuel P.-P.

    Le gusta a 2 personas

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