Círculo dantesco. 7. Ya no soy llanto. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Emiliano Arano: https://www.pexels.com/photo/grey-stainless-steel-mug-filled-with-hot-liquid-on-brown-surface-1443384/

Pensé que conocía mi alma,
mientras que mis brazos no me rendían,
mis piernas se dormían de a poco,
mis ojos hinchados apenas y se abrían,
pensé tontamente conocer mi alma,
pero aún me faltaba estar presente
en mi cuerpo que ya no me pertenecía.
La pesadez cada día era dueña de mí,
arrastraba los pies al caminar,
encorvaba mi espalda sin parar,
veía el suelo y nada más,
ya había perdido la fé
hasta de encontrar un poco de esperanza,
no es que la haya recuperado,
es que siento que ya no soy llanto,
que he dejado de ser dolor,
tristeza, angustia,
pena, melancolía,
rabia, duelo, felicidad,
había dejado de ser,
de ser yo quien antes fui,
de ser lo que quise ser,
de ser y no estar
de estar y no ser,
ya no era nadie,
ya no era nada,
ya dejé de existir.

–Dante.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas. 291. Otra oportunidad. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Otra oportunidad

La tarde se había escapado en menos de lo que Martina se dio cuenta, estaba muy concentrada avanzando en las tareas que tenía por entregar, dos ensayos, uno sobre el libro Álbum de familia, de la autora Rosario Castellanos y otro del libro Crónica de una muerte anunciada, del autor Gabriel García Márquez. Estudiaba la preparatoria en una escuela pública y uno de sus grandes sueños era ser escritora.

Vivía en una ranchería que se ubicaba a 40 minutos del pueblo donde estaba la escuela. Así que diariamente tenía una travesía donde invertía dinero, tiempo y esfuerzo. Se sentía muy afortunada de contar con el apoyo de su familia para poder estudiar. 

Esa noche mientras Martina avanzaba escribiendo sus reflexiones, se percató que Osa, su perra, estaba muy atenta viendo hacia el gallinero que tenía la familia de Martina, como en posición de cazar algo. Martina continuó con su tarea, de pronto Osa corrió tan rápido que Martina solo alcanzó a ver su ráfaga que se escabullía al interior del gallinero. Algo había ahí y Osa lo sabía.

Hizo una pausa, se ayudó con la lámpara del celular y trató de alumbrar hacia donde estaba Osa quien no dejaba de sujetar algo en el hocico, como un animal. No alcanzó a identificar qué animal era. 

–¡Osa, ven para acá, suéltalo! –gritó Martina.

Sin dudarlo llamó a su mamá y a su papá. Martina se adelantó y entró al gallinero. Ahí se percató que el animal era un pequeño tlacuache. Al principio ella pensó que estaba muerto, no se movía. Sin embargo, identificó que tenía los ojos abiertos y observó que estaba respirando. Llamó a su papá y al volver nuevamente el tlacuache se había movido lentamente. Ahí ambos recordaron que los tlacuaches suelen actuar como si estuvieran muertos, cuando se ven en peligro. 

En un breve instante, la mirada del tlacuache se fijó en la de Martina. Ella observó unos ojitos pequeños, relucientes, era la primera vez que tenía frente a ella a un tlacuache. Se alegró de haber llegado a tiempo antes de que Osa lo matara. Las gallinas estaban a salvo. 

Don Chepe, papá de Martina, dijo que lo dejarían ir. El tlacuache se veía entre asustado y lastimado. El animalito merecía tener otra oportunidad para vivir.  Don Chepe lo tomó de la cola para ponerlo fuera del gallinero, el tlacuache de nuevo tomó la postura de un cadáver. Pero al darse cuenta que estaba libre de peligro se escabulló ágilmente. 

Martina regresó a terminar su primer ensayo; garabateó la frase otra oportunidad, cuánto representa esta frase en la vida, pensó, recordando el instante fugaz donde su mirada se cruzó con la del pequeño tlacuache. Osa había regresado a su postura de guardiana, mirando fijamente hacia el gallinero. Enseguida se escuchó el llamado de doña Enedina:

–¡Martina, ya vamos a cenar!

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 291. Alicia, otra vez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 291

Alicia, otra vez
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién diablos soy? ¡Ah, ese es el gran enigma!

Lewis Carroll,
en Alicia en el país de las maravillas

¿Cuántas veces he leído Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll? No menos de diez. Tengo más o menos esa cantidad de ediciones y las he leído todas, además de una larguísima, anotada, en mi lector electrónico.
La leo una vez más, en una bella edición (RBA Coleccionables, 2022) que retoma la publicada en 1932 (para celebrar el centenario del nacimiento de Carroll), con ilustraciones bellísimas de Gwynedd M. Hudson, y no resisto la tentación de compartir contigo, lector, lectora, algunas de sus muchas gracias.
El país al que llega Alicia la hace crecer o empequeñecerse constantemente. En uno de sus crecimientos, se le estira tanto el cuello que una paloma la confunde con una serpiente y trata de ahuyentarla, porque tiene temor fundado de que se coma los huevos que está empollando. Alicia le hace ver que no es una serpiente, sino una niña (p. 75), “pero las niñas comen huevos, igual que las serpientes”.
“—No me lo creo –dijo la paloma–; pero, mira, si lo hacen, es porque son un tipo de serpientes: he dicho”.

Alicia también platica con el gato de Cheshire. Le dice (p. 90): “¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?”
El gato contesta: ”Depende mucho del punto adonde quieras ir”.
“—Me da igual adónde –dijo Alicia.”
“—Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.”

La falsa tortuga le cuenta de lo que estudiaba (p. 138): “Veíamos la lengua, con o sin taxis, y gramática parda, y luego, las distintas ramas de la aritmética: ambición, distracción, multicomplicación y diversión”.

El Rey dice a la Reina (p. 176): “Que yo sepa, querida, tú nunca has tenido accesos de ira”.
“—¡Nunca! –dijo la Reina, arrojando con furia un tintero a la lagartija”.

A través de los años –la primera vez que lo leí era un niño– este libro ha sido para mí como una fruta deliciosa, como un papalote en el cielo, como mirar la luna en una noche mágica…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 290. Diente de león. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Diente de león

Mientras caminaba presurosa a la reunión laboral que tendría, Bianca iba concentrada en un mar de pensamientos, además de los nervios que sentía porque representaba una actividad importante. Había llegado con anticipación, tenía alrededor de treinta minutos de tiempo para relajarse antes de entrar al gran salón donde se llevaría a cabo la actividad. 

Ese día había elegido usar un vestido de tela de algodón en color verde agua, con unos detalles muy discretos en tono rosa claro. Sus zapatos eran color beige que hacían juego con su bolso. Decidió llevar el cabello levantado en una coleta y como aretes, unas pequeñas arracadas de plata que le encantaban. 

Antes de llegar al salón atravesó por un espacio muy lindo, un jardín muy cuidado y al cruzarlo atrapó su atención una especie de pequeña colina dentro de una jardinera. Estaba poblada de muchos dientes de león. Era la primera vez que Bianca veía a tantos dientes de león juntos, le pareció que estaba como en una especie de pintura. La vista era preciosa. 

Su mente se concentró en los dientes de león y las imágenes previas que tenía desde su infancia. Vinieron los recuerdos de cuando era niña y salía a la calle. Le gustaba observar las flores que crecían en las banquetas, de lo que más recordaba eran esas pequeñas flores en tono amarillo que solía ver hasta en el lugar menos esperado. Alguna ocasión que salió con su tía Priscila le preguntó:

–Oiga tía, ya miró esas florecitas amarillas, hay muchas, ¿sabe cómo se llaman?

–¿A cuáles te refieres Bianca? 

–A las que están creciendo en las orillas de las banquetas y mire allá hay una en esa grieta de la pared.

–Ah sí, se llama diente de león, hay muchas por donde quiera que vayas. Son muy resistentes a las adversidades. Y cuando la florecita se va secando se transforma y sucede algo mágico.

–¿Cómo es eso tía?

–Sí, una vez que la flor se seca, en lugar de marchitarse da paso a un conjunto de pelos plumosos que le dan una vista hermosa y al soplarlos ayudas a esparcir la semilla del diente de león. Ojalá que encontremos alguna para que te muestre.

Pasó un tiempo después de esa conversación hasta que Bianca encontró en cierta ocasión algunos dientes de león con los pelos plumosos en tono blanco y recordó lo que le había contado tía Priscila. Se acercó cuidadosamente y observó. Después sopló con mucha fuerza y la magia sucedió, vio volar los pelos plumosos y se sintió contenta de que se esparcieran para dar vida a más flores.

De la plática con la tía Priscila a Bianca le quedó grabado no solo la transformación del diente de león, sino su presencia en las regiones menos esperadas, resistiendo a muchas situaciones climáticas. Para Bianca cada diente de león que solía ver crecer era como una lucecita de esperanza, ante las diversas situaciones en la vida, además del bello tono amarillo que alegraba la vista, recordaba que la magia después se hacía presente. De ahí que en más de una ocasión Bianca se había repetido, quiero ser como un diente de león.

El sonido del celular la hizo volver al presente, era la alarma que había programado. Continuó su paso, cada vez más cercano al salón. Ahora se sentía más tranquila, la vista de los dientes de león había sido un hermoso regalo no solo para apaciguar los nervios sino como inspiración para florecer en su actividad.

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 290. Les toca a ustedes/ II. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 290

Les toca a ustedes/ II
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]


Febrero 2025

Enrique García Cuéllar: “De repente me da por hacer palíndromas. Esas líneas que pueden leerse igual de izquierda a derecha que en un sentido inverso. A mi amigo Héctor Cortés Mandujano le compuse uno, que se basa en la hipótesis de que a este destacado intelectual de Chiapas, no le interesan las conversaciones insulsas. Me imaginé que le sonaban a rap. Es decir, la conversación hueca ‘Para Cortés se troca rap’. Ensaye usted a hacer palíndromas. Es divertido”.
Sobre Casa de citas 729, “Jean-Paul y Simone, 2”. Luis Daniel Pulido: “Gracias, amigo. Ya las comparto. Me noqueó esta frase: ‘Los seres sin conciencia y sin virtud necesitan pesadas cadenas’. Trastoca muchas cosas. ¡Abrazos!”.
Sobre Polvo del camino 265, “¿A dónde va lo común, lo de todos los días?”. Luis Antonio Rincón: “Buenas tardes, Héctor. Espero estés muy bien. Me gustó mucho Polvo del camino 265. Sólo te lo quería contar. Me despido. Tengo una cita de última hora con Silvio Rodríguez. Por supuesto, lo primero que le pediré cantar (vía YouTube) será ‘A dónde van’. Abrazos”. Jaime Ruiz: “¿A dónde se fueron esos días que compartimos? Creo que nunca se han ido. Han de andar por ahí, hay que traerlos de regreso con un buen café, antes de que nos cafetiemos”.
Adela Lagos: “Gracias por todos tus escritos dominicales”. Tania Corzo: “Los domingos me levanto bastante tarde y ya con mi cafecito leo tus columnas, es un placer”.
Alejandro Nudding: “Querido Hectorito. Escribir me muestra el oficio que realizas... una especie de alquimia de símbolos. Me hace pensar que nadie (excepto el poeta) y algún escritor (vos) aprenden el orden para expresar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que no se ve, lo que no se experimenta. Ahora entiendo el por qué de los silencios de los sabios. Ahora sé que tu último libro es igual al primero, con un orden diferente (pero con el mismo fin). Decir que te admiro me hace pensar en lo que quiero decir (me maravillo). Gracias, Hectorito”.
Isaac Otero, de nueve años, pide a su mamá que me envié la tarea que hizo en versos. Quiere saber mi opinión. Isaac es un niño inteligente, serio y talentoso. Le digo que no tengo ninguna crítica negativa sobre sus versos rimados en perfectas consonantes, sólo felicitaciones. Esto escribió: “La vida es como un juego de mesa, en algún momento se va a acabar. Un tiburón podría atacarte de sorpresa o quizá un asesino te podría disparar”.
Sobre Casa de citas 730, “Neruda”, escribe Sharon Hernández: “Estuve en la casa de Isla Negra cuando tenía 11 años. Aún soñaba con ser escritora y cometí la ‘osadía’ de sentarme en su cama, sin que me vieran. Pensé: ‘Me senté en la cama donde durmió Neruda’ ”. Linda Esquinca: “A pesar de leer a Neruda y a Gabriela Mistral, no conocía sobre esto que escribes. Gracias”.
El 24 de febrero, mi cumpleaños, me organizaron celebraciones. Siempre me había negado a ello, pero este año inexplicablemente dije que sí a todo. Tuve muchos regalos, muchos abrazos, muchas llamadas, muchos mensajes donde me dicen cosas tan lindas y tan exageradas sobre lo que soy (esas no las publicaré nunca) que si fuera un poquito más tonto me llenaría de vanidad. El 21 se organizó la primera fiesta, el 27 comí el último pastel celebratorio y el 18 de marzo recibí regalo todavía. Muchísimas gracias familia, amigas, amigos. Sobreviví a tanto amor, a tanta amistad.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 6. Me he perdido. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Octavian Iordache: https://www.pexels.com/photo/chair-and-a-small-fridge-in-an-empty-abandoned-room-11816755/

Me he perdido buscando la presencia
de alguien que me hiciera sentir vivo,
mis esperanzas no se daban por vencidas,
hasta que llegaste, hiciste desastre y te fuiste.

Mis pocas ganas de verme
no alcanzaron para verte ni a ti,
y en mi desesperación de querer verte,
me olvidé de mí.

Ya voy despidiendo mi alma,
lo terrenal ha dejado de existir,
no debo nada, mucho menos a ti,
estoy cansado, me iré a dormir.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas. 289. La música en el corazón. María Gabriela López Suárez

Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

La música en el corazón

Eleonora, Mario y Elizabeth habían coincidido en ir a cursar sus estudios de licenciatura a otro estado, en una universidad pública, tenían la oportunidad de que sus madres y padres pudieran financiar sus gastos. Como era de esperarse, habían rentado un espacio en común para vivir ahí. Mario y Elizabeth eran hermanos, Eleonora era su prima. 

Estaban adaptándose a la nueva ciudad y a la colonia donde vivían. Ya habían hecho algunos recorridos a los lugares más necesarios de conocer, las paradas de transporte público que los llevaba cerca de la universidad, el mercado, tiendas de abarrotes, farmacias, papelerías, algunos restaurantes, cafeterías y hasta un par de bares.

Entre los tres se iban alternando para ver quién cocinaba, cada integrante intentaba lucirse a la hora de preparar el desayuno y la cena. Normalmente comían en alguna cocina económica cercana a la universidad.

Ese fin de semana era cumpleaños de Elizabeth y Mario, por alguna extraña coincidencia habían nacido el mismo día, pero con dos años de diferencia, ella era mayor que él. Eleonora quería darles una linda sorpresa para la comida, prepararía uno de los platillos tradicionales de su región, nopales guisados con camarón y sopa de arroz; le había pedido la receta a su mamá. Así que ese sábado madrugó para ir al mercado y comprar los ingredientes.

Eleonora emprendió la ruta al mercado. Le gustaba ir ahí, aparte de que recordaba a los mercados de su terruño, le encantaba cómo tenían organizadas las frutas en cada puesto, algunos tenían hasta canastas de mimbre que hacían lucir más a las frutas y verduras. Ya tenía su marchanta preferida. No tardó en comprar los ingredientes y regresar a casa.

Mientras caminaba se dio cuenta que, aunque apenas iban a dar las ocho de la mañana, había mucha gente en el mercado. Así que decidió ir a paso lento, aprovechó para observar los puestos informales que había, las frutas de temporada y cómo las vendían empacadas, la cantidad de señoras mayores que ofrecían su vendimia, sentadas en una especie de banquitos improvisados, como cubetas con algún cartón o trapo encima. La venta era, en su mayoría verduras, dulces tradicionales, algunas con frijoles de distintas variedades y otras, flores. 

Entre el ir y venir de las personas, y el barullo propio del mercado, alcanzó a escuchar una melodía que le sonó conocida, pensó que el sonido venía de algún transporte público, porque había paradas aledañas. A medida que continuaba caminando seguía escuchando la canción, ahora un poco más cerca y logró identificar que era el inicio de la canción La vida es un carnaval. Sin embargo, la música se cortaba por instantes, solo era la pista, sin voz. 

Delante de ella iba un señor como de setenta años que caminaba despacio y se detenía. Eleonora se dio cuenta que el señor llevaba cargando algo, al frente del pecho, cuando estuvo más cerca, descubrió que la pista musical provenía de una grabadora que el señor cargaba al frente. Además, alcanzó a ver que también llevaba un micrófono; en algún momento el señor se detuvo, buscó un pequeño espacio para acomodarse y comenzó a cantar. 

Eleonora se quedó escuchando algunos minutos. La canción era una de sus favoritas, tarareó la letra, y poco a poco, fue pensando en el trabajo informal de varias personas adultas mayores en el mercado, era evidencia de las necesidades que tenían para subsistir, algunos rostros mayores manifestaban no solo el paso de los años sino también rastros de tristeza, cansancio, pero algunos más una viveza en los ojos que se contagiaba. El señor de la grabadora parecía que tenía la música en el corazón, entonaba la canción con mucho entusiasmo. Eleonora buscó una cooperación para darle, ni cuenta se dio en qué momento el señor había colocado una gorra al lado de donde cantaba.

Al ritmo de la vida es un carnaval siguió su camino a casa. A medida que avanzaba iba repasando la receta que guisaría, mientras se le venía a la mente la importancia en la vida diaria de llevar la música en el corazón.

Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/
Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 289. Porque tú volaste de mi nido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 289

Porque tú volaste de mi nido…
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Yo la amaba apasionadamente y con la inseguridad total de mis 17 años. Ana era amiga de mi hermana mayor, de su misma edad, 28 años, y desde la primera vez que la vi –a mis 14– admiré sus maravillosas y largas piernas, sus ojos adormilados y su boca sensual.
Me gustaba cómo fumaba Tirana (así le decía de “cariño” mi hermana) y me moría de placer cuando bajaba la voz y, ronquita, me decía algo en secreto. Pensé que me veía como el hermanito de su amiga cuando me acomodaba el cuello de la camisa (“eres guapito, pero a mí no me gustan los hombres descuidados”) y cuando me guiñaba un ojo y me mandaba besos de corazón de humo con su boca hermosa. Amaba también su perfume y su sonrisa abierta, de dientes perfectos.
Mi hermana andaba en no sé qué cosas y no pudo avisar a su amiga que no la acompañaría a un poblado cercano donde ella, mi amor secreto, haría una investigación para su trabajo, supongo. En aquellos tiempos no había internet ni celulares.
Mi hermana me dijo que la acompañara (“Pior es nada”, me dijo también), para que no fuera sola. Mi amor por Ana lo festejaba todo, así que la escuché arrobado cantar canciones de José José, mi favorita era “Volcán”, mientras ella manejaba su coche y yo iba de copiloto. No había en el mundo mayor felicidad que esa. Sí había, claro, y lo sabría pronto.
Terminó su trabajo en menos tiempo de lo que supuso y me dijo que fuéramos a un lugar menos caluroso. Yo dije que sí de inmediato. Al infierno iría, pensé, si me invitaba. Se metió a un motel. Me preguntó, cuando estábamos en la habitación, si yo era virgen y le dije que sí.
—Pues ya es hora de que dejes de serlo, ¿quieres?

Quedé sordo y mudo al regreso, como un zombi. Me metí a mi cuarto y daba brincos de alegría, como un idiota. No pude dormir esa noche. Trataba de cerrar los ojos y me daba cuenta que los tenía abiertos, pensando en ella. Comenzamos a vernos a escondidas hasta que un día Tirana me dijo que quería casarse conmigo. Me pareció una locura. ¿Qué iban a decir mis papás, mi hermana, su familia, nuestros conocidos?
Me dijo que iba a buscar un pretexto para irse a vivir un tiempo a mi casa y que quería quedar embarazada de mí. Que allá la encontrarían desnuda en mi cuarto y ante los hechos consumados, no habría marcha atrás. Me dio terror.
Apareció con una maleta y pidió a mis papás quedarse con nosotros, porque su familia, dijo, iba a estar fuera por las vacaciones. Un amigo de la prepa me había invitado a ir al rancho de unos tíos por una semana, pedí permiso a mis papás y extrañamente me dijeron que sí. Me fui sin decirle a Ana. Ella llegó y yo ya no estaba.
Sufrí como perro en el campo, incomunicado, aunque traté de que mi cuate y los demás no lo notaran. Cuando volví, mi hermana me dijo que Ana había decidido irse de nuevo a su casa, que nada más estuvo una noche con ella. “Te dejó un recado”, me dijo.
Mi amor y yo hicimos un lenguaje para mandarnos mensajes y que nadie los pudiera traducir si caía en sus manos. Eran dos líneas: “Nunca más voy a volver a verte. Mi venganza es que nunca me olvidarás. A partir de hoy no dejarás de soñar conmigo. No serás feliz. Eres un cobarde”.
Rompí su recado. A los pocos días supe por mi hermana que Ana se casaría con un novio que siempre tuvo y al que no dejó ni cuando supuestamente estaba enamorada de mí. Se casó y se fue a vivir quién sabe dónde. Nunca más la volví a ver, porque no fui a la boda y me la pasé a moco tendido en mi cuarto.
Su recado, que resumía el contenido de las canciones cursis de la época, resultó ser muy cierto. Acabo de cumplir ochenta años y anoche estuve llorando, porque la soñé, porque aún sigo enamorado de ella…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 288. Tejer la palabra, una labor desde el corazón. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Tejer la palabra, una labor desde el corazón

A mi niña interna, con mucho amor.

Con gratitud, a quienes forman parte de las Voces ensortijadas.

La lluvia que inició desde la tarde me acompaña mientras escribo estas líneas; en realidad tengo más acompañantes, los grillos que no dejan de sorprenderme, con su canto incesante, aún bajo la lluvia. Se siente muy grato escuchar al mismo tiempo el sonido de la lluvia que cae sobre las hojas de los árboles y crea una especie de ritmo, que se va dispersando y regresa. Y como en un quinto plano alcanzo a escuchar el canto de las ranas que, aunque lejano, es potente el sonido. Se me figura como si a través del canto expresaran la alegría por la lluvia. 

Hoy en particular, siento la presencia de mis ancestras y ancestros como en una especie de abrazo, de esos que apapachan lindo y que recuerdan lo bello de la existencia, de ahí que la lluvia y los demás elementos que comento sean elementos muy importantes, de conexión con la naturaleza. 

Vamos concluyendo el mes de julio, éste es un mes muy especial para mí, entre uno de los motivos principales es porque se celebra el aniversario de esta columna, Voces ensortijadas. Este mes la columna cumplió ocho años de su creación. El tiempo pasa pronto, en estos ocho años he tenido la oportunidad, el regalo, la bendición de escribir cada semana, sobre una diversidad de temas, y de que las Voces ensortijadas continúen teniendo los espacios para poder ser divulgadas, leídas, escuchadas y comentadas.

Me gusta recordar los momentos en la infancia y adolescencia que me remiten a mi gusto por la lectura y la escritura, bases importantes para el caminar de la vida. Este recorrido que inicié desde el 2017 que decidí escribir la columna me ha llevado a encuentros muy gratificantes, a volver la mirada no solo a lo cotidiano, a la naturaleza, a quienes me rodean, a mi terruño, sino también a los conflictos que se suscitan en los diversos contextos, también me ha reiterado la importancia del valor que tiene la escucha no solo para las demás personas sino también la escucha interna, volver la mirada hacia mí.  

Considero que la escritura se ha convertido en una parte esencial de mi cotidiano, me siento muy agradecida de poder hacerlo, sobre todo consciente de la responsabilidad que implica escribir para divulgar los textos y que estos textos tienen un acompañamiento colectivo. Escribir las Voces ensortijadas semanalmente, desde hace ocho años, es para mí una valiosa forma de tejer la palabra, una labor desde el corazón que me llena de entusiasmo, de emoción, donde la creatividad y la memoria se hacen presentes.

Agradezco mucho al público lector de esta columna, por su cariño, por su tiempo para leer, por resonar con los textos; muchas gracias a Letras, Idea y Voz, a Chiapas Paralelo, a Tropikalia, por el espacio que le siguen brindando a las Voces ensortijadas para su divulgación. Un abrazo con cariño para todas, todos, todes. La lluvia sigue, me parece que continuará toda la noche, arrullando los sueños, con los grillos que siguen animados para darle el toque mágico a este concierto de la naturaleza, como el festejo del octavo aniversario de esta columna.

Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/
Fotografía: Alex Dos Santos: https://www.pexels.com/photo/reflection-of-a-child-in-a-puddle-on-the-stree-22243356/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 288. Semillas de titanio. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 288

Semillas de titanio
Héctor Cortés Mandujano

Comencé a leer en la mañana, hice pausa y concluí en la noche la breve novela Desde el jardín (Editorial Pomaire, 1974), de Jerzy Kosinski, en cuya contraportada dice mano anónima que era esta la novela que más inquietaba a Luis Buñuel. En la tarde del mismo día vi la película Titane (2021), de Julia Ducornau, que ganó muchos premios internacionales y cuya trama la ha hecho constante referencia al cine de Cronenberg.

Las dos historias son extrañas. En la novela, un hombre ha nacido y crecido en una casa rica donde tiene prohibido ir más allá del jardín, que cuida, y la recámara donde ve sin cesar programas de televisión. El Anciano (así lo llama) que lo protegía muere y la nueva sirvienta no sabe nada de ese jardinero que quizás tenga una incapacidad cognitiva. El despacho encargado del testamento le pide a este hombre sin nombre que se vaya y a él, que nunca había salido a la calle, le parece que esto es un nuevo programa televisivo y se comporta como un personaje.
Me salto hasta el momento en que le sugieren tener sexo. Él, salvo una revista pornográfica de alguien le enseñó (el libro, no nos olvidemos, es viejo), no sabe cómo los humanos se relacionan sexualmente. En la televisión, un hombre y una mujer se besan y luego la toma cambia a algo que no tiene conexión con el beso. Garden, como lo llaman, es joven y atractivo. Un hombre se desnuda frente a él, y él le pone un zapato en la entrepierna. Parece que eso hace gozar al otro. Qué raro verlo retorcerse de placer. Una mujer desnuda se mete a su cama, y él la ve extrañado. La mujer parece gozar sólo besándolo, acariciándolo, juntando su cuerpo con el suyo. Ella se enamora de cómo él la respeta (es casada), pero él no entiende qué debe hacer, porque no siente deseo, sólo curiosidad: ¿Esto qué es?

En Titane, la protagonista es una asesina múltiple, que no permite que ningún humano la posea. La intentan enamorar un hombre y una mujer, y a ambos mata. Un día, desnuda, oye los ruidos de un auto y sale a verlo. Tiene las luces encendidas y ella se sube a él (cuando niña, por un accidente de tránsito, le pusieron una placa de titanio, y desde entonces parece fascinarse con los coches). El automóvil se vuelve su amante activo, con la palanca de velocidades y un movimiento que comienza lento y termina en tremendas sacudidas.
Ella queda embarazada del auto. Es en serio. Hasta escurre aceite cuando se baña. Mata a varias personas más y para que no la aprehendan se corta el cabello, se venda el vientre (que ya delata su embarazo) y los pechos, y se desfigura la nariz a golpes. Se hace pasar por un niño desaparecido hace diez años y el padre, un capitán de bomberos, la reconoce como su hijo.
El tipo está más loco que una cabra y no hace caso a todas las advertencias que le hacen de que su dizque hijo parece un gay extraño, que finge mudez para no descubrirse por su voz.
La peli no es, evidentemente, para todos los paladares. Algo que me llamó la atención es cómo el padre lo quiere y lo protege, y cuando ella por enésima ocasión intenta escaparse la busca, la encuentra en el baño y ve sus pechos de mujer. La cubre con su toalla y le dice algo que a mí me pareció humano, bello y loco: “No importa quién seas, ni qué seas: eres mi hijo y te quiero”.
Si no tienes gustos convencionales, lector, lectora, creo que estas dos obras pueden encantarte.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com