Revista

Disquisicionario. 1. Disquisiciones. Esteban Martínez Sifuentes.

                       
Disquisiciones
Esteban Martínez Sifuentes*

Disquisicionar es un verbo infrecuente que suena a neologismo campanudo o bien a ranciedad decimonónica. Viejo sí es y, no obstante, útil por sus matices insustituibles. No alude más que a meditar con cierto detalle y sistema en todo y nada a la vez, sin ataduras, casi porque sí. No es buscarle tres o cinco pies al gato (o también, por qué no), es abismarse justo en los que tiene y asombrarse por su funcionalidad y armonía.
Es inherente al ser humano ponerse a pensar con gravedad y aprensión, con mayor o menor frecuencia, en las cosas que le afectan y lo obligan. La familia, el empleo, el dinero siempre de cosecha tan mezquina, la fragilidad de la vida a partir de una enfermedad. Es razonable que así sea, pero a veces nos pasamos de tueste. No resolvemos nada y nos angustiamos más, o aplicamos una cataplasma que caduca a los tres días.
Solemos cambiar intensidad y coyuntura por nutrimento y sabor. No hay verdadera reflexión, en calma, con regodeo, subiendo alto en la montaña pero sin descuidar el sendero de regreso. Aquella, en fin, que es pausada, gratuita, a solas al aguardar a que brote el agua caliente de la regadera, encaramado en la fronda de un árbol o bocarriba en la cama cuando todo está en reposo, empezando por nuestro ser interior.
¿Por qué no filosofar, examinar también de vez en cuando los objetos pequeños y obviados por el horario y el maldito tráfico, útiles o inútiles? Si son prácticos, ¿por qué?, si son imprácticos, ¿por qué? ¿Por qué ese pliegue, ese tamaño, ese color, esa forma? Si algo existe en el mundo es por algo, alguien lo imaginó y creó con alguna intención de trascender o justificar su paso por este valle de sol y lágrimas. En otros casos el objeto, cosa o chirimbolo ya estaba ahí cuando emergimos como especie, razón de más para cavilar en ese algo, en sus peripecias y misterios. La rueda, la pluma, el foco, la parte izquierda de nuestro cuerpo… ¡Existe tanto en que disquisicionar que abruma! No, el verbo abrumar está vedado en este disquisicionario.
Photo by Lukas Rychvalsky on Pexels.com
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Voces ensortijadas 242. El encanto sonoro de la noche. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El encanto sonoro de la noche

La época de lluvias estaba en su apogeo en el verano. Bertha disfrutaba de la lluvia, siempre y cuando estuviera en casa. Tenía gratos recuerdos de pequeña cuando en los días lluviosos las clases en la escuela se suspendían. Ella y sus hermanos solían jugar, inventándose historias que iban en barcos y transformando la sala de su casa en ese escenario.
El fin de semana Bertha, Amparo su pequeña hija de cinco años y Jacobo su esposo habían quedado de acampar en el patio de su casa. Amparo tenía mucha emoción por acampar; la situación económica en la familia no estaba tan generosa para salir de paseo fuera de la ciudad, así que Bertha propuso hacerlo en casa. A Jacobo y Amparo les pareció buena idea.
Cada integrante de la familia tenía asignadas tareas y las realizaron. Amparo buscó las lámparas de mano, unas cobijas y tapetes para colocar en el piso. Jacobo preparó los sandwiches para la cena. Eligió hacerlos dulces y salados. A Amparo y a Bertha les gustaba la mermelada de higos, también el atún con aguacate y lechuga. Bertha fue a buscar la casa de campaña que tenían tan guardada que le costó encontrarla. También preparó un té de zacate con una pizca de canela. Ésa era una bebida caliente que les encantaba.
Mientras buscaba la casa de campaña, Bertha halló unas velitas que había olvidado que tenía en casa. Se le ocurrió que podría colocarlas en vasos chicos y hacer como un pequeño camino con ellas que le diera un toque especial frente al campamento.
Entre los tres instalaron la casa de campaña, la reforzaron por si acaso llovía, acondicionaron al interior. Jacobo fue por la cena y Bertha con ayuda de Amparo prendió las velitas. Eran alrededor de las siete de la noche cuando el campamento ya estaba listo, así que decidieron entrar. No solo Amparo estaba emocionada también su mamá y papá.
Entraron a la tienda de campaña, prendieron las lámparas. Acto seguido comenzaron a caer unas gotitas de agua, estaban con tal algarabía degustando la cena que no alcanzaron a percibirlas hasta que la llovizna dejó de serlo para tornarse en una lluvia más fuerte. Amparo no tardó en preguntar si la casa de campaña resistiría a la lluvia, Bertha le dijo que sí, secundada por Jacobo.
Jacobo propuso leer el libro Las mil y una noches, como por arte de magia, lo sacó de una de las cobijas. Bertha y Amparo aceptaron, cada quien fue leyendo en voz alta una parte. Estaba tan entretenida la lectura que se olvidaron de la lluvia, hasta que Amparo dijo,
—¿Ya no está lloviendo?
—Es cierto, ¿tienen sueño? —preguntó Bertha.
—Yo no, ¿y ustedes? —respondió Jacobo.
—Tampoco —dijo Amparo.
Bertha les propuso acostarse, apagar las lámparas y disfrutar el encanto sonoro de la noche. Justo después de la lluvia había una especie de magia con los sonidos. Les invitó a disfrutarlos. Así, fueron distinguiendo el canto de los grillos, el croar de las ranas, el gotear de algunas hojas de los dos árboles que tenían en el patio y cerca de donde estaba la casa de campaña, más allá los ladridos de algunos perros de casas vecinas. Esa noche la lluvia había sido un bello regalo para disfrutar más su campamento.


    
Photo by Pixabay on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 242. La sabiduría del sinsentido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

                 	Polvo del camino/ 242

La sabiduría del sinsentido
Héctor Cortés Mandujano

Hola, oscuridad, mi vieja amiga…

De la canción “Los sonidos del silencio”,
compuesta por Paul Simon

Me doy cuenta de lo minúsculo que soy, de lo irrelevante, de la casi nada que he aprendido en la vida, cuando de madrugada me despierto porque oigo voces que, en un idioma que no entiendo, que no hablo, parecen referirse a mí. Es una inferencia, claro, porque nada puedo descifrar de sus palabras a sotto voce. Pienso –y tiemblo– que son demonios.
Abro los ojos y sé que estoy semidesnudo bajo las cobijas, que no tendría oportunidad de buscar algo con qué defenderme si ya estuvieran listos para lanzarse sobre mí. Intento pensar con más calma y descubrir de dónde vienen las voces. Parecen estar dentro del cuarto, pero hay viento y éste quizá sea nada más la vía, y algunos extranjeros –un hombre mayor y una mujer joven, si tuviera que pensar en dos humanos– cerca de casa conversan en esta madrugada y su charla llega hasta mis temerosos oídos. Mi espanto es de cuerpo completo. Toco mis genitales: tienen miedo también.
Mi mano es un temor de cinco dedos temblorosos.
¿Qué podrían querer de mí dos demonios? No soy ni un iluminado ni un pecador. “Soy un pecador promedio”. ¿Para qué podría servirles mi alma? ¿Para qué discutir cerca de mí, cuando tiene órdenes –¿de quién?– de llevarme y ya?
No sé si la tranquilidad de que ya me llevarán hace que me duerma nuevamente y sueñe con la finca en que nací. Soy un niño y estoy en el largo corredor de ladrillos. Es de tarde. Las seis. Frente a mí, donde debiera verse el aire transparente y detrás de él (¿detrás del aire? ¿Es eso una metáfora? ¿Será comprensible para alguien ese, digamos, concepto?) el cerro, los cerros en donde se han paseado tantas veces mis ojos, hay una neblina negra, un humo muy oscuro. No es por quemazón.
La negrura, la oscuridad, viene rumbo a mí, va cubriendo todos los huecos antes de tragarme y volverme parte de ella. Soy la noche, pienso. Soy lo oscuro. ¿Y por qué sigo pensando como una persona y no anulo todo y me convierto en la negrura amorfa, sin sentido, sin pensamiento, sin palabras? Porque esto es un sueño… y me comienza a dar miedo.
Despierto. Escucho voces. ¿Qué dirán?
Me duermo.
Sueño con voces infantiles que me previenen de un peligro. Sueño que en la noche más lejana de un cerro estoy sentado en la cúspide, pensando en los latidos de mi corazón. Sueño en que dentro de mi corazón ha caído la noche. Sueño que la noche es mi corazón. Sueño que mi corazón duerme y me habla con palabras que no entiendo.
Despierto y siento que lo he entendido todo, porque mi corazón ha sido obsequiado con la sabiduría infinita de todas las edades, y que voy a compartir mi conocimiento de la vida en una cuartilla o dos o tres, no hacen falta más…
Y de pronto, cuando empiezo a escribir, me atoro en lo que quisiera decir y lo mío se vuelven palabras que no van a ningún lado, como si fueran dichas en secreto por diablos que no saben el lenguaje humano y llegaran a los oídos de un hombre que duerme en un cuarto que es el mío y que nada entiende y siente miedo por los sueños inocuos que sueña sin cesar, que no tienen sabiduría sino sólo sinsentido...


Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 241. La vida es una fiesta. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

La vida es una fiesta

Julieta había quedado de comer el sábado con Mónica y Ramiro, dos de sus amistades de la época universitaria. Pese a su intensa semana laboral había despertado temprano ese día, tenía alrededor de un mes sin hacer su rutina de caminata en fines de semana. Echaba de menos salir a caminar, disfrutar la mañana sin prisas, escuchar el canto de los pájaros que solían habitar el parque por el que normalmente pasaba como parte de su ruta y observar esos detalles que de lunes a viernes pasaba inadvertidos por el incesante transcurrir del tiempo.
Mientras caminaba se percató que había nuevos murales en algunas bardas de casas, varios de ellos con alusión a temas de cuidado a la naturaleza. También encontró pequeños letreros como señalética para recordar depositar la basura en los botes. Eso le alegró no solo la vista sino también el corazón, sobre todo porque en esa zona había pequeñas áreas verdes y más de una ocasión ella había levantado botellas de plástico que la gente tiraba.
—¡Ojalá que estos murales nos hagan reflexionar y tener presente que si cuidamos a la naturaleza nos cuidamos! —se dijo en voz alta.
Continuó su recorrido, hizo una pequeña pausa para tomar agua, se dio cuenta que aunque era sábado había mucho movimiento, personas en distintas faenas, ésas que normalmente no tenía el gusto de observar en la semana. Se alegró de haber retomado la caminata, decretó desde su corazón que el tiempo tenía que ser su aliado, para poder disfrutar al máximo cada instante.
Al retomar su caminata vio a lo lejos que unas personas adultas mayores tenían una plática amena en la puerta de una casa. Al pasar cerca de ellas se dio cuenta que era una señora y dos señores quienes conversaban. El rostro de las tres personas mostraban alegría, la señora era quien tenía el turno de la palabra, justo cuando Julieta pasó frente a ella la escuchó decir:
—¡La vida es una fiesta! Reímos, bailamos, luego paramos, nada es para siempre.
El tono en que la señora expresó su sentir hizo mover muchas emociones en Julieta, cuántas veces se podía olvidar que la vida es una continua sucesión de oportunidades para estar y vivirlas. Vinieron a su mente los instantes de agobio y estrés en su dinámica cotidiana, había tanto que soltar. Siguió su caminata con más ánimo para luego dirigirse rumbo a casa.
Al llegar a su domicilio respiró profundo, vaya que la actividad había sido intensa, no solo por haber retomado el ritmo de hacerla sino por la cantidad de paisajes con los que se había deleitado. En eso estaba cuando escuchó su celular, era un mensaje de Ramiro, les preguntaba a Mónica y a ella si confirmaban la comida de esa tarde. Mientras Julieta respondía el mensaje afirmando que ella ya tenía agenda apartada para comer con ambos, que tenía muchas ganas de saludarles y conversar largo y tendido, sonrió para sí. Luego se dirigió a la cocina para ver qué prepararía de desayuno, el canto de un pájaro se escuchó como fondo musical y en su mente resonó nuevamente la frase, la vida es una fiesta.

    
Photo by Ylanite Koppens on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 241. Banderas y Gosling. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                 	Polvo del camino/ 241

Banderas y Gosling
Héctor Cortés Mandujano

Antonio Banderas (Málaga, 1960) comenzó su fama pública de la mano de Pedro Almodóvar, en su natal España, con títulos que ya son emblemáticos y que escribo como los recuerdo, sin orden: Mujeres al borde un ataque de nervios, Átame, Laberinto de pasiones, Matador, La piel que habito… hasta llegar, en 2019, a la que me parece su mejor colaboración, en una gran película: Dolor y gloria.
Cuando ya era una figura reconocida en España, Banderas decidió emigrar a Hollywood y allá ha hecho un poco de todo: basura, cintas medianas y, de vez en cuando, alguna interesante. Este actor a mí me ha perecido siempre, como dicen los españoles, resultón, es decir, que hace bien su trabajo y ya está. Era guapo y musculoso, y llegó a encarnar el asunto del macho latino. Con esas cartas logró infinidad de naderías.
Era difícil, yo así lo veía, que tocara la gracia, la excelencia en sus interpretaciones, salvo en una película que a mí me pareció insospechada, donde además sólo tiene la voz como única arma para hacer su labor: el Gato con Botas, en Shrek 2 (2004).
Me parecen fascinantes sus matices, su capacidad de seducción, su enormísima facultad de hacer entrañable un dibujo animado. Vi la cinta en inglés y en español (él es el personaje en ambos idiomas) y hace una faena maravillosa en las dos versiones.
Banderas me pareció desde entonces ya no un tipo con suerte, y con una imagen que de algún modo le abría puertas a papeles donde hacía el trabajo decoroso que en general hace, sino la voz del Gato con Botas, es decir, alguien ante quien me quito el sombrero… El Gato con Botas es una caricatura que me hace feliz, cada vez que la veo. Después, en Dolor y gloria también me parece que brincó a un escalón interpretativo mayor. No sólo es, pues, mi gato favorito.

Ryan Gosling (London, Ontario, 1980) es otro actor que, según yo, hace correctamente su trabajo: canta, lo mismo que Banderas, y baila, además de actuar. Ha estado en varias películas exitosas y me parece que se cotiza bien como un galán atractivo. A mí no me convence en ninguna de sus intervenciones, aunque creo que técnicamente es irreprochable en Diario de una pasión (2004), Drive (2011), La La Land (2016) y Blade Runner 2049 (2017), por mencionar sólo algunas.
Pone bien la cara en la pantalla, cuida sus músculos, sabe cómo seducir a las audiencias, pero a mí siempre me pareció un chico listo, nada más, hasta que lo vi en Barbie (2023, dirigida por Greta Gerwig). Qué manera de hacer creíble la vida de Ken, un muñeco; qué gran interpretación, qué bien canta y baila (lo había hecho ya en La La Land), qué gran actor… Por supuesto que merecía el Oscar.
Se dice regularmente que no hay papel pequeño, y a mí me pasó que reconocer la valía, el talento, la capacidad de interpretación de estos dos actores famosos llegó por las vías menos esperadas: cuando uno hizo de un gato y el otro de un muñeco. Pero es que lo hicieron fantásticamente…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 10. Dos viven en ti. Nadia Arce

                   
Dos viven en ti
Por Nadia Arce

Dos hombres. Uno que acaricia, respalda y comprende. Otro que juzga, agrede y atropella. Uno me mira desde la orilla del mar, me invita a escuchar las olas, sabe que me gusta bañarme completa. Otro está en medio del incendio, el odio se le escapa por los ojos, el rojo de su sangre es una pelea continua y le temo. Al primero no sé si debo amarlo, porque dentro de sí mismo resguarda al de la mirada envuelta en llamas.
Y soy la misma, pero ya no hago lo mismo. Soy esa a la que han gritado a puño abierto con la voz, sigo siendo la que llora en silencio pero no sabe callarse. La que no sabe cómo hacerle ver al primer hombre que el segundo no puede permanecer ahí, que es un desastre, un inmaduro, que no reconoce nada, que para todo tiene pretextos, que es un tipo al que no le gusta el cambio, al que se le hace fácil crear heridas y que no sabe nada de reparaciones, ni de la dulzura misma.
No sé si seas el mismo. Espero que no, que dejes esos aspavientos de dolor, no hacen falta, ya no.
Hoy, no sé a quién le escribo. Si al que me comprende o al que me señala y me dice que nunca seré perfecta a su imagen y semejanza. No sé a cuál abrazo cuando hacemos el amor, tampoco sé si uno de esos dos hombres me ama de verdad. ¿Será que en parte cada uno? ¿Será que uno adora que sea su enemiga cotidiana y el otro añora que se quede mi caricia en su rostro?
No sé si por alguno me siento valorada. Quisiera que uno se borre de este mapa.
Photo by cottonbro studio on Pexels.com
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 240. Los dulces del terruño. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Los dulces del terruño

Terminó la jornada laboral del miércoles, Mariela apagó su equipo de cómputo, tomó su bolso y se encaminó a la salida. En el pasillo coincidió con Mercedes y Trinidad, quienes trabajaban en el área de contabilidad de la empresa, se saludaron y platicaron brevemente. El tema de la charla fue el clima, coincidieron en que percibían aires del tiempo que daban señales cercanas a fin de año, específicamente, un clima que anunciaba el Día de Muertos. Lo más curioso es que aún estaban en verano. Se despidieron y cada quien tomó su rumbo.
     Mariela se quedó pensando en la coincidencia con Trinidad y Mercedes, de inmediato vino a su mente el mensaje de dulces regionales. Antes de subir a su coche revisó su reloj eran las 5:15 de la tarde, recordó que Damián, su hijo, le había pedido que le comprara algunos dulces regionales. Al día siguiente tenía que participar en una exposición en la primaria.
     —¡Uff por poco se me olvida! ¡Bendito clima que me hiciste evocar los dulces! —dijo para sí.
     Subió al carro, estaba a tiempo de pasar cerca del mercado, justo cerraban a las 6 de la tarde. Por fortuna no tuvo problemas para hallar lugar donde estacionarse. Ahora el reto era encontrar puestos donde vendieran dulces.
     Mariela caminó entre los puestos, el área de las cocinas económicas estaba casi por cerrar. Se sintió extraña al pasar por ahí sin que nadie la llamara, como solían hacer en las cocinas cuando era mañana o mediodía, "¡pásele, le mostramos la carta! ¿Qué va a querer güerita?" Apresuró un poco el paso, atravesó el pasillo de las carnicerías, todo cerrado. Dio vuelta y alcanzó a distinguir unos canastos grandes, seguro eran las señoras que vendían pan, ya no estaba tan lejos de hallar quien vendiera dulces.
     Para la sorpresa de Mariela además de los puestos de pan estaban los de tamales, pero de dulces no se miraba ninguna señora con venta. El corazón de Mariela comenzó a sentir una especie de angustia, se resistió a mirar el reloj. No se dio por vencida y preguntó con una señora que vendía tamales y atole, dónde podría encontrar dulces regionales. La señora hizo un ademán en dirección opuesta a donde estaba. Mariela agradeció y se dirigió a ese rumbo.
     La mirada de Mariela se alegró, al fondo había una señora ya mayor, con una pañoleta roja cubriendo su cabeza, era la única que estaba vendiendo dulces. Los productos de la señora eran diversos, tenía dulces de cupapé, higos, camote, turuletes, chilacayote, gaznates y puxinú.
     —Buenas tardes señora —dijo Mariela.
     —¿Buena tarde chula, qué va usté a querer? —respondió la señora.
     Mariela hizo su pedido con un poco de cada dulce, se sintió afortunada de encontrar a la señora vendiendo a esa hora. Cada uno de los dulces le gustaba. Además de comprar para la tarea de Damián, apoyaba al comercio local y a una labor que cada vez se volvía más escasa, la elaboración de dulces regionales, los dulces del terruño. Dio las gracias a la señora, quien también se mostró contenta.
     —Muchas gracias señora —dijo Mariela.
     —¡Dios la bendiga chula! Le voy a poner su coitán, usted me trajo la suerte, ya voy a levantar mi venta, ya es tarde —señaló la marchanta.
     Mariela retomó su camino, con el corazón contento, vino a su mente la época de su infancia donde las vendedoras de dulces pasaban en las calles, vendiendo de casa en casa, con su canasto sobre la cabeza y anunciando sus productos de una manera muy particular,
     —¿Vas té a queré caballito, turulete, dulce de puxinú, oblea, gaznate?
     Vaya que los tiempos cambian pensó, ya tenía que compartirle a Damián, para su exposición sobre los dulces del terruño.


    
Photo by Esra Nurdou011fan on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 240. Un guardián imprevisto. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                     Polvo del camino/ 240

Un guardián imprevisto
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Salgo de una conferencia y es evidente que espero un taxi cuando Humberto sale del mismo salón y ofrece llevarme. Acepto su oferta, aunque él y yo nos tengamos mutua animadversión. El hecho de que tengamos amigos comunes, creo, nos hace aparentar una relación si no cálida, por lo menos fríamente amable.
Llegamos a su casa (su chofer maneja) y me invita a pasar. Me niego y él insiste. Bajo, abre la puerta de su hall y me asombra el lujo de sus muebles, la elegancia de su decorado. Entra en una de las habitaciones interiores y sale casi de inmediato con un objeto entre las manos: una navaja. Me dice:
—Me caes mal y siempre había buscado la oportunidad de herirte, sin llegar a quitarte la vida. Esta es la oportunidad.
Antes de que se mueva hacia mí, saco de entre mis ropas un cuchillo largo, filoso, pesado. Le digo.
—Yo sí tiraré un tajo para matarte.
Él ve las dimensiones de mi arma y la posición que he tomado para defenderme y atacar, y baja el brazo.
—Perdona. Creo que no debimos llegar a esto. Asumo mi culpa. Fue una estupidez. ¿Podrías disculparme? Te invito a cenar, vendrán varias personas que conoces y estimas.
—No me interesa quedarme en tu casa.
—Sé que coleccionas búhos y voy a regalarte uno especial, ¿me acompañas?
Él ha dejado su arma en un mueble y yo guardo el mío. Lo sigo. Entramos en otra sala, igual de lujosa que el hall, y veo un búho enorme, hermoso, de piedra, con incrustaciones…
—Con incrustaciones de oro y plata –dice Humberto– y será tuyo, sólo si me disculpas y te quedas a cenar. Mi chofer te llevará después, junto con el búho, adonde tú le indiques.
Me quedo.

La casa de Humberto es un pequeño palacio. No sabía que tuviera tanto dinero, que viviera con tanta opulencia. La mesa tenía carnes incluso de animales exóticos, los vinos eran de primera, los postres de una gran diversidad y había un desfile de mozos y sirvientas que me hacían sentir una persona especial. Nadie más llegó.
Cuando lo consideré prudente, me despedí de Humberto y él me dijo que el regalo ya estaba en el coche.
—Te acompañará el mayordomo a la puerta, porque yo debo hacer una llamada urgente.
El hombre, mudo, abrió la puerta de la calle y yo salí. Como si hubiera una barrera falsa, un espejismo, la calle no lo era, y entré en un cuarto, lujosísimo, de la misma casa de Humberto. Salí del cuarto a un pasillo y busqué a alguien. Nadie. Traté de hallar de nuevo la puerta de salida, pero aquello era una sucesión de salones y salones.
Abrí una puerta al azar y otra vez me hallé en otra habitación, donde decidí dormir. Puse los seguros y revisé el enorme clóset de donde tomé un pijama. Soñé que nunca podría salir de allí, que Humberto era un espíritu encargado de cuidar a las personas en el limbo. No recuerdo si alguna vez desperté…


Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 9. ¿Habrá sido una araña? Nadia Arce

¿Habrá sido una araña?                         

Hace un par de días amanecí con el dedo gordo muy hinchado, el pulgar de la mano derecha estaba a reventar, con otra temperatura y otro tono. No descubrí a mi agresor invisible, nunca supe por qué me sucedió eso, parecía un piquete de araña y fue muy raro. Nada pude hacer, ni defenderme ni reclamar, tampoco supe cuál era la cura para que me dejara de doler, me quedé así, dejando pasar el tiempo, hasta que un baño con agua caliente al tercer día de su aparición aligeró mi pulgar problema de esa ofensa silenciosa.
Me siento igual con el tema de los dolores transparentes que me agreden. Un día son los hombros. Otro, las piernas y la espalda, o el cuello, los pies, las muñecas o las manos. Sin saber por qué, amanezco con la novedad de una punzada nueva, una contractura espectacular o extraños calambres en las pantorrillas de los cuales también ignoro procedencia. Así es la fibromialgia, quiero defenderme, ¿cómo hacerlo? Es peor si la disautonomía presente maneja su debut de siempre, nada sorpresivo, sin embargo, pareciera que no dejará de sorprenderme nunca.
Detesto quejarme, no soy una persona negativa, ni una mujer de poca fuerza, al contrario. Pero dime ¿cómo sería tu vida con 18 días de migrañas seguidas? La mía es así y es, normal. Sólo duermo un poco de más, apenas siento el dolor en mi testa, acudo a todas las técnicas conocidas: respiración, meditación, relajación y, si puedo, cuando el dolor me lo permite, hago ejercicio o me pongo imanes.
Observo a mi perro amarme con la mirada, volteo al cielo, admiro las formas de las nubes o los rayos del sol dibujando luces y sombras. Si nada funciona, ni siquiera pedir que me abracen, me den un beso o me diga alguien que me ama, si tampoco eso me da resultados, tomo un medicamento suave, dejo que el tiempo sea mi aliado y cuando no se manifiesta la ausencia de ese taladro que perfora el interior de mi cabeza, recurro a otro medicamento. Simultáneamente hay que soportar los otros no aliados y mucho menos debutantes dolores manifiestos.
Nada que hacer. Esperar la comprensión del otro para no agregar más de la sal que me ahoga o del agua que asfixia. Eso pido, necesito eso. Nadie tiene la culpa, ni yo, ni los otros. Así que vivo sin complejidad, soporto adolecer, pues amo vivir.
Así que si una araña o insecto ninja te ataca, no te preocupes, sólo debes ocuparte de eso, tu cuerpo es normal, tu cabeza también. Toma algún antihistamínico o ve con el doctor. No tendrás otra cosa más en qué ocuparte, como yo, o al menos, eso espero. Pues todo esto es físico, no expuse comentario alguno sobre el corazón, entonces, dalo por hecho: es curable.
Photo by Pixabay on Pexels.com
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 239. Mariposas en verano. María Gabriela López Suárez


   Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Mariposas en verano

Ese sábado Araceli despertó alrededor de las 7:30 de la mañana. A José, su papá, le sorprendió que en fin de semana estuviera despierta a esa hora. Mientras se preparaba un licuado de leche con manzanas y peras, le explicó a su papá que el motivo de madrugar ese día era porque quería comprar materiales para una maqueta que le habían pedido en la prepa. La tienda donde vendían lo que requería solo trabajaba un rato en día sábado. Se dio un baño y se apresuró para salir antes de las 9 de casa.
     Aunque el día era soleado, a esa hora todavía se percibía cierta sensación de frescura. Araceli se percató que mientras caminaba sobre la acera izquierda, apareció una mariposa amarilla en tamaño pequeño, volando en medio de la calle,  luego una mariposa más se incorporó y como en una especie de sincronización los vuelos de ambas se conectaron. Araceli las observó y pensó que era una linda manera de iniciar el día, sobre todo cuando era muy raro ver volar mariposas en las calles de la ciudad.
     A medida que continuó su recorrido las imágenes de las mariposas fueron viniendo a su mente; recordó que de niña solía ver muchas mariposas en las calles. Intentó identificar en los recuerdos si era en la época de verano cuando las veía, justo coincidió en que sí. Había olvidado que el vuelo de las mariposas le generaba una grata sensación y ánimo, como si ella también estuviera en movimiento con ellas. En ese mar de pensamientos, se le hizo breve  el trayecto a la tienda.
     Cuando Araceli se percató que la tienda que buscaba ya estaba abierta, sintió una especie de tranquilidad, aunque lo estaría más cuando verificara que ahí vendían los materiales que le faltaban para hacer su maqueta. En efecto, ahí encontró lo que necesitaba. Preguntó costos e hizo cuentas para ver si llevaba el dinero suficiente para la compra. Se detuvo unos instantes, no le alcanzaría para comprar todo lo que quería; antes de que pudiera juzgarse por no haber previsto llevar más dinero o pedirle a su papá, se hizo algunas preguntas:
     —¿A ver Araceli, en realidad requieres todo eso? ¿Hay algunos productos que podrías sustituir creándolos tú con materiales reciclables? ¿Y si lo intentas?
     En eso estaba cuando de nuevo vinieron a su mente las mariposas en movimiento, esa ligereza y ritmo en el vuelo era un hermoso paisaje para detenerse a observar. Sin duda que esa mañana la habían inspirado.
     Finalmente, decidió llevar solo algunos materiales, haría el intento de crear los que le faltaban. La materia prima a reutilizar la tenía; consideró integrar materiales como semillas, hojas y  ramas secas de flores o árboles que había en casa.
     Regresó a su domicilio, aún no había mucho movimiento en su familia, supuso que continuaban durmiendo. Se dirigió al patio donde tenían flores y algunos árboles frutales. Se agachó para recolectar hojas y ramas secas, mientras elegía cuáles eran las más idóneas para la maqueta se percató que una mariposa, luego otra y otra, revoloteaban en las flores que había en el patio. Hizo una pausa en su labor de recolección. Admiró la cadencia de los movimientos de las mariposas, sus bellos colores y decorados, su agilidad para ir de un lado a otro y luego posarse sobre las flores. El rostro de Araceli dibujó una sonrisa, las mariposas en verano la habían inspirado y recordado la importancia de crear desde lo que se tiene.


Foto de Quang Nguyen Vinh: https://www.pexels.com/es-es/foto/volador-agua-amarillo-animal-11669257/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.