Revista

Polvo del camino. 254. Las canciones de Comala. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

               
     Polvo del camino/ 254

Las canciones de Comala
Héctor Cortés Mandujano

¿Qué edad tenía Eva cuando fue sacada de la costilla de Adán?

Nicolás Grimaldi,
en Breve tratado del desencanto

I

En una de las muchas lecturas que podemos hacer del poema homérico, una deducción sería que Helena fue botín sexual de su marido Menelao y de su amante Paris. La disputa por su posesión provocó una guerra cruenta y continuada. “Los dioses duermen/ mientras el malhechor/ se pone la capucha y afila su cuchillo”. Si Menelao se hubiera fugado con otra mujer, no habría habido desgracias ni muertes ni destrucción de pueblos.
La fábula bíblica que de entrada niega la infancia a Eva, la vuelve parte, posesión, propiedad del hombre que, en un contrasentido, la pare, la da a luz. Eva fue hecha para regocijo de Adán. No al revés.
En estos tiempos, en una calle oscura, en un parque solitario, una mujer se convierte en material de uso y desecho, de abuso sin límite: del piropo a la violación y a la muerte. La Biblia, la Ilíada, la Odisea, desde hace mucho, nos contaron lo que va a pasar, lo que sigue pasando: “La manada incesante/ de filosos colmillos/ olfatea en las madrugadas”.
Elda Pérez Guzmán nos lo cuenta ahora en “Donde habita el olvido”, el primer apartado de Las otras Evas. Y habla de aquel y de este tiempo: “Adonde vaya Sara o Elena/ la hidra puede arrancar su candorosa risa”, en esta ciudad y en todas, que son la misma: “Una ciudad triste y polvorienta/ de mujeres extraviadas,/ acosadas, vigiladas,/ ausentes, calladas… […] ciudad sin tiempo,/ ciudad de todas partes”.

II

“Ya no seré más tu paraíso/ tu Eva esclavizada” declara Elda, en “Ataduras”, del segundo apartado, “Con olor a hierbas”. El verso intenta ser una fórmula para terminar con “la maldición de los Adanes”, hombres aferrados a la tradición bíblica de parir a Eva para su disfrute, y culparla después de hacerlos comer la manzana y perder las canonjías divinas.
Eva y Helena –coprotagonistas del libro sagrado y del libro poético– son las culpables del desastre, una por curiosa y la otra por coqueta. Pero también la bruja (“fui desterrada”) y la curandera (“me condenaron y llevaron a la hoguera”) son acusadas y castigadas. Mejor ponerse vestidos largos y pensar “que algún día/ podré desnudarme,/ meterme al mar/ sin miramiento alguno/ […] sin velos ni atavíos sombríos”.
Y aparece, por fin, Lilith, la rebelde, quien “dominó con astucia la pasión,/ controló sus miedos,/ se liberó de cualquier atadura”. La ama de casa, por suerte más Lilith que Eva, puede decir con todas las letras: “¡No soy tu mujer!”, si eso significa trabajar al servicio de los hijos y el marido, sin deseo, sin recompensa, sin ilusiones…
En los poemas de este apartado, Elda Pérez Guzmán piensa con Rosario que debe haber “otro modo de ser” que no se llame sor Juana (la peor de todas), por ejemplo, y que sí sea jugar, “desnudarse los hombros, enseñar la espalda,/ ser sensual”.

III

“Esa mujer soy yo” cierra el libro. Y no toca alegres notas, sino canciones de Comala que, ya se sabe, se especializan en soledades, ausencias, olvidos… No cuenta historias maravillosas, sino cuentos donde la princesa no recibe la vista del príncipe: “Dejé de ser Eva para ti”.
Llegó el amor y volvió paraíso la cama del pecado; luego el amante y el amor, con la maldición del tiempo, se fueron marchitando, se volvieron polvo.
Y en la princesa también, que asomó tantas veces su rostro joven al espejo, fueron naciendo arrugas…

IV

Las otras Evas, de Elda Pérez Guzmán, es la muestra de una escritura que no sólo busca la belleza en las palabras, sino también el pensamiento y la luz. Continente y contenido. No es únicamente el colibrí libando flores: es medusa meditando en la mitad de la noche. Este es un libro de versos y de ideas. Una y otra y muchas Evas.
[Prólogo del libro Las otras Evas, de Elda Pérez Guzmán.]
 
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 138. La muerte. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 138

La muerte
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos VI

La muerte es la más abrupta y cruel de todas las formas posibles de cerrar círculos, pues, entre otros motivos, impide ajustar, completar o saldar asuntos pendientes, pero también abrazos o miradas que ya no podrán tener lugar, y causa un dolor emocional –tanto en lo bueno como en lo malo– que a veces no puede levantarse nunca del todo. 2024 ha sido de verdad para quien esto escribe un año de pérdidas irreparables. Contaré acerca de ello, pero es una realidad –la de la muerte– que no teniendo remedio tiene mala fama. 
            Hay muchos tipos de muerte. El que experimentamos estando vivos cuando nos dejamos ir o nos entregamos a una vida sin sal ni amor o resulta inevitable habitar en los tonos grises más desolados que sin los más comunes. Podemos alcanzar la conciencia de que cada minuto vivido es un minuto en que uno muere de algún modo, y no solo por la cercanía de la muerte sino por el hecho de que lo vivido no puede revivirse en realidad más que en la memoria, y, por tanto, no hay segundas oportunidades por más que fantaseemos con ello.
Es la muerte, en cualquier caso, una compañera de viaje grata y vivificante, pues nos recuerda la grandiosidad del hecho de vivir. Para ello hay que estar despierto, lo cual, por desgracia, no es lo habitual en nuestras sociedades occidentales, pero lo ideal sería experimentar cada día no como un día más sino como un nuevo día. Que nos embarquemos en un claro afán de autosuperación y de búsqueda de la plenitud, de lealtad con uno mismo, pues no hay que olvidar la permanente existencia de la redención, en su más amplio sentido, como posibilidad e, incluso, realidad tangible y comprobable. 
Es hermosa la muerte en ese caso, y más como horizonte en un mundo de la esclavitud como el que vivimos. En mi caso, no corre prisa ser del todo esclavo ni morirme, y no voy a ser lo primero ni aceptar lo segundo. Mi sentido de la libertad me lo impide. Y la certeza de que tengo círculos que cerrar que no cerraré sin saldar lo que debo, sin cumplir mi misión de vida, sin amar, porque, como dijo Pablo Neruda (1903-1973), Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.
Despertar
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 137. La pelea. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 137

La pelea
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos V

M. P.-P.
Con naturalidad de franciscano acepto el reto que llevo sobre mis hombros, una olla exprés en todo momento a punto de explotar, y pese a saber que todo reside en mi cerebro distingo los hemisferios connotantes y divergentes de mi vida, una barca con dos remos que en lugar de dirigirse a un destino se pelean entre sí. 
            Esa batalla entre mi corazón y mi cabeza cuyo origen desconozco es una realidad que me encontré puesta en mí hace casi cincuenta años. Desde el primer instante fuimos como viejos amigos. Siempre va conmigo, con todas las consecuencias que hoy por hoy no tiene caso enumerar pero que en otros tiempos me causaron muchas turbulencias, y hoy no deseo que cambie.
La primera consecuencia y el síntoma solo visible para mí de ello es incontestable: se me saltan las tapas de los sesos, como a Emily Dickinson (1830-1886), a quien además de admirar envidio, pues vivió con el afán de que sus poemas tuvieran vida. Y eso es el doble de valioso en una cultura de la muerte como la que vivimos hoy, un mundo para el que vivo inadaptado, tanto por razones de fábrica como por otras como las ya expuestas, y para el que, no obstante, puedo reconocer, aceptar, perdonar, resignificar, aprender y agradecer, pero con el que me peleo día tras día, en lo que siendo en apariencia un caos es la clave de mi propia libertad. 
Porque soy libre. Siempre lo he sido como siempre he sabido que ejercer la libertad tiene un muy alto coste en muchos sentidos, y lo he experimentado en otros no pocos. Pero sigo en pie, y tengo la capacidad de cerrar círculos, romperlos, pelearme, desangrarme en ello y salir no solo ileso de esta batalla permanente sino reconstruirme una y otra vez, pues soy el Notre Dame de mi propia vida, e igual que este próximo 8 de diciembre que se avecina la catedral de París volverá a abrir sus puertas tras el incendio que la destruyó hace más de cinco años, yo, que vivo en llamas desde hace cerca de cincuenta, puedo saber de reconstrucción más que nadie, y porque tengo fe, que es lo que me da la fuerza que no tengo, y tengo amor, puedo, desde la pelea que me asiste, crecer y crear.
Modesto Trigo: Retrato de M. P.-P. Óleo sobre tela.
Fotografía: Del propio Modesto Trigo, en Madrid, España, en 2005, aún sin terminar la obra.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

De faros y foros. 3. Lloré, lloré, lloré. Pilar Guillén Figueroa

Cartel "Acrofobia", noviembre 2024.


Lloré, lloré, lloré
Por Pilar Guillén

Querido Roger:
(Digo querido por el cariño que sentí hacia ti en las pocas veces que convivimos en talleres o por la tarde en que conversamos sobre la coincidencia en la vida con aquél bebé que quedó momentáneamente aturdido ante el estruendo del derrumbe de una barda, frente a la casa donde yo vivía).

Sigo con regularidad al maestro Héctor, casi nunca me pierdo nada referente a presentaciones de obra, libros o escritos. Ayer fui a ver “ACROFOBIA” de tu autoría. Convinimos en hacerlo con Luis Daniel (en las repetidas ocasiones en las que antes se presentó, no había podido asistir por estar fuera de la ciudad y luego por algunos otros motivos que ya no recuerdo), el caso es que, anoche llegamos a café conejo con tiempo anticipado, degustamos un chocolatito con panecillos y se fue haciendo tiempo de la primera, segunda y tercera llamada. Nada me previno ni en forma ni dato de lo que iba a presenciar. La obra comienza y un hombre, abatido mentalmente, barre el piso. Poco a poco caemos en cuenta de su propósito de suicidarse y su porqué. Aparece en escena el ingenuo bombero que intenta rescatarlo. Su acrofobia es divertida y contrasta con la conversación filosófica que entabla con el hombre que desea renunciar a todo buscando la muerte.
Te cuento que durante los diálogos, metida hasta el tope como suelo hacer en las tramas, iba pensando a intervalos en el autor, en qué fue lo que le hizo concebir la idea de la historia, en el sentir del hombre para decidirse a renunciar a la vida y en los motivos de Jan para arriesgarse en semejante empresa aun siendo acrofóbico. Por eso al primer paso en falso de Jan, cuando estuvo a punto de caer, lancé un grito que me dejó por largo rato una risa sofocada y luego sentí vergüenza pues temí desconcentrar a los actores, pero no fue así (Aunque Héctor al final dijo que sí se sorprendieron, pues estábamos muy cerca de escenario, no se notó).
¡Qué diálogos tan maravillosos! ¡Qué sensibilidad! ¡Qué dulzura! Lloré. Me dejé sentir las lágrimas. Al final, como puntilla, fue el nombre del capitán: Carlos Ariosto. Creí le habían nombrado así después de la muerte de Carlitos, Héctor me dijo que siempre se usó ese nombre. Lloré… Lloré.

Muchas felicidades Roger, me encantó la obra, me encanta que sea tuya y la hayas logrado tan bien. Te mando un abrazo y mis deseos mejores. Sigue escribiendo por favor, para que podamos seguir disfrutando de tu ingenio.
Enhorabuena

Pilar Guillén
Tuxtla Gtz., Chiapas, México a 24 de Noviembre de 2024


Cartel "Acrofobia", noviembre 2024.
Cartel «Acrofobia», noviembre 2024.

Sobre la autora:

Pilar Guillén Figueroa. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.

Autora antologada en el libro 8 mujeres (Editorial Tifón, 2019) y en Bruñir la palabra frente a la hoguera (Editorial Tifón, 2018). Cursó el diplomado «La literatura infantil, una puerta a la lectura», tomó talleres de lenguaje visual, lectura, interpretación lúdica de textos literarios, escritura narrativa, ilustración y encuadernación. Ha participado en diversos eventos como cuenta cuentos. Tienes estudios en enfermería y artes plásticas. Es alumna de los talleres literarios del maestro Héctor Cortés Mandujano.

Líneas de desnudo. 136. La fe. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 136

La fe
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos IV

A Yara

Aún no hemos comenzado a despedirnos cuando ya he podido comprobar que en el jardín de las promesas incumplidas, que es el más grande jardín imaginable, nuestra humanidad se ha vuelto de azufre o de algo parecido y mata con saña como el que hace leña con el árbol caído, en el pavor de este silencio que lo abarca todo y que pudiendo ser creación es fuente de oscuridad.  
            Hoy solo quiero creer en lo bueno porque observo que existe una desmedida fe en lo malo, y como es cierto que las historias de las personas se resumen en el lugar en donde ponen su fe y no lo es menos que por lo general nos damos de manera principal permiso para contarnos sobre todo historias de lo malo, las cuales además luego se hacen realidad, al final nos anclamos en el dolor, que es una contradicción, pues el dolor nace de una necesidad de amor muy profunda y nunca, dado el mundo en que vivimos, satisfecha, pero este dolor al que me refiero nace de lo malo, de nuestra tendencia a destruir, de poner un no al amor por la causa que sea, por la herida o incluso las heridas que nosotros mismos nos imponemos. De ello nos nace la impotencia, y la impotencia es la más grande fábrica de monstruos y de peores monstruos nunca conocida.
Este desgaste, en consecuencia, además de innecesario es brutal, y como nunca ha dependido de nadie su hora de salida de esta vida, y hasta puede que mañana yo mismo cruce la calle y en un suspiro ya no tenga opción alguna de cerrar ningún círculo y todo se acabe y dé lo mismo mi cardiopatía isquémica galopante o mi afán de cumplir mi misión de vida, estamos vendidos, salvo, claro está, que tengamos nuestra fe en alguna parte. 
Al final somos dueños de nuestras adicciones bioquímicas, que aun debiendo elegir con cuidado no lo hacemos porque no tenemos en cuenta que todos nuestros pensamientos y sentimientos son bioquímica y generan la realidad de lo que somos, el uróboro de nuestra existencia se ríe entonces de nosotros desinflándose como una atracción de feria, y ya no importa si eres joven o viejo, lo que es intocable o no, si hay un lugar que solo puede ser para algo imprescindible, si tienes o no pasado ni casi apenas la sabiduría, que es el único pasado posible, o las razones de la ausencia, dado que al final lo único importante es que existes, y que aunque no lo sepas tengas tu fe puesta en algún sitio y digas un sí al amor.
S/T
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 253. No estamos solas. María Gabriela López Suárez

 
 Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

No estamos solas

A todas las mujeres víctimas de feminicidios.
A sus familias y amistades.

Irene cerró la aplicación de su red social en el celular. Se quedó un rato ahí, sentada, en el borde de su cama. Intentó tragar saliva y le costó, sintió más de un nudo en la garganta. Sintió que se ahogaba. No sabía si ir a tomar agua o correr hacia la ventana, abrirla, sacar la cabeza y gritar a todo lo que dieran sus pulmones.
         No pudo ni siquiera levantarse, sus piernas no lo permitieron, se soltó a llorar y dar de puñetazos sobre su almohada. Una de sus amigas de la infancia, con la que solía jugar en el barrio donde ambas crecieron, había desaparecido hace un par de días y esa mañana encontraron su cuerpo sin señales de vida, a las afueras de la ciudad.
         Pasaron quizá más de dos horas sin que Irene lograra levantarse, había llorado tanto que sentía los ojos casi cerrados. Solo quería dormir. A lo lejos escuchó que alguien tocaba la puerta del cuarto.
        —¡Irene, Irene! ¿Estás ahí muchacha? ¿Hoy no vas a ir a trabajar?
        Era doña Tina, la señora donde rentaba el cuarto de abonadas. Irene no tenía ganas de hablar, sentía desfallecer. Doña Tiña siguió insistiendo y al no tener respuesta, se preocupó tanto que fue por la llave para abrir el cuarto.
        Encontró a Irene acostada, le preguntó qué pasaba, si se sentía mal. Permaneció ahí hasta que logró que Irene se incorporara, tomara un poco de agua y le contara lo sucedido. Doña Tina se quedó en silencio, sus ojos se llenaron de agua, respiró profundo y abrazó a Irene. Ambas permanecieron en silencio mucho rato.
        —¿Por qué tanto odio a nosotras, las mujeres, doña Tinita? —preguntó Irene.
         Doña Tina que casi siempre solía responder a las dudas de Irene no tuvo la respuesta en ese momento. Se quedaron conversando sobre el incremento de los feminicidios, que las autoridades debían mucho a la sociedad, a las mujeres víctimas de feminicidios, a sus familias, que falta más por trabajar en temas que ayuden a tomar conciencia sobre lo que implica la violencia en sus distintas formas, que las mujeres necesitan denunciar antes estas violencias y también que es necesario escucharlas y atender esas denuncias.
        Doña Tina logró convencer a Irene que fuera a desayunar con ella. Mientras le preparaba un atole de guayaba y unas dobladitas de frijol, Irene buscó el número de teléfono de alguien de la familia de su amiga para ponerse en contacto.  Se detuvo un instante y agradeció estar con doña Tina, las redes de apoyo en la vida siempre son importantes, pensó. Luego cerró los ojos y con un halo de esperanza dijo para sí, NO estamos solas, no estamos solas.

   

Fotografía: Sina Rosas: https://www.pexels.com/photo/people-protesting-on-a-street-with-a-hand-written-banner-20626940/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 253. A mi lado. Héctor Cortés Mandujano

               
     Polvo del camino/ 253

A mi lado
Héctor Cortés Mandujano

Voy montado a caballo por uno de los caminos de El Ciprés, la finca donde nací. A mi lado, en corcel magnífico, va mi padre.
Me descalzo para cruzar el río en el camino polvoriento de la finca a uno de los pueblos cercanos. A mi lado, en igualdad de circunstancias, va mi madre.
Corro y juego en el patio enorme de la finca. Me quedo en las noches viendo el cielo lleno de estrellas. A mi lado están mis hermanos, mis primos, muchas niñas, muchos niños.
Caballos, vacas, culebras, árboles, cerros, cielo…
Todo eso desaparece.

Pasan muchos años y he andado muchos caminos. Pegada a mí, con su mano enlazada con la mía, viene Luisa, mi mujer.
No pasa mucho tiempo y aparece, del otro lado, con una mano pequeñita que ha crecido y ya es la de una muchacha, Nadia Carolina, mi hija.
Después, como cerezas del pastel de la vida, como corona de maravillas, vienen acompañándonos Jacobo y Camilo, mis nietos.
Y ahora, en estos días, en este momento, junto a mí, cerca de mi corazón, están todos y todas los de Candox, y ustedes, mis amigas, mis amigos, mi nueva familia.
Gracias por estar con ellos, conmigo, con nosotros tres.


[Leí este breve texto en la ceremonia de reconocimiento que el Instituto de Arte y Cultura Candox A. C. me entregó el 17 de noviembre 2024, en el Teatro de la Ciudad “Emilio Rabasa”, donde también homenajearon a Manuel Suasnávar, pintor, y a José Israel Moreno, músico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
   
Cartel «La divinidad del monstruo».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 135. If. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 135

If
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos III

Estoy ciego, cumplo el sueño de ver sin necesidad de mirar. Hay un sí afirmativo y un sí condicional, ninguno de los cuales requiere de palabras. Ando en el sendero y releo este poema, mientras sigo cerrando círculos:

If, de Rudyard Kipling (1865-1936)

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la pierden y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la voluntad, que les dice: «¡Resistid!».

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling. Poema escrito en 1895. Versión: Julia Viciana

   
Portada de la edición de If (1910), Doubleday Page & Company, Nueva York.
Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Kipling_If_(Doubleday_1910).jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

El tintero de Nadia. 13. Aedes aegypti. Nadia Arce

Aedes aegypti
Por Nadia Arce

Vampiritos inermes,
sublibélulas,
caballitos de pica
del demonio.

José Emilio Pacheco en "Mosquitos"


¿Quién diría, que un mínimo zumbido, puede ser el canto de la muerte?

¿Quién pensaría, que así se anuncia un dolor quebranta huesos?

¿Qué el portavoz minúsculo del terror tiene alas?

¿Quién podría creer que el verdugo más despiadado es así?

¿Él sabrá que contamina la sangre al grado de homicida?

¿Entenderá algo de su labor maligna, de su potencial oscuro?

¿Será lógico pensar que es natural su existencia macabra?

Yo lo sé.

Viernes 15 noviembre 2024
Photo by Luis klink on Pexels.com
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Disquisicionario. 10. La frágil brillantez del foco. Esteban Martínez Sifuentes.


La frágil brillantez del foco
Esteban Martínez Sifuentes

Recuerdos de la infancia, supongo que invaluables pues los estoy rememorando con nostalgia a punto de las lágrimas, no porque ya pasaron y son irrecuperables, sino porque involucran a seres entrañables ya fallecidos, que creo viene siendo lo mismo y más vale ir directo al grano como recomienda el dermatólogo.
Eran delicadísimos y había que tratarlos con sumo respeto, con cuidados casi de doctor o comadrona que levanta al cielo el nuevo ser como ofrenda a la vida y lo deposita al lado de la heroica mujer que lo acaba de parir. Se sacaban despacio de la bolsa del mandado, se desempaquetaban conteniendo el aliento y había que enroscarlos en su matriz, el socket, con ayuda de una silla o mesa apuntalada por varios brazos. No a cualquiera le permitían colocarlo, solo a los mayores o más sangre fría. No fueras a romperlo o, algo menos preocupante para los espectadores, quedarte “pegado”, electrocutado.
Creo que con bases verídicas (los focos eran preciados y delicadísimos, insisto), se erguía como valla electrificada la tajante prohibición parental de no activar el apagado-encendido varias veces seguidas, so riesgo de echarlos a perder, “fundirlos”, y el consiguiente castigo.
Despierto desde chiquillo, mi coetáneo primo Remigio vivía en el rancho que mi familia había abandonado años atrás para radicarse en una localidad mayor. Nosotros teníamos energía eléctrica, luz, él no. Cuatro o cinco de edad, un día por la mañana llegó de visita a casa con sus padres, descubrió en la sala-dormitorio el foco, con la mirada siguió el cable hasta el interruptor, acercó una silla y se puso a activarlo una y otra vez con los ojos arrobados hacia la irradiación que obedecía la voluntad de su mano. Observándolo con escandalizado-pasivo interés, confieso que me sentí orgulloso, en zancos. Yo contaba con el asombro de la luz y él no. Reconocí aquella soberbia en otros y en mí mismo cuando fui a laborar a Estados Unidos. Allá cualquiera se cree con derecho de sentirse superior por cualquier cosa, por nada, así opera el mecanismo.
Su filamento incandescente, protegido por una delgada cáscara de vidrio o ampolla en forma de pera (creo que no existían de otros), era el foco de atención, mientras no se fundiera o se interrumpiera el fluido eléctrico, que era muy frecuente. Hay personas y objetos que refulgen por su ausencia, y el foco lo hacía incluso cuando se iba la corriente.
─A ver a qué hora reaparece esa maldita luz, no puedo leer el periódico.
─Paciencia, Melchor.
─Mamá, ¡tengo un resto que estudiar y no viene!
─Usa una vela, hijo, en la alacena hay varias. Pero coge de las cortas no de las largas, que son para el altar a San Francisco.
Y el hijo, efectuando una rapidísima ecuación gasto de energía requerido para ir a la alacena + encontrar el objetivo corto + los cerillos y además afianzarla en su mesa sin provocar un desastre = exclamaba como si ella fuera una inconsecuente: “¡Mamá, no es lo mismo!”
Sinónimo de hallazgos e ideas brillantes, la citada ampolleta o bombilla fue durante un siglo el solecito nocturno que fue alargando nuestras horas de vigilia y restándole misterio a las radionovelas (radio de pilas) e intimidad a las charlas en la sala hogareña o los centros de reunión colectivos. Es una opinión, hay otras que indican que hizo al mundo más activo y menos sórdido. Ahora, para amenguar el robo de casas, coches o la violencia contra las mujeres, hay profusa iluminación en las calles urbanas a lo largo de la noche; los delitos, empero, no disminuyen.
Por lo menos la iluminación electrificada nos liberó del hollín y los gases de la vela y la lámpara de petróleo o aceite, quinqué o mechero, que se concentraban en los espacios cerrados y apestaban la ropa. Las luces artificiales de ahora contaminan casi igual, pero ya no en nuestra propia casa. ¿Un logro?
Antes las bombillas eran casi las únicas que coloreaban la grisura, al presente disponemos de infinidad de alternativas, leds, diversos gases, las que se apagan o encienden al paso de un humano o un perro callejero, con una palmada o dos, a distancia, con la fuente dirigible, con efectos, de múltiples formas, tonos e intensidades, ocultas en el techo, el piso o quién sabe dónde. “Sistemas de iluminación” les llaman. Todas requieren, no obstante, de otro prodigio que debemos revalorar, aunque parezca ubicuo e ilimitado: la electricidad, de alto impacto ambiental en su producción, distribución, almacenamiento y despilfarro. La “ciudad de la juerga permanente”, Las Vegas, es el summum de eso.
Siempre dispuesto a mejorar las invenciones de otros, Edison, con alguno de los semiesclavos a su servicio, la perfeccionó y se alzó con las primeras ganancias de su comercialización, allá en los penúltimos decenios del XIX. Revelador de la necesidad de luz en nuestras vidas es el verbo inglés to focus, que significa por igual (grados de más o de menos como todos los sinónimos y traducciones) “centrarse”, “poner atención”, “enfocar con la cámara”, “exhibirse”, “iluminar” algo. Elocuente, la etimología latina también arroja su rayito esclarecedor. “Foco”: hoguera, hogar, fuego hogareño, aunque iluminara también el patetismo de la desesperanza en una cantinucha al amanecer, como en The Iceman Cometh del dramaturgo Eugene O´Neill.
Emparentado con la bombilla eléctrica, sobre el juego de luces y sombras reales e imaginarias que llegan a desquiciar y consentir la mentira, es obligado colar la cinta “Luz de gas” (George Cukor, 1944); en su origen una obra de teatro, ha dado nombre a un abuso psicológico (gaslighting) en el que se orilla a alguien a cuestionarse su propia cordura. Manipulación de la luz.
Parece novela de conspiraciones tipo Dan Brown o así, es veraz: existió un grupo delictivo para controlar las bombillas. El cártel Phoebus lo crearon, entre otras, las empresas europeas Osram y Philips y la estadounidense General Electric en 1924 para mangonear la fabricación y venta de focos. Uno de sus principales acuerdos era que las bombillas no debían durar más de mil horas (42 días aproximados si permaneciera encendida las 24 horas). Dicen que desapareció tras la Segunda Guerra Mundial; sospecho que aún conspira y continúa diversificándose con el seudónimo de “obsolescencia programada”, esto es, consumismo y mayores dividendos para los oligopolios. En el cuartel 6 de bomberos de Livermore, California, perdura una bombilla encendida desde 1901; fue fabricada por una honesta compañía de Ohio sumergida en la oscuridad hace añales.*
En esta época quizá sea mejor, mera sugerencia para descentrarse de la aguerrida cotidianeidad, ir a platicar a las montañas libérrimamente, solo o con los allegados, a los únicos resplandores de la titánide Selene de cabellos plateados y las luciérnagas o cocuyos. O, con moderación porque también contamina, al amor de una fogata y si acaso media botella de tequila o lo que os apetezca.


*En Afinidad Eléctrica, “El cartel Phoebus”: https://afinidadelectrica.com/2020/04/29/el-cartel-phoebus/
Photo by lil artsy on Pexels.com
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.