Revista

Valle de tinta 5. Donde mis lágrimas fueron raíz. Miguel Isaac Zavala Flores

Foto de Eliezer Muller: https://www.pexels.com/es-es/foto/tocon-de-arbol-blanco-y-negro-en-el-bosque-34684951/

 
Donde mis lágrimas fueron raíz

Mi madre era mesera, el dueño la dejaba dormir en el lugar a cambio de acostarse con él. Nunca conocí a mi padre, tal vez por eso me golpeaban hasta que sangrara por mi boca, tal vez por eso el dueño de vez en cuando me encerraba en forma de castigo, quizá por eso mamá tenía tantas cicatrices en la espalda.
A los diez años los descubrí en mitad de su acto carnal, vi cómo las lágrimas salían de los ojos de mamá, su vergüenza y dolor, su pasión apagada y sus intentos por no romperse. Aquel hombre me gritó que me largara, cansado de sangrar, decidí seguir su orden y al día siguiente me fui de aquel bar.
Le pedí a mamá que viniera conmigo, que juntos viviríamos mejor. Sólo respondió que me dejara de tonterías y volviera al cuarto. Le prometí que le compraría una casa, que cuando volviera le daría las flores más hermosas del mundo. Ella me miró con una sonrisa y un par de lágrimas, esta vez eran de amor.
—Vuelve antes de las diez —dijo.
Me metí entre los matorrales y comencé a deambular, sin rumbo, sin golpes, sin miedo. Pasaron los días y las noches, mi cuerpo acostumbrado a la inanición comenzó a tener hambre, agotado me rendí ante el camino y caí de rodillas, de entre la tierra brotaron gusanos y, sin pensarlo, me los comí. Dicen que las madres deben dar alimento a sus hijos y yo, al ver el regalo que me brindaba, comencé a llamarla mamá Tierra.
Ella me dio insectos para mi hambre, ríos para mi sed, camino para mis pasos. Mamá Tierra cuidó bien de mí. Tenía diez años.
En algún punto del tiempo llegué a un pequeño pueblo de sembradores. Ellos, al ver mi condición, decidieron adoptarme en su comuna. Me alimentaban con raíces, maíz y tomates, a cambio yo les ayudaba a las labores del campo. Sol a sol araba, sembraba, regaba, cuidaba y cosechaba. Luna a luna soñaba, a veces despierto y en otras dormido, con una casa, con un futuro, con una flor.
A mis veinte años era comerciante, los sembradores me integraron a sus viajes por los pueblos cercanos, me enseñaron a leer y a contar, a reír y a cantar. Los caminos eran largos y el sol quemaba como los infiernos. Nos recostábamos bajo los árboles y silbábamos canciones. En una ocasión cayó sobre mí una pequeña fruta, me invitaron a comerla y, al probarla, vi la vida dentro de sí, inevitablemente recordé que la madre tiene consigo a su fruto. Desde entonces la llamé Mamá Árbol, pareció agradarle pues ahora me seguía, podía verla en los robles y los abedules, en los manzanos y los limoneros.
A los treinta años me enamoré. Era una mujer bonita con muchos pretendientes y paciencia corta. Un carácter duro como las raíces y fuerte como la roca. Intenté conquistarla en múltiples ocasiones, le regalaba muestras de la cosecha y flores de la plaza. Le silbaba canciones y de vez en cuando le cantaba dos versos. Nunca conseguí que me quisiera. Sí conseguí que uno de sus pretendientes se pusiera celoso, tanto que un día me dio una paliza. Me tomó desprevenido e intentó ahogarme en un barril. El resto de la gente lo detuvo y cuando ya me sentía al borde de la muerte, la bocanada de aire se sintió como volver a la vida. La madre por el hijo da la vida. Me comí a Mamá Aire y ella la vitalidad me devolvió, desde entonces la acompaño a las flores para darles brisa, a los fuegos para darles fuerza.
Ante la falta de amor, mi vida desde entonces se centró en acumular. Acumulaba agradecimientos de los pueblerinos, insultos de los comerciantes, vegetales de mis cosechas y, lo más importante, acumulaba riquezas sin parar. Con la vida solitaria que llevaba y mi cuerpo acostumbrado a la hambruna, comencé a ahorrar en demasía. Al no caberme más dinero en los bolsillos, decidí volver. Llegué con la mujer bonita, ahora ya madre de tres hijos y de carácter triste, y le di una moneda a manera de gratitud por hacerme feliz, aunque sólo fuera de pensamiento.
Llegué con los sembradores, ahora ya ancianos retirados, y les di el dinero suficiente para que no tuvieran de qué preocuparse por el resto de su vida. Tanto había acumulado.
Por último, caminé tras las huellas borradas del pequeño niño hambriento entre los matorrales y con direcciones que apenas entendí, llegué al cementerio. Allí estaba mamá. No era mamá Tierra, mamá Árbol o mamá Viento. Era sólo mamá, mamá Llanto, mamá Cicatrices. Su epitafio estaba maltratado, así que apenas pude leerlo. Mi cuerpo se arrodilló ante la lápida y entregándole las flores más bonitas que compré, le sonreí. A media promesa yo, huérfano de una madre, también lloré cantidades enormes de lágrimas. Tantas había acumulado.

Valle de tinta es el espacio donde crecen las historias que Miguel Isaac Zavala Flores cultiva.

*Sobre el autor:

Miguel Isaac Zavala Flores

Cuentista y ensayista

Miguel Isaac Zavala Flores, nacido en el año 2003 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Es un escritor mexicano, ávido lector y amante de las letras desde chico. Fue ganador de un par de concursos literarios en su bachillerato y desde muy pequeño encontró un amor por la literatura, tan grande, que no puede parar de escribir. Hechizado por libros clásicos y contemporáneos, busca constantemente devolverle el favor a la literatura, el favor que le hizo al salvarlo. 

Nota rimada. 25. Las que calan de a deveras… las calaveras/4. Maclovio Fernández

Imagen proporcionada por el autor.

Bienvenidas las Calaveras de Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández
Cleopátrico y
desmarcado
A Marco Antonio

Fue de copioso discurso
conocido por salido
que como río crecido
desbordado fue de curso.

Famoso por su facundia
a la muerte fue burlando
y ella al irse encabronando
lo persiguió con enjundia.

Hay en marco testimonio,
de que a hablar nadie le gana
y repican las campanas
en apoyo a Marco Antonio.

Un murmullo soterrado
se escucha, sin sofocar
su eterno platicar
ni porque está sepultado.


“El poeta de lo breve”
A Gil Zepeda

Ducho en el verso conciso
del poema hizo la finta
con la locución sucinta
y el enunciado preciso.

Sobrio y parco, evitó el uso
del circunloquio confuso,
y fue su escueto mensaje:
”el haikú es largometraje”.

Afecto a la sobriedad
su cajón fue a la medida:
pues pidió en despedida
¡de zapatos, la mitad!


De otros años
A Dolores Montoya

Con su ingenioso alburear
nos regaló año con año
y agigantó su tamaño
al poner a dialogar
vampiros de otro lugar
con nuestra sin par Llorona,
que si espantando es cabrona,
si me dieran a escoger,
yo, por la Mala-mujer
ofrendo cetro y corona.

Se murió Lola Montoya
y todos sus esperpentos
le hicieron un monumento,
cual gigantesca secuoya,
para celebrar su cholla
que dio comida y trabajo
a cualesquier espantajo,
que si en vida ella invocó,
ahora que se petateó…
¡el panteón es un relajo!


A todos

De todos, el más humilde,
este versificador
quiere tener el honor
de ponerles una tilde.

La muerte tiene un rasero
que es de justicia reflejo
y a todos trata parejo
haciéndoles su agujero.

Su mensaje está completo,
pues se ve en radiografía
su cartel de profecía
de muerte, en cada esqueleto.

Imagen proporcionada por el autor.
Imagen proporcionada por el autor.

Voces ensortijadas. 303. Entre mariposas y cipreses. María Gabriela López Suárez

Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez

Entre mariposas y cipreses

Alba se despidió de sus colegas del trabajo, se colocó su pequeña mochila sobre la espalda y salió del edificio. Se percató que al bajar las escaleras había sentido más pesada la mochila, le pareció que era algo raro, el peso que llevaba cuando salió de casa para su oficina era el mismo que al regreso. ¿Acaso el cúmulo de pendientes que llevaba en la mente le ocasionaba esa sensación? Siguió caminando; mientras avanzaba con rumbo a casa intentaba hallar una explicación.

Llegó a la parada del transporte colectivo, el camión que tenía la ruta cercana a casa aún no aparecía; revisó su reloj, tendría que esperar unos 10 minutos más. De nuevo volvió a sentir la pesadez en la espalda. Deseo que hubiera una parada con una banquita para sentarse. Decidió ir caminando a casa, el clima era agradable. No había calor, ni sol intenso.

El ritmo de su paso no era rápido como en otras ocasiones, el peso en la espalda persistía. Asomó a su mente que en el trayecto a casa había un pequeño parque, rara vez pasaba por ahí. Siempre solía tomar otra ruta, era como una manera de huir de ese paraíso rodeado de edificios y viviendas, mucho asfalto.

Como si estuviera atraída por un imán, Alba avanzó a paso lento rumbo al parque. No demoró en llegar.

Apenas caminó unos metros cuando percibió una atmósfera distinta, el aroma a cipreses se dejó sentir. Con la mirada hizo un breve recorrido en busca de una banca donde sentarse. La descubrió de inmediato, se acercó a ella. Se quitó la mochila. La depositó sobre la banca. Enseguida sintió el descanso de la espalda. Buscó en la mochila su bote con agua, por suerte aún tenía un poco. Bebió enseguida, saboreando cada gota.

Lejos de seguir intentando hallar una explicación por el peso de la mochila y el dolor en la espalda, Alba alzó la vista y se dejó asombrar por lo alto de los árboles. Bajó la mirada, poco a poco y la vista se posó en la corteza. Eran árboles adultos, buscó las raíces y las halló sobre la tierra, como haciendo visible su resistencia. Se quedó contemplando el paisaje sonoro del parque, no tardó en percatarse que una hermosa mariposa amarilla se había posado sobre una rama de un árbol de ciprés. La observó hasta que emprendió el vuelo: luego identificó una mariposa más pequeña en tono naranja que revoloteaba a su alrededor, le siguieron muchas más en tonos blancos. Se quedó ahí alrededor de media hora. Entre mariposas y cipreses, Alba encontró una sensación de paz que no tenía desde hace tiempo. Se alegró de poder darse ese regalo. Retomó el camino a casa, se colocó la mochila. La espalda iba agradecida, el dolor había aminorado, la mente se había despejado y el corazón de Alba iba contento y agradecido.
Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Fotografía: Maria Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, Sistema Estatal de Investigadores, la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 303. El llanto de Lilvia. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 303

Apuntes de oído/ 24

El llanto de Lilvia
Héctor Cortés Mandujano

Así es cada hombre, así lo hicieron...

“Amor en otras palabras”,
que canta Baglietto


Hace tiempo, por invitación de mi amiga Sofía Carballo, presenté Lengua Lanzadera Enhebrada, un libro de Lilvia Soto, en San Cristóbal de Las Casas.
Sus poemas, en ese libro, hacen referencia, a veces sutiles, a veces explícitas, a mitos griegos, que ella relacionaba con la dura realidad de las mujeres latinoamericanas que, aparte de trabajar sin respiro, eran-son madres, hijas, hermanas, compañeras que ejercen la sororidad, y también participantes activas en los procesos de liberación de sus pueblos; luchadoras sociales que corrían (corren) el cotidiano riesgo de ser masacradas por defender algo tan evanescente, tan inasible como la patria.
A Lilvia mi texto de presentación la emocionó. Derramó alguna lágrima y me agradeció públicamente, porque, dijo, había encontrado a un lector que la entendía a cabalidad.
Luego nos fuimos a cenar y en la charla que tuvimos ella y yo (nos acompañaban mi mujer, una amiga de Lilvia y Sofi, que hablaban de otra cosa), no sé a cuenta de qué le dije de memoria la letra de la canción “Amor en otras palabras”, escrita por A. Callaci y R. Bielsa, interpretada maravillosamente por Juan Carlos Baglietto.
La emocioné de nuevo, porque la canción de referencia habla del cuerpo que ama y del cuerpo que lucha, que es el mismo; de la mano que acaricia y de la mano que empuña un arma, que es la misma; de cómo defender a la patria es amar de otra manera… Más o menos las experiencias vistas y vividas que la habían llevado a escribir su libro.
Dice la canción: “Con estas manos de acariciarte la espalda, llevaré un fusil tal vez mañana. Con esta boca que no encuentra palabras, que te besa, llamo a gritos a mi gente, vivo a mi patria”.
Y sigue: “Con estas piernas, las de irme temprano, marcharé si es debido a la batalla, y con los ojos de mirar, apuntaré al corazón del que me ataca. Y este cuerpo, que también es nuestro cuerpo, se pudrirá en la tierra, si me matan”.
Me salté unos versos y le dije el final: “Yo, que hasta ayer dije amor; ahora, hoy, digo patria, que es como decir amor: amor en otras palabras”.
Lilvia volvió a llorar.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Valle de tinta 4. Extraño amanecer. Miguel Isaac Zavala Flores

Foto de Tuur Tisseghem: https://www.pexels.com/es-es/foto/fotografia-en-primer-plano-de-la-mano-izquierda-humana-159333/

 
Extraño amanecer
Miguel Isaac Zavala Flores

Hoy me encuentro extraño, no hablo de desconocimiento de mi ser o de cambios de las pieles a las vísceras, me refiero a una extrañeza perversa, de esas que se te quedan en la lengua sin terminar de aventarse al vacío en forma de palabra. Al despertar me di cuenta que mis ojos eran luminosos cómo bengalas, mi boca amarga como detergente, mi corazón inquieto como drogadicto. Pero no de una forma física, ni de un sentir especial, era una corazonada, un instinto primario que me gritaba mirar mi reflejo, morar mi alma, murmurar mis incendios, maullar mis perdones, mellar mis principios.
Y así fue, en el espejo encontré un "extraño", uno que no supe distinguir. Mi mente estaba tan confusa al verlo que no sabía si se refería al extraño de quererlo encontrar o al de no saber de quien se trataba. Ante tal incógnita decidí desdibujarme en letras, repartir pedazos de mí en un papel medio arrugado.
Primero fueron las ideas, caóticas e intencionadas, pobres de ellas, con un futuro tan brillante y tan alto, pero, de dueño me tienen a mí, un sombrío ser incapaz de acompañarlas por mi miedo a las alturas. Después llegó el físico, uno débil, con sobrepeso, necesitado de cariño, de deseo, de calor. Un cuerpo simple y complejo, funcionando al ritmo de las hormonas, las feromonas, de la sangre misma, pedazos de carne y de hueso bailando sin música, sin sentido.
Cuando pensé que por fin había plasmado todo de mí en el papel encontré algo nuevo, tal vez esa era la extrañeza, tal vez ese pequeño borrón medio invisible era el culpable de todo. No lo fue, más bien debía de agradecerle por volver, encontré dentro, en lo más profundo, un grito, no sé si eufórico o asustadizo, no sé si grave o agudo, no sé si existió en realidad, era un grito de vida y de muerte, un movimiento circular y linear, un eterno viaje por mi ser que unía con suma delicadeza a mi mente y a mi cuerpo.
Comenzó a abrazarme como un nido a su huevo, como una sombra. Recorrió los espacios imposibles, enlazó las conexiones inexistentes, encendió la chispa de los mil incendios y empezó a bailar, al ritmo de un tambor, al ritmo de una armónica, al ritmo de los tiempos y espacios, de los qué y los por qué. Las letras comenzaron a tomar vida, se unieron en grupo formando palabras, se intercambiaron en ideas, se vendieron en temas, incluso hicieron la guerra, el amor y un poema.
Después de días en eterna estática, la electricidad fluctuaba por lo que soy. Ese borrón de la existencia, que apenas y podía apreciar, me lloraba en salamandra, y regenerando mis últimos intentos renací.
No lo llamé alma, ni sentido, ni vida, ni siquiera le puse mi nombre. Para mí era un "extraño", uno que no supe identificar, uno que quería volver a ver.
Valle de tinta es el espacio donde crecen las historias que Miguel Isaac Zavala Flores cultiva.

*Sobre el autor:

Miguel Isaac Zavala Flores

Cuentista y ensayista

Miguel Isaac Zavala Flores, nacido en el año 2003 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Es un escritor mexicano, ávido lector y amante de las letras desde chico. Fue ganador de un par de concursos literarios en su bachillerato y desde muy pequeño encontró un amor por la literatura, tan grande, que no puede parar de escribir. Hechizado por libros clásicos y contemporáneos, busca constantemente devolverle el favor a la literatura, el favor que le hizo al salvarlo. 

Liminar 6. 18. V. Balltre

Foto de Arthur Brognoli: https://www.pexels.com/es-es/foto/cuerpo-de-agua-2260966/

Liminar

18
V. Balltre

21 de octubre del 2025
A Elia Maria

Fue mi primer cumpleaños sin ti. No conozco un mundo sin tu presencia y ahora doy otro paso en tu ausencia. Me prometiste tres años más, dijiste que diez eran muchos y no quería cumplir los 18 sin ti.
Me dijiste que estarías a los 21 cuando ya esté lista para dejarte ir y te fuiste a mis 17 cuando no conozco una vida sin ti, ahora debo afrontar la adultez sabiendo que tu mano ya no estará para saber guiarme a la independencia, para enseñarme a hacer arroz ni para poder barrer bien.
Ya no podré llegar, recostarme contigo y arrullarme con tu aroma para dormir como cuando era bebé y aún cabía en tus brazos que hoy ya ni siquiera están para un abrazo. Te extraño todos los días y te extrañé más cuando no obtuve esa llamada donde me decías que había nacido junto a las flores. Tengo 18, ya no estás para verme crecer, pero espero seguir sabiendo que me amaste más allá de los 17.
Te fuiste una mañana de abril, todo estaba en orden, la vida y el mundo seguían su curso. Para entonces, cuando supe que te habías marchado ya no había tiempo de estirarme al cielo para impedir que tu alma se elevara.
Me deshice después de negarlo y sin poder evitarlo, el mar brotó de mis ojos en una tormenta ruidosa, me habían quitado el aire de un arrebato y temblaba, no sabía si correr, si gritar, qué hacer.
No conozco un mundo donde tú no estés en él, nací con tu presencia en el hospital, con tu sonrisa, con tu mirada viéndome crecer, y no me imagino creciendo y siguiendo el curso de la vida sin tu mirada, sin tu voz, sin tu sarcasmo o elocuencias que siempre me sacaban una sonrisa.
Eras pura luz, eras esa unión de toda la familia, todos estamos aquí gracias a ti y nadie concibe un mundo sin tu presencia, me habías prometido quedarte tres años más, pero al menos, agradezco poder haber compartido tus últimos meses cuidándote, amándote, siempre sonriéndote con un “Ya vine”.
Salí de mi casa, caminando, sintiéndome flotar, sintiendo que nada era real, tomé un taxi y baje de él cortando camino por ese atajo a tu casa. Al entrar todos estaban ahí, en silencio excepto por el sonido de las lágrimas y las narices chorreantes. Para cuando entré a tu habitación, me dejaron sola contigo y te miré, estabas tan tranquila, impasible, en paz.
Lloré, lloré más, te dije “Ya vine” como solía hacer aunque no me escucharas mientras mi voz se cortaba y no concebía que ya no estabas aun cuando tu cuerpo postrado en cama comenzaba a enfriarse…

Lamento no haber podido hacer más si tuve la posibilidad, te amo, y te amaré toda la vida porque mi mundo cambió cuando ese mensaje de que ya no estabas llegó. Admiraré la mujer que recuerdo que siempre fuiste y te amaré eternamente con ese recuerdo.
Hoy, cumplo 18, y no tengo la guía de tu mirada que me enseñará a caminar por la vida, pero si la certeza de que así no sean tres o diez años, te amo cada día más, te extraño cada día más y pasare mi primer noviembre con tu foto en el altar esperando aparezcas en mis sueños, a decirme que todo estará bien.
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.

*Sobre la autora:

V. Balltre

Escritora emergente

Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente
originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las
prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda.
Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas
publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V.
Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario.
Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.

Nota rimada. 24. Las que calan de a deveras… las calaveras/3. Maclovio Fernández

Imagen proporcionada por el autor.

Bienvenidas las Calaveras de Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández
La Llupita
 A Guadalupe Moreno Corzo

Fue de cuna numerosa,
de vida muy compartida
siempre ha sido generosa
y muy justa en su medida.

Un chisme muy difundido
de mala intención reflejo
dice que aunque nació lejos
en ningún lado ha crecido.

En su vida se destaca
de rebelde y descontenta
y se la llevó la Flaca
sin perdonarle la afrenta.

Ahora está en el panteón
discutiendo con la Seca
¿por qué es chico su cajón?
y queda gran parte hueca.


El alcoholímetro andante
A Carlos Hiram Culebro Sosa

Es valiente a no dudar,
aún culebro de apellido,
pues en su afán desmedido
los vicios quiere evitar.

Quienes leen su articulado,
Invectivas y alegatos,
me parece se hacen patos
y fácil lo hacen a un lado.

Pero él es un convencido.
Su prédica es concluyente
la droga mata a la gente
y el que toma está jodido.

Resulta así que su suerte,
y destino están sellados
al haberse declarado
enemigo de la Muerte.


La Catrina versus Geña
A Eugenia Carballo

No pensó encontrar rival
la muy famosa Catrina,
de corage está que trina:
¡halló su tal para cual!

Y falló en su pretención
de llevarla al otro mundo
pues fue un fracaso rotundo
cargarla rumbo al panteón.

El pleito fue colosal
agarradas de la greña
entre la Calaca y Geña
está en suspenso el final.

Sigue en veremos la suerte
y apuestas hay a montón:
Si será Geña o la Muerte
la que acabe en el panteón.


El cómplice de la parca
A Elías Díaz Nieto (el Diablo)

Como al famoso flautista
seguido de enajenados,
sus adeptos, engañados,
le van siguiendo la pista.

Al Sumidero Cañón
van pisándole la cola,
donde, ya ahogados en bola,
los remitirá al panteón.

Su comadre, satisfecha,
(la Tilica, por supuesto)
le ha pedido deje el resto
para la siguiente fecha.

Esta historia sin final
del malvado Satanás,
lleva siempre por detrás
un epílogo infernal…

Imagen proporcionada por el autor.
Imagen proporcionada por el autor.

Nota rimada. 23. Las que calan de a deveras… las calaveras/2. Maclovio Fernández

Imagen proporcionada por el autor.

Bienvenidas las Calaveras de Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández
El pescador furtivo
A Jorge Luis Zuart Macías

Gran jugador de ajedrez
de prosapia conocida
y esperanza no perdida
repite y juega otra vez.

Va y viene de la frailesca
la tierra de sus amores
esperando que florezca
para aspirar sus olores.

Por barbas tiene experiencia
en asuntos de la vida
combinando vino y ciencia
en su prédica sabida.

Aunque a la vida se aferra
la Parca ha subido el tono
pues lo quiere como abono
bajo el suelo de su tierra.


Calavera a la mera mera
A Martha de Coss Flores

Marthita no quiere atrás
quedarse, de novelistas
escritores y cuentistas
de la Rial, ¡faltaba más!

Y se impuso como reto
decir lo que de su historia
guarda fiel en su memoria
sin admitir ningún veto.

Nos cuenta, de antepasados,
hechos reales ya difusos
para recordar los usos
que fueron acostumbrados.

Tendrá brusca interrupción
sin darle réplica alguna:
La Muerte, mala-fortuna,
se la llevará al panteón.


El cuentero mayor
A Enrique Orozco González

No comió de lengua el taco
sino que sobre el papel
ha relatado a granel
las historias de su saco.

De oficio veterinario
cambio bisturí por pluma
y ha sacado una por una
anécdotas de su diario.

De la Rial es punta lanza
que lanza de punta a punta
historias con que nos junta
a la raíz y esperanza.

La Flaca quiere escuchar
sus cuentos de viva voz
y con gigantesca hoz
la muerte le hizo llegar.


El mostro Hétor
A Héctor Cortés Mandujano

Las teclas, muy doloridas,
se han declarado en holganza
porque ninguna descansa
de golpeadas repetidas.

Escribe, cuenta y escribe.
y ¡no me lo han de creer!
que descansa con leer.
¡No sé cómo sobrevive!

Cuando abandona ese vicio
se dedica a platicar
y luego vuelve a empezar
siguiendo nuestro estropicio.

¡Basta ya!, clama la eme
mientras la u y la e
se juntan con ere y te
para que se petatié.

Imagen proporcionada por el autor.
Imagen proporcionada por el autor.

Voces ensortijadas. 302. Trocitos de emociones para conectar con el corazón. María Gabriela López Suárez

Foto de Dilara Hazıroğlu: https://www.pexels.com/es-es/foto/hilo-de-lana-de-colores-20009451/
Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

Trocitos de emociones para conectar con el corazón

Linda se encontraba muy concentrada en el tejido de una bufanda, se la había encargado Esther, una de sus sobrinas. Le mandó, a través de una fotografía, el modelo de cómo la quería. Linda quien era una experta en bordado y tejido aceptó la encomienda. Los colores favoritos de Esther eran en tonos pastel, así que había comprado estambre multicolor, con esas tonalidades y se lo había llevado a su tía.

Esa mañana había decidido tejer sentada en el sillón que tenía en su patio, además de estar en contacto con sus plantas, la luz del sol era espléndida en ese espacio y el clima era bastante favorable, ni frío ni calor.

Entre la labor del tejido, Linda recordó cómo empezó a tejer. Al principio solía ver a doña Estela, vecina de su mamá Alma, que hacía tapetes, blusas, bufandas, gorros y hasta suéteres. Linda admiraba las prendas que solía ir a mostrar doña Estela a doña Alma, en ocasiones para venta y la mayoría de veces para enseñar cómo habían quedado sus bordados. Desde ahí Linda supo que quería tejer y le dijo a su mamá. Así que en poco tiempo doña Estela se convirtió en su maestra.

Las primeras veces que Linda se equivocó tuvo que deshacer el tejido, comenzar de nuevo, eso no le resultaba nada grato. Por momentos se frustraba y quería desistir. Doña Estela la entusiasmaba para continuar, el que un tejido no saliera a la primera era parte del aprendizaje. La paciencia y el ánimo siempre tienen que estar presentes en el tejido, eran de los aprendizajes principales que adquirió Linda.

Al no tener Linda la oportunidad de cursar más estudios que la secundaria, decidió que quería tejer para que fuera su fuente de trabajo, pero además de eso, también quiso aprender a bordar. Fue su segunda pasión. Entre esos menesteres también aprendió corte y confección, así que comenzó practicando con hacer prendas para su familia y para ella. Los pedidos externos no tardaron en llegar, así fue combinando el tejido, el bordado y la costura.

Después de avanzar en la bufanda, Linda hizo una pausa en el tejido, se retiró las gafas y observó la prenda. Como si fuera la primera vez que contemplaba una pieza tejida tocó la textura, le encantó el entramado y la mezcla de los colores. Se imaginó la prenda puesta en Esther, estaba segura que le gustaría. ¿Cuántas prendas había tejido en su vida? ¿Cuántas piezas de ropa había confeccionado? No tenía idea; de lo que estaba segura era de que en cada una había puesto trocitos de emociones para conectar con el corazón de quien pedía la prenda. Linda siempre buscaba tejer, bordar o costurar con el mejor ánimo, con la ilusión de hacer una pieza nueva que alguien estrenaría y para que fuera de su completo gusto. Cada prenda era única y especial.

El timbre de la casa la hizo volver la mirada al reloj, ya casi era la una de la tarde. Era la hora de que el señor que vendía verduras le hiciera entrega de su despensa de la semana.

─¡Ya voy don José! ─se escuchó la voz de Linda.
Foto de Dilara Hazıroğlu: https://www.pexels.com/es-es/foto/hilo-de-lana-de-colores-20009451/
Foto de Dilara Hazıroğlu: https://www.pexels.com/es-es/foto/hilo-de-lana-de-colores-20009451/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, Sistema Estatal de Investigadores, la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Polvo del camino. 302. T. Monk. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 302

T. Monk
Héctor Cortés Mandujano

Thelonious Monk (1917-1982), pianista y compositor estadounidense de jazz, es uno de los nombres más conspicuos en este género. Tuvo, tiene, como casi todos los grandes, un estilo al que fue fiel desde sus inicios. Oírlo es servir a los oídos un platillo delicioso. Su rostro es uno de los mejor fotografiados, me parece, porque su expresión facial era en sí misma un tema. También tenía varias peculiaridades, entre las que se cuentan su vestuario (trajes inusuales, sombrero o gorros, lentes de sol) y su comportamiento en los varios grupos que encabezó: detener su ejecución, bailar…
No tenía las manos clásicas de un pianista (largos y delgados dedos), sino al contrario: parecían las de un trabajador manual, lo que era de algún modo. Tuvo, como afroamericano, todas las caídas usuales (droga, persecución policiaca, etcétera), pero alcanzó la gloria y el reconocimiento, antes de mandar todo al demonio.
La leyenda cuenta que tenía una enfermedad mental que fue empeorando. En una de sus últimas giras, dicen, no pronunció palabra, se refugió en un mutismo del que nadie pudo sacarlo. Dejó de hablar, dejó de tocar, sin explicaciones. Se encerró, se aisló. Murió de un derrame cerebral.

Veo Rewind & Play, un documental de 2022 dirigido por Alain Gomis, que rearma el material grabado en diciembre de 1969 para un programa de la televisión francesa, previo al concierto que dio Monk en la Salle Pleyel en ese año. Conversan –por llamarlo de alguna manera– el pianista francés de jazz Henri Renaud, quien lo invitó a París, y Monk.
Lo bueno es que vemos a Thelonious tocar las maravillas que solía componer, con sus dedos gordos, y sudando a mares (¡por Dios, que alguien le pase un pañuelo o una servilleta!). Lo horrible es la presencia de Renaud, preocupado tan solo por salir bien en pantalla y obligar a Monk a responderle lo que él suponía que debía responder. Monk lo miraba sin contestar y el otro insistía. Los silencios son largos, incómodos, muy incómodos, aunque evidentemente Monk era especialista en ellos. Calla y suda, sonríe…
En varias ocasiones, Monk pide a su contertulio que dejen la entrevista (“¿Y si nos vamos a cenar y nos olvidamos de este programa de televisión?”) y Renaud lo ignora. Está muy ocupado viéndose a cuadro, componiendo su traje, reformulando las preguntas tontas…
El documental llega a ser desagradable. Las imágenes no favorecen, casi nunca, a Monk, y sí al relamido Renaud. Pueden ser una magnífica lección de cómo no se debe hacer una entrevista, un programa de televisión: el que pregunta cuenta lo que el entrevistado no quiere contar y no acepta otra respuesta que no sea la que él ya sabe de antemano.
Aplaudo a Alain Gomis por rescatar estos fragmentos (hizo del error un acierto) donde podemos gozar del arte de Thelonious Monk, y ver lo que pasa cuando se juntan un tonto y un genio.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com