Revista

Voces ensortijadas 188. De todo un poco. María Gabriela López Suárez

                         Voces ensortijadas
                           De todo un poco
                     María Gabriela López Suárez

Josefa estaba exhausta, situaciones personales le tenían con el ánimo bajito, el corazón sensible y una especie de cansancio. Se sentía lacia, lacia. Aprovechando que era fin de semana le propuso a su esposo Leonel que fueran a visitar a unas amistades que vivían en el campo, bastante retirado de la ciudad. El estar en contacto con la naturaleza le vendría muy bien a ambos. Leonel aceptó  la idea y se pusieron en contacto con Marlene y su pareja, Rosaura. Ellas aceptaron de mil amores que las llegaran a visitar.
         A Marlene y Josefa les gustaba cocinar pastel de zanahoria, así que Josefa también hizo llegar la idea y su amiga estuvo de acuerdo. Josefa conocía que sus amistades eran muy buenas anfitrionas, sin embargo, Leonel y ella siempre que las visitaban solían llevarles algo para compartir. Esa vez no sería la excepción. Decidieron comprar café, chocolate y queso crema que era el favorito de Rosaura.
          Se levantaron tempranito para viajar antes de que el sol comenzara a salir con todo su esplendor, acordaron que un tramo manejaría Leonel y el otro Josefa. Así lo hicieron y llegaron a buena hora, justo para el desayuno. Las amigas se alegraron mucho de tenerlos en casa, desayunaron y degustaron el café que habían recibido de obsequio. Posteriormente, les mostraron los cambios que habían hecho en la vivienda, el huerto que tenía más verduras, de ahí usarían las zanahorias para el pastel y lo nuevo que habían agregado, un corral con patos, gansos y gallinas.
           Luego de una amena charla entre las amistades, las visitas se fueron a instalar al cuarto que les prepararon; mientras Leonel tomaba un descanso Josefa decidió regresar al corral donde estaban las aves de traspatio. Se sentó sobre una piedra frente al corral. Se dejó acariciar por el viento que corría, la sombra de los árboles era muy buena compañera. Observó a cada ave, de las gallinas le gustó lo intrépidas de subirse a las ramas de los árboles, la manera tan sutil de beber agua y el color de su plumaje; de los patos quedó encantada del modo de andar, la cadencia y el ritmo sin prisa, cuando vio volar a un par de patos de un lado a otro se dio cuenta que era la primera ocasión en su vida en contemplar ese paisaje. Y de los gansos le agradó la manera en cómo acomodaban su largo cuello para enrollarse al dormir. Ahí se quedó un rato más en silencio,  contemplando a las aves. Sintió una sensación de paz interior que le confortó. Si ella fuera  un ave le encantaría tener de todo un poco de lo que le había gustado de las gallinas, patos y gansos. Sonrió para sí. A lo lejos se escuchó la voz de Marlene,
           —¡Jose, Jose!  ¿Dónde andas? ¿Vamos a cortar las zanahorias para el pastel?
          —¡El pastel! Lo había olvidado —se dijo Josefa— ¡Ya voy Marlene!
            Echó un vistazo más al corral, qué bella manera de alegrarle el corazón. Sabia naturaleza. Se levantó y dirigió sus pasos en busca de Marlene.

                        
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Librero del uroboro. 40. Bestias del sur. Ilse Ibarra Baumann

Fotografíá: IMIB

                        Bestias del sur de Ulises Soto Ruiz

Hace unos días, Liliana (la correctora de estilo de mi novela) me invitó a la presentación de Bestias del sur. 
          El libro consta de dos obras: “Casting para un hermano” que ganó el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia y “Cascajos”.
          La primera obra trata de la migración. El escenario es la frontera, el desierto, unos matorrales y la noche. Los personajes son: una niña de trece años y un niño de nueve. Este último es utilizado por sus padres como gancho para el tráfico de niños. El escritor utiliza al Cadejo (monstruo de las culturas mesoamericanas parecido a un perro) no sólo como elemento del miedo, sino que es parte del “juego” para engañar a los niños. El Cadejo, con ojos al rojo vivo, te mira el alma y te castiga.  

Hoy estuve al teléfono con Liliana casi tres horas trabajando, le comenté que ya había leído el libro y que la primera obra me pareció excelente. Los que leen y que viven aquí, en Chiapas, deberían ponerla en su lista de pendientes por leer, ojalá pudieran además leerlas en otras latitudes.  De “Cascajos” le dije que me rebasó, no la entendí. A veces siento que, los que intentamos hacer literatura, leemos variado, nos gusta enriquecer nuestras posibilidades, queremos abarcar otros estilos, nuevas técnicas, variar con los diálogos, en suma, salirnos de la norma. Es difícil y hay que intentarlo, aunque hayan veces en las que quizá podamos dañar el texto y dejarlo difuso.

Fotografíá: IMIB
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Líneas de desnudo. 116. 45 años no es nada. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 116

45 años no es nada
Por Manuel Pérez-Petit

Comentaba a mi anterior artículo, El discurso de San Crispín, el gran escritor y amigo de Sonora, México, Alaric Gutiérrez, “Mientras no quieras escarbar la tierra con los dientes, todo está bien”, y añadía en su amable respuesta a mi texto su convencimiento de que el poeta español Miguel Hernández (1910-1942) no tenía nada que envidiarle a Shakespeare (1564-1616), poetas del amor…

Para Rosa y Marcos

M. P.-P.
Pues sí, quiero escarbar la tierra… con los pocos dientes que me quedan, sometido como ando a una periodontitis que siendo un padecimiento crónico y hasta genético yo mismo me he encargado de cultivar con malos hábitos, desidia y un peculiar y secular descuido, pero esta vez lo quiero hacer como fruto de mi afecto, asombro y admiración. Un dia volveré a escribir, pues ya lo he hecho en varias ocasiones, del poeta de Orihuela y del Bardo de Avon, incluso poniéndolos en relación, pero hoy quiero escarbar la tierra con los dientes lleno de cariño y rendición hacia una de las historias de amor más luminosas e inspiradoras que he conocido en mi vida: la de Rosa y Marcos-Ricardo, con cuya amistad personal me siento honrado desde hace ya casi un quinto de siglo.
            Escribo de Rosa María Pereda de Castro (n. 1949) y de Marcos-Ricardo Barnatán Hodari (n. 1946), que sí que saben de poesía y de vida, pero en los que valoro sobre todo lo demás su entidad como personas y su historia de amor, que dio en un matrimonio que acaba de cumplir 45 años..., una efeméride que parece de otra época, en estos tiempos en que amor se acaba antes de decir ‘hola’...
            Se trata de dos de las personas más queridas del mundo cultural y artístico no solo de Madrid y de Santander, ciudades donde alternan hoy su residencia, sino de toda España, y de más allá de las fronteras españolas. No les contaré ningún secreto si les develo que su amor se lo deben nada menos que a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), pues la propia Rosa lo contó en unos de los libros, que leí en su casa de Santander en el verano de 2006. Hablo de memoria, pues hoy por hoy no tengo biblioteca ni archivos –esas cosas que siempre cultivé con pasión de relojero y de las que he sido expoliado no hace mucho, en mi último naufragio–, pero lo recuerdo con claridad por haberlo leído. Fue en Londres, en el hotel en que vivía por entonces el gran escritor cubano. Tan simple como que Marcos salía de platicar con su amigo y Rosa entraba, pues por entonces ella estaba elaborando una tesis doctoral sobre el autor de “Tres tristes tigres”, que fue a la postre la primera que se hizo sobre el escritor nacido en Gibara. En este encuentro casual comenzó a fraguarse una de las historias de amor más grandes de la historia contemporánea de la literatura en español, una que un día tendrá su lugar en los libros de texto, y sé que no es solo pasión de amigo cuando lo afirmo. 
            Se trata de una de las más grandes críticas culturales que ha dado la lengua española en los últimos cincuenta años y del más grande poeta español nacido en Argentina y uno de los más grandes escritores de su generación en todo el ámbito de la lengua de Cervantes. Rosa, hija del gran humanista cántabro Manuel Pereda de la Reguera (1919-1981), es, además, una novelista y ensayista extraordinaria, integrante de la primera Redacción del diario español El País, en donde permaneció por casi cuarenta años, y hoy, por si fuera poco, concejala del Ayuntamiento de Santander, una más de sus trincheras en su constante reivindicación de un feminismo culto y valioso por sus cuatro costados. Su vitalidad es un paradigma. Marcos es una figura incontestable, un poeta de primer orden, un narrador delicioso, un crítico de arte de primera fila, un ensayista lúcido y, además, el primero que tradujo al español a la Generación Beat, un especialista mundial en la obra de Jorge Luis Borges… Y como de casta le viene al galgo son los padres de Jimmy Barnatán (n. 1981), un extraordinario príncipe de la música que si no conocen debieran conocer.
            Por nuestra amistad más que por mis méritos yo tuve la enorme fortuna y responsabilidad de ser editor de una obra de cada uno, la novela La sombra del Gudari y el poemario Naipes Marcados, dos obras maestras publicadas en 2013 con mi viejo y pese a lo cual parece que aún vigente Sediento Ediciones. Uy, y a Marcos le debo, entre muchas otras cosas, el mejor prólogo sobre mi obra que nunca hubiera imaginado, el que me regaló para mi Creo en los milagros, nueva antología personal 1985-2009, publicada en México en 2010 y hoy, como las cosas buenas, inencontrable. Y a ambos, tantos y tan inolvidables momentos de convivencia que, como ustedes comprenderán, se siguen quedando para nosotros, pues no estoy acá para contar mis anecdotarios personales.
            Ya escribí de ellos en mi San Borondón como consuelo (https://letrasideayvoz.com/2021/11/07/lineas-de-desnudo-47-san-borondon-como-consuelo-manuel-perez-petit/), pero si en esta ocasión los traigo acá es, ya digo, es por la amistad y la admiración que les profeso. Y como reconocimiento por sus 45 años de matrimonio, hoy, 22 de agosto, cumpleaños de Rosa. ¡Qué más quisiera yo que haber tenido un matrimonio no de 45 sino de mucho menos tiempo alguna vez en la vida, con mis tres fracasos matrimoniales a cuestas, que son como el dolor de muelas de siempre que marca la voz con que me expreso! Así, pues, escribo esto también con sana envidia. Y con cuarenta y cinco brindis de felicidad.
Viernes, 11 de julio de 2014. Presentación en el centro de Arte Moderno, en Madrid, España, de Sediento Ediciones y de La sombra del gudari, de Rosa Pereda, y Naipes marcados, de Marcos-Ricardo Barnatán, sentados en la imagen a un lado y a otro de M. P.-P. En pie, Claudio Pérez Míguez, coordinador de el Centro, dando comienzo al evento.
Fuente de la fotografía: Archivo de Sediento Ediciones.
Propiedad: Centro de Arte Moderno, Madrid.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 187. A vuelo de pájaro. María Gabriela López Suárez

                         
                        Voces ensortijadas
                        A vuelo de pájaro
                   María Gabriela López Suárez

Matilde despertó temprano a pesar de ser domingo, había quedado de ir a ayudar a Pilar y  Teo, dos de sus mejores amistades, a vender suculentas en el pequeño vivero que inaugurarían ese día.  
             Revisó si llevaba todo lo que le encargaron, hizo el repaso de la lista y encontró que todo estaba en su bolsa. Tomó su celular y escribió un mensaje a Pilar:

            —¡Hola Pili y Teo! Ya voy para el vivero, llevo lo que me encomendaron. Pasaré por el puesto de jugo de naranja, ojalá que ya estén vendiendo. Los veo al rato.

            No se esperó a que Pilar le respondiera, guardó el teléfono y se dirigió al vivero. El día estaba soleado, el clima era caluroso, tal parecía que era efecto de la lluvia de la noche anterior. Pasó por un pequeño parque que estaba cerca de su casa, había diversos espejos de agua, así solía llamarles a los charcos de agua que reflejaban los paisajes. Le encantaba observarlos.

            Mientras atravesaba el parque también se percató que muchas personas estaban tomando un pequeño descanso en las bancas, había personas jóvenes, adultas, adultas mayores. Un elemento que llamó su atención era que la mayor parte de ellas estaban entretenidas con sus teléfonos celulares, como si el mundo girara en torno a esos aparatos. 

            Matilde se quedó pensando que si ella no fuera caminando estaría como esas personas, concentrada en su celular. El aleteo de una paloma hizo volver la vista a su derecha, se dio cuenta que había muchas palomas, algunas revoloteaban dando giros y luego se arremolinaban hacia una dirección. Una señora mayor les estaba dando arroz. Las demás personas parecían no darle importancia a ese paisaje.

           —¡Uff! ¿Hasta dónde llegamos a ensimismarnos con el cel? —se dijo para sí Matilde. 

          De repente recordó que había quedado de pasar por el puesto de jugos de naranja. Apresuró su paso, echó una mirada a vuelo de pájaro a donde se ponía la señora que vendía los jugos, alcanzó a verla a lo lejos. Se encaminó rápidamente allí para encargar un litro de jugo. Revisó su teléfono, Pilar le había respondido.
          —¡Hola Mati! Gracias. Ojalá que encuentres juguito de naranja. No te demores, las suculentas y nosotros te esperamos.
   
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 187. La recompensa de pelar gatos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz

                        
                       Polvo del camino/ 187

                   La recompensa de pelar gatos
                          (Minificción)
                     Héctor Cortés Mandujano

Mis zapatos viejos necesitaban cambio de suelas. Fui al zapatero y enrollado, al lado de sus pies, estaba un gato. Hice un gesto, que el hombre captó: 
         —¿No le gustan los gatos?
         —No me disgustan.
         —¿Y su gesto?
         —No me gusta el olor mezclado que hay aquí. No importa, estoy de paso. Le traje mis zapatos para que me haga el favor de cambiarles la suela.
         —Déjelos ahí. Tal vez no valga la pena decírselo, pero el destino de los seres humanos está escrito en los pelos de los gatos. Si a uno de éstos le arrancaran todos los pelos, que no sería humano ni fácil, y los lanzaran al piso, sabríamos el pasado, el presente y el futuro de la persona cuyo destino está escrito en ese gato en particular.
         —Me parece una locura. Por ejemplo, si despelucara a este gato suyo, ¿sabría todo sobre la vida de usted?
         —No me ha comprendido: que este gato sea mío, por decirlo así, no significa que en él esté mi destino. Puede estar mi destino escrito en el pelo de un gato callejero o en el elegante minino que vive en una casa de ricos o en cualquier otro.
          —¿Y cómo ha llegado a esa conclusión que, evidentemente, no tiene sustento científico?
          —El secreto me fue revelado en un sueño, de hace varios años. Le he estado dando vueltas…
          —Es, desde mi punto de vista, una revelación inútil. Podría matar un gato, hacer lo que me dice y darme cuenta que conozco la vida de un niño de Escocia, de una muchacha siria, de un señor de Mongolia. ¿Para qué me serviría, para qué le serviría a la otra persona?
           —Las revelaciones no siempre siguen la lógica de personas como usted. Están alineadas al misterio.
           —Bueno, espero que no tenga que matar a un gato para saber cuándo tendrá listos mis zapatos.
           —No, eso no, venga pasado mañana.
           Antes de irme, vi que el gato a los pies del zapatero soñador volvió  su vista hacia mí y en sus pupilas amarillas no vi nada más que el misterio inasible que siempre trasminan los ojos felinos. Salí.

Como si hubiera esperado el instante exacto para desplegar ante mí su épica de cuarta, la escena cuando llegué fue la siguiente: el zapatero ponía el cuerpo yerto del gato en una caja de cartón. Mi pregunta rezumó obviedad.
	—¿Murió?
	—Hace un momento.
	La idea fue automática:
	—¡Y si lo pelamos?
	—¿Está loco? Era mi gato, lo amaba. En esa bolsa están sus zapatos, lléveselos.
	Encima de la bolsa estaba la nota. Dejé un billete y me fui. El hombre ni volteó a verme. Cuando al día siguiente iba a ponerme los zapatos me di cuenta que no eran los míos. Fui a buscar al zapatero, de nuevo. Le dije. Estaba desinteresado de mi tema; buscó mis zapatos y los halló, ya compuestos y limpios. Me los dio. Ya me iba, cuando me detuvo para hacerme otra confidencia.
	—Tuve otra revelación en sueños…
	—¿Qué?
	—Que el destino de todos los gatos está escrito en nuestros cabellos, en los de la gente.
	Nos quedamos en silencio. Caminé a la salida.
	—Bueno, adiós.
	Mientras caminaba pensé que sus revelaciones eran absurdas y lentas. Que si eso lo escribía alguien lograría hacer una Biblia enigmática e inútil. Yo no sería uno de sus apóstoles, estaba claro. Pobre viejo loco.

Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 115. El discurso de San Crispín. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 115

El discurso de San Crispín
Por Manuel Pérez-Petit

En estos meses de condena tecnológica en que no he podido dar salida a todo aquello que se me estaba cociendo en la cabeza han pasado muchas cosas, que son las que intento ir recuperando poco a poco en este Líneas de desnudo en que, de manera literal, me va la vida…

M. P.-P.
Ando entre los rastrojos de la olla exprés que tengo por cocotera y aquello que me dicta la realidad de este momento, pues el tiempo no se detiene y todo lo acumula… Cosa curiosa el tiempo: una convención universal que en nada en absoluto es igual para nadie, pues el mismo acorde tocado por el tiempo es diferente en cada percepción. Podríamos decir: “Mira, ahí va el tiempo, quién lo alcanzara...”, y aceptar nuestro papel de espectadores de tan inusual devenir, pese a que nos afecte, y de manera tan directa y determinante. Y así nos va, en la tarea de hacer lo que se pueda, que es lo máximo que podemos hacer, y al final es lo que tenemos y qué remedio. De este modo, en tanto el tiempo pasa a su particular velocidad de crucero, ajeno a nosotros y encadenándonos a la vez, intentamos a nuestra aparente conveniencia aplicar la prisa o la calma en cada instante, tarea en la que fracasamos a menudo pero de la que también salimos en ocasiones victoriosos. Todo pasa en el tiempo, y nada puede sustraerse a esa realidad, y a veces nos preguntamos y no encontramos nada que nos libere de esta esclavitud o lo encontramos todo. Sin ir más lejos, en el arte y, más de manera concreta, en la literatura.
            Que nada es imposible lo sabemos, como no lo fue la victoria inglesa ante los franceses en la batalla de Agincourt, en el día de San Crispín, pese a que los ejércitos de éstos eran muy superiores en número a los de aquellos, en que se dio por concluida la Guerra de los cien años, según nos cuenta en el drama histórico titulado Enrique V nada menos que William Shakespeare (1564-116). En esa obra, el Bardo de Avon, sobrenombre por el que se conoce al dramaturgo isabelino, puso en boca del rey inglés un discurso que ha tenido una gran trascendencia por el alegato que supone en favor de la amistad y del valor del honor, y no solo por su interpretación por parte de grandes personalidades como Sir Lawrence Olivier –con el que arengó a los británicos en la II Guerra Mundial– o Kenneth Branagh, que en su película Henry V popularizó aún más la frase “banda de hermanos”, incluida en el discurso: “(...) Somos pocos, somos pocos felices, banda de hermanos;/ Porque el que hoy derrame su sangre conmigo,/ será mi hermano (...)”, sino que yendo más allá, e incluso del tiempo, lleva siglos anclado en la sabiduría popular. 
            Sí, en esa misma sabiduría que hoy se está perdiendo, ante la indiferencia general, hoy, que es tan difícil o tan superfluo hablar de amigos, hoy, en que con tanta comunicación la incomunicación es nuestra realidad, al punto de que apenas podemos confiar en que el tiempo, y quién lo alcanzara, ponga por fin las cosas en su sitio, entrelazándose con nosotros y apostando por el afecto, la amistad y el honor. Y porque “(...) Crispín nunca pasará/ desde este día hasta el fin del mundo (...)”, mi anhelo es, y hasta por necesidad, por ello. Y más aún con la carencia de verdaderos hermanos que tenemos.
   
Batalla de Agincourt, miniatura del siglo XV (circa 1422, de autor desconocido)
Fuente de la imagen: Biblioteca del Palacio de Lambeth, Londres, Reino Unido / Biblioteca de Arte Bridgeman. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Battle_of_Agincourt,_St._Alban%27s_Chronicle_by_Thomas_Walsingham.jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 1. La empatía, todo un reto. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 1

La empatía, todo un reto
Por Patricia Muñoz Díaz

En la actualidad, el tener diferentes ideologías y/o creencias nos ha hecho una sociedad diversificada. Cuando hemos sido educados y hemos crecido creyendo en una doctrina, religión, espiritualidad y/o con patrones de una sociedad al parecer con cierto orden en nuestros contextos y nos topamos con otro grupo de individuos que viven y creen distinto, nos rompe el esquema y nos cuesta entender que nuestra verdad, nuestra realidad, nuestra forma de llevar un orden para vivir o simplemente tener costumbres distintas, es porque no tenemos una verdad absoluta.
            Nos molesta conocer a los vecinos porque escuchan música distinta a la nuestra, o los que organizan fiestas los fines de semana, o que no van a la iglesia porque no son creyentes, o a quienes prefieren adoptar perros a tener hijos.
            ¿Por qué nos incomoda tanto que el resto del mundo sea distinto si siempre lo ha sido? ¿Por qué preferimos ser de mente cerrada en lugar de permitir que alguien más nos muestre lo maravilloso que es su universo? Cada cabeza es un mundo y no es obligación de nadie forzar a otro individuo a creer en algo. El pensar y creer diferente no nos hace malas personas. 
            Hay una cosa que son los valores universales, e independientemente del lugar en el que crecimos o fuimos educados no los enseñan en todos lados. Y para mí, uno de los más importantes es el respeto. Este valor incluye muchos otros valores como lo son la paciencia y la tolerancia, pero la empatía, es lo que hace que ese respeto se vuelva maravilloso.
            Estamos tan acostumbrados a escondernos detrás de nuestros dispositivos electrónicos, que nos parece fácil sacar nuestros miedos o frustraciones y dar puntos de vista a diestra y siniestra sin reflexionar si estamos faltando al respeto a alguien, y no hablo del clásico "me ofendes", eso es una decisión personal de quien recibe un “insulto” o “agresión verbal”, me refiero a etiquetar y juzgar a las personas sin conocerlas, el cómo reaccione otro individuo, es otra cosa.
            Entonces, volviendo a la empatía, es la habilidad de poder comprender los contextos de las demás personas. Ponernos en sus zapatos. Hay problemas que, resolverlo, para nosotros son "pan comido", y otros un verdadero "dolor de cabeza". Y la manera de enfrentarlos es distinta para cada uno de nosotros. Eso no nos hace ni más inteligentes ni más tontos. Pero cuando logramos sentir el problema o situación de alguien más, rompemos la barrera de los juicios, eso es la empatía. No quiere decir que debemos cambiar nuestra forma de pensar, solo, ponernos en el lugar de los demás. No es fácil trabajar la empatía, pero aquí les dejo algunos tips que nos podrán ayudar:
            1. Tener la intención de ser empático. Analizar o reflexionar por qué te resulta difícil ser empático con ciertas personas o circunstancias.
            2. Escuchar a las personas, darles la oportunidad de que te den su punto de vista y como te sientes al respecto.
            3. Piensa en las reacciones que tú tienes, en circunstancias similares y como reaccionas y cómo reaccionan los demás.
            4. No juzgar. No somos nadie para ello, pues la forma de creer y de pensar de cada persona se ha forjado por lo que ha vivido y como lo ha vivido.
            5. Conocerte a ti mismo. No puedes esperar conocer a alguien si no te conoces. Cuáles son tus convicciones y porqué. Te las inculcaron o realmente estás convencido de ello.
            La empatía es apoyo y comprensión, y no tienes que cambiar tu forma de pensar ni la de nadie, solo comprenderla y respetarla. 

            “LA EMPATÍA RESIDE EN LA HABILIDAD DE ESTAR PRESENTE SIN DAR UNA OPINIÓN”
Marshall Rosenberg

            “EMPATÍA, ES SER CAPAZ DE SUMERGIRSE EN EL MUNDO EMOCIONAL DEL OTRO, SIN AHOGARSE EN EL”.
Rafael Videc

            “MIRA CON LOS OJOS DE OTRO, ESCUCHA CON LOS OÍDOS DE OTRO Y SIENTE CON EL CORAZÓN DE OTRO”. 
Alfred Adler
Fotografía: Hombre que sostiene el corazón rojo en manos sobre la mesa de madera
Fuente: Banco de imágenes Canvas Pro, por Towfiqu Ahamed Barbhuiya. https://www.canva.com/photos/MAD5oXO0FlI-man-holding-red-heart-in-hands-on-wooden-table/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Librero del uroboro. 39. La caída, de Camus. Ilse Ibarra Baumann

Fotografía: Ilse Ibarra.

                        La caída, de Albert Camus 
                         Por Ilse Ibarra Baumann


                                Huyen el lento día y la noche serena
                                                    Mas nunca vuelven
                        Los tiempos que pasaron ni el amor ni la pena
                               El puente Mirabeau mira pasar el Sena...

                                                Guillaume Apollinaire 
                                              en "El puente Mirabeau"


Platicamos sobre La caída dos amigas, Paloma (mi sobrina) y yo. Les comenté que me gusta el existencialismo y nos dimos a la tarea de leer este libro filosófico. 
         La novela es un monólogo de Jean-Baptiste, cliente asiduo del bar “México City” en Amsterdam. Ya desde ahí, a las cuatro, nos encantó el nombre del bar, y seguimos leyéndolo con más gusto. El lector poco a poco se da cuenta que el personaje tiene problemas de alcohol. Cada noche espera, en el bar, a ese parroquiano (sin rostro) para contarle parte de su vida. 

La historia que cuenta ha de rondar entre los veintitantos a los cincuenta años cuando mucho. 

Jean-Baptiste era abogado en Paris, guapo, seductor y altruista. Demasiado perfecto (aunque uno no olvida el título) y narcisista. Todo se derrumba una noche cuando, al pasar por el puente Mirabeau, una chica se tira al río Sena y él no hace nada por salvarla, sólo escucha el grito y sigue caminando. Ese grito lo persigue toda la obra. Su vida cambia, pierde el trabajo, se va a los excesos: sexuales, ladrón de arte… El dolor del cuerpo físico por haber tocado fondo lo hace replantearse, y ese grito es el eco de La caída. Muere por confesarse, por ser enjuiciado. 

“no era posible morir sin haber confesado todas las mentiras. No a Dios, ni a ninguno de sus representantes en la tierra, ya puede usted imaginarse que yo estaba por encima de eso. No, se trataba de confesárselo a los hombres, a un amigo, o a una mujer amada, por ejemplo. De otro modo, aunque en toda una vida solamente hubiera una mentira oculta, la muerte la volvía definitiva. Nadie, jamás, conocería la verdad sobre ese punto, puesto que precisamente el único en saberlo se había muerto, se había dormido con su secreto. Todo ese asesinato absoluto de una verdad me daba vértigo.” 

“La gente entonces se apresuraba a juzgar para no ser ellos mismos juzgados.”

Jean-Baptiste hizo todo para ser adulado, y nada por los demás. A la chica del Sena no la salva porque no había nadie quien lo viera. 

“¡Oh muchacha! ¡Arrójate otra vez al agua para que yo disponga de una segunda oportunidad de salvarnos a ambos!”. “Una segunda oportunidad, ¿eh? ¡Qué imprudencia! Suponga, querido colega, que le tomo la palabra. Habría que pasar a los hechos. ¡Brrr…! ¡Qué fría debe estar el agua! Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde, siempre será demasiado tarde. ¡Afortunadamente!”

Existe un vínculo con el poema "El puente Mirabeau" de Guillaume Apollinaire.  


Nos vemos en el México City.
Fotografía: Ilse Ibarra.
Fotografía: Ilse Ibarra.

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Tomando café con Pat. 0. Bienvenida. Patricia Muñoz Díaz

Patricia Muñoz Díaz

                        
            

Patricia Muñoz Díaz
Patricia Muñoz Díaz




*Sobre la autora:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 114. Temblor a corazón abierto. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 114

Temblor a corazón abierto
Por Manuel Pérez-Petit

El llamado ‘Cinturón de fuego del Pacífico’ tiene forma de herradura o corazón abierto aunque no da buena suerte a los países –casi una treintena en tres continentes– y regiones de su área, los cuales son sometidos de manera continua a las tensiones provocadas por las varias capas tectónicas que lo conforman, siempre en fricción entre ellas, no solo generando una actividad sísmica continua sino la inmensa mayoría de los terremotos más catastróficos que puedan recordarse. Tiene, además, como característica principal, una actividad volcánica también permanente. Se extiende sobre unos cuarenta mil kilómetros y cuenta en su zona con 452 volcanes –tres cuartas partes del total de los existentes en el mundo–. Podría decirse, y no debería tomarse a broma, que la cuenca del océano Pacífico tiene de todo menos de pacífica y tiembla como flan y echa humo por sus venas.
            México, esta patria que amo y habito desde hace tres lustros y en la que espero si no morir un día zarpar para mi último viaje –si se me permite la licencia machadiana–, para terminar mis días, en todo caso, en América, es uno de los países a que afecta este cinturón. Y yo, que tiemblo con un temblor crónico, el cual también viaja en mí de dentro a fuera, he aprendido a diferenciar entre temblores y temblores. Mi temblor no se ha confundido nunca con ninguna sismicidad. Siempre ha sido así, salvo en la noche del pasado 10 de mayo del presente 2023. Suelo acostarme temprano y levantarme temprano. A las diez y veinte ya estaba yo, como se diría en mi pueblo, ‘más pa’llá que pa’cá’, arracimado en mis cobijas, en el clásico duermevela antesala de ese territorio a veces onírico a veces negro que es solo nuestro y en que habita todo aquello incontrolable que está en nosotros.
            Vivo en un bajo de un edificio de una sola altura, la que corresponde a mi modesto departamento. Todo estaba en orden y en silencio, lleno de paz, y yo ya tenía abandonada y perdida la consciencia cuando, de repente, ¡brrrom! Sentí como si un tren de mercancías o un rebaño de bisontes en estampida –esa imagen me llegó– hubiera pasado sobre mi techo de repente, haciéndolo crepitar todo, casi los cimientos de la tierra. Me sobresalté, encendí la luz y me puse a buscar en las noticias. 
            He vivido muchas cosas, pero nunca estuve a 250 metros exactos del epicentro de un movimiento sísmico, ubicado en plena ciudad y aunque de menor magnitud –3.0 en escala de Richter– se dio apenas a un kilómetro de profundidad, y por eso lo sentí como lo sentí, de igual modo que varios miles de personas lo percibieron y salieron a la calle, cosa que yo no hice, pues como otras veces he afirmado, morirse es lo de menos. En ese trance, eso sí, me llegaron por ensalmo los amores de mi vida, y me acordé de ti, que aun conociéndote aún no te conocía, y tú lo sabes, y todo ardió.
            Tardé varias horas en dormirme y como no fue apenas relevante nadie preguntó por el sismo al día siguiente, pese a que se sintió en casi una cuarta parte de esta vieja ciudad de los milagros enclavada en el Cinturón de fuego del Pacífico que es la Cdmx. Solo ese alguien me quedó como presencia de un tiempo que duró un instante, en el temblor que siempre he de sentir, y si alguien me pregunta le diré que de eso nadie sabe, aunque el universo sepa que para siempre tiemblo como un flan y echo humo por las venas. Así, a corazón abierto.
   
Mapa del Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico.
Fuente de la fotografía: Pacific_Ring_of_Fire.svg. Tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pacific_Ring_of_Fire-es.svg. Informe del Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2023/SSNMX_rep_esp_20230510_CuencaDeMex_M30.pdf

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.