Revista

Librero del uroboro. 43. Mi último suspiro. Ilse Ibarra Baumann

                      Mi último suspiro

Hace unos días me aventé, así nomás, sin pensarlo mucho o bueno, más bien pensándolo mucho pero rápido; en que aquellos implantes viejos podrían arrojar células malignas en mi cuerpo. Me sometí a una cirugía para removerlos. 
        Al paso de las horas me hinché. Mi cerebro empezó a generar atrocidades surrealistas partiendo de esa hinchazón con las cuales luché un buen rato y trataba, por todos los medios posibles, de imponer la razón en mi cerebro. Salve decir que no entré a Google a ver posibles complicaciones (porque, afortunada o desafortunadamente, no veía nada). Vino mi sobrina Paloma a visitarme y, a solas, le conté sobre mis visiones. Cuando alguien no es como tú, puedes generar en aquella persona algo de… ¿Aversión, podría ser? ¿Quién puede entender a un trastornado? Otro igual. Ella es igual. Su madre (mi hermana) es práctica y nada surrealista; por suerte. Cuando aparecen ese desfile de imágenes pienso en ella, en lo que me diría al respecto gracias a su modo pragmático. No sé si pensar así sea algo monstruoso porque siempre lo he vivido. El gen que nos produce estas visiones ha saltado en zigzag y se ha introducido en mi sobrina como una larva implacable que nos hace ver más allá de lo real.

Cuando vi “Un chien andalou” de Luis Buñuel y Dalí, disfruté la posibilidad y la concreción de lo irreal. 
       En el libro biográfico, Mi último suspiro, escrito por Jean-Claude Carrière, uno de sus guionista, Buñuel habla de su vida en torno al surrealismo. 
        Debo de confesar que mientras los límites de los sueños puedan realizarse sin afectar a terceros, los disfruto. Recomiendo el libro, sin embargo, hay ciertas atisbos de pederastia que me afectan sobremanera aunque (diga) no se llevó a cabo. Acepto el libro, repruebo a Buñuel persona. Complicado. Sólo el hecho de escribirlo en su biografía me llena de asco y de coraje. Porque no creo que un pederasta diga “Soy pederasta”. Una de las obras literarias que más le gustó a Buñuel fue “Los 120 días en Sodoma” del Marqués de Sade. Yo intenté leerla y sus atrocidades sublevaron mi ética. Lo siento, no puedo evitarlo. Sé que existe el mal en el hombre pero trato de no permitir que me toque ni en una obra, prefiero no leer. 
       Buñuel vivió tratando de revolucionar su época. Se unió al surrealismo de Bretón. En varias circunstancias le pide dinero a su madre viuda, lo cual me parece, por más exitoso, un fracaso. 
Debo confesar que en este momento no estoy “tan” hinchada pero aún así mi cerebro sigue ejerciendo con insistencia sobrepasar los límites (¡espero se detenga!) y arrinconarme, intranquila, a esas imágenes ausentes de razón.
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Voces ensortijadas 192. La fiesta del barrio. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                      La fiesta del barrio
                   María Gabriela López Suárez


El sonido de los cuetes era uno de los tantos indicadores que había alguna fiesta en la ciudad. Linda no tenía idea qué festividad sería la próxima, prendió la radio como solía hacerlo todas las mañanas antes de irse a trabajar. Aunque solo alcanzaba a escuchar unos minutos le gustaba enterarse de las noticias más relevantes de una forma distinta a consultarlas a través de los medios digitales.
         Mientras desayunaba alcanzó a escuchar que estaba por celebrarse la fiesta de San Jerónimo, el patrón de uno de los barrios más cercanos a su casa. Linda tenía casi un año y medio de vivir en esa ciudad, así que todavía no se aprendía las festividades que se celebraban. Terminó de desayunar, apagó la radio y se dirigió rumbo a su trabajo, una asociación civil para la defensa del medio ambiente.
         Ese día le tocaba coordinar un taller para impartirlo a estudiantes de secundaria, el tema era Cómo preparar una composta en casa. En el receso que tuvieron alcanzó a escuchar la conversación de estudiantes que mencionaban que la fiesta en el barrio de San Jerónimo se pondría muy alegre. 
        A Linda le animó esa conversación y al terminar sus actividades se puso de acuerdo con Olga, Abenamar, Cecilio y Micaela, sus compañeras y compañeros del trabajo, para ir a cenar al barrio de San Jerónimo. Cuando llegaron a la plazuela del barrio Linda se dio cuenta que había mucho movimiento, un grupo de personas estaba organizado decorando con flores de papel crepe el kiosco frente a la iglesia, otras personas colocaban unas tiras de plástico picado que formaban vistosas hileras que se movían al compás del viento. Alrededor del kiosco ya estaban instalados los puestos de vendimias como churros, papas, chicharrines, palomitas, dulces de coco, una gran variedad de antojitos, bebidas como horchata, champurrado, atoles,  raspados y no podían faltar los juegos de tiro al blanco y futbolitos. 
        Dieron un par de vueltas alrededor de la plazuela, luego se sentaron en una banca y escucharon con atención mientras su compañera Olga les explicaba los orígenes de la fiesta del barrio. Linda trajo a la mente los recuerdos de su infancia cuando iba con su familia a la fiesta de la santa patrona de su terruño. Evocó que la fiesta se sentía con los preparativos que la gente hacía, con la algarabía que se generaba, el decorado que colocaban y el deleite de disfrutar las frutas en almíbar que solían vender.
        Estaban por decidir en qué puesto cenarían cuando se escuchó música a lo lejos, era una comparsa que se acercaba para danzar frente a la iglesia. Mientras Abenamar y Micaela iban a apartar lugar en la cenaduría, Olga, Linda y Cecilio fueron a ver la comparsa. Al observar la alegría de quienes danzaban Linda pensó para sí, —La fiesta del barrio permanece, que así sea con las nuevas generaciones que forman parte de cada terruño—.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 192. Dormir con extraños. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                        
                        Polvo del camino/ 192
                         Dormir con extraños
                        (Minificción teatral)
                        Héctor Cortés Mandujano

Toco a la vieja puerta de madera del hostal. Una anciana, con un candelabro de luz temblorosa en la mano derecha, me abre.

—¿Diga?
	—Perdone, me dijeron que aquí rentaban cuartos para pasar la noche.
	—¿Viene solo?
	—Sí.
	—¿Cuántas noches va a quedarse?
	—Sólo la de hoy.
	—¿Quiere cenar?
	—No, sólo quiero dormir, estoy muy cansado.
	—Hubo un corto, creo. No hay luz en la casa.
	—No importa. Lléveme al cuarto y me quedaré dormido en un instante.
	—Me tiene que pagar antes.

***

—Esa es su cama. Que descanse. Si viene otro viajero le daré la otra cama. Ruegue porque no, pues voy a despertarlo.

Huele a humedad. Con la vieja se fue la luz. Cierro los ojos. Duermo. Pausa. Se abre la puerta y oigo a la vieja decir.
	
—Esa es la cama. Hay un joven en la otra, procure no hacer mucho ruido.

El hombre se acuesta. Ronca casi de inmediato. Me arrullan sus ronquidos. Duermo. Pausa. Me despierta el grito salvaje en la oscuridad.
	
—¡Perro, voy a matarte! ¡Te odio, voy a clavarte un cuchillo en el corazón!
	—Señor, ¿le pasa algo?
	—¿Eh?
	—Digo si le pasa algo, está gritando.
	—Perdone. Fue una pesadilla.

No pasa mucho tiempo. De nuevo ronca. Duermo. De nuevo me despierta.

—¿Creías que podías escapar de mí? ¡Soy el Diablo y te voy a llevar conmigo a los infiernos!
	—¡Señor!
	—¿Ah?
	—Está gritando.
	—Discúlpeme. Tuve otra pesadilla.

***

Pausa larga. Estoy enfurecido luego de varias interrupciones a mi sueño. Con la última, exploto.

—¡Esta es la última vez, señor, que le permito que me despierte a gritos! Si tiene tantas pesadillas debió pedir un cuarto solo. Ya ni siquiera me pide disculpas, sino me maldice cuando lo despierto. No soy ni su hijo ni su sirviente para aguantar sus locuras.

El hombre se incorpora. Su gruesa respiración evidencia su enojo. Noto su movimiento, que intenta ser rápido; se siente muy agitado. Está mal de la cabeza. Saco el cuchillo de debajo de mi almohada y lo sostengo para que él se clave solo. Le hago un favor. Ya no tendrá ninguna nueva pesadilla.


Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 191. ¡Viva México! María Gabriela López Suárez

                  Voces ensortijadas
                    ¡Viva México!
              María Gabriela López Suárez

Rosario se apresuró para terminar de lavar los trastes, quería llegar temprano a casa para convivir un rato con su mamá Roberta y su hermana Asunción. Su patrona tenía cena en casa con invitados por motivo de las fiestas patrias, habían contratado servicio de banquete de platillos mexicanos. El menú era pozole rojo, verde, blanco y huaraches; a sus compañeras de trabajo en la cocina y a ella les habían dado la tarde libre y el día siguiente entrarían a trabajar a las 10 de la mañana. 
          Marlene y Martha, compañeras de Rosario la esperaron a que terminara su labor, se encaminaron unas cuadras y luego cada una se dirigió a la ruta de autobuses que solían tomar. Rosario revisó la hora, estaba muy a tiempo de llegar a casa y pasar a comprar al mercadito cercano a su domicilio. Quería preparar unos chilaquiles verdes para cenar con su familia. Para fortuna de Rosario halló todos los ingredientes que requería y gastó poco.
         Al llegar a casa encontró a su hermana y a su mamá entrajinadas bordando unas mantas, doña Sofía, una vecina que tenía una cocina económica les había encargado un pedido de 15 mantas. El motivo era que al día siguiente tendría venta especial de comida y quería estrenar decorado en las mesas. Rosario dejó en la cocina las cosas que había comprado para la cena, se lavó las manos y se sumó a bordar con ellas. 
         —¿A qué hora hay que entregar mañana las mantas que encargó doña Sofi? —preguntó Rosario.
         —Nos dijo a más tardar antes de las nueve de la mañana, ya vamos más de la mitad. Sí las terminamos hoy y hasta alcanzamos a lavarlas. Todo sea por ganarnos un dinerito —contestó doña Roberta. 
Después de un rato de bordar Rosario vio la hora, ya eran las siete de la noche.
          —Las voy a dejar un momento, prepararé la cena, hoy habrá chilaquiles verdes —señaló Rosario.
          El rostro de doña Roberta y Asunción mostraron sonrisas.
          —¡Seguro que te quedarán bien deliciosos! —dijo Asunción sin apartar la vista del bordado.
          Rosario comenzó a cocinar, se dio cuenta que no había comprado algo para beber. Revisó en el refrigerador y encontró unos limones, buscó en la alacena y halló una bolsita con chía, así que preparó limonada con chía. Al cabo de un rato sirvió la cena y llamó a su mamá y hermana a cenar.
        —¡Qué bueno que te dejaron salir temprano Charito! No solo nos ayudaste a bordar sino que nos alegraste el corazón y nos consentiste con esta cena —comentó doña Roberta. 
         Terminaron de cenar, Rosario levantó los trastes y los lavó para que al terminar de nueva cuenta ayudara en la labor pendiente. Mientras seguían bordando Asunción hizo una pausa y prendió la televisión, cada una estaba atenta en su tarea. A lo lejos Rosario escuchó, ¡Viva México! ¡Viva México!, alzó la vista un momento y dijo,
          —Ya están dando el grito, ya son las once de la noche, ya casi terminamos de bordar. Bien lo dijiste mamá, alcanzamos a lavar las mantas hoy.
         Las miradas de las tres mujeres se encontraron, con destellos de alegría. Mientras Rosario volvía su mirada al bordado resonaba en su mente la frase: ¡Viva México! Y por dentro decía, ¡Viva su gente, vivamos nosotras!
     
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 191. Árboles infinitos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                        
                        Polvo del camino/ 191

                            Árbol-Jaguar 8
                          Árboles infinitos
                       Héctor Cortés Mandujano

                                              Sobre la montaña hay un árbol:
                                                   la imagen de la evolución

                                                                    I Ching
                                                 El libro de las mutaciones

Si hacemos caso a los textos bíblicos y también a las propuestas científicas sobre la creación del mundo, los árboles existen desde antes de que existiéramos los humanos.
	Si hemos visto las proyecciones apocalípticas sobre la destrucción de la raza humana, los árboles nos sobrevivirían. 
	¿Cómo nacieron, cómo sobreviven? No necesitan más que tierra y agua.
	Los otros dos elementos pueden hacerle daño: el aire, convertido en viento, los quiebra, los troncha, los arranca; el fuego, los arrasa, los destruye. Incluso el agua, en demasía, los ahoga.
	El sol, en cambio, generoso y gratuito, los ayuda, los crece, los evoluciona.
	En la ambigüedad humana hay algunos seres que los siembran, los riegan, los cuidan, y hay otros que los tumban, los queman.
	Un árbol en sí mismo pueden hacer que nazca otro cerca, y este a su vez otro, y luego otro. A esta sucesión más o menos sincrónica de vida arbórea se le llama bosque y, más extensamente, selva. Y ambos –el bosque, la selva– pueden vivir y sobrevivir sin nuestra intervención.
	Basta, pues, con que no los dañemos. Cuidarlos es casi lo mismo que ignorarlos, no meterse con ellos, dejarlos que crezcan a sus anchas, que se llenen de bejucos, de plantas epífitas y parásitas, que hagan brotar manantiales, que permitan la vida de insectos y animales de diversos géneros. En Chile, por ejemplo, en un área protegida, ha renacido el casi extinto cóndor, ha proliferado el puma… ¿La fórmula? Alejar a los humanos.
	El árbol, el maravilloso árbol, suele multiplicarse sin ninguna ayuda y hace que nazcan bosques, selvas, y ellos, eclosión de vida, no son más que árboles infinitos… 
	


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 42. Cómo ser un estóico. Ilse Ibarra Baumann

                       Cómo ser un estóico 


Triste, como pensaba Spinoza (a quién se le refiere como el “Dios de Einstein”), rechazo (por lógica) a un Dios milagroso, y dejo a la existencia humana como experiencia sensible y parte de la naturaleza. 
          Disfruto las lecturas cuando el escritor es más consciente de ello, cuando utiliza a la razón para lograr esa sensibilidad humana; pero, ¿de dónde se sostiene? Automáticamente pienso en la filosofía. 
         Salve decir que los años me han  cambiado. En prepa (o secundaria), imagínense, no recuerdo ni en qué grado se dan estas asignaturas, bueno, pues en aquella época jamás puse atención ni a la filosofía ni a la ética. Mi comportamiento se basaba en la educación de casa (jamás de la escuela). Confieso que fui educada por dos estoicas: mi madre y mi nana (ellas no lo saben y yo apenas lo sé). Fueron raciónales y compasivas y esto las llevó (y nos llevaron —a mis hermanos y a mí—, aunque a veces no logramos ) a un pragmatismo de parábolas personales. 
         Por poner un ejemplo, Delfina, mi nana, quedó huérfana de padre a los cuatro años. Su madre los dejó en casa de su hermano y su cuñada. Se fue, me dice que a trabajar lejos (ha de ser terrible utilizar la palabra “abandono”). Cada día, esa tía postiza, le pegó. Cada día. Aún hoy no entiende porqué si ella nada más molía el maíz y acarreaba agua. Su cama era un cartón sobre dos rejas de refrescos. Y cada noche se metía entre su cuerpo un gato lleno de pulgas —Beba, Beba, estaba toda picoteada—. Y cuando decía esto, arrugaba los ojos y meneaba la cabeza. Para solucionar el problema, un día tomó al gato de las cuatro patas y lo sumergió en un tambo de agua hasta que dejó de moverse. Terrible.
         ¿Por qué un acto así podría volverla estoica? El estoicismo es un camino, no siempre inicia en una senda tersa, y quizá nunca termina por alcanzarse, pero el fin es volverse cada día una mejor persona siguiendo adelante a pesar de las equivocaciones.
         El mayor bien de un estoico son estas cuatro virtudes: sabiduría, valor, justicia y templanza. Además debe seguir a la naturaleza (es decir, poner en práctica la razón). Y entender “la cosa” a base de una dicotomía del control: o puedo solucionar este suceso o no puedo (aquí es cuando está fuera de nuestro control, y lo aceptas). 
         Es bueno leer a Massimo Pigliucci, un estoico moderno. Ojalá, se pudiera actuar en base a estos principios. Mi mamá, intuitiva y sabia, lo logró.

Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Líneas de desnudo. 119. México y yo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 119

México y yo
Por Manuel Pérez-Petit

En la noche del 15 al 16 de septiembre se conmemora el “Grito de Dolores”, llevado a cabo por el cura Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811) en 1810 en el pueblo de Dolores –hoy Dolores Hidalgo–, estado de Guanajuato, que se considera el comienzo del proceso de independencia de México, una guerra civil en realidad que concluyó once años después y de la que otro día tendremos que hablar, pues hoy quiero escribir de este México en que la vida se me me desangra en tanto la plenitud se me adueña no siendo ya responsable de lo que soy sino de mi voluntad de serlo y de la manera en que lo soy. Por ello, he desempolvado lo que escribí y leí en agosto de 2016 para la presentación de mi El año de las tormentas (ed. Librosampleados), a fin de, con leves retoques necesarios, compartirlo:

M. P.-P.
“México ha sido y es determinante en mi vida. No por ser un país más surrealista que las obras de los surrealistas –frase que se atribuye a Breton o a Dalí o a quién sabe quién, pero que existe–, no por ser la tierra de Pedro Páramo –en la que están todos muertos pese a lo cual viven para siempre– o de Julián Carrillo, el descubridor del sonido 13 –aún no descubierto por la mayoría, pero que demuestra que aquí son posibles las cosas imposibles–. Tampoco por ser la tierra en que todo tiene lugar sin medida, ni por ser la de Los olvidados de Luis Buñuel, la que inspiró a Oscar Lewis a escribir Los hijos de Sánchez, a John Steinbeck Tierra Atormentada, a Graham Greene El poder y la gloria, a Malcolm Lowry Bajo el volcán, a Luis Cernuda muchos de sus poemas y Variaciones sobre tema mexicano... 
            ≫Tampoco porque sea ininteligible, que lo es. México es inmaterial, inconcreto, un milagro pavoroso, un ente metafísico que va mucho más allá de la peculiaridad de su nombre, sus fronteras y sus gentes, siendo en realidad sus gentes muchos más que los que han nacido aquí. México es una metáfora de aristas y dimensiones incontables, un paradigma de la memoria, los recuerdos y los olvidos, los encuentros y los hallazgos, y también de los desencuentros y las contradicciones. El lugar en que no hay exceso que no tenga sentido, una sensualidad que nace de la tierra y un abanico de colores que llega al negro con el pasmo. Un mito de carne en que la muerte es en realidad un amor desmedido. México es el Edén, con todo lo que el Edén tiene de gozo y fatalismo. En México tienen categoría gastronómica los tacos de la muerte lenta. Y este es el México que llevó a Octavio Paz a decir que "La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida". 
            ≫Y si bien es cierto que los defeños tienen características propias, ninguna de ellas los diferencian del resto de los mexicanos, al fin y al cabo el D.F. –hoy CDMX, cuyo gentilicio desconozco, pero que debe ser horrible– fue creado por aluviones de gentes de todas partes que fueron capaces de construir un ente en que radica la potencia telúrica de esta ciudad, mucho más allá de su extensión y sus datos demográficos y económicos. Así, todo el México posible se hinca y nace de la tierra y hasta en la Lupe, incluso en las aristas más ateas y descreídas que puedan existir, pues la Virgen de Guadalupe es compatible con la negación de Dios, en una suerte de alquimia que hace de esta tierra, forjada en el horno del amor, del agua y de la sangre, una tierra prometida, y no solo para los mexicas... 
            ≫Por esta razón no es de extrañar que Ramón María del Valle-Inclán dijera: “En México está [también] la esencia más pura de España”. Y por eso quizá tenga sentido que yo, un español apenas adaptado pueda estar aquí, lleno de humildad y gratitud. En este México universal cuya ciudad bandera nos recibe como el mascarón de proa de la vida más potente imaginable..., no diré hoy aquí aquella frase de Francisco Villa ("¡Viva México, cabrones!"), que incorporé a mi poema “Dolor de México”, publicado de forma maravillosa por mi entrañable Federico Corral Vallejo en su Tintanueva Ediciones en 2013, y no lo haré tampoco por respeto a la patria a la que amo y que no es otra sino esta en la que vivo, la tierra en la que ando y el dolor que me habita, que es un dolor que nadie siente, como develé en ese mismo poema.
            ≫Ojalá algún día pueda yo llegar a reintegrar a México lo mucho que me ha dado y me da. Lo que aún me dará. Yo amo México, creo en los milagros, en que la vida es un continuo creer, crecer y crear. Y creo profundamente en México, que ha vivido, vive y vivirá en mí por y para siempre."
   
4 de agosto de 2016. Lectura del texto de este artículo en la presentación de El año de la tormentas (ed. Librosampleados), en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia de la Ciudad de México. El texto aquí publicado es solo una parte de la intervención del autor en ese evento, en que intervinieron en calidad de comentaristas Hugo César Moreno Hernández y Luis Bugarini, en la imagen a izquierda y derecha de M. P.-P. En la primera fila, se puede ver a la escritora Inés Récamier y a la editora Irma Martínez Hidalgo.
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 2. ¿Por qué te enojas? Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 2

¿Por qué te enojas?
Por Patricia Muñoz Díaz

Cuántas veces hemos escuchado esa voz a tu lado que te dice: “Calma, no te enojes”. Pero cuando eso sucede, ya es demasiado tarde. Sientes la sangre hervir en tu interior, así como tu cerebro a punto de estallar y por supuesto tus puños a punto de soltarle un gancho al primero que pase. ¿Es normal? ¿O es sólo el hecho de que no sabemos controlar nuestras emociones? ¿Les ha pasado que suceden cosas aparentemente graves y el jefe no se inmuta, pero a la tarde, por una tontería hace un drama digno de un “Oscar” y se desquita con quien pase a su lado?
            Pues claro, uno se levanta a comenzar el día. Arreglarse, preparar el desayuno, alistar a los chicos a la escuela, y en ese inter, pequeñas tonterías comienzan a llenar tu mente limpia y relajada. Pasan los minutos y comienzas con una sonrisa, pero el tráfico y la cara de pocos amigos del resto de los conductores no ayudan. Al fin llegas a tu oficina y comienzan a llover asuntos por resolver, los pendientes del día anterior, las cosas urgentes, las cosas importantes, las noticias, las redes sociales, los haters.
            Al fin medio se compone el día, pero tu trabajo de veinte días "godínez" te lo estropea por accidente y explotas, y para colmo llega el de vigilancia a informarte que tu auto tiene una llanta ponchada. Respiras profundo, lo resuelves y llegas a casa, hay un apagón. Llamas a vigilancia y te dicen que un adolescente chocó el poste del transformador, y de pronto, al fin te resignas a aceptar tu día. Sales de casa a buscar una válvula de escape, pero resulta que el vecino deja mal estacionado su auto, te tropiezas y al caer al suelo sólo observas al vecino que en vez de ayudar a levantarte te dice: "Le aflojaste la defensa a mi coche". 
            ¿Explotas o no explotas? Comienzas a decir estupideces, te peleas con tu vecino, le dices de todo menos "bonito" y le recuerdas a toda su ascendencia y descendencia.
            Y todavía llega la esposa con su "melodiosa voz” y dice: “No te enojes...”
            Es mejor tener ocho pequeños enojos que uno grande. Cuando uno está molesto, frustrado, enojado, no da tiempo a su cerebro para pensar. Si bien debemos practicar nuestra paciencia y tratar de mantener la calma, así como debemos llorar cuando estamos tristes, también se vale estar enojado, pero es preferible sacar nuestra frustración poco a poco a dejar que el vaso se llene y se derrame, porque puede ser mucho peor.
            La vida es la mejor escuela para practicar la paciencia, por eso estamos donde estamos, así que, les paso estas recomendaciones para relajarnos y procurar sobrellevar nuestros malos ratos de la mejor manera.
            Tip 1. Si estás molesto con alguien, debes hablarlo. No te quedes con las cosas guardadas por no querer darle importancia. A veces pensamos que son tonterías, pero el “corajito” se nos queda guardado, como un alfiler haciendo harakiri en el corazón.  Es mejor pasar el mal rato de platicarlo, que seguir llenando el “vaso”.
            Tip 2. Respira profundo y cuenta hasta diez. Si no funciona cuenta hasta veinte. Si no funciona enciérrate en el baño y respira profundo. Cuando te calmes, sales, buscas  la persona y hablan.
            Tip 3. Desahógate. A veces por no preocupar a nuestros amigos o familiares nos guardamos todo. No tenemos con quien sacar todos nuestros problemas. Nos han educado para ser fuertes y enfrentar la vida, pero también somos seres humanos y podemos flaquear. Lo malo no es caer, lo malo es no volver a levantarse, y es mejor hacerlo en compañía que solos. Si no quieres preocupar a tu familia consíguete un psicólogo o un psiquiatra. El ir a terapia no quiere decir que estás loco. Velo como un desahogo personal.
            Tip 4. Haz algo que te guste mucho. Terapia ocupacional realizando una actividad que te apasione. Algún deporte, taller de lectura o artes plásticas, un pasatiempo. Es importante tener un tiempo de entretenimiento personal. No es ir al cine con los amigos, o con tu pareja. Es tu tiempo y este espacio te ayudará a liberar tu mente y distraerte de los problemas personales que pudieras llegar a tener. Nuestro cerebro también necesita diluirse.
            Tip 5. Perdona. Perdonar no significa que seas tonto. Significa que el daño que te hayan causado no debe ser un obstáculo para que sigas con tu vida. Si puedes recuperar a esa persona hazlo, pero si no, déjalo o déjala ir, sin rencores, porque sólo te haces daño. No voy a poner ejemplos, porque hay diferentes circunstancias, estoy hablando de temas comunes, boberías, peleas tontas. Si el problema es grave, busca ayuda, no trates de hacerlo solo. 
            La vida sigue su curso, así que arriba y adelante. Si te enojas es por algo, somos humanos, no podemos evitarlo, se vale, pero si podemos ser pacientes y prudentes antes de explotar los resultados serán mejores. 

            Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Beautifully Annoyed, de Chris6
Fuente: https://www.canva.com/photos/MADFVBKcE30-beautifully-annoyed/ 

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Voces ensortijadas 190. Chicharrines, palomitas. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                     Chicharrines, palomitas
                    María Gabriela López Suárez

Ese jueves había sido algo caótico para Virginia, al menos así lo sentía ella. Desde que se levantó tarde porque su alarma no sonó y llegó casi rayando a la preparatoria, hasta el no haber llevado el desayuno que preparó la noche anterior. Había estado poco concentrada en las clases, estuvo a punto de sentir un fuerte dolor de cabeza de no ser porque Fernanda y Hugo, sus mejores amistades le habían compartido fruta y un sandwich a la hora del receso.
         Al terminar las clases se despidió de Hugo y Fernanda y se dirigió a su domicilio, por la tarde habían quedado de ir a hacer un trabajo por equipo a casa de Fernanda. Al llegar a la parada del colectivo se sentó a esperar la próxima unidad de transporte, al abrir su mochila Virginia se percató que no había llevado suficiente dinero, no le alcanzaba para pagar el colectivo de su regreso.
         —¡Oh no! Lo único que me faltaba era no traer dinero. Bueno, al menos no hay señales de que lloverá —se dijo Virginia mientras emprendía la caminata a casa.
          Inició la travesía, por su mente pasó la idea de cuánto tiempo le llevaría, no estaba tan cerca pero tampoco tan lejos. Hizo el cálculo que quizá haría como una hora caminando o si apresuraba el paso unos 40 minutos. Por suerte su mochila iba con poco peso. 
          Los rayos del sol estaban con tal intensidad que Virginia iba en búsqueda constante de techitos que le dieran un poco de sombra. Ansiaba llegar a un parquecito que estaba cercano a su casa, se sentaría unos minutos en una de las bancas para disfrutar de los árboles. La mente de Virginia echó a andar su imaginación, se sentía como en un desierto, asoleada y con sed. A lo lejos, como tipo oasis le pareció ver algunos árboles del parquecito. En efecto, estaban ahí. Caminó más rápido y llegó al anhelado lugar. 
          Virginia buscó una banca donde llegara más sombra, se sentó un momento, se quitó la mochila y descansó su espalda. Sintió que el calor iba disminuyendo, percibió el aire fresco y el movimiento de las hojas de los árboles. Estiró sus piernas y movió los pies. De pronto su mirada se posó en un pequeño canasto lleno de chicharrines, palomitas, justo estaba más adelante de donde ella se sentó. Se le antojaron unas palomitas. No se veía a nadie que lo atendiera y ella tampoco tenía dinero suficiente para comprar.
          Retomó su caminata y al pasar por la vendimia se dio cuenta que una niña como de 10 u 11 años era la encargada de la venta. Sin embargo, la había dejado un momento y estaba concentrada acomodando unos columpios colocados a unos cuantos pasos de su canasto. A Virginia se le vinieron algunas preguntas, ¿la niña estaba sola vendiendo en ese parque? Su canasto estaba lleno, ¿a qué hora terminaría de vender? Nuevamente echó de menos no haber llevado dinero suficiente, al menos le habría comprado una bolsa de chicharrines y una de palomitas y le habría aportado algo.
          El descanso le había sentado bien a Virginia, había recuperado energía. Ya faltaba poco para llegar a casa, su mente traía de nuevo la imagen de la niña acomodando los columpios, intuía que tenía ganas de jugar en ellos. A lo lejos le pareció alcanzar a escuchar una voz que decía,
           —¡Chicharrines, palomitas!




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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 190. La muerte y la muerte de Don Quijote. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                        
                        Polvo del camino/ 190

                 Evocadas páginas de otro libro/ XIII
                 La muerte y la muerte de Don Quijote
                       Héctor Cortés Mandujano

El joven e impetuoso bachiller Sansón Carrasco se entera de que don Alonso Quijano ha perdido la razón por leer tantas novelas de caballería y se ha vuelto caballero andante. Don Alonso no quiso entender las razones de nadie y se lanzó a la aventura, en la primera parte del Quijote, publicada en 1605.
	Carrasco decide seguirle el juego y derrotarlo con sus propias armas. Se disfraza como el Caballero de los Espejos y lo reta a duelo. Si gana, le dice, don Quijote deberá retirarse a su hacienda y vivir la vida como el hombre cuerdo que era. ¿A quién se le podría ocurrir que el viejo esquelético, montado en su famélico rucio, pudiera ganarle en la batalla? A Cervantes, claro. Parece una locura, pero don Quijote logra derribar a Sansón, y éste muerde el polvo de la derrota.
	No ceja en su empeño y casi al final de la novela (la segunda, publicada en 1615) se disfraza esta vez del Caballero de la Blanca Luna y vence a don Quijote, quien debe volver al pueblo, a la casa, decir que se llama Alonso Quijano y vivir la tranquila vida que lo enferma y lo lleva a la muerte. Sí, cuerdo; sí, desdichado. 

En realidad, don Alonso dijo y juró y perjuró todo lo que le pidieron, aunque él seguía pensando en huir, en seguir siendo hasta el final de sus días el Caballero de la Triste Figura, el sin par don Quijote de la Mancha.
	Por eso, esperó con paciencia a que todos lo visitaran, le dijeran que jurara esto y lotro, y después se arrebujó en sus sábanas, cerró los ojos, fingió dormir. Apenas se dio cuenta que estaba solo, sin hacer ruido se incorporó y siguiendo su plan saltó por la ventana.
	No tenía arreos caballerescos todavía, ni montura. Ya se las arreglaría.
	Cerca de allí vivía un hombre que se dedicaba a la crianza de cerdos. Aquel día los había dejado sueltos, mientras limpiaba las zahúrdas. Era una piara de grandes marranos. Don Alonso, en su mentalidad de Quijote, los confundió con enemigos. No llevaba lanzas ni armadura y se les lanzó a los puros puños. Tal vez logró golpear a uno o dos. La piara se le enfrentó, como si fuera un solo animal, y sin gran esfuerzo lo tumbaron, le pasaron encima (una pezuña en el ojo, otra en la boca, una más en los genitales, una en la garganta…), lo llenaron de lodo pestilente, lo asfixiaron.
	El porquero alcanzó a oír alguna palabra suelta, algún reclamo de ayuda. Cuando llegó vio al anciano lodoso, muerto. Sansón Carrasco andaba cerca y se hizo cargo de todo: llevó el cadáver, lo lavó y lo puso al final, limpio, vestido y peinado, sobre la cama. 
        Pareció para los familiares y amigos que don Alonso había entregado su alma en paz (“quiero decir que se murió”) y que la pluma con que se escribieron sus aventuras había quedado muda para siempre. Que así sea.

[Evidentemente, este final que he inventado no modifica en esencia el deceso del Quijote, sólo le agrega otra muerte. La idea me vino de algo que comenta Borges, en Borges, de Adolfo Bioy Casares. El título es un juego con el título de una célebre novela breve de Jorge Amado: La muerte y la muerte de Quincas Berro Dágua.]

Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com