Líneas de desnudo/ 62

De cosas sujetas a mudanza
Por Manuel Pérez-Petit

En torno a la memoria y los recuerdos es razonable llegar a la conclusión de que todo es conflicto, convergencia o divergencia pero nunca convención, aunque siempre quedará la posibilidad de establecer un pacto con la realidad, que es aquello que va a su aire mientras cada cual hace lo que puede. Al final, lo que queda es el propio punto de vista. La memoria es identitaria y a ella se le puede aplicar aquello de quién soy, de dónde vengo y a dónde voy. Poco tiene que ver con los recuerdos, los cuales son muy reducidos en relación a la vida real vivida, y en gran medida subjetivos. De hecho, los que los demás tienen de uno no coincide muchas veces con lo que uno tiene, de tal manera que la historia personal se va conformando con base en recuerdos encontrados en una suerte de transversalidad en que se puede resumir lo que hay, que siendo grandioso no es gran cosa, aunque ilumina y genera un cierto tipo de certeza. Por ello, un ejercicio de reconstrucción de la memoria no puede basarse en recuerdos, sino en algo más profundo, fluido y sólido: la conciencia. El olvido, por su parte, tiene mucho de bruma, fatalismo y dimisión, y está relacionado con la voluntad. La memoria no, pero los recuerdos y los olvidos tienen que ver con el paso del tiempo, eso tan fugaz, pleno e inevitable.
            La primera acepción de la voz ‘tiempo’ en el Diccionario de la Lengua Española es “Duración de las cosas sujetas a mudanza”... “Sujetas a mudanza”..., qué interesante, porque se trata de la vida, y ésta, por mucho que se quiera, no puede meterse en un frasco, pese a que el “frasco” del tiempo la limite.
            Vuelvo por los mismos fueros de mi último ‘Líneas de desnudo’, “Reivindicación del lector hedonista”, dada la cierta correspondencia que ha suscitado en relación a si es necesario o no saber del autor para leer su obra. Son bien conocidos los periplos vitales de Dante (circa 1265-1321), Goethe (1749-1832), Zorrilla (1817-1893), Milton (1608-1674) o Rilke (1875-1926), por ejemplo. Tenemos tantas certezas acerca de sus avatares existenciales como de las de muchos otros que otros tantos se han encargado de recopilar, documentar, confrontar y difundir con la eficacia suficiente como para que lleguen a nuestros días, incluso a veces con la vitola de “imprescindibles”. Conocemos de manera razonable las de otros, como Marlowe (1564-1593), Montaigne (1533-1592), Séneca (4 a.C.-65 d.C.), o Jorge Manrique (circa 1440-1479), por acción de esos mismos eruditos divulgadores, e incluso la de Aristóteles, con el tiempo que ha pasado... Se han escrito cientos de miles de páginas sobre cualquiera de ellos. 
            Pero yo insisto: me trae sin cuidado si tal o cual menganito o zutanito, gran figura de la literatura universal, comió en la taberna de no sé quién o tuvo un amorío con fulanita, que era sobrina de un arquitecto real o hija del músico de la corte que se acostaba con la reina, si luchó como soldado raso o almirante en una u otra batalla, si se casó con una rica heredera o perdió su fortuna en el juego... Me resisto a la categorización de la anécdota que, de algún modo, es también la consagración de la pedantería, aunque resulte divertida.
 
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            Zorrilla era por 1844 un muerto de hambre por las calles de Madrid que iba de teatro en teatro suplicando la limosna del encargo de una obra cuando un empresario le encargó una que debía estar escrita en poco más de veinte días. Escribió “Don Juan Tenorio” en veintidós. 
            La vida de Dante fue un extraordinario compendio de intrigas en que casi siempre fue víctima o estuvo en el bando derrotado... ¿Cómo no iba a describir la ascensión al Cielo que sería para él como una liberación?
            Rilke murió al pincharse con la espina de una rosa. La herida se le infectó y le produjo una septicemia. El epitafio que escogió para sí mismo, “Rosa, oh contradicción pura, deleite/ de ser sueño de nadie bajo tantos/ párpados, parecería proverbial en su caso.
            Milton quedó ciego por un glaucoma y concluyó “El paraíso perdido” memorizando los versos por la noche y dictándolos por la mañana a sus asistentes, no en vano había estudiado en Cambridge, máximo exponente en su momento de la memorización como método de estudio. ¿Han leído la obra?
            “Fausto” tuvo una concepción compleja y una realización larga y dubitativa, y Goethe tardó sesenta años en escribirla. La primera parte de la obra fue escrita en 1773 y publicada en 1808. La segunda no apareció hasta 1832, después de su muerte. ¿Cómo no va a resultar una obra contradictoria si le llevó toda la vida?
 
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            Solo tirando de memoria, podría seguir así por páginas y páginas, pero, ¿de qué nos sirve como simples lectores? En realidad son cosas sujetas a mudanza, y, por tanto, sometidas al tiempo, pero no deja de ser cierto que son divertidas. Por ello, dedicaré algunos artículos a pasar el rato en las fechas festivas venideras, y para dar gusto a mis lectores más curiosos.
            En tanto, lean un poquito de vez en cuando, que leer no tiene contraindicaciones, al menos en la mayor parte de los casos. Al fin y al cabo, todo está sometido al tiempo y, por tanto, tiene cura.
Ciudad de México, 15 de octubre de 2010. 7ma jornada del 5to Recital Chilango Andaluz, organizado por la Plataforma de Artistas Chilango Andaluz (PLACA). M. P.-P. recitando.
Fotografía: © Alejandra Proaño.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.