Polvo del camino/ 73

Minucias cancioneras

Héctor Cortés Mandujano



No es que dedique mucho tiempo a eso, pero suelo darme cuenta de minucias, de pequeños cambios en versos o palabras en las canciones que oigo, aunque no sean mis favoritas. A veces, claro, se dan por simple ignorancia o desconocimiento del idioma (de esas hay muchas). Me llaman la atención cuando suponen una reconversión o un guiño. Hablaré de ello.
Una canción popular, “Acaríciame”, de Alejando Jaén, por ejemplo, la compuso él para cantarla, pero la vendió a Manoella Torres y modificó sus versos finales, que decían: “Acaríciame y no importa que no sepa ni tu nombre, pues mañana puede ser quizá otro hombre el que esté en tu lecho haciéndote el amor”; en 1977 la grabó Manoella y sonaba fuerte para esos tiempos. No era el hombre el activo, sino la mujer, que volvía suyo el acto: “Y no importa que no sepa ni tu nombre, pues mañana puede ser quizá otro hombre el que esté en mi lecho haciéndome el amor”. De un tu a un mi, la canción se vuelve otra.
Rocío Jurado grabó, en 1980, la canción “Señora”, de Manuel Alejandro, donde una amante le dice a la esposa que no puede dejar al hombre que comparten (“ahora es tarde, señora, ahora nadie puede apartarlo de mí”); años después, en 2005, Falete, un cantante abiertamente homosexual (su nombre artístico lo dice todo), la grabó y la diferencia es obvia: un hombre gay le dice a la mujer que no puede dejar al hombre que comparten (“Cuando supe que existía usted… ya llevaba dentro de mi ser su aroma”).
En sentido contrario, y con buen humor, Chico Che tomó la “Macorina”, a quien le pide “ponme la mano aquí”, es decir, un hombre habla a una mujer y hace una petición sin referencia a lugar específico: “Aquí”. Cada escucha debe suponer dónde se pondrá la mano. La canción original y revolucionaria la compusieron Alfonso Comín, poeta asturiano, e Isabel Vargas. El poema hubiera sido “normal”, de un hombre a una mujer, si no la hubiera musicalizado Chabela Vargas, quien también la cantaba, la canta. Se volvió una canción lésbica, dicha de una mujer a otra, lo que supuso un escándalo cuando se cantó y se grabó, en 1956. Dice “Ponme la mano aquí, Macorina”, pero también dice: “Después el amanecer, que de mis brazos te lleva. Y yo sin saber qué hacer, de aquel olor a mujer, a mango y a caña nueva, con que llenaste el son caliente de aquel danzón”.
Uno de los que más he oído que cambia (o le cambian) versos en sus canciones es Joaquín Sabina. En “Eclipse de mar”, por ejemplo, la versión de Guadalupe Pineda, en 1989, y la de él, en 1990, tienen un montón de cambios. Señalo algunos. Dice Sabina en el inicio: “Hoy dice el periódico que ha muerto una mujer que conocí, que ha perdido en su campo el Atleti y que ha amanecido nevando en París”; dice Guadalupe: “Hoy dice el periódico que ardió la casa donde yo nací, que falló de penalti Hugo Sánchez y que ha amanecido nevando en París”. Sabina: “Que han pillado un alijo de coca”; Pineda: “Que encontraron seis kilos de coca”. Sabina: “Que siguen las putas en huelga de celo en Moscú”; Pineda: “Que siguen los curas en huelga de celo en Moscú…”.
Por cierto, la imagen “eclipse de mar” está aquí usada como algo feo: “Pero nada decía el programa de hoy de este eclipse de mar, de este salto mortal…”, y Juan Luis Guerra usa la misma expresión, en “Te regalo una rosa”, en el mismo 1990, como algo lindo: “Ay, amor, eres la rosa que me da calor, eres el sueño de mi soledad, un letargo de azul, un eclipse de mar”.
También hay varios cambios en las versiones de “Peces de ciudad” que grabaron Ana Belén, en 2001, y Sabina, en 2002. Dice Sabina en el inicio: “Se peinaba a lo garçon la viajera que quiso enseñarme a besar…”; dice Ana Belén: “Se llamaba Alain Delon el viajero que quiso enseñarme a besar…”; la versión de Sabina alude al clásico mexicano Pedro Páramo, de Juan Rulfo: “En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”; la de Ana Belén hace referencia a Cien años de soledad, de García Márquez: “En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.
Me podría pasar horas con esto, por supuesto, pero basten estas mínimas muestras…




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com