Polvo del camino/ 92

Evocadas páginas de otro libro/ III
Trómpogelas o el sinnúmero bosque humano
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

Castígame mi madre, y yo trómpogelas

Miguel de Cervantes, En Don Quijote de la Mancha II

Trómpogelas: «Engañar, burlar»

(Real Academia Española)

«Refrán para expresar que alguien hace, inmediatamente, lo contrario de lo que se le aconseja»

(Diccionario Abierto de Español)

Muerto de aburrimiento en el mundo recién creado, hombre solo como el que más, supe que podía extraer una mujer de mi costilla izquierda y lo hice. Quería escuchar una voz que no fuera la mía, pero ella hablaba sin parar.
	Quise el silencio y me extraje otra mujer con quien veía, callados, el amanecer. Ella me miraba con la complicidad de los ojos que lo pueden decir todo, y enlazadas las manos dormíamos sin decir más que lo puede decir el amor silente.
	No gustó mucho mi idea de crear más de una mujer; se vio como una burla, un engaño, y el paraíso se volvió una tierra para cultivar y hacer mil trabajos nuevos.
	Había que barbechar, sembrar, cosechar, y me saqué otra mujer de la costilla, con el procedimiento habitual, y ella me acompañó a los campos y me sorprendió su fuerza, su energía imparable, y su saber sobre plantas, frutos, animales, nombres de las nubes. 
	La primera mujer, parlanchina y observadora, notó lo fácil que era obtener otro ser de nuestro cuerpo y creó otro hombre al que le hablaba imparablemente. Éste le sacó el secreto de los partos mágicos y él se hizo de sí mismo un nuevo hombre, y dejaron a la mujer, se fueron a vivir juntos. Ella, Lilith se llamaba, se escapó entonces con el primer demonio que le prometió oreja atenta y sexo de buena factura.
	La mujer callada, obviamente sin pedirme opinión, tan callando, hizo a su propia mujer y un día, sin palabras, me abandonaron.
	La mujer fuerte que me ayudaba con los trabajos de cultivo decidió que yo era más débil de lo necesario y se creó un hombre puro músculo con el que laboraban casi sin descanso, alegremente.
	Yo decidí hacerme una nueva mujer y también un hombre para tener una visión de los dos mundos, y un día descubrí que quién sabe quién había hecho un campamento donde todas y todos sin ropa se ayuntaban con harto contento y sin pertenencia.
	Una de las mujeres hizo, mejorando mi experiencia, un hombre que genitalmente era a la vez mujer, y exploró la nueva experiencia de ser pareja de dos seres en uno.
	Y un hombre decidió ser pareja de una yegua, y una mujer de un perro.
	Hubo una mujer o un hombre, ya no me acuerdo, que decidió vivir en soledad y se fue a la montaña más lejana. Alguna vez volvía, aunque no hablaba con nadie.
	Y a alguien se le ocurrió que hombres y mujeres no debíamos aparecer mayores en la tierra, sino pequeños, limpios, como páginas en blanco. Y que ya nadie debiera sacarse nada de las costillas. Nacieron los bebés sólo de mujeres, sólo vaginales, y la idea se generalizó en las muchas tribus que ya éramos. Se aceptó con gusto.
	Y así, hasta hoy, se fue creando la humanidad.
 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com





*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com