Voces ensortijadas 85

Por María Gabriela López Suárez

Todavía no hay nadie


Eréndira revisó su reloj, faltaban 8 minutos para que iniciara su reunión virtual con Juan, Gloria y Benito, con quienes estudiaba la licenciatura. Tenían un trabajo por equipo y habían acordado reunirse al mediodía.  No le gustaba llegar tarde pero esa mañana salió a comprar ingredientes para sus galletas. A mitad de la contingencia sanitaria había decidido hacer galletas para apoyar sus gastos en la escuela. Bajó  rápido del colectivo, corrió hacia su casa. Apenas estaba a tiempo.

Entró apresuradamente a su domicilio. Se quitó el calzado, hizo su limpieza para sanitizarse. Dejó su bolsa con el mandado. Se percató que estaba sola en casa. 

Fue a su cuarto, prendió la computadora y buscó el enlace para ingresar. Sentía el palpitar de su corazón más que rápido. Miró el reloj, 12:08, respiró profundo y entró a la sala virtual. Ahí estaba Juan, el más puntual de su equipo, lo saludó y le pidió disculpas por el retraso. Juan dijo que no tenía problema. 
Mientras llegaban Gloria y Benito, empezaron a platicar de cómo les había ido en la semana. En eso estaban cuando ingresó Gloria, 

—¡Hola! Buen día. Estaba preocupada por llegar tarde, pero veo que todavía no hay nadie.

Eréndira se quedó pensando, ¿acaso Juan y ella no contaban? ¿Eran nadie para Gloria? Como un flashazo vinieron a su mente las veces que de niña ella acompañó a su abuelita Chole a los rezos. Cuando solían llegar a alguna casa y coincidían con doña Sofía, una vecina del barrio, siempre solía decir esa frase, "todavía no hay nadie, yo que estaba preocupada". Eréndira jalaba de la blusa a su  abuelita y con su voz no tan débil le decía,

—Abue, ¿por qué doña Sofía dice eso? ¿Nosotras no contamos?  ¿Somos nadie? 

Doña Chole la volteaba a ver y le tomaba de la mano suavemente, mientras le decía:

—En la casa platicamos.

Esa plática con su abue nunca se dio, pero Eréndira creció pensando que si alguien estaba en un espacio y un lugar contaba su voz y su presencia, por lo tanto, debía ser tomada en cuenta. Regresó a su reunión virtual. Pensó que Juan diría algo, observó su rostro en la pantalla, él solo se limitó a saludar a Gloria. Eréndira prendió su micrófono y dijo,

—¡Hola Gloria! Bienvenida, Juan y yo estamos ya estamos acá, contigo ya somos tres. Solo falta Benito. Así que ya habíamos dos y ahora te sumaste.

Gloria sonrió, se disculpó por llegar tarde y por haber dicho eso. Les mencionó que era una frase que solía usar y no recordaba cómo la había aprendido. Finalmente, Benito se integró, con algunas fallas en su conexión. La reunión se realizó y después de tomar acuerdos se despidieron.


Eréndira se dispuso a limpiar los productos que había comprado, mientras lo hacía no pudo evitar recordar la frase, "todavía no hay nadie". Y evocó a Eduardo Galeano, con "Los nadies", uno de los textos de su obra El libro de los abrazos. En eso estaba cuando escuchó que la puerta de la casa se abrió y una voz dijo, 

—¿Hay alguien en casa? 

Era su mamá. Había llegado.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.