Casa de citas/ 799
Hacerse mundo
Héctor Cortés Mandujano
Hoy el escritor creyendo bajar a los infiernos,
se contenta con bajar a la calle
Maurice Blanchot,
Citado por Ida Vitale,
en Resurrecciones y rescates
Ida Vitale (1923, Montevideo, Uruguay) es una poeta con muchísimas publicaciones y reconocimientos. El libro Resurrecciones y rescates (Fondo de Cultura Económica de España, 2019) no contiene poemas, sino una selección de los muchos artículos que ha publicado en varios medios de distintos países. La edición es elegante, cuidada.
Dice Ida (p. 37): “Citamos siempre ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’, de Monterroso, como el cuento más breve del mundo. Un poema de amor brevísimo y completo sería: ‘Quisiera ser convexo para tu mano cóncava’, si Gerardo Diego no hubiera cometido el error de prolongar lo ya suficiente”.
Cita a Quevedo (p. 66): “Cocodrilos descubiertos/ son poetas vengativos;/ que a los que se comen vivos/ los lloran después de muertos”.
Luigi Malerba, en 1980 (p. 72) “escribió Las gallinas pensativas, breves textos cuyas protagonistas son, como es obvio, gallinas”. No tienen nombre, salvo una –la más famosa de las 131 más quince añadidas después– que se llama Natalia: “Una gallina llamada Natalia había decidido escribir una novela, pero no le vinieron a la cabeza ni la trama, ni los personajes ni el título ni el estilo de la escritura. Fue así que aquella gallina veleidosa escribió en cambio sus recuerdos de infancia y tuvo mucho éxito entre las ocas”.
Escribe, cuando habla de César Aira (p. 129): “El mundo, no lo olvidemos, es un oxímoron en acción”.
En el texto que escribe sobre José Ángel Valente cita varios de sus versos. Me encantaron. Un fragmento (p. 217): “Tu cuerpo baja/ lento hacia mi deseo./ Ven. / No llegues”. Dos versos (p. 221): “La única forma perfecta del amor/ es la soledad”. Y estos (p. 223): “Un hombre ha muerto, pero dime que soy de verdad, que estoy en pie, que es cierto el aire, que no puedo morir”.
Habla de Octavio Paz (p. 247): “Paz aparece como el modelo más constante de un tipo de poeta que no acepta una actitud iluminada y vehicular. Que se mueve en un círculo denso de referencias, crea a partir de un análisis, analiza a partir de su creación y elabora paralelamente arte y teoría del arte. […] No se da hoy en lengua española un cuerpo tan coherente de creación poética y crítica como el que nos ofrece”.
No he leído al poeta Enrique Casaravilla Lemos, pero me gustaron mucho estos dos versos suyos (p. 298): “Ningún misterio iguálate, ninguna/ carne como la tuya; flor nocturna”.
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Los libros de César Aira son generalmente breves, algunos incluso brevísimos. No ocurre así con La liebre (Editorial Era, 2017), que es una novela de extensión promedio (272 páginas) y que responde al modo de experimentación novelística de este justamente célebre autor argentino.
No puedo decir que me encantó el final, porque Aira decidió jugar con el procedimiento absurdo que tenía el teatro del Siglo de Oro español, que creaba una serie de enredos para rematar con que todos los personajes eran hijos y padres perdidos hasta ese momento. En fin…
La novela, aun así, supone páginas donde podemos gozar de la pericia narrativa y la imaginación de Aira. Clarke, el inglés protagonista, irá al desierto de Argentina (p. 27): “En un relámpago de intuición, en su cabeza pueril y veleidosa, llegó al fondo del darwinismo y le dio la vuelta completa. Toda transformación era una vuelta en redondo. La eternidad misma era una transformación, era el presente, la figura de la felicidad, y todas esas palabras podían reemplazarse unas por otras”.
En Argentina se encuentra con Cafulcurá, quien resulta todo un pensador y en una conversación le dice a Clarke (p. 34): “Al mundo se lo crea para que coincida con el sistema personal, para que el hombre se haga mundo”.
En toda la novela, Clarke (y Carlos y Gauna sus acompañantes) entra en contacto con distintas tribus indias, que tienen incluso teorías acerca de lo engañoso de la realidad (p. 93): “Era como encontrar bellas mujeres a cada paso, salvo que las mujeres no estaban, porque no había nadie, con lo que además se evitaban todos los engorros de la realidad”.
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Lavoisier. La química moderna. La revolución está en el aire (RBA Coleccionables, 2023), de Adela Muñoz Páez, cuenta vida y obra de Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1794), científico francés que dio lustre a su país, Francia, quien le correspondió guillotinándolo.
Este químico, cuyo nombre aparece en todos los libros que hablan de esa ciencia, no tuvo problemas económicos, porque heredó (p. 13) “una fortuna de su abuela”.
Durante años, la ciencia creyó que existía un elemento llamado flogisto que era (p. 32) “la materia y el principio del fuego, aunque no [el] fuego en sí mismo”, hasta que Lavoisier desmontó el equívoco y, además, inventó una palabra que ahora se usa comúnmente. La palabra oxígeno.
Francia y el mundo le debe mucho a los descubrimientos de este hombre, quien generó a su alrededor una serie de calumnias y de infundios, generados por la envidia, que lo llevaron a ser encarcelado y luego guillotinado el 8 de mayo de 1794.
Joseph-Louis Lagrange escribió un día después (p. 140): “No les ha hecho falta más que un momento para cortar su cabeza y puede que cien años no basten para producir una parecida”.
Contacto: hectorcortesm@gmail.com

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com