Voces ensortijadas 274. Algodones en primavera. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Algodones en primavera

Doña Cristina se levantó temprano, como solía hacerlo todos los días. Se asomó al calendario y revisó que se acercaba la Semana Santa. De no haber visto el calendario ni en cuenta de la fecha; entre el ajetreo cotidiano de la tienda de abarrotes que tenía, la visita de sus hijos, las nueras, las nietas, los nietos, las charlas con sus comadres y las reuniones de asamblea en el barrio, la vida se le iba.

Antes de abrir la tienda, tenía como su ritual de la mañana ir a regar sus maceteras y los árboles que tenía en el patio. Alberto, su hijo menor, le había dicho en más de una ocasión,

—¿Ya tomó su café con pan? Dele apapacho a su estómago y luego riega sus maceteras.

Ella solía responder, 

—¡Ay hijo, ellas también tienen sed! No me tardo nada regando, además eso me da mucha felicidad.

Ese día no fue la excepción. Después de regar las maceteras y los árboles observó que había mucha hojarasca, propia del cambio de hojas que suelen hacer los árboles previo a la primavera. Se dispuso a barrer el patio, se dio cuenta que no solo era hojarasca sino también los algodones que solía desprender el árbol de pochota que había en la casa de unos vecinos. En lugar de colocarlos en la bolsa de la basura decidió que esa hojarasca y algodones fueran para la composta que tenía en el árbol de guayaba y de flor de mayo.

Uno de los algodones se escapó sutilmente, pasó frente a los ojos de doña Cristina y tomó su rumbo, elevándose hasta que ella lo perdió de vista. Mientras lo observaba, vino a su mente cuando era niña y contemplaba con mucho asombro el árbol de pochota grande y frondoso que había cerca de su casa. Justo en temporada de primavera, sus amistades del barrio y ella solían ir a jugar cerca de ahí. A ella le encantaba quedar viendo cómo caían los algodones y se esparcían en distintos rumbos, el viento era el aliado en esos menesteres. Doña Cristina podía pasarse mucho rato frente a ese paisaje. Las mamás de sus amistades no disfrutaban igual que ella la caída de los algodones, porque significaba estar barriendo constantemente las casas y los patios. 

Doña Cristina dio un suspiro grande que la hizo volver al presente y observar que ya estaban de nuevo algunos algodones en el patio, sonrió mientras los barría suavemente. Los algodones en primavera eran una especie de regalo que aún seguía dándole deleite.

Se dirigió a la cocina; se lavó las manos y preparó su café. Buscó en la alacena si tenía pan, encontró unas galletas de amaranto que le había regalado Marina, una de sus nueras. El aroma a café recién preparado inundó la pequeña cocina. Mientras degustaba su café con galletas sonó el teléfono; era don Ismael, su compadre, saludando y preguntando que cómo estaba y a qué hora abriría la tienda. El día había comenzado acompañado de algodones en primavera.

Fotografía: Nadia Arce

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 273. Danzar la vida. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Danzar la vida

Federica despertó antes de que sonara la alarma de su reloj. Ese sábado le correspondía cubrir su turno en horario matutino en el restaurante donde trabajaba. Permaneció unos minutos más en la cama. Observó con atención el techo de su cuarto, el color blanco le provocaba mucha paz. Alcanzó a escuchar el silbido del viento acompañado del canto de los pájaros. Decidió levantarse al tiempo que intentaba adivinar cómo estaría el clima. Encendió la radio, subió el volumen y  se dirigió a darse una ducha. 

El clima estaría con muchas ráfagas de viento y temperatura con una máxima de 18 grados. Federica comenzó a arreglarse y dejó al final el secado del cabello. Se dirigió a la cocina, buscó qué tenía en la alacena para desayunar. Preparó con rapidez un sándwich de pollo con lechuga, mostaza y jitomate. Revisó si aún le quedaba café en la despensa, para su buena fortuna sí. Acompañó su desayuno con una taza con café.  

Dirigió su mirada a la ventana,  el día era soleado aún con sus ráfagas de viento. Le apeteció quedarse en casa degustando otra taza con café, hablar por teléfono con su familia y enterarse de los últimos acontecimientos en su pueblo. Su jornada laboral empezaría en un rato más. Así que se apresuró para estar en tiempo. Antes de salir de casa eligió si iría en transporte público o caminando.  Pensó que el clima era cómodo para andar y quizá le vendría bien caminar para terminar de despertar.

Inició la travesía hacia el restaurante; mientras iba tomando atajos Federica comenzó a hacer memoria de que pronto cumpliría un año y medio de trabajar en ese lugar. Pensó en la serie de vicisitudes desde que había llegado a la ciudad para ingresar a la universidad, no había pasado el examen de admisión, así que decidió quedarse trabajando para presentar el examen el siguiente año. En su segundo intento sí aprobó el examen, sin embargo, el ingreso económico no estaba de más, así que aceptó la oportunidad de poder trabajar los fines de semana.

Regresó al presente. Se alegró de que el clima de ese sábado estuviera agradable; dejó que el viento le acariciara el rostro y se sintió contenta de que había madrugado. Se agradeció haber elegido caminar esa mañana. Atravesó un andador con muchos árboles. Alzó la vista, le pareció que el paisaje era sumamente bello y mágico, los árboles se mecían al compás del viento. Las ramas parecían como brazos que se extendían y se movían sutilmente. Federica se sintió parte de ese paisaje, se descubrió moviendo los brazos suavemente sin perder el ritmo de su andar. Echó un vistazo a su reloj, estaba a buen tiempo para llegar al restaurante.

Sonrió para sí; el paisaje de esa mañana le había recordado que aún con todas las vicisitudes la vida era una danza y danzar la vida en sus distintos ritmos, era un regalo muy valioso y necesario que cada persona tendría que descubrir y poner en práctica. 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 273. Desnudez andrógina. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                                         
        Polvo del camino/ 273

Desnudez andrógina
Héctor Cortés Mandujano

De todo corazón,
siempre he detestado las citas y los epígrafes

Efraín Huerta

Transa poética (Era, 1980), de Efraín Huerta, es un libro escrito por alguien que jugaba con las palabras y hacía con ellas malabares y maravillas. En poemas que parecen no tomarse en serio hay líneas profundas y en poemas serios hay un dejo de burla. El título, por eso, es santo y seña del autor.
Dice en “Donde la locura…”, su prólogo (p. 9): “Ya dije alguna vez que me complace de manera formal ser un desordenado y un antipoético por excelencia. Es que, la verdad, nunca le pedí permiso a nadie para escribir lo que malamente escribí”.
Escribe en “La rosa primitiva” (p. 27): “Ama con sencillez, como si nada./ Sé dueño de tu infierno, propietario absoluto/ de tu deseo y tus ansias, de tu salud y tus odios./ Fabrícate, en secreto, una ciudad sagrada”.
De “Sandra sólo habla en líneas generales” es este verso que parece uno de sus poemínimos y se refiere a la susodicha (p. 40): “Lo virginal no quita lo caliente”. Me encantan las líneas inexplicables de ciertos poemas. En “El encarnizado” está ésta (p. 41): “La desnudez andrógina de las doce del día”.
Va en un autobús y describe su viaje en “Juárez-Loreto” (p. 47): “La del piernón bruto me rebasó por la derecha;/ rozóme las regiones sagradas”; enumera sus cualidades físicas y resume: “Es un jazmín angelical, maligno,/ arrancado del zarzal en ruinas”, y luego se define: “como amante siempre he sido pan comido”. El largo poema muestra su facilidad de enamoramiento (p. 49): “Adoro tu nalga derecha, tu pantorrilla izquierda,/ tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus/ pechos pachones/ y tu indigno, antideportivo comportamiento”.
En “Protestas y rendimientos” pide (p. 93): “Necesito tiempo para chillar mi protesta./ Necesito una hora de pavor para rendirme./ (Que haya una amante más,/ ¿qué importa al mundo?)”. Y más adelante, emulando el lenguaje militar: “labios en ejercicio (de frente: ¡besen!)”.
Está con sus amigos en una cantina en “Barbas para desatar la lujuria” y se refiere a Sabines y Pacheco (p. 100): “ahora llega Jaime con ojos de tigre/ ojos de dios en celo tumba tarumba tum/ dios tzotzil jaimebundo/ pérezjoloteando ginebra ron poemas”, y “pa traducir a Baudelaire aquí estoy yo/ musitó José Emilio”.
En su “Manifiesto nalgaísta/ Aleluya cocodrilos sexuales aleluya” se cuestiona, a propósito de un título famoso en aquellos años (p. 106): “Soy acaso el hijo de Sánchez de la poesía”. Sabe además, perfectamente, cómo es su país y así lo expresa en el final de “Amor, patria mía”, que es también el final de este libro breve e intenso (p. 132): “la temerosa y vibrante/ llanura de sombras que es/ nuestra patria”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 272. Cuando las voces viajan. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Cuando las voces viajan

¿Se han preguntado alguna ocasión sobre el viaje que hacen nuestras voces diariamente?  Es interesante la reflexión sobre cómo las palabras que decimos o los mensajes que compartimos, de manera verbal o escrita, no permanecen en un solo espacio, ni con un solo grupo de personas.

El pasado 27 de marzo tuve la oportunidad de que Voces Ensortijadas,  Antología 1, 2020-2021, que recopila 100 textos de esta columna periodística, se presentara en la ciudad de Mérida, Yucatán, en el marco de la décimo tercera edición de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2025. La obra fue comentada por María Amparo Salazar Córdova, Julio César Medina López y en la moderación estuvo Vladimir Contreras Escamilla, a quienes agradezco profundamente sus palabras, sus reflexiones, sus compartires, su tiempo y su cariño.

Si vuelvo la mirada a unos años atrás, para ser más precisa al 3 de julio del año 2017, comienza un recorrido con la palabra escrita que he ido compartiendo de manera semanal a través de esta columna. Muchas gracias por su lectura en estos casi 8 años. Les confieso que cuando comencé a escribirla no imaginé el alcance o la trascendencia que tendría, la conexión que se generaría con el público lector y sobre todo, que sería un espacio no solo individual sino colectivo. Además de lo anterior, que tendría la posibilidad de que se imprimiera un libro con algunos de los textos y que éste tendría la oportunidad de poder ser presentado en varias ocasiones; gracias nuevamente al escritor Roger Octavio Gómez Espinosa por la propuesta de la obra.  

La escritura tiene un valor fundamental que se acompaña con la lectura, así que ambas representan mucho para mí. De tal forma que los textos que cada semana comparto intentan tomar un pequeño trozo de la realidad en la que interactúo, en la que interactuamos y a través del tejido de las palabras va adquiriendo una forma, en varias ocasiones a manera de relatos, como Begoña Sánchez los llama. 

Cada texto de las Voces ensortijadas tiene un valor especial; regresando a la presentación del libro en la FILEY 2025, ha sido muy grato escuchar en los comentarios a la obra, la identificación de diversos elementos de mi terruño tuxtleco y chiapaneco en varios de los escritos. La matria se hace presente en la escritura. De ahí que como mencioné, se genera la conexión con el público que lee la columna, lo cual es un regalo muy valioso. A la presentación asistieron jóvenes universitarios; al final, algunos, algunas, comentaron que resonaron con la obra, que Yucatán, Oaxaca y Chiapas tienen mucho en común. 

Cuando las voces viajan pueden alcanzar a llegar no solo a otros territorios de la geografía estatal o nacional, sino llegar a contactar con otras culturas, con otras generaciones, con otros pensamientos, llegar a los corazones de las personas y resonar con ellas; todo eso es una parte importante del viaje para que pueda continuar la travesía con emoción, entusiasmo y compromiso.

Gracias al público, al universo, a la divinidad, a mi familia, a los medios que divulgan la columna y a quienes organizan los eventos literarios, por hacer posible que las  Voces ensortijadas viajen.

Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla
Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 272. Amar la marimba. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 272

Amar la marimba
Héctor Cortés Mandujano

Aunque nacido en la Ciudad de México, con raíces oaxaqueñas, el cineasta Jaime Ruiz Ibáñez ha demostrado, desde el arranque de su carrera hasta hoy, un continuado amor por Chiapas. Su tesis profesional, devenida cortometraje, Don Chico que vuela, basada en un cuento célebre de Eraclio Zepeda, le dio muy joven un Ariel. Desde entonces somos amigos.
Después hizo muchos cortos premiados nacional e internacionalmente, hasta que llegó a su primer largometraje, La mitad del mundo (2009), que también le ha traído diversas satisfacciones.
Recientemente, el Canal 22 estrenó (yo vi la repetición el domingo 23 de marzo de 2025) su documental La marimba mexicana, su construcción, escrito, producido, fotografiado y editado por Jaime.
El documental nos muestra a constructores de marimba en sus talleres de Carranza, Chiapa de Corzo, Tuxtla y Tapachula que han dedicado, algunos por generaciones, su vida a lograr que este instrumento siga siendo parte fundamental de la identidad chiapaneca.
Los entrevistados coinciden en afirmar que la marimba tiene por lo menos tres partes: las teclas, los resonadores y el mueble que los sostiene. Cada uno refiere que se hacen fundamentalmente del árbol de hormiguillo –u hormigo, como también lo llaman– que debe morirse solo y caer. Luego hay que dejarlo secar por años, hasta que la madera ya pueda empezar a trabajarse.
Hacer las teclas es un arte de oído: hay que construir una a una con el sonido que le corresponde y debe afinarse junto a su resonador, que se construye en forma de prisma. El documental muestra la enorme habilidad que los constructores tienen para llegar a la nota que buscan, ahora con ayuda de afinadores electrónicos. Los resonadores (antes se usaban pumpos) tienen en la parte final un orificio que se tapa con caucho, al que se cubre con una tela para que la marimba tenga la vibración característica que distingue a las de Chiapas de las otras marimbas.
Ruiz Ibáñez halló en Tapachula a un constructor que, con un procedimiento que tarda varios días, a partir de las tripas de cerdo, que deben lavarse, remojarse en limón, secarse al sol y cortarse con una tijera, halla dentro una tela suavísima que es con la que se cubre la cachimba, ese orificio indispensable para lograr la dulce vibración de la madera.
Hacer las baquetas o bolillos es otro arte en peligro de extinción. Se necesita la sabia blanca del árbol de hule, que se extiende sobre una madera. Luego de que se seca cada pasada, se cortan las tiras y se sigue un patrón que hace al bolillo ideal para acariciar y golpear las teclas.
Por último, para hacerla bella, se ponen sobre la madera que verá el público un tejido de distintos patrones (pequeños fragmentos de madera blanca, roja y negra) que da originalidad e identidad a cada constructor.
El documental de Jaime Ruiz Ibáñez, de aproximadamente dos horas, que tiene una fotografía espléndida y una edición ágil, está acompañado de ejecuciones magistrales de dos grandes artistas idos: Manuel Vleeschower y Zeferino Nandayapa.
Jaime ha escrito, además, un guion de cine sobre la historia de la marimba en Chiapas y antes de éste ha hecho otros documentales sobre nuestro instrumento. Qué bueno que, si no hay nadie con tanta pasión como él en el estado, lo tengamos de nuestro lado para recordarnos lo mucho que hay de trabajo, conocimiento y arte en quienes hacen y tocan la marimba… Gracias, querido Jaime.
                                         
       
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 27. Renacimientos/1. Nadia Arce

Fotografía: Jan van der Wolf: https://www.pexels.com/photo/waves-on-sea-coast-18925060/


RENACIMIENTOS/ 1

Donde renace la Ola Verde
Por Nadia Arce


Renacer no es cosa de todos los días. No es algo que puedas planear, tampoco desear… se da y ya, sin esperarlo, llega o no ese momento, en el caso de que sí, todo tu mundo se transforma, -naces de nuevo- sin querer, obligado por las circunstancias. La encrucijada puede darse por un accidente, una enfermedad, algún atentado, no sé, pueden ser muchas las razones pero yo hablaré de las que he vivido, sobre todo la última, que no fue fácil de superar. Comenzaré con mi primera experiencia de muerte.
Una vez estuve a punto de ahogarme en el mar, estaba en Cuyutlán y por juguetona me fui de largo hasta donde renace la “Ola verde”, que es cada media hora o algo así, tenía ocho años y de repente sentí la marea crecer y las olas frente a mí disparaban su altura no entendía qué estaba pasando, antes todo era fluido y la marea también era juguetona como yo, el mar ahora era áspero y no fue algo de lo que tuviera consciencia así que nunca medí el peligro. El agua al principio no me sobrepasaba, las olas eran apenas espuma, así que llegué hasta esa zona de peligro fácilmente. Cuando me di cuenta el mar me abrazaba con todas sus fuerzas, me subía y bajaba en la marea como si yo fuera una muñeca sin vida, porque todos mis intentos por nadar eran absurdos, salir de aquella intensa situación marítima no tenía solución alguna para mi corta edad.
Mi papá me había enseñado a nadar y a esquivar las olas, grandes o pequeñas, así que seguí todos sus consejos, “nada con la corriente, pasa las olas por abajo o por arriba, nada con la ola, déjate llevar cuando no puedas más, el mar te sacará solito por la corriente”, al final eso hice pero, lo raro era que las olas en lugar de sacarme me subían y después me hundían con inminente poder y cuando estaba bajo el agua dejaba de respirar cada vez por mayores intervalos de tiempo y aquellos lapsos eran más asfixiantes conforme continuaban, sin que yo pudiera salir de aquella “lavadora” donde yo era la pobre ropa arrastrada en círculos mortales. Nadar era nada en medio de esas olas color vida.
Vi y sentí a la muerte tan cerca, en algún momento cuando la ola me llevaba hacía su cúspide alcancé a ver la playa, me asusté tanto porque se veía tan lejana, la gente tan pequeñita… no podía gritar la palabra completa de auxilio, apenas y salía de mi voz inundad el vocablo: “au”. Después de una lucha donde mi fracaso estaba asegurado me desvanecí, dejé que la marea hiciera lo que quisiera, ya no tenía más fuerza en mi cuerpo, mi voluntad estaba rendida también pues tampoco me quedaba aire.
Aquel día conmemoraban la muerte de algunos salvavidas, tuve mucha suerte porque estaban jugando pelota en la playa, no sé quién me vio primero, nunca supe. Sólo recuerdo que cuando sentía ya la arena del fondo del mar, y un sonido bello y tranquilizador, junto con el tacto de plantas o algas, (cosa que me maravilló) alguien tomó mi cabello y me jaló hacía arriba… no me sentía consciente, no estaba despierta pero tampoco soñaba. Cuando me di cuenta, había un caos de olas otra vez, con un montón de salvavidas que estaban difuminados entre la brisa y espuma de aquellas monumentales olas, y en medio de todo eso, haciendo una especie de fila para irme sacando de aquel infierno de agua, estaban ellos y ellas, los bien nombrados: salvavidas. Nadar conmigo no era sencillo así que entre todos hicieron esa cadenita flotante y móvil, para irme pasando de uno a otro y lograr ponerme fuera de peligro y a la vez ellos no dejarse arrastrar por las terribles “Olas Verdes” de Cuyutlán. Cuando por fin era poca la profundidad, me cargaban como costal de papas… no sé cuanto tiempo pasó para que consiguieran esta hazaña pero no fue algo tan breve, o al menos no lo recuerdo así. Creo que no fue sencillo salvarme, ellos pusieron su vida en riesgo por hacerlo, son mis héroes hasta la fecha aunque nunca supe sus nombres, tampoco recuerdo sus rostros, solamente recuerdo, y con eso basta, su audacia y su fuerza, pues no me lastimaron en ningún momento a pesar de no tener el control de casi nada. Esto es algo que agradezco con todo mi ser. Morir ahogada no es el sueño de una niña de ocho años.
Ya en la playa comenzó la RCP, seguía en parte despierta pero no me podía mover, ni tampoco sentía la facultad de hablar, no tenía energía ni para mantener los ojos semi abiertos. No sé cuántas maniobras hicieron pero la gente nos rodeaba y decía muchas tarugadas que no ayudaban a mi bienestar. Por más que los salvavidas que trataban de hacer una baya y pedían a las personas morbosas que se alejaran, sus intentos eran inútiles. Otro salvavidas, no recuerdo si hombre o mujer, gritaba por mis padres, nadie aparecía. Fueron minutos eternos, hasta que comencé a vomitar agua salada, mi papá llegó y lo regañaron muy fuerte, yo no podía abrir por completo la mirada para sentir el consuelo de su presencia y mucho menos podía levantarme aunque quería hacerlo. Cuando el “espectáculo” había terminado y yo pude sentarme, la gente perdió interés y se fue disipando. Creo que no haber muerte decepcionó a algunos espectadores.
Recuerdo a una señora muy intensa, que se acercó casi arrastrando a dos niños o niñas, no sé, para ponerlos enfrente de mí y decirles con una voz chillona: “¡Ven lo que pasa cuando no obedecen, miren nada más, casi se ahoga!”, yo apenas los miré y mi memoria sólo me dice que sus rostros no tenían ningún gesto agradable. No fue la única señora imprudente que por aleccionar y pensar en sus “bendiciones”, ignoraba lo vergonzoso y humillante que era para mí ser señalada en tal momento, donde es más que vulnerabilidad lo que sientes y más allá de un simple shock lo que te pasa.
Después de la tremenda reprimenda que recibió mi padre, había que seguir instrucciones y eran: caminar por lo menos media hora para que el agua de mar no me hiciera tanto daño. Había tomado bastante y mi cuerpo no podría digerirla fácilmente, yo me sentía muy cansada pero la autoridad que representaba mi padre era imposible de ignorar. Él no se notaba preocupado o enojado, era como era, creo que hasta iba haciendo bromas al respecto aunque no recuerdo cuáles. Tampoco puedo traer de ese día al presente, algún momento con mi madre, nada recuerdo de ella, no vienen a mí más impresiones de ese día, sólo que al día siguiente no quería estar en el mar, mucho menos meterme dentro de él otra vez. Al estar sentada frente a ese paisaje de olas, arena y gente que seguía señalándome, mi papá me ordenó ir con él. Me tomó de la mano y a rastras me llevaba a la orilla de la playa, contra toda mi voluntad. Me dijo que si no me metía de nuevo lo iba a detestar y que yo amaba al mar desde bebé, lo cuál es cierto (entré por primera vez a sus aguas con apenas algunos meses de edad y no quería salirme) así que a la fuerza me cargó y me llevó mar adentro. Lo rasguñé, lloré, grité por salirme de aquel escenario amenazante para mí pero fue en vano. Pasamos mucho tiempo dentro, pero lejos de las olas grandes, hasta que pude calmarme y fui entendiendo el lenguaje de las olas, que no son malas, que debo cuidarme de ellas, de la marea cuando sube, de las “Olas Verdes” sobre todo, y será acaso porque miden entre 8 y 10 metros de altura y porque en 1932 una ola de 20 metros arrasó con todo el pueblo.
Debí renacer en aquel momento, cuando estuve a punto de fallecer rodeada de agua salada pero, sigo aquí. Mi papá hizo bien en meterme de nuevo al mar y créanme, cuando voy a nadar en él, sigo buscando olas grandes y siempre las supero porque en el momento que siento que ya no tengo esa capacidad, salgo a la orilla y prefiero admirarlas desde lejos, aún así, me han revolcado y en un par de ocasiones fue difícil salir de ellas, sin pasar a mayores consecuencias. Así que mi oculto sueño de ser surfista tal vez sea y seguirá siendo sólo eso. Respeto tanto al mar como lo amo, es mi destino favorito en vacaciones, mi remanso y paraíso; apenas y podría creerse que estuve a punto de morir en él.
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Disquisicionario. 19. Verbos sintomáticos. Esteban Martínez Sifuentes.


Verbos sintomáticos
Esteban Martínez Sifuentes

Con urgencia, a contracorriente de mis viejas convicciones, instalé en el cel la aplicación que me exigía el sistema para ingresar a mi hipocondriaca cuenta bancaria. Abro la app y me advierte que espere porque está inicializando.
     Ah, mira, me digo con paciencia, seguramente se trata de los mismos genios de la mercadotecnia financiera, una élite de chicos que usan el cel para todo menos para consultar el diccionario, que inauguralizaron el verbo aperturar porque ofrece (o suena con) más prestigio que abrir. Abrir, cualquiera. Aperturar, solo unos cuantos privilegiados.
     No pasa nada, solo que el lenguaje es sintomático de los tiempos que corren. Peccata minuta, el lenguaje es complejo y la gente más. Los cuentahabientes van a inicializar porque tienen prisa por atender asuntos en verdad importantes. Ni para qué desgastalizarse en fruslerías.

Fotografía: Cottonbro studio: https://www.pexels.com/photo/close-up-shot-of-person-holding-a-black-telephone-8717390/
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Polvo del camino. 271. Gracias al extra. Héctor Cortés Mandujano



Polvo del camino/ 271

Gracias al extra
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

    Las personas que olvidan sus sueños son peligrosas

     Sergio González Rodríguez,
  en El Centauro en el paisaje

Tal vez fue un descuido del director o del coordinador de extras. El caso es que en uno de mis sueños descubrí a un personaje que, en la calle, era el mismo que había soñado en otra escena con multitudes.
     El ser onírico era un hombre joven, con tipología oriental, sobrepeso y sudor notorio (pelo grasoso, rostro brillante). Llevaba una camisa naranja (en la escena anterior su camisa era morada). Lo vi mientras soñaba algo intrascendente. Y me despertó el hecho de reconocerlo. Era un figurante, un extra, alguien que pasa. ¿Por qué era el mismo? ¿Tenía algún significado soñarlo dos veces en la nada importante en que aparecía?

Me imaginé al despertarme la furia del director de mis sueños:
    —¿Por qué se despertó Héctor? ¡Le faltaba soñar mucho todavía, apenas estábamos arrancando la historia!
     Y un compungido ayudante:
     —Creemos que reconoció a uno de los actores, señor.
     —¿Cómo?
     —Sí, a Wang Li, el chinito.
     —¿Y qué, no tenemos millones de seres para usar de relleno en estas escenas tumultuarias? Héctor no es muy lógico ni en la vigilia y si ponemos en un sueño que la gente camina al lado de guajolotes y ballenas no va a notar nada raro.
      —Perdón, señor.
      —¡Carajo! Zalín, haz que Héctor se duerma, por favor, de inmediato; vamos a trabajar un sueño apacible al principio, luego le subiremos de nivel para que Héctor mañana sólo recuerde el placer. Pongan un río, una playita, un pasto verde, un campo de flores, una mujer bella con una bata blanca y vaporosa (alta, rubia, de pechos grandes). Qué Héctor se vea joven, guapo, musculoso, como héroe de película. Cuiden la temperatura del agua, el color de las flores (amarillas, no lo olviden), no pongan ningún animal, si acaso colibríes que llegan y se van…  ¿Ya estamos? ¡Silencio, comienza sueño!

Antes de dormirme pensé en el extra. Quizás le habían llamado la atención o incluso despedido de mis sueños. Era inocente, sin embargo. No pude seguir el hilo de mis pensamientos, porque ya estaba en un río de agua tibia, con una playita de arena muy fina (la arena tosca no la tolero, me lastima los pies), un campo de flores amarillas hasta donde alcanzaba mi vista, sólo interrumpida por la montaña del fondo. Y una bellísima mujer, de bata blanca y vaporosa, venía hacia mí. Yo era joven, guapo, musculoso, y estaba con sólo un breve bañador. La mujer se desnudaba antes de llegar a mí y entonces…          
                                             
       
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 271. Lluvia en primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez


Lluvia en primavera

El canto de los pájaros era el mejor despertador para Dania, a las seis de la mañana comenzaba el concierto musical. Además de no tener que apagar la alarma cuando ésta sonara, el barullo de las aves le conectaba una energía muy linda que la animaba a dejar la cama e iniciar un nuevo día. Esa mañana no fue la excepción.
Dania se levantó y se estiró con suma calma y cuidado. Entrelazó las manos, estiró los brazos hacia arriba, luego  se balanceó suavemente a la derecha y a la izquierda.
Como cada mañana acostumbraba saludar a sus plantas, abrió la ventana que daba al patio y se percató que el piso estaba mojado.
          —¡Wow, llovió toda la noche y yo ni en cuenta! Estarán muy contentas plantitas, esta lluvia es un regalo, sobre todo ante la sequía que hemos estado teniendo —dijo Dania mientras disfrutaba el aroma que la lluvia había dejado y se mezclaba con el viento frío que se coló a través de la ventana.
Fue a la cocina; mientras decidía qué preparar para el desayuno eligió escuchar una selección musical, Putumayo, Women of the world, Mujeres del mundo. Con el acompañamiento de la música, el canto de las aves, el aroma a tierra mojada se inspiró para preparar sus alimentos. El aroma del café se percibió pronto en la cocina, mezclado con el aroma de unos huevos con tocino y plátanos fritos.
           Dania revisó el reloj, había decidido hacer una tregua con el tiempo y hacerlo su aliado, eran las 6:45 de la mañana. Se sirvió el desayuno, mientras lo degustaba pensó en escuchar las noticias, pero siguió deleitándose con las Mujeres del mundo, Lua vai, lua vem, de solidao em solidao, lua vai, lua vem.
          Escuchó a lo lejos el toque de la campana, anunciaba que estaba por llegar el camión de la basura, era otra de sus alarmas, indicaba las siete de la mañana. Se apresuró a bañarse y arreglarse para ir al trabajo.
Mientras lavaba los trastes Dania se quedó pensando en que era poco común que lloviera justo en el inicio de la primavera. Sin dudarlo, vino a su mente la deforestación en varias partes de su ciudad, del estado, del mundo, entre muchas acciones más que afectaban a la casa de todas las personas, el planeta Tierra.
         Revisó su bolso y que no le faltaran las llaves de la oficina, se cercioró de cerrar la llave del tanque de gas y dejar apagadas las luces. Antes de salir de casa, jaló un suéter ligero, la lluvia había dejado un poco frío el clima. El sol aún no se asomaba, el cielo permanecía con sus tonos grises. Dania respiró profundo antes de salir de casa. Sintió cómo sus pulmones se llenaron de ese aire que dejó la lluvia en primavera. Cerró la casa y se dispuso a ir al trabajo.
          —¿Ya para el trabajo Dania? Que te vaya bien —se escuchó decir a doña Lourdes, vecina de Dania.
         —¡Buenos días doña Lulú! Sí, ya es hora, que tenga bonito día, ya estamos en primavera.




 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 270. Dejarse sorprender. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Dejarse sorprender*

Emilia avanzó en su trayecto al trabajo, el centro de la ciudad dejaba sentir una especie de caos, sumado al tráfico que era característico antes de las nueve de la mañana.
          El paisaje del día era bello, un día soleado, con ese brillo que caracteriza a un día primaveral y no lo era, para Emilia eso era un gran regalo. Una mañana otoñal soleada, qué más podía pedir a la vida.
         Mientras caminaba a la parada del transporte público observó una fila grande de personas esperando el colectivo. Los rayos del sol la seguían acompañando, decidió recibirlos con una sonrisa. Se formó en la fila, alcanzó a escuchar una serie de comentarios haciendo referencia a que llegarían tarde al trabajo, que el colectivo demoraba. La voz interior de Emilia le dijo, ‘por más que uno se presione o estrese, el tiempo no se detiene, así que disfruta esta espera’.
        Un par de niños estaba delante de ella, jugaban animadamente a adivinar caricaturas, haciendo caras y gestos. Emilia halló en ellos un lindo momento para sobrellevar la espera. Se percató que ella también quería jugar, sintió a su niña interior a flor de piel. Su rostro dibujaba una gran sonrisa. Una señora la empujó sin darse cuenta.
        —¡Discúlpeme! Ya la empujé, es que esta gente me pone de malas. No avanza la fila —dijo la señora.
        —No se preocupe señora, no hay problema —respondió Emilia, con gesto amable.
        Emilia volvió nuevamente la mirada a los niños, se percató que la fila había avanzado. Los niños ya no estaban. Hizo una especie de escaneo interno antes de ver el reloj; se sentía motiva y tranquila. Estaba en tiempo para llegar al trabajo. Le tocó el turno, subió al colectivo. Saludó a las personas, sonriente; recordó a los niños jugando, dejándose ser sin estrés, ni enojos.
          Contempló el paisaje por la ventana, le dieron ganas de sacar la cabeza y observar el cielo. Pidió la parada, bajó del colectivo, caminó a paso veloz. Entró a la tienda donde trabajaba, nueve en punto.
         —¡Jugos, jugos de naranja! —exclamó un vendedor ambulante, con el rostro bien sonriente bajo el sol radiante.
          Emilia se quedó con la imagen de los niños y del vendedor, pensó que en la vida hay que dejarse sorprender y tener presente eso hasta en los momentos de caos o estrés.

*Este texto es producto del ejercicio realizado por la autora de esta columna en el taller Entonces, escribo, facilitado por la dramaturga y escritora Damaris Disner Lara, el 20 de febrero de 2025 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.




 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.