Revista

Voces ensortijadas 187. A vuelo de pájaro. María Gabriela López Suárez

                         
                        Voces ensortijadas
                        A vuelo de pájaro
                   María Gabriela López Suárez

Matilde despertó temprano a pesar de ser domingo, había quedado de ir a ayudar a Pilar y  Teo, dos de sus mejores amistades, a vender suculentas en el pequeño vivero que inaugurarían ese día.  
             Revisó si llevaba todo lo que le encargaron, hizo el repaso de la lista y encontró que todo estaba en su bolsa. Tomó su celular y escribió un mensaje a Pilar:

            —¡Hola Pili y Teo! Ya voy para el vivero, llevo lo que me encomendaron. Pasaré por el puesto de jugo de naranja, ojalá que ya estén vendiendo. Los veo al rato.

            No se esperó a que Pilar le respondiera, guardó el teléfono y se dirigió al vivero. El día estaba soleado, el clima era caluroso, tal parecía que era efecto de la lluvia de la noche anterior. Pasó por un pequeño parque que estaba cerca de su casa, había diversos espejos de agua, así solía llamarles a los charcos de agua que reflejaban los paisajes. Le encantaba observarlos.

            Mientras atravesaba el parque también se percató que muchas personas estaban tomando un pequeño descanso en las bancas, había personas jóvenes, adultas, adultas mayores. Un elemento que llamó su atención era que la mayor parte de ellas estaban entretenidas con sus teléfonos celulares, como si el mundo girara en torno a esos aparatos. 

            Matilde se quedó pensando que si ella no fuera caminando estaría como esas personas, concentrada en su celular. El aleteo de una paloma hizo volver la vista a su derecha, se dio cuenta que había muchas palomas, algunas revoloteaban dando giros y luego se arremolinaban hacia una dirección. Una señora mayor les estaba dando arroz. Las demás personas parecían no darle importancia a ese paisaje.

           —¡Uff! ¿Hasta dónde llegamos a ensimismarnos con el cel? —se dijo para sí Matilde. 

          De repente recordó que había quedado de pasar por el puesto de jugos de naranja. Apresuró su paso, echó una mirada a vuelo de pájaro a donde se ponía la señora que vendía los jugos, alcanzó a verla a lo lejos. Se encaminó rápidamente allí para encargar un litro de jugo. Revisó su teléfono, Pilar le había respondido.
          —¡Hola Mati! Gracias. Ojalá que encuentres juguito de naranja. No te demores, las suculentas y nosotros te esperamos.
   
Photo by Ulrick Trappschuh on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 187. La recompensa de pelar gatos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz

                        
                       Polvo del camino/ 187

                   La recompensa de pelar gatos
                          (Minificción)
                     Héctor Cortés Mandujano

Mis zapatos viejos necesitaban cambio de suelas. Fui al zapatero y enrollado, al lado de sus pies, estaba un gato. Hice un gesto, que el hombre captó: 
         —¿No le gustan los gatos?
         —No me disgustan.
         —¿Y su gesto?
         —No me gusta el olor mezclado que hay aquí. No importa, estoy de paso. Le traje mis zapatos para que me haga el favor de cambiarles la suela.
         —Déjelos ahí. Tal vez no valga la pena decírselo, pero el destino de los seres humanos está escrito en los pelos de los gatos. Si a uno de éstos le arrancaran todos los pelos, que no sería humano ni fácil, y los lanzaran al piso, sabríamos el pasado, el presente y el futuro de la persona cuyo destino está escrito en ese gato en particular.
         —Me parece una locura. Por ejemplo, si despelucara a este gato suyo, ¿sabría todo sobre la vida de usted?
         —No me ha comprendido: que este gato sea mío, por decirlo así, no significa que en él esté mi destino. Puede estar mi destino escrito en el pelo de un gato callejero o en el elegante minino que vive en una casa de ricos o en cualquier otro.
          —¿Y cómo ha llegado a esa conclusión que, evidentemente, no tiene sustento científico?
          —El secreto me fue revelado en un sueño, de hace varios años. Le he estado dando vueltas…
          —Es, desde mi punto de vista, una revelación inútil. Podría matar un gato, hacer lo que me dice y darme cuenta que conozco la vida de un niño de Escocia, de una muchacha siria, de un señor de Mongolia. ¿Para qué me serviría, para qué le serviría a la otra persona?
           —Las revelaciones no siempre siguen la lógica de personas como usted. Están alineadas al misterio.
           —Bueno, espero que no tenga que matar a un gato para saber cuándo tendrá listos mis zapatos.
           —No, eso no, venga pasado mañana.
           Antes de irme, vi que el gato a los pies del zapatero soñador volvió  su vista hacia mí y en sus pupilas amarillas no vi nada más que el misterio inasible que siempre trasminan los ojos felinos. Salí.

Como si hubiera esperado el instante exacto para desplegar ante mí su épica de cuarta, la escena cuando llegué fue la siguiente: el zapatero ponía el cuerpo yerto del gato en una caja de cartón. Mi pregunta rezumó obviedad.
	—¿Murió?
	—Hace un momento.
	La idea fue automática:
	—¡Y si lo pelamos?
	—¿Está loco? Era mi gato, lo amaba. En esa bolsa están sus zapatos, lléveselos.
	Encima de la bolsa estaba la nota. Dejé un billete y me fui. El hombre ni volteó a verme. Cuando al día siguiente iba a ponerme los zapatos me di cuenta que no eran los míos. Fui a buscar al zapatero, de nuevo. Le dije. Estaba desinteresado de mi tema; buscó mis zapatos y los halló, ya compuestos y limpios. Me los dio. Ya me iba, cuando me detuvo para hacerme otra confidencia.
	—Tuve otra revelación en sueños…
	—¿Qué?
	—Que el destino de todos los gatos está escrito en nuestros cabellos, en los de la gente.
	Nos quedamos en silencio. Caminé a la salida.
	—Bueno, adiós.
	Mientras caminaba pensé que sus revelaciones eran absurdas y lentas. Que si eso lo escribía alguien lograría hacer una Biblia enigmática e inútil. Yo no sería uno de sus apóstoles, estaba claro. Pobre viejo loco.

Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 115. El discurso de San Crispín. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 115

El discurso de San Crispín
Por Manuel Pérez-Petit

En estos meses de condena tecnológica en que no he podido dar salida a todo aquello que se me estaba cociendo en la cabeza han pasado muchas cosas, que son las que intento ir recuperando poco a poco en este Líneas de desnudo en que, de manera literal, me va la vida…

M. P.-P.
Ando entre los rastrojos de la olla exprés que tengo por cocotera y aquello que me dicta la realidad de este momento, pues el tiempo no se detiene y todo lo acumula… Cosa curiosa el tiempo: una convención universal que en nada en absoluto es igual para nadie, pues el mismo acorde tocado por el tiempo es diferente en cada percepción. Podríamos decir: “Mira, ahí va el tiempo, quién lo alcanzara...”, y aceptar nuestro papel de espectadores de tan inusual devenir, pese a que nos afecte, y de manera tan directa y determinante. Y así nos va, en la tarea de hacer lo que se pueda, que es lo máximo que podemos hacer, y al final es lo que tenemos y qué remedio. De este modo, en tanto el tiempo pasa a su particular velocidad de crucero, ajeno a nosotros y encadenándonos a la vez, intentamos a nuestra aparente conveniencia aplicar la prisa o la calma en cada instante, tarea en la que fracasamos a menudo pero de la que también salimos en ocasiones victoriosos. Todo pasa en el tiempo, y nada puede sustraerse a esa realidad, y a veces nos preguntamos y no encontramos nada que nos libere de esta esclavitud o lo encontramos todo. Sin ir más lejos, en el arte y, más de manera concreta, en la literatura.
            Que nada es imposible lo sabemos, como no lo fue la victoria inglesa ante los franceses en la batalla de Agincourt, en el día de San Crispín, pese a que los ejércitos de éstos eran muy superiores en número a los de aquellos, en que se dio por concluida la Guerra de los cien años, según nos cuenta en el drama histórico titulado Enrique V nada menos que William Shakespeare (1564-116). En esa obra, el Bardo de Avon, sobrenombre por el que se conoce al dramaturgo isabelino, puso en boca del rey inglés un discurso que ha tenido una gran trascendencia por el alegato que supone en favor de la amistad y del valor del honor, y no solo por su interpretación por parte de grandes personalidades como Sir Lawrence Olivier –con el que arengó a los británicos en la II Guerra Mundial– o Kenneth Branagh, que en su película Henry V popularizó aún más la frase “banda de hermanos”, incluida en el discurso: “(...) Somos pocos, somos pocos felices, banda de hermanos;/ Porque el que hoy derrame su sangre conmigo,/ será mi hermano (...)”, sino que yendo más allá, e incluso del tiempo, lleva siglos anclado en la sabiduría popular. 
            Sí, en esa misma sabiduría que hoy se está perdiendo, ante la indiferencia general, hoy, que es tan difícil o tan superfluo hablar de amigos, hoy, en que con tanta comunicación la incomunicación es nuestra realidad, al punto de que apenas podemos confiar en que el tiempo, y quién lo alcanzara, ponga por fin las cosas en su sitio, entrelazándose con nosotros y apostando por el afecto, la amistad y el honor. Y porque “(...) Crispín nunca pasará/ desde este día hasta el fin del mundo (...)”, mi anhelo es, y hasta por necesidad, por ello. Y más aún con la carencia de verdaderos hermanos que tenemos.
   
Batalla de Agincourt, miniatura del siglo XV (circa 1422, de autor desconocido)
Fuente de la imagen: Biblioteca del Palacio de Lambeth, Londres, Reino Unido / Biblioteca de Arte Bridgeman. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Battle_of_Agincourt,_St._Alban%27s_Chronicle_by_Thomas_Walsingham.jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 1. La empatía, todo un reto. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 1

La empatía, todo un reto
Por Patricia Muñoz Díaz

En la actualidad, el tener diferentes ideologías y/o creencias nos ha hecho una sociedad diversificada. Cuando hemos sido educados y hemos crecido creyendo en una doctrina, religión, espiritualidad y/o con patrones de una sociedad al parecer con cierto orden en nuestros contextos y nos topamos con otro grupo de individuos que viven y creen distinto, nos rompe el esquema y nos cuesta entender que nuestra verdad, nuestra realidad, nuestra forma de llevar un orden para vivir o simplemente tener costumbres distintas, es porque no tenemos una verdad absoluta.
            Nos molesta conocer a los vecinos porque escuchan música distinta a la nuestra, o los que organizan fiestas los fines de semana, o que no van a la iglesia porque no son creyentes, o a quienes prefieren adoptar perros a tener hijos.
            ¿Por qué nos incomoda tanto que el resto del mundo sea distinto si siempre lo ha sido? ¿Por qué preferimos ser de mente cerrada en lugar de permitir que alguien más nos muestre lo maravilloso que es su universo? Cada cabeza es un mundo y no es obligación de nadie forzar a otro individuo a creer en algo. El pensar y creer diferente no nos hace malas personas. 
            Hay una cosa que son los valores universales, e independientemente del lugar en el que crecimos o fuimos educados no los enseñan en todos lados. Y para mí, uno de los más importantes es el respeto. Este valor incluye muchos otros valores como lo son la paciencia y la tolerancia, pero la empatía, es lo que hace que ese respeto se vuelva maravilloso.
            Estamos tan acostumbrados a escondernos detrás de nuestros dispositivos electrónicos, que nos parece fácil sacar nuestros miedos o frustraciones y dar puntos de vista a diestra y siniestra sin reflexionar si estamos faltando al respeto a alguien, y no hablo del clásico "me ofendes", eso es una decisión personal de quien recibe un “insulto” o “agresión verbal”, me refiero a etiquetar y juzgar a las personas sin conocerlas, el cómo reaccione otro individuo, es otra cosa.
            Entonces, volviendo a la empatía, es la habilidad de poder comprender los contextos de las demás personas. Ponernos en sus zapatos. Hay problemas que, resolverlo, para nosotros son "pan comido", y otros un verdadero "dolor de cabeza". Y la manera de enfrentarlos es distinta para cada uno de nosotros. Eso no nos hace ni más inteligentes ni más tontos. Pero cuando logramos sentir el problema o situación de alguien más, rompemos la barrera de los juicios, eso es la empatía. No quiere decir que debemos cambiar nuestra forma de pensar, solo, ponernos en el lugar de los demás. No es fácil trabajar la empatía, pero aquí les dejo algunos tips que nos podrán ayudar:
            1. Tener la intención de ser empático. Analizar o reflexionar por qué te resulta difícil ser empático con ciertas personas o circunstancias.
            2. Escuchar a las personas, darles la oportunidad de que te den su punto de vista y como te sientes al respecto.
            3. Piensa en las reacciones que tú tienes, en circunstancias similares y como reaccionas y cómo reaccionan los demás.
            4. No juzgar. No somos nadie para ello, pues la forma de creer y de pensar de cada persona se ha forjado por lo que ha vivido y como lo ha vivido.
            5. Conocerte a ti mismo. No puedes esperar conocer a alguien si no te conoces. Cuáles son tus convicciones y porqué. Te las inculcaron o realmente estás convencido de ello.
            La empatía es apoyo y comprensión, y no tienes que cambiar tu forma de pensar ni la de nadie, solo comprenderla y respetarla. 

            “LA EMPATÍA RESIDE EN LA HABILIDAD DE ESTAR PRESENTE SIN DAR UNA OPINIÓN”
Marshall Rosenberg

            “EMPATÍA, ES SER CAPAZ DE SUMERGIRSE EN EL MUNDO EMOCIONAL DEL OTRO, SIN AHOGARSE EN EL”.
Rafael Videc

            “MIRA CON LOS OJOS DE OTRO, ESCUCHA CON LOS OÍDOS DE OTRO Y SIENTE CON EL CORAZÓN DE OTRO”. 
Alfred Adler
Fotografía: Hombre que sostiene el corazón rojo en manos sobre la mesa de madera
Fuente: Banco de imágenes Canvas Pro, por Towfiqu Ahamed Barbhuiya. https://www.canva.com/photos/MAD5oXO0FlI-man-holding-red-heart-in-hands-on-wooden-table/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Librero del uroboro. 39. La caída, de Camus. Ilse Ibarra Baumann

Fotografía: Ilse Ibarra.

                        La caída, de Albert Camus 
                         Por Ilse Ibarra Baumann


                                Huyen el lento día y la noche serena
                                                    Mas nunca vuelven
                        Los tiempos que pasaron ni el amor ni la pena
                               El puente Mirabeau mira pasar el Sena...

                                                Guillaume Apollinaire 
                                              en "El puente Mirabeau"


Platicamos sobre La caída dos amigas, Paloma (mi sobrina) y yo. Les comenté que me gusta el existencialismo y nos dimos a la tarea de leer este libro filosófico. 
         La novela es un monólogo de Jean-Baptiste, cliente asiduo del bar “México City” en Amsterdam. Ya desde ahí, a las cuatro, nos encantó el nombre del bar, y seguimos leyéndolo con más gusto. El lector poco a poco se da cuenta que el personaje tiene problemas de alcohol. Cada noche espera, en el bar, a ese parroquiano (sin rostro) para contarle parte de su vida. 

La historia que cuenta ha de rondar entre los veintitantos a los cincuenta años cuando mucho. 

Jean-Baptiste era abogado en Paris, guapo, seductor y altruista. Demasiado perfecto (aunque uno no olvida el título) y narcisista. Todo se derrumba una noche cuando, al pasar por el puente Mirabeau, una chica se tira al río Sena y él no hace nada por salvarla, sólo escucha el grito y sigue caminando. Ese grito lo persigue toda la obra. Su vida cambia, pierde el trabajo, se va a los excesos: sexuales, ladrón de arte… El dolor del cuerpo físico por haber tocado fondo lo hace replantearse, y ese grito es el eco de La caída. Muere por confesarse, por ser enjuiciado. 

“no era posible morir sin haber confesado todas las mentiras. No a Dios, ni a ninguno de sus representantes en la tierra, ya puede usted imaginarse que yo estaba por encima de eso. No, se trataba de confesárselo a los hombres, a un amigo, o a una mujer amada, por ejemplo. De otro modo, aunque en toda una vida solamente hubiera una mentira oculta, la muerte la volvía definitiva. Nadie, jamás, conocería la verdad sobre ese punto, puesto que precisamente el único en saberlo se había muerto, se había dormido con su secreto. Todo ese asesinato absoluto de una verdad me daba vértigo.” 

“La gente entonces se apresuraba a juzgar para no ser ellos mismos juzgados.”

Jean-Baptiste hizo todo para ser adulado, y nada por los demás. A la chica del Sena no la salva porque no había nadie quien lo viera. 

“¡Oh muchacha! ¡Arrójate otra vez al agua para que yo disponga de una segunda oportunidad de salvarnos a ambos!”. “Una segunda oportunidad, ¿eh? ¡Qué imprudencia! Suponga, querido colega, que le tomo la palabra. Habría que pasar a los hechos. ¡Brrr…! ¡Qué fría debe estar el agua! Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde, siempre será demasiado tarde. ¡Afortunadamente!”

Existe un vínculo con el poema "El puente Mirabeau" de Guillaume Apollinaire.  


Nos vemos en el México City.
Fotografía: Ilse Ibarra.
Fotografía: Ilse Ibarra.

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Tomando café con Pat. 0. Bienvenida. Patricia Muñoz Díaz

Patricia Muñoz Díaz

                        
            

Patricia Muñoz Díaz
Patricia Muñoz Díaz




*Sobre la autora:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 114. Temblor a corazón abierto. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 114

Temblor a corazón abierto
Por Manuel Pérez-Petit

El llamado ‘Cinturón de fuego del Pacífico’ tiene forma de herradura o corazón abierto aunque no da buena suerte a los países –casi una treintena en tres continentes– y regiones de su área, los cuales son sometidos de manera continua a las tensiones provocadas por las varias capas tectónicas que lo conforman, siempre en fricción entre ellas, no solo generando una actividad sísmica continua sino la inmensa mayoría de los terremotos más catastróficos que puedan recordarse. Tiene, además, como característica principal, una actividad volcánica también permanente. Se extiende sobre unos cuarenta mil kilómetros y cuenta en su zona con 452 volcanes –tres cuartas partes del total de los existentes en el mundo–. Podría decirse, y no debería tomarse a broma, que la cuenca del océano Pacífico tiene de todo menos de pacífica y tiembla como flan y echa humo por sus venas.
            México, esta patria que amo y habito desde hace tres lustros y en la que espero si no morir un día zarpar para mi último viaje –si se me permite la licencia machadiana–, para terminar mis días, en todo caso, en América, es uno de los países a que afecta este cinturón. Y yo, que tiemblo con un temblor crónico, el cual también viaja en mí de dentro a fuera, he aprendido a diferenciar entre temblores y temblores. Mi temblor no se ha confundido nunca con ninguna sismicidad. Siempre ha sido así, salvo en la noche del pasado 10 de mayo del presente 2023. Suelo acostarme temprano y levantarme temprano. A las diez y veinte ya estaba yo, como se diría en mi pueblo, ‘más pa’llá que pa’cá’, arracimado en mis cobijas, en el clásico duermevela antesala de ese territorio a veces onírico a veces negro que es solo nuestro y en que habita todo aquello incontrolable que está en nosotros.
            Vivo en un bajo de un edificio de una sola altura, la que corresponde a mi modesto departamento. Todo estaba en orden y en silencio, lleno de paz, y yo ya tenía abandonada y perdida la consciencia cuando, de repente, ¡brrrom! Sentí como si un tren de mercancías o un rebaño de bisontes en estampida –esa imagen me llegó– hubiera pasado sobre mi techo de repente, haciéndolo crepitar todo, casi los cimientos de la tierra. Me sobresalté, encendí la luz y me puse a buscar en las noticias. 
            He vivido muchas cosas, pero nunca estuve a 250 metros exactos del epicentro de un movimiento sísmico, ubicado en plena ciudad y aunque de menor magnitud –3.0 en escala de Richter– se dio apenas a un kilómetro de profundidad, y por eso lo sentí como lo sentí, de igual modo que varios miles de personas lo percibieron y salieron a la calle, cosa que yo no hice, pues como otras veces he afirmado, morirse es lo de menos. En ese trance, eso sí, me llegaron por ensalmo los amores de mi vida, y me acordé de ti, que aun conociéndote aún no te conocía, y tú lo sabes, y todo ardió.
            Tardé varias horas en dormirme y como no fue apenas relevante nadie preguntó por el sismo al día siguiente, pese a que se sintió en casi una cuarta parte de esta vieja ciudad de los milagros enclavada en el Cinturón de fuego del Pacífico que es la Cdmx. Solo ese alguien me quedó como presencia de un tiempo que duró un instante, en el temblor que siempre he de sentir, y si alguien me pregunta le diré que de eso nadie sabe, aunque el universo sepa que para siempre tiemblo como un flan y echo humo por las venas. Así, a corazón abierto.
   
Mapa del Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico.
Fuente de la fotografía: Pacific_Ring_of_Fire.svg. Tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pacific_Ring_of_Fire-es.svg. Informe del Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2023/SSNMX_rep_esp_20230510_CuencaDeMex_M30.pdf

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Librero del uroboro. 37. Las palabras justas. Ilse Ibarra Baumann

                        Las palabras justas
                        Ilse Ibarra Baumann

No hay peor sensación que percibir(aún velada) soberbia en alguien, y más si es escritor. Al leer esperas ver al personaje resistir, tolerar, le permites hechos viles, despreciables y al fin, si es posible, que resuelva sus problemas, y cuando no lo logra, y sufre, es mucho mejor porque nos recuerda cuán susceptibles son ante la existencia humana. 

         No quiero leer en este diario: “Las palabras justas” (que es autobiográfico) a un personaje inteligente, porque cuando lo dice, me entra la duda y con ello la humillación hacia los demás. Y después de tanto leer su grado de inteligencia “entiendo” que igual se trata de inseguridad por no querer mostrar sus debilidades (vaya usted a saber si por su niñez o por algo que sabe y, eso sí, no lo dice). Y si lo dice es otra vez con ese toque de “inteligencia” sarcástica y velada y no un hecho. 

Mi mamá me decía dos cosas: primero que yo no hable bien de mí, que sea otro el que lo diga, el que eche las flores (si existen) de mi persona; y segundo, que los dichos están bien dichos, “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.  

Este libro tiene esa petulancia que a ratos la aleja de esa supuesta inteligencia. 
          “Yo no soy nada arrogante, pero mi inteligencia, sí”
          “Pienso que escribo fatal hasta que leo lo que escriben los demás”. Y así, hay varias citas de este tipo. Pero cuando habla de su vida diaria: hijos, muchacha, psiquiatra… puedes salvar su parte inteligente. 

En los libros hay buenos (o excelentes), regulares y malos. Me pasan dos situaciones complejas cuando estoy en los polos. Si una frase es buena: por la fuerza de su contenido y, sobre todo, por su sencillez (y creo que por su humildad que es, sin duda, pura y llana inteligencia), la leo y la re leo varias veces. El proceso de captura, para mí, es lento, por no decir lentísimo. Pero no tengo prisa. Bueno, pues eso mismo me pasa si la frase es mala. Lo sé, es paradójico, pero lo malo también debo de re leerlo. Es tan simple o tan esperado o tan petulante que dudo de haberlo entendido bien. Como si no tuviera ese significado, el real, el del libro, y yo buscara otro más... simple y emotivo. Bueno, pues así me pasó con los “aforismos” de Milena Busquets. 

Ser crítico es fácil. ¿Cómo será ser escritor?
Fotografía: Ilse Ibarra.

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Voces ensortijadas 186. Aguas frescas en verano. María Gabriela López Suárez

                          Voces ensortijadas
                       Aguas frescas en verano
                     María Gabriela López Suárez

El verano se había hecho presente y con él las vacaciones, Liliana estaba muy contenta porque podría ir de paseo a la Ciudad de México, a visitar a Flor y Rafael, su prima y primo, a quienes no veía desde antes de la pandemia por la Covid 19. Liliana había terminado el cuarto grado de primaria, Verónica y Patricio, su mamá y papá, le dijeron que sería su regalo por haber tenido buenas notas. 
         Sin embargo, Liliana no contaba con la situación económica que tenían en casa, la tiendita de abarrotes que era el sustento familiar había tenido pocas ventas en los últimos tres meses. Cuando Verónica y Patricio le dijeron que no les alcanzaban los ingresos para costear sus días de vacaciones se puso muy triste. 
         El día que le dieron la noticia estaba ayudando en la tienda, pasado el mediodía escuchó al señor que vendía pozol de cacao en su triciclo, gritaba con entusiasmo,
          —¡Aquí está el pozol! ¿Va a querer su pozol?
          Le llamó la atención el anuncio, se asomó a la puerta de entrada y se dio cuenta que el calor estaba en su apogeo, justo como para tomar algo refrescante. Vio que algunas personas se juntaban a pedir pozol. Se le vino a la mente que ella podría vender algo para tomar y de ahí reunir dinero para su viaje. Les comentó la idea a Verónica y Patricio, al principio no les llamó mucho la atención pero al ver el ánimo de Liliana se sumaron a apoyarla. Le sugirieron vender limonada, naranjada y jamaica con limón y chía. No tendrían que gastar en los productos porque normalmente los tenían. Liliana les ayudaría a prepara las aguas y también haría el anuncio. Buscó materiales reciclables, encontró una cartulina de color naranja, usó sus plumones y escribió el anuncio, acompañado de un dibujo. 
         Al día siguiente Liliana se levantó tempranito, se arregló, colocó el letrero afuera de la tienda, acomodó una mesita de madera –donde hacía sus tareas- y una silla, en espera de la clientela. Verónica estaba más nerviosa que su hija, pensando qué pasaría si la idea no tenía respuesta. Patricio le adivinó el pensamiento y comentó a ambas que habría que ser pacientes, quizá la gente no comprara mucho al inicio.
          El tiempo fue pasando y comenzó a llegar un cliente, luego una clienta, otra más y después del mediodía había vendido el agua de limonada y  jamaica con limón y chía. La naranjada había sido menos exitosa pero no se perdía, la tomarían en la comida. 
          Al quinto día de venta Liliana se puso a sumar lo que había vendido. La tía Conchi, hermana de Verónica llegó de visita, al entrar a la tienda se dio cuenta del anuncio de las aguas. Reconoció la letra de su sobrina, iba a preguntarle de qué se trataba, la encontró muy concentrada, con libreta y lápiz en mano y muchas monedas sobre la mesita. La saludó y Liliana le explicó su idea apoyada por Patricio y Verónica. 
          —Aguas frescas en verano, vaya que es muy buena idea Lili, te felicito —le dijo.

La tía Conchi además de felicitar a la niña se dio cuenta que no se había dado por vencida al saber que no podrían apoyarla económicamente para el viaje y estaba esforzándose, actividad que no solo era benéfica para sus vacaciones sino para las decisiones en la vida. Platicó con Verónica, se sumaría a apoyar con lo que faltara para cubrir los gastos del viaje. Cuando Liliana se enteró su rostro dibujó una sonrisa de oreja a oreja, agradeció con un abrazo y un beso a su tía Conchi. De inmediato les escribió un mensaje a Rafael y Flor para darles la buena nueva.

                           
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 186. Nacemos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                        
                          Polvo del camino/ 186

                             Árbol-Jaguar/ 7
                                 Nacemos
                         Héctor Cortés Mandujano

¿Qué siente el viento enfurecido cuando levanta entre sus brazos invisibles a una vaca?
          ¿Qué siente una flor cuando cae su primer pétalo caduco?
          ¿Qué siente la mujer cuando ve a un hombre que considera será el compañero de su vida?
          No creo que esas sensaciones (juguemos a la prosopopeya con el viento y la flor) sean transmisibles con palabras comunes, con el lenguaje humano.

Soy un observador y sólo puedo tomar nota de lo que veo, y mi visión está reducida o ampliada por mi ignorancia o mi conocimiento.
          Veo un jaguar hembra embarazada.
          Seguro ha sentido miedo por la presencia de extraños (en el caso de que se haya encontrado con un humano agresivo o un cazador furtivo) o porque ya no tiene tanto territorio para esconderse, para tener comida, para juntarse eróticamente con un macho.
          Pero está embarazada.
          Son incluso sus últimos días de gestación, sus últimas horas, sus últimos minutos.
          Ha sentido dolor inexplicable. Ha rugido, gañido, ¿llorado?
          ¿Qué es esto?
          Finalmente, por intuición –es su primer parto–, se acomoda y hace fuerza para expulsar lo que sea tenga en el vientre.
          El bebé, el cachorro, nace.
          Y eso significa, de nuevo, que el mundo ha vuelto a nacer, que hay esperanza, que el futuro se sigue multiplicando…
          Que tú, que yo, que los seres, el planeta, el universo, estamos vivos.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com