Líneas de desnudo/ 38

Dudas sobre el libro
Por Manuel Pérez-Petit

Me impresionan los muchísimos alucinados por las tecnologías y por internet, e incluso más cuando hablan de los soportes del libro y la información con tanta habilidad dialéctica como poco acierto científico, y se atreven incluso a veces a augurar la muerte del papel a manos del avance de no se sabe bien qué desarrollo de la técnica, en una actitud excluyente y simplista que no va más allá de las pantallas de sus equipos informáticos.
            No cabe duda que los nuevos tiempos de la Era Distópica implican un desarrollo de lo virtual impensable hasta hoy, pero no está de más recordar que han sido soportes del libro la piedra, la tableta de arcilla, el papiro, el pergamino y diversos tipos de papel, por ejemplo, y que hoy se conservan muestras de todos ellos, algunas datadas hace varios milenios. Con la invención de la imprenta, a mediados del siglo XV, el papel se consagró como el soporte rey de la información.
            De la edición de la Biblia realizada por Gutemberg entre 1450 y 1455, con el famoso sistema de tipos móviles, por ejemplo, se conservan aún hoy una cincuentena de ejemplares, veintiuno de ellos completos, tanto en papel como en pergamino. 
            El papel es el soporte que ha permanecido vigente por más tiempo. Primero fue de trapo. En la segunda mitad del siglo XIX se impuso el procedente de la madera, usado masivamente hasta el primer tercio del siglo XX, cuando se descubrió que, por su característica orgánica, se descompone y deshace al cabo de unos setenta u ochenta años. Para conservar estos libros y periódicos se viene acudiendo a su digitalización, lo cual muestra una primera utilidad de los soportes electrónicos, cuyo sentido mayor está en su capacidad para conservar documentos. Se impuso después el papel de celulosa, que ahí permanece aún hoy. Los libros ya no afectan a los bosques, pues, además, se reciclan y hasta hay papel “free-acid” cuya duración garantizada es casi eterna. 
            Sabemos que el algoritmo matemático –en que está basado cualquier soporte informático– no tiene caducidad, es más largo en su durabilidad que el papel y que cualquier otro soporte, pero también sabemos que no es en sentido estricto un ‘soporte’: es un código, como el alfabeto, aunque tiene una desventaja respecto a éste: No puede ser objeto de transmisión oral. Por otra parte, no se ha inventado un soporte físico electrónico que sobreviva más allá de unos pocos años y, en algunos casos, meses. Les pasaba a los músicos electroacústicos y electrónicos del tercer cuarto del siglo XX: Componían una obra con un aparato y, a la hora de estrenarla, tenían que adaptarla a un nuevo reproductor, pues en lo que a la electrónica se refiere los nuevos soportes no se suman a los anteriores sino que los sustituyen y eliminan.
            Nada más hay que acordarse de los discos de pizarra, anulados por los de vinilo y luego por los cassettes, anulados, a su vez, por el CD, el cual desapareció a manos del DVD, que también comienza ya a ser especie en vía de extinción…, pero también puede uno acordarse de los sistemas operativos de las computadoras, del video, de las tarjetas perforadas, los discos flexibles –aquellos grandes y los otros pequeños–, el minidisc…, y hasta puede uno tener miedo de pensar en el futuro de las memorias USB. Además, hay que rezar para no encontrarse cerca de imanes, cargas electromagnéticas –tan comunes en nuestra supertecnificada sociedad– o, simplemente, agua; para que a uno no se le caiga al suelo ninguno de estos adminículos o exista la posibilidad de exponerlos al polvo o a la contaminación, porque podríamos perderlo todo. Claro está que eso nos obliga a tener varias copias en diversos soportes…  
            ¿Alguien tiene en su biblioteca varios ejemplares del mismo libro por si uno se le estropea? ¿A qué huele el soporte electrónico en plena vigencia?, ¿cómo es al tacto?, ¿puede uno dormir abrazado a uno? ¿Alguien ha podido leer un soporte electrónico sin disponer de electricidad o de pila en su equipo, que es lo mismo? ¿Alguno de todos aquellos que creen saber a ciencia cierta que el periódico y el libro en soporte papel desaparecerán puede garantizar que el soporte electrónico será para siempre o, al menos, durará lo que los ejemplares de la Biblia de Gutenberg, y se podrá leer dentro de casi 600 años, como aquella?  
            Ah, y a diferencia de los que defienden los soportes electrónicos –que no digo que no sean necesarios sino que no tienen por qué sustituir a los de siempre–, ni desprecio a nadie ni lo descalifico. Y quizá sea porque el libro –al que amo– es democrático, libre, integrador y accesible; un dinamizador social y algo que, lejos de separarnos, nos une.
   
Copia en vitela de un ejemplar de la Biblia de Gutenberg propiedad de la Biblioteca del Congreso de EE. UU.
Fotografía:  Copia en vitela de un ejemplar de la Biblia de Gutenberg propiedad de la Biblioteca del Congreso de EE. UU. (la imagen es de dominio público, bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported Atribución: Raul654)

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.