Revista

Voces ensortijadas. 283. Entre lluvia y emociones. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez


Entre lluvia y emociones

La tarde del viernes 20 de junio de 2025 será inolvidable, por muchos motivos. Entre ellos, porque ese día estaba agendada la presentación de la antología 1 Voces ensortijadas, 2020-2021, de mi autoría en la Casa de la Cultura Luis Alaminos Guerrero, en mi querida Tuxtla Gutiérrez.

Después de las dos de la tarde, el cielo comenzó a dar señales de que llovería fuerte, sin embargo, la llovizna se detenía y luego reanudaba. Finalmente, decidí salir rumbo a la Casa de la Cultura para estar en tiempo y que no me sorprendiera la lluvia. La llovizna se convirtió de un momento a otro en lluvia torrencial, lo que me hizo detenerme, justo a mitad del camino.

Para mi sorpresa no pude cruzar la calle, el nivel del agua comenzaba a subir. Así que en compañía de otras personas, nos guarecimos en un comercio local. Llamó mi atención la cantidad de agua que se juntó en tan poco tiempo, fluyendo sin cesar, formando ondas y pequeños remolinos. Los relámpagos y rayos hicieron presencia con toda su fuerza, en más de una ocasión cerré los ojos. Me sentía segura que estaba ubicada cerca de un lugar con pararrayos, aunque el estruendo de cada rayo me recordaba que son peligrosos.

Lejos de angustiarme me quedé contemplando el paisaje, en algún momento tenía que parar la lluvia y podría reanudar el paso. Así fue; continué con cuidado para no mojarme los zapatos, aunque no niego que me dieron ganas de cruzar las calles inundadas sin el menor temor, me contuvo el hecho de no llegar como una sopa al lugar de la presentación.
El que la obra se presentara en Tuxtla significa mucho para mí, he tenido la oportunidad de que se presente en otros municipios y estados de nuestro país, pero el terruño tiene ese sentir especial que me recuerda la conexión con el lugar en que una nace y pasa buena parte de la vida. Además algunos textos del contenido de la obra remiten a Tuxtla, su gente, su cultura, sus vivencias.

La presentación fue un espacio ameno; agradezco a la directora de la Casa de la Cultura, Gabriela Abarca por el espacio. Ella nos dio la bienvenida y nos presentó. Chary Gumeta, Damaris Disner, Delmar Penka compartieron la palabra y sus impresiones sobre la obra. Me siento muy agradecida y honrada por cada mensaje con el que resuenan. Destacaron la conexión de la obra con lo cotidiano, los elementos más simples que nos rodean y que pasan desapercibidos, la participación de las mujeres como protagonistas en varios de los relatos que contiene la antología y la importancia de la literatura en nuestro día a día, como manera de visibilizar temas como la lucha por los derechos de las mujeres y la reivindicación de la lengua y la cultura.

Al llegar mi turno de compartir la palabra me ganó el sentir, me acordé de una charla donde conocí las estaciones del año según el pueblo Nasa, en el departamento del Cauca en Colombia; nací en una estación donde su elemento es aguacero suave, evoca a la sensibilidad. Pero el cobijamiento y el sentirme en confianza me permitió continuar y comentar mi experiencia, así como leer algunos de los textos.

Agradezco al público que se dio el espacio para acompañarnos, la lluvia no fue el impedimento. Y a quienes no pudieron estar físicamente pero estuvieron desde el corazón. Me alegra la asistencia de la familia no solo biológica sino la que se va entretejiendo a lo largo de la vida, de las experiencias laborales, académicas, de la amistad. Así como también que el público en general se interese por asistir a estas actividades culturales que se organizan y nos recuerdan que, a pesar de todas las vicisitudes, las artes son un hermoso aliciente para continuar el caminar. Otro momento bello fue que el público participara con sus comentarios.

Esa tarde noche, mi corazón se regocijó, entre lluvia y emociones, además del regalo que dejó una fuerte lluvia, entre el olor a tierra mojada, la frescura, la limpieza del ambiente y la esperanza para el corazón.

 

Fotografía: Cortesía de la Casa de la cultura de Tuxtla Gutiérrez

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 283. El chompipe de la fiesta. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 283

El chompipe de la fiesta
Héctor Cortés Mandujano

Digna de ti y de tu senil puerilidad es esta estúpida manera de ver las cosas

Álvaro Mutis,
en “Antes de que cante el gallo”

Hace tiempo publiqué un Polvo del camino sobre “Boricua en la luna” y dije, citando un verso de Corretjer, “y el lechón que me desmienta”; un lector atento me desmintió: “El poema dice ‘echón’, no ‘lechón’ ”.
En otra de las canciones de Roy Brown (quien también musicalizó “Boricua…”) está el origen de mi equívoco. “La profecía de Urayoan” (1975) es un discurso en contra del poderoso; en algún momento dice Brown al político podrido “Viejo lechón”. Me gustó el insulto. Un hombre mayor que parece un marrano bebé.
Me encanta leer diccionarios y me hallé el Diccionario de la injuria (Editorial Losada, 2006), de los escritores argentinos Sergio Bufano y Jorge S. Perednik, quienes juntaron insultos de América Latina y España, cuyos comienzos (p. 9) “fueron respectivamente mentiroso y maldito, pronunciados por la serpiente contra Dios y por Dios contra la serpiente”.
El insulto, escriben (p. 15), “bien podría ser considerado un paso importante en la evolución de la humanidad, en tanto la violencia física es reemplazada por un ejercicio dialéctico de enfrentamiento”. Dejo con rapidez el prólogo para compartir contigo, lector, lectora, algunos insultos simpáticos.
“Aborto” (p. 29): “Persona que llama la atención por su extrema fealdad”. Es curioso que el nombre del primer hombre sobre la tierra sea injurioso (p. 33): “Adán se aplica al hombre descuidado en su arreglo personal”.
“Afrechudo” se usa en Argentina (el libro nos lo informa) y significa varias cosas (p. 35): “Urgido por mantener relaciones sexuales. Caliente. También, falta de higiene entre el prepucio y el glande”. Me encantó éste de Guatemala: “Aguacate” (p. 36): “Poco atrevido o arriesgado”.
“Andá a cagar”, en Argentina y Uruguay, supone variantes (p. 43): “Andá a la mierda; andá al demonio; andá al diablo; andá a freír papas; andá a lavar platos; andá a la concha de tu hermana; andá a la puta que te parió”.
“Arrechentida”, en Ecuador, es una (p. 50) “mujer que no llegó a tener un orgasmo”.
Qué divertido sería que me llamaran así, como en Ecuador, “Capitán Araña” (p. 94): “Persona que entusiasma a los demás con un propósito y luego se echa atrás”. También en Ecuador, que resultaron buenos para insultar, dicen “Cocadú” (p. 112): “Persona vaga e indolente. En alusión a que sólo come, caga y duerme”.
Rebuscado y bonito es éste de Guatemala (p. 133): “El chompipe de la fiesta. […] Persona a quien se echa la culpa cuando hay más de un responsable”. En México se le dice, muy elegantemente y se usa otro animal, “Chivo expiatorio”.
Eneas es el nombre del héroe de la Eneida, de Virgilio, y es, en Venezuela (p. 137), “una persona o cosa extremadamente desagradable” (no pongo más nombres, pero hay muchísimos que resultan ser insultos). “Está de tomate” se dice en Uruguay, a quien (p. 142) “está loco, que carece de razón”.
También en Uruguay se dice “Hachedepé” (iniciales de Hijo de puta) a quien es (p. 165) “malo, malintencionado. Persona despreciable”. En Perú le dicen Perro o Perra al (p. 232) “mal olor de pies”.
En Venezuela, es “Semáforo de media noche” (p. 258) “una persona fácil, que no la respeta nadie” y “Vagón de ferrocarril” es el (p. 273) “bisexual, trolo porque engancha por delante y por detrás”.
     
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 282. Cinco historias, 48 palabras. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

Polvo del caminos 282

Cinco historias, 48 palabras
Héctor Cortés Mandujano

Hay muchas formas de escribir una oración. Decidí jugar con cinco maneras de hacerlo y usar las mismas 48 palabras para contar varias historias o una, con una quinteta de variantes. Aquí están. Se las dedico a mi mujer. Ella sabe por qué.


Ellos juegan ajedrez

Ella pide aprender. Él ofrece enseñar.
Se encuentran.
Frente al tablero, ella habla, pregunta, coquetea.
Intenta ella aprender el juego.
Ella toma su mano, él acerca su rostro.
Se besan. Son novios. Se casan.
Pasa el tiempo
Ella nada sabe de ajedrez.
Ni le interesa.

Ellos ajedrez juegan

Él ofrece enseñar. Ella pide aprender.
Se encuentran.
Ella coquetea, habla, pregunta, frente al tablero.
Intenta ella aprender el juego.
Él toma su mano, ella acerca su rostro.
Se cazan, se besan.
Pasa el tiempo.
Él nada sabe de ajedrez. Ni le interesa.
Son novios.

Juegan ajedrez ellos

Se encuentran.
Ella habla, pregunta; frente al tablero, coquetea.
Enseñar él ofrece. Intenta aprender ella el juego.
El tiempo pasa.
Se besan. Quiere aprender ella.
Él toma su mano, acerca su rostro ella.
Son novios.
Nada sabe de ajedrez él. Ni le interesa.
Se casan.

Juegan ellos ajedrez

Son novios.
Él toma su mano, acerca ella su rostro.
Se besan. Se casan. El tiempo pasa.
Él nada sabe de ajedrez. Ni le interesa.
Quiere aprender ella.

Se encuentran.
Él ofrece enseñar.
Ella coquetea frente al tablero; habla, pregunta.
Intenta aprender, ella, el juego.

Ajedros ezellga juen

Juego ella aprender intenta el.
Enseñar ofrece él. Encuentran se.
Ella aprender quiere.
Coquetea frente ella; habla, pregunta tablero al.
Toma mano su él; acerca ella rostro su.
Pasa tiempo el.
Ni interesa le. Ajedrez nada él de sabe.
Novios se. Casan se.
Besan son.
     
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 3. Cartas a A. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Liisbet Luup: https://www.pexels.com/photo/charming-spanish-white-wall-with-flowers-and-mailbox-32544883/

02 de mayo del 2025
19:25 hrs.

Querida A.
Hoy llovía mientras caminaba por la calle buscando una libreta para una sorpresa que se me ocurrió darte, llevaba tiempo sin saber cómo dártela y pronto se acercaba el 4 de mayo, así que decidí que te la daría ese día.
Llovía y en mi corazón se sentía calidez, te sabia mía, tan mía como yo tuyo, que mi pecho vibraba cada vez que te veía y el alma tiritaba cuando sonreías, no hay nada que me haga más feliz que verte sonriendo o riéndote a carcajadas, sentía que no podía escuchar nada mejor, pero todo lo que te rodea, todo lo que tiene que ver contigo era simplemente maravilloso.
A, mi alma susurra tu nombre cuando no te siento cerca, tomándome la mano, el rostro, el corazón con tus delicadas manos, con todo ese cariño que me tienes, con la dulzura con la que me miras, con lo precioso que se siente todo mi amor por ti, no puedo describir ampliamente mi amor, porque es algo que no entiendo, puedo dudar hasta de donde viene, porque te amo hasta la punta de mis uñas. Te siento como siento mi brazo pertenecerme, te siento como siento las palpitaciones de mi corazón sobre la almohada, te siento como siento mi piel erizarse por alguna canción que me guste mucho.
Sé que te amo, te amo más allá de mi propia conciencia, te amo como sé que mi alma, es mía. Te amo sin miedo, te amo entregándote mi vulnerabilidad, mi cariño y todo de mí.



Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas 282. Emprender el vuelo. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Emprender el vuelo

Leonor miró su reloj, ya no le daría tiempo de ir a comer a casa. Recordó que su amigo Efrén le recomendó una cafetería-restaurante que estaba cerca del lugar donde ambos trabajaban.

Hizo memoria para acordarse de la ruta, el Google maps la ayudó. Al llegar al lugar observó que había muchos comensales. Se formó en la fila de espera. No demoró para que la atendieran. Le asignaron una mesa en la esquina, ahí tenía vista a una de las avenidas principales. Se acomodó y mientras le tomaron la orden prestó atención al paisaje que le permitía contemplar el ventanal.

Llamaron su atención varios elementos, la cantidad de perros que sacaban a pasear, el incesante tráfico vehicular y de caminantes de a pie, también el relajante vaivén de las ramas de los árboles mecidas por el viento. Sin embargo, lo que más atrapó su atención fue que en la parte alta de un poste de luz posaba una paloma que no dejaba de moverse, sin por ello perder el equilibrio en la base. Permaneció allí varios minutos.

Una mesera le tomó la orden a Leonor, le llevaron pronto sus alimentos y mientras ella los degustaba siguió contemplando a la paloma. En menos de lo que imaginó, emprendió el vuelo. En tanto volaba, como por arte de magia, ya se había hecho presente otra paloma, en el mismo espacio. A diferencia de la anterior, ésta permanecía inmóvil, como resguardándose del viento. A Leonor le pareció que era como cuando una persona quiere volver a su centro, se detiene, hace pausas, se escucha, permanece ahí hasta que siente que retomó su eje y está lista para continuar el ritmo en su vida. La paloma siguió ahí un momento más, luego alzó el vuelo. Leonor la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista. 

Ninguna paloma más llegó a posarse en el poste, mientras Leonor terminaba de comer. El paisaje otoñal del cielo era bello, Leonor lo contempló con mucho gusto, al tiempo que pensaba que emprender el vuelo en la vida es una tarea importante; cada quien lo hace a su tiempo. Una de las cosas esenciales para este emprendimiento es estar preparada para lo que conlleva eso y disfrutarlo.

Terminó su postre. Era hora de regresar al trabajo.

 

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 281. Caminar sobre la lluvia. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Caminar sobre la lluvia

El caer de la lluvia se escuchó. Sara se asomó a una de las ventanas de su casa. Observó que aún llovía. Recordó que tenía pendiente comprar la despensa de la casa; ella se había propuesto a hacerlo en esa semana. Normalmente se solía organizar con Raúl, su esposo, para alternarse en las compras en cada quincena.

–De haber sabido que tocaría lluvia en esta semana le cambio el turno a Raúl. Ahora estamos a mitad de semana y ya quedan pocas cosas en la despensa. Voy a salir, con todo y lluvia –señaló para sí.

Se preparó no solo mentalmente sino también se puso sus botas para lluvia, un rompevientos y su paraguas. Antes de salir revisó llevar la lista del mandado.
A Sara le gustaba caminar, lo disfrutaba, cuando llovía no le resultaba tan grato. Sin embargo, para su gran sorpresa la lluvia había aminorado.

Comenzó la travesía. Decidió ir al supermercado por la ruta de costumbre. Se percató que había varias cosas distintas. En primer lugar, alzó la vista al cielo y lo encontró más limpio; observó que las montañas que rodeaban a la ciudad donde vivía estaban hermosas, el verde oscuro resaltaba y le daba un toque mágico a la atmósfera.

Como segundo hallazgo, identifico que las calles estaban un poco vacías, había pocos autos y los rastros del agua se asomaban en diversas formas. Identificó muchos espejos de agua, como Sara solía llamar a los charcos que se formaban. A su paso fue observando el reflejo de edificios, árboles, palomas, jardineras en los distintos espejos de agua.De pronto, se dio cuenta de que iba caminando de manera pausada, disfrutando del recorrido, lo que en un principio le había causado incertidumbre, ahora le provocaba regocijo. Contempló su figura con el paraguas, escuchó con detenimiento la llovizna que aún persistía y el sonido de sus botas al pasar por los charcos formados.

A su alrededor pasó poca gente, algunas personas iban con paraguas, otras se cubrían con impermeables improvisados con bolsas de plástico de color negro. También se dejaron ver paraguas en colores fluorescentes que figuraban como pequeños detalles en la tarde gris. Y los vendedores de paraguas también se hicieron presentes.

Sara se detuvo un instante, su rostro hizo un leve giro de 180 grados para contemplar el paisaje. Sonrió, se sintió agradecida de caminar bajo la lluvia. Una lluvia que no solo había refrescado la tierra, regado las plantas, limpiado los techos y las calles, sino también le había dado el regalo de deleitarse con ella, de ofrecer la paz que el ajetreo cotidiano hace olvidar. Caminó un poco más y llegó a su destino para surtir la despensa de casa.

 

Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/
Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 281. El mar y la oscuridad. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 281

El mar y la oscuridad
Héctor Cortés Mandujano

El otoño recorre las islas (SEP-Era, 1985), de José Carlos Becerra, contiene todos los poemas que escribió este poeta tabasqueño antes del accidente que, en Brindisi, Italia, lo llevó a la muerte.
El libro agrega varios textos más. En uno de ellos, Becerra entrevista al gran Carlos Pellicer y éste le dice (p. 273): “El primer acontecimiento importante de mi vida fue cuando yo tenía cinco años: mi madre me llevó por primera vez al mar”.
Curiosamente, yo también fui con mi madre por primera vez al mar cuando tendría quizás seis años. No recuerdo los detalles de ese raro viaje que hicimos en un autobús donde iban (lo intuyo en realidad) padres y madres de familia, niñas y niños de mi escuela rural. No sé cuál fue la razón de ir al mar ni cómo mi mamá (que a veces tenía una timidez enfermiza, que yo aprendí y reproduje durante un tiempo) decidió ir conmigo.
Nunca he sido muy amiguero, de modo que no recuerdo a nadie de mi salón ni de mi escuela; a nadie del pueblo. Ni idea de quién y cómo era el chofer.
No hay en mi memoria nada del camino, ni siquiera de mi primer encuentro con aquel vasto universo líquido. Es curioso que incluso de mi mamá recuerde tan poco. ¿Cómo iba vestida, cómo era físicamente en ese entonces? En una clase de neurociencias, en la Universidad Veracruzana, nos pidieron que comentáramos algo de nuestra infancia que nos hubiera dado felicidad y sin pensarlo mucho yo recordé ese viaje y lo conté como algo fabuloso. Mi sorpresa fue que en cierto momento se me quebró la voz. Fue un instante. Me sonreí y seguí contando ya sin melodrama, divertido, porque de lo que se trataba era de recordar más bien las impresiones no los hechos.
Como suelo darle vueltas a mis emociones (y de eso iba el curso), me di cuenta de que ese fue el único viaje nuevo, largo, sorpresivo, al que fui a solas con mi madre. ¿Y por qué lo he olvidado casi todo? No sé.
Sin embargo, hay algo que se me quedó grabado y es lo que conté en nuestra sesión universitaria: mi mamá y yo íbamos caminando por la playa y de pronto, no sé quién fue el primero en hacerlo, hallamos una moneda, y luego otra y otra. Fue una sensación exultante. Hallar dinero tirado se me hacía como un cuento de Las mil y una noches que ya había empezado a leer o ya me habían contado.
Le pregunté algo así como:
—Mamá, ¿esto es un tesoro?
—Sí –me dijo–, aquí cerca se debe de haber hundido un barco y el mar está sacando el dinero que la gente llevaba.
—¿Y qué le pasó a la gente?
—Se ahogó.
No sé qué le hicimos a las monedas, en qué las gastamos. Tampoco sé cuánto tiempo estuvimos en el mar y a qué oscuridad se fueron los recuerdos que me trajo el recuerdo de Carlos Pellicer…
     
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 280. Entre sonidos, aromas, colores y sabores. María Gabriela López Suárez

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Entre sonidos, aromas, colores y sabores

La alarma del despertador sonó a las 7 de la mañana, aunque era sábado Julieta tenía que levantarse temprano para ayudar en casa y avanzar con sus pendientes personales. Quiso quedarse unos minutos más en cama pero prefirió no hacerlo e iniciar con su día. El canto de los pájaros fue uno de sus estímulos.

El ambiente en casa era muy tranquilo, aparte de ella nadie más se había levantado. Fue a la cocina, se preparó un licuado de mango y luego se puso a ordenar su cuarto. La actividad no le llevó más de una hora, así que después de eso se dio un baño. El agua la ayudó para que terminara de despertarse.

Se asomó frente al espejo que tenía en el cuarto, comenzó a peinarse y observó que sus mechones en tono  morado estaban ya por desaparecer. Le faltaba darse un retoque o teñirse el cabello; buscó en sus productos de belleza y no halló ningún tinte. Así que la compra se sumó a su lista de actividades.

Era alrededor de las 8:40 de la mañana cuando se escuchó movimiento en la cocina de la casa, Julieta se asomó, era su papá que estaba revisando qué les prepararía para el desayuno. Se encontraba en un dilema, entre chilaquiles rojos con pollo o huevos a la mexicana. A Julieta le gustaban ambos, así que no tenía predilección por alguno.

El resto de la familia no tardó en despertar, así que antes de las 10 de la mañana ya habían desayunado y Julieta estaba lista para ir a hacer sus pendientes.

—Juli, aprovechando que pasarás por el mercado, por favor, te encargo me compres unas frutas y un ramo de flores —dijo doña Roselia, mamá de Julieta.

—¿Alguna fruta y flor en particular? —preguntó Julieta.

Una vez aclarado el pedido, Julieta partió a hacer los mandados. Iba muy entretenida pensando en qué tono se teñiría el cabello, castaño almendra, azul, cobrizo, rojo. En menos de lo que se imaginó ya estaba en la tienda revisando las tonalidades. Rojo oscuro fue la elección. Su rostro dibujó una sonrisa de oreja a oreja, imaginando cómo se vería con ese color de cabello. Además se compró un par de ballerinas en tonos fluorescentes.

Acto seguido, se encaminó por los pedidos de doña Roselia. Cruzó un par de calles y alcanzó a percibir el murmullo de la gente que estaba haciendo compras y de la que vendía: ¿Qué va a llevar marchanta? ¡Pásele por aquí güerita! ¿Quiere probar el quesillo? ¿Cuánto cuestan los dulces? Me da una medida de mangos. La voz de Julieta también se integró a estas expresiones, ¿dónde puedo encontrar flores? La respuesta fue inmediata: de aquel lado chula, ahí están los manojos.

El mercado era un espacio de encuentros entre mucha gente, pero además de eso prevalecían algunos elementos que llamaron la atención de Julieta en ese espacio tan lleno de vitalidad y movimiento. Los encuentros no eran simples sino entre sonidos, aromas, colores y sabores, que sin duda, formaban parte del día a día y que muchas veces se pasa desapercibido.

—¿Solo eso marchantita? —dijo una señora a Julieta, al entregarle un manojo de flores de azucena.

—Sí, muchas gracias — respondió Julieta mientras disfrutaba el aroma de las flores que se mezclaba con el de guayabas y mangos de la vendimia cercana, cuyos colorido despertaba el apetito y qué decir, del aroma a café recién molido del puesto de al lado.

Julieta regresó a casa, no solo con los mandados realizados sino con el deleite del conjunto de sonidos, aromas, colores y sabores que había presenciado.

 

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/
Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 280. Margie Bermejo: Clavar los dientes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

      Polvo del camino/ 280

Apuntes de oído/ 22

Margie Bermejo: Clavar los dientes
Héctor Cortés Mandujano

Los compositores son Arturo Márquez, ese gran músico, y la propia cantante Margie Bermejo. La canción es muy creativa en música y letra, y barre la idea de usar la palabra zorra como insulto a una mujer.
Margie Bermejo nació en Argentina, en 1953, y llegó muy pequeña a México, donde, de adolescente, fue corista de cantantes comerciales de éxito. Su primer disco, Las cosas sencillas, en 1979, la presentó como una mujer de ideas y búsquedas, que luego se movió hacia al jazz (Morir amando, La eterna desventura de vivir, Agua en la boca…). Su discografía tiene un cuidado repertorio y mucha gana y talento para explorar nuevas posibilidades del canto. En su exploración artística grabó incluso, con Dmitri Dudin, pianista y compositor de altos vuelos, una cantata (Ofrenda del tiempo) basada en “Piedra de sol”, de Octavio Paz.
“La zorra” (del álbum Mamacita del Mayab, 2000) inicia con un arreglo muy teatral, con la sabia mano de Márquez, como el presagio de algo que aparecerá pronto, hasta que se oye la voz ronca, temperamental, llena de matices de Margie Bermejo: “La ciudad nos aguarda, nuestros cuerpos están calientes, en el día se forma un calambre de impotencia; en las nubes, en el pavimento”.
Creo que la primera vez que oí esta canción -no estoy muy seguro, y ya no tengo el LP como para verificarlo- fue en otro álbum de Margie: Vox Urbi, de 1989, un buen bocado para la puesta en escena y el arte musical e interpretativo, porque la cantante también es actriz (estudió con José Luis Ibáñez y con Héctor Mendoza).
La primera parte de “La zorra” es hacia afuera, hacia el contexto: “la ciudad me enamora […] vidrios rotos, cabezas despeinadas, el filo del cuchillo, los viejos en las plazas”.
El arreglo maravilloso lo envuelve todo, con una tensión especial en el puente y es la voz de Margie quien de nuevo desliza sus palabras a nuestro oído y ya no habla de la ciudad de afuera, sino de lo que la puebla por dentro: “Amo ciertos silencios, a las moscas en la cocina, a los que llevan la botella en el bolsillo; los que hablan solos frente a un espejo, las mujeres que han vivido, que han vivido a piedra y agua. Amo a aquellas mujeres que aprenden con los dientes, la lengua, con los dedos y con los apetitos de la mente”.
Sin duda, la gran frase de esta canción viene casi al final y me parece una definición frontal y valiente: “Amo el ahora y le clavo los dientes, como una zorra hambrienta”.
Luego Margie juega con su voz: grita, gime, hace un coro más bien de jazz con las dos sílabas: zo-rra. El arreglo, la música, la sigue con agilidad en los tumbos, los remansos, los géiseres, en los sorpresivos meandros de esta canción río…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 2. Tu nombre. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: James Collington: https://www.pexels.com/photo/nighttime-beach-bonfire-at-grover-beach-29931760/

TU NOMBRE

A veces cuando escucho tu nombre
me vuelvo un sin fin de emociones,
quisiera decirte que la ausencia que me dejas
es más grande que la soledad que la acompaña,
pero tu ausencia y la soledad no podían ser sin la otra,
la soledad era tu sola ausencia.
En esta vida no pude hacer lo que hubiera querido,
algo tan simple como tomar tu mano a cualquier hora,
algo tan mundano como abrazarte en las madrugadas,
ahora por las madrugadas lo único que me queda de ti
es un recuerdo y la insaciable sed que me dejaste.
Quisiera darme la vuelta en la cama y despertar
sabiendo que no fue más que una simple pesadilla,
que estás a mi diestra calentándome con la hoguera
de tus infinitos brazos, de tus dulces labios y todo tu cuerpo.
No te acepto así, lejos de mí, con la abstinencia
que tengo de ti, con la pesadez de que algo me falta,
y todo lo que me falta eres tú a cada instante,
y tu voz feroz que alumbraba mi camino.
A veces me digo que ojalá nunca te hubiera conocido,
pero conocerte fue lo mejor que me pasó,
acompañada de ese basto idilio,
acreedora de las mil y una noches en que te espero.

—Dante.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.