Líneas de desnudo/ 42

Sevilla
Por Manuel Pérez-Petit

Sevilla, mi ciudad natal, no es demasiado conocida en el mundo, pese a lo que piensan los sevillanos, mis coterráneos. Y desde luego que no lo es si nos atenemos a la historia de la ciudad. Empieza siendo interesante por su lema: NO8DO, siendo el ocho una madeja de lana; un jeroglífico atribuido a Alfonso X el Sabio y que la leyenda justifica por la lealtad de la ciudad al rey en su guerra contra su hijo Sancho en el siglo XIII.
            Sevilla tiene un origen controversial, pero al margen de que la fundaran fenicios o tartesios, su nombre original fue Hisbaal, alusivo a Baal, dios de la lluvia, el trueno y la fertilidad. Siglos después, y siempre según la leyenda, Julio César fundó en su lugar la colonia Iulia Romula Hispalis. A mediados del siglo I a. C., la ciudad contaba con muralla,  foro y un puerto mercantil con una importante actividad.El cristianismo llegó a la ciudad en el siglo III, registrándose ya por entonces los primeros mártires por negarse a adorar a los dioses paganos. En los tiempos de los visigodos Sevilla ya era una ciudad importante, y como tal fue tomada en 711 por los musulmanes. En 844 y 859 fue saqueada por sendas expediciones vikingas. Fue capital del reino de taifa de Sevilla y llegó a ser capital de la Al-Andalus almohade, siempre conquistada y recuperada para la cristiandad –lo cual es engañoso, pues cristianos no dejó de haber nunca, siendo como eran los mulsumanes, al menos los de la península ibérica, de los pueblos más tolerantes que ha conocido la historia– en 1248 por Fernando III, padre de Alfonso X.
            Sevilla tiene el único puerto fluvial de España: el río Guadalquivir –llamado Betis por los romanos; bonito nombre, por cierto– es navegable por un centenar de kilómetros tierra adentro hasta la propia capital hispalense. El 3 de abril de 1502, Cristóbal Colón inició su cuarto y último viaje a América desde Sevilla. El 10 de agosto de 1519 partió de Sevilla la expedición que, al mando del portugués Fernando de Magallanes, primero, y del vasco Juan Sebastián Elcano, después realizó la primera circunnavegación de la Tierra, financiada por la Corona española y culminada con éxito el 27 de abril de 1521, cuando la nao Victoria, único barco superviviente de la expedición de cinco naves inicial, retornó al puerto de Sevilla. Ya por entonces –bueno, desde los Reyes Católicos–, Sevilla tenía la exclusiva del comercio de las provincias de ultramar de la Corona española –al principio, Imperio español–, que se monopolizaron desde 1598 desde la Casa de la Contratación, en cuyo edificio se encuentra desde 1785 el Archivo de Indias, el mayor y más importante archivo mundial de tema americano. Durante el siglo XVI, la ciudad alcanzó un gran desarrollo, entrando el XVII en una decadencia económica de la que no se recuperó nunca, pero también en un auge artístico sin comparación posible. En la cárcel de Sevilla, Cervantes comenzó a escribir el Quijote. Son sevillanos y coetáneos Velázquez y Murillo, por ejemplo, de fama universal, y gran parte del siglo de oro español –siglos XVI y XVII– tiene a Sevilla como escenario protagonista. En Sevilla nació y vivió Miguel Mañana, a quien durante siglos se confundió con el personaje inspirador de “El burlador de Sevilla o convidado de piedra”, de Tirso de Molina: Don Juan Tenorio. Hay más de ciento cincuenta óperas ambientadas en Sevilla, estando entre las más conocidas y trascendentes “Las bodas de Fígaro”, “El barbero de Sevilla” o “Carmen”, y esto sin decir que el mito de Don Juan, el más dúctil y universal de los mitos de Occidente tiene su origen, en efecto, en Sevilla. 
            Sevilla cuenta, como es natural, con monumentos que no tienen la fama universal que debieran. Me voy por los más importantes. El Alcázar es palacio real de manera ininterrumpida desde el año 720 y hasta la actualidad y no tiene nada que envidiarle a la Alhambra de Granada. El famoso –esto sí– barrio de Santa Cruz está enclavado en los arrabales del Alcázar, donde vivían los trabajadores del palacio. Fue muy populoso, al punto que Santa Teresa de Jesús decidió fundar en una de sus calles un convento. La catedral es el templo gótico de mayor extensión de planta del mundo. La auténtica sepultura de Cristóbal Colón se encuentra en su interior. Su campanario, la Giralda, de cerca de 107 metros de altura, fue comenzado a construir en 1184 y rematado en 1568. No hagan turismo, que es una ordinariez. A Sevilla hay que ir a pasear. Desde 1612, el famoso Ducado de Alba tiene una de sus casas emblemáticas en Sevilla, el palacio de las Dueñas, en que en 1875 nació Antonio Machado, y al que se refirió el poeta en su poema “Retrato” con aquello de “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,/ y un huerto claro donde madura el limonero”, incluido en “Campos de Castilla (1912). En 1917, el poeta Fernando Villalón, antecedente y amigo de los integrantes de la generación llamada del 27, época de plata de la poesía española, escribió: “El mundo se divide en dos: Sevilla y Cádiz”, y la propia generación del 27 se constituyó –si puede decirse así– en el Ateneo de Sevilla. 
            Sevilla es ciudad de tradiciones no centenarias sino casi milenarias. El mejor ejemplo de ello es el de las hermandades. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de las cofradías de Sevilla o ha visto procesiones, aunque sea por televisión? Un día hablaré de las hermandades de Sevilla, que son el principal sostén de que se conserven en esta ciudad oficios y artesanías que si no fuera por ellas habrían desaparecido, como la tradiciones del bordado, la platería, la imaginería… Pero también lo son de las tradiciones más antiguas de la ciudad. Sin ir más lejos, de la Semana Santa. Hoy es Viernes Santo, el único día del año en que no se celebra el sacramento de la Eucaristía. Y el Viernes Santo es un día capital para la capital hispalense, entre el olor a azahar de los naranjos en flor –Sevilla es el mayor productor de naranja agria del mundo solo por los naranjos que llenan sus calles–, sino también por el del incienso, las velas, la fe…
            Sevilla guarda muchos secretos vedados al turista convencional. Uno de ellos es el barrio de mi infancia, el de San Lorenzo, de dónde era y en donde elucubró sus oscuras golondrinas Gustavo Adolfo Bécquer. El barrio de San Lorenzo es el barrio cofradiero y secreto por antonomasia de Sevilla, aquel en que se cumplen como en ninguno las condiciones de la sevillanía, esas que hace atreverse a cualquier cosa, tal y como le pasó, por ejemplo, a Rodrigo Caro, hombre puro de su tiempo, el siglo XVII, quien escribió un libro titulado "Tratado de los nombres y sitios de los vientos", aún sin tener ninguna formación meteorológica ni física, ya que él mismo sin pudor decía: "No he profesado matemáticas ni navegado en mi vida, más que de Sevilla a Triana". Sobre San Lorenzo se han escrito muchas más cosas de las que parece y se han elucubrado muchas leyendas e historias plenas de humedad, de pura antigüedad y de solera, pero el barrio es, ante todo, presente exacto, tiempo perfecto y hora en punto en que la vida camina a su aire haciendo de las suyas. Y pese a que yo tengo el privilegio de ser de allí, muy de allí, no puedo resistirme a decir que no puede haber más exacto ejemplo que mi barrio de lo que es Sevilla. 
            Sevilla en realidad es una ciudad americana. Por ello es que en América vivo y me hallo como en casa.
 Bandera de Sevilla
Fotografía:  Bandera de la ciudad de Sevilla, en Sevilla (España). Bandera rectangular en la proporción 2/3, de color rojo carmesí, con la lema NO8DO en oro en el centro: NO(madeja)DO=NO(me ha deja)DO=no me ha dejado.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.