Polvo del camino/ 45

La vida sexual de Catherine M.

Héctor Cortés Mandujano

 

Hace tiempo compré y leí La vida sexual de Catherine M. (Anagrama, 2001), que tan explícitamente como su título indica son los recuerdos de la reputada crítica de arte Catherine Millet, quien, como la Joe de Lars von Trier en Ninfomaniaca(2013), nomás que ésta en la vida real, se ha pasado por las armas a multitudes de hombres (y alguna que otra mujer). 
          También empieza por la infancia y en su primera línea confiesa (p. 9): “De niña, me preocupaban mucho las cuestiones de número”, pero (p. 11) “hasta que nació la idea de este libro, nunca había pensado demasiado en mi sexualidad. Sin embargo, era consciente de haber tenido relaciones múltiples a una edad precoz, lo que no es muy habitual, sobre todo en las chicas, al menos en mi medio social”.
            Ya entrando en materia, cuenta que iba a fiestas de (pp. 19-20) “hasta ciento cincuenta personas […] de entre las cuales podemos calcular que yo acogía el sexo de alrededor de una cuarta o quinta parte, según todas las modalidades: en las manos, en la boca, por el coño y por el culo”. Hasta en eso hay rutinas (p. 31): “La pauta era la misma: unas manos recorrían mi cuerpo, yo agarraba pollas, giraba la cabeza a derecha y a izquierda para chuparlas, mientras que otras empujaban en mi vientre”.
            Cuando comenzó, con ayuda de otros, las sesiones maratónicas de sexo (cien o más hombres) cobraba una tarifa baja, a veces, y por su mal cálculo de los tipos que hacían fila (p. 47) “delante de la cama y hasta el pasillo” de un hotel le precisaban: “Te van a follar cien, y sin lavarte”; aún más (p. 48): “Llegaremos por la noche y te quedarás hasta el mediodía de la mañana siguiente.” “Pero estaré cansada.” “Podrás dormir, ellos te seguirán follando. Y volveremos al día siguiente, y el dueño del hotel traerá un perro y algunos pagarán por ver cómo te jode el chucho”. Lo hizo por años y en construcciones para obreros a los que ni siquiera alcanza a ver, en el campo, en casas, en casetas, y lamía todo lo que le pusieran enfrente; no ponía problema, según su relato, a recibir sobre su cuerpo orina o heces.
            Confiesa (p. 226): “He follado ingenuamente durante una gran parte de mi vida. Con esto quiero decir que acostarme con hombres era una actividad natural que no me preocupaba sobremanera” y (p. 236) “puesta a dominar, prefiero montar a horcajadas a un hombre tendido de espaldas”.
            Pero no necesita ni hombres ni a nadie para sentir placer (p. 244): “Me hago pajas con la puntualidad de un funcionario. Al despertar, o en pleno día, con la espalda recostada en la pared, las piernas separadas, un poco dobladas, nunca al acostarme. Paladeo igualmente el acto de masturbarme (que) bien envainada por una verga de lo más real”.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración de Alejandro Nudding
Ilustración: Alejandro Nudding

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com