Polvo del camino. 194. Nadar con tiburones. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        
                    Polvo del camino/ 194

                     Nadar con tiburones

                      (Minificción)
                   Héctor Cortés Mandujano

Despierto de madrugada, abro los ojos y me siento en la cama. Sentado, me veo dormir, como si no me hubiera despertado y no me estuviera viendo: no hay ninguna sorpresa al constatar que soy dos. 
       Al lado de mi cama pasa un canal, ancho y hondo, de agua transparente. Hay gente que nada. No la veo, la oigo. Me doy cuenta de que cualquier pez mayor podría venir por aquí, porque el canal, lo sé, está conectado con el mar. 
        Podría venir un tiburón, por ejemplo. 
	Viene uno, lo veo pasar veloz, y oigo los gritos de pavor de los nadadores.
	Sangre en el agua, que excita a dos o tres escualos más.
	Desde la orilla de mi cama alcanzo a suponer el festín, porque la escena queda fuera de mi campo visual.
	Gritos, fuertes chapoteos, más sangre.
	Lo terrible es que, como si fuera un abismo, el agua me llama y me doy deslizando desde mi cama hacia ella. Sé que en el momento que caiga, los tiburones vendrán hacia mí y no precisamente a charlar sobre asuntos oníricos.
	Toco los pies de mi yo durmiente y me despierto.
	Estoy agarrado con mis dos manos y con las piernas enganchadas a la orilla, pues sé que, incluso sin caer, estos animales cebados podrían morderme, hacerme pedazos.
	Le cuento a mi otro yo lo que está pasando y se sonríe.
	—No pasa nada –me dice–, lánzate al agua, los tiburones no existen.
	Veo sus triángulos dar vueltas en espera de mi caída, pero no puedo dudar de lo que yo mismo me digo.
	Y me lanzo al agua.
	Qué frescura, qué tranquilidad.
	Sí vienen tiburones. Los acaricio como si fueran gatitos y ellos me dan vueltas, pidiéndome más caricias. 
Juego un rato bajo el agua con ellos, que cada vez son más (me siento en mar abierto, pleno, feliz).
        Me subo de nuevo a la cama, me acomodo dentro del cuerpo que también soy yo; justo en ese momento suena el despertador, y ya soy sólo uno cuando despierto.


Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 194. 6 años y contando. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                       6 años y contando
                  María Gabriela López Suárez


La entrada del otoño en este 2023 ha estado llena de una intensidad de emociones, de paisajes, de  manifestaciones de la naturaleza en su mayor plenitud. También se puede percibir desde nuestro terruño chiapaneco y me atrevo a decir que en el ámbito nacional, el aroma a las festividades del Día de Muertos, aún estando en octubre.
         Y en este incesante tic tac que marca el reloj, se va caminando la vida, con sus sabores gratos, sus sinsabores, sus sorpresas, retos, el ir y venir de los pasos que cada quien recorre, a su tiempo, a su modo, así como también está el constante recordar lo efímero de nuestro paso por este mundo. Ante lo cotidiano, lo más común, lo simple que nos rodea, que me rodea, que te rodea, se encuentra la observación, la contemplación, el asombro, el regocijo y aprendizajes que intento plasmar cada semana a través de las letras que integran las Voces ensortijadas.
         Hace alrededor de dos semanas, conversando con un amigo, me percaté que el pasado 3 de julio esta columna llegó a su sexto aniversario. Gracias Alan por preguntarme cuándo y cómo surgieron estas Voces ensortijadas. En esta ocasión aplico lo del refrán que dice más vale tarde que nunca, para hacer referencia al agradecimiento por estos 6 años y lo que conlleva este proyecto que se enriquece cada día con quienes son parte del público lector de los textos que semanalmente tecleo.
         Agradezco desde el corazón a cada lectora, lector de la columna, familiares, amistades, gracias por el tiempo para leer las líneas, gracias por su motivación, su confianza para hacerme llegar sus comentarios, las anécdotas o recuerdos con los que resuenan al leer cada texto.
        Va mi agradecimiento también para el portal Chiapas Paralelo por estos 6 años de brindarme espacio para publicar la columna.   Asimismo,  agradezco a Letras, ideaYvoz y Roger Octavio Gómez Espinosa, por el espacio  para divulgar esta columna y por el incentivo para animarme a integrar la Antología I. 2020-2021 de las Voces ensortijadas que se ha presentado de manera virtual y presencial en San Cristóbal de Las Casas. Gracias a Begoña Sánchez por el apoyo para compartir las Voces ensortijadas en formato radiofónico en su programa en Radio Siberia
         Aprovecho para compartirles, con mucho gusto, que las Voces ensortijadas. Antología I. 2020-2021 se presentará en este mes de octubre en el IV Congreso Internacional de Enfoque Intercultural “Interculturalidad y Construcción de Paz” y VII Coloquio de   Interculturalidad a realizarse en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
6 años y contando, escribir es parte de lo que me gusta hacer,  es a la vez una especie de diálogo con lo que me rodea, una manera de canalizar lo que se percibe en lo cotidiano y también es una terapia con la que conecto y que valoro como herramienta para comunicar. Gracias, gracias, gracias.



Photo by Lum3n on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 193. Después de la tormenta llega la calma. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
           Después de la tormenta llega la calma
                  María Gabriela López Suárez

Marilú despertó de pronto, la razón había sido el sonido de los truenos acompañados de una fuerte lluvia. Revisó el reloj, las 3:45 de la mañana. Aún tenía espacio para dormir otro rato, el despertador tenía programada la alarma para las 6:30 de la mañana. 
         Los truenos y la lluvia poco contribuyeron para que Marilú conciliara el sueño, finalmente logró dormirse. Para su buena fortuna la alarma no sonó tan pronto, o al menos eso percibió al apagarla. Permaneció unos  minutos más en la cama hasta que decidió levantarse.
         Abrió la ventana de la habitación para percibir el olor a tierra mojada y verificar si la lluvia había cesado. Aún se hacía presente una leve llovizna. Supuso que el agua de la regadera estaba fría y decidió bañarse con agua caliente, buscó su resistencia eléctrica. Dejó calentando el agua mientras se preparaba un licuado con duraznos y fresas.
        Se bañó y arregló rápidamente. Revisó el reloj, marcaba las 7:28, estaba justo a tiempo para  salir rumbo a su trabajo. Bebió su licuado. Jaló su chamarra de mezclilla, su bolsa y su paraguas y salió de casa. Caminó alrededor de tres cuadras, llegó a la parada del microbús. Había una unidad con varios lugares, se subió y sentó en la tercera fila, eligió el asiento de la ventanilla. 
            Mientras el microbús hacía su recorrido, Marilú observaba con atención las gotas de agua que decoraban el cristal de la ventana. A lo lejos los cerros aún se veían cubiertos con la neblina propia de la lluvia que recién había escampado. Ese paisaje le provocaba nostalgia, venían a su mente los días de la infancia en los que suspendían las clases y ella y sus vecinas solían juntarse y jugar en el parquecito cercano a sus casas.
         Cerró un momento los ojos. El movimiento del transporte la fue arrullando, ya se sabía el trayecto rumbo a su trabajo, así que no dudó en dormitar un momento. Como una especie de alarma regresó al aquí y ahora, abrió los ojos y se encontró con un bello paisaje. El sol estaba asomándose, los cerros se veían despejados y permitían contemplar el verde que los decoraba. Marilú recordó los truenos que la habían despertado en la madrugada y ahora al observar el paisaje de la mañana se le vino a la mente la frase que solía decirle su abuelito Tomás,
        —Cuando tengas una situación difícil, acuérdate hija que después de la tormenta llega la calma.
          El rostro de Marilú dibujó una bella sonrisa, —qué razón tenías abuelito —dijo para sí, mientras se 
preparaba para ir pidiendo la parada porque ya estaba próximo su destino.


Photo by Lum3n on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 193. Las disipadas fábulas del viento/ 3. Héctor Cortés Mandujano

Fotografía: Sharon Hernández.

                        
                     Polvo del camino/ 193

              Las disipadas fábulas del viento/ 3
        “Audiencia de Los Confines”, de Efraín Bartolomé
                     Héctor Cortés Mandujano

Efraín Bartolomé nació en Ocosingo, Chiapas, en 1950.
	Estudió parte de la primaria en su pueblo natal y, hasta concluir la secundaria, radicó en San Cristóbal de Las Casas; después, por mucho tiempo, vivió en la Ciudad de México, donde hizo vida y carrera.
	Ocosingo es la entrada a la Selva y Efraín se llevó en la memoria los grandes árboles, el bosque inmenso, las lianas que abrazaban tallos gigantescos y caían desde lo alto como cortinas mágicas, los animales diurnos y nocturnos, los feroces y los mansos, los ríos torrenciales, las lagunas fijas y las de aguacero; el agua que, empecinada, no dejó de llover en el campo de su nostalgia. 
	De esa clorofila, de esa sangre verde, de esos aromas y parajes inolvidables nació su primer libro Ojo de jaguar, en 1982, que ha sido celebrado con varios premios, muchísimas ediciones y miles de lectores. Sin embargo, el libro no se ha cerrado: no han dejado de caer en su corazón nuevos recuerdos que han ido aumentando el caudal de páginas de ese volumen-río inaugural y magnífico.
	A Ojo de jaguar pertenece “Audiencia de Los Confines”. El título es polisémico: Audiencia alude a la audición colectiva y al mismo tiempo a una división política antigua; Confines es lo mismo algo lejano y también, junto con Audiencia, el viejísimo nombre con el que alguna vez fue bautizado Chiapas. 
	Su poema es de una enorme ambición cumplida, pues tiene, de forma más o menos clara, cuatro ejes temáticos: uno, el poeta como un espíritu que puede ver el pasado, el presente y el futuro, y los cuenta y los canta desde un lugar físico que parece igualmente una atalaya ubicua; dos, la historia de su familia donde se mencionan con su propio nombre a Juan Ballinas, su tatarabuelo; Angélica Ballinas, su bisabuela; José Emigdio Rodríguez, su abuelo, el primer poeta de su estirpe; Cuauhtémoc Ballinas, hijo de don Juan; su amado tío Rodrigo Rodríguez, y varios, varias más…; tres, la historia de Chiapas, desde antes que llegaran los españoles y luego, siglo tras siglo, las muchas y sucesivas guerras chiapanecas hasta la anunciación del levantamiento zapatista de 1994, y cuatro, la historia del agua, de los ríos, de la Selva y de Ocosingo, que era el Paraíso hasta que llegaron los comerciantes a cambiar maíz, frijol, miel, café y ganado de verdad por “un mundo de plástico”.
	“Audiencia de los Confines” es una experiencia verbal y auditiva, un prodigio de síntesis histórica e imaginación poética, una demostración de sapiencia y sensibilidad, de corazón e inteligencia: el gran poema de Chiapas, abarcador y proteico.
	No podría haber sido escrito sin sentir el fuego en las manos, la lluvia en los ojos, el amor por la tierra en las vísceras y el viento viejo de la historia en la minucia del dato, en la selección de personajes, de hechos, de instantes míticos.
	Es una fortuna que Efraín Bartolomé tenga la mirada exacta del Ojo de jaguar, el Corazón de monte y siga aún, más vivo que nunca, Cantando el triunfo de las cosas terrestres. ¡Salud, querido poeta!

[Este texto lo leyó Alejandro Figueroa en las funciones del 22 y 23 de septiembre de 2023, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Los lectores fueron Fernando Trejo, Eric Cruz, Maricruz Aguilar y Héctor Cortés Mandujano. Enrique Palomeque tocó al piano el vals “Ocosingo”, de Abel Domínguez, e hizo acompañamiento en varios momentos de la lectura. El cartel de difusión lo hizo Juan Ángel Esteban Cruz, nos ayudó como en todas las presentaciones anteriores Carlos Ariosto y el iluminador fue Alfredo Espinoza, bajo la dirección de Héctor Cortés Mandujano. Las dos funciones tuvieron la gratísima presencia del poeta Efraín Bartolomé. Un lujo.] 


Fotografía: Sharon Hernández.
Fotografía: Sharon Hernández.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 43. Mi último suspiro. Ilse Ibarra Baumann

                      Mi último suspiro

Hace unos días me aventé, así nomás, sin pensarlo mucho o bueno, más bien pensándolo mucho pero rápido; en que aquellos implantes viejos podrían arrojar células malignas en mi cuerpo. Me sometí a una cirugía para removerlos. 
        Al paso de las horas me hinché. Mi cerebro empezó a generar atrocidades surrealistas partiendo de esa hinchazón con las cuales luché un buen rato y trataba, por todos los medios posibles, de imponer la razón en mi cerebro. Salve decir que no entré a Google a ver posibles complicaciones (porque, afortunada o desafortunadamente, no veía nada). Vino mi sobrina Paloma a visitarme y, a solas, le conté sobre mis visiones. Cuando alguien no es como tú, puedes generar en aquella persona algo de… ¿Aversión, podría ser? ¿Quién puede entender a un trastornado? Otro igual. Ella es igual. Su madre (mi hermana) es práctica y nada surrealista; por suerte. Cuando aparecen ese desfile de imágenes pienso en ella, en lo que me diría al respecto gracias a su modo pragmático. No sé si pensar así sea algo monstruoso porque siempre lo he vivido. El gen que nos produce estas visiones ha saltado en zigzag y se ha introducido en mi sobrina como una larva implacable que nos hace ver más allá de lo real.

Cuando vi “Un chien andalou” de Luis Buñuel y Dalí, disfruté la posibilidad y la concreción de lo irreal. 
       En el libro biográfico, Mi último suspiro, escrito por Jean-Claude Carrière, uno de sus guionista, Buñuel habla de su vida en torno al surrealismo. 
        Debo de confesar que mientras los límites de los sueños puedan realizarse sin afectar a terceros, los disfruto. Recomiendo el libro, sin embargo, hay ciertas atisbos de pederastia que me afectan sobremanera aunque (diga) no se llevó a cabo. Acepto el libro, repruebo a Buñuel persona. Complicado. Sólo el hecho de escribirlo en su biografía me llena de asco y de coraje. Porque no creo que un pederasta diga “Soy pederasta”. Una de las obras literarias que más le gustó a Buñuel fue “Los 120 días en Sodoma” del Marqués de Sade. Yo intenté leerla y sus atrocidades sublevaron mi ética. Lo siento, no puedo evitarlo. Sé que existe el mal en el hombre pero trato de no permitir que me toque ni en una obra, prefiero no leer. 
       Buñuel vivió tratando de revolucionar su época. Se unió al surrealismo de Bretón. En varias circunstancias le pide dinero a su madre viuda, lo cual me parece, por más exitoso, un fracaso. 
Debo confesar que en este momento no estoy “tan” hinchada pero aún así mi cerebro sigue ejerciendo con insistencia sobrepasar los límites (¡espero se detenga!) y arrinconarme, intranquila, a esas imágenes ausentes de razón.
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Voces ensortijadas 192. La fiesta del barrio. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                      La fiesta del barrio
                   María Gabriela López Suárez


El sonido de los cuetes era uno de los tantos indicadores que había alguna fiesta en la ciudad. Linda no tenía idea qué festividad sería la próxima, prendió la radio como solía hacerlo todas las mañanas antes de irse a trabajar. Aunque solo alcanzaba a escuchar unos minutos le gustaba enterarse de las noticias más relevantes de una forma distinta a consultarlas a través de los medios digitales.
         Mientras desayunaba alcanzó a escuchar que estaba por celebrarse la fiesta de San Jerónimo, el patrón de uno de los barrios más cercanos a su casa. Linda tenía casi un año y medio de vivir en esa ciudad, así que todavía no se aprendía las festividades que se celebraban. Terminó de desayunar, apagó la radio y se dirigió rumbo a su trabajo, una asociación civil para la defensa del medio ambiente.
         Ese día le tocaba coordinar un taller para impartirlo a estudiantes de secundaria, el tema era Cómo preparar una composta en casa. En el receso que tuvieron alcanzó a escuchar la conversación de estudiantes que mencionaban que la fiesta en el barrio de San Jerónimo se pondría muy alegre. 
        A Linda le animó esa conversación y al terminar sus actividades se puso de acuerdo con Olga, Abenamar, Cecilio y Micaela, sus compañeras y compañeros del trabajo, para ir a cenar al barrio de San Jerónimo. Cuando llegaron a la plazuela del barrio Linda se dio cuenta que había mucho movimiento, un grupo de personas estaba organizado decorando con flores de papel crepe el kiosco frente a la iglesia, otras personas colocaban unas tiras de plástico picado que formaban vistosas hileras que se movían al compás del viento. Alrededor del kiosco ya estaban instalados los puestos de vendimias como churros, papas, chicharrines, palomitas, dulces de coco, una gran variedad de antojitos, bebidas como horchata, champurrado, atoles,  raspados y no podían faltar los juegos de tiro al blanco y futbolitos. 
        Dieron un par de vueltas alrededor de la plazuela, luego se sentaron en una banca y escucharon con atención mientras su compañera Olga les explicaba los orígenes de la fiesta del barrio. Linda trajo a la mente los recuerdos de su infancia cuando iba con su familia a la fiesta de la santa patrona de su terruño. Evocó que la fiesta se sentía con los preparativos que la gente hacía, con la algarabía que se generaba, el decorado que colocaban y el deleite de disfrutar las frutas en almíbar que solían vender.
        Estaban por decidir en qué puesto cenarían cuando se escuchó música a lo lejos, era una comparsa que se acercaba para danzar frente a la iglesia. Mientras Abenamar y Micaela iban a apartar lugar en la cenaduría, Olga, Linda y Cecilio fueron a ver la comparsa. Al observar la alegría de quienes danzaban Linda pensó para sí, —La fiesta del barrio permanece, que así sea con las nuevas generaciones que forman parte de cada terruño—.
Photo by Rafael Guimaru00e3es on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 192. Dormir con extraños. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                        
                        Polvo del camino/ 192
                         Dormir con extraños
                        (Minificción teatral)
                        Héctor Cortés Mandujano

Toco a la vieja puerta de madera del hostal. Una anciana, con un candelabro de luz temblorosa en la mano derecha, me abre.

—¿Diga?
	—Perdone, me dijeron que aquí rentaban cuartos para pasar la noche.
	—¿Viene solo?
	—Sí.
	—¿Cuántas noches va a quedarse?
	—Sólo la de hoy.
	—¿Quiere cenar?
	—No, sólo quiero dormir, estoy muy cansado.
	—Hubo un corto, creo. No hay luz en la casa.
	—No importa. Lléveme al cuarto y me quedaré dormido en un instante.
	—Me tiene que pagar antes.

***

—Esa es su cama. Que descanse. Si viene otro viajero le daré la otra cama. Ruegue porque no, pues voy a despertarlo.

Huele a humedad. Con la vieja se fue la luz. Cierro los ojos. Duermo. Pausa. Se abre la puerta y oigo a la vieja decir.
	
—Esa es la cama. Hay un joven en la otra, procure no hacer mucho ruido.

El hombre se acuesta. Ronca casi de inmediato. Me arrullan sus ronquidos. Duermo. Pausa. Me despierta el grito salvaje en la oscuridad.
	
—¡Perro, voy a matarte! ¡Te odio, voy a clavarte un cuchillo en el corazón!
	—Señor, ¿le pasa algo?
	—¿Eh?
	—Digo si le pasa algo, está gritando.
	—Perdone. Fue una pesadilla.

No pasa mucho tiempo. De nuevo ronca. Duermo. De nuevo me despierta.

—¿Creías que podías escapar de mí? ¡Soy el Diablo y te voy a llevar conmigo a los infiernos!
	—¡Señor!
	—¿Ah?
	—Está gritando.
	—Discúlpeme. Tuve otra pesadilla.

***

Pausa larga. Estoy enfurecido luego de varias interrupciones a mi sueño. Con la última, exploto.

—¡Esta es la última vez, señor, que le permito que me despierte a gritos! Si tiene tantas pesadillas debió pedir un cuarto solo. Ya ni siquiera me pide disculpas, sino me maldice cuando lo despierto. No soy ni su hijo ni su sirviente para aguantar sus locuras.

El hombre se incorpora. Su gruesa respiración evidencia su enojo. Noto su movimiento, que intenta ser rápido; se siente muy agitado. Está mal de la cabeza. Saco el cuchillo de debajo de mi almohada y lo sostengo para que él se clave solo. Le hago un favor. Ya no tendrá ninguna nueva pesadilla.


Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 191. ¡Viva México! María Gabriela López Suárez

                  Voces ensortijadas
                    ¡Viva México!
              María Gabriela López Suárez

Rosario se apresuró para terminar de lavar los trastes, quería llegar temprano a casa para convivir un rato con su mamá Roberta y su hermana Asunción. Su patrona tenía cena en casa con invitados por motivo de las fiestas patrias, habían contratado servicio de banquete de platillos mexicanos. El menú era pozole rojo, verde, blanco y huaraches; a sus compañeras de trabajo en la cocina y a ella les habían dado la tarde libre y el día siguiente entrarían a trabajar a las 10 de la mañana. 
          Marlene y Martha, compañeras de Rosario la esperaron a que terminara su labor, se encaminaron unas cuadras y luego cada una se dirigió a la ruta de autobuses que solían tomar. Rosario revisó la hora, estaba muy a tiempo de llegar a casa y pasar a comprar al mercadito cercano a su domicilio. Quería preparar unos chilaquiles verdes para cenar con su familia. Para fortuna de Rosario halló todos los ingredientes que requería y gastó poco.
         Al llegar a casa encontró a su hermana y a su mamá entrajinadas bordando unas mantas, doña Sofía, una vecina que tenía una cocina económica les había encargado un pedido de 15 mantas. El motivo era que al día siguiente tendría venta especial de comida y quería estrenar decorado en las mesas. Rosario dejó en la cocina las cosas que había comprado para la cena, se lavó las manos y se sumó a bordar con ellas. 
         —¿A qué hora hay que entregar mañana las mantas que encargó doña Sofi? —preguntó Rosario.
         —Nos dijo a más tardar antes de las nueve de la mañana, ya vamos más de la mitad. Sí las terminamos hoy y hasta alcanzamos a lavarlas. Todo sea por ganarnos un dinerito —contestó doña Roberta. 
Después de un rato de bordar Rosario vio la hora, ya eran las siete de la noche.
          —Las voy a dejar un momento, prepararé la cena, hoy habrá chilaquiles verdes —señaló Rosario.
          El rostro de doña Roberta y Asunción mostraron sonrisas.
          —¡Seguro que te quedarán bien deliciosos! —dijo Asunción sin apartar la vista del bordado.
          Rosario comenzó a cocinar, se dio cuenta que no había comprado algo para beber. Revisó en el refrigerador y encontró unos limones, buscó en la alacena y halló una bolsita con chía, así que preparó limonada con chía. Al cabo de un rato sirvió la cena y llamó a su mamá y hermana a cenar.
        —¡Qué bueno que te dejaron salir temprano Charito! No solo nos ayudaste a bordar sino que nos alegraste el corazón y nos consentiste con esta cena —comentó doña Roberta. 
         Terminaron de cenar, Rosario levantó los trastes y los lavó para que al terminar de nueva cuenta ayudara en la labor pendiente. Mientras seguían bordando Asunción hizo una pausa y prendió la televisión, cada una estaba atenta en su tarea. A lo lejos Rosario escuchó, ¡Viva México! ¡Viva México!, alzó la vista un momento y dijo,
          —Ya están dando el grito, ya son las once de la noche, ya casi terminamos de bordar. Bien lo dijiste mamá, alcanzamos a lavar las mantas hoy.
         Las miradas de las tres mujeres se encontraron, con destellos de alegría. Mientras Rosario volvía su mirada al bordado resonaba en su mente la frase: ¡Viva México! Y por dentro decía, ¡Viva su gente, vivamos nosotras!
     
Photo by Polina Kovaleva on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 191. Árboles infinitos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                        
                        Polvo del camino/ 191

                            Árbol-Jaguar 8
                          Árboles infinitos
                       Héctor Cortés Mandujano

                                              Sobre la montaña hay un árbol:
                                                   la imagen de la evolución

                                                                    I Ching
                                                 El libro de las mutaciones

Si hacemos caso a los textos bíblicos y también a las propuestas científicas sobre la creación del mundo, los árboles existen desde antes de que existiéramos los humanos.
	Si hemos visto las proyecciones apocalípticas sobre la destrucción de la raza humana, los árboles nos sobrevivirían. 
	¿Cómo nacieron, cómo sobreviven? No necesitan más que tierra y agua.
	Los otros dos elementos pueden hacerle daño: el aire, convertido en viento, los quiebra, los troncha, los arranca; el fuego, los arrasa, los destruye. Incluso el agua, en demasía, los ahoga.
	El sol, en cambio, generoso y gratuito, los ayuda, los crece, los evoluciona.
	En la ambigüedad humana hay algunos seres que los siembran, los riegan, los cuidan, y hay otros que los tumban, los queman.
	Un árbol en sí mismo pueden hacer que nazca otro cerca, y este a su vez otro, y luego otro. A esta sucesión más o menos sincrónica de vida arbórea se le llama bosque y, más extensamente, selva. Y ambos –el bosque, la selva– pueden vivir y sobrevivir sin nuestra intervención.
	Basta, pues, con que no los dañemos. Cuidarlos es casi lo mismo que ignorarlos, no meterse con ellos, dejarlos que crezcan a sus anchas, que se llenen de bejucos, de plantas epífitas y parásitas, que hagan brotar manantiales, que permitan la vida de insectos y animales de diversos géneros. En Chile, por ejemplo, en un área protegida, ha renacido el casi extinto cóndor, ha proliferado el puma… ¿La fórmula? Alejar a los humanos.
	El árbol, el maravilloso árbol, suele multiplicarse sin ninguna ayuda y hace que nazcan bosques, selvas, y ellos, eclosión de vida, no son más que árboles infinitos… 
	


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 42. Cómo ser un estóico. Ilse Ibarra Baumann

                       Cómo ser un estóico 


Triste, como pensaba Spinoza (a quién se le refiere como el “Dios de Einstein”), rechazo (por lógica) a un Dios milagroso, y dejo a la existencia humana como experiencia sensible y parte de la naturaleza. 
          Disfruto las lecturas cuando el escritor es más consciente de ello, cuando utiliza a la razón para lograr esa sensibilidad humana; pero, ¿de dónde se sostiene? Automáticamente pienso en la filosofía. 
         Salve decir que los años me han  cambiado. En prepa (o secundaria), imagínense, no recuerdo ni en qué grado se dan estas asignaturas, bueno, pues en aquella época jamás puse atención ni a la filosofía ni a la ética. Mi comportamiento se basaba en la educación de casa (jamás de la escuela). Confieso que fui educada por dos estoicas: mi madre y mi nana (ellas no lo saben y yo apenas lo sé). Fueron raciónales y compasivas y esto las llevó (y nos llevaron —a mis hermanos y a mí—, aunque a veces no logramos ) a un pragmatismo de parábolas personales. 
         Por poner un ejemplo, Delfina, mi nana, quedó huérfana de padre a los cuatro años. Su madre los dejó en casa de su hermano y su cuñada. Se fue, me dice que a trabajar lejos (ha de ser terrible utilizar la palabra “abandono”). Cada día, esa tía postiza, le pegó. Cada día. Aún hoy no entiende porqué si ella nada más molía el maíz y acarreaba agua. Su cama era un cartón sobre dos rejas de refrescos. Y cada noche se metía entre su cuerpo un gato lleno de pulgas —Beba, Beba, estaba toda picoteada—. Y cuando decía esto, arrugaba los ojos y meneaba la cabeza. Para solucionar el problema, un día tomó al gato de las cuatro patas y lo sumergió en un tambo de agua hasta que dejó de moverse. Terrible.
         ¿Por qué un acto así podría volverla estoica? El estoicismo es un camino, no siempre inicia en una senda tersa, y quizá nunca termina por alcanzarse, pero el fin es volverse cada día una mejor persona siguiendo adelante a pesar de las equivocaciones.
         El mayor bien de un estoico son estas cuatro virtudes: sabiduría, valor, justicia y templanza. Además debe seguir a la naturaleza (es decir, poner en práctica la razón). Y entender “la cosa” a base de una dicotomía del control: o puedo solucionar este suceso o no puedo (aquí es cuando está fuera de nuestro control, y lo aceptas). 
         Es bueno leer a Massimo Pigliucci, un estoico moderno. Ojalá, se pudiera actuar en base a estos principios. Mi mamá, intuitiva y sabia, lo logró.

Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.