Polvo del camino. 104. Doce libros. Héctor Cortés Mandujano

Doce libros

Héctor Cortés Mandujano

Desde hace muchos años llevo una bitácora de lectura (antes lo hacía en libretas, ahora en la compu) y desde hace menos ideé una fórmula que me permite abrir mis expectativas de lector a todos los géneros, a todos los temas; así, tengo una serie de listas renovables de diez libros para cada género o tema (cine, novela, autores indígenas, clásicos, ciencia, biografía, cuento, Chiapas, poesía, etcétera) de donde quito el leído y agrego el que leeré. En este 2021 leí 214 libros y de ellos escogí, también más o menos variados, los que comparto contigo lector, lectora, como interesantes, significativos, recomendables… Algunos ya los comenté en esta o en la otra columna (Casa de citas) o los comentaré o no. Aquí los reúno como los recomendados del año pasado, aunque, evidentemente, muchos muy buenos quedaron para mejor ocasión. El orden es porque revisé de enero (Sándor Márai) a diciembre (Heberto Morales, lo leí en noviembre, pero no quise meter más de doce).
         El último encuentro (Ediciones Salamandra, 1999, traducida por Judith Xantus Szarvas), de Sándor Márai (húngaro, 1900-1989) es una novela breve que reflexiona sobre el amor, la amistad, la vida. Henrik y Krisztina son casados y Konrád, el mejor amigo de Henrik, se vuelve amante de Kristina. Los dos amigos, casi hermanos, dejan de verse por 41 años y se reúnen cuando cumplen los 73. Son dos viejos militares. La novela es casi un largo monólogo de Henrik y es una buena entrada, si no se le ha leído, a la novelística de este gran autor, del que he disfrutado ya varios títulos.
          Volando solo (Alfaguara, 1988), de Roald Dahl (británico, 1916-1990) es un libro biográfico sobre la vida de Roal en Tanzania y sobre su labor como piloto de guerra. El libro reúne anécdotas divertidas, terribles (con serpientes y leones) y escalofriantes, cuando tiene que derribar aviones enemigos o ser derribado por ellos. Roald es un célebre autor de libros infantiles y hace de este libro sobre su vida una narración hipnótica. 
          Carol (Anagrama, 1991, traducción de Isabel Núñez y José Aguirre), de Patricia Highsmith (estadounidense, 1921-1995). La Highsmith es la gran autora de novelas policiacas. Carol es su debut literario y parte de una anécdota personal para contarnos el amor lésbico entre una mujer madura y elegante, y una joven dependienta. La característica especial, además, es que este amor, generalmente retratado por otros y otras con final trágico, aquí resuma felicidad.
          Ka (Anagrama, 1996), de Roberto Calasso (italiano, 1941-2021), es la recreación literaria de sagrados textos védicos. Prajāpati, el padre de todo, tenía dentro de sí una mujer. Pronunciaron tres palabras, “en el vértigo amoroso: a, ka, ho. A fue la tierra, ka el espacio intermedio, ho el cielo”. Calasso es de los autores a quienes leo con asombro, para tratar de entender cómo cuentan, para acercarme a la lucidez, a la inteligencia que no necesita redobles. Es uno de mis maestros y en Ka hay grandes posibilidades de aprendizaje.
          Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (2005, lo leí en uno de mis lectores electrónicos), de George Steiner (inglés, 1929-2020), otro de mis maestros. La erudición y la enorme inteligencia de este hombre da solvencia a sus libros para que sean referencia obligada en cada tema que toca. Un apunte breve: la razón número tres plantea que “nadie ni nada puede, de manera verificable, penetrar mis pensamientos. […] Ningún otro ser humano puede pensar mis pensamientos por mí. […] Ningún hombre ni mujer puede ‘morir en mi lugar’ en ningún sentido literal. Nadie que no sea yo puede asumir mi muerte”.
           Declive (Universidad Veracruzana, 1985), de Sergio Galindo (veracruzano, 1923-1993) es una novela hermanada temáticamente con La obediencia nocturna, de Juan Vicente Melo, y Delirium Tremens, de Ignacio Solares. Trata sobre cómo nace el alcoholismo en un adolescente de buena posición social y cómo ese vicio puede destruir por completo su vida. Está escrita con la aceitada maquinaria narrativa de Galindo que, según su biografía, también tuvo problemas con el alcohol; es decir, sabe de lo que habla.
          Todo cambió. Spisil k’atbuj (Ediciones El Animal, 2006), de Josías López Gómez (Cholol, Oxchuc, Chiapas, 1959), es un libro de siete cuentos bilingües –tseltal-español– bien escritos, bien tramados, con muchas y directas alusiones sexuales. Los cuentos de Josías no se consumen con la anécdota: hay en ellos profundidad, conocimiento, capacidad de trascendencia. Algo de él había leído antes, pero este libro me parece un volumen absolutamente recomendable, capaz de sostenerse por sí mismo, con la poderosa fuerza imaginativa y la pulida escritura del autor.
          El valle de Issa, de Czeslaw Milosz (polaco). Sólo había leído poesía de Czeslaw Milosz y ahora, en uno de mis lectores electrónicos, leo El valle de Issa (1981, traducción de Ana Rodón Klemensiewich), la vida de Tomás en ese valle de Lituania, donde curiosamente nació Milosz en 1911; ganó el Premio Nobel de Literatura en 1980 y murió en 2004. Dice en una de sus brillantes páginas: “Nadie vive solo: cada uno habla con los que ya han pasado, cuyas vidas se encarnan en él, sube los peldaños y, siguiendo su huella, visita los rincones del edificio de la historia”.
          Silvia y Bruno, de Lewis Carroll (británico, 1832-1838). Es uno de los libros menos conocidos del celebérrimo autor de Alicia en el país de las maravillas, cuyo nombre real era Charles Lutwidje Dodgson. Esta novela, que se publicó en dos entregas (1889 y 1893), no tuvo mucho éxito, entre otras cosas porque no es tan fácil de leer (su estructura es compleja), no necesariamente es para niños, tal vez ni para adultos. Necesita un público especial, pues los protagonistas son hermanos, son niños y son seres feéricos al mismo tiempo; la historia está ocurriendo y ya ocurrió, y al mismo tiempo alguien se la está imaginando. Los dos volúmenes valen muchísimo la pena.
          El libro de los seres alados (451 Editores, 2008), de Daniel Samoilovich (argentino, 1949). Disfruté mucho viendo y leyendo esta lujosa edición. Samoilovich seleccionó y escribió los textos, y escogió, junto con Eduardo Stupía, las imágenes de maravilla que acompañan a este gran volumen. Los textos pertenecen a clásicos y contemporáneos que han hablado de seres con alas, reales y ficticios, de la a a la z. La selección es magnífica. Samoilovich, en muchas páginas, resume dos o tres libros en párrafos escritos con sapiencia. Las ilustraciones parecen dictadas por la pertinencia y la belleza. El libro me encantó de tomo a lomo.
          S/Z (Siglo XXI, 1980), de Roland Barthes (francés, 1915-1980), es resultado de un seminario que dio durante dos años (1968-1969), que analiza lexía por lexía (unidad de lectura, unidad léxica, palabras, párrafos) el cuento Sarrasine, de Balzac. Tal vez el libro no sea para quienes leen sólo para entretenerse (qué maravilla) o para quienes escriben sólo porque aprendieron las primeras letras en la escuela. Es para lectores que gustan de analizar los entramados de una historia, para escritores que busquen algo más que contarla. S/Z analiza desde la crítica (psicológica, psicoanalítica, temática, histórica, estructural), pormenorizadamente cada palabra del cuento, que también está incluido en el volumen. A mí me pareció apasionante.
          Cántaros (Unach, 2006), de Heberto Morales (Venustiano Carranza, Chiapas, 1933). Esta es, me parece, de las cinco que he leído, la mejor de las novelas de Heberto Morales. También es policiaca, como la anterior (Sangre en la niebla), pero hay aquí una trama que enlaza la religión, el narcotráfico, la violencia, el asesinato y el intríngulis entre la justicia y la política, entre lo que debe hacerse y lo que se hace en materia de justicia en Chiapas. La novela tiene tensión, retratos bien resueltos de la compleja realidad y de los personajes tridimensionales, es incluso divertida en algunos momentos, y nos deja ver a un autor en plena posesión de sus facultades narrativas. No es frívola, sino al contrario, analítica sin exagerar; si fuera un platillo diría que tiene el punto exacto de ingredientes y de cocción. No tengo ningún reparo que poner, salvo que tendría que ser más difundida, más leída.  

***

[Tuvimos muchos regalos forestales en este año: mi cuñado Lino nos regaló varios arbustos de yuca; mi sobrino Mauricio, árboles de limón, ya logrados, y de coco; mi amigo Juventino Tito Sánchez, un árbol de algodón. Todos ya forman parte de mi territorio cercano. Mil gracias.]


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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