Voces ensortijadas 90

Por María Gabriela López Suárez

Instantes de luz



Estela estaba terminando los tres bocetos que presentaría como propuesta a un trabajo que le habían encargado. Le llevaba más tiempo hacerlos de manera manual luego los digitalizaba, pero lo disfrutaba y le generaba una sensación de emoción que no se podía perder. Se había llevado prácticamente buena parte del día en eso, miró la hora, eran cerca de las 6,30 de la tarde y aún no comía. De pronto se acordó que era lunes y pasaba el camión de la basura. Se quitó los lentes, dejó por un instante su encomienda y se fue por las bolsas de basura que tenía en casa.

Como todos los lunes, Estela pasó a casa de su vecina doña Rosario por su bolsa de basura. Ella le llamaba Rosarito le sonaba con más cariño. La conocía desde hace un par de años, el tiempo en que Estela se había mudado a la colonia donde ahora vivía. Hacía más de un año que doña Rosarito empezó a caminar con dificultad y a tener problemas de la vista. Vivía sola y era una persona mayor. Estela se ofreció a pasar por la basura a casa de su vecina cada semana.
Tocó el timbre una vez, como solía hacerlo. Y a lo lejos escuchó la voz de doña Rosarito,

—¿Eres Estela?

—Sí, soy yo.

Estela saludó a su vecina, tomó la bolsa de basura que la señora le entregó. Y le preguntó cómo estaba. La respuesta de doña Rosarito la dejó casi sin habla. Le dijo que cada vez veía menos, no sabía qué pasaría cuando ya no pudiera ver, a dónde la llevaría su familia, su voz se escuchó triste. Estela observó los ojos de su vecina, se apreciaban como cubiertos por una tela, como si le nublara el brillo. Le comentó a doña Rosarito que su familia podría llevarla al médico para ver su caso.

De pronto sin que Estela se diera cuenta cómo doña Rosarito cambió de tema, platicó con ella sobre cómo era la colonia años atrás, sobre su familia, los programas de televisión que le gustaba ver, que el ambiente en la ciudad era menos peligroso que ahora. Le preguntó a Estela dónde vivían sus papás, qué tan lejos estaba el lugar de la ciudad, cómo era ahí. Cerraron la conversación con comentarios del clima, esa tarde el viento se percibía fresco pero al interior de las viviendas se tenía la sensación de calor. Luego se despidieron.

Mientras caminaba con las bolsas de basura para esperar a que pasara el campanero, su mente iba pensando en la situación de doña Rosarito, vivir en soledad aún teniendo familia y con la luz de sus ojos apagándose. Respiró profundo, se sintió agradecida por la confianza de su vecina para entablar la conversación esa tarde, quizá era una especie de instantes de luz que doña Rosarito había tenido al sentirse escuchada. El toque del campanero la hizo caminar más de prisa, no tendría que esperar, el camión recolector ya estaba por llegar.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.