Polvo del camino. 228. El silencio y las palabras. Héctor Cortés Mandujano

IIlustración: Héctor Ventura.

                    
                         
                    Polvo del camino/ 228

                  El silencio y las palabras
                   Héctor Cortés Mandujano

                                     Para mi amigo Luis, quien me contó estas anécdotas suyas

1

No hablé pronto, porque mi papa me consentía mucho; bastaba sólo con levantar mi dedito y mostrarle qué quería para que me lo diera. Entre señalamientos y pujidos llegué, no sé, tal vez a los cuatro años sin hablar. Mi padre se hartó.
A él le encantaban los chiles de lata y un día, en mi presencia, abrió una de ellas y puso el contenido en un plato hondo. No sé por qué se me antojaron y comencé a poner mi dedo de reyecito hacia los chiles. Papá me dijo: “No, esto pica, no es para niños”.
¿Qué? ¡Este tipo osa desobedecerme! Puse más énfasis en mi señalamiento y comencé a hacer pucheros. Mi papá insistió ya con más fuerza: “¡No!”.
Solté el llanto, sin olvidar de señalar el objeto de mi capricho. Mi padre, entonces, dijo: “Mira, si quieres, tómalo. Te va a picar y vas a llorar. Se te va a calmar el picante con esto –me señaló un vaso de agua–, pero sólo te voy a lo voy a dar si dices ‘Agua’, ¿entendido?”.
Tomé un chile, lo puse en mi platito y luego le di una mordida. Sentí que había mordido lumbre y comencé a llorar. Mi papa me dijo:
—¿Quieres agua?
Moví la cabeza en señal de afirmación, mientras seguía llorando.
—Pues no te voy a dar hasta que lo pidas con su nombre.
No sentía lo duro, sino lo tupido y quién sabe cómo mi cerebro y mi lengua se alinearon para que yo dijera, por fin, mi primera palabra:
—¡¡¡Agua!!!

2

Mi hermano mayor me llevó por primera vez al cine un domingo. Eran dos películas seguidas de matiné. Cuando volví, mi papá componía un carro. Le dije:
—Papi, ¿te puedo contar las películas que vi?
—Sí, cuéntame.
Mientras él trabajaba yo comencé a contar. Si la película duró hora y media, yo alargué mi crónica como tres horas a mi padre, que siguió trabajando bajo la implacable lluvia de mi imparable perorata.
Cuando concluí con la primera película (ya estábamos en otro lugar, él ya trabajaba en otra cosa), mi papá me quedó viendo y dijo:
—Creo que fue una mala idea haberte enseñado a hablar.

3

Mamá y papá tenían problemas frecuentes hasta que ella decidió pedirle que se fuera de la casa. Yo lloré y, cuando vi que él iba con su maleta hacia la puerta, me abracé a sus piernas y le pedí que no se fuera nunca, que buscara la forma de convencer a mi mamá.
Mi mamá, firme y sin ánimo de calmar las cosas, me ordenó que lo dejara ir. Lloré hasta la extenuación. Mi mamá, sin ningún prolegómeno, directa y brutal, me dijo algo que para mi niñez fue terrible:
—No sé por qué le lloras tanto a ése, si ni siquiera es tu papá.
Así me enteré de que aquel hombre al que amaba no era, no había sido mi papá biológico.
IIlustración: Héctor Ventura.
IIlustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 4. Cómo sostener una mano. Nadia Arce

                       Cómo sostener una mano
Por Nadia Arce

Las escaleras se suben de frente,
pues hacia atrás o de costado
resultan particularmente incómodas...

Julio Cortázar en
"Instrucciones para subir una escalera"


Lo primero que debemos pensar para lograr sostener una mano, es descubrir qué mano vamos a sostener. Si la mano que queremos sostener es la propia, basta con dirigirse a ella con la mano contraria y tomarla, ya sea de manera repentina o espontánea, no importa. La mano estará ahí siempre pegada a nuestro cuerpo esperando que la otra mano la arrope entre sus dedos.
El tema se complica cuando la mano que deseamos sostener es de otra persona. ¿De qué sujeto se trata? ¿Sigue en este mundo? ¿Está cerca o a kilómetros de distancia? ¿Es de alguien que quiere que le sostengamos la mano? ¿O de alguien que deseamos sostenga la nuestra, pero ponemos de pretexto lo contrario?
Definido el punto anterior podemos planear la escena. Si el sujeto nos suscita objetivos románticos será muy sencillo invitarle a salir y que ello comprenda pasar por situaciones seductoras para que, en el momento justo, podamos ofrecerle nuestro final del brazo cómo bastón, así de manera inocente “ayudáremos” al otro a brincar un charco, pasar un puente o subir una escalera. De cualquier manera, es lo más sencillo del mundo.
En cambio, si deseamos sujetar la mano de un ser influyente para que cese de tomar decisiones arbitrarias la cosa se complica. Vemos que a este personaje el que le tomen de la mano no le es algo común ni agradable, muy probablemente quiera seguir sin manos que tomar, entonces es necesario ser más drástico. La idea es colocarle una trampa, digamos: firmar un acuerdo. El acuerdo es para beneficiarlo de algún modo, investigue qué le interesa y finja ser un tipo pudiente e importante. Preséntese formal y serio ante el susodicho y muestre el acuerdo, una vez asentido sellen con un estrechar de palmas el trato. El cual puede o no cumplirse. Si usted es honorable buscará hacerlo, ya que ha logrado lo que quería, sostenerle la mano. Aunque dicho sea de paso lo pudo haber logrado con el siempre hecho de presentarse, generalmente en la cultura occidental se ofrecen las manos después de mencionar los nombres, así que cualquier opción que se tome es sencilla.
Haré un apartado para mencionar la importancia de cuando se deben sostener las manos obligatoriamente, como por ejemplo a los niños al cruzar la calle o al estar cerca de algún acantilado. Imperante es sostener las manos de los ancianos cuando sufren de dolencias o recuerdos agudos. También hay que sostenerlas en todos los casos de las mujeres cuando dan a luz, de los enfermos terminales y sobre todo de los que están a punto de morir, el dolor en ambos casos es latente y compartirlo ayuda, aunque sea con el roce de otra piel por unos momentos u horas. Hay otros casos significativos para sostener las manos, de seguro usted conoce y ha vivido muchos más, todos esto no hay que olvidarlo ya que aún existe algo de humanidad en este mundo.
El tercer menester para sostener una mano tendrá que ver con la más trascendente y es la de brindar ayuda. No es común en estos días ofrecerla, mucho menos regalarla. En esta situación únicamente basta con la intención y algo de honestidad. Dígalo abiertamente: quiero sostener tu mano, puedes sostener mi mano o aquí está mi mano para que la sostengas. El discurso hágalo usted mismo, estas son simples ideas. De hecho, sería mejor que, sin avisar nada, ni utilizar la retórica simplemente usted, tan valiente cómo es, se presente ante tal persona y en cualquier descuido de ella, acercamiento físico o el simple saludo, le tome la mano y se la sostenga el tiempo que le venga en gana. Hará muy bien a nuestra humanidad.

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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 227. Paso a desnivel. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Paso a desnivel

Bety revisó su reloj, eran casi las 9 de la mañana. Ya era hora de desayunar. Apresuró la preparación de su licuado de avena con canela, arándanos y vainilla. Disfrutó su bebida. Recordó la importancia de desayunar sin distraerse en pendientes. Aún le quedó ganas de degustar unos arándanos más y lo hizo.
        Posteriormente, revisó su mochila para verificar que no le faltara nada para su viaje.
         —¡Todo listo! —se dijo.
         Había esperado sus días de vacaciones para ir a visitar a Benito, su primo paterno y a su familia. El destino era lejano y le implicaba transbordar. Sin embargo, el pasar unos días de visita con sus parientes y tomarse un respiro de lo cotidiano era la parte más grata.
          En el segundo punto donde haría el cambio de camión había quedado de verse con su prima Lulú, hermana de Benito, para que también se sumara al viaje, así ambas se acompañarían.
          Una vez en la estación de camiones Bety compró su boleto, demoró poco su espera, si acaso unos diez minutos. Se acomodó en el asiento número 9, ventanilla. El camión no iba ocupado al 100 por ciento así que no le tocó compartir asiento.
          Corrió la cortina y se dispuso a observar el paisaje, en su rutina cotidiana pocas veces se daba el espacio para hacerlo. A medida que el camión avanzó y salió a carretera se dio cuenta que la sequía estaba presente, los árboles hacían evidente tal situación, los percibió muy secos y tristes. Ansiaba que pronto llegaran las lluvias.
          Cerró un momento los ojos, no tardó en quedarse dormida unos minutos. Como si su despertador hubiera sonado abrió los ojos y se percató que estaban en un lugar oscuro, alcanzó a percibir los focos con luces en tono cálido. En su mente empezaron a asomarse algunas preguntas,
         —¿Dónde estamos? ¿En qué momento me quedé dormida?
         Poco a poco alcanzó a percibir que la luz del sol se asomaba a lo lejos, sintió una especie de tranquilidad en el corazón. Estaban dentro de un paso a desnivel subterráneo, recordó que de niña los túneles le gustaban porque le parecían misteriosos.
          Una vez que salieron y la luz del día de nuevo ocupó su lugar, respiró profundo. Su corazón se fue tranquilizando poco a poco. Se le figuró que un paso a desnivel subterráneo era como algunas etapas en la vida, sin querer de pronto aparecen situaciones, experiencias que hay que enfrentar y donde el panorama se percibe o se torna oscuro, al fondo hay una que otra luz que va guiando el camino. Esas luces se le asemejó que eran quienes en distintos momentos se suman a ayudar, a acompañar y apoyan para sobrellevar los instantes oscuros. Finalmente, regresa la luz, la esperanza y se retoma el rumbo con el ánimo de continuar el camino.
         Miró su reloj, aún le faltaban como 40 minutos para hacer su escala en otra central de camiones. Decidió dormitar un ratito más. Mientras cerraba los ojos recordó la imagen del paso a desnivel, sonrió para sí y se dejó arrullar con los latidos de su corazón.

 
    
   


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 227. Un viejo almud. Héctor Cortés Mandujano

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".

                    
Polvo del camino/ 227

Un viejo almud
Héctor Cortés Mandujano

Mamá me dice sin subterfugios que debo ir a verla, a la casa de mi infancia.
[Decir cómo y dónde me lo dijo pondrá incredulidad en quien me escuche o me lea: lo callo.]
La veo detenidamente. Habló con el rostro viendo hacia abajo, con palabras dichas como para sí misma, sin ninguna intención: no es una orden, no hay atisbo de tristeza o de reclamo. Como si yo no fuera el destinatario ni estuviera allí, con ella, desgranando las mazorcas y poniendo el maíz en un viejo almud.
—Mamá, le digo, estoy contigo y estamos en la finca donde nací.
—Así no cuenta: esto es un sueño.
[Lo dije. Quien me oyó o me leyó hasta ahora cerrará los oídos, los ojos, no querrá seguir escuchándome, leyéndome.]

—Ir al Ciprés, de nuevo –le digo a mi mujer.
—¿A qué, para qué?
—Soñé con mi mamá, me lo pidió.
—¿Y? Si soñaras que Margot Robbie te pide que vayas a Hollywood, ¿irías?
—¿Es una pregunta seria o nomás retórica? Si Margot me pidiera que…
—Es un modo de decirte –me interrumpe mi mujer– que el sueño de tu mamá pertenece a ese mundo, al mundo de los sueños, no a éste. Igual que la Margot esa…

Dice mi mamá, de nuevo sin verme.
—¿Y qué pasó, cuándo vienes?
—¿Para qué?
—Quiero verte.
—¿Y si voy, vas a revivir para verme? Porque ahorita, aunque sea otra vez un sueño, nos estamos viendo.
—¿No quieres ir?
—No le veo el caso. Mi mujer…
—Tu mujer puede no venir. Ella se cuece aparte. Ven solo.
—Mamá, la finca está abandonada, derrumbándose, y tú estás muerta desde hace años. ¿Quieres decirme algo? Dímelo aquí. ¿O necesitas escenografía, una locación especial? No querrás que venga o vaya a caballo.
—Bueno, te entiendo, no quieres ir.
—¿Ir? Estamos en el Ciprés. Si te sueño, te sueño aquí.
—¿Entonces?
—Le voy a preguntar a mi hermana, a ver qué opina.
—¿No puedes tomar una decisión solo?
—Okey: No voy a ir. Tantán.

Abro los ojos. Mi mujer se despierta. Su rostro frente al mío. Me ve.
—¿Qué soñaste?
—Lo de siempre. Con la Margot esa…

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".
«Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

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Voces ensortijadas 226. Neraju. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Neraju

Malavi se hallaba en un dilema, su mente estaba dispersa por no poder decidir si ir a la tienda de doña Lupita para comprar un postre dulce o uno agridulce con sabor a tamarindo. Ambos le gustaban mucho, así que le resultaba difícil elegir. Había ahorrado parte de su gasto en la semana y ahora tenía la posibilidad de comprar un postre o los dos.

Caminó rumbo a la tienda, luego decidió ir a otro espacio. Llegó a una esquina, justo como a doscientos metros de la casa de su tío Chilo, avanzó sigilosamente. ¿Estaría ahí tío Chilo? ¿La dejaría ver su trabajo? Finalmente, hizo caso a su corazón, caminó decidida.

—Toc, toc. ¡Tío Chilo, tío Chilo! —gritó lo más fuerte que pudo, con voz segura.
—¡Ey, quién muere! Pero mira qué sorpresa, mi querida Malavi, pasa hijita.

El olor a a barro, a naturaleza se dejó sentir apenas abrió la puerta don Chilo. Sin pensarlo Malavi se dirigió al patio de la casa, al fondo, donde se hallaba el taller de don Chilo, quien la siguió sin chistar palabra. Don Chilo sabía que su sobrina tenía un gusto especial por el taller de alfarería.

—¿Qué estás haciendo hoy tío?
—Mira mi nueva creación. ¡Tarán!
—¡Wow! Animalitos de una granja. ¡Qué bello puerquito! ¿Puedo tomarlo tío?
—Claro que sí, elegí cuáles te gustan. Puedes llevarlos.

Los ojos de Malavi revelaron su asombro, su rostro dibujó una gran sonrisa por el regalo, al tiempo que comenzó a tocar las piezas con sumo cuidado y a hacer un montón de preguntas a su tío Chilo.

El dilema por los dulces había quedado atrás. Ahora estaba en Neraju, como ella había nombrado al lugar que no solo era el taller de su tío, sino también un espacio donde hallaba magia, esparcimiento y la convivencia con el barro, con la naturaleza a través del trabajo de don Chilo.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

El tintero de Nadia. 3. Casa a medias. Nadia Arce

                        Casa a medias
Por Nadia Arce

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar…


Wislawa Szymborska en Poesía no completa.


Tarde o temprano va a regresar y, si no, se lo pierde. A ver dónde consigue comida, cama y techo, a ver si consigue un hogar, como si de pronto fuera fácil eso, como si se consiguieran las casas o familias amorosas debajo de los árboles, como sombra, como hoja que cae, como rama que con el viento se quiebra.

Ya pasaron dos días. No regresa. ¿Estará en problemas graves? No lo creo. Su inteligencia y agilidad son destacadas, más que notables diría yo. Por ello no creo que se haya perdido, no puede caber la posibilidad de esto porque la ruta a casa la conoce a la perfección. Sabe de memoria que el puesto de periódicos de la esquina es el punto clave para dar la vuelta, ahí el señor que atiende siempre es tan amable y platicador, el que usa una gorra y se pone todos los días una sonrisa de diente a diente. Y si se olvidará de él pues está el parque enfrente, con el árbol frondoso que por lo regular tiene algún un pájaro gritón que finge cantar. Con esas señas ni modo que no se acuerde de que enseguida está nuestra casa, la de puerta blanca con ventanas chicas.
Seguiré con el tema de la paciencia, pero es que ya son tres días y su ausencia se empieza a notar. Extraño su presencia mística y caótica a la vez. Sus locuras hacen falta, la verdad como que no es lo mismo, creo que los lazos son más fuertes de lo que creía porque comienza a darme comezón el hecho de que no se aparezca de la nada, o camine cerca de mí, o simplemente respire entre estas paredes. No me divierte, es un hecho, no me divierte.
Siguen los días su curso. Hoy por la mañana estaba mirando por la ventana, tratando de ya no pensar en que no está y de repente me pareció que sus pasos se acercaban a la puerta, salí lo más rápido que pude, no estaba. Así que decidí dirigirme al parque, caminar un rato pues el agobio me llena; esperaba ver si alguien o algo me daba pista alguna sobre su paradero, pregunté a cuanto ser le pude preguntar. Nadie sabía nada. Nada. Ni una pista. Ni nada. Nada de nada. La resignación me atrapó. ¿Me habría dejado? Tanto que se quejaba de mí.
Regresé a casa, a la sola casa, a la casa incompleta, a la casa dejada, a la casa a medias. Sigue siendo casa, pero ya no se siente hogar. Aunque ahora que lo pienso puedo vivir en solitario, no necesito de su compañía para subsistir, ni que fuera el aire, ni que fuera la comida, ni que fuera el descanso. Total si no quiere volver ¿quién soy yo para tomar sus decisiones?, si ya sabe que aquí estoy, que no me voy a ningún lado y que tengo todas mis cualidades para compartir.
No lo entiendo, pasábamos buenos ratos juntos, ni siquiera teníamos que hablar, bastaba con una caricia, una palabra simple, dormir juntos y así soportar la rutina sin empachos, era cómodo. Pero bueno, la verdad es que no necesito a nadie. Si no vuelve, si ya no vuelve puedo seguir, puedo seguir.
Amanece y anochece. Van ocho días, nada cambia, la casa manifiesta estar empolvada, la verdad es que odio padecer depresión. Tal vez necesito actuar de otra manera, pensar diferente, darle un voto de confianza y entender que tal vez no está en sus manos regresar. Creo que no puedo estar así.
La partida es inminente, saldré en su búsqueda. Será mejor que emprenda un extenso recorrido por la ciudad. Mi lealtad es primero, aunque se dude de ella…
Y es así como el gato salió de casa para buscar a su dueña.
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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Polvo del camino. 226. ¿Todos somos monstruos?/4. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                     Polvo del camino/ 226

¿Todos somos monstruos?/ 4
(Cuatro y última)

Héctor Cortés Mandujano

Marshall Applewhite, “Do”, y Bonni Nettles, “Ti”, se conocieron en los años 70 y fundaron un grupo que creció y duro más o menos 20 años bajo su influencia. Convencieron a sus seguidores de abandonar familias, posesiones, trabajos, drogas y sexo, porque, les dijeron, los seres humanos, en especial ellos, no lo eran. Su identidad real estaba en lo extraterrestre.
Algunos fanáticos incluso se castraron, porque el sexo era humano, demasiado humano.
La idea central de su discurso era que debían renunciar a todo lo que los vinculara con la humanidad, porque ellos no morirían: cuando estuvieran preparados vendría una nave que los llevaría a vivir, en la vida extraterrestre, una existencia eterna. Sin embargo, ups, murió “Ti”. “Do” encontró la explicación: no había muerto, sólo se había adelantado para arreglar todo allá y recibirlos.
En su comunidad, Heaven’s Gate, escribieron un texto para que quedara claro que ellos no eran humanos, sino elegidos. Después autorizaron que les quitaran la vida. Hubo 39 homicidios consensuados.

Shoko Asahara, japonés, abrió en 1984 un centro para practicar yoga y meditación. También era, dicho por él mismo, un salvador del mundo.
Es difícil que el círculo cercano no sé dé cuenta de la verdad. Uno que quiso rebelarse fue ejecutado por sus propios compañeros y desaparecieron el cadáver: lo mismo pasó con otro que quiso contar lo que pasaba verdaderamente con Shoko. Decidió el líder que debían salir al público para conseguir más dinero y poder, y fundaron un partido. Él y su pandilla de delincuentes fueron los candidatos. Perdieron las elecciones con casi cero votos, estrepitosamente.
Shoko decidió vengarse de la población civil y con un químico, que era parte de sus incondicionales, hizo un gas venenoso y lo dejó salir en el metro de Japón. Murieron varios, pero quedaron intoxicados una enorme cantidad.
La policía detuvo a Shoko y a sus huestes. Los ajusticiaron.

Dentro de los líderes hay encarcelados, deportados, suicidados y ejecutados. Nada de eso pasó con Sun Myung Moon (bueno pasó en la cárcel algunos meses, por evasión de impuestos). Vivió con toda la opulencia posible durante toda su vida e, incluso, después de su muerte, su mujer y dos hijos siguen usufructuando su idea.
No se quebró mucho la cabeza. Dijo que Jesús debió haber tenido hijos fuera del pecado. Como no pudo, él, su profeta, iba a dar continuidad a ese proyecto divino. Moon, muy hábil, entendió que debía hacerse un enlace entre la política, el dinero y la religión. Compró, hizo e impulsó muchos negocios, con trabajadores a los que no pagaba (eran sus seguidores). Cuando llegó a Estados Unidos se empezó a codear con los políticos (varios presidentes de EUA), a extender sus negocios y a volverse asquerosamente rico.
Fue el primero en llenar por miles los auditorios, canchas y demás. Casaba, como le daba la gana, a los hombres y mujeres que lo seguían, porque quería tener nuevas generaciones de esclavos. A los 92 años murió. Su Iglesia de la Purificación siguió, sigue, administrada por su esposa y sus dos hijos. No salvan almas: sólo se vuelven cada vez más millonarios…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 225. La naturaleza es vida. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

La naturaleza es vida

Patricia salió al patio de su casa para refrescarse un poco, el interior de su vivienda era una especie de horno. Tenía prendidos ventiladores en su sala y cuarto pero el aire se sentía muy cálido, sofocante. Aunque el sol se había ocultado desde hacía gran rato, la sensación del calor continuaba sin dar tregua.
Regresó a su cuarto por un pequeño banco y luego pasó a la cocina por un vaso de limonada, el café no se le apetecía. Acomodó su banquito cerca de un árbol de tulipanes y uno de jazmín.
—¡Qué barbaridad de calor! Siento que me voy a desvanecer —exclamó en voz alta.
Comenzó a degustar su limonada, aún se conservaba algo fría. Estaba deliciosa, sin mucho dulce, justo para quitar la sed. Se sintió mejor, hidratada. Se puso a pensar que habría sido mejor opción ir a comprar la despensa con Sebastián, su esposo, y la pequeña Rita, su hija de cinco años. Normalmente los tres iban a hacer las compras, esa tarde Patricia se sintió con poco ánimo de salir. El calor la tenía agotada.
Bebió el último sorbo al vaso de limonada. Se quedó observando el cielo, los arbolitos bajo los que estaba sentada y las plantitas que la rodeaban. Algunas plantas estaban sumamente tristes, sus hojas se veían caídas, el calor había hecho estragos en ellas.
—Un poco de agua les sentará muy bien. Justo lo que me pasó a mí con la limonada —señaló Patricia para luego levantarse en búsqueda de una cubeta y un recipiente para regar las plantas.
Antes de comenzar su labor se percató que el agua de la llave no estuviera caliente, era una sugerencia que había aprendido de su mamá. No tardó en percibirse el olor a tierra mojada. Las plantas y árboles absorbieron rápidamente el agua.
Mientras continuaba regando las plantas alcanzó a escuchar el canto de un grillo. Primero fue leve, luego agarró un tono un poco más alto que se mantuvo. Sin duda, ese canto alegraba el paisaje de la tarde noche. La naturaleza también libraba una lucha contra el calor. Se sintió muy afortunada de poder tener en casa arbolitos y plantas. Recordó que en su familia paterna y materna siempre decían que era importante sembrar árboles, la naturaleza es vida y por lo tanto, hay que cuidarla, solía decir tío José y tía Lolita, su tío y tía abuelos. Patricia había escuchado esa frase más de una ocasión en su infancia y le ponía poca atención, sin embargo, ahora cobraba sentido. Y vaya que era importante.
Una vez terminada su labor, regresó a sentarse al banquito. El grillo continuaba cantando y Patricia lo disfrutaba. Qué ganas tenía de que Rita y Santiago llegaran, para poder apreciar ese regalo de la naturaleza. La noche se fue dejando sentir, acompañada de una leve ráfaga de viento, como una caricia muy sutil que acaricia el alma. Patricia comenzó a percibirse relajada, sin sensación de calor. A lo lejos se escuchó,
—¡Mami, mami! ¿Dónde estás ya llegamos? —era Rita que había llegado con Sebastián y buscaba a su mamá.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 225. ¿Todos somos monstruos?/3. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                     
Polvo del camino/ 225

¿Todos somos monstruos?/ 3
(Tres de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

En la serie de seis capítulos denominada Cómo se convirtieron en líderes de sectas (2023, miniserie documental, producida y narrada por Peter Dinklage) se analiza la forma en que seis personas lograron dominar las mentes y las vidas de sus seguidores. En el caso de Charlie Manson se alude a que la juventud y la dependencia de drogas de quienes llamó su “familia” hicieron que este hombre (expresidiario y músico frustrado) lograra manipularlos al grado de convertirlos (no a todos, a algunas, a algunos) en asesinos. No llegó muy lejos, porque su influencia maléfica lo puso, después del famoso asesinato a Sharon Tate, detrás de las rejas de por vida.

Los líderes obtienen de sus adoradores sexo, dinero y poder, dicen los especialistas en el segundo episodio, centrado en el reverendo Jim Jones. Mientras más seguidores, más de todo. Jones, en su etapa más exitosa, logró convencer a muchos de que vendieran sus propiedades y donaran el dinero a su iglesia. Cuando empezaron a descubrirse sus fraudes, sus prácticas ilegales, sus abusos sexuales en hombres y mujeres de su congregación, y a partir de un reportaje que evidenciaba sus malos manejos (para entonces Jones ya se drogaba) se fue a Guyana y fundó allá lo que llamó Jonestown, que convenció a un millar de personas a abandonarlo todo y seguirlo. Los convirtió en esclavos y, para que no escaparan, creo un ejército armado que no dejaba a nadie salir de aquel campo de concentración.
Por denuncias, un congresista fue a visitar a Guyana. La idea era cerciorarse de que la gente viviera allá por gusto. Jones aceptó que la gente que quisiera abordara el avión del congresista para regresar a EUA, pero se arrepintió y asaltó el avión antes de que despegara. Murieron varios, asesinados por sus guardias, incluso el congresista. Se supone que convenció a los 900 que habían quedado para que se suicidaran. Se descubrió después que les inyectaron una solución mortal. Fue en realidad un asesinato masivo, en el que él también, perdida toda posibilidad de triunfo, se autoinmoló. Desde niño fue adorador de Hitler, dice una de sus biógrafas. Siguió su ejemplo.

La serie sigue los casos como si estos fueran parte de un manual. Con Jaime Gómez, venezolano que llegó a Hollywood para triunfar como bailarín y como actor, y que sólo halló puertas cerradas, un entrevistado dice: “Los líderes, para dominar a sus seguidores, deben destruir el pensamiento individual”.
Jaime incluso fracasó como actor porno y fundó una pequeña escuelita de actuación que poco a poco fue volviéndose un centro de meditación, y luego de “iluminación”. Su cuerpo musculoso y su interés por lo artístico atrajeron a gente, en los noventa, que quería vestir y lucir bien. Una de las entrevistadas, quien fue parte de su grupo cercano, declara: “Ahora me parece un asco, pero hubiera dado la vida por él”.
Sus seguidores tenían que hacer servicios generales y servicios personales, que iban desde hacerse cargo del orden, la limpieza y los gastos de la casa-centro espiritual, hasta darle masajes, alimentarlo, leerle cuentos para dormir, etcétera, y hacerse cargo de conseguir dinero para que estrenara coches y hacerle un teatro para que triunfara como bailarín. Vivió muy a gusto hasta que uno de sus detractores –alguien que dejó de creer en él– hizo una denuncia en internet y lo envió a sus seguidores. ¿Qué denunciaba? Como en la mayoría de los casos, abuso sexual. Jaime Gómez les hacía creer que era célibe, pero era un depredador de jóvenes (en este caso de hombres). Se le cayó el teatrito.
  
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 224. El fueguito interior. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El fueguito interior
A mi comadre Sandra, en su nueva vuelta al sol.

Mientras caminaba a casa, luego de su jornada laboral, Rita sintió cómo el viento soplaba fuertemente, aún en una tarde soleada. Recordó el dicho de febrero loco y marzo otro poco, justo estaba por concluir el mes de marzo. Muy cerca de su casa percibió la hojarasca que iba cayendo y se volvía una especie de remolino sobre las banquetas. A lo anterior, se sumaban los bollos de algodón que desprendía un árbol de pochota en un pequeño parque donde Rita solía salir a pasear con su perro Campeón.
Por un momento, Rita sintió que estaba dentro del paisaje de algún cuento; se le vino a la mente que si su abuelita Rosa viera la calle diría,
—¡Qué bárbaro ese árbol de pochota, cuánto algodón tira! Ganas me dan de meterlo en unas fundas para mis almohadas.
Una ráfaga de viento la hizo volver al presente, al tiempo que cerró los ojos para que no le entrara polvo. Llegó a casa, la puerta estaba bellamente decorada por bollos de algodón. Campeón la recibió con mucha alegría. Rita dejó su bolso, jugó un momento con él, lo acarició y le dio de comer. Se quitó el uniforme del trabajo, se puso unos pants y una playera y se fue a sentar al pequeño patio que tenía. Campeón se acomodó a su lado. No tardó en quedarse dormido.
Rita se quedó observando el cielo, se veían las ráfagas del atardecer en tonos cálidos. El color rojo le hizo recordar a su elemento fuego, sintió como si esa energía le estuviera faltando. ¿Qué había pasado con el entusiasmo en su caminar? ¿Y los proyectos que se había propuesto en ese nuevo año? Campeón debía echar de menos los paseos al parque porque ahora hasta dormía siesta.
No puedo evitar recordar unas líneas del relato El mundo, del autor Eduardo Galeano, uno de sus preferidos, “Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores”.
—¿Y qué hay del fueguito interior de Rita? ¿Cómo avivarlo? —dijo en voz alta. Cerró los ojos, no tenía idea de cómo meditar. Solo siguió su intuición. Respiró profundo, una, dos, tres veces. Como una especie de cascada vinieron una serie de pensamientos, sintió cómo sus ojos se humedecían y se permitió dejarlos fluir.
Volvió a repetir las respiraciones, profundas, pausadas. El ruido mental se fue calmando, las lágrimas cesaron. Sintió que iba hallando la paz interior que necesitaba. Ese pequeño espacio que le permitía volver su mirada a ella. Permaneció un momento más ahí, escuchando y sintiendo el latir de su corazón. En el ajetreo diario que vivía solía olvidarse de eso.
Poco a poco fue abriendo los ojos, el ocaso había despedido el día y dado paso a la noche. Observó que Campeón seguía a su lado. Rita estiró sus brazos de manera horizontal y se dio un abrazo, permaneció unos instantes sintiendo nuevamente su corazón. Volvió la mirada a Campeón, era hora de retomar los paseos al parque.
Se levantó suavemente, se puso unas sandalias y fue por la correa de Campeón, quien no tardó en identificar la señal para la salida y corrió hacia ella. Mientras caminaban en el parque Rita fue más consciente de sus pasos, de su ritmo. Campeón estaba alegre por el paseo y Rita también. El fueguito interior nuevamente latía en su corazón, la voluntad y la acción eran dos elementos importantes para avivarlo.
De nuevo vino a su mente el relato de Galeano, “Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.