Polvo del camino/ 53

El bosque y el animal amable

Héctor Cortés Mandujano

 1
 
La loba dejó su manada cuando llegó el tiempo de su primer celo. Fundó una nueva familia con un lobo que ella eligió dentro de los varios que la pretendieron. Se hicieron padres muy pronto, pero hubo mala fortuna con los cachorros y, salvo una, murieron todos.
            La mamá cuidaba mucho a su lobezna hasta que el padre le hizo entender, con buenas razones, que tenía que dejarla enfrentar sus propios retos de animal salvaje.
            Ella, entonces, comenzó a hacerle pequeños encargos que la nena tenía que realizar sola, mientras la vigilaba sin que la pequeña se diera cuenta, hasta que un día decidió probar si sus enseñanzas ya habían cuajado en la conciencia de la lobita.
            Le dijo que los tres irían a visitar a la abuela loba (lo hacían con frecuencia) y que ella iría al frente. Los padres lobos le seguirían en el largo camino que, sabían, evitaba el bosque donde regularmente había humanos, esas bestias con las que no se podía razonar de ninguna forma.
            La lobita no mostró ninguna vacilación en tomar las distintas bifurcaciones, y madre y padre respiraron con tranquilidad cuando vieron la cueva donde vivía la manada de donde la ahora orgullosa mamá se había escindido, elidido.
 
2
 
Mamá loba dijo a su hija que esta vez iría sola a visitar a su abuela, pero que por ningún motivo pasara por el bosque, porque allí podría encontrarse con el hombre y era éste, como ya se lo había dicho tantas veces, una bestia muy peligrosa. 
          Lobita prometió a su mamá que tomaría el largo camino; sin embargo, cuando vio el atajo hacia el bosque entró en él sin ninguna duda, sin ningún miedo. Caminó por un sendero, a la vera de un arroyo, y se entretuvo unos momentos en intentar atrapar a unos peces que saltaban en la corriente.
          Iba distraída y se encontró, de pronto, frente a un animal bípedo que le decía algo que no alcanzaba a entender. No intentó correr porque sabía que la podía alcanzar con facilidad, pues estaban una junto al otro. Se mantuvo expectante. 
          ¿Era este un hombre? Parecía pequeño y amable, y hacía ruidos extraños para ella, pero tranquilizantes, amorosos. Se le acercó y puso la mano sobre su cabeza. Así estuvo por minutos; luego se hincó para estar más cómodo, y la acarició de cabeza a cola, mientras seguía haciendo amables ruidos con la boca.
          A la lobita le gustó la sesión de caricias, le encantaron los ojos que ese animal puso frente a los suyos, sus dientes blancos y los ruidos que hacía con su pequeño hocico; por eso, cuando aquel comenzó a caminar, le siguió.
 
3
 
El hombre vio que su hijo, un niño de ocho años, venía por el camino y detrás suyo un lobo pequeño, la ingenua lobita. 
          Fue con rapidez por su rifle, apuntó e hizo un disparo perfecto.
 
***
 
La Patricia es una gatita gorda, cariñosa, comilona. Es de Nadia, mi hija. Ella le tomó esta foto de mañanita. Pareciera que la Paty se ríe, pero es así: está bostezando. Qué flojera dejar el lecho.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com