Voces ensortijadas 269. Extensiones del cuerpo. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

Extensiones del cuerpo

La alarma del celular sonó. Aurelia despertó. El tono de la alarma que había elegido para no despertar de golpe la arrullaba más en vez de ayudarla a despertar. Aún así apagó la alarma. Se quedó unos minutos más en la cama. Luego se levantó. Era domingo pero había quedado de ir al mercado por un encargo de su mamá.
Escuchó el canto de las aves que se traían gran algarabía, eso era una manera de ir anunciando la llegada de la primavera. Al menos así lo percibía Aurelia. El canto quedó en un tercer o cuarto plano. Se dirigió a la cocina, se preparó un licuado de leche y manzana. Se dio un baño rápido y salió a la calle.
El clima ya se comenzaba a tornar caluroso, agradeció la sombra que aún permanecía y le daba cobijo. Revisó su reloj, eran las 7:50 de la mañana.
—Ni yo me la creo, levantarme temprano en domingo —dijo para sí, mientras sonreía.
Observó que había poca gente en las calles. Alzó la vista, el tono del cielo era un azul de los que apetece quedarse contemplando por un gran rato. Las aves parecían disfrutar el paisaje, Aurelia también se deleitó con la vista.
En su trayecto al mercado se dio cuenta que cada persona con la que se topaba en el caminar iba con el teléfono celular en uso. Una persona mandando mensajes, otra persona sonriendo mientras leía, otra más detenida en algún espacio de la banqueta para escribir, una más hablando por teléfono. A lo lejos vio a dos personas más, sentadas una al lado de otra pero sin tener un intercambio verbal. Cada una adentrada en su mundo, atrapadas por las pantallas de sus teléfonos móviles.
A su mente vinieron de inmediato como ráfagas algunos comentarios que había escuchado y un texto que había leído sobre los celulares, como extensiones del cuerpo y la dependencia que se tiene a ellos. Sin duda que ella también usaba el celular, era una herramienta no solo para tener contacto con personas, sino de trabajo y por supuesto, para revisar sus redes sociales.
Para su sorpresa ese domingo había dejado el celular en casa y su reloj no era de los inteligentes que se conectan al celular. Se alegró de haber olvidado el teléfono móvil y poder disfrutar en esos momentos del paisaje visual, del paisaje sonoro, de los elementos cotidianos de su día. Mientras avanzaba a su destino, atravesó un pequeño parque con varios árboles que le daban la bienvenida. Sonrió, pensó que le encantaría que las ramas de alguno de esos árboles fueran extensiones del cuerpo.
Apresuró el paso, la señora que vendía los tamales horneados de flor de cuchunuc no tardaba en llegar y Aurelia quería ser de las primeras de la fila para alcanzar a comprar el pedido de su mamá.


 

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 269. «Los elefantes no pueden saltar». Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 269

“Los elefantes no pueden saltar”
Héctor Cortés Mandujano

Voy caminando por una vía terrosa que, a los flancos, tiene árboles enormes que dan sombra a mi paseo solitario. Un perrito se acerca a mí. Parece muy pequeño y extraviado. Unos pasos adelante ligo el hecho de que haya una perra muerta, que comienza a oler mal, con el pequeño perdido. Un gallo y una gallina están picoteando el despojo maloliente en que se ha convertido la perra. Con esos elementos se puede intuir una tragedia.
Tenemos un gallo y dos gallinas en casa. Él no come si antes no comen ellas y casi no rasca la tierra, se dedica a cuidar a sus compañeras. Cuando encuentra algo comestible, hace un ruido característico para llamarlas. Incluso, cuando les damos maíz y sólo está él, las convoca antes de dar el primer picotazo.

En uno de los engargolados que he hecho, con material diverso, hay un texto que habla de animales, con información que no sé si sea cierta: “Es posible hacer que una vaca suba escaleras, pero no que las baje”.

Un trío de chachalacas han dado por llegar a un árbol cercano a la ventana de nuestra sala. Cantan a todo volumen. A veces yo leo, sentado en el sofá, y ellas, que parecen guajolotas de buen tamaño, aunque me ven, siguen en sus gorjeos, como si no pudieran dejar por un momento su conversación. “El graznido de un pato (cuac, cuac) no hace eco y nadie sabe por qué”.
Había pulgas, una especie de epidemia, en nuestro terreno circundante. Las ardillas dejaron de venir, de pronto las veo paseando en trío por las ramas de uno de nuestros árboles(como en La peste, de Camus, que corran las ratas nuevamente implica que ya pasó el contagio). Ya no hay pulgas. “La cucaracha puede vivir nueve días sin su cabeza, antes de morir de hambre”.

Era normal que, en nuestro patio, las hormigas comieran plantas, a veces hasta desaparecerlas, o que se subieran a los altos árboles y dejaran un reguero de pedazos de hojas o flores; que tuvieran muchos hoyos donde se reproducían al por mayor; que en nuestra casa (en el baño, en la cocina, en cualquier pared) vivieran por centenares, en algunas temporadas. No usamos nada para matarlas. Cada día había más, hasta que el gallo y la gallina se posesionaron de la totalidad del terreno y comenzaron a usarlas como comida y botana. Es rarísimo ver alguna por allí, cargando una hojita o un palito. Tal vez se pasaron la noticia de que ahora viven en este territorio unos monstruos come hormigas y decidieron mudarse quién sabe adónde.

Dije “tenemos una gallina y dos gallos”. Ya no. La muerte nos visitó e hizo que una de nuestras gallinas, que era muy audaz, muriera ahogada en nuestro estanque de peces. La hallamos flotando. También la pálida decidió llevarse a nuestra amada perrita Martina. Murió de vieja. Mi mujer le tuvo la patita en la palma de la mano y hablaba con ella, la acariciaba, cuando la Marti dio su último suspiro.
“Los mosquitos tienen dientes.”


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Disquisicionario. 18. Tripalium. Esteban Martínez Sifuentes.

Fotografìa: Caner Demiroğlu en Pexels.


Tripalium
Esteban Martínez Sifuentes

Tiempos de pandemia. Nadie sabe cuándo terminará ni a dónde nos lleva. El trabajo escasea. Con mucho, hay menos gente en las calles que antes de la alerta roja. En estos rumbos de la ciudad, en otros no se nota tanto, o nada.
Está por amanecer, como siempre desde que el mundo es mundo; eso no cambia aunque se acabe la raza humana. Estoy sentado en una banca de parada de autobús, esperando y con frío. Los taxis empiezan a menudear por la avenida; y, más esporádicos, los peatones, humildes empleados que entran o salen de sus trabajos con la mochila a cuestas. En otra época y a la misma hora esto ya empezaba a ser un caos infernal de ruido y movimiento.
Frente a mí, del otro lado del camellón tupido de agapandos, hay dos locales comerciales que seguramente no abrirán hoy y tal vez nunca. En uno se lee “La piú bella”, sin duda un restaurante. ¿Cuántos empleados se habrán quedado sin trabajo?, me pregunto. Antes del virus, fui maitre patissier por el mismo rumbo, uno de los más bonitos de la ciudad.
En la esquina, luego de los locales, está un edificio de departamentos. Con dos franjas verticales de cristal a ambos lados de la puerta, el edificio es nuevo y los departamentos parecen de lujo. Deben de serlo. La mayoría en la colonia lo son, o por lo menos carísimos. Al final del edificio, en línea recta con mi mirada y el eje de mi cuerpo, está la banqueta de una callecita bordeada de autos estacionados y árboles variados no muy altos. Veo de pronto repegado a la puerta a un niño o adolescente delgado, de espalda.
¿Sale o entra? ¿Cierra o abre? No alcanzo a distinguir. En todo caso parece que la cerradura no cede… Ya está. Guarda el llavero en su bolsillo. Se separa de la puerta, se perfila hacia la esquina.
Me advierte sin prestarme demasiada atención y empieza a caminar. Hay algo raro en él. No es niño ni adolescente, sino un viejo flaco y algo deforme que camina además apoyado en dos bastones que antes no le vi. Avanza trabajosamente por la banqueta de la callecita, pero no tan despacio como se esperaría dada su condición. Es hábil, quizás está enfermo desde la infancia. No debiera, pero siento lástima por él. Volteo a derecha e izquierda.
Imagino que va a detenerse frente a uno de los coches iniciales y lo abrirá para subirse. Pero no, camina, camina oscilante, lento-rápido. Me pregunto a dónde irá tan temprano, ¿a trabajar? No importa, me digo. Trabajo es trabajo, y con el maldito virus rondando por dondequiera no abunda. Volteo de nueva cuenta a mis costados, tiento el arma en la bolsa de la chamarra y me levanto para cruzar la avenida.

Fotografìa: Caner Demiroğlu en Pexels.
Fotografìa: Caner Demiroğlu en Pexels.
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Voces ensortijadas 268. La escritura nos une. María Gabriela López Suárez

Ilustración proporcionada por el autor.

     Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

La escritura nos une

¿Cuál fue la última vez que gritaron para alzar la voz por algo que no querían hacer? ¿Cuántas veces han callado ante situaciones con las que están en desacuerdo? ¿Cuántas situaciones de exclusión, de injusticia, de discriminación, de violencia han tolerado? ¿De qué manera se alza la voz ante todo esto que no solo duele, indigna y genera impotencia? Hay distintas formas, algunas más crudas, otras sutiles, pero indudablemente una que nos permite conectar con las demás personas es a través de compartir la palabra, sea de manera verbal o escrita.
El pasado 6 de marzo del año en curso tuve la invitación, por parte de la poeta Chary Gumeta, para participar en la décimo quinta edición de Grito de Mujer, coordinado por Mujeres Poetas Internacional y el Festival Mundial de Poesía Contemporánea de San Cristóbal de Las Casas, el evento se realizó en el Centro Cultural Carlos Jurado. Ahí tuve la oportunidad de conocer a compañeras poetas, locales e internacionales.
La poesía – y esta columna – fue la herramienta clave para que el público asistente y las compañeras que participamos con la lectura de nuestros textos compartiéramos eso que no se dice de manera tan simple, en lo cotidiano, eso que nos duele, nos lastima, que a veces sentimos que nos asfixia y nos genera ansiedad, melancolía, nostalgia, pero también lo que nos permite reconocernos en un mundo donde la naturaleza nos brinda vida, colores, aromas y que también nos invita a reconectarnos en el aquí y en el ahora.
Los temas que se compartieron fueron diversos, emotivos, todos centrados en las mujeres, las que forman parte de nuestro linaje, las que nos inspiran, las de a pie, las que luchan desde el silencio; también hubo textos autobiográficos, esos donde se reconoce la valentía de quien escribe y lo lee, porque implica hacer público algo personal e íntimo.
De tal forma que hubo muchos momentos en los que sentí la piel chinita, al escuchar los textos de viva voz de las autoras; pero sin duda uno de los instantes que más nos conmovió fue el cierre del evento, un performance a cargo de la actriz y promotora cultural, Isabel Araujo.
Es indudable que la escritura nos une, sumado a ello están las artes, como el teatro, que permite comunicar con el cuerpo, con la voz, con las emociones, apropiarse del escenario e interactuar con el público para tratar distintos, temas. El performance de Isabel fue una manera muy valiente de alzar la voz, de denunciar la violencia de que fue víctima el año pasado y ella, en esta ocasión, fue la protagonista de esta historia que nos compartió.
Esta edición de Grito de Mujer me hace recordar la importancia de fortalecer las redes entre mujeres, no estamos solas y es muy importante alzar la voz, denunciar y compartir lo que nos sucede.
 
 
 

Ilustración proporcionada por el autor.
Ilustración proporcionada por el autor.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 268. Bucles. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 268

Bucles
Héctor Cortés Mandujano

En el cine se ha vuelto casi un género el bucle en el tiempo, la historia de los personajes que repiten un día, un momento, una vida de la que tienen que escapar para volver a la normalidad de los hechos sucesivos.
Uno de los bucles más populares fue, sin duda, la película Groundhog Day, de 1993, dirigida por Harold Ramis, con las actuaciones de, entre otros, Bill Murray y Andie MacDowell, que en español se llamó Hechizo del tiempo, aunque también se le conoce como el Día de la marmota. El protagonista (Murray) vive durante mucho tiempo el mismo día y cuando se da cuenta que incluso no puede suicidarse para romper el bucle, estudia medicina para salvar a un viejo, aprende francés, memoriza el nombre de todos los del pueblo y se va convirtiendo paulatinamente en un hombre de bien. Cuando logra que Rita sea su pareja, el bucle termina y sigue su vida. El bucle, la repetición, le enseñó a ser bueno y le regaló el amor.
En Boss Level (2020), Un día más para morir, en español, dirigida por Joe Carnahan, con las actuaciones de Frank Grillo, Mel Gibson y Naomi Watts, un exagente de fuerzas especiales repite y repite el día de su asesinato. Al principio lo matan casi de inmediato, pero con cada repetición va aprendiendo y logra avanzar en el conocimiento de por qué lo han matado hasta que, por fin, llega al punto donde todo inicia. La peli es de acción bien lograda y con un guion que ofrece varias sorpresas.
Pero la que me hizo escribir las líneas anteriores y estas que siguen fue Re/Member (2022), una cinta japonesa, basada en un manga, recomendada por Tarantino, dirigida por Eiichiro Hasumi, porque aquí son seis muchachos de secundaria (tres chicas, tres chicos) los que viven en un bucle donde son asesinados violenta, terriblemente, por una niña roja y luego por su juguete, hasta que entienden que deben reconstruir el cadáver de esa misma niña, quien fue muerta y despedazada hace tiempo; su cabeza nunca apareció y en eso tienen que concentrar su búsqueda al final. La repetición da pie a que se conozcan, se vuelvan mejores personas y dos que ni se saludan en la realidad se enamoren. El chico da a la chica un objeto para que cuando vuelvan a la realidad (si logran su misión, porque cuando el monstruo se los traga van desapareciendo de la vida real) recuerden lo que han vivido en este mundo extraño, el beso que se han dado, el amor que ha surgido entre ambos.
En “La cena”, un célebre cuento de Alfonso Reyes, ocurre algo similar: un elemento real cruza del sueño a la realidad, lo que es un lindo detalle cursi, como en este bucle japonés violentísimo: el amor todo lo vence.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Disquisicionario. 17. Una flor entre las rocas. Esteban Martínez Sifuentes.

Fotografía: Grace Suzuki: https://www.pexels.com/photo/single-flower-blooming-among-rocks-23020506/



Una flor entre las rocas
Esteban Martínez Sifuentes

Ángeles cerró su libro y se levantó. Al descender del autobús la maestra Garcés pasó lista y les advirtió que no se alejaran demasiado. En dos horas, antes de que cayera la noche, los quería a todos de regreso, sin excusas de ningún tipo, “¿me oyeron?”
Estruendosos y con una pelota por delante, los niños corrieron hacia un manchón de arena. Las niñas se fueron por otros rumbos, a tenderse por ahí panza arriba, a recoger conchas y piedritas interesantes. Detrás de los dos grupos, la apocada Ángeles tomó la senda de los riscos y ascendió unos metros entre las piedras resbalosas para alcanzar la cima y su asiento favorito de frente a la bahía.
Le gustaba aislarse. Así podía escuchar con nitidez el canto del viento, conversar con la espuma de las olas y saludar a las gaviotas. Éstas eran algo malhumoradas, pero a la espuma nunca le faltaban respuestas divertidas en sus labios líquidos. Todos conocían secretos de barcos piratas, detalles de naufragios y tenebrosos rituales como los de Próspero en La tempestad. Estaba en eso, más absorta que nunca, cuando gritó la maestra. ¿Ya habían pasado dos horas? Sí.
¿Qué hacer?, en casa parecía estorbar y sus condiscípulos la maltrataban. La maestra Garcés se dirigía a ella con una deferencia falsa e impaciente que la golpeaba como un reproche a su existencia.
La maestra volvió a gritar allá a lo lejos. ¿Qué hacer si su deseo era quedarse ahí? Pidió consejo a las olas, al viento, que era un guasón porque entonaba a capricho todo tipo de canciones, blancas y subidas de tono, pero poseía mayor sabiduría que los otros, era muy viejo. Imponente, sonó la bocina del autobús. No pudo reencontrar la voz de sus amigos, ¿se habrían asustado? Les temían a los humanos. A ella no. Condensó rabia, frustraciones y sueños en el meollo de su voluntad, intentando sintonizar con los seres de la bahía, ahora para solicitarles ayuda, estaba decidida. No sucedió nada. Quizá si repitiera el esfuerzo…
Los alumnos que la buscaban con impaciencia y gritos vieron aparecer una apocada figura infantil que se movía hacia ellos y empezaron a subir al autobús. Uno de ellos le lanzó arena con el pie; más considerada, una de sus compañeras le espetó: “tenías que ser tú, Ángeles, ¿no te cansas de dar problemas?”. Ella apenas parpadeó y siguió adelante.
La mujer realizó el conteo recorriendo el pasillo entre el par de filas de asientos; se detuvo ante la niña problemática.
─No debiste hacer esperar a tus compañeritos, Ángeles. Nos preocupaste. Con claridad advertí que dos horas, ¿lo hice o no?
Ángeles bajó la mirada sin contestar.
─Se responde cuando habla un adulto, niña testaruda.
Ángeles asintió desde alguna lejanía. Y jamás volvió a hablar. Sus padres la sacaron de la escuela. Murió en breve lapso, en silencio, marchita como las flores en una cripta cerrada por décadas. De la escuela, la maestra Garcés fue la única que acudió al entierro. Compungida, con el peinado correcto y una decente falda hasta las pantorrillas.
El doble de uno es idéntico a uno, solo que pierde el don del habla y otros atributos. Erguida y contenta, Ángeles, la verdadera Ángeles, sigue sentada en el risco contemplando el mar, conversando con sus inquietos amigos. De vez en cuando se sumerge en él, trata de saludar de mano a todo el mundo, recoge algo para comer y vuelve, rutilante como la floración de los cardos, a su trono en medio de las piedras. Cuando siente tras ella irrumpir un vehículo, se mete en su escondite y reaparece cuando se va.
Fotografía: Grace Suzuki: https://www.pexels.com/photo/single-flower-blooming-among-rocks-23020506/
Fotografía: Grace Suzuki: https://www.pexels.com/photo/single-flower-blooming-among-rocks-23020506/
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

El tintero de Nadia. 25. Catarsis/13. Nadia Arce

Fotografía: Anuar Gresati: https://www.pexels.com/photo/person-standing-on-ruined-building-2437931/

Catarsis #13 

LA ORACIÓN


¿Qué es la oración excepto el unir las mentes en una relación en la cual Cristo puede entrar?
UCDM

Tenía miedo de irme a dormir, aunque fuera poco. ¿Y si me broncoaspiro otra vez? ¿Y si ya no despierto? Entonces acudí a mi madre, le pedí que me rezara un rosario, siempre que lo hace me invade muchísima paz. Esa noche fue la primera en la que dormí más horas seguidas, tres o cuatro y no tuve problemas. Descansé muchísimo. La oración es magia, poder, comunicación. La oración sana, lo creo firmemente. La oración es amor en palabras.

Gracias a todos por sus oraciones, estoy muchísimo mejor, la tos se ha ido, sólo regresa a visitarme de vez en cuando durante el día. El dolor interno persiste, sin embargo sé que la pleura y sus compadres están sanando, al igual que pulmones y bronquios.

Seguiré cuidándome. Ahora todo es más fácil, ya no duele levantar mi taza de té y puedo moverme más, estoy sola en casa, pero gracias a Danaí, mi hija, tengo una compañía perruna que no deja de darme cariño y ternura. Es muy dulce mi Tino, lo adoro…

Gracias de todo corazón por tantas oraciones y muestras de cariño. Estoy más que bendecida y sé que seguiré sanando.

Gracias a Suyen, una excelente y amorosa sanadora, gracias a Taydé, a Héctor, pues los tres me han hecho terapia de biomagnetismo y siento que me ha ayudado mucho tanto a mi cuerpo físico como al emocional y espiritual.

Gracias también a Tania Arana Zuñiga por su terapia maravillosa.

Estaré aquí, tranquila, buscando la paz en las meditaciones diarias y la salud por medio de mi nueva dieta que me encanta.

Gracias al naturopata Carlos, se los recomiendo, ha sido compañía y bálsamo a la distancia.

Por favor cuídense, sigo pensando que esto no debió pasarme si me hubiera cuidado más después del dengue. Pero bueno, aquí estamos y seguimos respirando y orando.

Gracias a Dios.

Los quiero mucho…

Nadia Arce
18 de febrero 2025

Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 267. El valor de compartir la palabra. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez
El valor de compartir la palabra

A todas las mujeres, en especial a las de mi linaje.

Mónica terminó de arreglarse, se colocó un par de sus aretes favoritos, unos colibríes en tono tornasol. Se pintó los labios de color marrón y se observó unos instantes frente al espejo. Respiró profundo y sonrió, estaba lista para irse al evento en conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
En la universidad donde estudiaba harían una serie de actividades para conmemorar la fecha, el trabajo realizado por las docentes y las estudiantes de la institución era digno de reconocerse, en pleno 2025 el patriarcado continuaba con sus lógicas institucionales. De tal forma que una fecha importante como la del 8 de marzo no podría pasarse desapercibida y las mujeres, luego de esa fecha, continuarían con la lucha diaria, desde sus trincheras, algunas alzando la voz, otras desde el silencio.
Como parte de las actividades se organizó un espacio para compartir la palabra, desde sus experiencias, reflexiones, lectura de poesía, semblanza de mujeres destacadas en distintas áreas de los conocimientos, tanto locales hasta internacionales. Mónica se animó a participar, lo pensó en más de una ocasión y finalmente, tomó la decisión de que sí participaría. Liliana, una de sus amigas le había propuesto pasar por ella a su casa, al principio Mónica dijo que sí, luego prefirió irse sola. Agradeció a Liliana la invitación, pero como sabía que estaría nerviosa había decidido irse por su cuenta.
En el trayecto a la universidad fueron viniendo a la mente de Mónica algunos recuerdos de su familia, así como experiencias en su infancia y adolescencia. En su familia, las mujeres de su generación, sus primas y ella, habían ido a la escuela, a diferencia de su mamá y tías, que por cuestiones no solo económicas sino socioculturales de la época se consideraba que no era importante que las mujeres fueran a la escuela, su labor sería ser esposas, madres y amas de casa.
Durante su niñez y adolescencia la timidez fue una característica de Mónica, le gustaba escribir y dibujar, pero lo hacía para ella, temía que sus trabajos pudieran ser rechazados. De igual manera, en las clases le costaba participar si tenía que hablar en voz alta, además de que hablaba en tono bajo se ruborizaba fácilmente. Trajo a la mente la libreta donde escribía sus acrósticos, sus reflexiones sobre la vida, la naturaleza, el amor.
En casa su mamá y su papá le animaban a ser más sociable y participativa, a no quedarse callada cuando quería compartir lo que pensaba. Además de eso, también tuvo dentro de sus referentes académicos a sus docentes, la mayor parte eran mujeres que invitaban a sus grupos a la lectura y escritura, a compartir los pensamientos, las disidencias, las propuestas. Las mujeres también contamos, las mujeres tenemos voz y voto, las mujeres somos seres pensantes, eran algunas frases que solía recordar Mónica de sus profesoras. Recordó en particular a su docente filósofa, una de sus maestras inspiradoras a escribir y a que ese día tuviera el valor de compartir la palabra.
—¡Bajan en la universidad! —se escuchó decir a un pasajero.
Mónica se percató que ya estaba en la escuela, pagó el pasaje y bajó. Se dirigió con paso firme al auditorio donde serían las actividades. Sintió que el corazón le latía más fuerte, las manos se le pusieron un poco frías, comenzó a respirar profundo y más lento. A lo lejos distinguió una mano que la saludaba muy animadamente, era Leticia, había llegado ya.
—Moni, pero qué guapa, ¿lista para tu participación? —preguntó con una gran sonrisa, mientras saludaba a Mónica.
—¡Hola Leti! Sí, algo nerviosa pero también emocionada —respondió Mónica, con el rostro entre nervioso y sonriente.
Ambas entraron al auditorio que comenzaba a llenarse. Mónica observó el escenario, el atril, la iluminación, dentro de unos minutos estaría frente al público compartiendo la palabra y honrando a su linaje.
   
 
 
  
  

Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/
Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 267. El cafetal, la sombra, la serpiente. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 267

El cafetal, la sombra, la serpiente
Héctor Cortés Mandujano

Lo he dicho y lo he escrito muchas veces: el primer poema que leí, de Efraín Bartolomé, fue “Corte de café”. Lo hallé entonces en una revista literaria, que leía sin demasiada atención. En ese tiempo ni siquiera sabía que Efraín era de Chiapas, ni que él y yo nos íbamos a volver tan amigos como somos.
Mi conexión con el poema fue inmediata, porque en los primeros versos el poeta sueña que vuela y volar ha sido uno de mis sueños recurrentes desde mi infancia y todavía. Cómo resistirme a esta imagen: “Miro la masa verde desde el aire/ Hierve/ Es un gran cuerpo informe/ que se agita en un sueño difícil/ inquietante/ Tiembla la furia verde/ El sueño manotea viscosidades tiernas/ Tiernos odios/ Su ciega cerrazón de verde espuma herida”.
Aquí, conociéndome, tal vez hice una pausa. ¿Seguiré leyendo? ¿Y si lo echa a perder? Con esto ya me llevó al mundo de los sueños, que es donde más cómodamente me encuentro. Con esto basta, bastaría. Eso pensé, quizás. Pero seguí, claro.
El hombre, el poeta no está escribiendo en este poema desde su imaginación, ni antes ni después de este primer fragmento: está viendo el sueño proyectado en la enorme pantalla de su recuerdo y contándonos su visión. El suyo es un sueño de ojos abiertos y una poderosa cámara de cine que nos muestra panópticamente, con delectación, el entorno vivo que va nombrando, enumerando con lenta lengua para que despierten árboles, “piedras verdes”, el cafeto, la arcilla y los “hombres o sombras” que deambulan, duermen, ofrecen su trabajo y vuelven “amarillento/ el café de la tarde”.
“Corte de café” me ha parecido, desde que lo leí, un inspiradísimo guion de cine –la palabra corte, incluso, es de estirpe cinematográfica– que no debe ser filmado, porque la película exacta trascurre ante los ojos que leen los siete fragmentos que lo componen, donde son personajes estelares “El cafetal La sombra La serpiente” y las manos que siembran, podan, cortan, despulpan, lavan, cuidan, doran, muelen el café, para que llegue hasta nosotros “Exquisito/ y amargo”.
El poema es y será parte siempre de Ojo de jaguar, de 1982, el primer libro de Efraín, aunque la edición que presentamos hoy es un libro de artista de Berenice Torres (Ediciones Oropéndola. Coatepec, Veracruz. México, 2019), con 15 grabados, con páginas y envoltura de papel nepalés, con una cubierta hecha de papel artesanal con residuos de café, producido por Museo Vivo de Papel, de La Ceiba Gráfica, con un tiraje de 17 ejemplares numerados y firmados por Efraín Bartolomé y Berenice Torres.
Cada ejemplar va en un contenedor hecho con tablillas de cafeto.
Es decir, esta edición está hecha para poner en un trono alusivo al poema, los versos, como una nueva cosecha, un corte magnífico.
Se le ha puesto en una envoltura artística, bella, cuidada.
Por supuesto, el poema “Corte de café” sigue siendo el rey, pero está vestido majestuosamente.

[Texto leído por el autor en la presentación hecha el 28 de febrero de 2025, en la Cafetería Totico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Desde la buhardilla. 8. Las cosas que odio. Gabriel Mendoza García

Foto proporcionada por Gabriel Mendoza García.


LAS COSAS QUE ODIO
No siempre se puede ser positivo ni mantener el mejor ánimo. Por eso, esta noche he decidido entregarme al arrebato, a la catarsis y a esa indiferencia que reposa en el enojo. Últimamente odio muchas cosas; odio lo que significan en mí, más no lo que son en realidad. Siempre hay que ver el hecho en sí, no en ti ni en mí. Por esa razón, me doy licencia para arrojar zopilotes como letras. No hay nada bueno que decir.
Odio el jodido Metrobús. Odio que cada estación me recuerde nuestros peores momentos. Largos recorridos de incertidumbre, llanto y caras tristes. No niego que extraño los besos robados en tu cuello, recargados sobre el gusano de conexión, mientras los ánimos se volvían más y más impropios. Pero esta noche gana por mucho el mal sabor de boca. Las amargas despedidas, las lágrimas, los sombreros y verte marchar sin siquiera esforzarte en dar la vuelta y regresar a mí. Nunca lo hiciste, porque ese es el papel del hombre, ¿no?
Lo peor del puto Metrobús es pasar por Centro Médico. En cada esquina, una desgracia: en una, la entrada por donde incontables veces recorrí el camino en busca de mi padre, recuperándose de un infarto; en la otra, te vi con él. Me cago en Centro Médico y me recago en el jodido Metrobús.
Odio las motocicletas, esas armas indispensables cuando ya no eres joven y no te queda mejor táctica para seguir buscando el apareamiento. Odio a los más versados, esos orfebres del «tener todo bajo control», que son siempre los primeros en accidentarse. Y peor aun cuando se es mayor y se padecen impedimentos físicos. Odio que no cedan el paso, que les valga verga la situación de los peatones. Así que, en este mismo bolso, me da la gana echar también a los jodidos ciclistas: los dueños de la moral y el civismo urbano.
Odio no tener control de mis emociones, lo cual me lleva a hacer el ridículo con estas demostraciones de visceralidad pura y dura. Odio que se me dé tan bien ser un nervio expuesto, una úlcera encarnizada, una olla exprés a punto de reventar. Odio que mis instintos más básicos se rijan por la pasión, por la profunda depresión, el odio más visceral, la risa más ruidosa (aunque en eso nadie compite con la tuya) o la euforia absoluta. Odio encerrar a mi cerebro bajo cuatro llaves; el pobre siempre pugna por que lo deje hablar, pero solo lo suelto cuando la culpa me carcome.
Odio que te hayas ido de mi vida como si hubieras muerto y yo visitara tu tumba todos los días, gritándote reproches que jamás escucharás. Odio tus oídos sordos y tu vista indiferente, tu cara de culo cuando te enojas. Pero nada, NADA, le gana al odio que le tengo a tu orgullo: ese orgullo mezquino, arraigado bajo el pretexto de que «así me enseñó a ser la vida». Y sí, odio a tus amiguitos. Los odio como ellos me odian a mí. Así que estamos a mano en odios.
Odio que me odies, porque yo no te odio. Solo odio unas cuantas cosas que me recuerdan lo que tuvimos. Y no es que haya sido malo, no. Eso lo atesoro… Odio que ya no lo tenemos. Odio todos los lugares que pisamos: tristes recordatorios del fracaso. Odio la comida y los helados. Odio ir al puto cine. Odio tener que ir a los conciertos de mi grupo favorito porque sé que allí estarás, allí estaremos, y odio saber que, para entonces, me atacarás con la más lapidaria indiferencia que puedas convocar.
Uno: para demostrarte que eres una cabrona, chingona, empoderada, que ya tiró la chancla y que ni loca la recoge.
Dos: para causarme el dolor que yo te haya causado.
Tres: para aparentar que nada de esto puede ser comprobado con hechos y que son solo ideas mías, que nacen, crecen y viven dentro de una batalla contra mí mismo.
Odio tener que recurrir al odio. Odio odiar, como dirían por ahí. Pero prefiero ser honesto conmigo mismo. Al mundo, que le den por culo. A veces se siente bien odiar, exudar la ira y el rencor. Después vendrá el llanto y, probablemente, en algún momento, la serenidad. Pero no será este día.
Hoy es día de dejarse llevar por los senderos de la furia. De sentir el sabor metálico en las encías. De rechinar la dentadura con paroxismo, azotar las manos contra la mesa y largarse a gritarle a la luna que es una mentirosa. No hay promesas que un astro tenga que cumplir.
Odio escribir esto, pero no lo pienso borrar.

Gabriel Mendoza García.

Foto proporcionada por Gabriel Mendoza García.
Foto proporcionada por Gabriel Mendoza García.

Sobre el autor:

Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.