Revista

Polvo del camino. 225. ¿Todos somos monstruos?/3. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                     
Polvo del camino/ 225

¿Todos somos monstruos?/ 3
(Tres de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

En la serie de seis capítulos denominada Cómo se convirtieron en líderes de sectas (2023, miniserie documental, producida y narrada por Peter Dinklage) se analiza la forma en que seis personas lograron dominar las mentes y las vidas de sus seguidores. En el caso de Charlie Manson se alude a que la juventud y la dependencia de drogas de quienes llamó su “familia” hicieron que este hombre (expresidiario y músico frustrado) lograra manipularlos al grado de convertirlos (no a todos, a algunas, a algunos) en asesinos. No llegó muy lejos, porque su influencia maléfica lo puso, después del famoso asesinato a Sharon Tate, detrás de las rejas de por vida.

Los líderes obtienen de sus adoradores sexo, dinero y poder, dicen los especialistas en el segundo episodio, centrado en el reverendo Jim Jones. Mientras más seguidores, más de todo. Jones, en su etapa más exitosa, logró convencer a muchos de que vendieran sus propiedades y donaran el dinero a su iglesia. Cuando empezaron a descubrirse sus fraudes, sus prácticas ilegales, sus abusos sexuales en hombres y mujeres de su congregación, y a partir de un reportaje que evidenciaba sus malos manejos (para entonces Jones ya se drogaba) se fue a Guyana y fundó allá lo que llamó Jonestown, que convenció a un millar de personas a abandonarlo todo y seguirlo. Los convirtió en esclavos y, para que no escaparan, creo un ejército armado que no dejaba a nadie salir de aquel campo de concentración.
Por denuncias, un congresista fue a visitar a Guyana. La idea era cerciorarse de que la gente viviera allá por gusto. Jones aceptó que la gente que quisiera abordara el avión del congresista para regresar a EUA, pero se arrepintió y asaltó el avión antes de que despegara. Murieron varios, asesinados por sus guardias, incluso el congresista. Se supone que convenció a los 900 que habían quedado para que se suicidaran. Se descubrió después que les inyectaron una solución mortal. Fue en realidad un asesinato masivo, en el que él también, perdida toda posibilidad de triunfo, se autoinmoló. Desde niño fue adorador de Hitler, dice una de sus biógrafas. Siguió su ejemplo.

La serie sigue los casos como si estos fueran parte de un manual. Con Jaime Gómez, venezolano que llegó a Hollywood para triunfar como bailarín y como actor, y que sólo halló puertas cerradas, un entrevistado dice: “Los líderes, para dominar a sus seguidores, deben destruir el pensamiento individual”.
Jaime incluso fracasó como actor porno y fundó una pequeña escuelita de actuación que poco a poco fue volviéndose un centro de meditación, y luego de “iluminación”. Su cuerpo musculoso y su interés por lo artístico atrajeron a gente, en los noventa, que quería vestir y lucir bien. Una de las entrevistadas, quien fue parte de su grupo cercano, declara: “Ahora me parece un asco, pero hubiera dado la vida por él”.
Sus seguidores tenían que hacer servicios generales y servicios personales, que iban desde hacerse cargo del orden, la limpieza y los gastos de la casa-centro espiritual, hasta darle masajes, alimentarlo, leerle cuentos para dormir, etcétera, y hacerse cargo de conseguir dinero para que estrenara coches y hacerle un teatro para que triunfara como bailarín. Vivió muy a gusto hasta que uno de sus detractores –alguien que dejó de creer en él– hizo una denuncia en internet y lo envió a sus seguidores. ¿Qué denunciaba? Como en la mayoría de los casos, abuso sexual. Jaime Gómez les hacía creer que era célibe, pero era un depredador de jóvenes (en este caso de hombres). Se le cayó el teatrito.
  
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 224. El fueguito interior. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El fueguito interior
A mi comadre Sandra, en su nueva vuelta al sol.

Mientras caminaba a casa, luego de su jornada laboral, Rita sintió cómo el viento soplaba fuertemente, aún en una tarde soleada. Recordó el dicho de febrero loco y marzo otro poco, justo estaba por concluir el mes de marzo. Muy cerca de su casa percibió la hojarasca que iba cayendo y se volvía una especie de remolino sobre las banquetas. A lo anterior, se sumaban los bollos de algodón que desprendía un árbol de pochota en un pequeño parque donde Rita solía salir a pasear con su perro Campeón.
Por un momento, Rita sintió que estaba dentro del paisaje de algún cuento; se le vino a la mente que si su abuelita Rosa viera la calle diría,
—¡Qué bárbaro ese árbol de pochota, cuánto algodón tira! Ganas me dan de meterlo en unas fundas para mis almohadas.
Una ráfaga de viento la hizo volver al presente, al tiempo que cerró los ojos para que no le entrara polvo. Llegó a casa, la puerta estaba bellamente decorada por bollos de algodón. Campeón la recibió con mucha alegría. Rita dejó su bolso, jugó un momento con él, lo acarició y le dio de comer. Se quitó el uniforme del trabajo, se puso unos pants y una playera y se fue a sentar al pequeño patio que tenía. Campeón se acomodó a su lado. No tardó en quedarse dormido.
Rita se quedó observando el cielo, se veían las ráfagas del atardecer en tonos cálidos. El color rojo le hizo recordar a su elemento fuego, sintió como si esa energía le estuviera faltando. ¿Qué había pasado con el entusiasmo en su caminar? ¿Y los proyectos que se había propuesto en ese nuevo año? Campeón debía echar de menos los paseos al parque porque ahora hasta dormía siesta.
No puedo evitar recordar unas líneas del relato El mundo, del autor Eduardo Galeano, uno de sus preferidos, “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores”.
—¿Y qué hay del fueguito interior de Rita? ¿Cómo avivarlo? —dijo en voz alta. Cerró los ojos, no tenía idea de cómo meditar. Solo siguió su intuición. Respiró profundo, una, dos, tres veces. Como una especie de cascada vinieron una serie de pensamientos, sintió cómo sus ojos se humedecían y se permitió dejarlos fluir.
Volvió a repetir las respiraciones, profundas, pausadas. El ruido mental se fue calmando, las lágrimas cesaron. Sintió que iba hallando la paz interior que necesitaba. Ese pequeño espacio que le permitía volver su mirada a ella. Permaneció un momento más ahí, escuchando y sintiendo el latir de su corazón. En el ajetreo diario que vivía solía olvidarse de eso.
Poco a poco fue abriendo los ojos, el ocaso había despedido el día y dado paso a la noche. Observó que Campeón seguía a su lado. Rita estiró sus brazos de manera horizontal y se dio un abrazo, permaneció unos instantes sintiendo nuevamente su corazón. Volvió la mirada a Campeón, era hora de retomar los paseos al parque.
Se levantó suavemente, se puso unas sandalias y fue por la correa de Campeón, quien no tardó en identificar la señal para la salida y corrió hacia ella. Mientras caminaban en el parque Rita fue más consciente de sus pasos, de su ritmo. Campeón estaba alegre por el paseo y Rita también. El fueguito interior nuevamente latía en su corazón, la voluntad y la acción eran dos elementos importantes para avivarlo.
De nuevo vino a su mente el relato de Galeano, “Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Nota rimada. 21. Imitación, copia o plagio. Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández

Crítica Arrimada

El que esté libre de plagio,
que arroje la primera cita.

A propósito de la larguísima
lista de tramposos que, a descuido
de memoria, se les olvidó la historia
como testigo fehaciente de que esa
es una pendiente que viene desde el
código de Hammurabi que ha sido
plagiado desde la época de los
griegos hasta nuestros días.

Imitación, copia o plagio

La idea original fue mía…
si otros lo escribieron antes,
eso… yo no lo sabía.

Se ha puesto feo el asunto
convirtiéndose en enredo
la copia con coma y punto
en cantidad que da miedo.

“No es por falta de talento”
dicen los de copia y pega,
“es original mi intento,
pues pensar es una friega”.

Según declara el adagio
si al redactar hay errata
y de hacerlo bien se trata…
hay que recurrir al plagio.


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Polvo del camino. 224. ¿Todos somos monstruos?/2. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                     Polvo del camino/ 224

¿Todos somos monstruos?/ 2
(Dos de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura

En La oscuridad de la Luz del mundo (2023), documental sobre los abusos sexuales de Naasón Joaquín García, autoproclamado apóstol de Jesucristo, dirigido por Carlos Pérez Osorio, se documenta un hecho repetido durante más de cincuenta años: la violación y el abuso sexual de menores.
El padre de Naasón, ya muerto, según los testimonios de varias mujeres que valientemente dan la cara, tenía un harem de menores a su disposición. El modus operandi, que su hijo continuó, era que una mujer, que ya había sido esclava sexual, entrenaba a las púberes, en grupos de diez, para que consideraran un privilegio, una bendición, un acto divino que el tipo las violara, las hiciera tener relaciones lésbicas frente a él o cualquier fantasía perversa que se le ocurriera al apóstol, como curiosamente lo siguen llamando. El grupo operaba así en todas las iglesias. Si el hombre viajaba de un país a otro, allí había menores a su disposición.
Hicieron en Guadalajara, México, una construcción impresionante y a su alrededor una colonia-ciudad donde los únicos que pueden habitar son los creyentes a pie juntillas de que Samuel Joaquín-padre, antes, y Naasón Joaquín-hijo, ahora, son los apóstoles de Jesucristo, elegidos por Dios, con quien hablan y quien los instruye. Esto, por supuesto, no ocurre en el siglo XVI ni en una comunidad alejada de los adelantos técnicos, de la educación (hay muchos profesionistas en esta religión), sino en el México del 2024 y en varios países más.
Los miles que creen en Naasón dan el diezmo a su iglesia (y pagan además por rezos, ceremonias, fiestas…), lo que ha vuelto millonaria a la familia García, por lo menos durante tres generaciones. Esta vida opulenta terminó para Naasón cuando cinco mujeres, violadas y humilladas durante años, lograron meterlo a la cárcel, sin el apoyo de sus familias, que las repudiaron, porque es un pecado pensar mal de Naasón, ya no se diga denunciarlo.
La grey de esta iglesia pertenece al apóstol. Él decide, por ejemplo, con quien los casa: hombres y mujeres jóvenes van vestidos para la boda, sin saber con quién se casarán. A veces ni se conocen. Decide también qué estudian, qué hacen, qué piensan. Nadie puede contradecir los designios del hombre que se autoproclamó apóstol de Jesucristo, a la muerte de su padre. Las jóvenes declaran que tenían que despertarlo a diario con sexo oral o con una masturbación y que eso les hacía pensar que algo estaba mal, que eso no era divino. No podían contarle a nadie. Es pecado pensar mal, es pecado mortal hablar mal del apóstol. Cuando el hombre veía que las niñas ya estaban crecidas, las casaba: ya había otro círculo de pequeñas creciendo para su disfrute.
Aunque los delitos se probaron con suficiencia, hubo un arreglo que dejó fuera a las víctimas y a la decisión del juez. Naasón saldrá libre en menos de veinte años. En el documental se oye el testimonio público, aunque protegido, de las denunciantes, y al final el discurso del juez, que dice al apóstol: “Es usted un depravado, un criminal, debería darle vergüenza”. Pide disculpas a las víctimas, porque él está atado de manos para imponer una sanción mayor.
En el documental también están los testimonios de los fieles seguidores de esta religión, de ese “apóstol”. Él, dicen, sigue dirigiéndolos desde la cárcel. Esperarán a que salga para seguirle entregando su dinero, sus vidas, sus hijas menores… Nada habrá cambiado.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 132. Convención de Almuzara (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 132

Convención de Almuzara (2)
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel Pimentel, de nuevo, por hacer posible los milagros.

Los españoles le decimos charco, pero lo que hay entre estos dos continentes que nos unen en esta casa común de AlmuzaraLibros es un océano gigantesco, el mismo que cruzó Colón hasta por cuatro veces para demostrarle, da igual si de manera consciente o inconsciente, al mundo que el mundo es mucho más grande que lo que creemos. 
            Soy sevillano (español) de nacimiento y mexicano por decisión propia. Acudí a la convención en calidad de director de Almuzara México. Para tomar conciencia de la dimensión del reto, hay que saber que México tiene tres veces la población censada de España y en extensión es más de cuatro veces mayor. Los ciento treinta millones de mexicanos reales hablan español, y una gran mayoría de ellos también otra lengua. Somos, pues, un pueblo culto en el que no hace falta ser docto para poseer sabiduría y cualidades intelectivas, cosmogonías y visiones universales del mundo. México tiene 69 idiomas cooficiales y en el territorio mexicano se hablan más de 350 variedades lingüísticas. En México hay incluso docenas de sustantivos para referirse a un mismo objeto, idea o sentimiento. Se trata de un país que tiene una Constitución política centenaria –la tercera más antigua en vigor de toda América–, que prospera sea cual sea el signo político de sus dirigentes, de gentes muy trabajadoras que aman, por encima de todo, su patria. ¿Cuánto tenemos que aprender los españoles de los mexicanos? Una barbaridad, ni se imaginan. Aún así, México es un país extraño y confuso para el que llega con mentalidad europea. Alguien dijo alguna vez que México es más surrealista que los surrealistas, sentencia que se atribuye a mucha gente y, por tanto, no pertenece a nadie, aunque alguien, quién sabe quién, lo dijo alguna vez. Hay que establecer, pues, un retrato de lo diferentes que somos los mexicanos aun siendo tan similares a los españoles, y de la necesidad que debemos tener los españoles de adaptación a un medio tan diverso cuando venimos acá con la intención de prosperar. Por compartir la misma lengua no es más fácil, lo que puede gustar allá no tiene por qué gustar acá, las fórmulas para que funcionen las cosas son diferentes. Y esto que cuento acá no es solo válido para México, sino en general para los demás países hispanoamericanos.
Nos encontramos, por otra parte, en un país que lee poco, en el que los que leen leen cada vez más pero en el que aun no habiendo analfabetismo los índices de lectura, que con todo mejoran año por año, son muy bajos. Aunque cuenta con ciudades importantes, México es un país rural, que los urbanitas mexicanos cada vez conocen menos o lo conocen por hacer turismo que es como no conocerlo. El 50 por ciento del territorio sigue estando desconectado. Las comunidades, que son como pedanías para los españoles, en una gran mayoría no tienen ni una carretera digna de acceso. No hay red ferroviaria y para la inmensa mayoría todo son caminos terrestres. No se puede llegar a México como si se llegara a Cataluña, Galicia o Extremadura. No nos bastaría con sacar libros. Al contrario de lo que ocurriría en España, podríamos seguir siendo durante años unos perfectos desconocidos. Se pueden vender muchos libros, sí, pero no tener imagen de marca ni de prestigio si no se hace un esfuerzo espacial de comunicación pública.
Por esta razón, en estos mismos días Almuzara se presentará, con humildad y con ambición, ante la sociedad mexicana, con una repercusión importante en los medios, porque Almuzara, la casa de los milagros, el campo sembrado que ahora cruza ya de verdad hasta los mares, viene para quedarse y sumar, no en vano es donde uno más uno es más que dos. 
(Continuará...)
El equipo de Almuzara, con Manuel Pimentel al frente, en la biblioteca del Ateneo de Madrid, España, en cuya sede tuvo lugar el viernes 26 y el sábado 27 de este mismo mes de abril de 2024 la II Convención de AlmuzaraLibros.
Fotografía: Nina Prodanova.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Nota rimada. 20. Y ya no. Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández

Y ya no
A mi madre

Luz que fuiste, y ya no.
El breve parpadeo, de aquel faro que fuiste...y ya no,
destella de repente.
Ventana en que se asoma una sonrisa
apenas dibujada,
luz que por otra luz es apagada.

Ceiba sin sombra ya,
desconsoladamente abandonada,
deshojada, deshijada,
sin una despedida que la razón te niega.
Adiós sin vínculo, que llegará a la nada.
Todo está roto ya,
el santuario que fuiste está cerrado
y no hay en las palabras magia alguna...

Seca está la laguna
y perenne la sed que no se sacia.
Hay que apagar el ansia
en el ojo del tiempo
hasta que vengan otros ojos
a mirar como levanta en remolino
el viento...

Dolor que ya no eres,
ausencia que nos hiere,
memoria que lastima,
adiós sin eco en que te pierdes,
herida que no cierra,
pena que no se manifiesta,
pregunta sin respuesta...

¿Eres tú?
¿Y soy, acaso yo, el que interroga?
¿el que te ve sin que lo veas?
el que no tiene, ya, cabida en tu recuerdo.
Sombra que soy, de aquella
luz que fuiste, y ya no...


["Escribí este poema el día que mi mamá ya no me reconoció..."]
Photo by Johannes Plenio on Pexels.com

Voces ensortijadas 223. El regalo más esperado. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El regalo más esperado

El sol estaba más que intenso al mediodía de ese jueves. Alicia llegó temprano a casa, había solicitado permiso en su trabajo, tenía un fuerte dolor de estómago. El trayecto de la ferretera, en donde laboraba, a su casa se le hizo eterno.
Una vez en casa se sintió tranquila, aunque no había nadie, todos estaban en el trabajo. Alicia recordó que su mamá, doña Olga, solía decir que automedicarse era peligroso. Intentó hacer memoria para verificar qué había comido en la calle que podría dañar su salud. Esperaría a que llegara alguien de su familia para que la acompañara al consultorio médico. De nuevo sintió un retortijón en el estómago. Se acordó que en el patio podría encontrar alguna planta medicinal.
Al dirigirse al patio percibió lo cálido del clima, como cuando estaba cocinando algo y abría la puerta del horno para verificar si se había cocido. En el patio se acercó a buscar unas hojas de estafiate o ajenjo, aunque eran parecidas Alicia las distinguía muy bien. Eso le ayudaría a calmar la molestia del estómago mientras iba a la consulta. Su rostro se asombró al contemplar que la planta de estafiate y ajenjo estaban muy secas, al igual que las hojas de un par de árboles de limón que había. Tenía alrededor de tres días que habían regado las plantas y árboles.
—¡Uy, pero qué les pasó con tanto calor! Ustedes requieren agua para reanimarse, pero agua de lluvia —dijo en voz alta, como en diálogo con las plantas y árboles.
Alicia decidió cortar unas hojas de estafiate para prepararse un té. Mientras esperaba que el agua hirviera volvió al patio, observó con una mirada triste que las hojas de los árboles de limón estaban encogidas. Vaya que el calor era intenso y la sequía generaba parte de esos efectos.
Regresó a la cocina, vertió la infusión de estafiate en una taza y se dirigió al patio. Ahí se sentó sobre un banquito, a esperar que su té se enfriara para tomarlo. Fue bebiendo poco a poco la infusión, disfrutando del aroma de la bebida. Cerró sus ojos un momento y recargó su espalda sobre la pared. Sintió alivio en el estómago luego de haber terminado el té. Se incorporó de nuevo, abrió los ojos y se dio cuenta que la intensidad del sol se había opacado un poco. Alzó la vista y observó que rápidamente se había formado un conjunto de nubes que pasaron de tonalidad gris claro a gris oscuro.
—¿Será que va a llover? No creo, es bien temprano, aunque está bastante nublado y caluroso. ¿Se imaginan que lloviera? Ése es el regalo más esperado para calmar el calor y sobre todo para que ustedes se recuperen. Mi abuelita Sofía siempre comentaba que no hay que perder la esperanza —dijo Alicia dirigiéndose a los árboles y plantas.
Se levantó del banquito y fue nuevamente a la cocina a dejar la taza, ahí estaba cuando percibió el aroma a tierra mojada, seguido de los ruidos de unas gotas de lluvia que comenzaron de menor a mayor intensidad. Alicia se dirigió al patio, se detuvo en la puerta con una sonrisa en el rostro, al tiempo que observaba que la lluvia, el regalo más esperado, se hacía presente.

Photo by Sitthan Kutty on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 223. ¿Todos somos monstruos?/1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustraciones: HCM.

                      
Polvo del camino/ 223

¿Todos somos monstruos?/ 1
(Una de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura


En el documental Civiles armados. El “holocausto olvidado” (dirigido por Manfred Oldenburg y Oliver Halmburger, 2023), sobre civiles que perpetraron matanzas de judíos en la Alemania nazi, se entrevistan a historiadores, especialistas en el tema y al abogado (joven entonces, de 100 años en el ahora del documental) que enjuició a los asesinos a mansalva de más de un millón de seres humanos.
Lo que se cuenta lo documentaron los propios nazis, quienes ofertaron a alemanes comunes (mecánicos, panaderos, trabajadores manuales, etcétera) para que formaran batallones, con una sola misión: fusilar, cara a cara, en la mayoría de las veces, en bosques o junto a las tumbas que les hacían cavar, a hombres y mujeres judíos, bebés y niñas/niños.
El acento lo ponen los entrevistados en que matar era opcional. El que ordenaba todo era muy específico: si alguien no quería disparar, podía no hacerlo. Fueron muy pocos los que escogieron esta opción y fueron designados, entonces, a lavar letrinas y hacer otras tareas, y a soportar las burlas de sus compañeros: cobarde, maricón...
Matar, para algunos, se convirtió simplemente en un trabajo, y así, dentro de los muchos grupos que se hicieron, hubo el que descubrió su gusto por humillar y torturar a los detenidos (el documental es prolijo en datos y fotos), el que consideraba aquello una labor ingrata y tenía ciertos remordimientos, y el que lo hacía sin ninguna duda, sin dejar de cenar y reírse al gusto después de su macabra chamba.
El abogado jovencísimo, Benjamin Berell Ferencz (1920-2023), junto a su equipo, encontró debajo de una villa (luego de la muerte de Hitler y la caída del nazismo) ¡diez millones de carpetas! de informes oficiales. Comenzó a sumar los muertos y se dio cuenta que eran más de un millón. Al llegar a esa cifra, tomó como suya la puesta en marcha de un jurado, de un procedimiento que pusiera frente a frente a los asesinos con sus monstruosos asesinatos. Y allí descubrieron él y todos que no había en los perpetradores ningún arrepentimiento: lo habían hecho por la patria, porque se los ordenaron. No se asumían responsables ni culpables. ¿Y por qué mataron a los niños?, preguntaron al Dr. Otto Ohledorf, uno de los principales criminales. “Porque cuando crecieran iban a odiar a Alemania”. Era mejor eliminar el peligro para el futuro. El tipo era padre de cinco hijos. Fue ejecutado.
Lo terrible es que, dicen los especialistas entrevistados, los asesinos se sentían víctimas: sufrieron cuando mataban y ahora los juzgaban por haber obedecido. Las víctimas no eran los millones de muertos, sino ellos, pobres, tan incomprendidos.
La mayoría de los participantes eran padres de familia, gente común, incluso un recién casado, que llevó a su joven esposa a ver los montones de cadáveres, a empaparse con su trabajo patriótico de matar seres indefensos (hay fotos). Y eso es lo peor: no eran militares educados para eso, no eran sicarios de profesión; se supone que no eran crueles, sino pacíficas personas. La conclusión es que cualquiera puede ser convencido de cometer atrocidades en nombre de una idea, de un gobierno, de una posición política.
Una persona común, si se le convence ideológicamente o se le paga, puede convertirse en un asesino desalmado. ¿Todos somos monstruos?


Ilustraciones: HCM.
Ilustraciones: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 131. Convención de Almuzara (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 131

Convención de Almuzara (1)
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel Pimentel, con motivo de la II Convención de AlmuzaraLibros

Me presenté ante el foro con una camisa de artesanía indígena mazahua y un terno azul marino, en un mestizaje –un maridaje dije– propio no solo de hace 500 años –y no hay que olvidar que en 1521, hace 503, cayó Tenochtitlán, capital del imperio mexica, que dominaba por entonces, entre otros, a los mazahua– sino de hoy mismo en que los puentes y las redes se hacen cada vez más necesarios. 
            Los españoles de hace medio milenio estaban medio milenio adelantados a su tiempo. Quizá por su pasado inmediato de convivencia fértil entre culturas diversas como la judía, la árabe y la cristiana, consideradas en términos de igualdad y cuya máxima y más conocida expresión fue la Escuela de traductores de Toledo, implantada en un tiempo en que toda Europa permanecía en la oscuridad y el oscurantismo y solo al sur de los pirineos florecía la luz, brillaba el agua y resplandecían los libros, en una realidad no solo fruto del impulso de un rey poeta, Alfonso X, sino como reflejo de una sociedad sensible y abierta, fajada en multitud de tradiciones culturales que tenían en la palabra y la tradición oral su máxima expresión, pero en la que incluso sin libros germinó la lengua española –o la protolengua, si se prefiere– varios siglos antes desde las clases más populares. Recordemos las jarchas o los villancicos, de origen mozárabe y, por tanto, mestizos.
Almuzara es una palabra en desuso que solo puede encontrarse en el Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española y que de manera esencial y básica significa ‘campo sembrado’. Alfonso X recogió de manera admirable la cosecha de su tiempo y la impulsó a partir de un campo sembrado desde hacía siglos, y hoy Almuzara, que ha cumplido 20 años el pasado 23 de abril, en realidad, lo que hace es cosechar lo sembrado hace un milenio, que ya hace mil años era una realidad pero que hoy se multiplica como nunca antes, lo siembra y lo cosecha y lo vuelve a sembrar, proyectando su tarea incluso más allá de lo que el horizonte le permitiría ver a cualquiera. 
Mostrar gratitud no es solo cosa de palabras, es una cuestión de honor y de justicia, de humanidad, que es algo que hoy se está perdiendo. Y así es como comencé de memoria mi intervención como director de Almuzara México en la magna II Convención de Almuzara que ha tenido lugar estos viernes 26 y sábado 27 de abril de 2024, y así es como debo las gracias a Manuel Pimentel, por la visión que tuvo hace no solo 20 años sino mucho antes, y yo soy testigo, de hacer de verdad libros de verdad, como ahora lo estamos empezando a hacer en México, con toda la humildad y con toda la ambición, dispuestos a seducir y a ser seducido, bajo el axioma de que uno más uno es más que dos, con dos narices, en la tarea irredenta de perseguir sueños, atraparlos y levantarlos como realidad incontestable y en una innegable capacidad de hacerlos viables en el tiempo, jugandonosla como siempre desde siempre en cada cosecha, asumiendo pérdidas y ganancias y sobreponiéndonos a vientos y tempestades en esta tarea mucho más que libresca en la que sin negar el negocio todo se centra en la construcción de un mundo mejor.
(Continuará...)
Foto de familia de la II Convención de AlmuzaraLibros, celebrada en Madrid, España, los días 26 y 27 de abril de 2024.
Fotografía: Nina Prodanova.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Polvo del camino. 222. Tarea de hombres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                      Polvo del camino/ 222

Tarea de hombres
Héctor Cortés Mandujano

No existen los hombres de verdad

Un pandillero,
en Please, Baby, Please

Por la generosidad de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, estoy gozando en estos días de la plataforma Mubi, que es especialista en películas no convencionales ni populares, aunque (muchas) sí premiadas o validadas por la crítica.
Cuatro que vi, más o menos seguidas, a las que se sumaron aleatoriamente otras dos, me parecen una reformulación del papel masculino. Me explico: en Passages (2023), de Ira Sachs, el protagonista es un bisexual que vive casado con un hombre y se enamora de una mujer; en La pianista (2001), de Michael Haneke, el hombre no puede entender a la mujer que no quiere besos ni penetración, sino casi sólo violencia; en Rotting in the Sun (2023), de Sebastian Silva, un homosexual va a una playa nudista de sólo hombres, pero, aunque se muestra muy interesado con la variedad de penes de los vacacionistas, no se relaciona eróticamente con ninguno, y en Please, Baby, Please (2022), de Amanda Kramer, el hombre, casado convencionalmente con una mujer dominante, dice no tener interés es comportarse como se supone que debe comportarse un hombre.
Tomas, en Passages, juega con la idea del artista: estoy por encima de las convenciones y tomo lo que quiero. Es un director de cine y tiene un marido que debe bailar a su ritmo y no lo hace del todo. Como lo deja solo en una fiesta, Tomas seduce/se deja seducir por una mujer, con la que tiene relaciones sexuales. Decide por eso dejar a Martin e intentar que funcione la relación con Agathe, a la que embaraza. No resulta tan simple, porque también quiere seguir con el hombre. En el camino, los dos (Martin y Agathe) se dan cuenta de lo manipulador que es Tomas y ambos lo dejan. Él parece no haber entendido la decisión de aquellos a quienes sólo usaba para sus intereses. La mía es por supuesto una lectura, entre muchas; pero esa historia puede ser un paradigma de los tiempos actuales. [Hay, por cierto, una película francesa, My Sole Desire (2022), dirigida por Lucie Borleteau, donde lo que ocurre es al revés: una lesbiana está enamorada de su marido y luego se enamora de una mujer. Igual, no sabe qué hacer.]
La pianista es una adaptación de la novela de Elfriede Jelinex, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004 y la historia está centrada en Erika, una profesora de piano cuyos intereses en el terreno sexual no son convencionales. Uno de sus alumnos se enamora de ella y quiere el repetido asunto de enamoramiento-pasión-ayuntamiento sexual y a ella eso no le interesa: quiere violencia (es un resumen de algo más complejo). Él no sabe cómo darle gusto y las cosas terminan previsiblemente mal. Si nos ponemos metafóricos, se podría afirmar que los hombres queremos tocar las mismas teclas siempre (mi alusión es al piano, por supuesto) y las mujeres buscan algo más. La peli es perturbadora.
En Rotting in the Sun, Sebastian Silva se representa a sí mismo y aunque la cinta se trata de otra cosa (es casi policiaca en su segunda parte), es notorio que no es el sexo ni casual ni permanente lo que busca este homosexual. La vida no se trata de sólo eso.
Dice el líder de los pandilleros en Please, Baby, Please que él está por encima de los demás, porque ellos lo han puesto en esa escala, pero, dice a sus compinches, en un arranque de sinceridad, “cada uno de ustedes me aterra, son el estándar de hombre que debo aparentar que soy”. Dice el protagonista: “Quiero ser un niño feliz. No tengo que certificar mi sexo ante ninguno de los dos sexos”.
Antes, en una cinta de Claude Chabrol, Cuestión de mujeres, de 1988, un diálogo entre una mujer y un hombre. Ella: “No eres romántico”. Él: “Soy un hombre”. Parece que esa respuesta, si la damos hoy, ya explica muy poco; ser un hombre, ahora, no es una tarea tan simple.

Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com