Voces ensortijadas 272. Cuando las voces viajan. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Cuando las voces viajan

¿Se han preguntado alguna ocasión sobre el viaje que hacen nuestras voces diariamente?  Es interesante la reflexión sobre cómo las palabras que decimos o los mensajes que compartimos, de manera verbal o escrita, no permanecen en un solo espacio, ni con un solo grupo de personas.

El pasado 27 de marzo tuve la oportunidad de que Voces Ensortijadas,  Antología 1, 2020-2021, que recopila 100 textos de esta columna periodística, se presentara en la ciudad de Mérida, Yucatán, en el marco de la décimo tercera edición de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2025. La obra fue comentada por María Amparo Salazar Córdova, Julio César Medina López y en la moderación estuvo Vladimir Contreras Escamilla, a quienes agradezco profundamente sus palabras, sus reflexiones, sus compartires, su tiempo y su cariño.

Si vuelvo la mirada a unos años atrás, para ser más precisa al 3 de julio del año 2017, comienza un recorrido con la palabra escrita que he ido compartiendo de manera semanal a través de esta columna. Muchas gracias por su lectura en estos casi 8 años. Les confieso que cuando comencé a escribirla no imaginé el alcance o la trascendencia que tendría, la conexión que se generaría con el público lector y sobre todo, que sería un espacio no solo individual sino colectivo. Además de lo anterior, que tendría la posibilidad de que se imprimiera un libro con algunos de los textos y que éste tendría la oportunidad de poder ser presentado en varias ocasiones; gracias nuevamente al escritor Roger Octavio Gómez Espinosa por la propuesta de la obra.  

La escritura tiene un valor fundamental que se acompaña con la lectura, así que ambas representan mucho para mí. De tal forma que los textos que cada semana comparto intentan tomar un pequeño trozo de la realidad en la que interactúo, en la que interactuamos y a través del tejido de las palabras va adquiriendo una forma, en varias ocasiones a manera de relatos, como Begoña Sánchez los llama. 

Cada texto de las Voces ensortijadas tiene un valor especial; regresando a la presentación del libro en la FILEY 2025, ha sido muy grato escuchar en los comentarios a la obra, la identificación de diversos elementos de mi terruño tuxtleco y chiapaneco en varios de los escritos. La matria se hace presente en la escritura. De ahí que como mencioné, se genera la conexión con el público que lee la columna, lo cual es un regalo muy valioso. A la presentación asistieron jóvenes universitarios; al final, algunos, algunas, comentaron que resonaron con la obra, que Yucatán, Oaxaca y Chiapas tienen mucho en común. 

Cuando las voces viajan pueden alcanzar a llegar no solo a otros territorios de la geografía estatal o nacional, sino llegar a contactar con otras culturas, con otras generaciones, con otros pensamientos, llegar a los corazones de las personas y resonar con ellas; todo eso es una parte importante del viaje para que pueda continuar la travesía con emoción, entusiasmo y compromiso.

Gracias al público, al universo, a la divinidad, a mi familia, a los medios que divulgan la columna y a quienes organizan los eventos literarios, por hacer posible que las  Voces ensortijadas viajen.

Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla
Fotografía: Vladimir Contreras Escamilla

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 272. Amar la marimba. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 272

Amar la marimba
Héctor Cortés Mandujano

Aunque nacido en la Ciudad de México, con raíces oaxaqueñas, el cineasta Jaime Ruiz Ibáñez ha demostrado, desde el arranque de su carrera hasta hoy, un continuado amor por Chiapas. Su tesis profesional, devenida cortometraje, Don Chico que vuela, basada en un cuento célebre de Eraclio Zepeda, le dio muy joven un Ariel. Desde entonces somos amigos.
Después hizo muchos cortos premiados nacional e internacionalmente, hasta que llegó a su primer largometraje, La mitad del mundo (2009), que también le ha traído diversas satisfacciones.
Recientemente, el Canal 22 estrenó (yo vi la repetición el domingo 23 de marzo de 2025) su documental La marimba mexicana, su construcción, escrito, producido, fotografiado y editado por Jaime.
El documental nos muestra a constructores de marimba en sus talleres de Carranza, Chiapa de Corzo, Tuxtla y Tapachula que han dedicado, algunos por generaciones, su vida a lograr que este instrumento siga siendo parte fundamental de la identidad chiapaneca.
Los entrevistados coinciden en afirmar que la marimba tiene por lo menos tres partes: las teclas, los resonadores y el mueble que los sostiene. Cada uno refiere que se hacen fundamentalmente del árbol de hormiguillo –u hormigo, como también lo llaman– que debe morirse solo y caer. Luego hay que dejarlo secar por años, hasta que la madera ya pueda empezar a trabajarse.
Hacer las teclas es un arte de oído: hay que construir una a una con el sonido que le corresponde y debe afinarse junto a su resonador, que se construye en forma de prisma. El documental muestra la enorme habilidad que los constructores tienen para llegar a la nota que buscan, ahora con ayuda de afinadores electrónicos. Los resonadores (antes se usaban pumpos) tienen en la parte final un orificio que se tapa con caucho, al que se cubre con una tela para que la marimba tenga la vibración característica que distingue a las de Chiapas de las otras marimbas.
Ruiz Ibáñez halló en Tapachula a un constructor que, con un procedimiento que tarda varios días, a partir de las tripas de cerdo, que deben lavarse, remojarse en limón, secarse al sol y cortarse con una tijera, halla dentro una tela suavísima que es con la que se cubre la cachimba, ese orificio indispensable para lograr la dulce vibración de la madera.
Hacer las baquetas o bolillos es otro arte en peligro de extinción. Se necesita la sabia blanca del árbol de hule, que se extiende sobre una madera. Luego de que se seca cada pasada, se cortan las tiras y se sigue un patrón que hace al bolillo ideal para acariciar y golpear las teclas.
Por último, para hacerla bella, se ponen sobre la madera que verá el público un tejido de distintos patrones (pequeños fragmentos de madera blanca, roja y negra) que da originalidad e identidad a cada constructor.
El documental de Jaime Ruiz Ibáñez, de aproximadamente dos horas, que tiene una fotografía espléndida y una edición ágil, está acompañado de ejecuciones magistrales de dos grandes artistas idos: Manuel Vleeschower y Zeferino Nandayapa.
Jaime ha escrito, además, un guion de cine sobre la historia de la marimba en Chiapas y antes de éste ha hecho otros documentales sobre nuestro instrumento. Qué bueno que, si no hay nadie con tanta pasión como él en el estado, lo tengamos de nuestro lado para recordarnos lo mucho que hay de trabajo, conocimiento y arte en quienes hacen y tocan la marimba… Gracias, querido Jaime.
                                         
       
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 27. Renacimientos/1. Nadia Arce

Fotografía: Jan van der Wolf: https://www.pexels.com/photo/waves-on-sea-coast-18925060/


RENACIMIENTOS/ 1

Donde renace la Ola Verde
Por Nadia Arce


Renacer no es cosa de todos los días. No es algo que puedas planear, tampoco desear… se da y ya, sin esperarlo, llega o no ese momento, en el caso de que sí, todo tu mundo se transforma, -naces de nuevo- sin querer, obligado por las circunstancias. La encrucijada puede darse por un accidente, una enfermedad, algún atentado, no sé, pueden ser muchas las razones pero yo hablaré de las que he vivido, sobre todo la última, que no fue fácil de superar. Comenzaré con mi primera experiencia de muerte.
Una vez estuve a punto de ahogarme en el mar, estaba en Cuyutlán y por juguetona me fui de largo hasta donde renace la “Ola verde”, que es cada media hora o algo así, tenía ocho años y de repente sentí la marea crecer y las olas frente a mí disparaban su altura no entendía qué estaba pasando, antes todo era fluido y la marea también era juguetona como yo, el mar ahora era áspero y no fue algo de lo que tuviera consciencia así que nunca medí el peligro. El agua al principio no me sobrepasaba, las olas eran apenas espuma, así que llegué hasta esa zona de peligro fácilmente. Cuando me di cuenta el mar me abrazaba con todas sus fuerzas, me subía y bajaba en la marea como si yo fuera una muñeca sin vida, porque todos mis intentos por nadar eran absurdos, salir de aquella intensa situación marítima no tenía solución alguna para mi corta edad.
Mi papá me había enseñado a nadar y a esquivar las olas, grandes o pequeñas, así que seguí todos sus consejos, “nada con la corriente, pasa las olas por abajo o por arriba, nada con la ola, déjate llevar cuando no puedas más, el mar te sacará solito por la corriente”, al final eso hice pero, lo raro era que las olas en lugar de sacarme me subían y después me hundían con inminente poder y cuando estaba bajo el agua dejaba de respirar cada vez por mayores intervalos de tiempo y aquellos lapsos eran más asfixiantes conforme continuaban, sin que yo pudiera salir de aquella “lavadora” donde yo era la pobre ropa arrastrada en círculos mortales. Nadar era nada en medio de esas olas color vida.
Vi y sentí a la muerte tan cerca, en algún momento cuando la ola me llevaba hacía su cúspide alcancé a ver la playa, me asusté tanto porque se veía tan lejana, la gente tan pequeñita… no podía gritar la palabra completa de auxilio, apenas y salía de mi voz inundad el vocablo: “au”. Después de una lucha donde mi fracaso estaba asegurado me desvanecí, dejé que la marea hiciera lo que quisiera, ya no tenía más fuerza en mi cuerpo, mi voluntad estaba rendida también pues tampoco me quedaba aire.
Aquel día conmemoraban la muerte de algunos salvavidas, tuve mucha suerte porque estaban jugando pelota en la playa, no sé quién me vio primero, nunca supe. Sólo recuerdo que cuando sentía ya la arena del fondo del mar, y un sonido bello y tranquilizador, junto con el tacto de plantas o algas, (cosa que me maravilló) alguien tomó mi cabello y me jaló hacía arriba… no me sentía consciente, no estaba despierta pero tampoco soñaba. Cuando me di cuenta, había un caos de olas otra vez, con un montón de salvavidas que estaban difuminados entre la brisa y espuma de aquellas monumentales olas, y en medio de todo eso, haciendo una especie de fila para irme sacando de aquel infierno de agua, estaban ellos y ellas, los bien nombrados: salvavidas. Nadar conmigo no era sencillo así que entre todos hicieron esa cadenita flotante y móvil, para irme pasando de uno a otro y lograr ponerme fuera de peligro y a la vez ellos no dejarse arrastrar por las terribles “Olas Verdes” de Cuyutlán. Cuando por fin era poca la profundidad, me cargaban como costal de papas… no sé cuanto tiempo pasó para que consiguieran esta hazaña pero no fue algo tan breve, o al menos no lo recuerdo así. Creo que no fue sencillo salvarme, ellos pusieron su vida en riesgo por hacerlo, son mis héroes hasta la fecha aunque nunca supe sus nombres, tampoco recuerdo sus rostros, solamente recuerdo, y con eso basta, su audacia y su fuerza, pues no me lastimaron en ningún momento a pesar de no tener el control de casi nada. Esto es algo que agradezco con todo mi ser. Morir ahogada no es el sueño de una niña de ocho años.
Ya en la playa comenzó la RCP, seguía en parte despierta pero no me podía mover, ni tampoco sentía la facultad de hablar, no tenía energía ni para mantener los ojos semi abiertos. No sé cuántas maniobras hicieron pero la gente nos rodeaba y decía muchas tarugadas que no ayudaban a mi bienestar. Por más que los salvavidas que trataban de hacer una baya y pedían a las personas morbosas que se alejaran, sus intentos eran inútiles. Otro salvavidas, no recuerdo si hombre o mujer, gritaba por mis padres, nadie aparecía. Fueron minutos eternos, hasta que comencé a vomitar agua salada, mi papá llegó y lo regañaron muy fuerte, yo no podía abrir por completo la mirada para sentir el consuelo de su presencia y mucho menos podía levantarme aunque quería hacerlo. Cuando el “espectáculo” había terminado y yo pude sentarme, la gente perdió interés y se fue disipando. Creo que no haber muerte decepcionó a algunos espectadores.
Recuerdo a una señora muy intensa, que se acercó casi arrastrando a dos niños o niñas, no sé, para ponerlos enfrente de mí y decirles con una voz chillona: “¡Ven lo que pasa cuando no obedecen, miren nada más, casi se ahoga!”, yo apenas los miré y mi memoria sólo me dice que sus rostros no tenían ningún gesto agradable. No fue la única señora imprudente que por aleccionar y pensar en sus “bendiciones”, ignoraba lo vergonzoso y humillante que era para mí ser señalada en tal momento, donde es más que vulnerabilidad lo que sientes y más allá de un simple shock lo que te pasa.
Después de la tremenda reprimenda que recibió mi padre, había que seguir instrucciones y eran: caminar por lo menos media hora para que el agua de mar no me hiciera tanto daño. Había tomado bastante y mi cuerpo no podría digerirla fácilmente, yo me sentía muy cansada pero la autoridad que representaba mi padre era imposible de ignorar. Él no se notaba preocupado o enojado, era como era, creo que hasta iba haciendo bromas al respecto aunque no recuerdo cuáles. Tampoco puedo traer de ese día al presente, algún momento con mi madre, nada recuerdo de ella, no vienen a mí más impresiones de ese día, sólo que al día siguiente no quería estar en el mar, mucho menos meterme dentro de él otra vez. Al estar sentada frente a ese paisaje de olas, arena y gente que seguía señalándome, mi papá me ordenó ir con él. Me tomó de la mano y a rastras me llevaba a la orilla de la playa, contra toda mi voluntad. Me dijo que si no me metía de nuevo lo iba a detestar y que yo amaba al mar desde bebé, lo cuál es cierto (entré por primera vez a sus aguas con apenas algunos meses de edad y no quería salirme) así que a la fuerza me cargó y me llevó mar adentro. Lo rasguñé, lloré, grité por salirme de aquel escenario amenazante para mí pero fue en vano. Pasamos mucho tiempo dentro, pero lejos de las olas grandes, hasta que pude calmarme y fui entendiendo el lenguaje de las olas, que no son malas, que debo cuidarme de ellas, de la marea cuando sube, de las “Olas Verdes” sobre todo, y será acaso porque miden entre 8 y 10 metros de altura y porque en 1932 una ola de 20 metros arrasó con todo el pueblo.
Debí renacer en aquel momento, cuando estuve a punto de fallecer rodeada de agua salada pero, sigo aquí. Mi papá hizo bien en meterme de nuevo al mar y créanme, cuando voy a nadar en él, sigo buscando olas grandes y siempre las supero porque en el momento que siento que ya no tengo esa capacidad, salgo a la orilla y prefiero admirarlas desde lejos, aún así, me han revolcado y en un par de ocasiones fue difícil salir de ellas, sin pasar a mayores consecuencias. Así que mi oculto sueño de ser surfista tal vez sea y seguirá siendo sólo eso. Respeto tanto al mar como lo amo, es mi destino favorito en vacaciones, mi remanso y paraíso; apenas y podría creerse que estuve a punto de morir en él.
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Disquisicionario. 19. Verbos sintomáticos. Esteban Martínez Sifuentes.


Verbos sintomáticos
Esteban Martínez Sifuentes

Con urgencia, a contracorriente de mis viejas convicciones, instalé en el cel la aplicación que me exigía el sistema para ingresar a mi hipocondriaca cuenta bancaria. Abro la app y me advierte que espere porque está inicializando.
     Ah, mira, me digo con paciencia, seguramente se trata de los mismos genios de la mercadotecnia financiera, una élite de chicos que usan el cel para todo menos para consultar el diccionario, que inauguralizaron el verbo aperturar porque ofrece (o suena con) más prestigio que abrir. Abrir, cualquiera. Aperturar, solo unos cuantos privilegiados.
     No pasa nada, solo que el lenguaje es sintomático de los tiempos que corren. Peccata minuta, el lenguaje es complejo y la gente más. Los cuentahabientes van a inicializar porque tienen prisa por atender asuntos en verdad importantes. Ni para qué desgastalizarse en fruslerías.

Fotografía: Cottonbro studio: https://www.pexels.com/photo/close-up-shot-of-person-holding-a-black-telephone-8717390/
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Polvo del camino. 271. Gracias al extra. Héctor Cortés Mandujano



Polvo del camino/ 271

Gracias al extra
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

    Las personas que olvidan sus sueños son peligrosas

     Sergio González Rodríguez,
  en El Centauro en el paisaje

Tal vez fue un descuido del director o del coordinador de extras. El caso es que en uno de mis sueños descubrí a un personaje que, en la calle, era el mismo que había soñado en otra escena con multitudes.
     El ser onírico era un hombre joven, con tipología oriental, sobrepeso y sudor notorio (pelo grasoso, rostro brillante). Llevaba una camisa naranja (en la escena anterior su camisa era morada). Lo vi mientras soñaba algo intrascendente. Y me despertó el hecho de reconocerlo. Era un figurante, un extra, alguien que pasa. ¿Por qué era el mismo? ¿Tenía algún significado soñarlo dos veces en la nada importante en que aparecía?

Me imaginé al despertarme la furia del director de mis sueños:
    —¿Por qué se despertó Héctor? ¡Le faltaba soñar mucho todavía, apenas estábamos arrancando la historia!
     Y un compungido ayudante:
     —Creemos que reconoció a uno de los actores, señor.
     —¿Cómo?
     —Sí, a Wang Li, el chinito.
     —¿Y qué, no tenemos millones de seres para usar de relleno en estas escenas tumultuarias? Héctor no es muy lógico ni en la vigilia y si ponemos en un sueño que la gente camina al lado de guajolotes y ballenas no va a notar nada raro.
      —Perdón, señor.
      —¡Carajo! Zalín, haz que Héctor se duerma, por favor, de inmediato; vamos a trabajar un sueño apacible al principio, luego le subiremos de nivel para que Héctor mañana sólo recuerde el placer. Pongan un río, una playita, un pasto verde, un campo de flores, una mujer bella con una bata blanca y vaporosa (alta, rubia, de pechos grandes). Qué Héctor se vea joven, guapo, musculoso, como héroe de película. Cuiden la temperatura del agua, el color de las flores (amarillas, no lo olviden), no pongan ningún animal, si acaso colibríes que llegan y se van…  ¿Ya estamos? ¡Silencio, comienza sueño!

Antes de dormirme pensé en el extra. Quizás le habían llamado la atención o incluso despedido de mis sueños. Era inocente, sin embargo. No pude seguir el hilo de mis pensamientos, porque ya estaba en un río de agua tibia, con una playita de arena muy fina (la arena tosca no la tolero, me lastima los pies), un campo de flores amarillas hasta donde alcanzaba mi vista, sólo interrumpida por la montaña del fondo. Y una bellísima mujer, de bata blanca y vaporosa, venía hacia mí. Yo era joven, guapo, musculoso, y estaba con sólo un breve bañador. La mujer se desnudaba antes de llegar a mí y entonces…          
                                             
       
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 271. Lluvia en primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez


Lluvia en primavera

El canto de los pájaros era el mejor despertador para Dania, a las seis de la mañana comenzaba el concierto musical. Además de no tener que apagar la alarma cuando ésta sonara, el barullo de las aves le conectaba una energía muy linda que la animaba a dejar la cama e iniciar un nuevo día. Esa mañana no fue la excepción.
Dania se levantó y se estiró con suma calma y cuidado. Entrelazó las manos, estiró los brazos hacia arriba, luego  se balanceó suavemente a la derecha y a la izquierda.
Como cada mañana acostumbraba saludar a sus plantas, abrió la ventana que daba al patio y se percató que el piso estaba mojado.
          —¡Wow, llovió toda la noche y yo ni en cuenta! Estarán muy contentas plantitas, esta lluvia es un regalo, sobre todo ante la sequía que hemos estado teniendo —dijo Dania mientras disfrutaba el aroma que la lluvia había dejado y se mezclaba con el viento frío que se coló a través de la ventana.
Fue a la cocina; mientras decidía qué preparar para el desayuno eligió escuchar una selección musical, Putumayo, Women of the world, Mujeres del mundo. Con el acompañamiento de la música, el canto de las aves, el aroma a tierra mojada se inspiró para preparar sus alimentos. El aroma del café se percibió pronto en la cocina, mezclado con el aroma de unos huevos con tocino y plátanos fritos.
           Dania revisó el reloj, había decidido hacer una tregua con el tiempo y hacerlo su aliado, eran las 6:45 de la mañana. Se sirvió el desayuno, mientras lo degustaba pensó en escuchar las noticias, pero siguió deleitándose con las Mujeres del mundo, Lua vai, lua vem, de solidao em solidao, lua vai, lua vem.
          Escuchó a lo lejos el toque de la campana, anunciaba que estaba por llegar el camión de la basura, era otra de sus alarmas, indicaba las siete de la mañana. Se apresuró a bañarse y arreglarse para ir al trabajo.
Mientras lavaba los trastes Dania se quedó pensando en que era poco común que lloviera justo en el inicio de la primavera. Sin dudarlo, vino a su mente la deforestación en varias partes de su ciudad, del estado, del mundo, entre muchas acciones más que afectaban a la casa de todas las personas, el planeta Tierra.
         Revisó su bolso y que no le faltaran las llaves de la oficina, se cercioró de cerrar la llave del tanque de gas y dejar apagadas las luces. Antes de salir de casa, jaló un suéter ligero, la lluvia había dejado un poco frío el clima. El sol aún no se asomaba, el cielo permanecía con sus tonos grises. Dania respiró profundo antes de salir de casa. Sintió cómo sus pulmones se llenaron de ese aire que dejó la lluvia en primavera. Cerró la casa y se dispuso a ir al trabajo.
          —¿Ya para el trabajo Dania? Que te vaya bien —se escuchó decir a doña Lourdes, vecina de Dania.
         —¡Buenos días doña Lulú! Sí, ya es hora, que tenga bonito día, ya estamos en primavera.




 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 270. Dejarse sorprender. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Dejarse sorprender*

Emilia avanzó en su trayecto al trabajo, el centro de la ciudad dejaba sentir una especie de caos, sumado al tráfico que era característico antes de las nueve de la mañana.
          El paisaje del día era bello, un día soleado, con ese brillo que caracteriza a un día primaveral y no lo era, para Emilia eso era un gran regalo. Una mañana otoñal soleada, qué más podía pedir a la vida.
         Mientras caminaba a la parada del transporte público observó una fila grande de personas esperando el colectivo. Los rayos del sol la seguían acompañando, decidió recibirlos con una sonrisa. Se formó en la fila, alcanzó a escuchar una serie de comentarios haciendo referencia a que llegarían tarde al trabajo, que el colectivo demoraba. La voz interior de Emilia le dijo, ‘por más que uno se presione o estrese, el tiempo no se detiene, así que disfruta esta espera’.
        Un par de niños estaba delante de ella, jugaban animadamente a adivinar caricaturas, haciendo caras y gestos. Emilia halló en ellos un lindo momento para sobrellevar la espera. Se percató que ella también quería jugar, sintió a su niña interior a flor de piel. Su rostro dibujaba una gran sonrisa. Una señora la empujó sin darse cuenta.
        —¡Discúlpeme! Ya la empujé, es que esta gente me pone de malas. No avanza la fila —dijo la señora.
        —No se preocupe señora, no hay problema —respondió Emilia, con gesto amable.
        Emilia volvió nuevamente la mirada a los niños, se percató que la fila había avanzado. Los niños ya no estaban. Hizo una especie de escaneo interno antes de ver el reloj; se sentía motiva y tranquila. Estaba en tiempo para llegar al trabajo. Le tocó el turno, subió al colectivo. Saludó a las personas, sonriente; recordó a los niños jugando, dejándose ser sin estrés, ni enojos.
          Contempló el paisaje por la ventana, le dieron ganas de sacar la cabeza y observar el cielo. Pidió la parada, bajó del colectivo, caminó a paso veloz. Entró a la tienda donde trabajaba, nueve en punto.
         —¡Jugos, jugos de naranja! —exclamó un vendedor ambulante, con el rostro bien sonriente bajo el sol radiante.
          Emilia se quedó con la imagen de los niños y del vendedor, pensó que en la vida hay que dejarse sorprender y tener presente eso hasta en los momentos de caos o estrés.

*Este texto es producto del ejercicio realizado por la autora de esta columna en el taller Entonces, escribo, facilitado por la dramaturga y escritora Damaris Disner Lara, el 20 de febrero de 2025 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.




 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 270. El amor y la ausencia. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 270

El amor y la ausencia
Héctor Cortés Mandujano

Se puede hacer el amor con cualquiera. Es como ir al cine

Alejandra Pizarnik,
citada por Cristina Rivera Garza,
en La muerte me da

Leí libros anteriores y posteriores de Cristina Rivera Garza, pero éste, La muerte me da (Tusquets, 2007), quién sabe por qué, lo dejé para después, para hoy.
El libro (no lo llamemos novela, porque rompe los estándares de ésta y qué bueno) es, por lo menos, tres libros: el primero cuenta una historia de crímenes (hombres castrados, sobre o alrededor de quienes se dejan versos de Alejandra Pizarnik), donde se involucran, principalmente, una profesora y escritora que se llama Cristina Rivera Garza, una detective y una Periodista de la Nota Roja (así se le llama); el segundo es un ensayo sobre la vida y obra de Alejandra Pizarnik, que es copiosamente citada en los tres libros, y un libro de poemas (se titula “La muerte me da”) que, se presume, escribió la periodista, aunque el libro lo firme Anne-Marie Bianco.
Creo que, hasta el momento, es el libro que más me ha gustado de Cristina (cuentista, novelista, ensayista) de quien he leído varios (ha escrito más, por supuesto), que son muy buenos: Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión, Lo anterior, Los muertos indóciles, La Castañeda y Había mucha neblina o humo o no sé qué…
“La castración –cita Cristina a Renata Saleci– le permite al sujeto entender a los otros como Otro en lugar de lo mismo, ya que sólo después de experimentar la castración simbólica el sujeto empieza a preocuparse por cuestiones como ‘¿qué desea el otro?’ y ‘¿qué soy para el otro?’ ”.
Un poema de Pizarnik, en la realidad y citado en este libro, está dedicado a Aurora Bernárdez y Julio Cortázar. La autora analiza el apellido del escritor (p. 32): “en la superficie del apellido Cortázar se escondían, amenazantes, un cortar y un azar –palabras que, en ese momento, carecían de toda inocencia”. Lo dice, claro, porque el poema, con la dedicatoria, aparece con un cadáver.
Lo hace también con otras palabras (p. 147): “Demasiadas almohadas (¿almo-hadas?, ¿hadas de alma masculina?)”.
La periodista va a verla y la interroga sobre su oficio. Contesta la Cristina de la novela (p. 67): “Los escritores escriben –dije lentamente, enunciando cada palabra con el cuidado con que lo hacen ciertos extranjeros respetuosos mientras acomodaba mis libros, tan lentamente como lo hacía con mi enunciación, dentro del portafolio– no sólo con lo que conocen del mundo o de ellos mismos, sino, sobre todo, fundamentalmente, con lo que desconocen, del mundo y de ellos mismos”.
Otra cita de Pizarnik (p. 56): “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”.



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 26. Catarsis/14. Nadia Arce

Fotografía: Nadia Arce.



Catarsis #14

CICATRIZACIÓN

Quiero sentirme contenta. Agradecida. Serena. Trabajo en ello… Pienso algunas tonterías como: llevo casi cinco meses enferma, desde el dengue no he gozado de nuevo de plena salud, estoy desperdiciando este año, ya no sé qué hacer para esto, ya no tengo ánimos de lo otro, estoy harta de aquello, no es justo que así y asado, quiero, debo, tengo... Así es el ego. Se aprovecha de nuestra vulnerabilidad y fragilidad humana para sembrar ideas en nuestros pensamientos y volvernos locos.

Sigo en reposo, moverme todavía duele, aunque es menos, sigo sin ser independiente. Sostener una taza llena de té me cuesta, partir verduras o frutas, caminar, no puedo todavía ni hacer quehacer. (Ahí es donde el ego me dice que soy una inútil). Y mi trabajo también me cuesta, temo a estar dos horas sentada para impartir mis talleres aunque los extrañe tanto… no puedo cargar cosas. En fin. Esta etapa, aunque ya es la de salida, estando en cama la mayor parte del tiempo, pues es desesperante. No tengo energía ni fuerza para nada más. Mi pleura cicatriza, ya casi no toso, cuando sucede es tremendo, el dolor cambió y me choca porque lo que va cicatrizando siento que lo arruino por volver a toser. Así que por todos los medios trato de evitarlo, a veces es inevitable.

De repente me canso tanto. Que ya no quiero hacer nada, más que dormir. Tal vez tenga algo de depresión y no quiero. Los fines de semana están mis hijas conmigo, son mis dos días más felices. El resto de la semana la soledad fiel, sabe que a veces detesto su lealtad. No me molesta, incluso me hace bien, pero luego ya saben… ese ego comienza con: ya nadie te quiere, ni se acuerdan de ti, apenas dos amigas te han visitado. No sé. Me cae tan gordo el pesimismo. He recibido muchísimo cariño pero mi autoestima está algo alterada últimamente. Lo siento mucho, me digo a mí misma, no quisiera estar así.

Sé lo que valgo, sé que estoy sanando, sé que ser paciente es la clave y que seguir perseverando con mis cuidados es la respuesta.

Así que aquí estoy, a punto del lunes, como si los días entre semana fueran mounstruos que me van a gritar: ya no eres productiva. Ya no sirves para nada. Y no, solamente me estoy cuidando, espero sanar los desgarres internos, espero que se curen mis nervios rotos y todo eso que se lastimó por la tremenda tos de dos meses y medio. Voy bien, vamos bien. Una semana más creo y podré volver a manejar, tal vez. Quisiera.

Espero pues con la paciencia intermitente que me queda. Meditaré más. Saldré al parque a tomar el sol. Voy a leer y a escribir como he estado haciendo. Comeré lo que toca, me daré con mucho amor mis medicamentos. Terminaré alguna serie. Seré tolerante con las circunstancias.

Abriré mi corazón a Dios, porque sé que también necesita urgente cicatrización.

La foto es de la mesita de mis plantas, medícamentos y demás cositas que necesito en estos dias.

Nadia Arce
23 febrero 2025
Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: Nadia Arce.
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Desde la buhardilla. 9. Eclipses. Gabriel Mendoza García

Fotografía: proporcionada por el autor.


Eclipses

Parece una tarea imposible hablar sobre la nada. ¿Qué se puede decir al respecto? Quizás sea mejor pensar en decir algo que hablar de aquello que, por definición, carece de contenido. Sin embargo, hoy me enfrento a la necesidad de adentrarme en sus entresijos.

Una sensación de vacío me atraviesa, un desapego involuntario hacia el mundo y sus habitantes. Aquí, en este espacio inmaterial, sólo me tengo a mí. Me necesito porque me quiero, pero no me quiero porque me necesito. En esta paradoja personal resuena la contradicción existencial que Jean-Paul Sartre describía: la conciencia de la propia existencia se convierte en una carga, en un peso que arrastramos sin elección.

A mi alrededor, otras voces se desvanecen, convertidas en ruido y estática que reverberan en mis oídos. En el universo de las sensaciones, las palabras son frágiles, incapaces de contener la totalidad de lo que experimentamos. Me encuentro flotando en una galaxia de melancolía, anhelando el fin, pero temiéndolo a la vez. La contradicción más grande del ser humano reside en esta lucha interna: el deseo de desaparecer y, al mismo tiempo, la necesidad de ser reconocido.

No, no quiero ser visto; no busco atención. Lo que necesito es ser reconocido. Ya he dado demasiado, me he entregado sin reservas a quienes no respetan ni a los demás ni a sí mismos. ¿Cómo pueden respetarme quienes han olvidado su propio valor?

Vuelvo a los vacíos brazos de la nada, un refugio ideal para el ascetismo. Cuanto menos me relacione con mentes turbulentas, mejor podré calmar mis propios demonios. La tormenta ha cesado. Ha terminado una etapa de vida ensombrecida por problemas ajenos, por la exigencia constante de estar disponible… Mis heridas han cerrado, pero eso no significa que las haya olvidado. La tormenta pasó hace tiempo.

Fuera de la nada, me entrego a la luz del sol. Me uno, pues, a la súplica profesa: que, como el sol de los corazones, la luz de tu ser resplandezca. Eclipsa, por favor, eclipsa esta oscuridad.

GMG
15/03/2025

Fotografía: proporcionada por el autor.
Fotografía: proporcionada por el autor.

Sobre el autor:

Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.