Voces ensortijadas 232. Lo que se queda. María Gabriela López Suárez



Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez
Lo que se queda

Rita estaba muy entusiasmada de volver a su terruño, a casi de tres años y medio de haber salido de su ciudad en busca de oportunidades laborales era la hora de volver a casa. La noticia fue muy bien recibida por su familia.
     En casa doña Aurelia, mamá de Rita, había hecho los tamales dulces que tanto gustaban a su hija menor, sin olvidar el delicioso champurrado que solía preparar para ocasiones especiales. Doña Aurelia deseaba que su hija regresara con bien y poder apapacharla con esos alimentos que tanto disfrutaba Rita.
     El trayecto de regreso a casa le pareció rápido a Rita, hasta revisó el reloj. En realidad el recorrido era el mismo tiempo que cuando había migrado a la otra ciudad, 13 horas. La explicación que Rita se daba era que quizá el motivo era la emoción de estar nuevamente en su ciudad, con su familia, amistades.
     Se alegró de haber conseguido boleto con espacio en ventanilla. Durante el recorrido de entrada a la ciudad hasta la terminal de autobuses Rita se percató cuánto había cambiado su terruño. Observó menos árboles, más cemento, construcciones y más construcciones. Intentó tener las imágenes de qué había antes y qué estaba ahora, como una especie de recuento de fotografías, fueron viniendo algunas imágenes a su mente.
      Sintió una sensación poco grata, qué pasaba en la ciudad, por qué había cambiado tanto. Asomó a su mente la palabra desarrollo, ¿era acaso esa la razón? Antes de que se pusiera a reflexionar e intentar dar respuesta a su propia pregunta el camión se había detenido, ya estaba en la terminal. Verificó no olvidar ninguna pertenencia y solicitó su equipaje. Se encaminó a la parada de servicios de taxi, esperó un par de turnos que estaban antes que ella y luego se dirigió a su domicilio.
     En el camino a casa siguió identificando cambios en las calles, en viviendas y cuando entró a su barrio se quedó más que asombrada, de lo que ella había conocido poco estaba en pie. Las construcciones antiguas que solían distinguir a las calles aledañas a donde vivía, habían sido sustituidas por casas modernas y una en especial, la casa de la esquina como solía decirle, justo estaba en plena demolición. Se dio cuenta que el pequeño árbol situado frente a la casa de la esquina tampoco estaba ya, un gran vacío se percibía.
     De pronto Rita sintió como una especie de sentimientos encontrados, entre la nostalgia que le quedaba de la imagen que tenía de su ciudad, de su barrio y la emoción de reencontrarse con sus seres queridos. Como si fuera una especie de tesoros, en su mente tenía grabadas las imágenes de lo que ya no estaba físicamente, todo eso representaba para ella lo que se queda y  que se guarda con mucho amor en el corazón. El taxi se detuvo, había llegado a su destino. Pagó, bajó del taxi y tomó su equipaje para ir a la puerta de casa. Tocó el timbre y escuchó la voz que le hizo latir rápidamente el corazón,
     —¿Quién es? ¿Eres tú Rita? —era la inconfundible voz de doña Aurelia.
    —Sí mamá, soy Rita.
     Doña Aurelia abrió la puerta, ambas se fundieron en un abrazo, lloraron de la emoción tan grata del reencuentro. Rita identificó el aroma a tamales y champurrado, sin duda estaba agradecida de volver a casa, dentro de lo que se queda grabado en el corazón, en la mente, en el olfato y en los sentimientos también estaba el sazón de mamá.
Fotografía: Nadia Arce

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 232. La juventud de la vejez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                          Polvo del camino/ 232

Apuntes de oído/ 18
La juventud de la vejez
Héctor Cortés Mandujano

Hice fácil las adversidades
y me compliqué en las nimiedades

Nacha Guevara,
en “Ya no sé qué hacer conmigo”

Silvio Rodríguez, célebre cantautor cubano, nació en 1946. En 2024, a sus 78 años, sacó a la luz su nuevo disco: Quería saber.
Clint Eastwood (actor, director, productor, músico…) tiene 94 años. Está preparando su siguiente película, Jurado # 2, que quizás empiece a filmar el próximo año.
George Miller, cineasta, nació en 1945. A sus 79 estrenó Furiosa, en 2024, dentro de la saga de Mad Max, que empezó en 1979. Van cinco. La cuarta (Mad Max: furia en el camino) es una absoluta obra de arte.
Leí hace poco que Alejandro Jodorowsky, chileno y artista de muchos talentos (músico, actor, director de cine y teatro, escritor de varios géneros, sanador, lector de tarot, etcétera), a sus 95 años irá a su país natal para presentar su nuevo libro y su nueva película.

Nacha Guevara, cantante argentina, a quien escucho desde que era un jovencito, grabó en 2023 un nuevo álbum a sus 80 años, escrito en términos generales, según datos de Spotify, por Clotilde Acosta, Daniel Gustavo Vilá, Ricardo Estanislao Monje y la propia Nacha: Voy a cantar lo que se me canta. (La oración alude, en este caso, a no me voy a fijar en lo que el público quiera, en el posible éxito: voy a cantar lo que se me dé la gana…).
Tres canciones se refieren directamente a su edad. En “80 y cantando” dice: “Ochenta […] es otra vez amar la vida, es otra vez tirar los dados. […] Ochenta años pero no rezongo./ Ochenta años pero no me quejo. […] y una buena tarde, silenciosamente,/ moriré de joven, no importa a qué edad”.
En “Voy a cantar lo que se me canta” dice: “En estos tiempos de cuantos likes tienes,/ criptomonedas en la Santa Sede,/ de amar por zoom en tardes de apatía,/ quién tiene tiempo para la rebeldía:/ voy a desatar este nudo en mi garganta./ Voy a cantar lo que se me canta”.
En “Ya no sé qué hacer conmigo” (escrita por ella misma, Óscar Mediavilla y Ave Fénix) habla de las múltiples cosas que ya hizo: “Ya aprendí a falsear mi sonrisa,/ ya caminé por la cornisa”; dice también que ya fue ética, errática, escéptica y fanática; abúlica, metódica, púdica y católica. Y “ya creí en los putos marcianos,/ ya estuve tranqui y hasta las manos”; además, dice, probé, fumé, tomé, dejé, firmé, viajé, pagué, sufrí, fui, volví, fingí, mentí. “Y oigo una voz que dice, con razón:/ Vos siempre cambiando, ya no cambies más./ Y yo estoy cada vez más igual:/ ya no sé qué hacer conmigo”.

Cuando yo era veinteañero surgió un dicho que a mí me parecía un despropósito: La vida empieza a los 40 (¿y por qué nos trajeron con tanta anticipación?, me preguntaba). Con esta breve lista de artistas que he hecho, me parece que no debemos encerrarnos a repasar pasadas glorias, mientras tengamos la oportunidad de seguir viviendo, de nuevamente caer y volver a levantarnos…


Ilustración: Héctor ventura.
Ilustración: Héctor ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 231. Instantes en la vida. María Gabriela López Suárez

                               
 Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Instantes en la vida

Cuando le llegó la invitación a Mariela para ir a pasar el fin de semana con sus amistades que vivían en otro estado, le entusiasmó la idea. De entrada sabía que eso le causaría acumular actividades y poner en fila varios pendientes, sin embargo, la propuesta valía la pena.
        Llegó la fecha del viaje; el tiempo de su estancia sería muy breve y en su mente resonó el mensaje de su prima Maru, ‘somos instantes en la vida, así que hay que aprovechar al máximo nuestro paso por ella’.
        Durante su traslado al destino, en el vuelo que la llevaría al terruño de visita, Mariela se detuvo a pensar cuántas veces solía tomarse espacios para compartir con sus amistades o simplemente para estar con ella. Aunque le causó una sensación de tristeza, el ejercicio le ayudó a percatarse que siempre solía poner a todo y a todas las personas antes que a ella.
        Como si su yo interno le hablara dejó que su pensamiento aflorara,
         —¿Cómo es que la vida se pasa en un abrir y cerrar los ojos? ¿Aún estoy a tiempo de poder darme el espacio para compartir instantes con mis seres amados? ¿Si yo no estoy para mí, quién lo estará?
         Una leve sacudida en el vuelo, producto de las turbulencias, la hizo volver de sus reflexiones. Llegó al aeropuerto, buscó un transporte colectivo para que la llevara a la colonia donde vivían sus amistades. En el camino la lluvia le hizo compañía. Observó que las montañas verdes se cubrían con el manto que dibujó la lluvia, que de manera moderada a intensa acarició el paisaje y decoró las ventanas del transporte.
         Mariela estaba ahí contemplando el paisaje, absorta en la belleza de éste y consciente del hermoso regalo de apreciar los valiosos instantes en la vida.
         El sonido de su celular se escuchó, era su amigo Brian quien preguntó a qué hora llegaría a su casa. El paisaje sonoro de la lluvia sonaba en segundo plano, mientras Mariela respondía el mensaje.

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 231. Bodas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                            Polvo del camino/ 231

Bodas
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Me baño como si me fuera la vida en ello y luego de secarme me perfumo con profusión. Me cepillo como repaso del manual de cómo debe hacerse, reviso el blanco de mis dientes en el espejo y decido que la blancura es aceptable. Me visto con lentitud: estreno ropa interior y luego siento la tela fina de mi pantalón y mi camisa, me pongo la corbata y cuando estoy por ponerme el saco suena el teléfono.
Es ella y va al grano.
—Mi amor, tengo un contratiempo que no podré solucionar ni hoy ni mañana. Es en realidad un problema que espero me dé tiempo la vida de solucionar. No iré a verte, es decir, no me voy a casar contigo. Pero no te apures: ¿te acuerdas de mi prima Irene? Es más joven que yo, más guapa e incluso más inteligente. Le conté de mi asunto y dijo que ella quiere casarse contigo. No te molesta, ¿verdad? Creo que sales ganando, porque yo suelo tener mal carácter por las mañanas y ella es un pan a todas horas. Ya le di los datos para que esté en el lugar y puntual; no te preocupes si no te acuerdas de quién es, ella te va a buscar. Irá, por supuesto, vestida de novia. Te mando un beso y te deseo suerte…
¿Irene?, pienso. Su prima. ¡Claro, es preciosa! ¿Por qué querrá casarse conmigo? ¿Qué le habrá dicho? No importa. El cambio, como dice, me favorece. Hoy es un buen día.

Llego al lugar y los que se encargarán de la ceremonia ya están listos, La cita era a las once. Son las once y diez, once y cuarto, once y veinte… Creo que ya no vino. Estoy a punto de hablar con la gente para las consabidas disculpas (que en realidad no me corresponden), cuando veo a una novia llegar. No es Irene. Viene directo hasta mí.
—Hola, soy Ibeth. Supe que te ibas a casar y, aunque tú no me conozcas, yo te vi varias veces en varios lugares y quiero que seas mi marido, ¿te casarías conmigo?
—Bueno, esperaba a alguien más y no llega… Si tú quieres, sí.
Hacemos la ceremonia y nos vamos rumbo al hotel que ya tenía reservado.
Nos registramos (todavía andamos vestidos de novios) y vamos rumbo al elevador, cuando nos alcanza una chica vestida de novia.
Es Irene.
—Hola, perdona, se me hizo tarde y cuando llegué me dijeron que te habías casado, ¿es cierto?
—Sí, ella es mi esposa –se saludan–, no sabía si ibas a llegar o no, así que…
—Sí, entiendo. Mira, espero que ni tu esposa ni tú se ofendan. Quiero decirte que si llegaras a divorciarte me tengas a mí como primera opción de matrimonio, ¿te parece?
—Gracias por tu disposición, aunque en realidad no podría prometerte nada. ¿Qué tal si Ibeth y yo somos felices para siempre, como en los cuentos?
—Eso ya no ocurre ni en los cuentos… Bueno, no les quito más el tiempo, te llamo en un mes y allí me dices. Hasta luego.

Me pareció de mal gusto su comentario. En este año me he casado… creo que cinco veces, pero tal vez Ibeth sea la definitiva. En fin, a ver qué pasa.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 5. Sin un peso de por medio. Nadia Arce

Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.

                       Sin un peso de por medio
Por Nadia Arce

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
y mi amor se derrama sobre ti como la lluvia
o como una cascada que cae del sol...

Efraín Bartolomé en "Cielo y tierra"


Hoy que de nuevo llueve recordé que hace tiempo escribí esto después de una de mis salidas a la lluvia. Mientras no me dé frío (que tampoco puedo controlarlo), soy muy feliz bajo la lluvia:

"Salí de terapia. Corrí bajo la lluvia sólo para 'agarrar calor'. Mi ropa comenzó a cambiar sus colores y el agua a desvanecer la rutina. Los tenis engordaron y a la par de un ruido extraño seguían mis pasos. Los charcos fueron sacudidos sin alguna preocupación. Miradas de asombro, tal vez como ideal de lo que no puede hacerse desde el interior de un auto. Libertad entre tanto caos. Nunca sentí frío. Al llegar a casa escurriendo ligereza, mi hija menor quizo acompañarme al parque, dejé el celular, me quedé apenas con las llaves en la pequeña bolsa. Salimos alegres ante tanto gris, corrímos juntas. Jugamos en los ríos de tibia corriente, recogimos mangos pequeños y los guardamos en sus botas, jugamos con los chorros de algunos desbocaderos de agua. Paró de llover y un baño caliente nos esperaba al regresar. La vida pudo refrescarse al no abrir el paraguas... fue increíble recibir miles de gotas sin un peso de por medio."
Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.
Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 230. Corazón contento. María Gabriela López Suárez

                               
Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Corazón contento

La temporada de lluvias llegó y con ello quedó satisfecho el anhelo que la gente tenía de que
lloviera, que se regaran los campos, reverdecieran las montañas, se apaciguaran los incendios,
disminuyera el calor y que todos los seres vivos pudieran disfrutar de ese bello regalo.
     Betina era una de las personas que disfrutaba al máximo de la época de lluvias. Aunque poco le
gustaba mojarse, cada que tenía oportunidad contemplaba la lluvia en donde estuviera, en su casa,
en el trabajo, en alguna cafetería, en la terminal de autobuses, en el colectivo, en el microbús, en la
parada del transporte público.
     En su contemplación había descubierto la magia que podía provocar la lluvia, desde cómo el verde
decoraba las montañas, cómo los árboles despertaban con sus hojas más resplandecientes y las aves
se posaban con mayor gusto en sus ramas, hasta que la tierra que en época de sequía se mostraba
árida se volvía con una textura suave. De tal forma que al pisar sobre ella se marcaban las huellas de
cada paso.
     Además de lo anterior, el aroma a tierra mojada despertaba en Betina una especie de entusiasmo,
era un incentivo a su creatividad. Quizá era una asociación que hacía con su infancia y cómo en las
mañanas o tardes de lluvia solía hacer actividades que le gustaban mucho como leer, colorear, jugar
o quedarse en casa a tomar café con pan escuchando anécdotas familiares.
     El fin de semana llegó y ese sábado por la tarde la lluvia se dejó sentir. Betina estaba fuera de casa,
había quedado de verse con su amiga Yunuen. Revisó el teléfono y no había ningún mensaje de
Yunuen. La mente de Betina comenzó a pensar si su amiga llegaría, si la incesante lluvia se lo
permitiría. Antes de inquietarse mejor buscó una mesa cerca del jardín de la cafetería. Ahí se instaló,
revisó la carta, se decidió por una tisana de lavanda con menta y mientras esperaba se detuvo a
contemplar la lluvia.
     El jardín de la cafetería estaba ubicado al centro, era un espacio muy bello, tenía muchas flores,
entre ellas bugambilias en color rosa, blanco, anaranjado y violeta, enmarcados por romero y
lavanda y unas pequeñas plantaciones de aves del paraíso. Cada integrante del jardín recibió las
gotas de lluvia que no dejaban de caer con demasiada abundancia.
     Betina degustó su tisana a la par de observar la lluvia casi de inicio a fin, al término de la lluvia fue
testiga de cómo algunas aves se posaban en las ramas de los árboles. Las percibió muy animadas,
como agradecidas por el agua. El aroma del romero y la lavanda se podían percibir hasta su mesa.
Sintió una sensación muy grata, la lluvia era mágica. De no ser porque el mesero le preguntó si
gustaba algo más de tomar, se acordó de la espera de su amiga.
     —Me permite un momento, por favor, ahora le digo si pido algo más —dijo Betina en un tono
relajado.
Revisó su teléfono, tenía un par de mensajes de Yunuen,
     —Beti, voy demorada, está bien fuerte la lluvia y no he salido de casa.
     —Betiiii, ¿sigues ahí? Ya paró de llover y apenas voy en camino.
     —Yunuen, disculpa apenas leo tus mensajes, sigo aquí, la lluvia me entretuvo y no había escuchado
el celular. Te espero para que platiquemos sobre las charlas pendientes que tenemos.
     El rostro de Betina estaba sonriente, disfrutaba esa tarde de lluvia, la tisana estaba deliciosa y lo más
bonito era sentir su corazón contento.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 230. Pez sin bicicleta. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                    Polvo del camino/ 230

Pez sin bicicleta
Héctor Cortés Mandujano

Leo alternativamente –50 páginas diarias de cada uno–, por costumbre y por gusto, cuatro libros. Tres de este ahora –que será en el futuro el ahora de las/los lectoras-lectores– son de tres géneros diferentes (ensayo literario, cuento y novela) escrito por tres mujeres vivas, contemporáneas, de distintos países: Reescribiendo la nación. La narrativa de Ricardo Piglia, de la argentina Sandra Garabano; El huevo de Barba Azul (con traducción de Eduardo G. Murillo), de la canadiense Margaret Atwood, y Hamnet (con traducción de Concha Cardeñoso), de la inglesa Maggie O’Farrell.
El ensayo de Garabano (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2003) aborda los libros de Piglia que en especial atañen a la historia argentina, al problema de narrar, a la reescritura y, entre otros varios temas, a ciertos autores (Arlt, Borges, Macedonio Fernández) que podrían ser ejemplos de lo popular y lo erudito.
En el prefacio, Raymond L. Williams dice, a propósito de una de las hebras del ensayo de Garabano (p. 16): “Desde hace muchos años, escritores como Borges han cuestionado las posibilidades de lo original, recordándonos que el concepto de ‘originalidad’ es básicamente una idea romántica y poco factible. Desde Borges, todo es reescritura”.
Dice Piglia, en Respiración artificial, sobre la relación problemática entre ficción y realidad (p. 64): “He descubierto una incomprensible relación entre la literatura y el futuro, una extraña conexión entre los libros y la realidad. Tengo solamente una duda: ¿Podré modificar esas escenas? ¿Habrá alguna forma de intervenir o sólo puedo ser espectador?”.
Cito dos ideas de Sandra Garabano que me parecen importantes. La primera alude a el discurso y la historia (p. 68): “La realidad todavía está allí y no es puro lenguaje”, y la segunda a la dualidad escritor-lector (p. 98): “La literatura es un bien que sólo puede ser adquirido por aquellos que tienen los medios para apropiársela y descifrarla”.

El huevo de Barba Azul (1983), colección de cuentos de Margaret Atwood, lo leí en uno de mis lectores electrónicos. Tomo algunas opiniones de sus personajes, generalmente femeninos, sobre los hombres: “Hay muchas cosas que los hombres no están preparados para comprender, de modo que no tiene sentido esperar que las comprendan”.
Y ésta, rara: “Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta”.
Una de sus personajes cuenta de los tiempos cuando la ropa interior llevaba botones: “Ibas por la calle y antes de que te dieras cuenta te encontrabas con las bragas en los pies. La mejor manera de salir del paso consistía en liberar un pie, darles una patada con el otro y meterlos en el bolso”.
Esto lo dice uno de sus personajes escritores: “Cualquier expresión artística es una pura fórmula para evitar el suicidio”.

Hamnet (Libros del Asteroide, 2021), de Maggie O’Farrell –regalo de Marco Hoppenstedt–, es una falsa biografía del hijo de Shakespeare, Hamnet (quien murió en 1596), que se supone inspiró la escritura del célebre Hamlet.
La novela recrea el tiempo de Shakespeare joven, en Strafford (algo que muchos han puesto en duda), y los líos con su familia, en especial con su padre; el noviazgo, el matrimonio, los hijos con Agnes –se llamaba Anna (p. 341), “pero su padre, en el testamento, la llamó ‘Agnes’ ”– y, por supuesto, la muerte de Hamnet, la representación de Hamlet.
Me llamó la atención la idea de O’Farrell sobre de lo que somos cuando vivimos en el vientre materno (aquí se refiere a una niña): criaturas acuáticas (p. 154), “sirenas”.

                  
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 229. Conectar con las ausencias. María Gabriela López Suárez

De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.

                            Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez
Conectar con las ausencias

La ausencia no existe por sí misma, sino al resistirnos al olvido:
nosotros la sostenemos con nuestros recuerdos, constituye lo que somos.
Su tiempo es indefinido.
Delmar Penka

En esta ocasión escribo estas líneas acompañada del tic-tac del reloj y de un concierto de grillos que cantan con esperanza, aunque la lluvia demora en llegar el canto es hermoso, una melodía que me hace evocar los días lluviosos. Hoy quiero compartir una breve reflexión que me ha dejado la lectura del libro Ch’ayet K’inal, Las formas de la ausencia, del autor tenejapaneco Delmar Penka. Obra que tuve la oportunidad de comentar el pasado 7 de junio en el marco del V Coloquio Historia y Sociedad en la literatura en Chiapas en San Cristóbal de Las Casas. Agradezco a Delmar por la distinción y la confianza.
El libro corresponde al género del ensayo creativo, es un texto bilingüe, escrito en tseltal y en español. El tseltal es la lengua materna del autor. Su contenido se integra por siete apartados o senderos, como me he atrevido a nombrarlos, cada sendero nos hace referencia a una forma de la ausencia: Ch’aybil biluletik, cosas perdidas; Te stsaltomba o’tanil, el duelo; K’ubul ay te jna, lejos de casa; Scha’ta jbajtik ta patil, reencuentros postergados; Pojbil ch’ulel, alma despojada; Tup’en k’ajk, fuegos extintos y Jeltesel ta ot’an, resurgir adentro.
El estilo de Delmar es además de ameno, ágil, cálido, con una narrativa y sensibilidad que nos lleva a adentrarnos a las historias y hasta visualizar a los personajes y a los escenarios que relata. La cosmovisión de su terruño tseltal se hace presente y nos recuerda que la mente y el corazón están vinculados en el tema de las ausencias.
Además de compartir sucesos de su espacio íntimo familiar, con su bisabuela Venancia, su abuela Antonia, su tía Delia, su prima Florencia, su primo Josué y su amigo Humberto, Delmar también nos presenta temáticas como la migración, la violencia, el machismo, las desapariciones, el suicidio, la familia, la matria, las redes de apoyo y cómo la ausencia se hace presente no solo en lo individual sino en lo colectivo.
¿Con qué resuenan cuando leen, escriben o escuchan la palabra ausencia? ¿Alguna ocasión se han preguntado cómo las ausencias forman parte del entramado de nuestras vidas, de nuestro día a día? Este libro nos invita a pensar, repensar y conectar con la ausencia, el hilo conductor de este libro, de ahí que su autor nos va llevando a estas formas de cómo se hace presente.
La obra permite volver la mirada a nuestro interior, a indagar desde los distintos significados que le damos a la ausencia. En lo particular, me hizo resonar con la nostalgia, la añoranza, el dolor, las coincidencias, el agradecimiento y la búsqueda interior.
De los senderos, los tres que resonaron más en mí fueron El duelo, Reencuentros postergados y Resurgir adentro. La escritura es una bella y valiosa manera de poder conectar con las demás personas, los corazones, las emociones y lo que nos mueve en lo cotidiano. Les comparto unas frases del sendero Resurgir adentro, que me parece una manera de apapacho al corazón, “La ausencia existe para no olvidar de dónde venimos y con quién hemos compartido lo que en el presente ya no está. Así descubrimos que la ausencia nos ha hecho un poco más fuertes, un tanto más sensatos, un poco menos muertos. La ausencia jamás es aprehensible, sino emocional, sensorial y sensitiva. Encontrarnos con ella es un ejercicio personal” (Penka, 2024, pp. 239-240).
Recomiendo ampliamente la lectura del libro, lo pueden conseguir en las librerías del Fondo de Cultura Económica. Es muy probable que como me sucedió a mí, sientan que su piel se pone chinita, que su corazón late más rápido o que se les hacen algunos nudos en la garganta y el río interior que llevan en sus corazones fluye por los ojos. Es importante dejar fluir ese río y luego verán cómo el corazón lo agradece. Ésas son también una forma de conectarse con las ausencias.

De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.
De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 229. Penélope y más de cien amantes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                    
                       Polvo del camino/ 229

Evocadas páginas de otro libro/ XV
Penélope y más de cien amantes
Héctor Cortés Mandujano

—¿Cómo puedes sentirte bonita o deseada cuando eres la hermana de Helena de Troya, la hermosísima, la mujer más bella del mundo?
Siempre me sentí un espantajo al lado de ella. Y no importaba que yo fuera más inteligente, con una conversación mejor, con capacidad para entender la desgracia de los demás, con estudiada prudencia para callar cuando era debido. Todo eso lo borraba Helena con sólo parpadear o sonreír.
Me pareció incluso que Ulises, mi marido, se casó conmigo sólo por estar en algunos momentos cerca de ella. Luego, ya ven, se fue a la guerra para tratar de rescatar un poco la maltrecha dignidad de mi cuñado, quien se sintió insultado cuando Helena decidió cambiar el lecho nupcial por las gracias eróticas de Paris. Ah, los hombres tan elementales. ¿De qué tamaño era la belleza de Helena que desató una guerra de diez años?
Diez años estuvo Ulises en la guerra y diez años más se tardó en regresar. 20 años sola. Bueno, sin él. Todos lo dábamos por muerto y porque soy la reina, y tengo muchas riquezas materiales, se me fueron acercando tantos pretendientes que rebasaron la centena.
Al principio, no hice caso a sus sugerencias, pero en alguna noche definitoria me sentí lúbrica, con un deseo que me pareció avasallante. Abrí los ojos y en ese momento me di cuenta que en ese instante yo era como mi hermana Helena: Los hombres estaban dispuestos a pelear por mí; los tenía allí, como bestias cebadas, y podía escoger a quien se me antojara. No era bella, era poderosa. ¿Por qué no hacerlo? Lo único que debía hacer es alejar un poco a mi hijo y conseguir la complicidad de mis doce criadas.
Decidí proceder con método y pedí a mis sirvientas (dos de ellas sabían escribir) que numeraran primero a mis pretendientes y luego ordenaran sus nombres por orden alfabético. Fueron 108.
Les dije, a través de mis criadas, que tendrían la oportunidad de conquistarme. Tendrían una noche para ello. El ganador obtendría mi promesa de casamiento, sería el rey. Debían venir bañados, perfumados y listos para poner en práctica sus mejores actos eróticos. Los que no fueran de mi agrado serían borrados en automático de la lista. Si hubiera muchos que llegaran a hacerme sentir dichosa, plena, satisfecha, habría una segunda ronda. Al final, tal vez hiciera una tercera exclusivamente con los mejores. De allí saldría el ganador.
Haría pausas en mis días menstruales o cuando así lo quisiera. Todos aceptaron, aunque hubo algunos que no se presentaron en la noche en que debían probar su sapiencia en alcobas. Sin duda, no era sencillo para ellos saber que iban a ser evaluados y eventualmente descalificados. Pobrecitos.
Recordé por mucho tiempo a los números 9, 25 (que estuvo conmigo hasta cinco veces y era maravilloso), 32, 47, 50, 53, 62, 81, 90, 101 y 107. Algunos eran expertos en el beso, otros en la caricia, algunos hablaban deliciosamente y decían cosas tan lindas, otros tenían instrumentos muy bien templados, tres o cuatro eran perfectos… Pero vino al final Ulises, mi marido, el rey, y mató a mis doce criadas y a todos mis pretendientes. Ni modo, me tuve que quedar con él que no era, por mucho, el mejor de mis amantes…

[En Las bodas de Cadmo y Harmonía (Anagrama, 1990), de Roberto Calasso, dice (p. 333): “Según otros, cuando Ulises regresó a Ítaca, Penélope ya había dejado pasar por su cuerpo los ciento ocho pretendientes. De ellos había engendrado a Pan”. En Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood, hace decir a Penélope: “Las versiones más descabelladas sostienen que me acosté con todos los pretendientes, uno detrás de otro –eran más de cien”.]

  
                  
Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 228. Reencuentro. María Gabriela López Suárez

 Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Reencuentro

Olivia terminó de secarse el cabello, lo cepilló cuidadosamente. No se decidía si llevarlo recogido en una coleta o suelto, eligió la segunda opción. Dejaría que el viento le acariciara y le diera el peinado adecuado. Buscó varias prendas en su clóset, las fue dejando sobre la cama y un sillón. En menos de lo que pensó tenía falda, blusas, vestido, overol y un pantalón abombado en color caqui que le encantaba.
          Esa tarde tenía una cita muy especial y quería lucir radiante, sobre todo sentirse cómoda. Sin dudarlo, eligió el pantalón abombado, una blusa  de manga corta en tono fiusha y ahora venía la selección del calzado. Ahí fue más práctica, se decidió por sus sandalias huarache en tono shedron. Se colocó unos aretes largos con detalles de pequeñas mariposas y una gargantilla hecha a base de semillas. Se miró al espejo, delineó sus labios y se aplicó su labial en el tono favorito, rojo carmín.  El toque final fue unas gotas de su perfume. Nuevamente se observó, le gustó como lucía.
          Antes de salir jaló su bolso, el más ligero que tenía, solamente llevaba un pequeño monedero, su labial, unos pañuelos desechables y las llaves de la casa. Se aseguró de que la puerta quedara bien cerrada.
           El viento no tardó en hacerse presente y Olivia permitió que le acomodara el cabello. Inició su travesía al parque al que solía ir en su infancia. Ahora iba sola, sin que alguien de sus familiares la llevara como en aquellos años cuando era niña. En la medida que avanzaba sentía una sensación de nervios y a la vez de emoción. Cuando llegó al sitio comenzó a reconocerlo. Tantos años de no estar por ahí.
Con toda seguridad se dirigió a su lugar favorito, donde estaban los columpios, para su sorpresa, aún se conservaban, ahora tenían un atractivo color naranja pero mantenían algunos detalles rústicos. Ahí estaba, con el corazón latiendo cada vez más rápido. Ese era el lugar de su cita, observó a su alrededor, solo identificó unas aves que entonaban sus cantos y el viento que parecía darle una especie de susurros.
           Olivia caminó lentamente, eligió el columpio de enmedio y se sentó. Comenzó a columpiarse, primero lentamente, luego un poco más fuerte hasta bajar nuevamente el ritmo. Cerró los ojos, dejó que la magia sucediera y percibió a la persona que esperaba con tanto amor. La tenía frente a ella. Escuchó su voz, sus risas en ese parque, la identificó con el pequeño overol en tono vino, sus tenis grises y una playera blanca con florecitas de colores. El rostro con el cabello revuelto dibujaba una gran sonrisa y extendía sus brazos hacia ella. Olivia -aún con los ojos cerrados- correspondió a ese gesto, lo recibió como el regalo que esperaba desde hace tiempo y que justo necesitaba. Sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas. El reencuentro con su niña interior al fin sucedía. 
Permaneció abrazada hasta que las lágrimas cesaron, respiró profundo y lentamente fue abriendo los ojos y soltando los brazos. Olvidó que había llevado pañuelos desechables. Sintió el corazón contento, su rostro sonreía. De nueva cuenta empezó a columpiarse, disfrutando mientras iba ascendiendo, al tiempo que agradecía ese reencuentro, esa mirada hacia su niña interior. El viento continuaba haciendo de las suyas acomodándole el cabello mientras Olivia seguía columpiándose y observando que comenzaban a llegar niñas y niños que iban a jugar al parque.

      
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.