Líneas de desnudo/ 73

Homogéneos
Por Manuel Pérez-Petit

La vacuna es el símbolo de nuestro tiempo, la primera “obligación” que debemos cumplir en esta Era distópica de la que nos encontramos en el año 3 y que se caracteriza por una negación aberrante y aplastante de la libertad. Alrededor de la vacuna hay un consenso mundial sin precedentes, que puede poner los vellos de punta por su carácter homogeneizador, pero que tiene su justificación en un virus y sus variantes que parecen ser tan comunes y difundidos que nadie puede sustraerse a su existencia.
            Hay que vacunarse sí o sí, y no solo por uno mismo sino por los demás, pero además de esa realidad hay un decreto universal en que coinciden todas las naciones del planeta, sea cual sea su naturaleza, para imponerla mediante la Ley, lo cual es lo más preocupante, en el fondo y en la forma, por parte de los poderes del mundo, pues exige docilidad y hasta abnegación a todas las personas, negando el valor de la pedagogía. En ese punto, lo que asusta es que la famosa pandemia ha sido y es la excusa perfecta para que los gobernantes decreten tremendas normas de obligado cumplimiento que en ningún lugar del mundo hubieran sido aceptables para nadie hasta hace apenas dos años, dando igual la tradición democrática, teocentrista, social o religiosa de cada región.
            En esta Era distópica lo que está claro es que, en Occidente, estamos asistiendo a la muerte sin paliativos de la democracia, del estado de Derecho y de las libertades. En otras áreas, a la reafirmación del poder omnímodo y negador de la individualidad de unos pocos que, por derecho divino o la fuerza de las armas, se asentaron en la cúspide de la sociedad desde sabe Dios cuándo, pues cada caso es diferente. De este modo, los sistemas basados en la libre concurrencia de partidos, el parlamentarismo y las elecciones democráticas y las tiranías del más diverso tipo se han equiparado, volviéndose la misma cosa, tomando idénticas decisiones y aplicándolas con el mismo fervor y eficacia. 
            En tanto, en nuestras sociedades civiles, de manera cada vez más clandestina y privada, el debate sigue y sigue: que si es vacuna, que si no lo es, que si es mejor ponérsela, que si debe rechazarse, que si lo que nos inoculan con ella son sustancias alienígenas, que si solo es proteína, que si es un paso adelante en la dominación de las personas... Al final todos debemos escoger entre ser dóciles o rebeldes o ambas cosas, que incluso es posible. Los gobiernos actúan con una inconcebible inmunidad y un poder omnímodo, como cuando nuestro papá nos “recomendaba” algo y ese algo en realidad era de obligado cumplimiento. Por sus narices. Porque sí. Y punto. Nuestro padre normalmente nos amaba, y estos gobernantes nos lo dicen igual, “por nuestro bien”, "con cariño"... 
            No voy a entrar en la polémica, en demasiados momentos esperpéntica, que ha surgido en Melbourne en relación a Novak Djokovic, un declarado enemigo de la vacuna, del que no se sabe a ciencia cierta si se ha vacunado o no, pues niega tal información. ¿De verdad es creíble que el número uno mundial del tenis es tan idiota como para viajar a las antípodas sin tener claro que puede ingresar al país, y nada menos que para defender su corona de vigente campeón del Abierto de Tenis de Australia, uno de los cuatro torneos cumbre, llamados ‘Grand Slam’, de la temporada, que ha ganado más que nadie: nueve veces, o que , por el contrario, lo que ha querido es echarle un pulso al sistema, pasándose de listo? Hay tanta información al respecto que marea, la verdad. El dato es que este asunto ha roto el consenso mundial por primera vez, enfrentando a unas naciones con otras e inundando los teletipos de declaraciones cruzadas que estoy casi seguro que no llegarán a ningún sitio, pues estoy convencido de que en la nueva sociedad homogénea no caben los v.i.p., por ejemplo, ni los listillos, y ni tan siquiera la libertad, estando cada día cada vez más controlados por medio, sin ir más lejos, de nuestros nuevos teléfonos que saben hasta cuándo vamos al cuarto de baño. 
            El gobierno australiano decretó su deportación, pero sus abogados presentaron un recurso que se dirimirá en los tribunales pasado mañana lunes, día 10. Esperemos, pues, a entonces, para ver qué pasa. Yo estaré aquí, ni lo duden, poniendo toda la inteligencia que me sea posible, para contarlo, analizarlo y decirles, en el ejercicio pleno de mi libertad –faltaría más que alguien ni siquiera pensara en tocármela–, lo que me dé la gana. Y punto. Con cariño.
            Decía en mi último y celebrado artículo, Mi carta a los Reyes Magos, que ya empezó el año de verdad, y lo sentenciaba con un “ya no valen excusas”, y, desde luego, vaya cómo ha empezado...
 Homogeneización.
Fotografía:©M. P.-P., 2015.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.