Revista

Polvo del camino. 276. La versión de Jaime. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                           Polvo del camino/ 276

Dos versiones, y 2
La versión de Jaime
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Yo vivo en New York desde hace mucho y no pienso irme a vivir a ningún otro lugar. De aquí era mi papá. Viví de niño y hasta los, no sé, 19-20 años en México. Desde muy chavo empecé con las drogas y conforme fue pasando el tiempo me volví más adicto.
Según yo era funcional, pero poco a poco me fui dando cuenta de que no, de que cada vez mi vida estaba más fuera de control.
Comencé a vivir con Anne –quien también es drogadicta– no sé cuándo. Sobrevivíamos con cierta soltura económica, porque ella tiene un hermano que administra los bienes de sus padres y le da una mensualidad. Yo soy dueño de mi depa y hago dibujos de los monstruos que me acompañaron siempre en mis alucines. Los vendo en las redes sociales, por eso estoy atento a quienes me escriben. No me va mal. Tal vez allí me contactó la muchacha de la que me hablas.
Ocurrieron dos cosas hace poco, que quizás tienen que ver con los hechos que te interesan. El primero fue que, aunque ya lo había intentado varias veces, esta vez sí me propuse hacerlo en serio: dejar las drogas. Esa fue una especie de fuerte ruptura con Anne, quien se lo tomó personal, como si al rechazar las drogas la estuviera rechazando a ella. La segunda fue que Anne iba a irse dos semanas a un viaje planeado, que se canceló. El día que se supone ya no estaría ella aquí, yo estaba un poco descontrolado por la falta de drogas (un médico me estaba ayudando y tomaba ciertos medicamentos) y recibí en mi cel la foto de una chava que parecía estar parada frente a mi casa. Traía una maleta. Abrí y ella se me echó en los brazos. Anne pensó que era un plan; como ella se habría ido (si no se hubiera cancelado el viaje), yo había traído a una amante con todo y equipaje. Era violenta y estaba desbordada, fuera de sí.
La chava, que quién sabe quién era, se fue. También Anne.
Me pareció una posibilidad de dejar a Anne y se lo planteé por teléfono. Llegó hecha una furia por sus cosas. La chava de la maleta, Irene, hasta allí me fijé en su nombre, me escribió disculpándose (en realidad ella no tenía culpa), y yo revisé lo que nos habíamos escrito antes. Ahí me di cuenta que yo la había invitado.
Anne ya no estaba, así que le dije que podía venir a pasarse conmigo unos días. Como comprenderás, yo no estaba para citas románticas; la invité porque me ayudaba con la soledad y venía de un país lejano. Vino, nos tomamos un par de copas, creo; Anne, recuerdo vagamente, volvió a aparecerse (seguro estaba vigilando, en la calle) y yo sentí que el alcohol me ponía mal. Anne nomás estuvo el ratito que nos insultó y se volvió a ir. Irene también, después, desapareció unos momentos; me dijo algo que no entendí y se fue. Lo demás son retazos de memoria. Irene desnuda. Irene besándome. Irene desnudándome. Yo desnudo. Irene encima de mí. Irene diciéndome cosas al oído. Los pechos de Irene, su cabello sobre mi cara. Irene acariciándome, tratando de excitarme… No recuerdo siquiera si tuve alguna erección.
Desperté desnudo, al otro día, en uno de los sillones de mi sala. Mucho más tarde, cuando me hicieron efecto unas pastillas maravillosas que me recetó mi médico, traté de hablar con Irene para saber qué había pasado y descubrí que me había bloqueado. Qué hacer… Esos días para mí son parte de la pesadilla de la que, gracias a mi fuerza de voluntad y a la mucha gente que me ayuda, estoy dejando atrás…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 168. Woke (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 168

Woke (2)
Por Manuel Pérez-Petit

Ser consciente de injusticias sociales y luchar por un cambio desde posturas autodenominadas “progresistas” no es patrimonio de unos o de otros, incluso aunque sean opuestas en teoría de algún modo a muchos valores considerados tradicionales. Sin embargo, al final se nos presenta como una muy amplia síntesis de una ideología política de izquierdas. Eso dicen que es lo woke, dicho sea aquí desprovisto de cualquier sentido despectivo. También desde una improbable hoy postura equidistante y de respeto, la cultura de la cancelación es tan real que asusta. Da igual se sea de derechas o de izquierdas.  
Si en algo se distinguió la convivencia democrática nacida en el siglo XIX y arraigada desde el XX es en el respeto al derecho y a la opinión ajenos, pero hoy esto se ha perdido. Al que no opina como uno se le descalifica y agrede. Se trata de una posible involución o quizá sea un desarrollo extremo de todo un proceso de dos mil quinientos años, nacido en Platón (circa 427-347 a. C.) –en cuya obra triunfó para siempre el logos del pensamiento filosófico, llevando al exilio al logos de la poesía–, consolidado por Guillermo de Ockham (circa 1287-1347) –quien con el nominalismo negó la existencia de conceptos universales, afirmando que todo es particular–, diseñado por filósofos ingleses del XVII, John Locke (1632-1704) y, sobre todo, Thomas Hobbes (1588-1679), –en que, dada su visión pesimista de la humanidad, los individuos deben asumir un contrato social y coexistir en sociedades de la incomunicación, separados y unidos entre sí en celdas, para salvaguardar el orden–, extendido en la Ilustración y consagrado en la Revolución francesa, proceso del que somos legatarios todos, en un mundo en que parece haber más derechos que obligaciones. Así, cuando se enarbola la bandera del derecho propio se olvida, por lo general, el deber que todo derecho supone, pues la libertad de uno no debería tener su límite en la libertad del otro, que es lo que está implantado hoy –raíz práctica de la agresión a quien no opine como uno–, sino en el deber de respeto que tiene uno a la libertad del otro, lo cual humanizaría esta débil sociedad, que terminará, por el camino que va, en la autodestrucción. El asunto, entonces, sería no ya quién somos sino adónde vamos.
(Continuará…)
En De Cive (1642) aparece por primera vez en la obra de Hobbes la locución latina Bellum omnium contra omnes (la guerra de todos contra todos) como justificación del contrato social en que los individuos renuncian a libertades por la paz social. (Edición de 1647).
Fuente de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Bellum_omnium_contra_omnes

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Ha sido director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En la actualidad se dedica a la consultoría de alta dirección y a la docencia. Mantiene la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, en la que escribe tres artículos a la semana.

Voces ensortijadas 275. Habitar el desierto. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

 Voces ensortijadas

Habitar el desierto

María Gabriela López Suárez

Con cariño para Tere y familia

Corina dibujó una gran sonrisa cuando se enteró que conocería unas grutas en la región Sierra en Lerdo, Durango. Su familia y ella habían ido de visita a familiares que vivían en esa ciudad. A Corina le encantó la idea desde que se enteró que visitarían las grutas, era la primera ocasión que estaría en una. Estuvo a punto de buscar información en la red pero prefirió no hacerlo y dejarse sorprender, algo en su corazón le indicaba que serían hermosas.
Tomaron como guía el google maps y junto con sus familiares emprendieron la travesía. El paisaje de ese día era algo distinto, el sol no se apreciaba, ni las montañas. En la carretera la vista era de un paisaje nublado, como una especie de neblina que impedía ver las montañas, apenas se alcanzaban a divisar las más grandes. Su familia le dijo que a ese fenómeno se le conocía como lluvia lagunera. Es decir, una tolvanera que es característica de la región desértica o semidesértica.
Mientras avanzaban rumbo al destino, Corina pensó que si ella fuera caminando segurito que quedaría empanizada de tanto polvo. Pronto dejaron la ciudad e iniciaron el recorrido por terracería. La tolvanera seguía presente, sin duda que era parte del encanto del viaje, al menos así lo sentía Corina.
En menos de lo imaginado eran los únicos que iban en el camino, seguían la ruta indicada, guiados por el google maps. Además de las charlas y conversaciones amenas, Corina se percató que por ningún motivo daría algún pestañazo en el viaje. Tenían frente a ellos un paisaje árido con vegetación que Corina solo había visto en libros o en películas donde relataban historias de zonas áridas o desérticas. Observó atenta la variedad de flora que tenían las extensiones de tierra por las que iban pasando; conoció los árboles de mezquite, vio matorrales achaparrados, cactus, nopales, maguey, y para su mayor asombro, en esa zona tan árida algunos de los cactus florecían.
El camino de terracería parecía no tener fin, sin embargo, Corina y su familia seguían atentos a los paisajes que la naturaleza les presentaba y a que apareciera alguna señalética. Por algún momento, Corina sintió que estaban como en una película, nadie más en el camino, un paisaje árido, en algunas zonas asomaban vacas, pero ninguna persona. Entre la tolvanera no se podía distinguir qué había más adelante, de pronto identificaron como casas.
—¡Al fin, ya era justo ver personas! —pensó para sí Corina.
La sorpresa que se llevaron fue que las casas, que no eran pocas, estaban no solo semidestruidas sino deshabitadas. Algo así como una especie de pueblo fantasma, entre magia y nostalgia. A medida que observaba el paisaje, a Corina se le vino a la mente, cómo habitar el desierto. Contempló que la flora que prevalecía estaba muy adaptada al clima de la región, zona muy árida, y aún bajo el intenso sol estaba de pie, como dándoles la bienvenida.
La pregunta pasó al tramo de la vida. ¿Era posible habitar el desierto? Sí, en medio de todas las vicisitudes, de una o más tolvaneras, había que resistir desde el amor, la lucha constante, la escucha, la confianza, el valor y darse espacio para adaptarse al clima que se presentara. En eso estaba cuando se escuchó:
—¡¡Grutas del Rosario a diez kilómetros!! Ya estamos cerca —expresó con entusiasmo la prima Teté.
Los rostros mostraron alegría; Corina volvió al presente, deseosa de llegar al lugar, bajarse y poder conocer cómo eran las grutas. Entre tanto siguió observando el paisaje con el encanto del desierto.

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 275. La versión de Irene. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

             Polvo del camino/ 275

Dos versiones, 1
La versión de Irene
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Conocí a Jaime… No, me fijé en él (tal vez ya lo ha había visto sin ver) cuando yo estaba por cumplir 12 años. Estudiábamos en el mismo colegio multigrado –de kínder a prepa–; yo estaba en sexto de primaria y él en tercero de preparatoria. Sin duda, comenzaba a sentir atracción por los niños y lo vi salir de los vestidores sólo con un short ceñido y descalzo. Me pareció precioso. Los pechos, las piernas, los brazos musculosos; su risa de dientes perfectos. Soñé con él esa noche.
A partir de entonces lo buscaba, trataba de verlo y mientras más lo veía, más me gustaba. Creo que la única vez que él me vio fue cuando me pinté los labios, me le acerqué y lo vi con toda la coquetería que podía contener mi cuerpo. Me sonrió y yo quedé feliz por muchos días, nada más de recordarlo. Yo era su fan. Nada en el mundo me interesaba, sólo él.
Pasó el tiempo. Él se fue del país y yo me quedé. Descubrí en las redes sociales su nombre y le escribí, me respondió y empezamos a ser amigos. Al poco tiempo nos coqueteábamos. No le dije que ya nos conocíamos.
Por azares del destino, cuando yo tendría unos 27 años me surgió la oportunidad de viajar a New York. Le pregunté si podíamos vernos (él vivía allá), en el caso de que fuera, y me dijo que incluso podía quedarme en su departamento. No me creyó que fuera ni yo se lo aseguré. Era nomás una charla en el celular.
Llegué a la ciudad, tomé un taxi y cuando estaba frente a su puerta me tomé una selfi y se la envié. Abrió la puerta. Nos abrazamos. Entré y su mujer (no sabía que vivía con alguien) se puso de lo peor. Me dijo horrores. Jaime trató de disculparla y yo me salí, tomé mi maleta (iba dispuesta a quedarme con él) y me fui a un hotel cercano. Él me llamó al día siguiente, por la tarde, y me dijo que su pareja había dejado el depa, que ya no iba a regresar.
—Se llevó casi todas sus cosas, y hoy en la noche vendrá por el resto; si quieres –me dijo–, mañana vente para acá.
Fui. Me contó que ya estaban en lo último de su relación, que nada más faltaba la gota, ésa, la mía, para rebalsar el vaso. Le conté lo de mi enamoramiento infantil y nos besamos. Llegó de nuevo su chava (tocó, ya no tenía llave) e hizo un escándalo, le gritó y me gritó. Ninguno de los dos le dijo algo. Se fue. “Ahora sí para siempre”, dijo ella y él le dijo que qué bueno.
Luego del momento incómodo, tomamos dos copas de vino. Después me ofreció algo más… No sé si me entiendas, yo iba a consumar mi ilusión infantil, a volver realidad mi primer sueño erótico. Le pedí que me esperara unos momentos. Me di una ducha, me puse una batita atrevida (me quité la ropa interior) y salí para hacer lo mío, para hacerlo mío, para asir lo mío.
Nos abrazamos, nos besamos, lo desnudé, lo cabalgué. Lo hicimos tres veces y ya, nunca más lo volví a ver. Lo borré de mis contactos. Lo cierto es que acostarme con él no resultó ni muy bueno ni muy placentero. Evidentemente, Jaime no era responsable de mis expectativas. Yo iba a buscar la gloria y él sólo me hizo una faena básica. La realidad nunca estará a la altura de nuestros sueños.
                           
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 167. Woke (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 167

Woke (1)
Por Manuel Pérez-Petit

El mundo ha cambiado, y a una velocidad imposible de seguir. Hay hambre y frío, pero a la vez un regocijo general en la asunción de los nuevos paradigmas decretados. Cada día entiendo menos, e incluso no entiendo nada. Esto es como lo de los enemigos, que no se presentan, que no te dicen nada aunque dedican su tiempo a procurarte un daño sin medida, en una tarea en que todo vale. Que yo sepa, a nadie nos han contado cómo tienen que ser las cosas –desde luego, a mí no–, y todos hemos recibido y recibimos, según parece, las consignas pertinentes, ante las que no cabe disensión ni debate, que son de obligado cumplimiento y deben dictar no solo nuestros pensamientos sino nuestra acción en la vida sin excepción y sin redención posible en caso de error. Lo humano en esta nueva dictadura no solo no tiene valor alguno sino que es despreciado. 
            Prometo enterarme de qué va la cosa, pero se me hace que se trata de una expresión totalizante de una especie de pensamiento único llevado al extremo. Los más refinados dirían que asumido y asimilado hasta la ataraxia.
Dicen algunos entendidos –o me ha parecido leerlo–, que la tendencia al cambio de orientación política en algunos gobiernos de las naciones de Occidente hacia la derecha terminará con esto, como si fuera una moda, aunque yo me apunto a creer que no es una moda –la moda es lo que pasa de moda, algo simple y efímero–, sino que se trata de una tendencia natural del ser humano a la dominación, expresada a lo largo de la historia de Humanidad en todas las culturas. Lo que está en juego es la libertad, aquello que nos hace ser seres humanos. ¿La gente de los países de derecha es más libre que la de los de izquierda? Desde la Pandemia el mundo ha cambiado, pues durante la misma los gobernantes de las naciones –todas, de todos los signos– se permitieron decretar como nunca antes hubiera sido admisible, dictando en nombre del “bien común” lo que debe ser el sistema de vida único de la gente.
Y antes de darnos cuenta somos, una vez más, esclavos. En peores condiciones que nunca, sin posibilidad de rebelarnos. Y sin ni siquiera soma, aquella sustancia que en Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1894-1963), debían consumir las personas para curar las penas y controlar los sentimientos, ni algo que se le parezca.
(Continuará…)
Portadilla de la edición príncipe de Brave New World (Un mundo feliz), de Aldous Huxley. Londres, 1932.
Fuente de la imagen: https://www.iberlibro.com/primera-edicion/Brave-New-World-Aldous-Huxley-Chatto/30881742171/bd

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Ha sido director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En la actualidad se dedica a la consultoría de alta dirección y a la docencia. Mantiene la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, en la que escribe tres artículos a la semana.

Líneas de desnudo. 166. Redención. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 166

Redención
Por Manuel Pérez-Petit

Cuando el poeta –y todos lo somos– está enamorado, se destila, se deja caer en tanto se yergue y se dona sin condiciones en la transparencia azul celeste de tu mirada, ésa en que los grilletes –y uno, como Luis Cernuda (1902-1963), cree con razonable certeza en que libertad no conoce sino la libertad de estar preso en alguien– son de pétalos hasta ese día inencontrables y se convierten en la patria que a lo largo de toda su vida anheló.  
            Entonces, la lluvia florece, y, como el agua está compuesta en realidad por dos átomos de hidrógeno y uno de amor, el mundo implosiona lleno de quietud, nace la fertilidad y un nuevo orden, el de una redención de manos extendidas, se abre hueco imparable con pasos de gigante capaces como nunca de acariciar y hacer nuevo todo lo creado, pues el universo, incluso sin levantar los pies del suelo, ya es solo bendición, claridad y plenitud.
El enamorado ahí, en el umbral de dejar de ser el enamorado y convertirse en el que se da en amor, ya no requiere nada para sí, pues renuncia lleno de gozo, y vive en aquel ser en quien se halla dejando de ser él mismo, pues es más él en la otra persona que en su propio ser, razón por la cual será ya para siempre más él mismo en que sí mismo nunca podría haber llegado a ser. 
El amor triunfa a lomos de este aliento compartido, se refuerza la teoría de que la oscuridad no existe sino que lo único que existe es la luz, se establece la desnudez como carta magna ineludible de la existencia y la transparencia toma cuerpo como el rayo en una transfiguración en que de todo el cuerpo brota como de la roca el agua purificante del templo invencible que levanta con sus brazos la persona amada y uno asume en calidad de humilde y vigilante clave constructora con las alas extendidas.
Todo debate ajeno, al fin, es eso, ajeno, se encuentra fuera de la realidad, toda la contradicción de una sociedad que se autodestruye se diluye haciéndose nada, toda la basura que anida como pandemia desaparece y todo dolor –y yo, como en José Hierro (1922-2002), Llegué por el dolor a la alegría– tiene sentido en tanto vía de acceso a un nuevo sol que quedará en nosotros para siempre. Y puede que nunca vuelvan a existir poemas por la sencilla razón de que la persona amada, y el hecho de amarla, es la poesía.
S/t.
Fotografía: © Mayté Flores Ayala Mancera

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Ha sido director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En la actualidad se dedica a la consultoría de alta dirección y a la docencia. Mantiene la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, en la que escribe tres artículos a la semana.

Polvo del camino. 274. Matar a las abuelas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                                         
       Polvo del camino/ 274

Matar a las abuelas
Héctor Cortés Mandujano

En alta mar el agua es azul como los pétalos
de la más hermosa centaura

Hans Christian Andersen,
en “La sirenita”

He leído a Hans Christian Andersen no como un escritor de historias infantiles, sino simplemente como un escritor. Me gustan sus historias, incluso las infantiles. Por eso me compré, en una edición muy cuidada, La sirenita y otras historias (RBA Coleccionables, 2022). He hablado de su vida y de varios libros suyos en distintas columnas anteriores. No me repetiré, espero.
Me gustan los personajes que no se pueden ver, como “El elfo del rosal” (p. 117): “En el centro del jardín crecía un rosal cuajado de rosas, y en una de ellas, la más hermosa de todas, habitaba un elfo tan pequeñín que ningún ojo humano podía distinguirlo”.
“La aguja de zurcir” es hermana gemela de “El famoso cohete”, de Oscar Wilde. La aguja, en este caso, como el cohete, es muy vanidosa y también muy optimista. Le pasan cosas terribles y ella las transforma en maravillas. Es muy insignificante, pero cree que sin ella el universo se detendría. Está como basura en la corriente del agua y piensa (p. 158): “De tan fina que soy casi creería que nací de un rayo de sol. Tengo la impresión de que el sol me busca siempre debajo del agua. Soy tan sutil que ni mi padre me encuentra. Si no me hubiese roto el ojo, creo que lloraría; pero no, no es distinguido llorar”.
“Colás el chico y Colás el grande” es un cuento salvaje, donde se tortura y se mata sin subterfugios. Colás el grande envidia al chico y quiere matarlo. Va a buscarlo a su casa y éste pone a su abuela en su lugar, en la cama; el grande llega y le da un hachazo en mitad de la frente; el chico lleva al cadáver hasta una posada y hace creer al posadero que él, el posadero, la mató, y le cobra por haberlo hecho.
Regresa y Colás el grande le pregunta de dónde sacó tanto dinero (el posadero le dio una fortuna para que no lo acusara de la muerte de la abuela) y cómo hizo para no morir si él le dio un hachazo (p. 241):
“—No me mataste a mí, sino a mi abuela –replicó Colás el chico–. He vendido el cadáver y me han dado por él una fanega de dinero.
“—¡Qué bien te lo han pagado! –exclamó el otro, y, corriendo a su casa, cogió el hacha, mató a su abuela y, cargándola en el carro, la condujo a la ciudad, donde residía el boticario, al cual preguntó si le compraría un muerto”.
En “La Dríade” afirma Hans (p. 217): “Sí, nos ha tocado vivir en la época de los cuentos de hadas”. Claro, porque en ellos se engaña, se castiga y se mata gratuitamente.
Por cierto, no siempre les va muy bien a las abuelas en algunos cuentos infantiles. En La maravillosa medicina de Jorge (1981), de Roald Dahl, que leo en uno de mis lectores electrónicos, así es descrita la abuela (p. 7): “Jorge no podía evitar que le desagradara su abuela. Era una vieja egoísta y regañona. Tenía los dientes marrón claro y una boca pequeña y fruncida, como el trasero de un perro”. No la mata. Con su medicina maravillosa la desaparece para siempre.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 274. Algodones en primavera. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Algodones en primavera

Doña Cristina se levantó temprano, como solía hacerlo todos los días. Se asomó al calendario y revisó que se acercaba la Semana Santa. De no haber visto el calendario ni en cuenta de la fecha; entre el ajetreo cotidiano de la tienda de abarrotes que tenía, la visita de sus hijos, las nueras, las nietas, los nietos, las charlas con sus comadres y las reuniones de asamblea en el barrio, la vida se le iba.

Antes de abrir la tienda, tenía como su ritual de la mañana ir a regar sus maceteras y los árboles que tenía en el patio. Alberto, su hijo menor, le había dicho en más de una ocasión,

—¿Ya tomó su café con pan? Dele apapacho a su estómago y luego riega sus maceteras.

Ella solía responder, 

—¡Ay hijo, ellas también tienen sed! No me tardo nada regando, además eso me da mucha felicidad.

Ese día no fue la excepción. Después de regar las maceteras y los árboles observó que había mucha hojarasca, propia del cambio de hojas que suelen hacer los árboles previo a la primavera. Se dispuso a barrer el patio, se dio cuenta que no solo era hojarasca sino también los algodones que solía desprender el árbol de pochota que había en la casa de unos vecinos. En lugar de colocarlos en la bolsa de la basura decidió que esa hojarasca y algodones fueran para la composta que tenía en el árbol de guayaba y de flor de mayo.

Uno de los algodones se escapó sutilmente, pasó frente a los ojos de doña Cristina y tomó su rumbo, elevándose hasta que ella lo perdió de vista. Mientras lo observaba, vino a su mente cuando era niña y contemplaba con mucho asombro el árbol de pochota grande y frondoso que había cerca de su casa. Justo en temporada de primavera, sus amistades del barrio y ella solían ir a jugar cerca de ahí. A ella le encantaba quedar viendo cómo caían los algodones y se esparcían en distintos rumbos, el viento era el aliado en esos menesteres. Doña Cristina podía pasarse mucho rato frente a ese paisaje. Las mamás de sus amistades no disfrutaban igual que ella la caída de los algodones, porque significaba estar barriendo constantemente las casas y los patios. 

Doña Cristina dio un suspiro grande que la hizo volver al presente y observar que ya estaban de nuevo algunos algodones en el patio, sonrió mientras los barría suavemente. Los algodones en primavera eran una especie de regalo que aún seguía dándole deleite.

Se dirigió a la cocina; se lavó las manos y preparó su café. Buscó en la alacena si tenía pan, encontró unas galletas de amaranto que le había regalado Marina, una de sus nueras. El aroma a café recién preparado inundó la pequeña cocina. Mientras degustaba su café con galletas sonó el teléfono; era don Ismael, su compadre, saludando y preguntando que cómo estaba y a qué hora abriría la tienda. El día había comenzado acompañado de algodones en primavera.

Fotografía: Nadia Arce

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 273. Danzar la vida. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Danzar la vida

Federica despertó antes de que sonara la alarma de su reloj. Ese sábado le correspondía cubrir su turno en horario matutino en el restaurante donde trabajaba. Permaneció unos minutos más en la cama. Observó con atención el techo de su cuarto, el color blanco le provocaba mucha paz. Alcanzó a escuchar el silbido del viento acompañado del canto de los pájaros. Decidió levantarse al tiempo que intentaba adivinar cómo estaría el clima. Encendió la radio, subió el volumen y  se dirigió a darse una ducha. 

El clima estaría con muchas ráfagas de viento y temperatura con una máxima de 18 grados. Federica comenzó a arreglarse y dejó al final el secado del cabello. Se dirigió a la cocina, buscó qué tenía en la alacena para desayunar. Preparó con rapidez un sándwich de pollo con lechuga, mostaza y jitomate. Revisó si aún le quedaba café en la despensa, para su buena fortuna sí. Acompañó su desayuno con una taza con café.  

Dirigió su mirada a la ventana,  el día era soleado aún con sus ráfagas de viento. Le apeteció quedarse en casa degustando otra taza con café, hablar por teléfono con su familia y enterarse de los últimos acontecimientos en su pueblo. Su jornada laboral empezaría en un rato más. Así que se apresuró para estar en tiempo. Antes de salir de casa eligió si iría en transporte público o caminando.  Pensó que el clima era cómodo para andar y quizá le vendría bien caminar para terminar de despertar.

Inició la travesía hacia el restaurante; mientras iba tomando atajos Federica comenzó a hacer memoria de que pronto cumpliría un año y medio de trabajar en ese lugar. Pensó en la serie de vicisitudes desde que había llegado a la ciudad para ingresar a la universidad, no había pasado el examen de admisión, así que decidió quedarse trabajando para presentar el examen el siguiente año. En su segundo intento sí aprobó el examen, sin embargo, el ingreso económico no estaba de más, así que aceptó la oportunidad de poder trabajar los fines de semana.

Regresó al presente. Se alegró de que el clima de ese sábado estuviera agradable; dejó que el viento le acariciara el rostro y se sintió contenta de que había madrugado. Se agradeció haber elegido caminar esa mañana. Atravesó un andador con muchos árboles. Alzó la vista, le pareció que el paisaje era sumamente bello y mágico, los árboles se mecían al compás del viento. Las ramas parecían como brazos que se extendían y se movían sutilmente. Federica se sintió parte de ese paisaje, se descubrió moviendo los brazos suavemente sin perder el ritmo de su andar. Echó un vistazo a su reloj, estaba a buen tiempo para llegar al restaurante.

Sonrió para sí; el paisaje de esa mañana le había recordado que aún con todas las vicisitudes la vida era una danza y danzar la vida en sus distintos ritmos, era un regalo muy valioso y necesario que cada persona tendría que descubrir y poner en práctica. 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 273. Desnudez andrógina. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                                         
        Polvo del camino/ 273

Desnudez andrógina
Héctor Cortés Mandujano

De todo corazón,
siempre he detestado las citas y los epígrafes

Efraín Huerta

Transa poética (Era, 1980), de Efraín Huerta, es un libro escrito por alguien que jugaba con las palabras y hacía con ellas malabares y maravillas. En poemas que parecen no tomarse en serio hay líneas profundas y en poemas serios hay un dejo de burla. El título, por eso, es santo y seña del autor.
Dice en “Donde la locura…”, su prólogo (p. 9): “Ya dije alguna vez que me complace de manera formal ser un desordenado y un antipoético por excelencia. Es que, la verdad, nunca le pedí permiso a nadie para escribir lo que malamente escribí”.
Escribe en “La rosa primitiva” (p. 27): “Ama con sencillez, como si nada./ Sé dueño de tu infierno, propietario absoluto/ de tu deseo y tus ansias, de tu salud y tus odios./ Fabrícate, en secreto, una ciudad sagrada”.
De “Sandra sólo habla en líneas generales” es este verso que parece uno de sus poemínimos y se refiere a la susodicha (p. 40): “Lo virginal no quita lo caliente”. Me encantan las líneas inexplicables de ciertos poemas. En “El encarnizado” está ésta (p. 41): “La desnudez andrógina de las doce del día”.
Va en un autobús y describe su viaje en “Juárez-Loreto” (p. 47): “La del piernón bruto me rebasó por la derecha;/ rozóme las regiones sagradas”; enumera sus cualidades físicas y resume: “Es un jazmín angelical, maligno,/ arrancado del zarzal en ruinas”, y luego se define: “como amante siempre he sido pan comido”. El largo poema muestra su facilidad de enamoramiento (p. 49): “Adoro tu nalga derecha, tu pantorrilla izquierda,/ tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus/ pechos pachones/ y tu indigno, antideportivo comportamiento”.
En “Protestas y rendimientos” pide (p. 93): “Necesito tiempo para chillar mi protesta./ Necesito una hora de pavor para rendirme./ (Que haya una amante más,/ ¿qué importa al mundo?)”. Y más adelante, emulando el lenguaje militar: “labios en ejercicio (de frente: ¡besen!)”.
Está con sus amigos en una cantina en “Barbas para desatar la lujuria” y se refiere a Sabines y Pacheco (p. 100): “ahora llega Jaime con ojos de tigre/ ojos de dios en celo tumba tarumba tum/ dios tzotzil jaimebundo/ pérezjoloteando ginebra ron poemas”, y “pa traducir a Baudelaire aquí estoy yo/ musitó José Emilio”.
En su “Manifiesto nalgaísta/ Aleluya cocodrilos sexuales aleluya” se cuestiona, a propósito de un título famoso en aquellos años (p. 106): “Soy acaso el hijo de Sánchez de la poesía”. Sabe además, perfectamente, cómo es su país y así lo expresa en el final de “Amor, patria mía”, que es también el final de este libro breve e intenso (p. 132): “la temerosa y vibrante/ llanura de sombras que es/ nuestra patria”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com