Polvo del camino/ 83

¿Quieres que te dé atole con el dedo?


Héctor Cortés Mandujano

La mentira es, si no la madre, la nodriza de la bondad.

[…] La simulación, a la larga, se suprime a sí misma, y

los nuevos órganos e instintos son los frutos inesperados

del jardín de la hipocresía

Federico Nietzsche, en Aurora


Sueño incesantemente y suelo recordar con precisión lo que sueño. Por eso, varias de mis novelas, obras de teatro, cuentos y textos no son más que trascripciones de mi actividad onírica.
	En ocasiones, alguien a quien he dado llamar mi maestro (a veces es joven, a veces viejo; hablamos en un castillo, en la selva, en la playa), me da charlas sobre la vida y la muerte, cuyos conceptos aparecen aquí y allá en lo que escribo.  
	Hago este prolegómeno porque ayer por la noche (este ayer sin fecha sobre el que suelo escribir) soñé que daba una clase de tres horas sobre un concepto que yo inventé en mi sueño, a partir de dos palabras (una cinematográfica, otra teatral) y que explicaba a mis oyentes: “Corte escénico –les decía– es cualquier párrafo que podemos aislar de una narración, en el que se pueden identificar el tiempo, el espacio, el tipo de narrador y varias instancias más de la técnica narrativa usada para construir el relato”.
	Ponía como ejemplo a mis alumnos un texto mío (que no he escrito en la realidad) que se llama “¿Quieres que te dé atole con el dedo?”, y era sobre dos amigos –un hombre y una mujer– que por distintas circunstancias tienen que pasar la noche juntos. Se acuestan en camas separadas y luego de desearse buenos sueños, ella le dice a él –ya están a oscuras– que siempre ha querido tener una noche apasionada con alguien que le finja amor con promesas y palabras encendidas, que no tengan que ser ciertas, pero que sean convincentes; y que si él puede hacerlo ella también lo hará, sin que al día siguiente la amistad sufra variaciones.
	Él acepta incondicionalmente y se besan, se juran amor, se dicen y escuchan todo lo que alguna vez hubieran querido oír, decir a alguien, y tienen una noche maravillosa.
	Cuando desperté, mi memoria caprichosa, como si pensara sola en un posible epígrafe para el cuento que no he escrito, recordó el bolero “Miénteme”, de Armando Domínguez Borrás, quien nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en 1921. Según mi top de canciones 2020, que hace en forma automática Spotify, el servicio electrónico donde generalmente oigo música, fue mi tercera canción favorita del año pasado. Me gusta mucho, en especial porque creo que la verdad exacta sobre el amor, la amistad, los cariños familiares no la podremos saber nunca, y tenemos que conformarnos con las mentiras bien hechas, es decir, aquellas que se dicen y tienen perfecta o aceptable concordancia con los actos. No querría ni quiero que alguien me diga que me quiere y me trate mal, por ejemplo.
	Yo, como en el bolero, suelo tener la convicción de que no hay diferencia entre la mentira (“Te quiero”) que es complementaria con el acto, porque ello parece “verdad” o es la verdad más aproximada que podemos conocer, es lo mejor a lo que podemos aspirar, porque si nos empeñáramos en pedirle juramentos irreprochables de amor, amistad o fidelidad a nuestros cercanos sería una pesadez y tal vez, eso sí, escucharíamos muchas mentiras flagrantes.
	Yo, como don Armando, si alguien le da “a mi vivir la dicha con su amor fingido”, no tengo empacho en pedirle “miénteme más”…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Daniel Dávila




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com