Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el IPN. Maestro en Finanzas Estratégicas por la UVG. Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM. Tiene estudios de Especialidad en Tecnologías de la Información por el ITTELMEX. Certificado como Co-Associated Project Manager por el PMI. Actualmente cursa el Master en Creatividad Literaria en Español en la Universidad de Salamanca. Promotor cultural y escritor. Ha publicado novela, cuento, artículos literarios y técnicos.
Bestias del sur de Ulises Soto Ruiz
Hace unos días, Liliana (la correctora de estilo de mi novela) me invitó a la presentación de Bestias del sur.
El libro consta de dos obras: “Casting para un hermano” que ganó el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia y “Cascajos”.
La primera obra trata de la migración. El escenario es la frontera, el desierto, unos matorrales y la noche. Los personajes son: una niña de trece años y un niño de nueve. Este último es utilizado por sus padres como gancho para el tráfico de niños. El escritor utiliza al Cadejo (monstruo de las culturas mesoamericanas parecido a un perro) no sólo como elemento del miedo, sino que es parte del “juego” para engañar a los niños. El Cadejo, con ojos al rojo vivo, te mira el alma y te castiga.
Hoy estuve al teléfono con Liliana casi tres horas trabajando, le comenté que ya había leído el libro y que la primera obra me pareció excelente. Los que leen y que viven aquí, en Chiapas, deberían ponerla en su lista de pendientes por leer, ojalá pudieran además leerlas en otras latitudes. De “Cascajos” le dije que me rebasó, no la entendí. A veces siento que, los que intentamos hacer literatura, leemos variado, nos gusta enriquecer nuestras posibilidades, queremos abarcar otros estilos, nuevas técnicas, variar con los diálogos, en suma, salirnos de la norma. Es difícil y hay que intentarlo, aunque hayan veces en las que quizá podamos dañar el texto y dejarlo difuso.
Fotografíá: IMIB
Sobre la autora:
Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.
En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.
Voces ensortijadas
A vuelo de pájaro
María Gabriela López Suárez
Matilde despertó temprano a pesar de ser domingo, había quedado de ir a ayudar a Pilar y Teo, dos de sus mejores amistades, a vender suculentas en el pequeño vivero que inaugurarían ese día.
Revisó si llevaba todo lo que le encargaron, hizo el repaso de la lista y encontró que todo estaba en su bolsa. Tomó su celular y escribió un mensaje a Pilar:
—¡Hola Pili y Teo! Ya voy para el vivero, llevo lo que me encomendaron. Pasaré por el puesto de jugo de naranja, ojalá que ya estén vendiendo. Los veo al rato.
No se esperó a que Pilar le respondiera, guardó el teléfono y se dirigió al vivero. El día estaba soleado, el clima era caluroso, tal parecía que era efecto de la lluvia de la noche anterior. Pasó por un pequeño parque que estaba cerca de su casa, había diversos espejos de agua, así solía llamarles a los charcos de agua que reflejaban los paisajes. Le encantaba observarlos.
Mientras atravesaba el parque también se percató que muchas personas estaban tomando un pequeño descanso en las bancas, había personas jóvenes, adultas, adultas mayores. Un elemento que llamó su atención era que la mayor parte de ellas estaban entretenidas con sus teléfonos celulares, como si el mundo girara en torno a esos aparatos.
Matilde se quedó pensando que si ella no fuera caminando estaría como esas personas, concentrada en su celular. El aleteo de una paloma hizo volver la vista a su derecha, se dio cuenta que había muchas palomas, algunas revoloteaban dando giros y luego se arremolinaban hacia una dirección. Una señora mayor les estaba dando arroz. Las demás personas parecían no darle importancia a ese paisaje.
—¡Uff! ¿Hasta dónde llegamos a ensimismarnos con el cel? —se dijo para sí Matilde.
De repente recordó que había quedado de pasar por el puesto de jugos de naranja. Apresuró su paso, echó una mirada a vuelo de pájaro a donde se ponía la señora que vendía los jugos, alcanzó a verla a lo lejos. Se encaminó rápidamente allí para encargar un litro de jugo. Revisó su teléfono, Pilar le había respondido.
—¡Hola Mati! Gracias. Ojalá que encuentres juguito de naranja. No te demores, las suculentas y nosotros te esperamos.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Polvo del camino/ 187
La recompensa de pelar gatos
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
Mis zapatos viejos necesitaban cambio de suelas. Fui al zapatero y enrollado, al lado de sus pies, estaba un gato. Hice un gesto, que el hombre captó:
—¿No le gustan los gatos?
—No me disgustan.
—¿Y su gesto?
—No me gusta el olor mezclado que hay aquí. No importa, estoy de paso. Le traje mis zapatos para que me haga el favor de cambiarles la suela.
—Déjelos ahí. Tal vez no valga la pena decírselo, pero el destino de los seres humanos está escrito en los pelos de los gatos. Si a uno de éstos le arrancaran todos los pelos, que no sería humano ni fácil, y los lanzaran al piso, sabríamos el pasado, el presente y el futuro de la persona cuyo destino está escrito en ese gato en particular.
—Me parece una locura. Por ejemplo, si despelucara a este gato suyo, ¿sabría todo sobre la vida de usted?
—No me ha comprendido: que este gato sea mío, por decirlo así, no significa que en él esté mi destino. Puede estar mi destino escrito en el pelo de un gato callejero o en el elegante minino que vive en una casa de ricos o en cualquier otro.
—¿Y cómo ha llegado a esa conclusión que, evidentemente, no tiene sustento científico?
—El secreto me fue revelado en un sueño, de hace varios años. Le he estado dando vueltas…
—Es, desde mi punto de vista, una revelación inútil. Podría matar un gato, hacer lo que me dice y darme cuenta que conozco la vida de un niño de Escocia, de una muchacha siria, de un señor de Mongolia. ¿Para qué me serviría, para qué le serviría a la otra persona?
—Las revelaciones no siempre siguen la lógica de personas como usted. Están alineadas al misterio.
—Bueno, espero que no tenga que matar a un gato para saber cuándo tendrá listos mis zapatos.
—No, eso no, venga pasado mañana.
Antes de irme, vi que el gato a los pies del zapatero soñador volvió su vista hacia mí y en sus pupilas amarillas no vi nada más que el misterio inasible que siempre trasminan los ojos felinos. Salí.
Como si hubiera esperado el instante exacto para desplegar ante mí su épica de cuarta, la escena cuando llegué fue la siguiente: el zapatero ponía el cuerpo yerto del gato en una caja de cartón. Mi pregunta rezumó obviedad.
—¿Murió?
—Hace un momento.
La idea fue automática:
—¡Y si lo pelamos?
—¿Está loco? Era mi gato, lo amaba. En esa bolsa están sus zapatos, lléveselos.
Encima de la bolsa estaba la nota. Dejé un billete y me fui. El hombre ni volteó a verme. Cuando al día siguiente iba a ponerme los zapatos me di cuenta que no eran los míos. Fui a buscar al zapatero, de nuevo. Le dije. Estaba desinteresado de mi tema; buscó mis zapatos y los halló, ya compuestos y limpios. Me los dio. Ya me iba, cuando me detuvo para hacerme otra confidencia.
—Tuve otra revelación en sueños…
—¿Qué?
—Que el destino de todos los gatos está escrito en nuestros cabellos, en los de la gente.
Nos quedamos en silencio. Caminé a la salida.
—Bueno, adiós.
Mientras caminaba pensé que sus revelaciones eran absurdas y lentas. Que si eso lo escribía alguien lograría hacer una Biblia enigmática e inútil. Yo no sería uno de sus apóstoles, estaba claro. Pobre viejo loco.
Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
La caída, de Albert Camus
Por Ilse Ibarra Baumann
Huyen el lento día y la noche serena
Mas nunca vuelven
Los tiempos que pasaron ni el amor ni la pena
El puente Mirabeau mira pasar el Sena...Guillaume Apollinaire
en "El puente Mirabeau"
Platicamos sobre La caída dos amigas, Paloma (mi sobrina) y yo. Les comenté que me gusta el existencialismo y nos dimos a la tarea de leer este libro filosófico.
La novela es un monólogo de Jean-Baptiste, cliente asiduo del bar “México City” en Amsterdam. Ya desde ahí, a las cuatro, nos encantó el nombre del bar, y seguimos leyéndolo con más gusto. El lector poco a poco se da cuenta que el personaje tiene problemas de alcohol. Cada noche espera, en el bar, a ese parroquiano (sin rostro) para contarle parte de su vida.
La historia que cuenta ha de rondar entre los veintitantos a los cincuenta años cuando mucho.
Jean-Baptiste era abogado en Paris, guapo, seductor y altruista. Demasiado perfecto (aunque uno no olvida el título) y narcisista. Todo se derrumba una noche cuando, al pasar por el puente Mirabeau, una chica se tira al río Sena y él no hace nada por salvarla, sólo escucha el grito y sigue caminando. Ese grito lo persigue toda la obra. Su vida cambia, pierde el trabajo, se va a los excesos: sexuales, ladrón de arte… El dolor del cuerpo físico por haber tocado fondo lo hace replantearse, y ese grito es el eco de La caída. Muere por confesarse, por ser enjuiciado.
“no era posible morir sin haber confesado todas las mentiras. No a Dios, ni a ninguno de sus representantes en la tierra, ya puede usted imaginarse que yo estaba por encima de eso. No, se trataba de confesárselo a los hombres, a un amigo, o a una mujer amada, por ejemplo. De otro modo, aunque en toda una vida solamente hubiera una mentira oculta, la muerte la volvía definitiva. Nadie, jamás, conocería la verdad sobre ese punto, puesto que precisamente el único en saberlo se había muerto, se había dormido con su secreto. Todo ese asesinato absoluto de una verdad me daba vértigo.”
“La gente entonces se apresuraba a juzgar para no ser ellos mismos juzgados.”
Jean-Baptiste hizo todo para ser adulado, y nada por los demás. A la chica del Sena no la salva porque no había nadie quien lo viera.
“¡Oh muchacha! ¡Arrójate otra vez al agua para que yo disponga de una segunda oportunidad de salvarnos a ambos!”. “Una segunda oportunidad, ¿eh? ¡Qué imprudencia! Suponga, querido colega, que le tomo la palabra. Habría que pasar a los hechos. ¡Brrr…! ¡Qué fría debe estar el agua! Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde, siempre será demasiado tarde. ¡Afortunadamente!”
Existe un vínculo con el poema "El puente Mirabeau" de Guillaume Apollinaire.
Nos vemos en el México City.
Fotografía: Ilse Ibarra.
Sobre la autora:
Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.
En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.
“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.
Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.
Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001).
Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral y las letras su gran pasión.
Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.
Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil.
Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica..
Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.
Las palabras justas
Ilse Ibarra Baumann
No hay peor sensación que percibir(aún velada) soberbia en alguien, y más si es escritor. Al leer esperas ver al personaje resistir, tolerar, le permites hechos viles, despreciables y al fin, si es posible, que resuelva sus problemas, y cuando no lo logra, y sufre, es mucho mejor porque nos recuerda cuán susceptibles son ante la existencia humana.
No quiero leer en este diario: “Las palabras justas” (que es autobiográfico) a un personaje inteligente, porque cuando lo dice, me entra la duda y con ello la humillación hacia los demás. Y después de tanto leer su grado de inteligencia “entiendo” que igual se trata de inseguridad por no querer mostrar sus debilidades (vaya usted a saber si por su niñez o por algo que sabe y, eso sí, no lo dice). Y si lo dice es otra vez con ese toque de “inteligencia” sarcástica y velada y no un hecho.
Mi mamá me decía dos cosas: primero que yo no hable bien de mí, que sea otro el que lo diga, el que eche las flores (si existen) de mi persona; y segundo, que los dichos están bien dichos, “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
Este libro tiene esa petulancia que a ratos la aleja de esa supuesta inteligencia.
“Yo no soy nada arrogante, pero mi inteligencia, sí”
“Pienso que escribo fatal hasta que leo lo que escriben los demás”. Y así, hay varias citas de este tipo. Pero cuando habla de su vida diaria: hijos, muchacha, psiquiatra… puedes salvar su parte inteligente.
En los libros hay buenos (o excelentes), regulares y malos. Me pasan dos situaciones complejas cuando estoy en los polos. Si una frase es buena: por la fuerza de su contenido y, sobre todo, por su sencillez (y creo que por su humildad que es, sin duda, pura y llana inteligencia), la leo y la re leo varias veces. El proceso de captura, para mí, es lento, por no decir lentísimo. Pero no tengo prisa. Bueno, pues eso mismo me pasa si la frase es mala. Lo sé, es paradójico, pero lo malo también debo de re leerlo. Es tan simple o tan esperado o tan petulante que dudo de haberlo entendido bien. Como si no tuviera ese significado, el real, el del libro, y yo buscara otro más... simple y emotivo. Bueno, pues así me pasó con los “aforismos” de Milena Busquets.
Ser crítico es fácil. ¿Cómo será ser escritor?
Fotografía: Ilse Ibarra.
Sobre la autora:
Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.
En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.
Voces ensortijadas
Aguas frescas en verano
María Gabriela López Suárez
El verano se había hecho presente y con él las vacaciones, Liliana estaba muy contenta porque podría ir de paseo a la Ciudad de México, a visitar a Flor y Rafael, su prima y primo, a quienes no veía desde antes de la pandemia por la Covid 19. Liliana había terminado el cuarto grado de primaria, Verónica y Patricio, su mamá y papá, le dijeron que sería su regalo por haber tenido buenas notas.
Sin embargo, Liliana no contaba con la situación económica que tenían en casa, la tiendita de abarrotes que era el sustento familiar había tenido pocas ventas en los últimos tres meses. Cuando Verónica y Patricio le dijeron que no les alcanzaban los ingresos para costear sus días de vacaciones se puso muy triste.
El día que le dieron la noticia estaba ayudando en la tienda, pasado el mediodía escuchó al señor que vendía pozol de cacao en su triciclo, gritaba con entusiasmo,
—¡Aquí está el pozol! ¿Va a querer su pozol?
Le llamó la atención el anuncio, se asomó a la puerta de entrada y se dio cuenta que el calor estaba en su apogeo, justo como para tomar algo refrescante. Vio que algunas personas se juntaban a pedir pozol. Se le vino a la mente que ella podría vender algo para tomar y de ahí reunir dinero para su viaje. Les comentó la idea a Verónica y Patricio, al principio no les llamó mucho la atención pero al ver el ánimo de Liliana se sumaron a apoyarla. Le sugirieron vender limonada, naranjada y jamaica con limón y chía. No tendrían que gastar en los productos porque normalmente los tenían. Liliana les ayudaría a prepara las aguas y también haría el anuncio. Buscó materiales reciclables, encontró una cartulina de color naranja, usó sus plumones y escribió el anuncio, acompañado de un dibujo.
Al día siguiente Liliana se levantó tempranito, se arregló, colocó el letrero afuera de la tienda, acomodó una mesita de madera –donde hacía sus tareas- y una silla, en espera de la clientela. Verónica estaba más nerviosa que su hija, pensando qué pasaría si la idea no tenía respuesta. Patricio le adivinó el pensamiento y comentó a ambas que habría que ser pacientes, quizá la gente no comprara mucho al inicio.
El tiempo fue pasando y comenzó a llegar un cliente, luego una clienta, otra más y después del mediodía había vendido el agua de limonada y jamaica con limón y chía. La naranjada había sido menos exitosa pero no se perdía, la tomarían en la comida.
Al quinto día de venta Liliana se puso a sumar lo que había vendido. La tía Conchi, hermana de Verónica llegó de visita, al entrar a la tienda se dio cuenta del anuncio de las aguas. Reconoció la letra de su sobrina, iba a preguntarle de qué se trataba, la encontró muy concentrada, con libreta y lápiz en mano y muchas monedas sobre la mesita. La saludó y Liliana le explicó su idea apoyada por Patricio y Verónica.
—Aguas frescas en verano, vaya que es muy buena idea Lili, te felicito —le dijo.
La tía Conchi además de felicitar a la niña se dio cuenta que no se había dado por vencida al saber que no podrían apoyarla económicamente para el viaje y estaba esforzándose, actividad que no solo era benéfica para sus vacaciones sino para las decisiones en la vida. Platicó con Verónica, se sumaría a apoyar con lo que faltara para cubrir los gastos del viaje. Cuando Liliana se enteró su rostro dibujó una sonrisa de oreja a oreja, agradeció con un abrazo y un beso a su tía Conchi. De inmediato les escribió un mensaje a Rafael y Flor para darles la buena nueva.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Polvo del camino/ 186
Árbol-Jaguar/ 7
Nacemos
Héctor Cortés Mandujano
¿Qué siente el viento enfurecido cuando levanta entre sus brazos invisibles a una vaca?
¿Qué siente una flor cuando cae su primer pétalo caduco?
¿Qué siente la mujer cuando ve a un hombre que considera será el compañero de su vida?
No creo que esas sensaciones (juguemos a la prosopopeya con el viento y la flor) sean transmisibles con palabras comunes, con el lenguaje humano.
Soy un observador y sólo puedo tomar nota de lo que veo, y mi visión está reducida o ampliada por mi ignorancia o mi conocimiento.
Veo un jaguar hembra embarazada.
Seguro ha sentido miedo por la presencia de extraños (en el caso de que se haya encontrado con un humano agresivo o un cazador furtivo) o porque ya no tiene tanto territorio para esconderse, para tener comida, para juntarse eróticamente con un macho.
Pero está embarazada.
Son incluso sus últimos días de gestación, sus últimas horas, sus últimos minutos.
Ha sentido dolor inexplicable. Ha rugido, gañido, ¿llorado?
¿Qué es esto?
Finalmente, por intuición –es su primer parto–, se acomoda y hace fuerza para expulsar lo que sea tenga en el vientre.
El bebé, el cachorro, nace.
Y eso significa, de nuevo, que el mundo ha vuelto a nacer, que hay esperanza, que el futuro se sigue multiplicando…
Que tú, que yo, que los seres, el planeta, el universo, estamos vivos.
Ilustración: Alejandro Nuding.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
La ocupación, Annie Ernaux
Resulta superfluo imaginar que la vida de otra persona se pueda repetir en uno mismo, aún cuando los hechos se parezcan. Pero, qué puedo hacer si soy así. Mi hermana diría: “es que eres Géminis”. No. No creo en eso. Sólo en el ser humano (el animal racional) y en la naturaleza (y ya es bastante). Soy de las que busca colgarse la camisa ajena, quizás porque le viene bien. Nada más por eso, porque no creo en nada más, y menos en los signos zodiacales.
“Sin embargo, fui yo quien dejó a W. Unos meses antes, tras una relación de seis años… al no verme capaz de cambiar mi libertad, recuperada tras dieciocho años de matrimonio, por una vida en común que él deseaba fervientemente desde el principio.”
Esta cita aparece en la tercer página del libro, ¡apenas en la tercera! Cuando la leí, automáticamente dejé de hacerlo y pensé en mí. Sólo en mí. En mi vida. ¡En mi relación! Soy egoísta y egoístamente acostada en mi cama, sola (porque me gusta estar así y los días de así… los disfruto, igual que los otros, los de compañía), veía el techo y pensaba en mí. Le daba vueltas a la cita y a mi vida sin ganas de conocer el futuro impreso del personaje y con miedo del mío. Me puse la camisa de otra.
Fui leyendo poco a poco (es un libro muy pequeño, pero cargado de significado personal) y noté que, más adelante, no nos parecíamos tanto, sin embargo, esta cita y otras más quedaron resonando en mí, por días.
Mi hija dice que estoy mal, que no debería enfrascarme tanto. Como quien dice, que la vida ya da problemas como para asumirse la de los personajes. Odio decirlo pero leer no sólo me transporta sino que me da la idea y la vuelvo mía.
Annie Ernaux es una escritora multipremiada. Si pudiera otorgarle un premio más sería uno motivado por eso que me causa: que al leerla, me vuelvo ella.
Fotografía: Ilse Ibarra.
Sobre la autora:
Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.
En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.
Polvo del camino/ 185
Evocadas páginas de otro libro/ XI
Dulce hogar: oxímoron
Héctor Cortés Mandujano
Entre tu piel y mi piel hay un abismo insondable…
Arturo Meza,
en su canción “A merced del olvido”
Susi y yo llegamos a la fiesta. Yo estuve de lo más conversón y alegre (falsamente alegre) y ella sin decir ni pío. Cuando ya nos retirábamos –yo borracho, ella impertérrita– un amigo me dijo un tanto preocupado:
—¿Qué le pasa a Susi?
—Anda con problemas. Ya se le pasarán. Nada grave.
Fuimos al mar y Susi estuvo sin mostrarse, como escondida en sí misma. Jugando con las olas me sentí solo, como si ella no estuviera. Me fui a la playa de noche y me emborraché viendo la luna llena.
Yo supuse que Susi dormía, desentendida de mí.
En el depa ya no pude más y estallé en llanto animal, sin medida, sin pudor.
—Susi –dije–, ¿por qué me has abandonado?
Y aunque ya sabía, allí me resultó insoslayable que Susi tenía tiempo de no estar conmigo, aunque yo la sintiera acompañándome.
Susi era ya sólo una imagen que yo llevaba dentro a todas partes.
Susi era mi ex y yo no la olvidaba.
Susi ya vivía con otro hombre.
[La historia se me ocurrió mientras leía Más allá de los lenguajes (Editorial Trillas, 1976), de Jacobo Grinberg Zylberbaum. No subrayé el concepto o la oración. Algo escrito por él fue el detonante. Oxímoron, en literatura, es una “figura retórica de pensamiento que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado contradictorio u opuesto”. La evidente ironía del título es del maestrísimo JLB; lo dice en Borges (Editorial Destino, 2006:1422), de Adolfo Bioy Casares.]
Ilustración: Héctor Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).