Líneas de desnudo/ 1

Cajón de sastre


Manuel Pérez-Petit

Andábamos el buen Roger Octavio y un servidor cavilando hace tiempo en torno a mi inclusión como colaborador en este blog de altos vuelos y supervivencia admirable y contracorriente en este mundo que nos toca. Él, por su abnegada labor de mantenimiento de un proyecto tan poco redituable y tan ingrato tantas veces como éste de promoción de la lectura, asunto del que, miren por donde, algún conocimiento –y sobre todo, experiencia– tengo. Y yo, en la necesidad –relativa, a qué negarlo–, de darle cauce, incluso río arriba, en parte al menos a lo que llevo en la cabeza… En eso estábamos cuando le dije: “Se llamará ‘Cajón de sastre’...” Y asintió.
          Bajo el mostrador de los sastres suele haber una gaveta en cuyo interior hay todo tipo de elementos para el trabajo de su oficio, todos mezclados. Como metáfora, con ‘cajón de sastre’ se designa al contenedor en que se almacenan cosas sin orden ni concierto. Es también ‘cajón de sastre’ un término periodístico que desde el siglo XVIII alude a secciones de carácter misceláneo en realidad y en las que todo cabe, como incluso hoy puede observarse en los medios de comunicación en secciones como sociedad, por ejemplo, y en multitud de espacios de opinión. Hasta aquí, a mí, que tengo más ideas que capacidades y mejor voz que letras, me encajaba. Soy periodista de carrera y editor de profesión actual, buenas maneras de estar siempre en el “mundo” de las letras, dicho sea de paso. 
          Según el Diccionario de la Real Academia Española –que ahora es de la Asale, la Asociación de Academias de la Lengua Española, gracias a Dios–, la expresión masculina coloquial ‘cajón de sastre’ tiene dos acepciones. La primera es “Conjunto de cosas diversas y desordenadas”, y la segunda: “Persona que tiene en su imaginación gran variedad de ideas desordenadas y confusas”. Por si fuera poco, siempre en la voz ‘cajón’, añade otra expresión, ‘ser de cajón algo’, con una sola acepción: “1. loc. verb. coloq. Ser evidente u obvio, estar fuera de toda duda o discusión”. Sirva esta columna semanal, que saldrá todos los viernes en Letras, ideaYvoz, para sacar a la luz variedad de ideas y cosas diversas a fin, entre otros motivos, de ver si alguna vez encontramos, mediante la duda y la discusión, algo que sea de cajón –cuestión no tan importante, de todos modos– y nos merezca la pena compartir –dicho en el más amplio sentido de la palabra, lo cual sí es de capital importancia, al menos para el que esto suscribe–. 
          Lo cierto es que estaba dispuesto a llamar a este espacio ‘Cajón de sastre’, pero me he acordado de repente del poema “Credo poético”, de Miguel de Unamuno, que me impactó hace cerca de cuarenta años:
 
CREDO POÉTICO
 
Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan.
 
Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.
 
Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,
de la fuente del sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.
 
No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor, no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.
 
No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.
 
De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.
 
Busca líneas de desnudo, que aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe;
ten, pues, ojo, no las pierdas.
 
Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan,
el lenguaje es ante todo pensamiento,
y es pensada su belleza.
 
Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la Idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.
 
Poesías, 1907.
 
Y, en este giro inesperado, me quedo, pues, con ese “(...) No te cuides en exceso del ropaje,/ de escultor, no de sastre es tu tarea,/ no te olvides de que nunca más hermosa/ que desnuda está la idea (...), y no menos con ese imperativo: “(...) Busca líneas de desnudo (...)”, por lo que en consecuencia, he decidido, ante el cajón de sastre que me alumbra, llamar a esta columna “Líneas de desnudo”. No se la pierdan los viernes, habrá mucha tela que cortar… Y si no sirve para nada, al menos nos divertiremos.
 
   
Fotografía: ©M. P.-P., 2009.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.