Cajón de rubores. 22. Niebla. Antonio Florido

Niebla

Por Antonio Florido

“En toda obra se unen un deseo, una idea, la acción y la materia”

Paul Valery
Se deriva un miedo personal del que pocos podrían dudar si se les diera el caso. Es un fuerte sobre la superficie que respira en los años atrasados de la historia. Aquello sucedió, y luego vino otro y sopló sobre la vela de su eco, porque los hechos se muestran, a veces, muy tozudos (alguien apuntó que demandantes); porque los acontecimientos divergentes nacen de la tragedia de querer artear con un pincel y ser dolido. Yo me lo figuro de un color como rojizo, hondo, triste, el que prieta mientras ves, en dos figuras arreciadas, en el centro definido, por un filo plateado que te inunda, arde. Es lo principal. Que qué representa, dice. Un reparto diminuto, perder poquita cosa, adueñar lo tuyo propio, amorear con el destino. Que qué dice, o representa, sigue. No más que una locura. La ilusión en plata, madero de la tierra argenta, el querer a toda costa extender el horizonte. No más que eso.
         (Por qué he de morir si la plana veladura de este abrazo seguirá viviendo).  
         -¿Podrías esculpir tus emociones?
         -Ni que lo pienses. Lo único que hago es buscar y no lo encuentro.
         -¿La concordia te refieres, un tacítisimo acuerdo?
         -Tus ojos. Tus ciegas intuiciones. Busco el alma tuya. El nido de tu nombre. Indago sin cesar, figurativa, alocadamente.
         -Pero ya no hay tiempo, ¡cucha! No hubo caso. Todos miran.
         -Sí. Quieren la opresión para estar allí, de pie, observando como búhos.
         -¿Crees que no servirá de nada? ¿Nuestro encuentro? ¿Nuestra muerte?
         -No. Englóbate. Muérete si es lo que deseas. Ellos decidirán, si acaso.
         (Mostrar un nivel de intensidad es necesario si lo que dedeas expresar es la narración dolorosa de lo que se relató en aquel cuadro)

           ¡Ahhhh!
         Por tanto, detén tu cavilar, observa, abre bien los brazos, hincha el pecho cuanto puedas, traga esa muerte que te adora, siente. Más allá sólo la cálida ternura de la sangre del rival. Emergió de la obscuridad, piensa en eso. Lo hizo con el lazo suave del silencio. Estuvo escondido lo que dura una vida de recelos. Incordió tras el árbol, sostuvo las quijadas, tomó su tiempo, aire. Después salió la luz sobre el agua en filo, lució el horizonte… Un hombre hierro, un ser de plata, gris, espejoso. Sonó como la lanza cuando se clava. Crujió el ansia, se hizo cuatro brazos en la zona inacabada de ese bosque. Uno hincó sus ojos, el otro reprendió lo que pudo. Los dos se fueron rejuntando en un amor incomprensible. 
         (No se sabe ¿? cómo terminó la riña. Tal vez ganara uno, tal vez el otro fuera). 
         Ahora ando, camino por las cuadras. Voy sabiendo en los demás la trágica tesitura acuñada por los años. Miro al niño que no habla, viejo sabio que se intuye, hombre adusto sobre la acera, mujer con la ira refrenada. En los ojos cristalinos nace el aura de un deseo. Yo camino, insisto, largo, voy sencillo, lento, sólo quiero eclectitud, medio giro en gesto. Hacer lo que se pueda, entrar y ver, sentir. 
          Un rojo intenso firma el trazo del olvido. Algunos piensan en el pasado, en lo que fue; otros, distraídos, quizás fabulen o traduzcan el sentido gesto del pintor. Por aquí el grito sordo del encuentro. Aparece la nostalgia, el color rosado que se riza. 
          Han salido. Nace la memoria, la quejura india que se nubla. Más allá, entre nieblas vespertinas, surge el alma, quema, duele.
	Deseo, Idea, Acción, Materia1.

El abrazo (1980). Jorge González Camarena (Jalisco, 1908-Ciudad de México, 1980)
Reflexión del nacimiento de la cultura mexicana, la búsqueda de reconciliación y el respeto a la riqueza indígena.
         Un guerrero águila entierra su lanza en un soldado español y éste, al mismo tiempo, clava su espada en el cuerpo del indígena.
        Una crítica a las divergentes propuestas ante las revisiones historicistas de tener un grupo llamado los hispanistas que menosprecian los logros alcanzados por las civilizaciones mesoamericanas y que establecen que la occidentalización de América representó no sólo modernidad sino la civilidad. Esas son formas que no están valorando la riqueza y la grandilocuencia de nuestras culturas ancestrales.

*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

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