Líneas de desnudo/ 74

"¿Qué más podría haber hecho este hombre?"
Por Manuel Pérez-Petit

Novak Djokovic es uno de los más notables deportistas del mundo. Es antipático –a qué ponerle paños calientes–, y, además, se hace aún más antipático en general a la gente, no solo por sus reiteradas actitudes soberbias dentro y fuera de la cancha sino también sobre todo por las muchas simpatías que despiertan los otros dos integrantes del triunvirato en la cumbre tenística mundial, el más grande que este deporte haya conocido, Roger Federer y Rafa Nadal. Digamos que Federer tiene desde siempre pinta de ser un chico bien, una persona refinada y elegante que nunca pierde la compostura y casi ni suda, y Rafa nos parece siempre el esforzado –de buena familia, eso sí– que consigue, con grandes sudores y esfuerzos descomunales, alcanzar los objetivos que se marca. Ambos son finos, comedidos y admirables, y no solo porque uno no se despeina y el otro acaba cada set y cada partido convertido en un manantial de sudor y con los cabellos alborotados como si hubiera metido la cabeza en el motor de un ventilador. Pero Djokovic siempre nos transmitió la imagen de chico malo, del típico que se burla de los otros –y lo ha hecho muchas veces–, monta escándalos y hasta se escapa a fumar a la vuelta de la esquina en horas de clase con ojos de pillo.
            Entre fuertes medidas de seguridad, en un centro de detención de inmigración, que los australianos llaman, con gran sentido eufemístico, “hotel”, ha venido enfrentando desde el pasado jueves, incomunicado y privado de su libertad, un expediente de deportación, que si no se ha llevado a cabo es porque sus abogados presentaron un recurso que se ha dirimido hace unas horas, hoy mismo, lunes día 10 de enero de 2022. Tomen nota de esta fecha, porque pasará a los anales de la historia con una fuerte carga simbólica. El juez australiano Anthony Kelly ha anulado la decisión del gobierno de su país de cancelarle el visado, ha impuesto las costas judiciales al propio gobierno de Australia y ha puesto en libertad al serbio, quien se ha ido a entrenar, entre un galimatías de rumores acerca de haber sufrido una posible segunda detención. Mientras, el mundo ha seguido siendo lo que desde el pasado jueves día 6 ha sido: un circo romano.
            "A las 5:20 de la madrugada del 6 de enero de 2022 se le dijo a Djokovic que tenía hasta las 8:30 para presentar alegaciones sobre un aviso de cancelación bajo el artículo 116 de la Ley de Migración de 1958. Sin embargo, los comentarios del demandante se solicitaron a las 6:14. El delegado tomó la decisión de cancelar el visado de Djokovic a las 7:42, por lo que se le impidió hacer reclamaciones al solicitante [Djokovic] hasta las 8:30. Si al solicitante se le hubiera permitido presentar estas alegaciones hasta las 8:30, podría haber consultado a otros y haber hecho más comprobaciones sobre por qué su visado no debía ser cancelado", dice la resolución del juez, quien considera que la medida fue "irrazonable", argumenta que si Djokovic hubiera tenido más tiempo y más detalles habría podido responder mejor a su llegada al país y ha soltado para la posteridad la frase del momento: "¿Qué más podría haber hecho este hombre?" 
            Rafa Nadal, tan aséptico y ecuánime como es que parece beatífico allá por donde se expresa, igual que el otro día declaró que hay que cumplir las normas y que si Novak las hubiera cumplido no se hubiera encontrado en la situación en la que estaba, ha vuelto a salir a la palestra y ha declarado que la justicia ha hablado y que, por tanto, Djokovic “tiene todo el derecho de competir en el Open de Australia”. En ambas declaraciones, en las de hoy y en las anteriores, coincido con con él –es imposible no hacerlo–, pero yo tenía la sensación de que no se había tratado en sentido estricto de incumplimiento, por lo que Rafa quizá debía haber sido más solidario con su compañero, al que estoy seguro que alguien se la ha jugado o, al menos, lo han utilizado desde esferas políticas. No quiero pensar que sea una cuestión de esa índole. 2022 es año electoral en Australia. No seré yo quien le quite nunca a Djokovic ni a nadie la presunción de inocencia. Sé lo que es eso, y lo he sufrido en carne propia. Un día hablaremos de ello, pero, y volviendo al tema, de lo que estoy seguro es de que, insisto, el serbio no es tonto. Puede que sea demasiado listo, pero no idiota. Viajó con una exención médica debida a que tuvo covid en los últimos seis meses que luego resultó, al llegar al control migratorio australiano, no ser aceptada como válida. En consecuencia, le negaron el visado y lo aislaron. Yo creo que el asunto es mucho más de fondo, y tiene una carga de profundidad que tardaremos años en analizar como es debido. Nadie, ni el número uno del mundo en nada, está exento de cumplir las normas, que, nos gusten o no, son las mismas para todos, pero en este caso hay algo que no me encaja. 
            El mundo, este coliseo escandaloso de dedos levantados o caídos, caos vociferante y olor a rancio, anda en estos días sumido, como olla a presión a reventar, en el debate asambleario –el peor de los posibles, pues lo gana el que más grita, no la razón– acerca del chico malo de la clase, el mismo que no le cae bien a nadie, pero que es en realidad en torno a otras cosas... ¿Qué pasará ahora con aquellos que, de golpe, como si hubiera existido una correa de transmisión, sufrieron la anulación de sus visados concedidos y con los tenistas rusos a los que se les negó el acceso al país por estar inmunizados con una vacuna no reconocida en la Comunidad de naciones británica, que tiene su nombre en inglés pero que yo pongo en español? El gobierno de Australia aún puede decretar, porque sí, la deportación del tenista. De hecho, ha recurrido la resolución judicial. O sea, que esto no se ha acabado. Me temo que el miércoles, en mi  próximo ‘Líneas de desnudo’ tendré que regresar a lo mismo. 
            Lo cierto es que he aguantado más allá del tiempo límite razonable para enviar mi artículo de hoy, fruto de mi promesa expresada el pasado sábado en mi ‘Homogéneos’, y hasta el último minuto posible, por si se daba la orden de deportación, basada en que, como ya se ha confirmado, el tenista no está vacunado, pero que será por pelotas, no me cabe duda. A ver quién gana este partido. El muchacho del flequillo que creció en medio de la guerra de los Balcanes y que ahora es multimillonario quiere jugar al tenis y los dirigentes del gobierno de la “monarquía constitucional federal parlamentaria” –toma ya, que diría el castizo, pa que no falte de ná– que es Australia quieren seguir en el poder. Máxime cuando la rebeldía es cada día más excepcional y el control por parte de las “autoridades” más férreo. Está claro que a raquetazo limpio hay que ver cómo se las gastan unos y otros, por lo que se avecinan curvas. Si Djokovic vuelve a ganar serán nada menos que diez los títulos que acumule del Open, y aunque no lo gane ya se ha convertido en estandarte de la rebeldía. Si el gobierno no lo deporta pase lo que pase con el torneo no solo perderá las elecciones sino que será el hazmerreír de los gobernantes del planeta, y si lo hace se convertirá en paradigma del detestable y negador de la libertad nuevo orden mundial. 
 Primera declaración pública de Djokovic tras su juicio en Australia.
Fuente de la fotografía: https://twitter.com/DjokerNole/status/1480529173789696001?s=20

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.