Tamara despertó temprano el 6 de enero, desde pequeña tenía esa costumbre. Como una especie de flash vinieron a su mente algunas de las ocasiones donde bajó rápidamente de la cama para ver qué les habían traído los Reyes Magos. Sintió nuevamente esa emoción, dibujó en su rostro una gran sonrisa y sus ojos se llenaron de agua. Repasó la lista de propósitos de año nuevo que había colocado en una parte de su habitación, el primero era Salir a caminar todas las mañanas o tardes. —¡Vamos ya es el sexto día! —dijo para sí. Se colocó una sudadera, pantalones, tenis y gorra. Se percató que había poca gente, disfrutó el clima fresco, el canto de las aves y esa sensación de estar dándose el regalo de hacer su caminata. Revisó su reloj, ya habían pasado 30 minutos. Regresó a casa. Nadie más se había levantado de su familia. Mientras se servía un vaso con agua, Tamara verificó si tenía algún mensaje o llamada en el celular, era muy temprano, apenas las 7 de la mañana. Sin embargo, encontró un par de mensajes, la tía Patricia le estaba recordando que llevaran la rosca de reyes y también el chocolate. Le agradeció el recordatorio, a Tamara se le había pasado por completo qué les tocaba compartir. Se dirigió a la cocina, preparó café y mientras bebía unos sorbos comenzó a repasar los ingredientes que llevaba la rosca que solían cocinar en la familia. Buscó en la alacena, a excepción de los higos y vainilla tenían todos los ingredientes. Para el chocolate no hubo mayor problema, contaban con todo. Buscó el molinillo que luego parecía que les jugaba a las escondidas porque no lo encontraban. Continuó bebiendo su café, se detuvo unos instantes para recordar en qué momento ella se había sumado a preparar la rosca con su familia. De pequeña le llamaba la atención, la cocina se volvía una especie de fiesta. Ella quería estar ahí. Hacían maravillas con pocos ingredientes. Participaban la abuelita Marce a la cabeza, tía Juli, tía Patricia, su mamá Miriam, la vecina Nati, tía Maye y su prima Rome, que era la mayor de las nietas y nietos, normalmente a quienes tenían menos de 10 años de edad no les dejaban ayudar porque se mancharían, se quemarían o se comerían algunos ingredientes como las frutas secas. Además del gran jolgorio que se armaba en la cocina, la parte favorita de Tamara era cuando decoraban las roscas y al sentir el aroma de pan horneado. Recordaba que se quedaba en la ventana de la cocina intentando ponerse de puntillas para ver cómo quedaban las roscas antes de meterlas al horno, se preguntaba cómo le hacían para resistirse a comerlas cuando el aroma inundaba la cocina. Recordó una frase de la vecina Nati, ‘cuando se cocina y se hace con amor, todo sabe delicioso’. Tenía mucha razón. Ahora, a ella le tocaba ser parte de quienes preparaban las roscas. Tamara disfrutaba tanto ese momento. Se detuvo a pensar que en su familia desde hace mucho tiempo cocinaban roscas. Todas quienes formaban parte del ritual de las roscas eran mujeres, con historias interesantes que le daban los toques mágicos a las roscas, mujeres que hacían maravillas aún con una economía que en varias ocasiones había sido precaria. Roscas con amor, rosca de reinas.
Foto por Vinícius Vieira ft
Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Spotify me manda a principios de diciembre las canciones que más oí en 2024. Compartí 12 (una por cada mes), pero evidentemente hay muchas más que me encantan y que se quedan en el tintero. Decidí recomendar otra. “Cuarto de hotel”, de Francesca Ancarola (Chile, 1968), del álbum Que el canto tiene sentido. La canción cambia los adjetivos finales de cada verso, de modo se va volviendo distinta en cada estrofa (un poco como lo hizo Chico Buarque, en su espléndida “Construcción”). La primera parte es como de una amante abandonada y la segunda, que es la que más me gusta, parece el después de una noche de pasión: “Cuarto de hotel temprano/ Y se vistió en silencio/ Y se pagó ausente/ Salió con paso amante/ Al día tan insomne/ Con la mirada absurda/ Y las manos celestes”. La cantante tiene una voz potente y llena de matices.
Mando mis columnas con una semana de anticipación. Dije que, a la fecha que mandé la que habla de cine, había visto 357 películas, series, documentales. Seguí viendo, claro (llegué a 374, al 29 de diciembre), y la que no quiero que quede fuera es La única mujer de la orquesta (2024), documental escrito y dirigido por Molly O’Brien, quien es sobrina y la única familiar directa de Orin O’Brien, contrabajista y primera mujer que la Filarmónica de Nueva York contrató en su orquesta y de quien dijo el celebérrimo Leonard Bernstein (palabras más, palabras menos, las cito de memoria): “Cuando alzo la vista para ver a la orquesta y la veo, está concentrada. Es un milagro”. Orin O’Brien es también alguien a quien no interesó la fama (hay un momento en que le reclama a su sobrina que la intente hacer pasar por una artista y por una excepción), sino sentirse apoyo de los demás músicos. Le parece mejor permanecer en la sombra. Y ese acto de humildad, paradójicamente, la vuelve grande.
Seguí leyendo libros y uno que no entró en la cuenta del 2024 (que cerré, al 29 de diciembre, en 262) es Entonces, escribo (Tifón, 2024), de mi querida amiga Damaris Disner. La conozco desde que era adolescente y hemos sido amigos desde aquellos años. Me encantó su breve libro, porque, aparte de su talento como narradora (poeta y dramaturga), se muestra a sí misma con enorme vulnerabilidad. Parece fácil desnudarse en público. No lo es. Y ella lo hace literariamente. Saber de su timidez infantil, sus dudas, su claustrofobia, su corazón de pollo y las muchísimas cosas íntimas que nos comparte (hasta páginas sobre su erotismo) me hacen quererla aún más. Su libro me parece honesto y valiente, sin aspavientos. No es un retrato complaciente ni simple. Lo dice ella (p. 10):”Soy mujer, no puedo describirme tan fácilmente”.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Por lo que más quieran, por sosiego y propia sanidad mental, no se tomen la vida tan en serio. “Si te quieres suicidar porque te he sacado todo, hazlo, no me interesa. Pero por favor, ¡no lo hagas esta semana que es mi cumpleaños, tienes que cantar las que me gustan!”. Si este personaje, pongamos que masculino de 40 a 50 años, insiste en consumar su plan, recordémosle que hay por ahí “más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena”, y que en Antofagasta o Alaska hay oportunidades de empleo. Y si aun así recalcitra, que realice su acto con discreción para no ofrecer espectáculos deprimentes. Luego fallan y es lamentable. Dicen que el humor negro es el más incomprendido de los humores. Y es que él mismo tiene la culpa, se lleva muy pesado con la gente y a ésta no le gusta que alebresten los pecadillos que oculta dentro (“¡A mí no me engañas, sé que algunos guardas! ¿Por qué, a ver, el otro día…?”). De igual manera, nos espeluzna que refresquen nuestros defectos de carácter o las marcas de herencia imputables al insensible destino, como el tono de piel, la nariz arremangada o la ausencia de pañales de seda en el tendedero de nuestra infancia. En cualquiera de estas situaciones y muchas otras hay que respetar y respetarnos, prudencia. El humor negro busca ser irreverente, provocativo; nos expone, nos arrincona para que tomemos partido desde ya: abandonar la sala de cine o reírnos, que es aceptar, trasladar el mensaje a casa y rumiarlo en la intimidad. El que se ríe del otro, se lleva. Es un cuchillo de doble filo, y sin empuñadura. Es como defender lo indefendible; pero yo no lo inventé, ya era viejísimo cuando mi aparición. Entendido como sátira y mordiente crítica social, en nutridos casos es propinarle una patada en el traste a la sobrevaluada supremacía del yo y burlarnos un poco (o un mucho, depende) de la solemnidad que habita en nosotros mismos para salir fortalecidos. Si testerean nuestras sólidas convicciones, ¿qué nos escuece si las atesoramos en lo más profundo e inatacable? Ignorémoslo. ¿O no son tan sólidas? ¡Fortalécelas, documéntalas, discútelas con palabras que para eso se inventaron, pero no patees el sofá ni pongas bombas contra inocentes! Más apertura, si todo es ficción, accionar y modos de ser del ente humano, que nació para ocultar y revelar, conspirar y departir, solemnizar y juguetear un día sí y otro no, a escondidas en el closet, en el umbral de la puerta o a pleno sol. ¿O acaso te crees impoluto o superior? ¡Cuidado, el nazismo no poseía autocrítica ni sentido del humor y por esas carencias asesinó a millones! El humor negro cuestiona, sazona con chile habanero y limón, con arsénico y encaje (Arsenic and Old Lace, Frank Capra, 1944). Si hay necesidad (y parece que siempre la hay), hurga con quitagrapas en la herida para que sobrevenga la catarsis en el lector o espectador. Está calculado, de otro modo sería comedia hueca, grotesca, sádica y, entonces sí, tal vez ofensiva. Además, en la literatura y el cine recae por lo regular en personajes viciosos, arrogantes, estólidos, pretenciosos, explotadores o matones. A veces aparecen las deformaciones físicas, pero van acompañadas de deformaciones morales. En Un pescado llamado Wanda (Charles A. Crichton, 1988) se pitorrean de un tartamudo y para colmo intentan pegarle a cada rato en su nariz herida. Ah, sucede que es un pillo pertinaz y servil con su jefe. En El quinteto de la muerte (Alexander Mackendrick, 1955), una bondadosa viejecita es asediada por malhechores relapsos que, como Tom-Silvestre-Coyote contra Jerry-Piolín-Correcaminos, siempre muerden el polvo. En El esqueleto de la señora Morales (Rogelio A. González, 1960), una esposa indefensa, y chantajista, parece haber sido asesinada por el cínico-aunque-tolerante esposo subyugado, que funge de taxidermista y detesta a los allegados de su consorte por hipocritones y cotillas; exonerado por la ley, el culpable recibe su merecido de una forma inesperada. Con cantidad de trancazos y sangre (implícita) de por medio, en En Brujas (o Escondidos en Brujas, Martin McDonagh, 2008), los mejores amigos del mundo, ambos católicos y simpaticones y uno con nobles sentimientos, se ven orillados a eliminarse el uno al otro; tenemos patente de corso para carcajearnos, son sicarios y cosechan lo que sembraron. Mucho antes en Grecia, en la comedia clásica los ciudadanos se critican y putean cómicamente unos a otros como un triunfo de la libertad democrática del individuo: Las Nubes. Y, ambas obras de Aristófanes, en Lisístrata las mujeres cierran sus piernas a los maridos tratando de parar el trastorno de la guerra. En la Roma del siglo II, Apuleyo perfila la novela picaresca del Siglo de Oro español con su irreverente Las Metamorfosis o El asno de oro, donde Lucio transformado por artes mágicas en burro es testigo de las injusticias contra los marginados. El picante diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara (1579-1639) levanta los techos de las casas como si fueran de cartón y presencia miserias e intimidades de sus moradores. Inspirada en algún grado en el asesino de opulentas mujeres Henri Désiré Landru, Monsieur Verdoux (Chaplin, 1947) es una polarizante, blanca-negrísima película donde el personaje equipara, al pie de la guillotina, sus crímenes con los que cometen desde mullidos sillones los barones de la guerra a nombre de la patria. El cochecito (Marco Ferreri, 1960) y El verdugo (Luis G. Berlanga, 1963), ¡qué joyas!, ¡y en plena época franquista! A Kieslowski le faltó el negro en su trilogía de colores, que no aparece en la bandera de Francia pero algo de esa tonalidad debe tener ese país. En Un tipo serio (2009) de los incansables mala-leche hermanos Coen, un catedrático ejemplar abrumado por las desgracias cotidianas sube a la montaña a suplicarle clemencia o alguna señal esperanzadora a Yahvé, y Yahvé, con su arcana sabiduría, le manda un rayo que lo pone a temblar aún más. Así se templa el acero. Sin en cambio, no hace muchos años, en un viaje largo en autobús y en pleno mediodía (es relevante el dato), me tocó bancarme una película donde al arranque, cinco minutos, los dos personajes dialogan no importa de qué mientras aprontan su arsenal para el asalto a la joyería que se disponen a cometer en Los Ángeles. Los eméticos 125 minutos restantes (7,500 larguísimos segundos) son un ensordecedor enfrentamiento con las instituciones del orden regulares y especiales y un derroche de lo más explícito de balazos, humo, sangre y muertos; ni un gramo de humor, a excepción del involuntario. Luego, zanganeando en internet, descubrí que la cinta era, hasta ese momento, en la que se soltaban más balas por minuto en la historia de la cinematografía (la página especificaba cuántas pero no recuerdo). ¿Había menester de tremenda apología al plomo y el desprecio por el semejante? Claro que sí. A la brutalidad de los delincuentes por escapar impunes le corresponde la angurria de los productores por hincharse de dólares. ¿Y pasarla en horario infantil en el autobús? Cantor insigne del amor y editor del asceta fray Luis de León, Francisco de Quevedo era un maestro de ese humor filoso y cruel (La vida del Buscón, “érase un hombre a una nariz pegado”). César Vallejo escribe con intención sacudidora, “quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo”, y “también quiero muchísimo lavarle al cojo el pie”. Thomas de Quincey se preguntaba ¿qué impide gozar del hecho estético de un incendio o un asesinato cuando materialmente no se puede hacer nada? Freud el infaltable consideraba el humor, sin tonalidad o de todas las tonalidades, como capaz de aligerar el peso de la rutina y la aflicción que nos ronda con singular constancia. Y aunque no lo hubiera dicho, el humor es artículo de primera necesidad, dispositivo de defensa. “Destapa”, libera al permitir que ciertos contenidos traumáticos salgan a orearse y, si nos descuidamos, a armar un aquelarre. En tal eventualidad, les suplico contención, mesura, que no causen tanta batahola y traten de entender que los otros también tienen derechos. El poeta y teórico del surrealismo André Breton recopiló una impagable Antología del humor negro (1940) y, de paso, incorporó el término “humor negro” a la belicosa y materialista cultura occidental. La obra estuvo vetada cuatro años, lo que duró el gobierno colaboracionista de Vichy en Francia. El humor negro arranca risas en situaciones incorrectas, tristes, trágicas o incluso grotescas, en temas tabú o sagrados. Comodino y entrometido, se aviene a todo. Lo echan a patadas, vuelve. No se burla (bueno, en ocasiones sí) de las religiones ni del auténtico creyente promedio, sino de los que se amparan en alguna de ellas para creerse mejores o cometer atrocidades. Es genérico, no tiene nombre ni apellido, es humor adulto en todas las acepciones. Jamás debe ser dirigido directamente por un niño a otro niño o por un adulto a un niño. Si está bien logrado (y el inglés Alec Guinness era un gran actor ejemplo de ello), no es de mal gusto como sostienen algunos. No es sangre ni vísceras expuestas a diestro y siniestro como el gore. No es ver sufrir hora y media a una mujer indefensa en garras de un psicópata o un maligno ente sobrenatural. No es facilona destrucción de autos, peleas a balazos al menor recoveco de la trama. “Aptas para todo público”, la mitad de la producción de Marvel y Pixar (Disney) son películas belicistas sin ningún embozo. Es cierto, contar un chiste de esa tonalidad funérea puede ofender o herir susceptibilidades, étnicas, socioeconómicas, regionales, sexuales, de género. Por eso, como decían los intérpretes de corridos, para “empezar a cantar, pido permiso primero”. ¿Me permiten…? ¿Por qué los pobres mineros de las compañías canadienses no pueden viajar? Por su alto contenido de metales en las venas, siempre suenan los detectores de los aeropuertos. Les advertí. Es, aparente paradoja, sutileza gruesa, guarra y refinada no apta para tibios, pacatos, ñoños, sensibleros, damas iglesieras o caballeros relamidos. Nada ni nadie se eleva por encima de una carcajada arrancada con frescura y originalidad en, esto sí sacratísimo, la intimidad de la lectura o el solaz de una película. ¿Desterrarlo de los medios?, ¿multarlo? Es muy difícil y resultaría contraproducente. Lo ideal sería tolerar al prójimo, amarlo y, better than better ya que los verbos precedentes causan comezón y escepticismo, entenderlo. Sin visos de elegancia y casi sin advertirlo, a diario empleamos la parodia, la ironía, la sátira, el absurdo, lo grotesco y otras concomitancias. Aprendamos a aplicarlas con refinamiento y contra los verdaderos enemigos de la colectividad. Los demagogos, los corruptos, los violadores, los pederastas, los mafiosos, los narcotraficantes, los prepotentes, los exclusivistas por motivos que incumben a la dignidad humana. “En este establecimiento no se discrimina a nadie en razón de su sexo, su color de piel, su…” Son medidas básicas plasmadas en letreros comunes en la actualidad, pero cuyo trasfondo ha costado y cuesta mucha sangre. V.g., la abolición de la esclavitud y la real vigencia de la no discriminación en Estados Unidos, Sudáfrica y países con culturas originarias intervenidas con pólvora y acero por europeos. No es afán mío fomentar la violencia ni siquiera verbal, pero puede resultar una excelente táctica defensiva: ármate de una selecta dotación de chistes contra el hostil, y cuando él lance uno contra tu sensibilidad, tú encájale otro inapelable contra la suya, por lo menos concluirá en empate. Veneno y contraveneno: ─A los negros Dios los olvidó en el horno, por eso su pigmentación tan tostada. ─Y tus ancestros blancos le tenían tanto pánico al sol que se escondían en cuevas, de ahí el tono crudo del pellejo y por eso nadie los traga. ─Era solo un chascarrillo, calma. No buscaba ofenderte. ─Yo tampoco. Salud. En una definición válida asimismo para el humor del teórico de la cultura e historiador Johan Huizinga (Homo ludens, 1938), el juego como capacidad del ser humano se da (debe darse) siguiendo reglas consentidas en libertad y debe practicarse fuera de lo que pueda considerarse utilidad o ventaja inmediata. Hagámoslo así, es gratis y paga dividendos. Un ejemplo de resiliencia y alegría por vivir “a pesar de todo”: Helen Keller, que era inteligente, activista de izquierda y anti-nazi. Existen muchos otros. Basta aguzar los fanales, y empatía, por favor, si es que les queda alguna... ─Lo que es la mía, no la encuentro desde la otra noche que me la quité para bañarme. Ja, creo que nunca he tenido y no me hace falta desde que una vez, mis padres, siendo yo apenas un chavalillo… El buen standopero o cuentachistes profesional en vivo sabe que un principio básico para enganchar al auditorio es burlarse de sí mismo; y luego, entonces sí, agitar la guadaña del ingenio contra todo lo que se mueva en el universo, TODO: judíos, musulmanes, Testigos de Jehová, gays, ateos, marcianos, afrodescendientes, amorosos que susurran a Jaime Sabines en el oído de la amada en un Burger King, intelectuales, ludópatas, cancerosos, blancos color carne de pescado, tímidos, gandallas, oficinistas, albinos, pelirrojos, el Papa, Donald Trump, potosinos, rusos, asiáticos ojos de rendija, embarazadas, impotentes, cornudos, bígamos, mataditos en el estudio, enclenques, bulímicos, diabéticos, vigoréxicos, vegetarianos o los que manejan grúas en cualquier parte del mundo. Esto es (repetimos sin pizca de humor aunque convencidos), todo lo que se mueva. No siempre funciona, si no pregúntenles a los del semanario satírico francés Charlie Hebdo; no obstante, vale la pena atrever a divertirse sin tanto lastre o gravedad que solo nos hunde más en la noche fría e irremediable personificada por la Flaca Dama.
Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.
Obra publicada: Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.
Cual dinámica fluvial, el año ha transcurrido. Como muchos otros, como casi todos. Entre procesos de erosión y sedimentación; de la hidrósfera a la atmósfera, de aquí a la litósfera y, nuevamente, al abrazo de las aguas continentales. Hemos nadado contracorriente en ocasiones, pero siempre aferrados al tronco de la fe. 2024 comenzó con muchas sorpresas, pero, sobre todo, con grandes apuestas lanzadas al destino. Esperanza férrea como moneda de cambio y un temple imbatible como escudo. Así, los calendarios recorrieron sus páginas, repletas de jornadas tachadas y promesas olvidadas. Y llegó la lluvia, y llegó la noche; los ángeles lloraron diluvios sobre nosotros. El caos, como la humedad, siempre encuentra cómo infiltrarse en el alma y en los días más luminosos. Sin embargo, aquí seguimos, disfrutando de lo aprendido, porque, como he dicho antes, hay años para forjar éxitos y fortunas, y otros para forjarse el carácter. Nada puede ser tan malo cuando las recompensas se manifiestan como lecciones duras, pero necesarias. ¿Qué sería de nosotros sin una luna de sangre que ilumine nuestro rostro con carmín en noches de vigilia involuntaria? No vale la pena hacer un balance de buenos y malos momentos, pues esos se irán revelando en fotografías: imágenes mudas y sordas, incapaces de transmitir, entre miradas y sonrisas, las historias que guardan en silencio. Es hora, entonces, de dar las gracias. A aquellos que fueron antorchas en la oscuridad. A quienes se convirtieron en mentores, compañeros de trinchera y aliados inesperados. La primera persona a la que debo agradecer es a mi madre. Con paciencia y el cariño que uno siempre anhela, me tiende su mano y me dice que no debo preocuparme por el futuro, porque, tarde o temprano, las aguas que abandonan el río regresan a su cauce. Con sus hermosos ojos verdes, me cobija y protege contra un mundo inclemente. Irónico resulta que, a mis cuarenta años, debería ser yo quien la cuidara y protegiera. Pero así es la vida: un vaivén constante que, con una sonrisa, acepto como parte del devenir. Mi padre merece también mi agradecimiento, desde luego. Desde su trinchera, no tan lejana, sigue creyendo en mí. Aunque no soy una copia exacta de él, aunque no viví sus mismas luchas, está orgulloso de este ser que soy, con mis propias historias y conflictos. Agradezco tenerlo todavía como una figura que inspira y, con su porte imponente, me recuerda que soy capaz de enfrentar cualquier desafío que se presente. Un agradecimiento muy especial a una persona que, a lo largo de doce años, ha creído en mí y en lo que tengo que decir, que, pese a encuentros, desencuentros y reencuentros, el cariño permanece intacto. El hacedor de milagros que ya todos conocen y pocos valoran, que no quita el dedo del renglón cuando se trata de impulsar, dejándose la piel en cada compromiso con sus autores y colaboradores, no dejando nada para él la mayoría de las veces. Mi editor, Manuel Pérez-Petit, que no importa si sea Sediento o Almuzara, o lo que venga, siempre confiaré en tu sabiduría y conocimiento, no sólo del tema editorial, sino del mundo que nos asola. Vaya zapatos que tendrá que llenar quien sea que venga después. Debo darle las gracias a una persona que me dedicó gran parte de su tiempo, su cariño y sus caireles. Ese tiempo es impagable, pero jamás será desperdicio, y eso no está a discusión, pues las horas que se invierten en amar, son horas que alimentan el alma, no importa si son una o dos, o mil; importan, sencillamente. No diré más porque respeto lo cíclico, lo efímero y lo sempiterno, por ello concluyo con esta frase: “Ayer la pude ver, atreviéndose a vivir, enfrentando al mundo y sin miedo a ser feliz”. Que el amor y el bien siempre iluminen tus senderos de buenaventura. Es importante recalcar que también este año descubrí a uno de mis mejores amigos, que ya se encontraba en mi horizonte desde hace muchos ayeres, pero que su apoyo apareció de forma inesperada, como una espada valiosa que se unía a la batalla, aquel que porta a Excalibur en el momento más crítico. Después de encontrarme enlodado por tormentas pasadas, Jorge Vargas me dio la mano en plena oscuridad. Y sin él, no estaría, quizá, escribiendo esto. Estaría, probablemente, seis metros bajo ya saben dónde. Quiero agradecer a mi mejor amiga, que quizá yo no sea su mejor amigo, pero ella sí lo es de mí, una confidente incondicional, una estrella submarina en forma de Perla que siempre está iluminando la vida de todos, guardándose poco de ese brillo para ella, y que se merece mucho más de lo que cree. No tengo mas que palabras afectuosas hacia ella, por creer en este irredento remedo de ser humano, que, como ella dice: un toro en cristalería, hace lo que puede con lo que tiene. Christian Vizuet es otra de esas personas que pocos pueden presumir tener como amigo, pues siempre aparece de la nada y te saca una sonrisa. Es de esas personas que están, y cuidado de darlo por sentado, que en cualquier momento su talento nos lo arrebata de la mundanidad y se volverá alguien tan ocupado en lo que merece hacer y estar, que difícilmente, podremos recurrir a este Pepe Grillo moderno. Si no tienes alguien que te grite “¡Hurra!” desde bambalinas, lo siento por ti. Gracias al Círculo de Contención de Señoras que se formó en los últimos meses del año, cenáculo de talentos, pero, por encima de todo, de buenos corazones y brazos fuertes dispuestos a luchar los unos por los otros, desde la valiente y sorprendente Valkyria; el astuto, inquieto y virtuoso Elfo, y la encantadora y vivaz Barda, dispuesta a cruzarse el carril del metrobús si la ocasión lo amerita. Gracias a mi fiel e incondicional audiencia de cada viernes en Alcance Tendencia Radio, que también han sido un enorme círculo e apoyo, de terapia grupal, en donde se hace catarsis global mientras nos deleitamos con melodías inefables y fraternidad. Mis queridos fraters, sin ustedes, todo sería nada. Agradecimientos especiales a mis colaboradores de locuras, aquellos que tienen que soportar al toro de lidia que trata de abrirse paso en la cristalería, que tira una cosa por tratar de poner a salvo otra y después se llena de culpa y luego de ira y luego de resignación. Ese soy, gracias por tanto Juan Antonio, Carlos, Pablo y Pedro, y perdón por tan poco. Otro agradecimiento especial a mi querido Manuel Salazar, quien me llevó de viaje a San Luis Potosí, sitio en el que pasó uno de los mejores momentos de este año tan turbulento. Por su amistad sincera y por ser una de mis personas favoritas de este periodo. A mis hermanos, a mis gatos, a mi perro y a todos los artistas que me llenan de inspiración y combustible para seguir adelante día tras día. Y, por último, pero no menos importante, a la única persona que siempre ha tenido todos los motivos para odiarme, y que, durante estos 365 días, hizo posible que, en mis días más oscuros, tuviera algo que desayunar. De nuevo, gracias por tanto y perdón por tan poco, tan nada, tan malo.
Y un no gracias a dos personas en específico, que ni por asomo mencionaré aquí ni nunca jamás, pues sus nombres los he escrito en un papel para después quemarlos esta noche. Sin insultos ni maldiciones, sólo deseos de no volverlos a ver, como una pesadilla que se acaba, nubarrones de verano que se esfuman con los destellos mortecinos del otoño y, congelados posteriormente en el invierno. Deseo que sus memorias sirvan de abono para nuevas flores en primavera, unas muy distintas a ustedes. Mi deseo para ustedes es que no dañen a nadie más, ni siquiera a ustedes mismos. Que Dios los bendiga, yo ya les dije adiós.
Así, me abro al final de todas las cosas. Al colofón de un año complicado. A la promesa de un nuevo inicio, siempre aguardando como agua para el sediento. Y yo estoy ansioso por beberme el mar.
Gabriel Mendoza García @megaescritor
30 de diciembre de 2024
Ilustración: Proporcionada por Gabriel Mendoza García
Sobre el autor:
Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.
Soy el embrión y me limpio sin pudor en un poema interminable de meandros silenciosos, capaz de levantar las aguas de todos los mares y poner uno a uno cada pez en cada estrella, de convocar y reunir en un arca cubierto de brotes a todos los seres luminosos que palpiten, más allá de cualquier siempre conocido en los confines de tus piernas que miran largamente, de prender el candil que permanezca fiel a sus raíces y sus brazos se levanten en el templo, ebrios de reconquista y de luces y de afán de poner orden, de recoger las espinas de mi carne con la soltura que transita por los cauces de mis sienes, como se yergue un cóndor sobre tus ojos cuando bailas por las calles y rebrota de tus labios, de beber el caldo de la muerte que se cocina en peroles en todas las esquinas y transformarlo en tu néctar filosofal que convierte en vida todo lo que toca en tanto todo gira en torno a ti, de ser el lazarillo de mis ojos en mi ceguera gracias a la gracia de tus labios que me donas en este ir a ti rodeado de luciérnagas y temblores y caricias que pronuncian solo un nombre, de vivir en la mirada atenta y feroz de nuestro perpetuo calendario más allá de los pliegues, rodeado de alcavaranes a cielo abierto y los delfines que se ríen y juegan en tus faldas, de estar cubierto por los rojos y arracimados ceibos de tus avenidas deliciosas y sembradas como el que camina rumbo a su abrazo favorito hecho de preñez, cosido a tus llamas y a tus ríos, de beberte bajo el manto de este gallo que me alza y me corona con sol sobre campo de plata, abriendo el grifo de luz que es y que contiene el óvalo enmarcado entre el olivo y el laurel, de reconocer que esto nos resume pese a que sabemos que el mundo está por levantarse todavía, de saber que en este parto que ahora por fin soy con fe me adentro en la fortaleza del monte sobre las aguas del océano cuajado de dolor y tiburones para hallarte en este eterno buscarte, de habitar en la estación en que evacuo los resquicios de mi muerte y la memoria de tus jaguares y colibríes, en mi anhelo de libar el néctar de tus flores, las dentelladas de las llanuras que te circundan no tan repletas ya de pumas y avestruces, de hervir a dentelladas de besos imposibles mi sangre y hacer la oración definitiva de tus ojos en tanto habitan en los humedales de mi espalda tus caimanes preferidos y cardiosaludables, de recorrer la senda que atraviesa los continentes y en la que todo se dirige a ti y te nombra, hallarte por fin para hallarme y de una vez nacerme de una vez bendita seas por para nosotros. Los territorios se rinden, claridad sin cercas llena de cantos, en los dones que hoy nos brotan, en este reto patria sin bandera, abiertos en canal para ensartarnos desnudos de una vez sin tiempo en la hora en punto y son estos tus ojos los míos los nuestros, y la mirada nos dice amor y se asoma de nuestro vientre al mundo, de nuestro ser con su cuerpo sin cicatrices, por fin, joder, hechos uno, poderosos, inmunes, decididos en la ecuación que nunca nadie pudo saber que supo, con la carta de naturaleza de nuestra condición original, mítica, pentatéutica, definitiva, que la casa en que habitamos no tiene muros, puertas ni ventanas; tiene extensiones tan abiertas que nuestra nueva enseña con rayas azules acostadas se proyecta en extensas alfombras y cuchillas que apenas se levantan por la acción de tu soltura, la gracilidad con que te empleas en tu continuo hacer y deshacerme, en tu labor de catequista para la nueva vida en que somos uno y, así, de este modo, inmersos en un gozo inevitable, que llegue el momento en que podamos decirnos ya que nacemos. Y nazcamos.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.
Estas líneas que escribo antes de culminar el 2024 se inspiran escuchando un coro de grillos que fondea como uno de los más bellos paisajes sonoros de la noche. El clima es un tanto fresquito, agradable, me hace recordar la época invernal que en el sureste chiapaneco se torna distinto, dependiendo de la región geográfica en la que una se encuentre. Me acompaña también el calor de una velita que desprende un sutil aroma a vainilla, el fueguito que honra la memoria de quien ha partido recientemente de este espacio físico, una de las integrantes de nuestra bandita peluda. En un cuarto plano alcanzo a percibir el viento que mece los árboles. El fuego de la velita me hace recordar a la luz que me ha acompañado este 2024, esa luz que está siempre ahí, hay que darse el espacio para tenerla presente. Sin duda, ha sido un año lleno de diversas experiencias, aprendizajes, sinsabores, ausencias, despedidas, pero también momentos únicos, intensamente gratos y amorosos que es importante agradecer. Uno de los regalos más valiosos que una persona y un ser vivo puede tener es la salud, de ahí que llegar con salud al finalizar un año es un gran tesoro. Mientras observo el cielo, que en esta época del año nos permite percibir más estrellas que titilan, me hace evocar lo maravilloso que es el regalo de contemplar la bóveda celeste. Un tercer regalo invaluable es el acompañamiento de nuestros seres amados, los que están en las distintas vicisitudes y que reconfortan y apapachan nuestro corazón. Y además de los regalos que ya mencioné, en este 2024 he tenido el regalo de caminar en otros espacios, en otros senderos, recorrer caminos, escuchar y encontrarme con personas nuevas, reconocerme en las redes que se han ido tejiendo con el tiempo, valorar esas redes y crear nuevas, valorarme a mí como parte de ellas. Valorar y agradecer a quienes forman parte del andamiaje que día a día se construye, se alimenta, se cuida y se fortalece. El tema de las ausencias no se puede hacer a un lado, forman parte de la vida, se aprende de ellas, aunque el dolor pueda hacerse presente. Es necesario hacerles frente y dejar que suceda la vida. Y una parte fundamental en este 2024 son los agradecimientos, por lo que ha venido, lo que ha fluido, lo que se ha gestado, lo que el universo y la divinidad nos ha brindado. Un agradecimiento muy especial es poder continuar compartiendo estas Voces ensortijadas de manera semanal. La escritura y la lectura son también regalos que nos permiten volver la mirada a nuestro interior, conectar con nosotras, con nosotros. Valoro, agradezco y me llena de alegría, motivación e inspiración cuando estas voces resuenan en ustedes, con algún suceso, pensamiento, evocan experiencias o anécdotas, que me comparten y me llevan a reconocer la importancia de la escritura cuando trasciende de lo personal a lo colectivo. Muchas gracias al público por este año de lectura de las Voces ensortijadas, por el espacio de tiempo que brindan para conectar con ellas; agradezco de manera especial a Letras, idea y voz, Chiapas Paralelo y Tropikalia en Radio Siberia, por la divulgación de esta columna semanal. ¡Muy feliz y venturoso año 2025 para ustedes y sus familias! Que la lectura y la escritura sean los puentes que nos permitan conectar con más corazones y mentes.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Mis libros favoritos de 2024 Héctor Cortés Mandujano
El año pasado leí 255 libros, al 22 de diciembre, que es la fecha en que mando esta columna. Traté de hacer un balance que incluyera diversos géneros entre los libros que decidí que eran mis favoritos de 2024 y creo que lo logré: novela, cuento, ensayos de distinto orden, poesía, dramaturgia, cine, entrevistas, artes visuales… La diversidad también está en las nacionalidades. L@s autor@s son de Francia, EUA, España, Perú (¡cuatro autor@s!), México, Chile e Italia. Los dos libros donde sólo se consignan los años de publicación, los leí en mi lector electrónico (Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple) y en la computadora (Las partículas elementales). Ojalá te interesen lector, lectora.
Uno: Las partículas elementales, 1998, de Michel Houellebecq (Francia, 1968), es una novela extraña: está disfrazada de biografía y mezcla con conocimiento de causa la investigación científica y el sexo explícito. Es también un estudio minucioso de la soledad, las (malas) relaciones de los hijos con los padres y el amor. Inteligente, divertida, descarada y, por momentos, muy dura. Dos: El lado activo del infinito (Random House, 2015), de Carlos Castaneda (Perú-EUA, 1925-1998) es el cuarto libro sobre las enseñanzas de don Juan Matus, indio yaqui y chamán, a Castaneda. Los tres anteriores me gustaron, pero éste me tocó hondo. Me parece que hay menos máscaras, menos eufemismos, más verdad: “Después de caminar un kilómetro, todos los lugares del mundo son iguales”. Tres: El orden del Aleph(Editorial Candaya, 2021), de Gustavo Faverón Patriau (Lima, Perú, 1966) es un ensayo deslumbrante, erudito, una “inmersión total” en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. Las 331 páginas se centran en el célebre cuento de Borges, pero se mueven hacia la religión, el arte en general, la literatura por supuesto, el psicoanálisis, Hitler, el nazismo, y todo lo que arroje luz a cada palabra pensada y escrita por aquel argentino genial. Cuatro: Misterios de la sala oscura. Ensayos sobre el cine y su tiempo (Debolsillo, 2020), de Fernanda Solórzano (Ciudad de México, 1971). Son ocho prolijos trabajos sobre el mismo número de películas, famosas y contemporáneas, donde aborda el antes, la proyección y el después de la cinta; al mismo tiempo cuenta la historia de los actores, el director, el guionista, las peripecias que los llevaron a juntarse… Buenísimo. Cinco: El Incal(integral), Reservoir Books, 2017, de Alejandro Jodorowsky (chileno-francés, 1929) y Moebius (Francia, 1938-2012). Estos dos artistas trabajaron juntos en varios libros gráficos. El Incal salió en varias entregas. El libro que leí, como dice entre paréntesis, tiene todas las entregas y, además, entrevistas con los autores. Es una historia loca que parte de este mundo, de esta realidad, y se mete a muchos/muchas más para que el aparente hombre común, que es el protagonista, evolucione, crezca y comprenda la lección que, entre otras, nos ha dado reiteradamente el budismo: todos somos todo. Las ilustraciones de Moebius son portentosas, parecen cine. Seis: El drama intempestivo. Hacia una escritura dramática contemporánea(Paso de gato, 2020), de Carles Batlle (España, 1963) es un ensayo que busca desmarcar la escritura de teatro de las convenciones heredadas, del planteamiento básico de inicio, conflicto y desenlace, de la lógica aristotélica. Escribe Carles Batlle: “El dramaturgo intempestivo evita proponer consignas o dar soluciones. Todo lo contrario, produce interrogantes y puntos de vista, tanto para inquietar y sorprender a los demás como para descentrarse él mismo”. Siete: Mario Vargas Llosa. Conversación en Princeton(Alfaguara, 2017), con Rubén Gallo (México, 1969). El libro analiza a detalle por lo menos cinco libros de MVLl: Conversación en La Catedral, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El pez en el agua y La fiesta del Chivo. Los cuadernos de trabajo, que son muy voluminosos, donde Vargas Llosa hace los proyectos y versiones primarias de sus novelas, y un montón de papeles más, pertenecen a Princeton; por eso, no sólo Rubén Gallo hace las preguntas, sino también muchos alumnos especialistas en la obra de este peruano universal. Ocho: Octavio Paz. Iconografía(Fondo de Cultura Económica, 2020), de Rafael Vargas (México, 1954) es un espléndido trabajo para conocer a Paz, porque, aparte del gran trabajo de investigación sobre su vida y su obra, y de las no tan difundidas imágenes, de quien no gustaba tanto de fotografiarse, hay textos pacianos, tomados de aquí y de allá, que fueron escogidos con excelente tino. Nueve: Cómo piensan los artistas(Fondo de Cultura Económica, 2015), de la periodista, editora y escritora peruana Fietta Jarque (1956), es un libro bello como objeto y por su contenido. Jarque entrevistó, “a lo largo de casi treinta años”, a 51 artistas disímbolos y cada trabajo periodístico es ilustrado por una obra de la persona entrevistada. Dice la autora en la presentación: “Los artistas hablan sobre su forma de trabajar, las circunstancias en que surgieron ciertas obras, los motivos que tuvieron para plantearlas de determinada manera”. Diez: Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple(2015), de Sandro Palazzo (Italia, no hallé fecha de nacimiento), es un libro que enlaza la vida y el pensamiento de estos dos grandes filósofos: Heráclito, el Oscuro, y Parménides, el Terrible. Palazzo da muestra palpable de inteligencia y erudición en este libro de factura impecable. Las lecciones de los dos maestros sirven a nuestra vida, la aclaran, la iluminan. Once: Samahua (Almadía, 1997), de Leonardo da Jandra (Ixtapangajoya, Chiapas, 1951). Compré el libro hace tiempo, en una librería de Oaxaca, con el propio Leonardo de testigo. Me la dedicó con sus letras incomprensibles. Hacía mucho que un libro de cuentos no me parecía tan perfecto, como éste. El lenguaje, las tramas violentas, los personajes terribles, la vinculación de todas las historias (está a casi nada de ser una novela o lo es, sin las convenciones clásicas) parecen brotar de una enorme concentración, de un talento prodigioso, de un maestro de la narrativa. Samahua es, literariamente, una maravilla. Doce: Una bendición (Mondadori, 2009), de Toni Morrison (EUA, 1931-2019) es, otra vez, una historia de mujeres negras, de violencia, religión (“La religión, tal como la madre se la había inculcado a Rebekka, era una llama alimentada por un odio portentoso”), segregación femenina (“Ser mujer en este lugar es una herida abierta que no puede curarse”), segregación racial: “Entonces supe que no era una persona de mi país ni de mi familia. Era una negrita”.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mi deseo es que el Janucá nos traiga el milagro de la paz
M. P.-P.
Tuvo mi último texto publicado, Festejemos la luz, muy pocos lectores en relación a lo que es habitual y, sin embargo, levantó una fuerte algarabía en algunos foros y en algunas personas, de manera principal en España, país cainita por excelencia, como cainita es la guerra que se desarrolla en la tierra de Israel, la cual, como toda guerra, es detestable, y yo diría que no solo para los vencidos sino también para los vencedores. De los crímenes que se puedan estar cometiendo y se cometen no puede ser responsable el pueblo judío. En todo caso lo es el Gobierno del estado de Israel, como también lo son, pese a quien le pese, organizaciones palestinas que incluso en tiempos de paz atacan de manera indiscriminada el territorio de Israel. En este caso, además, el debate no es tan simple como ver quién es el bueno y quién el malo, y tomar partido en consecuencia. Toda guerra es indiscriminada, cruel, aberrante y detestable. ¿Necesaria? Nunca. ¿Justificada? Tampoco. A veces quizá quién sabe. De todos modos, esta guerra, que empezó como un acto de legítima defensa y ha derivado hace tiempo en una pesadilla, es, en realidad, un parricidio, pues ambos pueblos son semitas, descendientes de la misma sangre, y, por tanto, hermanos. No seguiré por este camino y no solo por la de amigos que estaré haciendo nada más se publique sino porque de lo que quiero hablar es de otra cosa. Decía que la bronca con mi artículo se ha montado en España, esto es, en Sefarad. Los judíos sefarditas vivieron en el territorio de la península ibérica durante al menos quince siglos, haciendo aportaciones a la cultura española y portuguesa de incalculable valor que en la actualidad siguen vigentes. De manera principal tras su expulsión por los Reyes Católicos en 1492 pero también de Portugal en 1496 y de Navarra en 1497, se les ha seguido llamando y ellos mismos se llaman hasta hoy sefarditas, sin importar en qué parte del mundo hayan nacido: el Magreb, Egipto, Italia, Grecia, Turquía, Tierra Santa, Países Bajos, América... Siguen hablando el idioma castellano de hace quinientos años y mucho más que muchos españoles aman a España. Los españoles, por desgracia cada vez más y en mayor medida arquetipos de Caín, sabemos, no obstante, de mestizaje más que nadie, pues nuestra sangre proviene de más de una docena de razas y pueblos, y somos, nos guste o no, al menos en un cuarterón, judíos...
Un judío y un musulmán jugando al ajedrez en el siglo XIII de al-Andalus. El Libro de los Juegos, encargado por Alfonso X de Castilla, siglo XIII. Madrid, España.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.
Al anochecer de hoy, 25 de diciembre de 2024, comenzará el Janucá, fiesta de las luces o Luminarias, que conmemora la derrota de los helenos a manos de los macabeos hace más de dos mil doscientos años, la recuperación de la independencia judía y la purificación del templo de Jerusalén de los iconos paganos, de lo que se recuerda el milagro del candelabro, que ardió durante ocho días con una exigua cantidad de aceite, tan mínima que apenas debería haber durado uno. Hoy hace falta que haya luz.
Si ha habido una constante desde el segundo milenio después de Cristo ha sido la persecución a que ha sido sometido el pueblo judio en cualquier lugar del planeta, manifestada de múltiples maneras, pese a lo cual hoy los judíos representan aún el dos por ciento de la población mundial. El judaísmo es la más antigua, y la que cuenta con menos fieles, de las tres principales religiones abrahámicas, todas monoteístas, grupo que incluye el cristianismo y el islam, todas ellas originadas en el levante mediterráneo y cuya tradición espiritual está identificada con Abraham, quien vivió hace unos cuatro mil años y a quien se le conoce también como el primer hebreo –que significa ‘el que viene del otro lado’, por haber ido a Canaán desde Mesopotamia por mandato de Dios–, es considerado patriarca por las tres. A diferencia de las otras, el judaísmo no se considera a sí mismo solo como una religión, sino también como una tradición, una cultura y una nación, en tanto el cristianismo como el islamismo trascienden naciones y culturas y practican el proselitismo. Los judíos son los hijos de Israel, nombre dado a Jacob, nieto de Abraham, que significa ‘el que ha luchado con Dios’ que le puso el ángel con el luchó para bendecirlo. Más tarde, los judíos fueron denominados pueblo de Israel o israelitas. Proveniente del reino de Judá, formado por dos de las doce tribus del pueblo de Israel, con posterioridad, nació el término judío. Hay tanto que se puede leer acerca de todo esto, y de tan fácil acceso, que resulta innecesario abundar en estas limitadas líneas sobre el tema, Si acaso me permito referir a mi ¡Jag Jánuca Sameaj!, publicado en esta misma Letras, ideaYvoz el 1 de diciembre de 2021. Hoy la tierra de Israel es objeto de polémica, pero les cuento en forma de cuento o crónica algo que quizá pueda generar reflexión acerca de lo que hoy ocurre... Le decíamos ‘vamos a comer judías’ y el gran Avi Rosen, que venía desde Israel cada año a los festivales y reuniones de arte electrónico que organizábamos, se reía a mandíbula batiente. Eran los años mágicos del primer Sediento del new media art, en aquel Madrid magnético y vigoroso, ecuménico, en que el arte de verdad era dueño de las calles, las tertulias crecían en llamaradas de zarza ardiente y la democracia cultural era de todos, abierta como quizá nunca se haya visto. Mi viejo y entrañable amigo Avi, artista contemporáneo poseedor de la virtud de convertir en arte todo lo que ve con una perpetua sonrisa que desarma a cualquiera, sufrió en el jardín de su casa en Haifa la caída, tiempo después, de varias bombas de Hezbolá...
Imagen: M. P.-P., hecho con Canva.
*Sobre el autor:
Manuel Pérez-Petit
Periodista, editor, escritor y gestor cultural
Sevilla, España, 1967.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.
Hoy me propongo expresar mi oración con unas palabras que sirven tanto para los creyentes católicos como yo como para los creyentes en cualquier otra confesión cristiana o no, para los no creyentes, los apóstatas, los agnósticos, los ateos o los desconcertados, que, por desgracia, son demasiados, o incluso para los que toman a Dios como algo personal con quien hacer lo que les venga en gana al margen de cualquier ley, porque en realidad da lo mismo. No por creer o no creer en ello existe algo, pues lo que existe existe al margen de que exista alguien que crea en ello... Quiero volver a ver selvas y montañas. Una vez en alguien, vagar por el mundo como la mayor parte de mi vida hice, por lugares que no conocen los turistas. Quiero terminar mis libros. Escribir, escribir y escribir, que es mi manera de dar gracias por los dones y encantamientos recibidos; eso deseo, leer todo lo que tengo pendiente desde hace más de treinta años y rezar, que es la manera que conozco de hacer comunión con lo inasible, lo trascendente y lo divino, y de vivir. En esta oración que llamaré de Navidad no solo conmemoro el nacimiento del Niño-Dios sino que lo revivo haciéndolo realidad en mi vida, renovando mi apuesta por el amor y la esperanza, contra todos los augurios agoreros de todo aquello que pueda ser, por decirlo de algún modo, aguafiestas.
Haré siempre lo que deba, lo que mi corazón me dicte, lo que mi cuerpo aguante, pues nada me pertenece y todo lo que tengo y soy es para darlo. En mi vida no cabrán nunca ni la impotencia ni la desesperación, pues mi paz, dado que tampoco es mía, no es negociable. Por mí no valgo nada, pero no soy inútil y nunca lo seré, pues soy un instrumento. Siempre pediré perdón y daré las gracias con humildad, pues eso me hará cada día más humano. Siempre podré ver causas y dolores y alegrías, pues la transparencia me confiere lucidez. No necesitaré a nadie ni a nada para amarme, pues amaré porque me amo y amaré porque mi vida es amar. Y terminada mi tarea podré descansar en el lecho de tus eternos campos de plumas, ese territorio sin fin y feliz que es el definitivo.
Imagen: M. P.-P., hecho con Canva.
*Sobre el autor:
Manuel Pérez-Petit
Periodista, editor, escritor y gestor cultural
Sevilla, España, 1967.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.