Voces ensortijadas. 41. Cartas para enamorarse. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 41

Cartas para enamorarse

Por María Gabriela López Suárez

    


Eloísa estaba buscando información en la internet, el sonido del viento y la algarabía de las gallinas en el patio hicieron que se asomara por la ventana. El clima estaba frío, el sol alumbraba de vez en vez y las ramas de los árboles se mecían al ritmo del viento. Abrió la ventana y sintió el soplo gélido en el rostro.  Regresó a su actividad. 
     En el incesante mundo de información que suele hallarse en la red, Eloísa buscaba datos que ampliaran sus referencias sobre el patrimonio tangible e intangible de las culturas precolombinas de México. Llamó particularmente su atención el papel que, posterior a esa época, tuvieron las cartas para describirlo. 
     Hizo una pausa. Se quedó pensando en las cartas, ese medio de comunicación tan usado hace algunas décadas y del que ella también había sido partícipe. Ahora, un medio, olvidado ante la vorágine tecnológica. Su memoria se remontó a las tantas cartas que solía escribir a sus amistades locales, de otros estados, países y las cartas que también recibía como respuesta.
      Lo que más motivaba a Eloísa para escribir las cartas eran las historias que contaba a través de las líneas. En cada carta trataba de ser lo más descriptiva sobre lo que narraba. Además, solía hacer una decoración especial a las hojas. Escribía con dedicación y usando sus colores favoritos en las tintas con las que redactaba cada texto. Los sobres solían ir no tan ligeros, porque regularmente escribía un par de hojas completas, de ambos lados. Papel le hacía falta, pero el sobre ya no podría dar cabida a más hojas. Eso pensaba. Cuando le era posible adjuntaba alguna postal, separador o algún detalle que complementara el mensaje de la carta.
     Recordó las veces que recibía cada carta, la emoción le embargaba. Cuando la otra parte le decía que ya había enviado la carta, vía telefónica o a través de algún familiar o persona conocida, comenzaba para ella la cuenta regresiva de los días en que llegaría a sus manos el texto. Una vez que la recibía, la leía con avidez. Repetía la lectura. Era una especie de estar conversando con la persona que le escribía, en cada momento que leía las líneas. Además de lo anterior, Eloísa gustaba observar las letras, alcanzaba a percibir  también ciertos elementos del estado de ánimo con que las habían escrito. Ese intercambio de historias era algo mágico, un poco tardado por el tiempo en que las cartas solían ser recibidas, pero valía la pena una vez que llegaban a su destino.
      En cada carta recibida se había enamorado de lugares, de sabores, de paisajes, de historias compartidas, de películas comentadas, de canciones, libros leídos, aventuras o travesías. Había conocido diversos rincones a través de una carta . La escritura y la lectura se conjuntaban haciendo un intercambio sin igual. Para Eloísa las cartas más significativas en su vida eran una especie de tesoros que aún conservaba y solía leer cada que las hallaba. 
     ––Los tiempos han cambiado, ahora las cartas son un medio en desuso, en su lugar se intercambian audio cartas o video cartas, cada una con sus encantos. Sin embargo, ese toque especial de las cartas para enamorarse se las llevan las cartas escritas ––señaló para sí Eloísa. 
     El barullo de las gallinas la hizo volver a su tarea que aún no terminaba.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 41. Dostoievski dándome vueltas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 41

Dostoievski dándome vueltas

Héctor Cortés Mandujano

 
Recuerdo con exactitud la impresión que me produjeron dos novelas de Fiódor Dostoievski (1821-1881), leídas en mi juventud: Crimen y castigo y Los hermanos Karamásov. Pese al tiempo pasado desde entonces, las tengo frescas en la memoria. Luego he leído varias más (Humillados y ofendidos, El doble…), sin aquel impacto.
            Sin embargo, más o menos recientemente, me hallé Noches blancas y El diario de Raskolnikov, en un solo volumen, y las leí; casi inmediatamente me sumergí en la biografía Dostoyevski, la vida de un escritor, de Geir Kjetsaa, y quise leerlo, de nuevo, a mayor profundidad.
            Busqué en mi biblioteca y encontré que tengo en espera dos: El jugador El príncipe idiota.
            Pero me hallé en el libro de ensayos El XIX en el XXI, de Chistopher Domínguez Michael, un texto que me interesó mucho sobre una de sus novelas, Los endemoniados, y traté de hallar el libro físico, sin éxito; entonces, pedí a mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa que me la consiguiera en pdf y, amable y veloz como es, lo hizo un rato después de mi petición.
            Allí estaba mi siguiente libro a leer de Dostoievski. 
          Por esos mismos días, mi amiga Linda Esquinca me escribió para decirme que hubo un tiempo que había leído mucho a Fiódor y que me mandaba fotos de sus portadas para que yo escogiera los libros que quisiera como regalo. 
Alineación de astros. 
          Hice mi lista y ahora son feliz poseedor, gracias a la lindura de Linda, de los siguientes títulos: Los endemoniados, Un ladrón honrado, Notas desde el subterráneo, Las noches blancas, Las pobres gentes, La tímida, Un corazón débil, El sepulcro de los vivos, Un pequeño héroe y Stepantchikovo, más los que ya tenía y tengo. 
          ¿Así o más suertudo?
 
***
 
Leí de estos nuevos/viejos libros Los endemoniados (hice un par de Casa de citas sobre ello, que publicaré en lo futuro) y Las noches blancas (Editora Nacional, 1953) que, aparte de esa historia, incluye tres más: “El sueño de un hombre ridículo”, una maravilla donde un hombre muere y vuelve a nacer: qué inteligente era Fiódor; “Un árbol de navidad y una boda” y “Prohartehin”, que son ambas muestras magistrales de cómo se escriben relatos redondos.
            En Las noches blancas, el traductor, Alfonso Nadal, pide al lector algo rarísimo, que yo nunca había leído (p. 13): “Lector: Permíteme unas palabras antes que la emoción que producen las páginas de este libro haga inoportuno cuanto de él pudiera decirte. Sólo quiero rogarte que ames a Dostoievski como a un santo”…  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Pexels.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com