Líneas de desnudo/ 69

Mi estofado de lentejas para hoy
Por Manuel Pérez-Petit

En algunas regiones de Italia como Nápoles, Sicilia y Calabria se conserva en Nochevieja una milenaria tradición que consiste en tirar muebles viejos por la ventana, costumbre fundamentada en la creencia de que al hacerlo se liberan de las cosas malas del año que termina. Hay quién cree de manera errónea que de ahí viene la expresión “tirar la casa por la ventana”, que es de origen español y tiene que ver con la lotería: los agraciados con premios gordos, ya desde el siglo XIX, tiraban todas sus cosas por la ventana a fin de comenzar una nueva vida. Sin embargo, todo está relacionado entre sí.
            Llegar al 31 de diciembre de cada año supone, de algún modo, haber terminado ese recuento de lo que ha sido el año y tener claros los propósitos para el año nuevo, que apenas se encuentra ya en ese momento a unas pocas horas. Hay quien hace su análisis en términos de éxitos y fracasos y quien lo lleva a cabo en relación a los objetivos que se marcó para los doce meses anteriores. Quien ve el vaso medio lleno y quien lo ve medio vacío. Quien se lame más que nunca sus heridas en estos días y quien los vive con aparente indiferencia.
            Diciembre tiene esas cosas: Por ejemplo, las listas –de mejores libros, películas, fallecidos…– que, a veces, nos sobresaturan incluso llegando en no pocas ocasiones a ser hasta ridículas. Pero las necesitamos y nos sentiríamos extraños si no las hubiera. Como la Navidad y el fin de año comienzan, por mor de la sociedad consumista que vivimos, cada vez antes, nadie debería sorprenderse que lleguemos a conocer listas de resumen del año que comiencen en octubre, con cientos de destacados, y en las que nunca apareceremos nosotros, por mucha expectativa que pongamos en el asunto, ni aunque hayamos publicado una novela de campanillas. El mundo está así, y así debemos aceptarlo. 
            Volviendo al 31 de diciembre, hay pocas tradiciones para este día como las lentejas. Esta legumbre simboliza muchas cosas. Por ejemplo, la abundancia, y en muchas regiones del mundo. Las lentejas tienen mucha historia. En la cultura judía, en las cenas de duelo de la víspera del ayuno del Ab, aniversario de la destrucción de los dos templos, son imprescindibles. Esaú, hijo mayor de Isaac y de Rebeca, vendió a su hermano Jacob su primogenitura por un plato de lentejas –de ahí viene la expresión “venderse por un plato de lentejas”–, como nos cuenta el primer libro de la Biblia, el Génesis. Los antiguos egipcios y los griegos comían lentejas en los rituales funerarios al creer que este guiso transformaba a los hombres en más alegres y confiados. 
            Se trata de un platillo caliente que combate con eficacia el frío, que es más ligero que el que se pueda cocinar con cualquier otra legumbre, que es muy barato y que en Italia es tradición comer junto a las uvas a medianoche. 
            La primera vez que comí lentejas en Nochevieja fue en Venecia en la madrugada del 31 de diciembre de 1983 al 1 de enero de 1984. Fue entonces que descubrí esa costumbre italiana y la sumé a mis hábitos. Desde entonces, en muchas ocasiones en esta misma fecha me he hecho mi estofado, como hoy lo haré.
            Ya lo tengo todo preparado: Un cuarto de kilo de lentejas, una patata, un chorizo rojo, unos trozos de tocino blanco y otros de jamón curado, un tomate, varias hojas de laurel, una cebolla, una zanahoria, dos dientes de ajo, pimentón dulce, pimienta negra, orégano, comino molido y, como es natural, la sal gruesa y el aceite de oliva. Todo tiene su razón de ser.
            Remojaré las lentejas con agua fría por un ratito, no más de media hora. Pelaré, lavaré y cortaré la patata y la zanahoria, aquella en trozos grandes y ésta en rodajas. La haré unos leves cortes al tomate, que debe ser maduro, y también lavaré solo con agua el chorizo –y lo trocearé–, el ajo y el laurel. Pondré la olla a fuego lento con un fondo de aceite de oliva. Agregaré el pimentón. Esperaré a que se caliente, momento en el cual llenaré la olla de agua. Echaré las lentejas, los trozos de patata y zanahoria, el tomate, la cebolla, los dientes de ajo, el tocino, el jamón, el chorizo, un par de pellizcos de pimienta negra entera y pimienta negra partida, un pellizquito de orégano y otro de comino molido, el laurel y, por último, un puñadito de sal. Taparé la olla y dejaré que se vaya haciendo. No hay que remover. Los buenos platos no merecen ser mareados. Lo importante es que haga ‘chup, chup’ –esto es, que nunca hierva–. En unas tres horas tendré mi estofado, siempre a fuego lento. Al terminar, lo dejaré reposar y esta noche será mi delicia.
            Quedan todos invitados. Buen provecho. Feliz año nuevo.
 Ya tengo las lentejas en casa, aún en su envoltorio, y las prepararé enseguida.
Fotografía: ©M. P.-P., 2021 (casi 2022).

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.