Líneas de desnudo/ 9

De mi carpintería

Manuel Pérez-Petit

Fue un 29 de diciembre que me dije: Me aplasta la derrota de saberme un paria, de no poder tener asiento aunque lo quiera, de traicionarme por sistema y tropezar siempre en las mismas piedras, de esa parcela de mi soledad con la que no pacto, de mi rebeldía que no me lleva a ningún sitio, de estas palabras que no me sirven ni como parapeto porque son yo mismo, de tu ausencia, que por mi ser y estar en el mundo bien me explico..., y apostillé: Hay nublaos que encallan y no tienen cura... Aquello me duró todo el día, lo recuerdo bien, y la verdad es que me encontraba también bien. Por la noche tuve un encuentro inesperado, tras el que escribí: "Por fin encontré el motivo que me faltaba para poder hacer el retablo de mi vida. Errante he andado por los siglos hasta ver esta luz que es la Luz y el altar en que a ti y en tu espera me consagro... Sé que vendrás, y cuando llegues todo estará tibio y preparado. Desde ya me pongo la estola pues seré tu sacerdote. Y me desharé en liturgias que brinden culto a tu mente, tu alma y tu cuerpo, que somos ambos”.
          El 5 de enero, me puse de nuevo: "Sacerdote como soy de tu luz que es la Luz, ferviente de los milagros que solo en ti se hallan, en tu espera seguiré creciendo erguido y fuerte, dispuesto a cumplir todas tus liturgias, a convertirme contigo en el sacramento definitivo de nuestro encuentro, en mi pequeñez cada día más demostrada ante la grandeza de lo que somos, de lo que seremos, y alzo mi fuego por nosotros en la oración de amor que construimos”. Y el 8: "Me llega como la luz el rayo con que te anuncias, y todo se me vuelve trueno de repente, temblores me desatan y me atan a la llama. Es tu blusa la frontera que levantas con tus ojos y el sudor se mira en el espejo arando mis carbones. La playa se extravía con gozo y me marea saber que tu sabor es oceánico, que para siempre la tormenta ha de saber salada... Esto rima con tu nombre y esto eres tú, mi gavilana”. Ya estaba yo febril, y, cuatro hojas de almanaque más tarde, volví a anotar en mi cuaderno: "Verde. Como las esmeraldas que salen de tu boca, como el trigo que en ti germina, como el bajo Guadalquivir o las selvas que te circundan, como esas playas de oro y algas que soñamos, como los aguijones de miel que hay en tus ojos, como el color de tus abrazos, como tu corazón transparente, geografía de mi ser, ser de mi extrañamiento. Y verde porque me da la gana, que eso rima con tu nombre". Aquello no parecía tener fin, y a las 48 horas, ya el 14, desde otro enfoque, volví a la carga: "Manuel Pérez-Petit es, por lo visto, un hombre de grandes sentimientos... Y eso le convierte en potencia en alguien muy peligroso para sí mismo. Pero pase lo que pase, sigue creyendo en el agua y en la luz y en los milagros y en que las selvas son fértiles, y sigue firme, incorruptible, y nunca decaerá en su voluntad de crecer y seguir creciendo". No recuerdo bien la razón por la que me expresé en esos términos, sin embargo, a las cuatro horas, movido por un impulso involuntario, volví a tomar mi bolígrafo: "Me purifico, me limpio de presencias y de cosas que lejos de aportarme me empobrecen, me abro a la luz y a la Luz que de ti llega, me dispongo a recibirte, preparo las liturgias que a ti te corresponden, sigo prendiendo lámparas, continúo mi tarea de sacerdote que se pone en tus manos, me consagro y te miro, genuflexo y con el respeto que es a ti debido, y, porque además rima con tu nombre, la vida se engalana”. Todo siguió creciendo, no obstante, y el 17 de enero publiqué en Facebook: "Camino firme hacia nosotros, nuestra realidad, me juego los talentos recibidos a la carta que lleva por nombre nuestro nombre, me vuelvo ciego para siempre y así verte más que nunca y poder prender la vela que no existe y, por ello, la más viva que pueda existir... Y el yo tuyo y mío es un yo nuevo; un yo plural que alza catedrales... Y el mundo –y rima con tu nombre– es la más grande ventana”.
            Ya en ese punto, empezó a imponerse en mí la necesidad de ser discreto, pese a lo cual, el 18 publiqué: "De 8, cubo de 2, al cuarto primo –cuadrado de 2, por cierto, 4, a su vez mitad de 8–, que es 7, media el abismo de un palo en romanos, de oxígeno –8– a colores del arco iris –7–, de bola negra –8– a letra hebrea que representa los valores espirituales –7–, de justicia –8– a luz –7–... De 8 a 7 vamos al ciclo en que Dios creó el mundo –y rima con tu nombre– porque le dio la divina gana... Y cuando Dios descanse, llegaremos”. Y, como es lógico, tuve que explicarlo: "Por partes, el 8 se escribe en romanos VIII, y el 7, VII. Además, el 8 es el número atómico del oxígeno, el número que lleva la bola negra de billar y el octavo arcano del tarot (La justicia). 7 son los colores del arco iris. La séptima letra del alfabeto hebreo, llamada zain; representa los valores espirituales. 7 es el signo cabalístico de la luz y representación del ojo humano capaz de captarla; es el sefira neshá, el Triunfo o Carro del Sol triunfante representado por el séptimo arcano del tarot, según he leído. Dios creó el mundo en 7 días, pero el séptimo descanso, que aunque trabajó seis el siete también contó, siendo esto último lo más caprichoso de todo lo expuesto aquí. Y lo más envidiable. El del descanso es el más importante de todos los días. Por ello, hallaré la luz ahí y no en cualquier otro sitio ni momento. De todos modos, y perdóneseme una leve ironía más, que Dios descanse un poco no nos viene nada mal... Así también descansamos nosotros…” Y aún añadí: "El palo de más que tiene el 7 respecto al 8 escrito en romanos se me asemeja a un abismo..." y "El 8 es subdivisible mientras el 7 no. Hago una correlación de complementarios y antagónicos de igual forma, sin dejar a un lado lo paradójico, repitiendo incluso algún dato: A ver, de 8 a 7. Del oxígeno al arco iris, de la bola negra a lo que representa los valores espirituales, del arcano de la justicia al de la luz… Si siguiéramos una enumeración convencional, esto es de 7 a 8, los resultados no serían lo mismo: pasaríamos de un número primo a uno subdivisible, del arco iris al oxígeno, de los valores espirituales a la bola negra y de la luz a la justicia. Por tanto, no es lo mismo pasar de 8 a 7 que de 7 a 8”.
          Lo escrito el 19 de enero no favorecìa, he de reconocerlo, ese deseo de discrecciòn: "Al principio, Dios creó el cielo y la tierra, y creó la luz y la separó de las tinieblas... Dios ya te conocía, como queda demostrado –si no, ¿cómo iba a concebir el cielo y la luz?–. Al principio, pues, ya sabía de nosotros... Desde entonces hubo tarde y mañana, y rima con tu nombre, y es casi la hora de nacer, dando gracias al Cielo –esto es, a ti–, para la hora en que estamos para siempre llamados a encontrarnos". Y el 20 de enero lo rematé: "Yo soy más yo en ti que en mí mismo”. En realidad, yo ya estaba vencido. Las jornadas posteriores fueron de tensión y de silencio... Hasta que estallé en canciones el 25 de enero, y eso desató una tormenta. En la madrugada del 26, sentencié: "Escribir es lo que queda", y pocas horas después publiqué mi poema "Madrid, última nevada", lleno de incertidumbre, no en vano estaba a unas horas de tomar el vuelo. En Madrid nevaba y sentí cómo la nieve bendecía mi partida.
          ¿Qué fue lo que pasó en las siguientes 48 horas para que luego, ya el 28, yo escribiera: "El pecado es enamorarse. Lo que nos queda es vivir”? No se sabe… El 30 me dejé discurrir: " ...Once upon a time in America: Fourth day... together forever... Manuel is now in San Josè, Costa Rica... I will write later about my odyssey...", haciendo público en dónde estaba, y, transcurridas diez horas, asustado, dije: "¿Por qué quiere vendarme los ojos, coserme la boca, hurtarme la vida?", intentando calmarme, supongo, de algo semejante a una inundación. Un día más tarde, ya domingo, apostillé: "Aún no sé cuál es la deriva del despojo..."
          Y ya el lunes 1 de febrero: "Sigo creyendo en la luz y en los milagros, pese a ser el tonto más grande que pueda imaginarse”.

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Nota del autor
El 3 de febrero de hace once años escribí el presente texto que, de algún modo, no solo estaba influido por mi deriva de los meses anteriores sino que en su trasunto, en un plano interno, reflejaba lo que había sido y era de mí: una habitación alquilada en Madrid, un hostal en Sevilla por tres meses, el conocimiento de alguien entre tanto, y mi partida, un 26 de enero, bajo una preciosa nevada, de la capital de España camino de Bogotá, con destino final en San José, Costa Rica; una partida, dicho sea de paso de complejo regreso. En el tiempo en que hice esta especie de sucinto memorando, yo vivía en Costa Rica y estaba en la duda de si quedarme, viajar a México o a Argentina, o regresar a España… Yo estaba en esos días cruciales vagando en tanto escribía –reconozco que como poseso– por las calles de la más hermosa que bella pero entrañable y amada para mí San José. He de reconocer que el presente texto es pura carpintería. Y, por ejemplo, sin el efecto ordenador de sus líneas no hubiera podido cerrar mi serie Poemas urgentes.
           Cuando la semana pasada atrás releí estas hojas que hoy comparto, me di cuenta de que hay cosas que nunca cambian.



   
Fotografía: “Autorretrato de noviembre con ilusión de luz” © M P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.