Revista

Líneas de desnudo. 150. Los editores. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 150

Los editores
Por Manuel Pérez-Petit

No es raro encontrar editores que se sienten incomprendidos cuando no una especie de misioneros abocados al martirio, o que apuestan de manera casi vocacional a su propia ruina. No lo es tampoco encontrar editores que conciben todo como un engaño sistemático a costa de autores cuyas obras no seleccionan ni dictaminan, con los que no trabajan, a los que no promueven, pero a los que cobran de antemano con beneficios. Sería mejor decir en este caso que uno tiene una editorial de autoedición, pero si bien en España sí se dice en el resto de nuestros países esa fórmula parece anatemizada, cuando con ella sí serían editores, pues no habría engaño. No está en la naturaleza verdadera del editor ni inmolarse ni estafar. Errores se cometen muchos, pero un editor no puede establecerse desde la mala fe o desde posturas autolesivas. Ser editor es otra cosa. Se trata de un oficio desconocido que requiere mucho más de lo que parece, y aún así el acceso a la profesión es tan sencillo que asusta. 
            Hay muchos editores buenos, que se esfuerzan, son autoexigentes, autocríticos, rigurosos, buscan consejo, practican la humildad para llegar a la excelencia..., y muchos editores malos, que conciben esto en el mejor de los casos como simple negocio, cortoplacismo que no es más que un ejercicio grave de miopía cuando no rayano en no pocas ocasiones en lo delincuencial. A demasiados de los que llevan por título este oficio les importa el mismo lo que a un elefante el hambre en África. No entro aquí en calificar a unos y a otros; esto es una observación personal que puede ser compartida o no pero que estoy seguro que es compartible. Es solo una reflexión; no está en mi intención establecer paradigmas. Sin embargo, del hecho de que cualquiera, incluso personas que –a qué negarlo– no saben en realidad leer ni escribir, se sientan capaces de ser editores o parte del sector editorial y cultural en nuestros países, sin haberse preparado ni haber casi leído ni tener el menor conocimiento de nada, da que pensar. 
Debo confesar que tengo un largo ensayo inédito sobre el oficio de editar que puede que algún día vea la luz por mor de la generosidad de algún editor de los de verdad, que aún existen, pero como primer paso para asumir la tarea de dignificar cada día más este antiguo y noble oficio, los buenos editores deberían ser declarados especies protegidas.
Fotografía: Archivo de Sediento Ediciones, propiedad de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 263. Febrero loco. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 
María Gabriela López Suárez

Febrero loco

La alarma del despertador sonó, a lo lejos, muy a lo lejos, Genoveva alcanzó a escucharla. Se levantó y la apagó. Había olvidado desactivarla. Era sábado, no iría a la prepa, así que volvió a dormirse.
     El resplandor del sol se coló a través de la ventana de su cuarto, esos rayos la hicieron despertarse. Abrió lentamente los ojos, se estiró y se quedó un rato más en la cama. Saber que era sábado le hizo dibujar una gran sonrisa en su rostro. Abrazó su almohada favorita, intentó dormitar un ratito más. Sin embargo, el canto de varios pájaros, en distintos tonos, la hizo recordar que era hora de despertarse.
     Se levantó de la cama, se asomó a la ventana, observó el paisaje soleado y siguió escuchando el canto de los pájaros. Era un regalo tan bello, se sintió afortunada de poder escuchar y de contemplar el cielo azulado.
     Genoveva se dirigió al baño y cepilló sus dientes. Se recogió el cabello y se detuvo unos instantes frente al espejo. Sonrió. Salió del cuarto en espera de que hallara a más integrantes de su familia despiertos. Verificó la hora, eran las 8:30. Lo más seguro era que doña Dora, su mamá, no estuviera en casa. Los sábados solía asistir a los desayunos que organizaban en la junta vecinal. Edmundo y Gustavo, sus hermanos mayores eran más dormilones que ella, así que ni las luces de ninguno.
     Se sirvió un vaso con agua. Luego preparó un licuado de manzana con avena y se asomó a la ventana de la cocina. La ropa que habían lavado la noche anterior ya estaba seca. Llamó su atención que la ropa se movía al compás del viento.
     —¿Viento en día soleado? —preguntó para sí.
     Salió al patio para cerciorarse, de nueva cuenta percibió el canto de los pájaros. Además, sintió el airecillo fresco que soplaba esa mañana. Alzó la vista, unas nubes cruzaban con prontitud el cielo, como si alguien las apresurara.
     Con algunos restos soñolientos Genoveva intentó encontrar la explicación al clima de esa mañana, antes de hacer una consulta a la aplicación del clima. Sonrió para sí, estaba dándose un receso para no usar el celular tan temprano.
     El soplido del viento trajo consigo unas hojas que fueron directo al rostro de Genoveva, como un susurro para darle la respuesta.
     —¡Con qué esas tenemos, ya recordé, estamos estrenando mes! Febrero loco, mira lo que nos has traído —dijo en voz alta.
     El canto de los pájaros seguía acompañando el ambiente de esa mañana, el viento no les distraía para nada, más bien parecía que les agradaba y los motivaba a seguir cantando.



Fotografía por Nino  Sanger: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-picture-of-a-white-sheet-on-a-grass-field-15792430/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 263. La ira es repulsiva. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 263

La ira es repulsiva
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo Alejandro Figueroa me regaló Alguien habló de nosotros (Debate, 2023), de Irene Vallejo, una colección de textos breves (casi ninguno rebasa una página) que antes esta popular autora española ha publicado en otros medios.
Los textos parten, casi siempre, de la literatura clásica (griega, en su mayoría) para saltar a temas contemporáneos de variada laya. A veces incluso aclara palabras. Dice, por ejemplo, en “Borrachera de poder” (p. 16): “Hybris es una palabra griega que significa ‘arrogancia’ y ‘exceso’ ”.
Escribe en “Paisaje de letras” (p. 41): “Pero las letras nunca han dejado atrás su pasado de dibujos esquemáticos. Sabemos que la D representaba en origen una puerta, la M el movimiento del agua, la N era una serpiente y la O un ojo”.
Aconseja en “Amor y humor” (p. 46): “Una persona contenta es capaz de cautivar al prójimo. En cambio, el dramatismo no da buen resultado: tendemos a amar al que no parece necesitarlo demasiado. […] En palabras de Ovidio: ‘Para agradar debes olvidarte de ti mismo. Para ser amado, sé amable’. Mostrar mal carácter, según Ovidio, hará que te descarten muchas veces. Nunca hay que ponerse furioso: la ira es repulsiva”.
En “La edad ingrata”, a propósito de la gente que no es la más popular, cita a Safo (p. 52): “La dulce manzana enrojece en la alta rama, en lo más alto, olvidada por los recolectores. Pero no la olvidaron, es que no pudieron alcanzarla”.
Cita al poeta Marcial en “Ser otro” (p. 63): “Las cosas que hacen una vida más feliz son estas: que quieras ser lo que eres y no prefieras nada, y ni temas ni desees el día final”.
Platón cuenta, a través de la pluma de Irene en “Los genes de Eros”, que Eros, el dios del amor fue engendrado por la Pobreza y el Ingenio. Ella, pasiva, lo vio en una fiesta y se enamoró de aquel, lleno de energía y desenvoltura (p. 69): “Eros nació pobre, flaco, descalzo y sin hogar. Su madre le legó el hambre permanente, la avidez. Por el lado paterno recibió el afán por la belleza y por el logro a toda costa. […] Eros vive febrilmente […] gasta todo lo que consigue hasta volver a un repentino vacío que de nuevo llena el deseo”.
El pansexualismo, ahora en boga, es una falsa modernidad. Dice Irene en “Amores varios” que (p. 83) “Aristóteles aconsejaba practicar en todo la filía, o sea, ser pánfilos”.
Escribe Irene, en “Progreso”, sobre Camus (p. 110): “Un escritor agradecido, Albert Camus, dedicó el Premio Nobel al maestro de primaria que adivinó su talento, el hombre entusiasta que venció la negativa de su familia humilde a darle estudios, que le ayudó a preparar el examen de ingreso, le acompañó en tranvía, espero su salida en un banco y se volcó para que le concedieran una beca: ‘Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido’ ”.
Dice en “Todo ojos” (p. 146): “Y la niña de los ojos, la pupila, procede de un término latino que significaba ‘muñequita’ (de donde viene también el francés poupée) y remite a la pequeña figura de nosotros mismos que vemos reflejada en los ojos ajenos”.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 149. Soñar con que todo llegue a todas partes. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 149

Soñar con que todo llegue a todas partes
Por Manuel Pérez-Petit

Llevo mucho más de media vida reflexionando acerca de mi oficio de editor, esbozado desde mi infancia y formado y llevado a la práctica tanto en España como después, en plenitud de vida y constante revisión e incremento de conocimientos, en México, y hasta hoy. 
            Hablamos y escribimos la misma lengua, por poner nuestro caso, en muchos países del mundo. Soñar es gratis, desde luego, pero en el ámbito hispánico, tan poéticos como somos, nos negamos por sistema a soñar. Y podríamos soñar con hacer un esfuerzo para que lo que se publica en un país se publique y conozca en otros y superar, de paso, ese sistema de localismos tan de herencia borbónica que nos impide asumir conceptos globales en nuestra propia región del mundo, que no debemos olvidar que es una, y está unida por el idioma, y en ella caben todas las particularidades, sin perder ninguna un ápice de sí mismas.
Sin embargo, no lo hacemos. No solo no se sueña sino que ni se piensa en ello. Para eso está el libro electrónico, otra falacia más de nuestro tiempo. Hay factores que inciden en la incapacidad de hacerlo: uno es el nacionalismo y otro es el propio sector, en el que el músculo financiero es, en realidad, exiguo (salvando al gran gigante editorial español, que bien podría hacerlo pero tampoco lo hace), acerca de lo cual podemos también reflexionar, y mucho, aunque de lo que no podemos sustraernos es de la realidad y los elementos diferenciadores de nuestra idiosincrasia, que suelo exponer con un ejemplo palmario: al contrario que en el mundo anglosajón en que todo llega a todas partes, en nuestro mundo hispano no llegamos casi ni a nuestro propio ámbito geográfico particular. 
Esto puede deberse a la no integración del ámbito independiente al sector, pero sobre todo tanto a ese afán individualista de herencia hispánica que tanto impera y autolimita como al sometimiento ciego y servil al mercado, con la dictadura de los números en primer plano, lo cual entra en contradicción con la teórica y falaz búsqueda de talento que tantos pregonan y que suele ser mentira, una administración irracional o por lo general improvisada de los recursos, la carencia de planes de negocio y estrategias concretas, la intolerancia a la demora de los resultados, la burocracia desmedida o la excesiva dependencia de las administraciones públicas o de instituciones de todo tipo para iniciar o consolidar emprendimientos que deberían ser empresariales, de la sociedad civil, cuando no flagrantes ejemplos de pura y simple moderna piratería, pues vienen de afuera o surgen de adentro con el solo fin de llevarse sin pudor lo más que puedan a cambio de puro cuento, de lo cual hablaré otro día.
Un editor, entre libros; es el sino.
Fuente de la imagen: En la Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), México, 2022. Archivo personal de M. P.-P. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 148. Un amor de los de antes. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 148

Un amor de los de antes
Por Manuel Pérez-Petit

Sobre las tres de la madrugada comenzó a nevar con intensidad. Mientras ultimaba mi maleta, miraba cómo caían los copos a través de la ventana. Que nevara justo ese día me pareció simbólico. A las seis salí a tomar un café. Cuando regresé, sobre las siete, me puse a escribir como un poseso mi poema Madrid, última nevada.1 Una vez en la calle, cada pisada crujía, era una metáfora de mi rompimiento. No en vano estaba dando en realidad el paso más rotundo de mi vida: América, mi único lugar posible en el mundo. México, mi patria escogida, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Argentina..., países éstos entre otros que conozco bien y amo con devoción. 
            Sentí que con aquella nevada recibía la bendición de la vida y consagraba –asumiendo sus glorias y sus servidumbres– mi espíritu libre –extraño, lo comprendo, y tan honesto como inevitable, y libérrimo demasiadas veces, puede ser, que yo no lo niego–. Luego llegó la propia vida y puso de manifiesto para mi asombro mi capacidad de amar y cometer aciertos y errores y asumir triunfos y condenas. Como premonición, nevaba aún cuando mi avión estaba despegando.
En América he vivido, lo confieso, en el más amplio sentido de la palabra: vivir es darse por completo, y, en consecuencia, al no quedarse uno para sí con vida alguna, ponerse al borde de la muerte. Es como la libertad, que tiene su mayor sentido en usarla hasta el punto en que ya no le quede a uno gota alguna de libertad, y por eso creo y he escrito que la libertad consiste en negar la propia libertad, esto es, por vaciamiento.2
Y lo mío con México es, desde mucho antes de ese Madrid nevado del 26 de enero de 2010, fértil, incomprensible, incondicional, vocacional, irredento. Un amor de los de antes.

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1. Que pertenece a mi serie Poemas urgentes y que fue publicado por el gran Federico Corral Vallejo en México años más tarde, en mi compilatorio de mis primeros poemas escritos en América Sin tierra soy (Tintanueva ediciones, México, 2013).
2. Que puse en la pluma del protagonista de mi El año de las tormentas, en su primera novela, La vida es un tango por Calderón de la Barca (Ediciones Periféricas, México, 2019, 2da ed.: 2020; Ultramarina Cartonera, España, 2019).

   

Marzo de 2010. En el Cosmovitral Jardín Botánico de Toluca de Lerdo, Estado de México.
Fotografía: © María Guillermina Oteiza Cajiga.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de AlmuzaraMéxico.

Voces ensortijadas 262. Al son de una guitarra. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez
Al son de una guitarra

El autobús que llevaría a Federica a su nueva ciudad de residencia salía a las 15:30 horas. Federica llegó, como no solía hacerlo, muy temprano a la terminal. Ni ella podía creer que estaba media hora antes en la sala de espera. Usualmente llegaba rayando en tiempo cada ocasión que viajaba.
     Se acercó al área para documentar su equipaje, le dieron su ticket y posterior a eso, buscó un asiento. Revisó el reloj, le quedaban 20 minutos de espera. El aire acondicionado de la sala se sentía muy frío e  hizo que tuviera la necesidad de frotar sus manos.
     Luego de eso, lo primero que se le vino a la mente fue revisar su celular y enviar mensaje al grupo de chat familiar para avisar que estaba por salir. Sin embargo, se hizo el propósito de dejar un rato el celular y observar con atención qué pasaba a su alrededor. Muy pocas veces hacía eso.
     Se acomodó en la silla donde estaba, puso su bolsa sobre las piernas y contempló sus manos, tenía mucho tiempo que no se detenía a observarlas. Las frotó nuevamente, comenzó a dar un leve masaje a cada uno de sus dedos y luego a las palmas de las manos. Se fijó en sus uñas, esta vez no tenían esmalte y eso le permitía observarlas al natural. Se había olvidado cuánto le gustaban.
     Una serie de murmullos hizo que volviera la vista a buscar de dónde venían, identificó que había una larga fila de personas comprando boletos. Algunas estaban con equipaje en mano, otras con más equipaje y alguien que estuviera al cuidado.
     Giró su rostro y observó que las tres pantallas que había en la sala estaban proyectando lo mismo, una película que no se escuchaba y tampoco llamaba su atención. Sin embargo, alcanzó a escuchar un sonido que sí atrajo su atención, era el de una guitarra y una voz que acompañaba los acordes. Volvió a ver las pantallas y no provenía de ahí. Con la mirada buscó si había alguien que trajera una guitarra como parte del equipaje, su mirada comenzó a escudriñar en la fila de personas, no halló a nadie.
     Su búsqueda continuó, levantó un poco el rostro, al no encontrar lo que buscaba decidió ponerse de pie y como si estuviera tratando de identificar a alguien conocido continuó observando. Como una especie de halo de luz descubrió que quien ejecutaba el instrumento era un adolescente que muy quitado de la pena estaba cómodamente sentado en uno de los pasillos, en una parte discreta y donde también cantaba.
     Federica tomó asiento nuevamente, intentó identificar qué canción interpretaba el adolescente, hizo un esfuerzo entre los murmullos de las personas, el de la voz que anunciaba las salidas y finalmente,  se dio cuenta que era una de las canciones que a ella le gustaban, qué guapa es la gente luminosa, esa que no se preocupa de la marca de tu ropa, la que pone a la alegría siempre en su menú del día, gente que ilumina el menú, gente guapa como tú.
     —¡Pasajeros que viajan con boletos marcados a las 15:30 horas con destino a Jalapa, favor de pasar al andén 8! —se escuchó que vocearon.
     Al son de una guitarra, Federica tomó su bolso y buscó su boleto, sonrió para sí agradeciendo y agradeciéndose el regalo de esos minutos de espera. Ahora iniciaba una nueva travesía.


Fotografía: David Bartus: https://www.pexels.com/photo/person-playing-electric-guitar-435840/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 262. El eterno masculino. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Jacobo Herrera Cortés.


Polvo del camino/ 262

El eterno masculino

Héctor Cortés Mandujano

Tania Corzo Hernández, en los cuentos que conforman Yo, su espejo (Tifón, 2025), se ve a sí misma en una cama de hospital y decide su vida y su muerte, pero también a su lado, detrás y delante están las imágenes de varias mujeres que, como ella, han decidido tomar las riendas de su destino, y envenenar o quemar a los hombres que las maltratan, o practicar la sororidad para abrir la celda de la mujer a la que han vuelto loca y para armar el expediente que castigue al feminicida que podría quedar impune, o gozar la pasión infiel al filo del abismo o descubrir que el amante se ha ido para no volver...
Aunque hay evidentes ficciones (“Voluntad anticipada” y “Sombras siniestras” , por ejemplo), el tono que predomina en el libro es el del realismo y el hiperrealismo. El rol de los hombres en casi todos los cuentos es terrible y parece ser parte del eterno masculino: de despojo y deshumanización en “La loca”; de feminicidio en “Una más, en la gran ciudad”; de violación e intento de homicidio en “Plática de adultas”; de engaño y abandono en “En el mar”... Hay dos casos donde la mujer es también parte del mal (“Perfidia” y “El reencuentro”) y hay además, por suerte, dos historias donde el hombre no es expolio y avasallamiento, sino posibilidad de compañía y amor: “No te olvidaré” y “Fronteras”.
El breve volumen tiene, también, una muestra más del talento ilustrador, en portada, de Juan Ángel Esteban Cruz y el buen hacer editorial de Juventino Sánchez.
Como en el clásico de Horacio Quiroga, hay aquí amor, locura y muerte, y la mirada atenta de una mujer que sabe hilvanar la trama cuentística y usar los registros lingüísticos que mejor hacen sonar las palabras para que, en el espejo verbal, se puedan ver con claridad los cuerpos y las almas de sus personajas.
Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, es un libro apasionado y apasionante.

[Texto que forma parte de la contraportada de Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, leído por su autor en la presentación del libro en el auditorio de la Rial Academia de la Lengua Frailescana. 11 de enero de 2025. Villaflores, Chiapas.]



Ilustración: Jacobo Herrera Cortés.
Ilustración: Jacobo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Disquisicionario. 14. Caras vemos. Esteban Martínez Sifuentes.

Foto: Farzad Sedaghat en Pexels.


Caras vemos
Esteban Martínez Sifuentes

─Qué bueno que llegaste ─dijo él desde el sofá─. El asesino de las mil caras volvió a atacar.
─Sí, qué miedo. Acabo de enterarme y he venido corriendo ─ella cerró la puerta con llave─. ¿Ya cenaste?
─No tengo hambre. Me he estado preguntando cómo será el verdadero rostro de ese asesino. ¿De veras es tan difícil reconocer sus intenciones? Yo creo que algo siempre se les nota. En los ojos, en el semblante, algo.
─No me pongas más nerviosa y ayúdame a preparar la mesa, ándale, que yo me comería un pollo entero.
─Sí, tal vez sí es muy difícil ─insistió él, levantándose del sofá para ir, con una idea fija en la cabeza y un trozo de cuerda en las manos, donde la mujer se cambiaba los zapatos de calle por unos chanclos.


     
Foto: Farzad Sedaghat en Pexels.
Foto: Farzad Sedaghat en Pexels.
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Líneas de desnudo. 147. Algo que le falta al mundo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 147

Algo que le falta al mundo
Por Manuel Pérez-Petit

Reflexionando acerca de filosofía y literatura, del fuego y del peso de las ideas en la palabra, la tempestad –que sería la literatura– es, y es evidente, diversa en esencia de la calma –la filosofía–. Que ésta ha pretendido históricamente usar de aquella, o ha visto en ella un modelo ideal de su propia expresión es una obviedad. Que, en cambio, aquella no se preocupa ni se ha preocupado en la historia demasiado de ésta también puede serlo, pese a lo cual se podría debatir con mayor amplitud. Que la crítica ha mezclado con frecuencia criterios literarios y filosóficos para el análisis de los textos literarios no es menos evidente, y, sin embargo, esto ameritaría también un análisis más profundo. Puede encontrarse la virtud en que es del César lo que es del César, sin obviar que a partir de tal axioma se abren muchas opciones para la reflexión. Y también en que hay claros puntos de convergencia entre ambas, dado que las artes de la palabra no son compartimentos estanco. Se habla, pues, de algo tan antiguo como la capacidad que tiene el ser humano de darle corporeidad con palabras a su pensamiento, que tiene múltiples formas de expresión directas e indirectas pero que con el lenguaje se sintetiza y fija. Dicho de otro modo, en la calma siempre se habló de la tempestad, mientras que en la tempestad nunca se habló de la calma y solo se habló de la propia tempestad. Y quizá esa sea la relación entre filosofía y literatura. 
            Lo cierto es que esta relación se ha vertebrado de manera principal en tres líneas: Filósofos que han escrito y escriben obras literarias, escritores que partieron y parten en su tarea creativa de una escuela filosófica y filósofos que hallaron y encontraron y hallan y encuentran en la literatura la fuente de su pensamiento. Son los casos, en el siglo XX, de Jean Paul Sartre (1905-1980), Albert Camus (1913-1960) y Martin Heidegger (1889-1976). El primero hizo literatura con la intención de transmitir sus ideas a la mayor cantidad de público posible, el segundo creó literatura a partir de unas ideas filosóficas concretas y asumidas en su propia vida y el tercero partió de varias fuentes artísticas para establecer su sistema filosófico.
Se podría decir que la filosofía y la literatura forman una pareja de enamorados en la que el conflicto es el modo de vida, pero en la que cuando tiene lugar el encuentro, éste es de gran fecundidad. 
Y yo creo que la fecundidad es algo que hoy le falta al mundo.
La peña del cuervo, en Mineral del Chico, Hidalgo.
Fotografía: Encuentro. © Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 261. Atardecer en invierno. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Atardecer en invierno


Sofía revisó su reloj, ese viernes se había concentrado en el desarrollo de la propuesta de un proyecto cultural para infancias que presentaría el siguiente lunes. Tenía mucho entusiasmo por lo que representaba esa propuesta para su colonia, en el documento había integrado las ideas y necesidades que las niñas y niños de su colonia señalaron en un diagnóstico previo.
     Su celular sonó, era un mensaje de Romina, su amiga y compañera del trabajo, le recordaba que esa tarde se verían para organizar una kermés en el barrio donde vivía Romina, a beneficio de niñez migrante de madres y padres desplazados.
     —¡Chofi! Por favor, acuérdate que nos vemos hoy, a las 6 de la tarde en la canchita del barrio. Invité también a Temo, a Lupita y a Quique, seguro que traen buenas ideas.
     —¡Hola Romi! Gracias por el mensajito, nos vemos en un rato más.
     Terminó de hacer ajustes de formato al texto y Sofía revisó nuevamente el reloj, estaba justo a tiempo para salir a la cita con Romina. Se dirigió al sitio de vagonetas que la llevarían al barrio de su amiga. El carro no tardó en salir. El trayecto le tomaría alrededor de 30 minutos.
     Sofía se sentó en lado de ventanilla, se colocó sus audífonos. Pensó que tenía dos opciones, dormitar un ratito o bien, observar el paisaje.  Eligió la segunda. La luz de la tarde era sumamente hermosa. A diferencia de otros atardeceres que pintan el cielo con distintas tonalidades desde los tonos celestes, rojizos, naranjas, violetas, azules y grises, ese atardecer en invierno tenía una luz en tono dorado que irradiaba a todo el paisaje. Lo anterior, permitía que los árboles lucieran al máximo sus distintas formas, tamaños, follajes y ramas.
     El trayecto le pareció un gran regalo a Sofía, contempló ceibas, árboles de flamboyant, algunos pinos, y a lo lejos alcanzó contemplar las montañas que rodeaban la ciudad y las siluetas de los árboles que las bordeaban. Los tonos que predominaban esa tarde eran dorado y una especie de tono oscuro que le daba un toque especial a todo el paisaje, como a manera de contraluz. Indudablemente esa tarde era hermosa.
      Sumado a lo anterior, la pieza de jazz contemporáneo le daba un toque peculiar que la hacía sentirse muy animada. El celular de Sofía sonó nuevamente, era un mensaje de Romina que preguntaba si ya estaba cerca.
     —¡Romi ya estoy a unos minutos de llegar a la parada!  ¡Nos vemos en la canchita!
Mientras Romina continuaba con los ojos atentos al paisaje, su corazón también se deleitaba con la música de jazz.


Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.