Nota rimada. 21. Imitación, copia o plagio. Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández

Crítica Arrimada

El que esté libre de plagio,
que arroje la primera cita.

A propósito de la larguísima
lista de tramposos que, a descuido
de memoria, se les olvidó la historia
como testigo fehaciente de que esa
es una pendiente que viene desde el
código de Hammurabi que ha sido
plagiado desde la época de los
griegos hasta nuestros días.

Imitación, copia o plagio

La idea original fue mía…
si otros lo escribieron antes,
eso… yo no lo sabía.

Se ha puesto feo el asunto
convirtiéndose en enredo
la copia con coma y punto
en cantidad que da miedo.

“No es por falta de talento”
dicen los de copia y pega,
“es original mi intento,
pues pensar es una friega”.

Según declara el adagio
si al redactar hay errata
y de hacerlo bien se trata…
hay que recurrir al plagio.


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Polvo del camino. 224. ¿Todos somos monstruos?/2. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                     Polvo del camino/ 224

¿Todos somos monstruos?/ 2
(Dos de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura

En La oscuridad de la Luz del mundo (2023), documental sobre los abusos sexuales de Naasón Joaquín García, autoproclamado apóstol de Jesucristo, dirigido por Carlos Pérez Osorio, se documenta un hecho repetido durante más de cincuenta años: la violación y el abuso sexual de menores.
El padre de Naasón, ya muerto, según los testimonios de varias mujeres que valientemente dan la cara, tenía un harem de menores a su disposición. El modus operandi, que su hijo continuó, era que una mujer, que ya había sido esclava sexual, entrenaba a las púberes, en grupos de diez, para que consideraran un privilegio, una bendición, un acto divino que el tipo las violara, las hiciera tener relaciones lésbicas frente a él o cualquier fantasía perversa que se le ocurriera al apóstol, como curiosamente lo siguen llamando. El grupo operaba así en todas las iglesias. Si el hombre viajaba de un país a otro, allí había menores a su disposición.
Hicieron en Guadalajara, México, una construcción impresionante y a su alrededor una colonia-ciudad donde los únicos que pueden habitar son los creyentes a pie juntillas de que Samuel Joaquín-padre, antes, y Naasón Joaquín-hijo, ahora, son los apóstoles de Jesucristo, elegidos por Dios, con quien hablan y quien los instruye. Esto, por supuesto, no ocurre en el siglo XVI ni en una comunidad alejada de los adelantos técnicos, de la educación (hay muchos profesionistas en esta religión), sino en el México del 2024 y en varios países más.
Los miles que creen en Naasón dan el diezmo a su iglesia (y pagan además por rezos, ceremonias, fiestas…), lo que ha vuelto millonaria a la familia García, por lo menos durante tres generaciones. Esta vida opulenta terminó para Naasón cuando cinco mujeres, violadas y humilladas durante años, lograron meterlo a la cárcel, sin el apoyo de sus familias, que las repudiaron, porque es un pecado pensar mal de Naasón, ya no se diga denunciarlo.
La grey de esta iglesia pertenece al apóstol. Él decide, por ejemplo, con quien los casa: hombres y mujeres jóvenes van vestidos para la boda, sin saber con quién se casarán. A veces ni se conocen. Decide también qué estudian, qué hacen, qué piensan. Nadie puede contradecir los designios del hombre que se autoproclamó apóstol de Jesucristo, a la muerte de su padre. Las jóvenes declaran que tenían que despertarlo a diario con sexo oral o con una masturbación y que eso les hacía pensar que algo estaba mal, que eso no era divino. No podían contarle a nadie. Es pecado pensar mal, es pecado mortal hablar mal del apóstol. Cuando el hombre veía que las niñas ya estaban crecidas, las casaba: ya había otro círculo de pequeñas creciendo para su disfrute.
Aunque los delitos se probaron con suficiencia, hubo un arreglo que dejó fuera a las víctimas y a la decisión del juez. Naasón saldrá libre en menos de veinte años. En el documental se oye el testimonio público, aunque protegido, de las denunciantes, y al final el discurso del juez, que dice al apóstol: “Es usted un depravado, un criminal, debería darle vergüenza”. Pide disculpas a las víctimas, porque él está atado de manos para imponer una sanción mayor.
En el documental también están los testimonios de los fieles seguidores de esta religión, de ese “apóstol”. Él, dicen, sigue dirigiéndolos desde la cárcel. Esperarán a que salga para seguirle entregando su dinero, sus vidas, sus hijas menores… Nada habrá cambiado.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Nota rimada. 20. Y ya no. Maclovio Fernández

Por Maclovio Fernández

Y ya no
A mi madre

Luz que fuiste, y ya no.
El breve parpadeo, de aquel faro que fuiste...y ya no,
destella de repente.
Ventana en que se asoma una sonrisa
apenas dibujada,
luz que por otra luz es apagada.

Ceiba sin sombra ya,
desconsoladamente abandonada,
deshojada, deshijada,
sin una despedida que la razón te niega.
Adiós sin vínculo, que llegará a la nada.
Todo está roto ya,
el santuario que fuiste está cerrado
y no hay en las palabras magia alguna...

Seca está la laguna
y perenne la sed que no se sacia.
Hay que apagar el ansia
en el ojo del tiempo
hasta que vengan otros ojos
a mirar como levanta en remolino
el viento...

Dolor que ya no eres,
ausencia que nos hiere,
memoria que lastima,
adiós sin eco en que te pierdes,
herida que no cierra,
pena que no se manifiesta,
pregunta sin respuesta...

¿Eres tú?
¿Y soy, acaso yo, el que interroga?
¿el que te ve sin que lo veas?
el que no tiene, ya, cabida en tu recuerdo.
Sombra que soy, de aquella
luz que fuiste, y ya no...


["Escribí este poema el día que mi mamá ya no me reconoció..."]
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Voces ensortijadas 223. El regalo más esperado. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El regalo más esperado

El sol estaba más que intenso al mediodía de ese jueves. Alicia llegó temprano a casa, había solicitado permiso en su trabajo, tenía un fuerte dolor de estómago. El trayecto de la ferretera, en donde laboraba, a su casa se le hizo eterno.
Una vez en casa se sintió tranquila, aunque no había nadie, todos estaban en el trabajo. Alicia recordó que su mamá, doña Olga, solía decir que automedicarse era peligroso. Intentó hacer memoria para verificar qué había comido en la calle que podría dañar su salud. Esperaría a que llegara alguien de su familia para que la acompañara al consultorio médico. De nuevo sintió un retortijón en el estómago. Se acordó que en el patio podría encontrar alguna planta medicinal.
Al dirigirse al patio percibió lo cálido del clima, como cuando estaba cocinando algo y abría la puerta del horno para verificar si se había cocido. En el patio se acercó a buscar unas hojas de estafiate o ajenjo, aunque eran parecidas Alicia las distinguía muy bien. Eso le ayudaría a calmar la molestia del estómago mientras iba a la consulta. Su rostro se asombró al contemplar que la planta de estafiate y ajenjo estaban muy secas, al igual que las hojas de un par de árboles de limón que había. Tenía alrededor de tres días que habían regado las plantas y árboles.
—¡Uy, pero qué les pasó con tanto calor! Ustedes requieren agua para reanimarse, pero agua de lluvia —dijo en voz alta, como en diálogo con las plantas y árboles.
Alicia decidió cortar unas hojas de estafiate para prepararse un té. Mientras esperaba que el agua hirviera volvió al patio, observó con una mirada triste que las hojas de los árboles de limón estaban encogidas. Vaya que el calor era intenso y la sequía generaba parte de esos efectos.
Regresó a la cocina, vertió la infusión de estafiate en una taza y se dirigió al patio. Ahí se sentó sobre un banquito, a esperar que su té se enfriara para tomarlo. Fue bebiendo poco a poco la infusión, disfrutando del aroma de la bebida. Cerró sus ojos un momento y recargó su espalda sobre la pared. Sintió alivio en el estómago luego de haber terminado el té. Se incorporó de nuevo, abrió los ojos y se dio cuenta que la intensidad del sol se había opacado un poco. Alzó la vista y observó que rápidamente se había formado un conjunto de nubes que pasaron de tonalidad gris claro a gris oscuro.
—¿Será que va a llover? No creo, es bien temprano, aunque está bastante nublado y caluroso. ¿Se imaginan que lloviera? Ése es el regalo más esperado para calmar el calor y sobre todo para que ustedes se recuperen. Mi abuelita Sofía siempre comentaba que no hay que perder la esperanza —dijo Alicia dirigiéndose a los árboles y plantas.
Se levantó del banquito y fue nuevamente a la cocina a dejar la taza, ahí estaba cuando percibió el aroma a tierra mojada, seguido de los ruidos de unas gotas de lluvia que comenzaron de menor a mayor intensidad. Alicia se dirigió al patio, se detuvo en la puerta con una sonrisa en el rostro, al tiempo que observaba que la lluvia, el regalo más esperado, se hacía presente.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 223. ¿Todos somos monstruos?/1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustraciones: HCM.

                      
Polvo del camino/ 223

¿Todos somos monstruos?/ 1
(Una de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura


En el documental Civiles armados. El “holocausto olvidado” (dirigido por Manfred Oldenburg y Oliver Halmburger, 2023), sobre civiles que perpetraron matanzas de judíos en la Alemania nazi, se entrevistan a historiadores, especialistas en el tema y al abogado (joven entonces, de 100 años en el ahora del documental) que enjuició a los asesinos a mansalva de más de un millón de seres humanos.
Lo que se cuenta lo documentaron los propios nazis, quienes ofertaron a alemanes comunes (mecánicos, panaderos, trabajadores manuales, etcétera) para que formaran batallones, con una sola misión: fusilar, cara a cara, en la mayoría de las veces, en bosques o junto a las tumbas que les hacían cavar, a hombres y mujeres judíos, bebés y niñas/niños.
El acento lo ponen los entrevistados en que matar era opcional. El que ordenaba todo era muy específico: si alguien no quería disparar, podía no hacerlo. Fueron muy pocos los que escogieron esta opción y fueron designados, entonces, a lavar letrinas y hacer otras tareas, y a soportar las burlas de sus compañeros: cobarde, maricón...
Matar, para algunos, se convirtió simplemente en un trabajo, y así, dentro de los muchos grupos que se hicieron, hubo el que descubrió su gusto por humillar y torturar a los detenidos (el documental es prolijo en datos y fotos), el que consideraba aquello una labor ingrata y tenía ciertos remordimientos, y el que lo hacía sin ninguna duda, sin dejar de cenar y reírse al gusto después de su macabra chamba.
El abogado jovencísimo, Benjamin Berell Ferencz (1920-2023), junto a su equipo, encontró debajo de una villa (luego de la muerte de Hitler y la caída del nazismo) ¡diez millones de carpetas! de informes oficiales. Comenzó a sumar los muertos y se dio cuenta que eran más de un millón. Al llegar a esa cifra, tomó como suya la puesta en marcha de un jurado, de un procedimiento que pusiera frente a frente a los asesinos con sus monstruosos asesinatos. Y allí descubrieron él y todos que no había en los perpetradores ningún arrepentimiento: lo habían hecho por la patria, porque se los ordenaron. No se asumían responsables ni culpables. ¿Y por qué mataron a los niños?, preguntaron al Dr. Otto Ohledorf, uno de los principales criminales. “Porque cuando crecieran iban a odiar a Alemania”. Era mejor eliminar el peligro para el futuro. El tipo era padre de cinco hijos. Fue ejecutado.
Lo terrible es que, dicen los especialistas entrevistados, los asesinos se sentían víctimas: sufrieron cuando mataban y ahora los juzgaban por haber obedecido. Las víctimas no eran los millones de muertos, sino ellos, pobres, tan incomprendidos.
La mayoría de los participantes eran padres de familia, gente común, incluso un recién casado, que llevó a su joven esposa a ver los montones de cadáveres, a empaparse con su trabajo patriótico de matar seres indefensos (hay fotos). Y eso es lo peor: no eran militares educados para eso, no eran sicarios de profesión; se supone que no eran crueles, sino pacíficas personas. La conclusión es que cualquiera puede ser convencido de cometer atrocidades en nombre de una idea, de un gobierno, de una posición política.
Una persona común, si se le convence ideológicamente o se le paga, puede convertirse en un asesino desalmado. ¿Todos somos monstruos?


Ilustraciones: HCM.
Ilustraciones: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 222. Tarea de hombres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                      Polvo del camino/ 222

Tarea de hombres
Héctor Cortés Mandujano

No existen los hombres de verdad

Un pandillero,
en Please, Baby, Please

Por la generosidad de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, estoy gozando en estos días de la plataforma Mubi, que es especialista en películas no convencionales ni populares, aunque (muchas) sí premiadas o validadas por la crítica.
Cuatro que vi, más o menos seguidas, a las que se sumaron aleatoriamente otras dos, me parecen una reformulación del papel masculino. Me explico: en Passages (2023), de Ira Sachs, el protagonista es un bisexual que vive casado con un hombre y se enamora de una mujer; en La pianista (2001), de Michael Haneke, el hombre no puede entender a la mujer que no quiere besos ni penetración, sino casi sólo violencia; en Rotting in the Sun (2023), de Sebastian Silva, un homosexual va a una playa nudista de sólo hombres, pero, aunque se muestra muy interesado con la variedad de penes de los vacacionistas, no se relaciona eróticamente con ninguno, y en Please, Baby, Please (2022), de Amanda Kramer, el hombre, casado convencionalmente con una mujer dominante, dice no tener interés es comportarse como se supone que debe comportarse un hombre.
Tomas, en Passages, juega con la idea del artista: estoy por encima de las convenciones y tomo lo que quiero. Es un director de cine y tiene un marido que debe bailar a su ritmo y no lo hace del todo. Como lo deja solo en una fiesta, Tomas seduce/se deja seducir por una mujer, con la que tiene relaciones sexuales. Decide por eso dejar a Martin e intentar que funcione la relación con Agathe, a la que embaraza. No resulta tan simple, porque también quiere seguir con el hombre. En el camino, los dos (Martin y Agathe) se dan cuenta de lo manipulador que es Tomas y ambos lo dejan. Él parece no haber entendido la decisión de aquellos a quienes sólo usaba para sus intereses. La mía es por supuesto una lectura, entre muchas; pero esa historia puede ser un paradigma de los tiempos actuales. [Hay, por cierto, una película francesa, My Sole Desire (2022), dirigida por Lucie Borleteau, donde lo que ocurre es al revés: una lesbiana está enamorada de su marido y luego se enamora de una mujer. Igual, no sabe qué hacer.]
La pianista es una adaptación de la novela de Elfriede Jelinex, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004 y la historia está centrada en Erika, una profesora de piano cuyos intereses en el terreno sexual no son convencionales. Uno de sus alumnos se enamora de ella y quiere el repetido asunto de enamoramiento-pasión-ayuntamiento sexual y a ella eso no le interesa: quiere violencia (es un resumen de algo más complejo). Él no sabe cómo darle gusto y las cosas terminan previsiblemente mal. Si nos ponemos metafóricos, se podría afirmar que los hombres queremos tocar las mismas teclas siempre (mi alusión es al piano, por supuesto) y las mujeres buscan algo más. La peli es perturbadora.
En Rotting in the Sun, Sebastian Silva se representa a sí mismo y aunque la cinta se trata de otra cosa (es casi policiaca en su segunda parte), es notorio que no es el sexo ni casual ni permanente lo que busca este homosexual. La vida no se trata de sólo eso.
Dice el líder de los pandilleros en Please, Baby, Please que él está por encima de los demás, porque ellos lo han puesto en esa escala, pero, dice a sus compinches, en un arranque de sinceridad, “cada uno de ustedes me aterra, son el estándar de hombre que debo aparentar que soy”. Dice el protagonista: “Quiero ser un niño feliz. No tengo que certificar mi sexo ante ninguno de los dos sexos”.
Antes, en una cinta de Claude Chabrol, Cuestión de mujeres, de 1988, un diálogo entre una mujer y un hombre. Ella: “No eres romántico”. Él: “Soy un hombre”. Parece que esa respuesta, si la damos hoy, ya explica muy poco; ser un hombre, ahora, no es una tarea tan simple.

Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 222. El baúl de nuestros tesoros. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El baúl de nuestros tesoros

El olor a tierra mojada le hizo evocar a Pilar uno de los momentos que más atesoraba de su infancia, compartir con doña Beti, su abuelita materna, los tesoros que ambas tenían.

Doña Beti solía sentarse sobre la cama, abrir el ropero y sacar un baúl de tamaño mediano. A su lado se ponía Balín, el perro que era un amoroso integrante de la familia. La primera vez que Pilar vio el baúl tuvo curiosidad de conocer qué tanto tenía en su interior. Más de una vez observó los tesoros que guardaba doña Beti, entre ellos, fotos antiguas, una lámpara que se armaba como una especie de mechero, hilos, agujas, botones y pequeñas latas que eran decoradas con figuras de flores y hojas. Y se sintió agradecida que su abuelita le permitiera un espacio en el baúl para guardar los tesoros de Pilar.

El recuerdo que se le vino a la mente a Pilar fue la ocasión que entró a la habitación de su abuelita justo cuando doña Beti sacaba el baúl de los tesoros.

—Pili, ¿ahora qué trajiste para guardar en el baúl?

—Abuelita esta vez encontré unas piedras pequeñas con formas muy bonitas, como si fueran conchitas, mira.

Balín, inquieto, formaba parte de la escena del compartir los nuevos tesoros, movía la cola como queriendo conocer cuál era la novedad.

—Oye abuelita, ¿qué vamos a hacer cuando ya no quepan más cosas en el baúl? —preguntó Pilar en tono preocupado.

El asombro se percibió en el rostro de doña Beti, su mirada tranquila se fijó en la de su nieta, antes de responder hubo un breve silencio.

—Compraremos más baúles mi niña, no te preocupes por eso. Vengan esas piedritas para guardarlas.

Pilar dibujó una sonrisa mostrando la alegría ante esa respuesta, su mente quería volar para hallar más objetos distintos, los tesoros que su abuelita y ella compartían.

Algunas veces la lluvia era quien acompañaba el paisaje sonoro de esos encuentros entre abuela y nieta. De ahí que el olor a tierra mojada de esa tarde trajera a la mente de Pilar esas memorias.

—El baúl de nuestros tesoros —dijo para sí, Pilar.

Cerró sus ojos, respiró profundo. Observó el baúl de doña Beti, intacto en el ropero, su corazón sintió la emoción que ambas tenían cuando se juntaban para compartir esos instantes. El fondo musical de la lluvia continuaba escuchándose.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

El tintero de Nadia. 2. Fuente, oráculo y salvación. Nadia Arce

Fotografía: Nadia Arce.

                        El tintero de Nadia/ 2
Fuente, oráculo y salvación

Mi experiencia literaria
Nadia Arce

Los libros son grandes puertas a mundos internos y externos. No hay mejor camino que las páginas de un libro para viajar. Uno de mis primeros viajes literarios fue con uno pequeño, me lo regalaron en la FIL siendo yo una niña. Al leerlo me volví árbol y supe lo que la vida de un abeto podría ser de principio a fin, transcurrí de la alegría y el amor de la naturaleza a una fatal angustia sobre el consumismo y actitudes humanas; entendí todo lo que pudo haber sentido este ser personificado. Se trataba de Hans Christian Andersen, con el cuento: El Abeto. Era un ejemplar que llevaba con una ilustración en la portada de una niña que jugaba en el piso, al pie de un arbolito de navidad, según recuerdo, la imagen estaba enmarcada con un diseño marmoleado rojo. Lloré al final de la historia, fue impresionante para mí, todavía no sabía tanto del potencial de la escritura y fue un principio muy conmovedor.
Otro gran libro en mi infancia es El Diario de Ana Frank, también estaba jovencita cuando lo encontré o como dicen: me encontró. Mi memoria no me sabe decir cómo llegó a mis manos, sólo recuerdo que era viejo, de portada verde. Creo que lo tomé de alguna biblioteca familiar, “prestado”, como acostumbrada hacerlo al explorar entrepaños llenos de polvo y de libros que llevaban años sin abrirse, sentía que adoptaba aquellos objetos y me volvía su propietaria temporal sin pedir permiso y si lo pedía no lo recuerdo tampoco. Ana Frank me acompañó una corta pero significativa etapa en mi edad adolescente. Cada página me hizo vivir una realidad desconocida. Las palabras y vivencias las viví claras, de una manera simple y resuelta conocí la vida de esta niña. Su voz narrativa me pareció honesta, detallada con una precisión sensible que me transportó a su interior de muchas formas. La frustración y la impotencia me arrebataron el final de una historia de vida, similar a la de muchas injusticias que conocería después en mi propia novela personal.
No sé cuántos libros he leído, lo único que sé es que no son suficientes y que toda una vida no me bastaría para leer todo lo deseado. Sin embargo, al recordar estos dos títulos de mis primeras lecturas importantes, observo con curiosidad que mis inclinaciones a los géneros de cuento corto y de autobiografía son profundamente marcadas en mi presente. Aunadas a mi gusto poético, fueron los ejemplares de poesía, sobre todo antologías, el otro eje fundamental de mis preferencias literarias. Con Altazor de Vicente Huidobro encontré una especie de cúspide que no ha sido suplantada en el poema titulado: "Canto II" y con Oliverio Girondo y su Espantapájaros sigo impactada. La creatividad fonética, el juego de palabras y la brava honestidad de estas propuestas han sido resguardo habitual en mi andar bibliófilo. Olga Orozco con Anotaciones para una autobiografía, es otra representante de estas preferencias y por supuesto Julio Cortázar, autor un poco más complejo, recomiendo leer para principiantes y fans su compilación de cuentos Todos los fuegos, el fuego. Aunque comencé leyendo a Sabines y a Benedetti con El amor las mujeres y la vida, son autores elementales para mí, a quienes sigo reconociendo; escritores que parecen tan distantes en tiempo pero siguen siendo cercanos aún a tantos años de este primer reconocimiento en su popular voz. Sor Juana Inés de la Cruz es sin duda otra pluma que estuvo presente y muchas muchas novelas también como Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, El amor en los tiempos del colera de García Márquez y La ladrona de libros de Markus Zusak, encabezan a mis favoritas.
En otra etapa singular he leído literatura juvenil, fue algo inevitable por la profesión en la docencia y recuerdo con cariño esta temporada de aventuras ya en mi adultez. María Fernanda Heredia me contagio de adolescencia con su libro La lluvia sabe por qué. Después de muchos años como lectora y después como escritora ahora hago libros. Sigo fascinada con las antologías, encontrar en ellas temas de variada luz me parece afortunado y en ese camino he de continuar. Puedo recomendar ampliamente su lectura y mencionar la Antología de Poesía Latinoamericana, de la editorial Norma como excelente referente.
Por último, cierro con la experiencia de Momo, libro de fantasía, de Michael Ende, el mismo autor de La historia sin fin. Momo, es una historia cautivadora, me gusta tanto como el famoso Principito. Sin embargo, encuentro en Casiopea, personaje de esta historia, una gran fascinación. El tema del tiempo, los hombres grises, las imágenes de los relojes y la importancia de una infancia saludable son páginas que rememoro en nuestro primer encuentro y que reinterpreto y he amado en los siguientes. Estoy segura, que cada libro mencionado seguirá brindándome esta magia, si vuelvo a las páginas de cualquier libro que he mencionado, encontraré de nuevo sus secretos. Cuando regresé, o vaya a otros, encontraré aún más. Los libros son fuente, oráculo y salvación. ¡Dios bendiga a los buenos libros!

[Extraido de Jorge Alfonso Sousa Jauffred y Godofredo Olivares Cortés, coord. Marca de fuego. Experiencia de escritores en torno a la lectura. Editorial Universidad de Guadalajara, 2022]
Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: Nadia Arce.
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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 221. El arte de caminar. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El arte de caminar

El clima en la época de primavera estaba más caluroso que en años anteriores. Inés recordó que era martes, día de ir a caminar por la tarde con Verónica y René, amistades que vivían en su colonia. Por casualidad los había saludado una tarde y le contaron que solían salir a caminar toda la semana, para soltar el estrés laboral y ejercitarse un poco. Inés les preguntó si podía unirse a la caminata y le dijeron que por supuesto, por sus actividades ella solo podía salir tres veces en la semana y el martes era uno de esos días.

Mientras Inés iba a encontrarse con Verónica y René se dio cuenta que el calor se había apaciguado un poco y comenzaba a correr aire, eso ayudaría a que su caminata fuera más grata. El área en la que salían a caminar era un parque con muchos árboles que les brindaban además de un bello paisaje una magnífica sombra.

Al llegar al punto de reunión Inés se percató que solo estaba Verónica quien luego de saludarla le dijo que René llegaría con retraso, así que ellas iniciaron el recorrido. Poco a poco se fueron sumando otras personas de diferentes edades, jóvenes, mayores y algunas adolescentes. Al cabo de un rato la zona era de mucho movimiento.

Esa tarde Inés se detuvo un momento para tomar un descanso, se había doblado el tobillo y aunque la molestia era leve, decidió detenerse para darse un masaje. Verónica quiso ayudarla pero Inés insistió en que no era grave, que ella siguiera con la caminata. Inés buscó un banca, se quitó el tenis del pie derecho y comenzó a masajear la zona del tobillo. Luego movió suavemente el pie hasta dejarlo en reposo por unos minutos.

Al estar sentada comenzó a observar a la gente que caminaba, trotaba y corría en el parque. Su mirada se centró en quienes hacían caminata, se percató de ritmos distintos, al tiempo que los rostros también comunicaban a través de los gestos que cada persona reflejaba. Luego se detuvo en ella, ¿cómo se había doblado el pie? ¿Aceleró el paso? ¿Se distrajo? Intentó hallar alguna respuesta pero nuevamente se fijó en el caminar de las personas, a lo que llamó el arte de caminar, hasta ese momento no se le había ocurrido que el caminar es como vivir la vida. Cada quien tiene su ritmo, su modo, su estilo y su gusto por los lugares que serán recorridos, pero también hay tropiezos, esguinces, caídas y ante ello, las pausas son necesarias para apapacharse, recobrar el ánimo y continuar la caminata.

Inés movió nuevamente su pie, masajeó ligeramente la zona adolorida. Se colocó el tenis y decidió retomar la caminata, lo haría paso a pasito, pero con la mejor actitud. En eso estaba cuando escuchó la voz de Verónica,

—¿Lista Inés? Vamos por una vuelta más.
Inés volvió el rostro y le dijo,

—Sí, voy un poquito más lento pero te sigo.

Ambas sonrieron y continuaron el recorrido, cada una a su ritmo, concentradas. A lo lejos escucharon,

—¡Ya llegué chicas! Tarde pero seguro —era René que se integraba a la caminata.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 221. Las piernas, el lunar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                      
Polvo del camino/ 221

Apuntes de oído/ 17

Las piernas, el lunar
Héctor Cortés Mandujano

Pos yo no tengo la culpa
de haber nacido bonita

“La entalladita”,
canción de Amparo Ochoa

La llamada Primera Ola Feminista que produjo la publicación de El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir (Simone de Beauvoir. Del sexo al género, de Cristina Sánchez Muñoz), ponía el acento en que el cuerpo de la mujer (también el del hombre, por supuesto) era una construcción social y debía tener, bajo esos parámetros, ciertas características. El rostro, me detendré en ello, debía ser hermoso. Eso ordenaba lo social.
La música popular que se escucha en México no ha cambiado esa construcción. Cito unas cuantas canciones que aluden a ello: Bonita, de Luis Alcaraz; Insoportablemente bella y Bella señora, cantadas por Emmanuel; Bella, cantada por Mijares y, la cereza del pastel, Mujeres divinas, de Martín Urieta… Pura cosificación que va de los años cuarenta (tomo como referencia Bonita) al día de hoy.
En Yo te bendigo vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit et al, 2002), de Carlos Monsiváis, Nervo escribe sobre la dificultad que era hablar de las gracias de las muchachas (p. 23): “…los ojos aterciopelados de Margarita (esto de los ojos aterciopelados lo repetía yo mucho), los dientes lácteos de Elisa, la fresca boca de Natalia, la piel de seda de Rosa, las manos patricias de Ángela… […] Si la muchacha no tenía nada de peculiarmente bello, había que inventárselo, y si era resueltamente fea, entonces quedaba el viejo y supremo recurso de la ‘virtud’, la ‘discreción’, la ‘suavidad’ de un carácter que hacía el encanto de propios y extraños”.
Esto me llegó a la cabeza porque escuchando a Javier Ruibal (El Puerto de Santa María, España, 1955) me hallé que él plantea esa dificultad también, desde otra perspectiva. La canción se llama “Lo que me dice tu boca” (el álbum, de 2005, se llama igual) y dice: “Si no te pinto bonita, no es porque yo no te quiera; que si te pinto igualita, igual son ocho que ochenta, que contigo nunca me salen las cuentas”.
El asunto de la belleza, se ha dicho, es subjetivo, aunque la subjetividad tiene un entorno, un discurso e incluso, decíamos, una imposición. No se discute lo bella que es una alborada, porque si no te gusta no hay nada qué hacer. Pero la belleza social privilegia colores, razas, formas…
¿Qué hacer, entonces? Ruibal se va por las comparaciones: “Ni todo el puente de Brooklyn, los Londres y los Parises, que a mí ya nada me dice lo que me dice tu boca y la huella de tus labios en mi copa”.
Y sigue con otra parte del cuerpo alabado: “Que me quiten lo pintado, quién quiere que lo demuestre: que todo el arte rupestre y la pintura moderna, no son nada comparado con tus piernas”.
Serrat también se va con las comparaciones en “Cada loco con su tema” (el álbum, de 1983, se llama igual). Dice que, puesto a escoger, prefiere “los caminos a las fronteras y una mariposa al Rockefeller Center”, y esto dicho a la mujer: “el lunar de tu cara a la pinacoteca nacional”… Bien toreado, me parece.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com