Revista

Disquisicionario. 15. Luces y sombras: el espejo. Esteban Martínez Sifuentes.

Fotografía: Shane Kell: https://www.pexels.com/photo/photo-of-gray-sneakers-1554613/



Luces y sombras: el espejo
Esteban Martínez Sifuentes

Es tigre herido, gato manso que come de nuestra mano pero jamás renunciará a su lado salvaje y enigmático. Una sucinta Sylvia Plath habla por él: “Soy plateado y exacto. Sin prejuicios”. Un espejismo.
Su esencia es la luz y está asociado a belleza y pulcritud, a sosiego íntimo y una pizca de vanidad. Tan de cada mañana y cada noche antes de acostarnos, el espejo encierra resonancias y complejidades inimaginables, terroríficas y telúricas. Como ciertos amores, te arrebata el alma. Sin piedad y tan fresco, nos dice quiénes somos (nos tilda de sosos, viejos, inmaduros, reprimidos, estúpidos y otras lindezas) y eso es todavía más sobrecogedor. Y ¡cuidadito con romperlo que acarrea siete años de mala suerte!
En el histórico juego especular de las emociones ha sido reflejado, multiplicado, en la literatura de manera indeleble: Stevenson, Wilde, Valéry, Cocteau, Carroll, Tolkien, el olvidado Asturias, Fuentes, Rowling. No podía ser de otro modo. Atrae como imán, impone con su aparente inocencia, es un poliedro, un pozo abismal. Es decorativo si es gigantesco, antiguo, tiene filos dorados o lo compramos en tal prestigioso almacén, y valioso si nos lo heredó la abuela.
Está asociado a las tinieblas, el mal. Es el otro, el extraño, el yo más profundo repentina o paulatinamente revelado. Es el complemento. Es Fausto, el doctor Jekyll y Mr. Hyde, la insufrible madrastra de Blancanieves, el escalofriante y elusivo Horla de Maupassant, el dandi inconforme Dorian Gray.
Compasivo y analítico, ese artículo inexcusable confiesa en pluma de Plath, desbordada de desamor como su efímera existencia (1932-1963), en el final de la poesía citada al inicio (“El espejo”):

En mí, ella ahogó a una muchacha, y
en mí una vieja
se alza hacia ella día tras día,
como un pez terrible
.

En la pintura existen obras-homenaje y disturbadoras a su irresistible influjo. “El matrimonio Arnolfini” (Van Heyck, 1434), “Las meninas” (Velázquez, 1656), “Chica frente al espejo” (Picasso, 1932). Los que carecen de imaginación, el principal recurso amatorio, revisten su habitación de cristales reflejantes para realizar el acto sexual. Con el deseo ferviente de ambos, basta cualquier ámbito aislado. No necesito decirles que hagan el ensayo.
No hay civilización que no lo conozca de antiguo. Sus nombres en inglés (mirror) y francés (miroir) proceden de mirar, acción concreto-abstracta inabarcable; en polaco (lusterko, lustro) es un complejo recorrido de la compleja (e interesante porque es fundacional y reaparece a la menor indagación) cultura romana que dominó Europa; trataré de sintetizar: sacrificio a los dioses, agradar, brillar. Todos vocablos del latín, en alemán (spiegel), italiano (specchio) y español proceden de speculum, emparentada con aspecto, espectro, especulación y oráculo.
En la Grecia mitológica, Narciso se ahogó admirando su imagen en el espejo de aguas mansas, habiendo rechazado a las mayores bellezas de su tiempo porque no le llegaban ni a los talones. Una paradoja, los aztecas se reflejaban en obsidiana pulida, negrísima y reluciente.
Es un objeto esencialmente humano y, por extensión, de cuasi-humanos. El vampiro “no proyecta sombra ni reflejo en los espejos”, advierte Bram Stoker en boca del experto Van Helsing, cazador de esos entes malignos hijos de la oscuridad y amigos de las ratas. Hablamos aquí de los espejos de casa y si acaso de peluquerías, vestuarios de pasarelas, camarines de artistas, antesalas de edificios, elevadores y baños de oficina, y no de los arquitectónicos, astronómicos, de feria o automovilísticos, que unos no vienen a cuento y de los últimos estamos hartos al conducir a las obligaciones consuetudinarias.
Sabias y auténticas, las mujeres cargan uno en el bolso sin ningún rubor, salvo el cosmético para las mejillas que también llevan ahí. Furtivos y como avergonzados, los varones se revisan el bigote, un furúnculo o los dientes en un escaparate o el celular apagado.
Para Borges el Inmortal el espejo es la perfección, y eso da miedo; a la vez, los espejos multiplican las imágenes hasta el infinito. Y el infinito, que trasciende el tiempo y el espacio, causa aún más miedo. El azogue multiplica a los hombres, que son imperfectos y cagones pero anhelan parecerse al Perfectísimo, el Arquetipo, y al multiplicarse se alejan más de Él. Ah, pero eso sustenta parte de sus imperecederas ficciones, por ejemplo “Tlon, Uqbar, Orbis, Tertius”.
El mismo Borges revela en una entrevista que de niño no quería estar solo en su cuarto porque le atemorizaban los espejos, y a quién no. Expresa en años posteriores: “Realmente es terrible que haya espejos. Creo que Poe lo sintió también (…). Nos hemos acostumbrado a los espejos, pero hay algo de terrible en esa duplicación visual de la realidad”.
La prueba del azogue en experimentos con animales no arroja resultados concluyentes. Los que parecen reconocerse a sí mismos no son necesariamente los más inteligentes. Al perro, apreciado por su agudeza y sus incontables servicios a la humanidad, no le interesa su imagen porque sus sentidos primordiales son el olfato y el oído; a los gatos tampoco, por altanería. Con cierto entrenamiento, algunos animales parecen interesarse en el doble de sí mismos, ¿y?, narices chatas. No hay un más allá, es un lapso breve, no se les ve más o menos acongojados ni lo contrario, no se abstienen de comer, dormir y defecar, no modifican su conducta ni acuden al peluquero o el gimnasio. Quizás habría que extraer como lección que, más inteligentes de lo supuesto, medran a gusto así, haciéndonos creer que son inferiores. Juego de espejos.
Mala suerte o algo peor es, para mí, aceptar solo aquello que te digan los que te halagan o te dan por tu lado, espejos portátiles con figura humana, rastrerismo.
Tezcatlipoca, dios omnipresente de los antiguos nahuas, con autoridad en el cielo, la tierra y el infierno, asociado a las discordias, la guerra y, a la par, la prosperidad, era representado como un espejo de obsidiana y tal significa su nombre, piedra volcánica o “humeante”. El espejo estaba asociado al poder de los gobernantes y las artes adivinatorias. El espejo, mucho ojo, es un portal a otras dimensiones.
Verse demasiado en el espejo como hacen niños y adolescentes no evidencia por fuerza ser vanidoso o narcisista, sino explorase y buscarse a sí mismos para actuar en consonancia. Un sutil dechado de esa exploración se encuentra en Un verano con Mónica (Ingmar Bergman, 1953). Yo no lo creo, pero hay psicólogos que lo sostienen: que alguien llegue a enamorarse de sí mismo a partir del espejo. Yo creo que ya estaba infatuado desde antes. Ni hablar, todos arrastramos algo de eso.
Indispensable para la autoestima, es tan común, tan íntimo e insolente, y siempre fiel, aunque también depende de nuestro estado de ánimo y la capacidad de filosofar. Suele ser complaciente con nosotros (el de la madrastra de Blancanieves lo era en exceso); un despiadado crítico o un chismoso irredento. Nos revela un grano, una lagaña, una inesperada arruga. Y que nos parecemos más de lo que queremos admitir a nuestros hermanos o a la odiada tía. Nos restriega en nuestra propia cara la vergüenza de un fracaso, nos hace sonreír mefistofélicamente por una travesura escondida, descorre la cortina del resentimiento contra la vida que no habíamos querido reconocer. ¡El taimado conoce nuestras reconditeces!
Es solo una duplicación visual de lo que creemos es la realidad, no hay mucho que temer. Aun así, en algún momento todos hemos tenido o tenemos, como el Argentino, miedo a los espejos: quedarnos atrapados en él, que no nos devuelva nuestra imagen, que descubramos un ente perverso arrastrándose por el piso tras de nosotros o cautivo dentro del cristal, que emerja nuestra muerte en el futuro o en el mismo instante en que el asesino levanta el puñal sobre nuestra espalda, temores que el cine explota hasta el cansancio porque hay sustento, sí.
El espejo o luna puede ser humilde mejoría o doppelgänger implacable. Lo cierto sin discusión es que forma parte de nuestra rutina. Si te sientes confiado de ti mismo, no le prestes demasiada atención. Si requieres ser más ligero (digamos sociable y simpático), espejéate en tus cercanos, o a oscuras y decúbito dorsal en tu lecho tras saborear un libro sacudidor o una película perrona. “Arranca tu propia imagen del espejo. Siéntate. Haz con tu vida un festín”, recomienda Derek Walcott en la poesía “El amor después del amor”, idónea para tranquilizar a un suicida.
Todo más o menos bien hasta aquí. Pero por favor, por la salvación de tu alma, la de tus hijos y su descendencia en varias generaciones, ¡nunca-nunca voltees hacia el espejo en la penumbra después de la medianoche! “¡Ah chingao!, ¿y quién eres además de un pobre plumífero para impedírmelo…?” Así somos los terrícolas y qué remedio.
El espejo es insondable, se reitera, pero yo tengo que ir cerrando el changarro si no deseo colmar la paciencia del lector. En un desolado poema sobre nuestro objeto y la destrucción nazi de Varsovia y Cracovia que le tocó padecer, Maria Wislawa Szymborska plasma a través de las atormentadas teclas de su máquina de escribir:

Ya no reflejaba la cara de nadie,
las manos de nadie arreglándose el pelo,
ninguna puerta enfrente,
nada que pudiera ser llamado
lugar. (...)

Y así, como todo objeto bien hecho,
funcionaba sin reproche,
con una profesional falta de asombro.

Ojalá (palabra sagrada) se vean en el espejo los que idealizan las guerras. Por causa de una ideología mesiánica y aberrante, en la Segunda Guerra Mundial murieron casi 5 millones y medio de polacos, muchos de ellos judíos. Según la ONU 2010, en total cobró la vida de 40 millones de civiles y 20 millones de soldados.


     
Fotografía: Shane Kell: https://www.pexels.com/photo/photo-of-gray-sneakers-1554613/
Fotografía: Shane Kell: https://www.pexels.com/photo/photo-of-gray-sneakers-1554613/
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Desde la buhardilla. 5. Reflejo de fuego y agua. Gabriel Mendoza García

Ilustración proporcionada por Gabriel Mendoza.

Reflejo de fuego y agua
Parece como si nuestros calendarios fueran papiros amarillentos y estuvieran a un suspiro de resquebrajarse. Hubo una época en que las antorchas se sostenían a dos manos, una mía y otra ajena, pero ambas esperanzadas a que la luz de la llama sirviese de guía. En cambio, de nuestros suspiros emanaron hecatombes y tornados, producto del orgullo y todas esas palabras que optamos por verter en jeroglíficos y pinturas rupestres, en lugar de pronunciarlas con las bocas que antaño no podían vivir la una sin la otra… Y así, avivaron las llamas hasta convertirse en incendio. No lo notamos al principio; sólo sentíamos el calor, confundiendo intensidad con pasión, con verdad. Y cuando quisimos apagarlo, ya habíamos convertido en cenizas lo que un día fue refugio.
Nos miramos en los espejos que nos tendimos mutuamente, esperando que el otro viera su reflejo y entendiera. Pero esos espejos no mostraron la verdad, sólo lo que quisimos ver. Así nos vimos: distorsionados, culpándonos en cada reflejo sin darnos cuenta de que ambos sosteníamos el cristal.
Navegamos mares de palabras no dichas, de gestos torpes y respuestas tardías. Creímos que, dejando boyas de insinuaciones en el agua, el otro las recogería y entendería su significado. Pero el mar no guarda los mensajes como el papel; los disuelve, los distorsiona, los arrastra lejos. Y en ese vaivén de olas y distancias, nos volvimos náufragos de un barco que nunca supimos remar juntos.
Pero hay un punto en toda travesía en el que se debe decidir entre aferrarse a los restos del naufragio o nadar hacia la orilla. Entre avivar el fuego o dejar que se apague en paz. Entre seguir viendo espejos empañados o darles la espalda y seguir caminando.
Hoy es necesario soltar. No por derrota, sino por entendimiento. Porque sé que hay senderos que se cruzan sólo un tiempo, incendios que es mejor dejar que se consuman, reflejos que ya no es necesario analizar. Y porque sé que, en algún rincón de este vasto océano, el viento seguirá llevando buenos deseos.
El hartazgo de vislumbrar los peores escenarios en lontananza ya me ha consumido. Soy el esqueleto de todas las promesas y estrellas fugaces. El faro sin luz que no guía los navíos hasta buen puerto. El veneno que me inoculan mis demonios ha cobrado cada célula de mi cuerpo. El pariente incómodo en la cena de Navidad. No hay nada bueno que pueda emanar de un tronco podrido, ni siquiera abono para nuevos brotes.
Será en otra ocasión…
Así que, dondequiera que estés hoy, estoy seguro que el sol brillará para ti y para aquellos que transitan el camino del bien. La vida, con su propio ritmo, ha de darte todo aquello que haga bailar tu alma.


Ilustración proporcionada por Gabriel Mendoza.
Ilustración proporcionada por Gabriel Mendoza.

Sobre el autor:

Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.

El tintero de Nadia. 14. Catarsis/1. Nadia Arce

Fotografía: Nadia Arce.


Catarsis/1

Y mientras tanto en el diario de una Poeta disautonoma …

Es muy bonito el Hospital Civil, pero más bonito es el trato y la profesional atención del doctor Sergio Zuñiga 🙏🏻 total empatía que alivia, la verdad.

Estoy batallando mucho para salir de la “tos” ya son varias semanas y mucho dolor, de tanto toser algo se me rompió por dentro, escuché el crujido en mi cuerpo seguido de un dolor punzante que me ha mantenido en la sufridera total. Jamás me hubiera imaginado que por tanto toser algo así podría pasar…

Gracias a Dios estaba con Octavio y rápido nos trasladamos a la Cruz Verde más cercana, donde vieron con una radiografía que no fuera fractura o fisura, el doctor me explicó de esa rotura de fibras o de un saquito que cubre los pulmones que pudo haber “tronado” (cosa rara) me dieron el medicamento pertinente, sin embargo dormir, sentarme, pararme, caminar o estar viva simplemente no es fácil cada que el cuerpo me obliga a volver a toser. 😖😖😖

Desde entonces el hecho de toser es la tortura más cercana a la inquisición que he vivido en carne propia. Ardor intenso en el pecho y al parecer la lucha de un grembling que quiere salir de mis entrañas, son los protagonistas de mi terrible espectáculo de “tos”, un espanto absoluto. 🫣

Sobreviví al COVID, al dengue, ya entiendo más de la disautonomia que solo se controla y de la fibromialgia pero, hoy siento que este dolor me está matando. 😔

No quiero toser más, lo odio con todo mi ser, pero es inevitable, parece que un bicho extraño se aprovechó de la debilidad del cuerpo después de la baja de plaquetas, sé que lo estamos combatiendo, espero que pronto sepamos cómo se llama el desgraciado porque no ha habido pastilla, inyección, nebulización o jarabe que le dé fin a esta agonía. He pensado en aventarme de un puente, pero obvio jamás lo haré… hoy el espíritu me alienta, sin eso ya no estaría aquí.

Gracias a Nash Archer por darme guía y compañía, gracias hijas y mamá Ángeles Mejía por siempre siempre orar y amarme, gracias también Octavio por toda tu ayuda, Patito como siempre Peiry Pcos y amigos, Tere Cervantes de Landeros gracias a ti y a tu esposo por estar al pendiente de mí, eres un angelito y gracias a todos por soportar mis tribunas recurrentes. 🙏🏻

Gracias a mi nuevo guía de salud, el doctor Tpt Carlos Garx por su gran apoyo y seguimiento con mi tratamiento naturopata que es maravilloso.

Gracias también a ti por leerme. Mañana será un día importante, regreso al hospital y sé que será para bien. Tengo que salir de esto, quiero estar sana pronto… 🌟

Seguiré sin dormir yo creo, por si alguien quiere platicar, estaré en el WhatsApp tratando con muchos remedios de no toser… 😥
Fotografía: Nadia Arce.
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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Líneas de desnudo. 151. La obra de arte. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 151

La obra de arte
Por Manuel Pérez-Petit

A vueltas con mi reflexión acerca de la filosofía y la literatura, éstas no se diferencian por el objeto, pues ambas apuntan a lo esencial de las cosas, sino por el método. La filosofía es sistemática, racional o intuitiva si se quiere, pero busca conocer la realidad por sus causas. La literatura, por el contrario, está sometida a un estatuto enigmático, resultado de un proceso de otra naturaleza, en el que se completa la creación del mundo. Aquella se dedica al ser, enmarcándose en lo cognoscible, y ésta al deber ser, traspasando los límites de lo que puede conocerse y entrando en el terreno de lo incognoscible y misterioso. Ambas se interrelacionan en la medida en que sus sustancias pueden ser intercambiables, aunque nunca lo sea su planteamiento epistemológico, esto es, por los fundamentos y el método como vía de conocimiento. 
            El diccionario ideológico de Casares define la literatura como el “Arte que tiene por objeto la expresión de las ideas y los sentimientos por medio de la palabra”. Ideas y sentimientos... El debate entre filosofía y literatura, sin menoscabo de que cada una pueda contener ideas y sentimientos, es tan antiguo como el conocimiento humano. Está claro que cualquier obra literaria, y la poesía como la forma de expresión más pura de la creación humana –solo equiparable a la música–, refleja el estado de las ideas y los sentimientos de su autor, e incluso va más allá, pues su significante es tan connotativo que trasciende la intención de éste, dad9o, además, que su universo sabe más de lo intangible y mágico que de tautologías, silogismos o entimemas.
La obra artística es esencialmente libre, fruto de la individualidad, indiferente a que su autor pertenezca a una corriente de pensamiento o que obedezca a ideas heredadas o propias. En el fondo, lo que todo artista representa es la rebeldía del hombre ante su esclavitud. El filósofo, el intento de comprenderla y sistematizarla. Porque en un estado adánico el hombre no necesitaría ni del arte ni de las palabras.1 
En realidad, hoy no se requieren artistas, sino seres humanos libres que busquen su plenitud y, por tanto, sean de manera auténtica creativos. Tener conciencia de que el arte no es la verdad es un avance, pues acaba con el fanatismo y la utopía del arte, pero el arte abre las puertas de la verdad, la agranda y la expande, y sin dejar de saber que la obra de arte, per se, no puede ser ni verdadera ni falsa, se sabe que debe ser auténtica.
__________
1. Cfr. Alfonso Reyes: La experiencia literaria, Barcelona, 1986, p. 13
   
M. P.-P. participando en la lectura continuada de El Quijote en el Centro Cultural de España en México, el 24 de abril de 2015.
Fuente de la imagen: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 150. Los editores. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 150

Los editores
Por Manuel Pérez-Petit

No es raro encontrar editores que se sienten incomprendidos cuando no una especie de misioneros abocados al martirio, o que apuestan de manera casi vocacional a su propia ruina. No lo es tampoco encontrar editores que conciben todo como un engaño sistemático a costa de autores cuyas obras no seleccionan ni dictaminan, con los que no trabajan, a los que no promueven, pero a los que cobran de antemano con beneficios. Sería mejor decir en este caso que uno tiene una editorial de autoedición, pero si bien en España sí se dice en el resto de nuestros países esa fórmula parece anatemizada, cuando con ella sí serían editores, pues no habría engaño. No está en la naturaleza verdadera del editor ni inmolarse ni estafar. Errores se cometen muchos, pero un editor no puede establecerse desde la mala fe o desde posturas autolesivas. Ser editor es otra cosa. Se trata de un oficio desconocido que requiere mucho más de lo que parece, y aún así el acceso a la profesión es tan sencillo que asusta. 
            Hay muchos editores buenos, que se esfuerzan, son autoexigentes, autocríticos, rigurosos, buscan consejo, practican la humildad para llegar a la excelencia..., y muchos editores malos, que conciben esto en el mejor de los casos como simple negocio, cortoplacismo que no es más que un ejercicio grave de miopía cuando no rayano en no pocas ocasiones en lo delincuencial. A demasiados de los que llevan por título este oficio les importa el mismo lo que a un elefante el hambre en África. No entro aquí en calificar a unos y a otros; esto es una observación personal que puede ser compartida o no pero que estoy seguro que es compartible. Es solo una reflexión; no está en mi intención establecer paradigmas. Sin embargo, del hecho de que cualquiera, incluso personas que –a qué negarlo– no saben en realidad leer ni escribir, se sientan capaces de ser editores o parte del sector editorial y cultural en nuestros países, sin haberse preparado ni haber casi leído ni tener el menor conocimiento de nada, da que pensar. 
Debo confesar que tengo un largo ensayo inédito sobre el oficio de editar que puede que algún día vea la luz por mor de la generosidad de algún editor de los de verdad, que aún existen, pero como primer paso para asumir la tarea de dignificar cada día más este antiguo y noble oficio, los buenos editores deberían ser declarados especies protegidas.
Fotografía: Archivo de Sediento Ediciones, propiedad de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 263. Febrero loco. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 
María Gabriela López Suárez

Febrero loco

La alarma del despertador sonó, a lo lejos, muy a lo lejos, Genoveva alcanzó a escucharla. Se levantó y la apagó. Había olvidado desactivarla. Era sábado, no iría a la prepa, así que volvió a dormirse.
     El resplandor del sol se coló a través de la ventana de su cuarto, esos rayos la hicieron despertarse. Abrió lentamente los ojos, se estiró y se quedó un rato más en la cama. Saber que era sábado le hizo dibujar una gran sonrisa en su rostro. Abrazó su almohada favorita, intentó dormitar un ratito más. Sin embargo, el canto de varios pájaros, en distintos tonos, la hizo recordar que era hora de despertarse.
     Se levantó de la cama, se asomó a la ventana, observó el paisaje soleado y siguió escuchando el canto de los pájaros. Era un regalo tan bello, se sintió afortunada de poder escuchar y de contemplar el cielo azulado.
     Genoveva se dirigió al baño y cepilló sus dientes. Se recogió el cabello y se detuvo unos instantes frente al espejo. Sonrió. Salió del cuarto en espera de que hallara a más integrantes de su familia despiertos. Verificó la hora, eran las 8:30. Lo más seguro era que doña Dora, su mamá, no estuviera en casa. Los sábados solía asistir a los desayunos que organizaban en la junta vecinal. Edmundo y Gustavo, sus hermanos mayores eran más dormilones que ella, así que ni las luces de ninguno.
     Se sirvió un vaso con agua. Luego preparó un licuado de manzana con avena y se asomó a la ventana de la cocina. La ropa que habían lavado la noche anterior ya estaba seca. Llamó su atención que la ropa se movía al compás del viento.
     —¿Viento en día soleado? —preguntó para sí.
     Salió al patio para cerciorarse, de nueva cuenta percibió el canto de los pájaros. Además, sintió el airecillo fresco que soplaba esa mañana. Alzó la vista, unas nubes cruzaban con prontitud el cielo, como si alguien las apresurara.
     Con algunos restos soñolientos Genoveva intentó encontrar la explicación al clima de esa mañana, antes de hacer una consulta a la aplicación del clima. Sonrió para sí, estaba dándose un receso para no usar el celular tan temprano.
     El soplido del viento trajo consigo unas hojas que fueron directo al rostro de Genoveva, como un susurro para darle la respuesta.
     —¡Con qué esas tenemos, ya recordé, estamos estrenando mes! Febrero loco, mira lo que nos has traído —dijo en voz alta.
     El canto de los pájaros seguía acompañando el ambiente de esa mañana, el viento no les distraía para nada, más bien parecía que les agradaba y los motivaba a seguir cantando.



Fotografía por Nino  Sanger: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-picture-of-a-white-sheet-on-a-grass-field-15792430/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 263. La ira es repulsiva. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 263

La ira es repulsiva
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo Alejandro Figueroa me regaló Alguien habló de nosotros (Debate, 2023), de Irene Vallejo, una colección de textos breves (casi ninguno rebasa una página) que antes esta popular autora española ha publicado en otros medios.
Los textos parten, casi siempre, de la literatura clásica (griega, en su mayoría) para saltar a temas contemporáneos de variada laya. A veces incluso aclara palabras. Dice, por ejemplo, en “Borrachera de poder” (p. 16): “Hybris es una palabra griega que significa ‘arrogancia’ y ‘exceso’ ”.
Escribe en “Paisaje de letras” (p. 41): “Pero las letras nunca han dejado atrás su pasado de dibujos esquemáticos. Sabemos que la D representaba en origen una puerta, la M el movimiento del agua, la N era una serpiente y la O un ojo”.
Aconseja en “Amor y humor” (p. 46): “Una persona contenta es capaz de cautivar al prójimo. En cambio, el dramatismo no da buen resultado: tendemos a amar al que no parece necesitarlo demasiado. […] En palabras de Ovidio: ‘Para agradar debes olvidarte de ti mismo. Para ser amado, sé amable’. Mostrar mal carácter, según Ovidio, hará que te descarten muchas veces. Nunca hay que ponerse furioso: la ira es repulsiva”.
En “La edad ingrata”, a propósito de la gente que no es la más popular, cita a Safo (p. 52): “La dulce manzana enrojece en la alta rama, en lo más alto, olvidada por los recolectores. Pero no la olvidaron, es que no pudieron alcanzarla”.
Cita al poeta Marcial en “Ser otro” (p. 63): “Las cosas que hacen una vida más feliz son estas: que quieras ser lo que eres y no prefieras nada, y ni temas ni desees el día final”.
Platón cuenta, a través de la pluma de Irene en “Los genes de Eros”, que Eros, el dios del amor fue engendrado por la Pobreza y el Ingenio. Ella, pasiva, lo vio en una fiesta y se enamoró de aquel, lleno de energía y desenvoltura (p. 69): “Eros nació pobre, flaco, descalzo y sin hogar. Su madre le legó el hambre permanente, la avidez. Por el lado paterno recibió el afán por la belleza y por el logro a toda costa. […] Eros vive febrilmente […] gasta todo lo que consigue hasta volver a un repentino vacío que de nuevo llena el deseo”.
El pansexualismo, ahora en boga, es una falsa modernidad. Dice Irene en “Amores varios” que (p. 83) “Aristóteles aconsejaba practicar en todo la filía, o sea, ser pánfilos”.
Escribe Irene, en “Progreso”, sobre Camus (p. 110): “Un escritor agradecido, Albert Camus, dedicó el Premio Nobel al maestro de primaria que adivinó su talento, el hombre entusiasta que venció la negativa de su familia humilde a darle estudios, que le ayudó a preparar el examen de ingreso, le acompañó en tranvía, espero su salida en un banco y se volcó para que le concedieran una beca: ‘Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido’ ”.
Dice en “Todo ojos” (p. 146): “Y la niña de los ojos, la pupila, procede de un término latino que significaba ‘muñequita’ (de donde viene también el francés poupée) y remite a la pequeña figura de nosotros mismos que vemos reflejada en los ojos ajenos”.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 149. Soñar con que todo llegue a todas partes. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 149

Soñar con que todo llegue a todas partes
Por Manuel Pérez-Petit

Llevo mucho más de media vida reflexionando acerca de mi oficio de editor, esbozado desde mi infancia y formado y llevado a la práctica tanto en España como después, en plenitud de vida y constante revisión e incremento de conocimientos, en México, y hasta hoy. 
            Hablamos y escribimos la misma lengua, por poner nuestro caso, en muchos países del mundo. Soñar es gratis, desde luego, pero en el ámbito hispánico, tan poéticos como somos, nos negamos por sistema a soñar. Y podríamos soñar con hacer un esfuerzo para que lo que se publica en un país se publique y conozca en otros y superar, de paso, ese sistema de localismos tan de herencia borbónica que nos impide asumir conceptos globales en nuestra propia región del mundo, que no debemos olvidar que es una, y está unida por el idioma, y en ella caben todas las particularidades, sin perder ninguna un ápice de sí mismas.
Sin embargo, no lo hacemos. No solo no se sueña sino que ni se piensa en ello. Para eso está el libro electrónico, otra falacia más de nuestro tiempo. Hay factores que inciden en la incapacidad de hacerlo: uno es el nacionalismo y otro es el propio sector, en el que el músculo financiero es, en realidad, exiguo (salvando al gran gigante editorial español, que bien podría hacerlo pero tampoco lo hace), acerca de lo cual podemos también reflexionar, y mucho, aunque de lo que no podemos sustraernos es de la realidad y los elementos diferenciadores de nuestra idiosincrasia, que suelo exponer con un ejemplo palmario: al contrario que en el mundo anglosajón en que todo llega a todas partes, en nuestro mundo hispano no llegamos casi ni a nuestro propio ámbito geográfico particular. 
Esto puede deberse a la no integración del ámbito independiente al sector, pero sobre todo tanto a ese afán individualista de herencia hispánica que tanto impera y autolimita como al sometimiento ciego y servil al mercado, con la dictadura de los números en primer plano, lo cual entra en contradicción con la teórica y falaz búsqueda de talento que tantos pregonan y que suele ser mentira, una administración irracional o por lo general improvisada de los recursos, la carencia de planes de negocio y estrategias concretas, la intolerancia a la demora de los resultados, la burocracia desmedida o la excesiva dependencia de las administraciones públicas o de instituciones de todo tipo para iniciar o consolidar emprendimientos que deberían ser empresariales, de la sociedad civil, cuando no flagrantes ejemplos de pura y simple moderna piratería, pues vienen de afuera o surgen de adentro con el solo fin de llevarse sin pudor lo más que puedan a cambio de puro cuento, de lo cual hablaré otro día.
Un editor, entre libros; es el sino.
Fuente de la imagen: En la Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), México, 2022. Archivo personal de M. P.-P. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 148. Un amor de los de antes. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 148

Un amor de los de antes
Por Manuel Pérez-Petit

Sobre las tres de la madrugada comenzó a nevar con intensidad. Mientras ultimaba mi maleta, miraba cómo caían los copos a través de la ventana. Que nevara justo ese día me pareció simbólico. A las seis salí a tomar un café. Cuando regresé, sobre las siete, me puse a escribir como un poseso mi poema Madrid, última nevada.1 Una vez en la calle, cada pisada crujía, era una metáfora de mi rompimiento. No en vano estaba dando en realidad el paso más rotundo de mi vida: América, mi único lugar posible en el mundo. México, mi patria escogida, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Argentina..., países éstos entre otros que conozco bien y amo con devoción. 
            Sentí que con aquella nevada recibía la bendición de la vida y consagraba –asumiendo sus glorias y sus servidumbres– mi espíritu libre –extraño, lo comprendo, y tan honesto como inevitable, y libérrimo demasiadas veces, puede ser, que yo no lo niego–. Luego llegó la propia vida y puso de manifiesto para mi asombro mi capacidad de amar y cometer aciertos y errores y asumir triunfos y condenas. Como premonición, nevaba aún cuando mi avión estaba despegando.
En América he vivido, lo confieso, en el más amplio sentido de la palabra: vivir es darse por completo, y, en consecuencia, al no quedarse uno para sí con vida alguna, ponerse al borde de la muerte. Es como la libertad, que tiene su mayor sentido en usarla hasta el punto en que ya no le quede a uno gota alguna de libertad, y por eso creo y he escrito que la libertad consiste en negar la propia libertad, esto es, por vaciamiento.2
Y lo mío con México es, desde mucho antes de ese Madrid nevado del 26 de enero de 2010, fértil, incomprensible, incondicional, vocacional, irredento. Un amor de los de antes.

__________

1. Que pertenece a mi serie Poemas urgentes y que fue publicado por el gran Federico Corral Vallejo en México años más tarde, en mi compilatorio de mis primeros poemas escritos en América Sin tierra soy (Tintanueva ediciones, México, 2013).
2. Que puse en la pluma del protagonista de mi El año de las tormentas, en su primera novela, La vida es un tango por Calderón de la Barca (Ediciones Periféricas, México, 2019, 2da ed.: 2020; Ultramarina Cartonera, España, 2019).

   

Marzo de 2010. En el Cosmovitral Jardín Botánico de Toluca de Lerdo, Estado de México.
Fotografía: © María Guillermina Oteiza Cajiga.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de AlmuzaraMéxico.

Voces ensortijadas 262. Al son de una guitarra. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez
Al son de una guitarra

El autobús que llevaría a Federica a su nueva ciudad de residencia salía a las 15:30 horas. Federica llegó, como no solía hacerlo, muy temprano a la terminal. Ni ella podía creer que estaba media hora antes en la sala de espera. Usualmente llegaba rayando en tiempo cada ocasión que viajaba.
     Se acercó al área para documentar su equipaje, le dieron su ticket y posterior a eso, buscó un asiento. Revisó el reloj, le quedaban 20 minutos de espera. El aire acondicionado de la sala se sentía muy frío e  hizo que tuviera la necesidad de frotar sus manos.
     Luego de eso, lo primero que se le vino a la mente fue revisar su celular y enviar mensaje al grupo de chat familiar para avisar que estaba por salir. Sin embargo, se hizo el propósito de dejar un rato el celular y observar con atención qué pasaba a su alrededor. Muy pocas veces hacía eso.
     Se acomodó en la silla donde estaba, puso su bolsa sobre las piernas y contempló sus manos, tenía mucho tiempo que no se detenía a observarlas. Las frotó nuevamente, comenzó a dar un leve masaje a cada uno de sus dedos y luego a las palmas de las manos. Se fijó en sus uñas, esta vez no tenían esmalte y eso le permitía observarlas al natural. Se había olvidado cuánto le gustaban.
     Una serie de murmullos hizo que volviera la vista a buscar de dónde venían, identificó que había una larga fila de personas comprando boletos. Algunas estaban con equipaje en mano, otras con más equipaje y alguien que estuviera al cuidado.
     Giró su rostro y observó que las tres pantallas que había en la sala estaban proyectando lo mismo, una película que no se escuchaba y tampoco llamaba su atención. Sin embargo, alcanzó a escuchar un sonido que sí atrajo su atención, era el de una guitarra y una voz que acompañaba los acordes. Volvió a ver las pantallas y no provenía de ahí. Con la mirada buscó si había alguien que trajera una guitarra como parte del equipaje, su mirada comenzó a escudriñar en la fila de personas, no halló a nadie.
     Su búsqueda continuó, levantó un poco el rostro, al no encontrar lo que buscaba decidió ponerse de pie y como si estuviera tratando de identificar a alguien conocido continuó observando. Como una especie de halo de luz descubrió que quien ejecutaba el instrumento era un adolescente que muy quitado de la pena estaba cómodamente sentado en uno de los pasillos, en una parte discreta y donde también cantaba.
     Federica tomó asiento nuevamente, intentó identificar qué canción interpretaba el adolescente, hizo un esfuerzo entre los murmullos de las personas, el de la voz que anunciaba las salidas y finalmente,  se dio cuenta que era una de las canciones que a ella le gustaban, qué guapa es la gente luminosa, esa que no se preocupa de la marca de tu ropa, la que pone a la alegría siempre en su menú del día, gente que ilumina el menú, gente guapa como tú.
     —¡Pasajeros que viajan con boletos marcados a las 15:30 horas con destino a Jalapa, favor de pasar al andén 8! —se escuchó que vocearon.
     Al son de una guitarra, Federica tomó su bolso y buscó su boleto, sonrió para sí agradeciendo y agradeciéndose el regalo de esos minutos de espera. Ahora iniciaba una nueva travesía.


Fotografía: David Bartus: https://www.pexels.com/photo/person-playing-electric-guitar-435840/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.