Revista

Polvo del camino. 287. Antes o después de los aplausos/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.

Polvo del camino/ 287

Háctor
Antes o después de los aplausos/ 1

El moño de una comunidad

Héctor Cortés Mandujano


El actor reina en lo perecedero. Entre todas las glorias,
la suya es, como se sabe, la más efímera

Albert Camus,
en El mito de Sísifo

Con mi amigo Alejandro Nudding montamos, hace muchos años, la obra de teatro Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, que es un diálogo entre un guerrillero torturado y su torturador. Hicimos varias funciones en varios lados y nos invitaron a una celebración poco común: un grupo guerrillero (los Villistas) celebrarían su aniversario y querían que presentáramos la obra en la comunidad elegida para el festejo. ¿Quién decidió eso? Nunca supimos.
Nos acompañaron varios (el chofer pertenecía a la guerrilla) y el camino estuvo lleno de peripecias, que cada cual contó a su modo en un número del extinto semanario Este Sur, en donde yo era coordinador de la sección Cultura. Sustos, polvo, piedras, incomodidades que fueron mermando las charlas hasta desaparecerlas. Llegamos al fin.
Lo primero que me sorprendió es que la canción que nunca cesó de sonar en el día y medio que permanecimos allí fue “La del moño colorado”. Creo que por eso la guerrilla es imposible –hago un guiño al título del libro de mi amigo Julio César López– en nuestro país. Habría que tener otro nivel musical, creo.
No suponía que iban a tener un teatro para la representación, pero no se nos ocurrió que iba a ser en un patio, donde también estaban estacionadas las camionetas y los camiones de redila que trajeron a la gente de quién sabe dónde. Qué esperanzas de cambiarnos y maquillarnos en un lugar que no fuera expuesto. No había sillas, de modo que el público (con muchos niños) estaba de pie y hubo que pedirles que nos dieran un espacio para movernos. Anochecía. Y este sí sería un serio problema, porque no había más que algún foquito que brillaba por allí en la comunidad.
Pero había camiones de carga. Hablé con los choferes y les pedí que apagaran los fanales de sus camiones con la tercera llamada, y que la encendieran y la apagaran cuando dos compañeros que habían ido con nosotros lo indicaran. Esa fue nuestra potente iluminación.
Necesitábamos dos sillas: una para Pedro-Álex y otra para mí. En cuanto pusieron la mía, un nene de quizás tres-cuatro años se sentó en ella. Ni modo de sacarlo. Cuando caminábamos, ya en personajes, más de un perro nos estorbaba para caminar y había que rodearlo. Algún niño me tapaba el camino y alguna señora me tocó el pecho, sonriente, no sé si por simpatía o por dudas (de no sé qué). La gente aguantó las peroratas de la obra y se fue ciñendo cada vez más sobre nosotros. Por fin, terminamos, casi con la gente encima. Los camiones apagaron sus fanales. Cuando las volvieron a encender, Álex y yo agradecimos al público que aplaudía, reía, nos quedaba mirando con expresiones disímbolas, nos tocaba: ¿Qué habíamos hecho, qué era eso, quiénes éramos nosotros?
Nos ofrecieron una casa en construcción (sin luz, por supuesto) y nos dieron prestadas unas lámparas sordas para caminar entre el monte para llegar a nuestro hostal. No había camas, aunque algo habían puesto en el suelo para que no lo sintiéramos tan duro. Conversamos, con seguridad, aunque de eso nada recuerdo. Supongo que dormir no fue tan fácil. Lo que más recuerdo son los fanales en los que morían bichos atraídos por la claridad y la gente pegada a nosotros, mientras nosotros intentamos contar una ficción en esa descarnada realidad…
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 287. Acompañada por la naturaleza. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Acompañada por la naturaleza

Elvira revisó el mensaje que le anotó en un papel su abuelita Esther, para no errar y confundirse en las piezas que tenía por encargo comprar en la ferretería. Después de haber buscado en dos tiendas y comparado los precios, había decidido hacer las compras en la tienda ubicada más lejos de casa. Por suerte, Elvira se puso la gorra para salir por el mandado. El sol veraniego estaba no solamente radiante sino sumamente cálido.

Caminó hacia la parada del transporte público, subió a la ruta 231. Tuvo la fortuna de hallar lugar cerca de la ventana, pagó su pasaje y luego, cerró un instante los ojos. El calor le daba mucho sueño. El movimiento del colectivo fue como una especie de arrullo.

–¡En la parada bajan por favor! –se escuchó la voz de un adolescente.

Elvira abrió los ojos, su rostro buscó alguna señal para ubicar cuánto le faltaba para bajar, qué suerte, pensó, todavía no es el rumbo. Cuando llegó a la calle, pidió la parada. Entró a la ferretería, la atendieron sin demora y regresó con el pedido para la tita Esther.

El calor se había tornado más sofocante. Elvira no quiso regresar en colectivo, ni en taxi, decidió que iría a casa caminando, por la zona de los andadores. Pasó por una botella de agua a la tiendita más cercana y emprendió la travesía. Tenía rato de no caminar por ahí, se animó a hacerlo porque estaban rodeados de árboles propios de la región y estaría más fresco.

Elvira se felicitó por la decisión, tenía que caminar un rato, pero la sombra de los árboles era un gran regalo. Mientras iba avanzando observó no solo el verde de los árboles sino también hermosos colores de las flores que había, vio las que parecían campanitas blancas, campanitas lilas, flor de mayo en tono blanco y rosa. Escuchó el canto de los pájaros que habitaban el espacio, muchos zanates y algunos cotorros.

Por un momento pensó que alguien podría aparecer de pronto y darle un susto, los andadores no tenían muchos transeúntes. Sin embargo, ese pensamiento se esparció y, por el contrario, sintió una especie de cobijo por la naturaleza. Contempló con asombro los troncos gruesos de árboles adultos que seguramente tenían muchos años de vida. Recordó relatos de la abuelita Esther. Les agradeció la sombra, la vida, el estar ahí.

A medida que iba cruzando andadores Elvira se dio cuenta que, aunque pocas personas, pero sí había por esos rumbos. Observó a un par de enamorados platicando muy animadamente, un señor que tomó un descanso en una de las banquitas que había, una señora que llamaba por teléfono, una chica que estaba muy atenta observando los árboles, un repartidor de agua y por supuesto, ella, Elvira, que esa tarde de verano había experimentado una sensación tan bella al caminar por esa ruta, sentirse acompañada por la naturaleza.

Apresuró el paso, se había terminado la botella con agua. Ya faltaba poco para llegar a casa.

Fotografía: MGLS.
Fotografia: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Liminar 1. Cuando un artista se enamora. V. Balltre

Fotografía: Ivan Samkov: https://www.pexels.com/photo/boy-in-orange-and-brown-sweater-holding-white-and-blue-floral-painting-6816545/

Liminar

Cuando un artista se enamora
V. Balltre

Como artista buscas lucrar y expresar lo que habita en tu interior, quizá en la oscuridad del mismo, quizá alegues nunca haberte enamorado, pero cierto es que no hay romántico más empedernido.
Al conocer la maldición de cupido es inevitable que todo gire entorno a tu musa. Comienzas a pintar con blanco y dejas al rojo a un lado siempre y cuando no pintes corazones en el cuadro. Dejas de terminar las historias con trágicos finales y comienzas a dejar ser felices a tus personajes sin atar sus sentimientos de papel. Los poemas dejan de ser tortuosos y comienzan a hacerte chispear el estomago. Las canciones no hablan mas de olvido y sufrir, comienzan a tratarse de tu musa y el sentir. Tus esculturas dejan de expresar cansancio y desgaste, comienzan a ser limpias casi cual Miguel Ángel. Los pasos en el baile dejan de ser bruscos y ansiosos. El fluir y el sentimientos estallan de entre tus pies y el piso. Y que decir del musico, quien puede con solo los ojos de su amor escribir la melodía mas hermosa, que al escucharla puedes sentir la mirada de la musa.
Un artista nace en cualquier lado, un artista nace todos los dias y en cuanto pisa la tierra comienza a sufrir por el impedimento de esta. Ser artista ya es tabú porque a lo cómodo no le gusta la revolución, pero que seriamos sin ellos y sin su sentir cuando se enamoran o cuando lloran y luego encuentran otra castálida. Que seria del orbe madre sin la colisión del virtuoso, y qué sería de él sin el castigo de su inspiración.
Pensando en mis predecesores, puedo lamentar a Da Vinci, aquel hombre genio que por buscar la perfección anatómica en exhumar cadáveres olvidó que lo perfecto mas allá del detalle es la inspiración que te llega al amar. Como el siempre surreal Dalí, que encontró su mundo en la bella Anna María. No olvidemos a la imperfección en los cuadros de Modigliani aun cuando Jeanne era la viva imagen de lo hegemónico. Que decir del incomprendido Goya, quien encontró en la muerte su musa, en los monstruos de su interior que convirtió en arte y lo mucho que lo compadezco o Monet que sus obras de arte aun cuando pacificas y hermosas, al acercarte encuentras el caos de su alma.
Numen disfrazados de humanos y los pobres ángeles artífices admiradores de estos seres crueles con el mundo del mago. Cuando un artista se enamora puede ser una desgracia o puede adornar murales del sentir.
Las personas son momentos, son fugaces, etereos, son desgracidamente mortales. Las experiencias de un artista impactan diferente al mundo, mientras que para lo común son instantes, para un autor virtuoso es posteridad, es inmortalidad y una colisión al mundo y a sí mismo.
Si enamoras un artista, ahora eres hipocrénides. Si un artista se enamora, vivirás en la eternidad de su obra.

El artista
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.

*Sobre la autora:

V. Balltre

Escritora emergente

Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente
originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las
prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda.
Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas
publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V.
Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario.
Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.

Voces ensortijadas. 286. Contemplar el ocaso. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/

 Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Contemplar el ocaso

Esa tarde de verano Elvira se sentó en una de las mecedoras que tenía justo a la mitad del patio rodeado de árboles, en su casa. Recordó con cuánta ilusión Gilberto, su esposo, y ella habían elegido el espacio en el que podrían construir su casa. Dentro de las propuestas que ella hizo fue elegir qué árboles plantarían y participar en la siembra. Desafortunadamente, a Gilberto ya no le tocó acompañar a Elvira ni a su hija e hijos en buena parte de sus planes. Falleció muy joven, en un accidente en carretera.

Cada árbol que estaba plantado era una especie de aliento para Elvira, recordó lo difícil que había sido la crianza de la hija e hijos. Observó sus manos, con las muestras de expresión que deja el paso de los años. Las acarició suavemente. Muchas horas habían sido de costurar a mano y luego a máquina para poder entregar los trabajos con los que pudo sostener a su familia. 

El viento acarició su rostro y movió las ramas de los árboles. Elvira alzó la vista al cielo, ningún rastro de lluvia. Los recuerdos siguieron asomándose en la mente y en el corazón. El patio era testigo de las grandes carreras que pegaban Leticia, Alfredo y Roberto, durante la niñez. Luego ese espacio había sido partícipe de los primeros pasos de Eneida, Francisco, Lourdes y Leonel, sus nietas y nietos, que ahora entraban en la adolescencia. 

Además de su familia biológica, las charlas tan amenas con sus amistades y vecinos de la colonia eran parte importante de ese espacio. Las mecedoras no solo eran muebles cómodos, sino que también formaban parte de las historias de la familia de Elvira, tantas anécdotas contadas desde ahí. Nuevamente levantó la mirada, no tardaba en comenzar a ocultarse el sol. 

Sonrió para sí, mientras decía:

–¿Qué tal la vida Elvira? ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué sueños tienes pendiente todavía?

El canto de un colibrí atrapó su atención, su vuelo fue efímero, para ella fue un gran regalo. Su corazón sintió una especie de emoción, vaya que todavía tenía sueños por cumplir. 

Instantes después, alzó la vista para contemplar el ocaso. Pensó que cada etapa en la vida había que disfrutarla y vivirla plenamente. Deseó que, como ella, una mujer adulta, abuela y madre, muchas más mujeres pudieran darse la oportunidad de encontrar qué les faltaba por vivir.

El sonido del timbre la hizo recordar que esa noche su comadre Esther la había invitado a cenar tamales de pollo con verdura y de bebida, un rico chocolate. 

–¡Ya voy, ya voy! – exclamó Elvira, al tiempo que se levantaba de la mecedora. 

Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/
Fotografía: Abdullah Al Mallah: https://www.pexels.com/photo/gray-clouds-in-the-sky-8205796/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 286. Zona lacustre. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 286

Zona lacustre
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Me entregarán el diploma que me acreditará como tenedor de libros, una profesión que, visto el estado de la sociedad, me servirá para maldita cosa. No importa. Tengo una herencia que me hace no necesitar un empleo y soy muy joven, 21 años, de modo que quizás en algún momento del futuro estudie algo más útil.
Nuestra casa de campo, que en realidad es simplemente nuestra casa, nos permite ir caminando hasta el colegio universitario donde estudié la aberración de la que seré ungido. “No es aberrante, dice mi mujer, porque puedes ser tu propio tenedor de libros”. Lo soy, lo he sido, parece que lo seré ahora en forma profesional.
Tenemos, mi mujer y yo, apenas un año de casados. No queremos tener hijos. Yo decidí ir vestido con una camisa negra de seda y unos pantalones elegantes; mi mujer optó por una batita con pedrería y unos zapatos de color crudo, de cuero de ternera.
Para llegar al instituto de estudios basta atravesar un pequeño cerro boscoso y lacustre. Las pozas, como ojos de la tierra, se suceden una tras otra. Caminamos, pues. Al llegar a la primera, mi mujer se saca por la cabeza la breve prenda de vestir –no trae ropa interior– y patea con maestría los zapatos que quedan listos, aunque inertes, para seguir caminando. Se arroja al agua.
Es menuda, musculosa (se la pasa en el gimnasio), tiene la piel blanquísima, el vello púbico rubio, cortado casi al ras, y parece danzar mientras nada, como si fuera un animal acuático. Me siento en una piedra a esperarla. Sale por la orilla contraria y me hace una seña, que entiendo: tomo su vestidito y sus zapatos, y voy tras ella. En su nalga izquierda no se ve el llamativo lunar que tiene en forma de corazón y parece extrañamente morena, como quemada de sol. Se lanza a la siguiente poza.
Decido caminar con lentitud, mientras ella gimotea de placer, como si el agua fuera un amante experimentado que la estuviera haciendo llegar al orgasmo. Me encanta este bosque tan lleno de sorpresas arbóreas y formaciones rocosas, que nos pertenece en exclusiva. Oigo el ruido de mi mujer, a mis espaldas, lanzándose en clavado a otra poza. No la volteo a ver.
Vuelvo la vista ahora. La mujer que nada tiene la piel negra y el cabello blanco. Es muy alta. Sale y viene hacia mí. Tiene afeitado completamente el pubis.
¿Nos vamos?
Camino con ella. Poco a poco se vuelve morena, menos alta y cambia el color de su cabello. Cuando llegamos al final del bosque, mi mujer ya es la de siempre y toma su vestido de mi hombro izquierdo y extiendo mi mano para darle sus zapatos. Se viste y calza; parece venir de un salón de belleza, de tan despampanante que la veo.
¿Y qué? ¿Cómo vamos a celebrar tu logro académico?
No sé –le digo.
¿Y si vamos juntos a la poza número siete? ¿No te gustaría hacerme el amor, como si fuéramos cocodrilos?
No es mala idea –le digo.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 285. Volver a casa. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Volver a casa

Ximena tenía preparadas las actividades que realizaría durante la semana, algunas estaban anotadas en su agenda impresa, otras en el celular y un par más en su mente. Normalmente le gustaba tener organizado qué haría en su día a día, eso le generaba una sensación de más tranquilidad.


Las actividades incluían, además de lo concerniente a su jornada laboral, salidas con amistades, iniciar la travesía de hacer ejercicio, conocer un nuevo restaurante, visitar exposiciones fotográficas, ir a un concierto musical y a un recital de poesía donde participaba uno de sus primos.
Al inicio de la semana todo parecía ir de acuerdo a lo anotado en su agenda, al menos en el ámbito laboral, pero por la tarde el panorama cambió. La salida con sus amistades se canceló unos minutos antes de la hora fijada.


Después de haberlo pensado mucho, Ximena había elegido correr como deporte por los beneficios cardiovasculares, pero también para reducir su estrés y fortalecer su salud mental, sin embargo, el día martes sus compañeros del trabajo, quienes la invitaron a practicar este deporte y que le darían unas recomendaciones de cómo iniciarlo, le pospusieron la salida.


Como si fuera una especie de cascada, todo lo planeado y anotado en su agenda se fue cayendo. En pleno ombligo de semana y con el ánimo un poco bajo Ximena decidió que por la tarde iría sola al nuevo restaurante que quería conocer. La lluvia acompañó la tarde del miércoles y no precisamente como llovizna sino con un fuerte torrencial. Ximena decidió quedarse en casa.


En el corazón de Ximena se mezclaban tristeza, desánimo y un poco de enojo, le gustaba tener organizado el tiempo de lo que haría. Ahora su agenda vespertina estaba libre y no sabía bien qué hacer. Soltó el llanto contenido, luego se tranquilizó. Fue a buscar una vela aromática que le había obsequiado Rita, una de sus vecinas. Prendió la vela. El aroma a vainilla era delicioso, invadió la pequeña salita donde estaba.


Ximena se sentó en el piso, observó la flamita de la vela por largo rato. Por un instante le pasó la idea de escuchar algo de música, prefirió quedarse en silencio. Respiró profundo varias veces hasta quedarse escuchando los latidos de su corazón, sin dejar de contemplar la flamita. Se percató que los sentimientos que tenía antes del llanto se habían esparcido. El fueguito de la vela le dio una sensación de paz, muy grata.


Tenía rato de no estar sola y disfrutar de su compañía. Varias preguntas le fueron llegando. ¿Acaso se ponía actividades diversas para escapar de sí misma? ¿Cuánto tiempo tenía de no escuchar los latidos de su corazón? ¿Todo se había acomodado para que esa tarde tuviera una cita con ella? Entonces, no había motivos para sentirse molesta, ni triste, ni desanimada. Más bien había que aprender a soltar, a fluir y a vivir cada momento.
Respiró profundo, en más de una ocasión. Agradeció lo que estaba sucediendo, era una especie de regalo que le había permitido volver a casa, a Ximena, a ella.

 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 285. Les toca a ustedes/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

        Polvo del camino/ 285

Les toca a ustedes/ 1
Héctor Cortés Mandujano

Durante los muchos años que tengo publicando, haciendo teatro, dando clases y conferencias, la gente me escribe, me comenta, me pregunta, me felicita, me dice. Yo leo, contesto y no guardo la correspondencia, se pierde más tarde o más temprano. Por prurito no la publico y en ocasiones me parece que debiera. Decidí hacerlo en este 2025, a partir del 19 de enero. Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Ustedes hablan aquí...

Enero 2025

Sobre “After”, Polvo del camino 261, escribe Leo Morales: “Excelente cuento, impecable”; Leonora Ventura: “Buenísimo tu encuentro con Pepe y Fredy”; Óscar Márquez: “Sencillito, cortito e inesperado. ¡Bravo, primo!”; Jaime Ruiz: “El final dos es: ‘Alcé mi copa y brindamos por los viejos tiempos. Quedé muerto de cansancio, demasiadas emociones. La Güera me despertó: ‘Mi vida, tus amigos ya se fueron, dejaron la puerta abierta. Los chuchos se salieron. Anda, ve a buscarlos’. Salí trastabillando. Encontré a los chuchos aullando, uno de ellos traía en el hocico un ejemplar del Este Sur’ ”.
Sobre “El eterno masculino”, Polvo del camino 262, dice Tania Corzo: “Buen análisis, no me había dado cuenta que dejaba tan mal parados a los hombres. El eterno masculino, dices bien”.
Sobre “De tormentos y falsos suicidios”, Casa de citas 726, escribió Tere Argueta: “Wow!, me encantó, pobres sacerdotes. Fíjate que ayer hablábamos sobre la leyenda del suicidio colectivo. Gracias”. Rocío Molina: “No sabía tantos detalles de la batalla en el Cañón del Sumidero, apenas lo poco que explican en la primaria. Una leyenda más, que sostiene una gran fiesta a través de los años”.
Sobre mi libro La orilla y la maldad. Historias de Cerro Hueco, me dice Damaris Disner: “Querido Héctor. Este libro hoy será detonante para escribir. Es un gran, gran libro. Gracias por tu humanidad”.

Febrero 2025

Sobre “Una mujer en la luna”, Polvo del camino 264, me escribe Valeria Trejo, de 17 años: “Qué curioso. Yo tengo un escrito que se llama ‘Un hombre en la luna’ ”. Me lo envía. Es éste: “Una noche leyendo poemas, leí uno que hablaba de un hombre divergente, castigado por pecador; inmediatamente pensé en aquel hombre en la luna con el que suelo soñar.
El Principito brincó planetas, pero yo brinco sueños y sueño con un anciano de capa azul y un bastón, que habita la luna; le pregunté por el conejo y me ha dicho que se marchó hace mucho tiempo, que lo único que hay ahí son él y las estrellas que a lo lejos acompañan su soledad inmensa.
“—¿Y usted quién es?
“—Soy la luna, contesta.
“—¿Es su hijo?, pregunto.
“—La luna no tiene hijos.
“—¿Y el conejo?
“—Se ha ido hace tiempo.
“—¿Está usted solo?
“—Nunca estoy solo con tantas estrellas.
“—¿Hay un hombre en el sol?
“—Hay muchas cosas en el sol.
“—¿Hay muchas cosas en la luna?
“—Hay un hombre en la luna.”
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 4. Si cada verso. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Tahir Osman: https://www.pexels.com/photo/two-chairs-sitting-in-front-of-a-sign-27847952/

Si cada verso mío transparentara mis emociones
y cada palabra tuya fuera cuidadosa,
si cada mañana me abrazaras susurrando que me quieres
y cada noche no te fueras.

Si cada duda fuera resulta,
cada latido acompañado,
cada silencio amordazado por unos besos
y el tiempo detenido en nuestros brazos.

Si tan solo cada vez que te siento lejana fuera un sueño
y cada discusión una tontería,
ya vieras, amada mía, que esto no dolería,
que el cariño persiste más que cualquier otro sentimiento.

Que tu ausencia ya le pesa a mi pecho,
que cada seriedad arremete con los pensamientos,
que no siempre existirá un mañana,
pero si lo hay, lo quiero vivir contento y contigo.

No sé, no sé, a veces te siento y otras no,
a veces siento que me quieres y otras no,
a veces siento que te arriesgarías, aunque al final ya no,
a veces quisiera abrazarte y decirte que aquí estoy.

Déjame vivirte, soñarte, pensarte, acariciarte,
besarte, quererte, tenerte, sostenerte,
déjame tanto tiempo entre tus brazos
hasta que te encuentre conmigo.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas. 284. Errancias y encuentros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez


Errancias y encuentros

En memoria de
José Luis Quintero Carrillo, colega.

Se despide el mes de junio, desde el sureste chiapaneco hemos tenido constantes lluvias. Las tardes se acompañan de fuertes lloviznas que persisten durante la noche y nos arrullan hasta el alba. La lluvia mueve y va limpiando el ambiente, también nos mueve internamente. Ese movimiento puede evocar alegría, nostalgia, conectar con la tristeza, la esperanza o la gratitud a la vida.


Este último sábado de junio mientras escribo estas líneas, conecto con la nostalgia y la gratitud, con el recordar que somos instantes en el universo. Dedico este texto a mi colega José Luis Quintero Carrillo, académico de la Universidad Autónoma de Nayarit, quien ha trascendido en el plano físico. Tuve la oportunidad de conocerlo en noviembre del año 2023, en el II Coloquio Internacional Sociedad, Cultura y Lenguaje, al que nos invitó Andrés Arias, colega de la misma universidad. Percibí a José Luis como una persona dinámica, amable, atenta, profesional y muy querida por la comunidad universitaria. No me equivoqué. Tuvimos poca interacción durante el Coloquio.


Entre los obsequios que para mí son muy valiosos son los libros; en el Coloquio nos obsequiaron la obra Errancias. Un construcción polifónica de la identidad, cuyo autor es José Luis Quintero Carrillo. Desde que tuve el libro en mis manos atrapó mi atención el nombre, el diseño, el contenido, el arte al exterior e interior. Lo visualicé también como un material que podría emplear con fin didáctico para los grupos con quienes doy clases.


Conecté con los contenidos, con su lenguaje, textos que son resultado de una selección que hizo José Luis de una columna periodística de su autoría escrita entre 2005 y 2012, acompañada por la interpretación gráfica que incluye el libro. Errancias tiene seis recorridos en su interior, a propuesta del autor: sangre raíz, arrebatos, palabra esquiva, crujidos, los días vencidos, del humor y otros demonios. Comparto un breve fragmento de la  introducción de la obra:


“Antes de continuar , considero mi deber hacerte una doble advertencia, querido lector. La primera es que escribo estas líneas desde mi triple alteridad –me llaman José Luis, pero Pepino dice que soy Tolito –, de manera que apelo a tu complicidad y atenta lectura. La segunda advertencia –no menos importante– es que estas letras no intentan convencerte de nada, ni a ti ni a nadie… En el fondo, lo que intento es reflexionar sobe el universo que habito en relación con dos conceptos que han estado presentes a lo largo de mi vida: la multiplicidad y la fragmentariedad, como una forma de dotar de sentido a la existencia, si alguno tiene” (Quintero, 2022, pp. 17-18).


Me traje el libro Errancias a Chiapas, no solo para la lectura personal, sino para compartir con grupos de la licenciatura en Comunicación Intercultural, con quienes doy clases. En las actividades les propuse elegir algunos textos; recuerdo que leímos: Hacer la casa, Morir de amor y Nostalgia de la ausencia. En algunos momentos hubo instantes de silencio, ése que se genera cuando los temas conectan con el corazón y se hacen nudos en la garganta.


El año pasado tuve la posibilidad de estar más en contacto con José Luis, a través de la red académica tejida con Andrés. Fue grato trabajar con José Luis en un tribunal de tesis doctoral, siempre le agradeceré la oportunidad de invitarme y confiar en mi trabajo. Le compartí que habíamos leído textos de Errancias con estudiantes, le dio mucho gusto y lo agradeció. Quedó en la lista de pendientes – por nuestra agenda académica llena de actividades – esa invitación a una charla virtual para que de propia voz leyera sus textos, así como concretar otras actividades de investigación.


“Si sopla el viento a favor – esto es, si las circunstancias del viaje lo permiten —, tal vez nos encontremos en algún cruce de caminos o a bordo del mismo tren, como parte de esa misteriosa y mágica complicidad que se establece entre las experiencias y los sentimientos compartidos del lector y el autor. Feliz viaje”  (Quintero, 2022, p. 24.).
Estas líneas son de gratitud por la oportunidad de coincidir con José Luis, entre errancias y encuentros las letras también nos unen. Feliz viaje Tolito.

 

 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 284. Los guerreros de la luna. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

        Polvo del camino/ 284

Los guerreros de la luna
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

El actor que iba a hacer el papel se enfermó, por eso me llamaron. La escena era simple: tenía que arengar a una compañía que iba enfrentar una batalla. Primero se oiría mi voz y luego me filmarían en un close up mientras los estimulaba verbalmente para que los soldados a mi cargo (en la ficción de la película) se entregaran sin temor a la pelea. La toma después se diversificaría en los muchos puntos de vista que la dirección decidiera.
Cuando llegué a la locación, estaban allí, silenciosos, los guerreros. Era de madrugada y la luna alumbraba el campo. El enfrentamiento sería en cuanto amaneciera. Hasta ese momento me di cuenta que lo de la película era una idea que yo me había hecho (suelo perderme en los laberintos de la imaginación, sin ningún esfuerzo), cuando en verdad yo era el capitán de los soldados y no había ningún proyecto de cine.
Adopté de todos modos un tono teatral/cinematográfico para hablar con ellos. La luna estaba en su esplendor, bellísima, y fue ella quien me inspiró. Dije:
—¡La luna nos alumbra, nos cobija, nos ama! ¡Su luz nos dará el poder para derrotar al enemigo! ¡Tenemos que tener la convicción de que llevamos la luna en nuestro corazón y de que ella es nuestra protectora, el escudo que ningún arma podrá horadar!
Me di cuenta que el astro al que aludía comenzó a moverse más rápidamente en el cielo. Hubo un silencio de mi parte. Los soldados parecían de piedra, bultos hermanados que hacían una figura extraña.
La luna se puso al final de la fila, frente a mí.
—¡La luna es nuestra y nosotros le pertenecemos: somos los guerreros de la luna!
El astro pareció escucharme y fue adelantándose, por encima de las cabezas de la compañía, con cierta lentitud. Cuando estaba a quizás tres metros de mí se convirtió en una pelota brillante que, de manera intempestiva, llegó hasta mi cuerpo, atravesó ropa, músculos, huesos y se me acomodó en el corazón, en una suerte de encogimiento y elongación, como duplicándolo.
Sentí ardor, dolor, quemazón, y tal vez fue eso lo que fue reflejando mi semblante; los soldados continuaron impertérritos, como si nada pasara. Mi luna-corazón pareció adaptarse a la sangre (que dejó de ser lava) y a las palpitaciones. Quedé desnudo de la parte donde había entrado y se notaba debajo de mi piel una luz flava.
Intenté hablar y no pude. Comencé a flotar: la luna me llevaba a su lugar en el cielo. Mientras ascendíamos noté que el astro que me ocupaba comenzaba a expandirse y a ser yo nomás su ocupante. No: uno de sus ocupantes.
Dentro del cuerpo lunar había una multitud: mujeres de distinta edad: jóvenes, niñas, viejas; hombres de varia laya. Cuando entré en contacto con algunos me percaté que habían entre ellos matrimonios, hijas, nietos, noviazgos, lo convencional del mundo; era obvio, también, que nadie pensaba que estaba viviendo dentro de la luna.
Fue entonces cuando recibí una llamada en la que me pedían hacer una escena, porque el actor contratado no llegaría. Mi trabajo consistiría en arengar a los guerreros de la luna…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com