Revista

Polvo del camino. 289. Porque tú volaste de mi nido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 289

Porque tú volaste de mi nido…
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Yo la amaba apasionadamente y con la inseguridad total de mis 17 años. Ana era amiga de mi hermana mayor, de su misma edad, 28 años, y desde la primera vez que la vi –a mis 14– admiré sus maravillosas y largas piernas, sus ojos adormilados y su boca sensual.
Me gustaba cómo fumaba Tirana (así le decía de “cariño” mi hermana) y me moría de placer cuando bajaba la voz y, ronquita, me decía algo en secreto. Pensé que me veía como el hermanito de su amiga cuando me acomodaba el cuello de la camisa (“eres guapito, pero a mí no me gustan los hombres descuidados”) y cuando me guiñaba un ojo y me mandaba besos de corazón de humo con su boca hermosa. Amaba también su perfume y su sonrisa abierta, de dientes perfectos.
Mi hermana andaba en no sé qué cosas y no pudo avisar a su amiga que no la acompañaría a un poblado cercano donde ella, mi amor secreto, haría una investigación para su trabajo, supongo. En aquellos tiempos no había internet ni celulares.
Mi hermana me dijo que la acompañara (“Pior es nada”, me dijo también), para que no fuera sola. Mi amor por Ana lo festejaba todo, así que la escuché arrobado cantar canciones de José José, mi favorita era “Volcán”, mientras ella manejaba su coche y yo iba de copiloto. No había en el mundo mayor felicidad que esa. Sí había, claro, y lo sabría pronto.
Terminó su trabajo en menos tiempo de lo que supuso y me dijo que fuéramos a un lugar menos caluroso. Yo dije que sí de inmediato. Al infierno iría, pensé, si me invitaba. Se metió a un motel. Me preguntó, cuando estábamos en la habitación, si yo era virgen y le dije que sí.
—Pues ya es hora de que dejes de serlo, ¿quieres?

Quedé sordo y mudo al regreso, como un zombi. Me metí a mi cuarto y daba brincos de alegría, como un idiota. No pude dormir esa noche. Trataba de cerrar los ojos y me daba cuenta que los tenía abiertos, pensando en ella. Comenzamos a vernos a escondidas hasta que un día Tirana me dijo que quería casarse conmigo. Me pareció una locura. ¿Qué iban a decir mis papás, mi hermana, su familia, nuestros conocidos?
Me dijo que iba a buscar un pretexto para irse a vivir un tiempo a mi casa y que quería quedar embarazada de mí. Que allá la encontrarían desnuda en mi cuarto y ante los hechos consumados, no habría marcha atrás. Me dio terror.
Apareció con una maleta y pidió a mis papás quedarse con nosotros, porque su familia, dijo, iba a estar fuera por las vacaciones. Un amigo de la prepa me había invitado a ir al rancho de unos tíos por una semana, pedí permiso a mis papás y extrañamente me dijeron que sí. Me fui sin decirle a Ana. Ella llegó y yo ya no estaba.
Sufrí como perro en el campo, incomunicado, aunque traté de que mi cuate y los demás no lo notaran. Cuando volví, mi hermana me dijo que Ana había decidido irse de nuevo a su casa, que nada más estuvo una noche con ella. “Te dejó un recado”, me dijo.
Mi amor y yo hicimos un lenguaje para mandarnos mensajes y que nadie los pudiera traducir si caía en sus manos. Eran dos líneas: “Nunca más voy a volver a verte. Mi venganza es que nunca me olvidarás. A partir de hoy no dejarás de soñar conmigo. No serás feliz. Eres un cobarde”.
Rompí su recado. A los pocos días supe por mi hermana que Ana se casaría con un novio que siempre tuvo y al que no dejó ni cuando supuestamente estaba enamorada de mí. Se casó y se fue a vivir quién sabe dónde. Nunca más la volví a ver, porque no fui a la boda y me la pasé a moco tendido en mi cuarto.
Su recado, que resumía el contenido de las canciones cursis de la época, resultó ser muy cierto. Acabo de cumplir ochenta años y anoche estuve llorando, porque la soñé, porque aún sigo enamorado de ella…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 288. Tejer la palabra, una labor desde el corazón. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Tejer la palabra, una labor desde el corazón

A mi niña interna, con mucho amor.

Con gratitud, a quienes forman parte de las Voces ensortijadas.

La lluvia que inició desde la tarde me acompaña mientras escribo estas líneas; en realidad tengo más acompañantes, los grillos que no dejan de sorprenderme, con su canto incesante, aún bajo la lluvia. Se siente muy grato escuchar al mismo tiempo el sonido de la lluvia que cae sobre las hojas de los árboles y crea una especie de ritmo, que se va dispersando y regresa. Y como en un quinto plano alcanzo a escuchar el canto de las ranas que, aunque lejano, es potente el sonido. Se me figura como si a través del canto expresaran la alegría por la lluvia. 

Hoy en particular, siento la presencia de mis ancestras y ancestros como en una especie de abrazo, de esos que apapachan lindo y que recuerdan lo bello de la existencia, de ahí que la lluvia y los demás elementos que comento sean elementos muy importantes, de conexión con la naturaleza. 

Vamos concluyendo el mes de julio, éste es un mes muy especial para mí, entre uno de los motivos principales es porque se celebra el aniversario de esta columna, Voces ensortijadas. Este mes la columna cumplió ocho años de su creación. El tiempo pasa pronto, en estos ocho años he tenido la oportunidad, el regalo, la bendición de escribir cada semana, sobre una diversidad de temas, y de que las Voces ensortijadas continúen teniendo los espacios para poder ser divulgadas, leídas, escuchadas y comentadas.

Me gusta recordar los momentos en la infancia y adolescencia que me remiten a mi gusto por la lectura y la escritura, bases importantes para el caminar de la vida. Este recorrido que inicié desde el 2017 que decidí escribir la columna me ha llevado a encuentros muy gratificantes, a volver la mirada no solo a lo cotidiano, a la naturaleza, a quienes me rodean, a mi terruño, sino también a los conflictos que se suscitan en los diversos contextos, también me ha reiterado la importancia del valor que tiene la escucha no solo para las demás personas sino también la escucha interna, volver la mirada hacia mí.  

Considero que la escritura se ha convertido en una parte esencial de mi cotidiano, me siento muy agradecida de poder hacerlo, sobre todo consciente de la responsabilidad que implica escribir para divulgar los textos y que estos textos tienen un acompañamiento colectivo. Escribir las Voces ensortijadas semanalmente, desde hace ocho años, es para mí una valiosa forma de tejer la palabra, una labor desde el corazón que me llena de entusiasmo, de emoción, donde la creatividad y la memoria se hacen presentes.

Agradezco mucho al público lector de esta columna, por su cariño, por su tiempo para leer, por resonar con los textos; muchas gracias a Letras, Idea y Voz, a Chiapas Paralelo, a Tropikalia, por el espacio que le siguen brindando a las Voces ensortijadas para su divulgación. Un abrazo con cariño para todas, todos, todes. La lluvia sigue, me parece que continuará toda la noche, arrullando los sueños, con los grillos que siguen animados para darle el toque mágico a este concierto de la naturaleza, como el festejo del octavo aniversario de esta columna.

Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/
Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 288. Semillas de titanio. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 288

Semillas de titanio
Héctor Cortés Mandujano

Comencé a leer en la mañana, hice pausa y concluí en la noche la breve novela Desde el jardín (Editorial Pomaire, 1974), de Jerzy Kosinski, en cuya contraportada dice mano anónima que era esta la novela que más inquietaba a Luis Buñuel. En la tarde del mismo día vi la película Titane (2021), de Julia Ducornau, que ganó muchos premios internacionales y cuya trama la ha hecho constante referencia al cine de Cronenberg.

Las dos historias son extrañas. En la novela, un hombre ha nacido y crecido en una casa rica donde tiene prohibido ir más allá del jardín, que cuida, y la recámara donde ve sin cesar programas de televisión. El Anciano (así lo llama) que lo protegía muere y la nueva sirvienta no sabe nada de ese jardinero que quizás tenga una incapacidad cognitiva. El despacho encargado del testamento le pide a este hombre sin nombre que se vaya y a él, que nunca había salido a la calle, le parece que esto es un nuevo programa televisivo y se comporta como un personaje.
Me salto hasta el momento en que le sugieren tener sexo. Él, salvo una revista pornográfica de alguien le enseñó (el libro, no nos olvidemos, es viejo), no sabe cómo los humanos se relacionan sexualmente. En la televisión, un hombre y una mujer se besan y luego la toma cambia a algo que no tiene conexión con el beso. Garden, como lo llaman, es joven y atractivo. Un hombre se desnuda frente a él, y él le pone un zapato en la entrepierna. Parece que eso hace gozar al otro. Qué raro verlo retorcerse de placer. Una mujer desnuda se mete a su cama, y él la ve extrañado. La mujer parece gozar sólo besándolo, acariciándolo, juntando su cuerpo con el suyo. Ella se enamora de cómo él la respeta (es casada), pero él no entiende qué debe hacer, porque no siente deseo, sólo curiosidad: ¿Esto qué es?

En Titane, la protagonista es una asesina múltiple, que no permite que ningún humano la posea. La intentan enamorar un hombre y una mujer, y a ambos mata. Un día, desnuda, oye los ruidos de un auto y sale a verlo. Tiene las luces encendidas y ella se sube a él (cuando niña, por un accidente de tránsito, le pusieron una placa de titanio, y desde entonces parece fascinarse con los coches). El automóvil se vuelve su amante activo, con la palanca de velocidades y un movimiento que comienza lento y termina en tremendas sacudidas.
Ella queda embarazada del auto. Es en serio. Hasta escurre aceite cuando se baña. Mata a varias personas más y para que no la aprehendan se corta el cabello, se venda el vientre (que ya delata su embarazo) y los pechos, y se desfigura la nariz a golpes. Se hace pasar por un niño desaparecido hace diez años y el padre, un capitán de bomberos, la reconoce como su hijo.
El tipo está más loco que una cabra y no hace caso a todas las advertencias que le hacen de que su dizque hijo parece un gay extraño, que finge mudez para no descubrirse por su voz.
La peli no es, evidentemente, para todos los paladares. Algo que me llamó la atención es cómo el padre lo quiere y lo protege, y cuando ella por enésima ocasión intenta escaparse la busca, la encuentra en el baño y ve sus pechos de mujer. La cubre con su toalla y le dice algo que a mí me pareció humano, bello y loco: “No importa quién seas, ni qué seas: eres mi hijo y te quiero”.
Si no tienes gustos convencionales, lector, lectora, creo que estas dos obras pueden encantarte.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 30. Amor animal. Nadia Arce

Fotografía: Nadia Arce.

AMOR ANIMAL 

No sabía, de este impulso nacido del vientre, de los ojos, de la boca. No sabía, que me podría dominar la ternura. No sabía, de la fuerza de los labios, del sonido en el cuerpo, de la luz de un amor distinto. No sabía.
Estoy enamorada con amor animal, con deseo ferviente, con esta inercia a no soltar, a confiar con toda la piel y a lanzarme a un terreno desconocido que me da inherencia la paz.
Mi ser es así, curioso, inquieto. Le gusta descubrir, analizar y amar. A veces sin ese órden, o casi siempre más bien. No importa, lo único que sé es que siento esta certeza, inequívoca que dar amor, produce más. Más de todo. Estoy en la ruta destino que buscaba, por fin llegó el cambio por el que supliqué. Lo hice con llanto en grito, con voz inundada y con los ojos ciegos por respuestas que fueron lejanas a mí. Hoy ya no tengo dudas.
Lanzarme al fuego de la acción, lanzar al fuego el dolor pasado, fuego incendio que me eleva hoy. Amo mejor así, con este nuevo traje, es afelpado, firme. Trae consigo esta nueva protección, este reluciente escudo invisible, que se encuentra en el fondo de las pupilas de mis ojos.
No sabía. ¿No sabía? Más bien no era sabia. Lo había olvidado tan solo. El amor que ama por instinto es mejor, el amor que brusco demuestra un poco de dulzura al mirar. Un arañazo, un olfateo, un pequeño pestañeo lento, me tienen loca, loca por acariciar, por acompañar, por morder en dosis mínimas y mininas, quiero enroscarme en esta reciprocidad, seguir viviendo distinto, animada, con tanta vida de amor animal.

Nadia Arce

«Dios creó al gato para que el hombre pudiese acariciar a un tigre».
Victor Hugo (1802-1885), poeta y escritor francés
Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: Nadia Arce.
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

De faros y foros. MAMA, I’M COMING HOME. Luis Daniel Pulido

Fotografía: onat çipli: https://www.pexels.com/photo/neon-sign-on-a-brick-wall-15463194/

MAMA, I'M COMING HOME

Fui un niño solitario. Conocí la violencia dentro de lo que era mi casa. Ocho años, apenas, por un par de miserables, “dos hermanos” horribles, la parte chiapaneca. Me replegué en mi imaginación: mis propias reglas, mis silencios, mi ausencia de esta tierra. Conocí el rock y he sido feliz con esa música. Tuve amigos dentro de esos escenarios, crecí con ellos. Me salvaron. Hoy murió Ozzy Osbourne, el Príncipe de las Tinieblas; con él brinqué, sané, fui realmente feliz. Ningún terapeuta y ningún psicólogo hizo más que él por mí.

All Boys!

Descansa en paz, gordo querido

Luis Daniel Pulido

Yo soy el buzo, tú la estatua, no lo olvido jajaja. Se me olvidó: saludos al gran Roger.


Sobre el autor:

Luis Daniel Pulido (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas).

Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.

Círculo dantesco. 5. Entendí. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Renato: https://www.pexels.com/photo/close-up-photography-of-hand-near-window-1264438/

Nunca entendí esto de las despedidas, mi corazón no asimilaba cómo era posible que dos personas que se querían tanto se despidieran, hasta que me tocó despedirme de ti.
Entendí que duele, duele desprenderse de la presencia, de la esencia, de los mensajes, de los sentimientos, de las caricias, de las palabras, de los sonidos y de cada pequeño detalle.
Pero no se despide porque se quiera, sino porque a veces es necesario, a veces es necesario recuperarse un poco de lo perdido, es volverse a encontrar con uno y abrazarse, creerse eterno y volver a lo mismo.
Y también sé que despedirse y dejar ir es muy distinto, pero yo no sé si me estoy despidiendo o te estoy dejando ir.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Polvo del camino. 287. Antes o después de los aplausos/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.

Polvo del camino/ 287

Háctor
Antes o después de los aplausos/ 1

El moño de una comunidad

Héctor Cortés Mandujano


El actor reina en lo perecedero. Entre todas las glorias,
la suya es, como se sabe, la más efímera

Albert Camus,
en El mito de Sísifo

Con mi amigo Alejandro Nudding montamos, hace muchos años, la obra de teatro Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, que es un diálogo entre un guerrillero torturado y su torturador. Hicimos varias funciones en varios lados y nos invitaron a una celebración poco común: un grupo guerrillero (los Villistas) celebrarían su aniversario y querían que presentáramos la obra en la comunidad elegida para el festejo. ¿Quién decidió eso? Nunca supimos.
Nos acompañaron varios (el chofer pertenecía a la guerrilla) y el camino estuvo lleno de peripecias, que cada cual contó a su modo en un número del extinto semanario Este Sur, en donde yo era coordinador de la sección Cultura. Sustos, polvo, piedras, incomodidades que fueron mermando las charlas hasta desaparecerlas. Llegamos al fin.
Lo primero que me sorprendió es que la canción que nunca cesó de sonar en el día y medio que permanecimos allí fue “La del moño colorado”. Creo que por eso la guerrilla es imposible –hago un guiño al título del libro de mi amigo Julio César López– en nuestro país. Habría que tener otro nivel musical, creo.
No suponía que iban a tener un teatro para la representación, pero no se nos ocurrió que iba a ser en un patio, donde también estaban estacionadas las camionetas y los camiones de redila que trajeron a la gente de quién sabe dónde. Qué esperanzas de cambiarnos y maquillarnos en un lugar que no fuera expuesto. No había sillas, de modo que el público (con muchos niños) estaba de pie y hubo que pedirles que nos dieran un espacio para movernos. Anochecía. Y este sí sería un serio problema, porque no había más que algún foquito que brillaba por allí en la comunidad.
Pero había camiones de carga. Hablé con los choferes y les pedí que apagaran los fanales de sus camiones con la tercera llamada, y que la encendieran y la apagaran cuando dos compañeros que habían ido con nosotros lo indicaran. Esa fue nuestra potente iluminación.
Necesitábamos dos sillas: una para Pedro-Álex y otra para mí. En cuanto pusieron la mía, un nene de quizás tres-cuatro años se sentó en ella. Ni modo de sacarlo. Cuando caminábamos, ya en personajes, más de un perro nos estorbaba para caminar y había que rodearlo. Algún niño me tapaba el camino y alguna señora me tocó el pecho, sonriente, no sé si por simpatía o por dudas (de no sé qué). La gente aguantó las peroratas de la obra y se fue ciñendo cada vez más sobre nosotros. Por fin, terminamos, casi con la gente encima. Los camiones apagaron sus fanales. Cuando las volvieron a encender, Álex y yo agradecimos al público que aplaudía, reía, nos quedaba mirando con expresiones disímbolas, nos tocaba: ¿Qué habíamos hecho, qué era eso, quiénes éramos nosotros?
Nos ofrecieron una casa en construcción (sin luz, por supuesto) y nos dieron prestadas unas lámparas sordas para caminar entre el monte para llegar a nuestro hostal. No había camas, aunque algo habían puesto en el suelo para que no lo sintiéramos tan duro. Conversamos, con seguridad, aunque de eso nada recuerdo. Supongo que dormir no fue tan fácil. Lo que más recuerdo son los fanales en los que morían bichos atraídos por la claridad y la gente pegada a nosotros, mientras nosotros intentamos contar una ficción en esa descarnada realidad…
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 287. Acompañada por la naturaleza. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Acompañada por la naturaleza

Elvira revisó el mensaje que le anotó en un papel su abuelita Esther, para no errar y confundirse en las piezas que tenía por encargo comprar en la ferretería. Después de haber buscado en dos tiendas y comparado los precios, había decidido hacer las compras en la tienda ubicada más lejos de casa. Por suerte, Elvira se puso la gorra para salir por el mandado. El sol veraniego estaba no solamente radiante sino sumamente cálido.

Caminó hacia la parada del transporte público, subió a la ruta 231. Tuvo la fortuna de hallar lugar cerca de la ventana, pagó su pasaje y luego, cerró un instante los ojos. El calor le daba mucho sueño. El movimiento del colectivo fue como una especie de arrullo.

–¡En la parada bajan por favor! –se escuchó la voz de un adolescente.

Elvira abrió los ojos, su rostro buscó alguna señal para ubicar cuánto le faltaba para bajar, qué suerte, pensó, todavía no es el rumbo. Cuando llegó a la calle, pidió la parada. Entró a la ferretería, la atendieron sin demora y regresó con el pedido para la tita Esther.

El calor se había tornado más sofocante. Elvira no quiso regresar en colectivo, ni en taxi, decidió que iría a casa caminando, por la zona de los andadores. Pasó por una botella de agua a la tiendita más cercana y emprendió la travesía. Tenía rato de no caminar por ahí, se animó a hacerlo porque estaban rodeados de árboles propios de la región y estaría más fresco.

Elvira se felicitó por la decisión, tenía que caminar un rato, pero la sombra de los árboles era un gran regalo. Mientras iba avanzando observó no solo el verde de los árboles sino también hermosos colores de las flores que había, vio las que parecían campanitas blancas, campanitas lilas, flor de mayo en tono blanco y rosa. Escuchó el canto de los pájaros que habitaban el espacio, muchos zanates y algunos cotorros.

Por un momento pensó que alguien podría aparecer de pronto y darle un susto, los andadores no tenían muchos transeúntes. Sin embargo, ese pensamiento se esparció y, por el contrario, sintió una especie de cobijo por la naturaleza. Contempló con asombro los troncos gruesos de árboles adultos que seguramente tenían muchos años de vida. Recordó relatos de la abuelita Esther. Les agradeció la sombra, la vida, el estar ahí.

A medida que iba cruzando andadores Elvira se dio cuenta que, aunque pocas personas, pero sí había por esos rumbos. Observó a un par de enamorados platicando muy animadamente, un señor que tomó un descanso en una de las banquitas que había, una señora que llamaba por teléfono, una chica que estaba muy atenta observando los árboles, un repartidor de agua y por supuesto, ella, Elvira, que esa tarde de verano había experimentado una sensación tan bella al caminar por esa ruta, sentirse acompañada por la naturaleza.

Apresuró el paso, se había terminado la botella con agua. Ya faltaba poco para llegar a casa.

Fotografía: MGLS.
Fotografia: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Liminar 1. Cuando un artista se enamora. V. Balltre

Fotografía: Ivan Samkov: https://www.pexels.com/photo/boy-in-orange-and-brown-sweater-holding-white-and-blue-floral-painting-6816545/

Liminar

Cuando un artista se enamora
V. Balltre

Como artista buscas lucrar y expresar lo que habita en tu interior, quizá en la oscuridad del mismo, quizá alegues nunca haberte enamorado, pero cierto es que no hay romántico más empedernido.
Al conocer la maldición de cupido es inevitable que todo gire entorno a tu musa. Comienzas a pintar con blanco y dejas al rojo a un lado siempre y cuando no pintes corazones en el cuadro. Dejas de terminar las historias con trágicos finales y comienzas a dejar ser felices a tus personajes sin atar sus sentimientos de papel. Los poemas dejan de ser tortuosos y comienzan a hacerte chispear el estomago. Las canciones no hablan mas de olvido y sufrir, comienzan a tratarse de tu musa y el sentir. Tus esculturas dejan de expresar cansancio y desgaste, comienzan a ser limpias casi cual Miguel Ángel. Los pasos en el baile dejan de ser bruscos y ansiosos. El fluir y el sentimientos estallan de entre tus pies y el piso. Y que decir del musico, quien puede con solo los ojos de su amor escribir la melodía mas hermosa, que al escucharla puedes sentir la mirada de la musa.
Un artista nace en cualquier lado, un artista nace todos los dias y en cuanto pisa la tierra comienza a sufrir por el impedimento de esta. Ser artista ya es tabú porque a lo cómodo no le gusta la revolución, pero que seriamos sin ellos y sin su sentir cuando se enamoran o cuando lloran y luego encuentran otra castálida. Que seria del orbe madre sin la colisión del virtuoso, y qué sería de él sin el castigo de su inspiración.
Pensando en mis predecesores, puedo lamentar a Da Vinci, aquel hombre genio que por buscar la perfección anatómica en exhumar cadáveres olvidó que lo perfecto mas allá del detalle es la inspiración que te llega al amar. Como el siempre surreal Dalí, que encontró su mundo en la bella Anna María. No olvidemos a la imperfección en los cuadros de Modigliani aun cuando Jeanne era la viva imagen de lo hegemónico. Que decir del incomprendido Goya, quien encontró en la muerte su musa, en los monstruos de su interior que convirtió en arte y lo mucho que lo compadezco o Monet que sus obras de arte aun cuando pacificas y hermosas, al acercarte encuentras el caos de su alma.
Numen disfrazados de humanos y los pobres ángeles artífices admiradores de estos seres crueles con el mundo del mago. Cuando un artista se enamora puede ser una desgracia o puede adornar murales del sentir.
Las personas son momentos, son fugaces, etereos, son desgracidamente mortales. Las experiencias de un artista impactan diferente al mundo, mientras que para lo común son instantes, para un autor virtuoso es posteridad, es inmortalidad y una colisión al mundo y a sí mismo.
Si enamoras un artista, ahora eres hipocrénides. Si un artista se enamora, vivirás en la eternidad de su obra.

El artista
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.

*Sobre la autora:

V. Balltre

Escritora emergente

Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente
originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las
prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda.
Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas
publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V.
Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario.
Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.

Voces ensortijadas. 286. Contemplar el ocaso. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/

 Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Contemplar el ocaso

Esa tarde de verano Elvira se sentó en una de las mecedoras que tenía justo a la mitad del patio rodeado de árboles, en su casa. Recordó con cuánta ilusión Gilberto, su esposo, y ella habían elegido el espacio en el que podrían construir su casa. Dentro de las propuestas que ella hizo fue elegir qué árboles plantarían y participar en la siembra. Desafortunadamente, a Gilberto ya no le tocó acompañar a Elvira ni a su hija e hijos en buena parte de sus planes. Falleció muy joven, en un accidente en carretera.

Cada árbol que estaba plantado era una especie de aliento para Elvira, recordó lo difícil que había sido la crianza de la hija e hijos. Observó sus manos, con las muestras de expresión que deja el paso de los años. Las acarició suavemente. Muchas horas habían sido de costurar a mano y luego a máquina para poder entregar los trabajos con los que pudo sostener a su familia. 

El viento acarició su rostro y movió las ramas de los árboles. Elvira alzó la vista al cielo, ningún rastro de lluvia. Los recuerdos siguieron asomándose en la mente y en el corazón. El patio era testigo de las grandes carreras que pegaban Leticia, Alfredo y Roberto, durante la niñez. Luego ese espacio había sido partícipe de los primeros pasos de Eneida, Francisco, Lourdes y Leonel, sus nietas y nietos, que ahora entraban en la adolescencia. 

Además de su familia biológica, las charlas tan amenas con sus amistades y vecinos de la colonia eran parte importante de ese espacio. Las mecedoras no solo eran muebles cómodos, sino que también formaban parte de las historias de la familia de Elvira, tantas anécdotas contadas desde ahí. Nuevamente levantó la mirada, no tardaba en comenzar a ocultarse el sol. 

Sonrió para sí, mientras decía:

–¿Qué tal la vida Elvira? ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué sueños tienes pendiente todavía?

El canto de un colibrí atrapó su atención, su vuelo fue efímero, para ella fue un gran regalo. Su corazón sintió una especie de emoción, vaya que todavía tenía sueños por cumplir. 

Instantes después, alzó la vista para contemplar el ocaso. Pensó que cada etapa en la vida había que disfrutarla y vivirla plenamente. Deseó que, como ella, una mujer adulta, abuela y madre, muchas más mujeres pudieran darse la oportunidad de encontrar qué les faltaba por vivir.

El sonido del timbre la hizo recordar que esa noche su comadre Esther la había invitado a cenar tamales de pollo con verdura y de bebida, un rico chocolate. 

–¡Ya voy, ya voy! – exclamó Elvira, al tiempo que se levantaba de la mecedora. 

Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/
Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.