Líneas de desnudo/ 75

Está al caer la breva
Por Manuel Pérez-Petit

Ya no estamos en la época de lo “políticamente correcto”. En la actual Era distópica a todo lo más a que se llega es a ser eufemístico. La voz ‘eufemismo’ está definida en el Diccionario de la lengua española como “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. No sé si la palabra ‘negligente’ es “dura y malsonante”. Lo será según para quién. Y más hoy, que abundan más que nunca las personas de piel fina.
            En relación al caso Djokovic, en mi “Homogéneos” del pasado sábado 8 de enero me preguntaba si es creíble que Djokovic sea tan idiota “como para viajar a las antípodas sin tener claro que puede ingresar al país” o si se ha pasado de listo al hacerlo, y en mi "¿Qué más podría haber hecho este hombre?" del lunes día 10, abundando en el asunto, afirmé estar seguro de que alguien le ha jugado una mala pasada, intencionada o no, al tenista serbio, y mostré mi sospecha acerca de la existencia de una estrategia política en torno a su caso, basada en el ejercicio del poder imperante hoy en el mundo. Aún desconocíamos las “confesiones” de Novak, pero en las últimas 48 horas el asunto ha experimentado un giro copernicano, o sea, dicho en román paladino: a lo bestia.
            En estos últimos días, en la ultimísima deriva del asunto, la palabra más repetida ha sido ‘error’: error humano, error de juicio, cadena de errores... Y quien se frota las manos con toda la razón es el ministro de Inmigración de Australia, Alex Hawke, punta de lanza del poder, que anda ganando tiempo para que los “daños” colaterales de su decisión, que tiene más que tomada, “en virtud de la sección 133c (3) de la Ley de Migración” de su país, terminen siendo de menor cuantía y para seguir madurando su golpe en la mesa. La estrategia que sigue es de manual de principiante. No necesita más. Se la ponen en bandeja los errores. El gobierno australiano comenzó por suavizar las relaciones bilaterales con Serbia, cuya primera ministra, hace apenas unas horas, ya ha anunciado que se podrían aplicar sanciones a Djokovic por saltarse el aislamiento obligatorio que hay en su país cuando se da un caso de Covid-19. No hay que olvidar que el chico estaba de visita en Belgrado cuando se hizo una PCR el 16 de diciembre que dio positivo, pero cuyos resultados no conoció hasta el 17. 
            No entraré al trapo de que el 18, sabiendo ya que era positivo, mantuvo en la capital serbia una entrevista con el periodista francés Franck Ramella para el medio de comunicación L'Equipe, que el propio número uno mundial del tenis ha calificado de “error de juicio”. El 22 volvió a hacerse una PCR que dio negativo y el 31 consta que ya se encontraba de regreso en España. 
            Tampoco me detendré en los dimes y diretes de la legión de “personalidades” que han querido hacer escuchar su voz en este caso, pues al gallinero de esta asamblea se ha apuntado hasta el apuntador. Y porque ya da lo mismo: Está al caer la breva. Me la juego y digo que a Djokovic le espera una deportación con todas sus letras y, si quieren, grabada en piedra. Y por eso se hace esperar, por la campaña sucia que, con razón o no, que monta tanto, sirve para justificar una decisión que lleva días tomada y para la cual solo están calentando el escenario. Evidencias hay muchas, pero me quedo con una: ¿De verdad se creen ustedes que dos avezados profesionales de la televisión mantengan una conversación en el plató del informativo que conducen sin saber si el micro está abierto? ¿En qué mundo viven? Nada es por casualidad, ya deberían saberlo. Y menos en la Era distópica del control de las personas. En breve hablaré de la libertad, que es algo que aquí por desgracia ya no pinta nada, pues hoy por hoy la libertad no existe, y en todo caso es un eufemismo con mayúsculas: usted puede hacer lo que quiera, pero si no hace lo que yo le digo ponga sus barbas a remojar, ¿le queda claro?, o no salga nunca de su aldea. 
            Después de darle muchas vueltas a la cabeza, he llegado a la conclusión de que Djokovic es tan listillo como idiota. Calificar como ‘error humano’ haber rellenado incorrectamente un formulario de migración es un eufemismo como una catedral, dado que se trata de una negligencia flagrante, además de irresponsable. Les explico: en los viajes internacionales los pasajeros suelen rellenar en el propio medio de transporte que usen dos formatos, uno de aduanas –que aquí no vine al caso– y otro migratorio. En este segundo formulario, siempre hay la pregunta de si el viajero ha visitado otros países en los últimos 14 días, y lo que solemos hacer los que viajamos es responder ‘No’. Lo hacemos en la suposición de que decir que hemos estado en otros lugares nos puede acarrear inconvenientes a la llegada en forma de entrevistas incómodas, pues al llegar a destino, por lo general, estamos locos por salir a la calle –razón por la que hay cafeterías en las salidas pero no suele haberlas en las llegadas, que todo está más que pensado– . Esto, lo del formulario migratorio, que es anterior a la pandemia, o sea, de muchos años a esta parte, lo hacemos todos, y no nos pasa nunca nada. Claro que si uno se llama Manuel Pérez o José Rodríguez suele estar a salvo –dicho sea con respeto a los que se llamen así– de sospecha alguna por ese motivo. Sin embargo, si uno se llama Novak Djokovic y está en las redes sociales casi más que en el tenis, con millones de seguidores ávidos de novedades, debería tener más cuidado. O elegir con más cuidado al equipo que le acompaña. Todo esto es de una falta de inteligencia aplastante. No hay que olvidar que el serbio no reside en Serbia sino en España. He leído atónito en medios de comunicación que su “supuesto” viaje a España de diciembre –su regreso desde su país de nacionalidad– entraba en contradicción con lo de los 14 días. Lo que entra en contradicción con el ‘no’ son los días anteriores en que estuvo en Serbia, con cuyo pasaporte viajó, eso sí. Sea como fuere, en los 14 días anteriores a su llegada a territorio australiano estuvo en dos países, en el de su nacionalidad y en el de su residencia. Si llegó a Australia el día 6 de enero, el plazo de los catorce días corría desde el 24 de diciembre. Consta que ese día estaba en Belgrado. La falsedad negligente del ‘no’ en su respuesta al formulario migratorio, rellenara éste quien lo rellenara, va a ser suficiente para el ejecutivo australiano, que ya no será el hazmerreír de los gobiernos del planeta sino un modelo a seguir y un paradigma. Solo es cuestión de que madure del todo la breva, que caerá sola. Mientras, se trata de embarrar lo suficiente al listillo pero también idiota Novak. Y será, en todo caso, antes del lunes 17 de enero, fecha en que comienza el cuadro final del Open de Australia, cuya fase previa ya fue iniciada el pasado día 9. 
            La milonga del ‘error humano’ y/o de la ‘cadena de errores’, que no se salva, no, con pedir disculpas, pues a la Ley la disculpa le trae sin cuidado, ya que la Ley es la Ley, y más hoy, le va a costar muy caro al serbio, y apuesto lo que me digan a que no volverá a ganar nunca un Open de Australia. Ni a jugarlo siquiera. Ya lo verán. Eso sí, seguro que le da igual, pues ya se ha convertido, pase lo que pase, en “el símbolo”. Para los unos y para los otros.
 Breva madura e higos jóvenes en una higuera de Puertollano, España. (La imagen es de libre disposición bajo licencia Creative Commons)
Autor de la fotografía: ©Javier Martín.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.