Trabajo en alturas. 6. El detective es un espejo. Roger Octavio Gómez

El detective es un espejo

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

…Usted quiere que yo, al representar a los cuatreros, diga:

el robo de caballos es malo. Pero es que eso y sin mí ya hace tiempo

que es sabido. Que los juzguen los jurados, mi asunto es sólo mostrar

cómo son ellos…

A. Chejov en «Carta a A.S. Suvórin, 1 de abril de 1890».
Presentación de Aún Corre Sangre por las Avenidas*

 
Es muy conocida la respuesta epistolar de Chejov en defensa a su cuento "Los Ladrones", que cito arriba, la cual es ya un axioma que define la postura objetiva que debe guardar la literatura respecto al mundo; contra la subjetividad de la prédica y que define, además, la postura del lector frente a la obra. Siguiendo esto y salvados los debates, la literatura sería, como la pintura, un arte que plasma partes de una realidad objetiva que en el proceso artístico dejó de ser real y que se convierte en un código que da señales que deben ser decodificadas por el espectador.  Chejov deja claro que no es papel de la literatura juzgar al mundo, sino sólo representarlo; es el lector quien completará los elementos que le hagan falta al momento de cerrar el destino de la obra en el milagro de la interpretación.

[Disculpen lo técnica que puede resultar mi entrada, culpa de Héctor Cortés: Él dijo alguna vez que a las presentaciones de sus libros suele invitar a lectores comunes y que no le gusta la intervención de expertos pues las hacen aburridas. Me sorprende que me invite a mí pues soy un “experto”**.]

Advirtiendo que ciento cuarenta y siete años después de la carta de Chéjov aún hay “movimientos” que esperan que el escritor matice las creaciones, Héctor Cortés de entrada nos dice que lo que leeremos es una verdad cruda de las partes oscuras de una ciudad que bien podría ser la nuestra. Una verdad que no hará daño pero como todas las verdades quizá pueda ser incómoda. Una verdad, sin embargo, que es dicha como una forma de amar. Me recordó a mi abuela cuando me ofrecía un purgante y con ese temor abrí la siguiente página de la obra.
Aún Corre Sangre por las Avenidas, por cierto con un título endecasílabo como varios de los de las obras de Héctor Cortés Mandujano, es una novela que puede ser catalogada como policiaca o que utiliza elementos del género para desenvolverse.  
          Los personajes: Diomedes, Marcia, Don Juan “el judicial”, Javier “El zopi” González, prostitutas, transeúntes, la ciudad misma y un personaje-narrador que está presente en la novela como una bruma. 
Por una fijación que tengo con la mitología griega, cuándo vi el nombre de Diomedes en un personaje quise buscarle una explicación mientras que el mismo personaje decía que no le gustaba su nombre para no tener que buscarle explicaciones. Diomedes, el de la mitología, es, digamos: “poco famoso”, pero estuvo presente en acontecimientos muy notorios. Así es el Diomedes de esta novela, está ahí como de casualidad en el acontecimiento principal, pero no parece querer ser el personaje principal y es que está también presente esa “bruma”, un ente que liga los acontecimientos narrados y que nos sigue como ojo vigilante por toda la novela. 
	Hace varios años, Héctor leyó un fragmento de su novela en un auditorio. Quedé impresionado con lo que escuché. Sin embargo, el fragmento era algo aislado que no daba indicios de la narración total. No me quedaba claro el tema ni el porqué del título, nada. Busqué la novela y estaba agotada. Por años me quedé con la imagen de lo que había escuchado hasta que por fin, gracias a un préstamo del mismo autor, la leí completa. Aún Corre Sangre por las Avenidas es un artefacto literario muy bien trabajado, formado por engranes que no pueden ser cabalmente comprendidos hasta que operan como un todo. Da voz a taxistas, prostitutas; da forma a hombres y mujeres decadentes, a ciudadanos, a gente de las clases altas, “buenas familias” y clases bajas; a una ciudad con todo y sus rincones oscuros; y da forma a una imagen más profunda que se aclara en el lector conforme la turbulencia de la lectura calma la superficie. 
	Hay novelas policiacas que trascendieron el género por una vuelta de tuerca hábil de su autor. El Túnel, por ejemplo, de Ernesto Sabato, nos da de entrada el nombre del asesino y ese detalle marca la genialidad de la obra. En Aún Corre Sangre por las Avenidas uno puede preguntarse: ¿Pero, quién es el detective en esta novela? Ahí está la vuelta de tuerca de Héctor Cortés: el detective es un espejo. ¿Y el criminal?: El que se refleja en ella. ¡Diablos, carajos!, decía mi abuelo cuando quería llorar pero su estoicismo no lo dejaba. Y esa imagen turbulenta que se aclara, es la verdad incómoda que nos advertía el autor justo antes de entrar en la novela. 
	Juventino Sánchez Vera, diseñador de la edición tercera (de 2017) de Aún Corre Sangre… parece haber notado este juego de Héctor y colocó en la portada una calavera dorada matizada con pesadillas rojas. Es el reflejo del criminal cuya fechoría fue la de cerrar los ojos ante un mundo real, ojos que son abiertos por la irrealidad de esta novela.
	Aunque la trama parece estar centrada en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (México), no es una obra local ni mucho menos provinciana, es universal. Podría ser válida y entendida en cualquier rincón del planeta. Ríos de mierda hay en todos lados, hasta en las ciudades donde dejan correr la mierda por sus entrañas para que no se vea ni se huela. 
          Decía hace rato que me parecía que esta novela podría caber en el género policiaco. Estaba seguro que podría sostener este argumento. Ya no lo estoy tanto. También es una crónica. La crónica de América Latina, de México, de Tuxtla: un mundo que se quedó degustando el flujo rojo, la excrecencia y el autoengaño.
          Aún Corre Sangre por las Avenidas ganó en 2004 el premio Rosario Castellanos, hace más de 13 años de eso… leerla hoy se siente tan actual... Estamos presentando su tercera edición pero el tema es tan fresco que estoy seguro que soportará un sinnúmero de ediciones más.
	[Permítanme en mi calidad de experto  agregar algo más:] El final de la obra es abierto, sí, pero lo es también el título y en total coherencia. Aún, aún, aún, eterno aún que no cierra como una herida que sangra y corre por avenidas citadinas donde transitamos con los ojos cerrados. 
	Hectorito, Hectorito, dime: ¿Cuál es la ciudad más bella del mundo?

Roger Octavio Gómez Espinosa, abril de 2017.


[*Texto leído en 2017 durante la presentación de la edición 3 a cargo de Editorial Tifón.

**Al final de la lectura se aclaró que Roger Octavio Gómez es "experto" pero en temas de administración de proyectos y telecomunicaciones, la literatura es una cuestión de su alter ego.]
Fotografía de la portada de Aún corre sangre por las avenidas, edición 3

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