Revista

Líneas de desnudo. 113. El alegato de Marcela. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 113

El alegato de Marcela
Por Manuel Pérez-Petit

Por diversos motivos pero sobre todo de dependencia tecnológica en los últimos tres meses se me han ido acumulando –y siempre, como siempre, en paralelo, yendo y viniendo como mareas impredecibles, macerándose por sí mismos– en la olla exprés que llevo sobre los hombros, muchos textos para este más de suyo que mío Líneas de desnudo. Debo aclarar –como otras veces, pero nunca está de más–, que no hago borradores de mis artículos y que luego empleo, justo antes de su publicación, una media de tres horas en darles cuerpo en una carilla de hoja y, a veces, poco más, a cada uno. Regreso, pues, con todo, y con la venia.

M. P.-P.
No caeré en la tentación de convertir este artículo en una especie de sumario de los que han de venir. Es mi libertad. El pasado 3 de mayo publiqué La Luz y la oscuridad, cayendo desde entonces en un silencio en que he llegado a sospechar haber sido objeto de venganza por parte de la oscuridad, y si lo leen –o releen– deducirán por qué. Tampoco aprovecharé este reencuentro para contarles tanta iluminación que, por otra parte, ha tenido lugar en este tiempo, ni tanta sombra que aun siendo menor en cantidad y dimensión me ha asaltado, pues al fin y al cabo todo ello nace como consecuencia del mismo hecho de vivir, y menos aún porque las irán conociendo al hilo de mis próximos y sucesivos artículos.
            Yo no le doy esperanzas a la oscuridad, dado que la aborrezco, aunque a veces pueda uno confundirse y pensar que hay oscuridad en lugar de Luz cuando no es cierto, como ocurre en el capítulo 14 del Quijote, en que asistimos al entierro de Crisóstomo, quien se había quitado la vida por amor a Marcela, a cuyos pies rendido se declaró obteniendo un firme rechazo por respuesta. En un entorno en que se culpa a la joven pastora de su muerte, ella aparece de improviso y dirige a los asistentes del acontecimiento luctuoso un parlamento que aunque podría glosar no lo hago por su belleza y la pertinencia en este momento de la historia de la humanidad en que la negación de la libertad campa a sus anchas:

            Yo nací libre, y para poder vivir libre             escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras, y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Crisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno de ellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en este mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino?
 
            ¿Alguien podría decirme, pues, a la vista de este texto cervantino de comienzos del siglo XVII, que, habiendo sido ambos honestos en todo caso, la supuesta oscuridad –la muerte de Crisóstomo debida al rechazo amoroso– es más fuerte que la Luz –la declaración de libertad de Marcela– o incluso como oscuridad exista?
   
La pastora Marcela, por Cecilio Pla (1860-1934), publicado el 20 de mayo de 1905 en la revista Blanco y Negro.
Fuente de la fotografía: (1905-05-20). "Figuras quijotescas. La pastora Marcela". Blanco y Negro (733). ISSN 0006-4572. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:1905-05-20,_Blanco_y_Negro,_La_pastora_Marcela,_Cecilio_Pla_(cropped).jpg?uselang=es

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Librero del uroboro. 36. La ocupación. Ilse Ibarra Baumann

La ocupación, Annie Ernaux

Resulta superfluo imaginar que la vida de otra persona se pueda repetir en uno mismo, aún cuando los hechos se parezcan. Pero, qué puedo hacer si soy así. Mi hermana diría: “es que eres Géminis”. No. No creo en eso. Sólo en el ser humano (el animal racional) y en la naturaleza (y ya es bastante). Soy de las que busca colgarse la camisa ajena, quizás porque le viene bien. Nada más por eso, porque no creo en nada más, y menos en los signos zodiacales. 

“Sin embargo, fui yo quien dejó a W. Unos meses antes, tras una relación de seis años… al no verme capaz de cambiar mi libertad, recuperada tras dieciocho años de matrimonio, por una vida en común que él deseaba fervientemente desde el principio.”

Esta cita aparece en la tercer página del libro, ¡apenas en la tercera! Cuando la leí, automáticamente dejé de hacerlo y pensé en mí. Sólo en mí. En mi vida. ¡En mi relación!  Soy egoísta y egoístamente acostada en mi cama, sola (porque me gusta estar así y los días de así… los disfruto, igual que los otros, los de compañía), veía el techo y pensaba en mí. Le daba vueltas a la cita y a mi vida sin ganas de conocer el futuro impreso del personaje y con miedo del mío. Me puse la camisa de otra. 
          Fui leyendo poco a poco (es un libro muy pequeño, pero cargado de significado personal) y noté que, más adelante, no nos parecíamos tanto, sin embargo, esta cita y otras más quedaron resonando en mí, por días. 

Mi hija dice que estoy mal, que no debería enfrascarme tanto. Como quien dice, que la vida ya da problemas como para asumirse la de los personajes. Odio decirlo pero leer no sólo me transporta sino que me da la idea y la vuelvo mía. 

Annie Ernaux es una escritora multipremiada. Si pudiera otorgarle un premio más sería uno motivado por eso que me causa: que al leerla, me vuelvo ella.
Fotografía: Ilse Ibarra.

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Polvo del camino. 185. Dulce hogar: oxímoron. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura

                        
                          Polvo del camino/ 185

                   Evocadas páginas de otro libro/ XI

                           Dulce hogar: oxímoron
                          Héctor Cortés Mandujano

                                Entre tu piel y mi piel hay un abismo insondable…

                                                                      Arturo Meza,
                                               en su canción “A merced del olvido”

Susi y yo llegamos a la fiesta. Yo estuve de lo más conversón y alegre (falsamente alegre) y ella sin decir ni pío. Cuando ya nos retirábamos –yo borracho, ella impertérrita– un amigo me dijo un tanto preocupado:
	—¿Qué le pasa a Susi?
	—Anda con problemas. Ya se le pasarán. Nada grave.

Fuimos al mar y Susi estuvo sin mostrarse, como escondida en sí misma. Jugando con las olas me sentí solo, como si ella no estuviera. Me fui a la playa de noche y me emborraché viendo la luna llena. 
        Yo supuse que Susi dormía, desentendida de mí.

En el depa ya no pude más y estallé en llanto animal, sin medida, sin pudor.
	—Susi –dije–, ¿por qué me has abandonado?
	Y aunque ya sabía, allí me resultó insoslayable que Susi tenía tiempo de no estar conmigo, aunque yo la sintiera acompañándome. 
	Susi era ya sólo una imagen que yo llevaba dentro a todas partes. 
        Susi era mi ex y yo no la olvidaba.
	Susi ya vivía con otro hombre.


[La historia se me ocurrió mientras leía Más allá de los lenguajes (Editorial Trillas, 1976), de Jacobo Grinberg Zylberbaum. No subrayé el concepto o la oración. Algo escrito por él fue el detonante. Oxímoron, en literatura, es una “figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto”. La evidente ironía del título es del maestrísimo JLB; lo dice en Borges (Editorial Destino, 2006:1422), de Adolfo Bioy Casares.]

Ilustración: Héctor Ventura
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 185. ¿Cómo curar la tristeza? María Gabriela López Suárez

                                Voces ensortijadas
                             ¿Cómo curar la tristeza?
                            María Gabriela López Suárez


El amanecer de ese sábado dibujó un paisaje frío, nublado; el cuarto de Martina era oscuro, el ventanal que tenía frente a su recámara no filtró ningún rayo de sol como solía pasar cada mañana. Ella despertó temprano, como si fuese un día laboral. Revisó el reloj, eran las seis de la mañana. Intentó conciliar el sueño, se colocó sobre el lado derecho y se cubrió la cabeza con la cobija. Su mente empezó a traer diversos pensamientos, preocupaciones, el ruido mental estaba incesante. Giró nuevamente, ahora hacia el lado izquierdo, no podía dormir. Su ánimo no había estado en el mejor momento esa semana, aún sin sueño poco le apetecía levantarse de la cama. 
            Permaneció acostada otro rato más. Los pensamientos no cesaban de llegar, ella intentó batearles uno a uno, en algunos casos lo consiguió, en otros se quedó clavada intentando hallar alguna respuesta a las dudas, o buscar una solución a las situaciones que le preocupaban tanto, al grado de generarle tristeza. 
            A lo lejos le pareció escuchar el canto de un ave, la que cada mañana solía brindarle un bello saludo con su cántico. Martina se quedó escuchando con atención, mientras estiraba el cuerpo. Al tiempo que se movía comenzó a darse cuenta que era afortunada en poder respirar y estar con vida. El canto del ave seguía haciéndose presente, como una especie de motivación. Decidió levantarse de la cama.
            Disfrutó sentir sus pies sobre el piso, caminó hacia la ventana y abrió una de las hojas, la luz era tenue. Sintió el airecillo frío, respiró profundo. Alzó la vista para buscar al ave que la deleitaba con su canto, no tardó en encontrarla. Se acomodó para seguir disfrutando el paisaje sonoro. Permaneció ahí hasta que el ave se retiró. Levantó los brazos, entrelazó sus manos para estirar bien la espalda. Bajó los brazos, giró levemente la cabeza sobre cada hombro. 
           Una pregunta se le vino a la mente, ¿cómo curar la tristeza? Esa que sentía que le invadía el corazón. El frío del piso le hizo darse cuenta que no tenía las sandalias puestas, agradeció sentir ese frío. Nuevamente respiró profundo, con conciencia. Recordó lo que solía decirle Marcelo, uno de sus mejores amigos, cuando la veía agobiada,
           —¡Martina, Martina los cambios en la vida son parte de nuestro transitar! Hay que aprender a soltar y cerrar ciclos, pero sobre todo, agradecer lo que se ha presentado en la vida, amarte y apapacharte.
           —¡Vaya que me han resonado tus mensajes Marce! Justo ahora que tanto lo necesito. Bueno,  venga ese abrazo para ti Martina— dijo para sí, mirándose frente al espejo, con el rostro sonriente y estrechando sus brazos con mucho amor. 
           Luego, para sacudir la tristeza, se puso a bailar mientras tarareaba la canción "Como tú":
           —No es necesario que enseñes a un niño a llorar, ni a una paloma la forma en que ha de volar, no lo tienen que aprender, ellos nacieron así, lo mismo que en el amor, no es necesario estudiar, nacemos con él…

                                

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Librero del uroboro. 35. Fiasco. Ilse Ibarra Baumann

Fiasco de Imre Kertész 

Cuando entré a los talleres de literatura y no sabía NADA, recuerdo que me dijeron, “ten cuidado con repetir palabras, si lo haces, debes de estar consiente de que lo estás haciendo con ese propósito”. Entonces, cuando leí al excelentísimo Imre Kertész por primera vez supe claramente a qué se referían con eso de saber repetir las palabras con un propósito literario. Me fascinó. Lo prohibido, bien usado, me resultó un espectáculo. Les comparto una cita: 

“El viejo estaba ante el secreter. Era por la mañana. (Hacia las diez). Sobre esa hora siempre solía pensar.
         Muchos problemas y preocupaciones acuciaban al viejo, o sea, tenía en qué pensar.
         Sin embargo, el viejo no pensaba en lo que debía pensar. 
         No sabemos con precisión en qué pensaba. Se le notaba que pensaba, pero no se le veían los pensamientos. Tal vez ni siquiera pensaba. Pero, claro, era por la mañana (hacia las diez) y sobre esa hora se había acostumbrado siempre a pensar. Había alcanzado tal rutina en el pensar que era capaz de aparentar pensamientos cuando ni siquiera pensaba, aunque también es posible que él mismo imaginara estar pensando.”

Esta novela inicia con un prólogo de 120 páginas. Para mí es la mejor parte. Después empieza con la novela, usa la técnica de la muñeca rusa, es decir, una historia dentro de otra. Los personajes están vacíos porque no se sabe si la novela es un sueño o parte del pensar del viejo y no de una realidad. Con pequeñas señales, el lector puede darse cuenta de que la historia transcurre durante la posguerra, en una ciudad comunista. 
          Quizá esta no es su mejor novela pero sí una donde queda patente que Imre Kertész es un gran, gran maestro del lenguaje.
Fotografía: Ilse Ibarra.

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Voces ensortijadas 184. Uno menos. María Gabriela López Suárez

                                  Voces ensortijadas
                                       Uno menos
                              María Gabriela López Suárez

El calor era intenso, Bianca estaba con el pendiente de pasar a comprar algunos ingredientes que requería para los arreglos que le habían encargado para decorar unas mesas, el motivo era una fiesta de cumpleaños. Por fortuna la tienda de productos estaba cerca de su casa. Solo tenía que caminar alrededor de 10 minutos y ya estaba ahí. Decidió que iría por la tarde, alrededor de las 5,30 pm, de tal forma que el calor hubiera apaciguado un poco. 
           Revisó la lista de materiales que necesitaba para que no se le escapara algo, tenía la intención de trabajar un rato de la tarde para avanzar y terminar al día siguiente. Se le vino a la mente la frase que le decía su tía Panchita, la práctica te ayuda a aliarte con el tiempo, vaya que era cierto. 
          Salió rumbo a la tienda, iba tan concentrada en sus asuntos que al pasar por una de sus calles preferidas, por la que solía atravesar para llegar a la tienda de productos de decoración, no se percató de un cambio. Su paso era rápido, no recordaba si la tienda cerraba a las 6 o 7 de la noche.  Cuando se dio cuenta que aún estaba abierta sintió un gran alivio y aminoró levemente el paso. Encontró lo que necesitaba y aunque se había prometido no adquirir algo que no fuera requerido, terminó comprando unas pinzas sujetapapeles de pequeño tamaño que le encantaron para decorarlas y obsequiar a algunas clientas que trabajaban en una escuela primaria. 
           De regreso a casa iba a un ritmo más tranquilo que le permitió observar el paisaje, pasó nuevamente por una de sus calles favoritas, la que tenía árboles distintos: laurel, almendros y capulín. Para su mayor sorpresa se dio cuenta que había algo distinto que antes no estaba, veía un espacio donde faltaba algo. Su mente hizo un repaso rápido,  algún árbol hacía falta, su mirada de inmediato ubicó el pequeño tronco que quedaba de lo que fuera un árbol de capulín. Una serie de preguntas se agolparon en sus pensamientos, 
         —¿Quién habrá talado el árbol? ¿Por qué lo hicieron? ¿A quién le estorbaba? 
         Ese árbol cobijaba  con su sombra,  era de los pocos que quedaban de su especie en la colonia, además su tamaño era mediano, sus ramas no invadían a los edificios cercanos. Sin dudarlo se acercó al tronco, con tristeza se dio cuenta que no tenía ni la más remota posibilidad de renacer. Aprovechó que las luces de algunos autos iluminaban el área y le pareció identificar señales como una especie de plaga en el interior del pequeño tronco. ¿Habría sido eso la causa de que lo cortaran? ¿Alguien más había notado la ausencia  del árbol o acaso estarían como ella que en un primer momento lo pasó desapercibido? No tenía la respuesta, ni nadie a quién acudir para que se la diera. Lo cierto es que la noticia le causó tristeza, nostalgia, desencanto. Era notoria la ausencia del árbol de capulín, uno menos en la colonia, uno menos en la casa de todos, el planeta Tierra.
 

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 184. Vida del polvo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                        
                             Polvo del camino/ 184

                                Vida del polvo
                                 (Minificción)
                            Héctor Cortés Mandujano

Decidió escribir su biografía y en su primera línea mencionó a sus abuelos.
	“No. Ellos no son mi vida.”
	Luego puso el nombre de sus padres y se dijo a sí mismo:
	“¿Y aquella mujer, este hijo, la casa, el barrio, la ciudad, mi país?”.
	Su respuesta fue inmediata: 
        “No son yo.”
	No podía suponerse sólo la suma de todo.
	¿Qué era, entonces?
	¿Quién era?
	Quitó abuelos, padres, mujeres, hijos, casas… personas y objetos.
	Y halló un hueco.
	
        Decidió ya no escribir un libro y se lanzó a vivir el vacío, la vacuidad, la maravillosa nada de saberse nadie.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 183. Las trampas de la eternidad. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

                        
                               Polvo del camino/ 183

                            Las trampas de la eternidad
                                    (Minificción)
                              Héctor Cortés Mandujano


No sé en qué momento de mi vida (o de mis vidas) decidí hacer una pequeña trampa. Nací no sé de quiénes ni dónde y mis primeros recuerdos son de un orfanato. Pasemos por encima de todas las tonterías cotidianas (que incluían maltratos, hambre y una serie de zarandajas con las que los pobres de espíritu se entretienen llorando) y lleguemos al punto clave: la primera vez que vi a Clo.
	Ella era una muchacha, pero o no estaba antes en este establecimiento financiado por ricos o de pronto, como hacen algunas de su raza en el campo, floreció y sus ojos de cierva, sus pechos, su cintura, sus movimientos se adecuaron a mi sueño recurrente de mujer.
	Como Romeo y Julieta éramos adolescentes y como ellos, sin el baile, nos vimos en el patio, y nos citamos a la medianoche en el cuartucho de trebejos donde conocimos el amor y la pasión. Lo hicimos casi sin palabras, como si no hubiera mañanas.
	Nos hallamos 15, 20 veces donde multiplicamos las ganas y las formas de amar. Nos prometimos, con la honesta cursilería del caso, la eternidad juntos. Ella se fue un día, se supone que alguien la adoptó; yo escapé después y una vez, pasado el tiempo, me la encontré; yo ya era un borracho vagabundo, sin esperanzas, y ella estaba convertida en una gran señora. Tal vez fue ese golpe al corazón –saberla perdida, nunca mía– el que me mató la primera vez.

De nuevo en el orfanato la vi y supuse que era la mujer de mis sueños. Estuvimos juntos 15, 20 veces hasta que un día ella se fue… Yo escapé y esa noche, quién sabe cómo ni porqué, descubrí que eso ya había pasado, y que me volvería alcohólico y me la encontraría convertida en una gran señora y…
	Me morí varias veces hasta que descubrí que…
	Aquí ideé mi trampa: mover las fichas para que ella y yo viviéramos juntos siempre.

Hallé la forma y me descubrí un gran señor y fui por ella al orfanato, y la elegí como si fuera a adoptarla, pero me casé con ella. La amé con la mayor ternura que había guardado en tantas vidas sucesivas, y porque mi cuerpo no estaba para pasiones incendiarias: yo era un viejo y ella era apenas mayor de edad…
	Un día volvió a nuestra mansión y la vi fuera de sí. Pregunté a una de sus damas de compañía sobre lo que había pasado en la calle, y ella me dijo que Clo se había puesto de esa manera –blanca como papel, temblorosa, desquiciada– después de ver a un vagabundo borracho en la calle. Sonreí. Le iba a explicar que era yo mismo, en otra encarnación, cuando me anunciaron su deceso.
	Clo muerta.
	Dejó un diario donde leí sus cartas de amor al muchacho del orfanato: “Te amaré siempre –decía–, aunque tenga que vivir mi vida junto al viejo asqueroso de mi marido, al que odio con toda el alma”. 
        La vida, comprendí, es más tramposa que la peor zorra del monte.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 183. Nuestra amorosa compañera. María Gabriela López Suárez

                                  Voces ensortijadas
                              Nuestra amorosa compañera
                             María Gabriela López Suárez

El pasado 21 de julio se celebró el Día Mundial del Perro, quienes tenemos a bandita canina como integrantes de la familia sabemos que son seres agradecidos, cariñosos y que nos dejan grandes enseñanzas para la vida. Estas líneas van en memoria de La Catrina, nuestra amorosa perrita que partió hace algunas semanas.

Intento hacer memoria de cuándo fue la primera vez que te vi, no recuerdo con exactitud, sin embargo, algo que me llamó la atención fue el color de tu pelaje, un bello tono castaño y también tus ojitos color miel. Un familiar te regaló con mi papá y pasaste a formar parte de nuestra bandita peluda y  por lo tanto, de nuestra familia. 
          Te hiciste querer muy pronto, al principio eres algo huraña, me acercaba poco a ti, conforme fue pasando el tiempo me permitiste acariciarte y lo agradezco desde el corazón. 
         Vienen a mi mente los días que nos alegraste con tu presencia y compañía, fueron muchos años.  Nos acompañaste en los diversos duelos de cada integrante de la bandita peluda que partió antes que tú. Siempre cuidaste de tus cachorros, fuiste una madre muy atenta y juguetona con tus críos. Y ese amor lo extendiste a los demás integrantes de la banda peluda. Siempre estabas presente con cada uno de ellos, estoy segura que también te echan de menos.
          En los días de lluvia y truenos lejos de esconderte salías a correr bajo los árboles, ladrando a cada trueno que hacía retumbar el cielo. Regresabas a casa empapada pero con mucho ánimo. Algo que siempre te admiramos era tu energía, corriendo de un lado a otro, raras veces dormías siesta y tu sueño era muy ligero.
           En mi mente se dibuja tu rostro, tu mirada profunda y tus abrazos, esos que de pronto me dabas sin aviso previo y que recibí con amor… Veo a tus dos críos y te haces presente en cada uno de ellos. Es de noche mientras escribo estas líneas, el canto de los grillos forma parte del paisaje sonoro, como si fueran una especie de susurros, escucho los ladridos de un integrante de la banda peluda, no puedo evitar extrañar tus ladridos, inconfundibles, fuertes, mientras tus pasos ágiles se perdían en las sombras de la noche. 
          Catrina te agradecemos el cariño, tu compañía y ser nuestra amorosa compañera. Permanecerás siempre en nuestros corazones. Gracias, gracias, gracias.

 

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 182. Dulcecitos de colores. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 182
Dulcecitos de colores
María Gabriela López Suárez

Las vacaciones de verano llegaron más rápido de lo esperado, Ximena había prometido a Fernando y Maribel, su hijo e hija adolescentes que les llevaría a pueblear al terruño de sus ancestros. Los tres hicieron un buen equipo, fueron sumando esfuerzos e hicieron ahorros. Maribel y Fernando compartieron lo que habían obtenido de la venta de chicharrines que hacían cada fin de semana en la canchita de basquetbol de su colonia.
         Madrugaron y emprendieron la ruta vía terrestre. Ximena y Fernando disfrutaban los paisajes, Maribel prefería dormir. Finalmente, después de muchas curvas  y alrededor de once horas de camino llegaron a su destino. El pueblo era pequeño y pintoresco, las calles empedradas y las montañas que le rodeaban le daban una hermosa vista. Parecía un pueblo de los que se describen en los cuentos; la temporada de lluvias se hacía evidente en el tono verde de los árboles que formaban parte del paisaje. 
         Mientras llegaban al hostal donde se hospedarían Ximena hizo un recuento de cómo recordaba al pueblo cuando solía visitarlo cuando vivían ahí su abuelita y abuelito maternos. Hizo memoria  de dónde eran los lugares que más le gustaba visitar, la plaza central, el mercado del pueblo, la calle de los juegos que así le llamaba a donde vivían algunas niñas y niños que fueron sus amistades y había un lugar en particular que era de sus favoritos: La Colmena, una tienda donde encontraba una diversidad de dulces y semillas.
         Una vez instalados en su habitación se dieron un baño y se dispusieron  a salir a comer. Ximena los apresuró para que pudieran alcanzar a ver el atardecer, recordaba unas puestas de sol bellísimas desde la plaza central. Tenía la intención que Maribel y Fernando contemplaran esa vista, el tiempo fue su aliado y observaron el ocaso de esa tarde. Luego de comer fueron en busca de La Colmena, Ximena tenía la esperanza que aún existiera, en su mente asomaban vagos recuerdos de dónde era el rumbo. Fernando propuso que preguntaran y para asombro y gusto de Ximena le indicaron que la tienda aún estaba ahí. 
         La Colmena estaba a mitad de la calle de la alegría, como solía llamarla Ximena. Entraron a la tienda, Maribel y Fernando observaban el lugar, su mamá les había dado tales detalles que la sentían como un espacio conocido. Ximena sintió un cúmulo de emociones en su corazón al estar nuevamente ahí, los muebles se conservaban muy bien y los recipientes donde guardaban los dulces parecían casi intactos. Recordó el rostro de doña Toñita, la señora dueña de la tienda. De pronto su vista se posó en unos dulcecitos de colores, en tonos pastel, eran diminutos en formas cuadradas, redondas y de corazones, eran sus favoritos. No dudó en pedir una bolsita, Fernando también observó qué productos se le antojaban y Maribel siguió el ejemplo. 
         Cuando Ximena degustó los dulcecitos de colores su mente y corazón le trajeron a su niñez, se observó caminando en la calle de la alegría, dibujó una sonrisa en su rostro. Invitó a Maribel y Fernando a caminar rumbo a la plaza central, como cuando les decía a sus amistades en la infancia, para luego sentarse y disfrutar sus golosinas.
 

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.